¿Cómo se olvida a quién amaste toda una vida?¿Cómo te arrancas el alma, aunque sea esa parte donde está su huella? ¿Cómo se saca a alguien de la mente, del pensamiento?
Preguntas que repercutían una y otra vez en la cabeza de Amanda, luego de todo lo vivido con Facundo, ella quería olvidar, pero su corazón, aunque roto, no daba tregua.
–Te dije que no era para vos—decía Maca su amiga de la secundaria—. Siempre fue tan engreído. Y mirá flor de turro resultó ser.
–Yo sabía que no amiga, pero me conoces donde me dicen NO ahí que voy y hasta que no termino embarrada no paro.
–¿Has vuelto a hablar con él? Decime que no—suplicó.
—No, obvio que no. Ya vi fotos suyas con una muchacha, poco agraciada–ríe—te juro que rio para no llorar.
—El tiempo va a lograr que por fin lo olvides ami.
—Ojalá, aunque si lo pensamos ya estamos por pisar los 5 años desde que lo conocí y nada de olvidarlo.
—Es que tampoco dejas entrar a nadie, ¡te encerras!
—No me encierro, no es fácil para mí, no confío tan así.
—Prometeme que vas a intentar.
—Mmm...
—Quiero oírlo.
—Está bien, lo prometo y no es el alcohol el que habla.
Amanda decidió que era mejor seguir con su vida normal, no buscaría a nadie, que llegue quien tenga que llegar, que todo fluya y nada influya.
Estaba estudiando filosofía y letras, su meta era poder perfeccionarse para ser una gran escritora.
Amanda y Facundo dos vidas que tomaron caminos diferentes, él ya tenía pareja oficial, esa misma con que Amanda lo había visto aquella tarde. Ella seguía esperando a ese alguien especial.
Iba camino a una entrevista de trabajo, pensaba trabajar para poder apalear los gastos de su carrera, el puesto era para moza de un bar, jamás había llevado una bandeja pero no quería depender más de sus padres. El encargado del bar fue quien le hizo la entrevista, un muchacho de ojos marrones, pestañas perfectas y mucho más alto que ella (lo que no era difícil teniendo en cuenta que ella rozaba el 1,50mtrs) Amanda notó que se trataba de un buen muchacho, era muy amable y se convirtió en su ángel guardián allá adentro, le enseñó todo lo que tenía que saber para quedarse con el puesto y no morir en el intento.
Emma era su nombre, tenían el mismo plan, el estudiaba arquitectura y trabajaba allí de medio tiempo para poder pagar sus gastos, pues la universidad se la pagaban sus padres.
La mayoría de los que trabajaban allí eran estudiantes que buscaban la manera de poder costear sus estudios, cada vez que uno lograba su título salían a festejar. Fue así que esa noche Amanda salió con ellos justamente por ese motivo, era una noche perfecta, estaban bailando cuando un borracho se quiso propasar con ella. Amanda salió corriendo del lugar, Emma detrás de ella, la tranquilizó de a poco.
—Sólo quiero aclarar que no estoy loca—dijo luego de calmarse.
—Jamás pensé eso, en realidad creí que buscabas una excusa para huir de ese bar disimuladamente—se ríe.
—¡Y así y todo sos mi jefe!—ríe—perdón por sacarte del festejo.
—No importa tenía ganas de tomar aire y hacer ejercicio con este terrible frío.
—Te estoy perdiendo el respeto.
—Sigo siendo tu jefe ¿eh? ¿Me querés contar qué pasó?
—Tuve un episodio de abuso a mis 16 años.
—Lo siento mucho Amy, imagino entonces lo que debe haber sido esto para vos o al menos intento imaginarlo.
—Pensé que lo había superado, y sigo siendo la misma chiquilla asustadiza.
—¿Chiquilla? Yo veo una hermosa y fuerte mujer que está teniendo el coraje de poner en palabras el dolor, eso no lo hace cualquiera.
—Gracias...
—De nada pequeña subordinada—ríe.
—Sos el peor jefe del mundo—ríe.
—Hay peores, sino mira al mío.
Lo abrazó y por primera vez en tantos años no sintió miedo, no sintió rechazo como con otros, excepto Facundo, él siempre fue la excepción.
Con el correr del tiempo, la relación entre Emma y Amanda fue evolucionando, tanto así que un día llegó la sorpresa de su vida.
Una compañera de trabajo le pidió si la podía cubrir en su turno, ella aceptó pues solían hacer este tipo de cambios cuando tenían finales. Cuando llega al bar todo estaba a oscuras, enciende la luz y su compañera a la que tenía que suplir estaba allí, la guía hacia una mesa decorada con rosas, le entrega el menú, lo abre y decía "¿quieres ser mi novia?" Allí se asomó Emma por la barra.
