Capítulo 2
Al ir bajando las escaleras, Sophie no le quitaba los ojos de encima, mientras ella seguía poco a poco hasta que habían llegado a la planta baja. En cuanto Rose la vio se alarmó y soltó una taza que llevaba en la mano.
—¡Señora! —Se asustó, pero de inmediato Haley le sonrió y negó con la cabeza—. Debería estar en cama, si se esfuerza su condición...
—Esta bien Rose, solo voy afuera un minuto, quiero ver el atardecer con Sophie. —Rose no puso queja, pero sus ojos mostraron la preocupación que no podía mencionar.
Sophie y su hermana salieron por la puerta, mientras que a Rose con la mirada triste se le humedecían los ojos. A ella la vio una chica joven, otra de las sirvientas de la casa y un mayordomo que se acercó a verla.
—¿Qué ocurre? —le preguntó viéndola casi al borde de las lágrimas.
—No es nada, no ha pasado nada —dijo Rose, dándose media vuelta para agacharse a recoger los trozos de la taza. Mientras la muchacha y el mayordomo la veían en silencio. Su gesto les decía todo.
Afuera, Sophie y Haley bajaban por las escaleras y dieron unos pasos rodeando la casa, llegando hasta un jardín posterior, en donde se detuvieron en un montículo para sentarse en el césped frente al rosal, desde allí podían ver más allá de los árboles al extenso horizonte y el sol ocultándose con sus últimos rayos de su luz sobre la línea de bosques.
—Es muy bonito, ¿no te parece? El ocaso —decía con la mirada perdida en la distancia—. El final de un día, es también algo triste, pero tan hermoso, cada vez que un día termina, aunque sabes que habrá otro, sin embargo no puedes evitar que te ponga sentimental, es un final y con él viene otro comienzo. Eso es muy bello.
— Sí, lo es... —respondió su hermana enfocada en la última luz de la tarde.
Ambas se quedan allí por un momento, mirando como la tarde pasa al crepúsculo en silencio y la brisa mueve los árboles tranquilamente, detrás de ellas escuchan la puerta de la casa abrirse, al voltear ven cómo el marido de Haley está caminando hasta la escalera que baja al jardín donde están. Las miraba a ambas sin decir nada mientras sus ojos parecen más sombríos, quedando unos momentos en silencio.
—Haley —llamó a su esposa, la cual esbozó una sonrisa de resignación antes de voltear a su gemela. Sophie no se sintió muy cómoda con la visión que ella tenía de el marido de su hermana, percibía que él mantenía un gesto duro e impasivo, pero notaba sus ojos un tanto distantes.
Acercándose a ellas, estuvo a un lado de Haley colocando una mano sobre su hombro, viéndola a ella únicamente con ojos enternecidos, ella puso la suya sobre la de Lucyan, mirándolo para sonreirle antes de que él cambiara su gesto y mirara a Sophie, aparentemente disgustado.
—¿Podrías darnos tiempo? —Mantuvo la lejanía en su voz, pero Sophie lo miró con mala cara, había algo de su aspereza que a ella no le gustaba—. Me gustaría un poco de tiempo a solas con mi esposa. —Sophie seguía observándolo con desconfianza.
Estaba a punto de replicarle a Lucyan para confrontar su gesto hostil, pero antes de abrir la boca y decirlo fue Haley quien los interrumpió contestando.
—Perdón, debo volver adentro... —le habló a su hermana levantándose, miró a Lucyan expresando algo en sus ojos.
—Me iré adelantando —le dijo, respirando antes de fruncir los labios. Dio algunos pasos dejándola despedirse de su hermana, Haley se volvió hacia su gemela para hablar.
—Espera un minuto, debo hablar con él —le decía volviéndose y caminando hacia la escalera donde su esposo la esperaba, al llegar cerca de él, fue sostenida con cuidado para ayudarla a andar lentamente, ambos fueron poco a poco hasta estar dentro de la casa cerrando la puerta tras de ellos.
Sophie se quedó ahí sentada, mirando la puerta, hallándose inquieta por saber qué hablaría su hermana con él, pero tal como le pedía, esperaría un momento para dejarla a solas con él.
Dentro de la casa, Haley se había desplomado nada más entrar, temblaba un poco y respiraba roncamente, sosteniéndose en los hombros de su esposo y pegando su mejilla en su pecho, él la envolvía en sus brazos para sostenerla mientras están parados en el pasillo de entrada. El gesto de él era frío y lóbrego.
—No deberías forzarte así, es más de lo que puedes aguantar —le susurró él apoyando su mentón en su cabeza. Parecía hablarle distante aunque se mostraba cálido y cuidadoso al sostenerla—, deberías tener más cuidado.
—Te preocupas demasiado —contestó ella con la voz débil—, solo salí unos minutos, no he caminado mucho. —Ella se apegó a él sosteniéndose de sus brazos para estar de pie.
—No me pidas que no me preocupe... Sabes que si no tienes cuidado... —decía, pero apretó sus labios con disgusto antes de terminar su frase.
—Entiendo que temes que si me esfuerzo eso acorte mi tiempo. —Ella tenía una media sonrisa y sus mejillas se mostraban rosadas cuando levantó sus ojos cristalinos por la humedad y los dirigió hacia él—. Pero me duele decir que ya no importa, ya mi tiempo esta contado.
—No digas eso, hallaremos cómo, ganaremos tiempo —le contestó con voz ronca. Ella le sonrió con la mirada fija en él antes de volverse a resguardar en su pecho y dejarse acunar por él. Sentía como su corazón palpitaba azarosamente.
La mirada de Lucyan era oscura y se enfocaba al suelo antes de cerrar sus ojos y dejar escapar un resoplido casi mudo.
Sophie, por su parte seguía inquieta en el césped, mirando la puerta de entrada esperando los agobiantes minutos con ganas de levantarse e ir hasta su hermana, no sabía porqué cuando Lucyan llamó a Haley, pareció mirarla a ella de una forma severa, casi parecía que apuñalaba a Sophie con su mirada.
Era normal para Sophie sentir que él la viera de esa forma un poco hostil a ella, pero esa vez le pareció ver que había una amenaza en sus ojos, comenzaba a pensar que en verdad el marido de su hermana realmente la odiaba.
—Bien —murmuró levantándose del césped y limpiando su vestido—, nada voy a hacer aquí esperando, iré a ver de qué tanto hablan. —Mientras se encaminaba a la puerta. Una vez entró a la casa, ni su hermana ni el gélido cuñado estaban allí, ya no se hallaban en el pasillo de entrada, cuando abrió una de las puertas logró ver a Rose que organizaba una mesa en el comedor de la casa, colocando los platos y cubiertos junto con otras dos sirvientas.
»Disculpa Rose, ¿dónde se ha ido mi hermana? —La mirada de la mujer estuvo turbia unos segundos, pero lo ocultó con una sonrisa.
Sophie no logró percibir que a espaldas de ella las otras mujeres habían dejado brevemente lo que hacían antes de volverse a ocupar. Sin darse cuenta las inquietó su pregunta.
—La señora se está dando un baño, estamos preparando la mesa para la cena y nos pidió que le hiciéramos un lugar a usted —respondió de manera tranquila.
—Oh... Esta bien —decía Sophie mientras miraba por las escaleras, pensando que su hermana debía hallarse arriba, no le daría vueltas al asunto, ya podría verla en pocos minutos cuando baje para cenar. Podría esperarla allí.
—Le pido que no se preocupe, en cuanto la señora se haya dado un baño y se haya cambiado podrá venir a cenar con nosotros —le dijo la más joven de las sirvientas, una chica de unos diecinueve con el cabello negro sujeto en una trenza y con ojos de un gris opaco.