—Es decir, mi novia,no vayas a creer que de la moza—ríe divertido.
Amanda salta a sus brazos y le dice que sí, un sí por primera vez libre de miedos y de culpas.
Amanda odiaba el turno noche, era deprimente ver toda esa gente disfrutando la noche mientras ella moría de calor con su camisa blanca y pantalón negro largo.
Hoy le tocaba atender la zona vip, generalmente la rentaban para despedidas de solteros/as, para cumpleaños, en fin diferentes festejos que quisieran cierta exclusividad. Ella en cuestiones de despedidas prefería la de mujeres, eran más divertidas, en las de hombres, en cambio, siempre tenía que lidiar con algún borracho. Era de imaginarse su decepción cuando vió que se trataba de una despedida de soltero, pero bueno sólo esperaba que al menos le dejaran buenas propinas.
Allá iba con su bandeja a llevarles una dosis gigante de alcohol, imaginaba que el novio necesitaba coraje, aparentemente. Cuando se fue acercando hacia el sector vip notó caras familiares. Se trataba de sus compañeros de secundaria y no cualquier grupo, puesto que eran los amigos de Facundo.
—Mierda—maldijo—y se alejaba lo más que podía.
De repente tropieza está por caer, alguien la sostiene y ella puede salvar su bandeja con estilo.
—¡Pero qué moza más trucha! —dice su salvador
—Usted me llevó por delante—contesta ella y se encuentra frente a frente con él, si con Facundo.
—Estoy destinado a salvarte
—En realidad creo que el destino quiere que te lleve por delante—dijo con tono de burla, recordando el día que se le atravesó en los semáforos, aunque ahora se arrepentía de haber frenado.
—¿Trabajas aquí?
–No, sólo me gusta salir a bailar con mi bandeja así, y morirme de calor con esta ropa—respondió irónica.
—Todavía estás enojada conmigo—lamenta él.
—No, ya no. Perdón odio trabajar por las noches. ¿Estás en la despedida?
—Sí, vine con los chicos.
—¿Y quién es la pobre víctima que necesita de todo este alcohol para tomar coraje?
—Bueno, creo se trata de mí.
Amanda quedó sin palabras, sólo lo miró y lo felicitó con una señal de pulgar.
—Bueno entonces podes ir llevando esto—le dió la bandeja.
Corre al baño, quiere tomar aire, no puede. Se le revuelve el estómago, quiere vomitar.
—¿Qué??¿Se casa el desgraciado?—preguntó Maca muy sorprendida
—¿Podés creer? Y justo yo me lo tuve que encontrar.
—¿Te dolió?
—No, no sé. En realidad pasó algo después que me dejó pensando en algo más.
—¿Qué puede haber sido más importante aparte de esta sorpresa?
—Cuando salí corriendo más que por la sorpresa fue porque sentí unas náuseas de repente. Y no podía correr con la bandeja.
—¿Te ha vuelto a pasar?
—Últimamente todas las mañanas
—¿Mareos?
—Detente ahí obstetra. No quieras hacerme perder la cabeza. No va por ahí.
—¿No? A ver dígame especialista en letras ¿cuándo fue la última fecha de tú período?
—Obviamente... —se detiene y recuerda que aún no llegaba su período
—¿Obviamente qué?—pregunto Maca con zinzaña.
—Rayos—maldice—Tengo que hablar con Emma.
—Mandale saludos al futuro papá—emocionada.
Amanda va al bar, habían quedado con Emma que siempre almorzarían juntos.
—Pero si es mi moza fugitiva—ríe cuando la ve.
—¿Ya te contaron?—dice apenada
—Sí, pero quédate tranquila, me dijeron que estabas descompuesta. ¿Cómo va su vida señorita?
Toma aire y habla rapidísimo
—Bien anoche trabajé en la despedida de soltero me descompuse fui a casa hoy me junté en casa con Maca tengo un atraso ¡ah! Por cierto te manda saludos—respira
—¿Quién me manda saludos tú atraso o Maca?—la mira sonriente mientras analiza su pregunta—¿atraso?
—Sí, cuando no viene el período—traga saliva.
—Amanda sé lo que es—seriamente—¿Estás embarazada?
—En realidad hay que averiguarlo—dice sacando una prueba de embarazo de su bolso.
Ahí estaban los dos uno apoyado del lado de adentro y otro fuera de la puerta del baño.
—Son los cinco minutos más largos de la vida—dijo él.
De pronto Amanda abre la puerta llorando.
—Dos rayitas jefe—susurra.
La mira con los ojos iluminados, la abraza muy fuerte.
—Te amo—dice mientras le toca el vientre.