Era la misma que había visto en el jardín al llegar.
—Em... Sí, de acuerdo. Gracias... —murmuraba Sophie, vislumbrada con las bellas facciones de la muchacha, ¿qué hacía una chica tan joven y guapa trabajando como servidumbre en esa casa? Normalmente Sophie solo vería a chicas de esa edad y belleza en los catálogos de alguna revista de moda, en los cuales añoraba verse tan bien como ellas.
—Lily, mi nombre es Lily —respondió mientras que dejaba algunos aperitivos en la mesa ayudando a Rose a que estuviera lista para traer la cena.
La otra muchacha junto a ella también era muy atractiva, una guapa chica de cabellos dorados y ojos café.
—Esperaré afuera si no te molesta Rose, quiero esperar a Haley —dijo girándose hacia la mujer.
Evitaba observar de frente a las chicas que tenía delante, sintiéndose intimidada por su aire elegante y facciones perfectas.
—Como desee señorita —le contestó con una sonrisa mientras que Sophie salía a las escaleras para estar allí y respirar, cuando encendió su teléfono entró una llamada al poco rato. Contestó apartándose hacia la puerta de entrada.
—Diga.
—Me han contado que llegaste. —La inconfundible voz de un hombre joven sonaba en la llamada. Sus ojos se hicieron distantes y suspiró antes de hablar con voz cansada.
—Sí, he llegado. Estoy visitando a alguien, ¿quién te habló de mi regreso?
—Me he enterado por alguien, rodaba por ahí la conversación y pude escucharla, ¿a quién estás visitando? Creí que después de tanto tiempo querrías ver a tu novio.
—Honesta, honestamente Will... —respiró—, yo estoy muy cansada y me gustaría dejar nuestra reunión para otro día, hoy quiero ver a mi hermana y después descansar. No he dormido desde que tomé el avión. —Parecía agotada mientras habla.
—De acuerdo, no estás disponible —respondió sin evitar la decepción—. Solo que, me parecía que luego de el tiempo que llevas fuera en tu última gira, quería un poco de atención también. Te fuiste a solo dos días de que empezábamos a salir, quiero tiempo contigo hoy.
—Oye, y cuando pensaste en eso, ¿te detuviste a pensar en mí? Necesito tiempo para estar tranquila, el viaje fue muy largo. —El disgusto era obvio en su voz, pero evitó hablar de forma que alguien más la oyera moderando su voz.
—Oye aguarda, no te pongas así. Tampoco es necesario que lo tomes de esa manera —respondió.
—¿De qué otra forma quieres que lo tome?, si haces planes con alguien deberías respetar que esa persona no puede estar disponible... No era para que te decepcionaras como un niño al que no lo dejan salir a jugar.
—Si así te vas a poner creo que no debí llamar, yo solo quería pasar tiempo contigo.
—Y yo algo de espacio, me gustaría descansar y tampoco es que fuera a declinar de mala manera, pero no me gusta que reacciones así sólo porque te digo que debemos dejarlo para otro día.
Al otro lado de la linea se escuchó suspirar al novio. La discusión se extendió por un largo rato, hasta que finalmente cedió en decir de mala gana una respuesta complaciente.
—Está bien, de acuerdo. Estás sensible respecto al tema, hablaremos en un mejor momento.
—Sí, opino igual. —Cortaron la llamada y ella se colocó una mano en la frente, comenzando a sobar sus sienes con los dedos. Cuando se dio la vuelta vio a Rose allí parada en la puerta, parece que llevaba algo de tiempo allí esperándola.
—No quise interrumpir señorita, pero la cena esta lista —le comentó mirándola fijamente, ella miró la hora, ¿de verdad había tardado tanto en esa corta llamada?
—Ah, sí, enseguida Rose. —La siguió dirigiéndose al comedor, pero al llegar no estaban presentes ni Lucyan ni su hermana—. ¿Dónde esta, mi hermana? —preguntó mirando las sillas vacías.
—La señora no podrá cenar con usted esta noche, disculpe, pero no podrá bajar a estar presente. —La voz de Rose sonaba apagada y sin sensación alguna—. El señor bajará en unos momentos para cenar con usted.
—¿Porqué...? —preguntó Sophie decepcionada—, ¿porqué Haley no bajará a cenar?
—La señora esta algo cansada, me pidió que la disculpara ya que ella necesita descansar, le hemos llevado su cena a la cama, ahora se encuentra arriba en su habitación durmiendo. —La mirada decaída de Sophie hizo oscurecer la expresión de Rose con depresión—. Lo lamento mucho señorita, son órdenes.
—¿Órdenes?, ¿de quién? —inquirió Sophie de inmediato.
—Mías. —Resonó la voz profunda y tranquila de Lucyan, quien entraba por la puerta y la miraba con los ojos fríos, parecía traer el ceño fruncido—. Yo di la orden —dijo antes de tomar asiento en su lugar en la mesa.
Sophie endureció el gesto, mirando al taciturno anfitrión frente al que se hallaba sentada mientras que este la ignoraba por completo sin dirigir ni una palabra.
—¿Por qué? —murmuró Sophie después de un rato sin haber tocado el plato para nada, Lucyan levantó su mirada hasta verla directamente—, ¿porqué no has dejado que ella viniera a cenar? Prefiero mil veces cenar sola y un millón más hacerlo con Haley que estar en el mismo lugar contigo. —La voz de Sophie era hostil sin esconder el filo de las palabras.
—Señorita... —Trató de hablar Rose, casi escandalizada al verla y bastante incómoda con el tenso ambiente, su expresión mostraba sorpresa de verla ser tan tajante con Lucyan, pero antes de que hablara él levantó su mano para señalarle que no siguiera hablando. Lucyan entrecerró los ojos y de forma ronca solo respondió tras un suspiro.
—Ella necesita dormir, está cansada. —Dejando el plato con su cena a un lado, prácticamente sin tocarlo. Volvió a dirigir sus ojos a los de ella—. En lo personal tampoco estaría aquí, pero ella me ha pedido que no te dejara sola para la cena.
—Entonces debo agradecer a tu gran amabilidad de que estoy cenando contigo, pero no puedo ver a mi hermana. —Sophie se veía dolida, había disgusto en que solo estuviera unos momentos con su gemela, que no fueron muy largos.
—Ha sido precisamente ella quien me ha pedido que esté aquí cenando, agradece a ella, de mi parte, yo no estaría. En lo personal tengo mejores cosas de las que ocuparme.
Cuando terminó, limpió sus manos con un pañuelo y se levantó de la mesa.
»He terminado, Rose me retiro —le dijo a su ama de llaves mientras desaparecía por la puerta, Sophie por su lado se había quedado en la silla, bastante caldeada por el intercambio de palabras y se levantó de su lugar para irse.
—Gracias por todo Rose, pero es algo tarde sabes, yo debo irme. Después vendré a ver cómo sigue mi hermana, él tiene razón, hoy dejaré que descanse un poco, creo que también necesito descansar, si no te importa avisa a Haley que vendré diariamente a verla.
Sophie tomó sus cosas y se apresuró a retirarse aunque se veía deprimida. Por dentro de ella iba disgustada y maldiciendo amargamente al témpano que su hermana tenía por esposo.
—Señorita... Como guste, le avisaré a la señora que espere su visita mañana —decía sumisamente mientras que veía la larga melena pelirroja de Sophie esfumarse por la puerta y cerrarse tras de ella.
El inconfundible sonido del motor al encender el auto se hizo escuchar mientras se alejaba en la distancia. En la habitación de Haley ella se encontraba dormida plácidamente, mientras que al fondo, Lucyan estaba en el balcón. Mirando hacia la luna sobre él iluminar la noche con un brillo tenuemente azul.
Capítulo 3
El largo camino de regreso a su casa transcurrió en un paso más lento que al recorrerlo temprano para llegar allí, aproximadamente eran poco más de las ocho de la noche cuando volvió a poner los pies en su apartamento.
A pesar de haber estado más temprano allí cuando llegó solo unas horas antes, ahora le pareció muy lejano, casi de otra vida. Estaba tan inmutable y en silencio como al principio de varios meses atrás cuando salió a su gira dejando todo en un estático vacío intacto.
Un par de toques a su puerta la hizo ir a ver quién podía ser, al abrir se halló de frente con Lucy, su vecina y una de sus amigas de su circulo social clásico.
—Sophie no me lo puedo creer que llegas después de tanto y lo primero que hiciste fue salir disparada en un pitido.
La chica de mas o menos la edad de Sophie tenía los brazos cruzados, mirándola con la cabeza inclinada a medio lado. Su cabello castaño caía liso y le llegaba hasta la espalda, su estatura apenas más alta que la de Sophie no destacaba diferencia entre ellas en su aspecto.
»Mínimo pudiste detenerte a decir hola. —Sus ojos azabache se enfocaban en ella, enarcando las cejas mientras tamborilea los dedos de una mano en su brazo.
—Sí, lo lamento. Disculpa es que fui a ver a mi hermana, siempre había estado ocupada y ahora que se mudó más cerca puedo ir a verla.
—Oh sí, hablando de eso, ¿cómo va todo con Haley?
—Bien… —suspiró—, pues está bastante cambiada, y definitivamente tendría un mundo de cosas para decir ahora al respecto, aunque… —Se detuvo a pensar por un momento—. También tuve que hallarme con el patán de su marido.
—Vaya, no se quieren para nada.
—Ni de coña tengo por qué hacerlo. No voy a ser condescendiente con ese amargado.
—Vale, vale, se tienen grima. Mejor hablemos de eso dentro, aquí fuera hace frío. —La ropa que Lucy llevaba no hacía mucho por abrigarla, al encontrarse en casa vestía ropa sencilla, unos pantaloncillos cortos hasta el muslo y un suéter con las mangas recogidas—. Ponme al detalle de los últimos meses.
Accediendo a su petición, Sophie se distrajo durante un rato platicando con Lucy, olvidando por un breve momento el sinsabor que obtuvo luego de el intercambio de palabras con Lucyan, todavía podía sentir la amargura que desprendían las palabras de su cuñado.
Luego de terminar de conversar a altas horas de la noche acaban por despedirse, tras lo cual Sophie se va a dormir, cayendo en un profundo sueño. Arrastrada por las horas en vela desde su llegada.
El día siguiente decidió pasar temprano por el estudio donde grababa, para saludar a los demás conocidos que no había tenido tiempo de ver al llegar. Allí se había encontrado con otras dos amigas que al igual que Lucy se le echaron a abordar conversación con ella.
Tras un tendido intercambio de anécdotas por parte de Sophie y de sus conocidos allí presentes, decidió terminar por ese día su reunión con las personas con quien trabajaba.
—Ya les dí saludo por hoy a todo mundo, ahora creo que me gustaría aprovechar mis horas. —Eran cerca de las dos de la tarde cuando subió a su auto, volviendo a conducir el camino hacia la casa de Haley, tal como le había dicho a Rose, ella iría ese día para ver a su hermana.
Trataría de aprovechar bien las horas del día para estar allí temprano y no volver a la misma hora de el día anterior.
—Ya llegué —se dijo a si misma al estar frente a la puerta y tocar el timbre. En pocos segundos, Rose abrió la puerta tras escucharla—. Rose, buenas tardes.
—Señorita Sophie, bienvenida —saludó con una inclinación de cabeza como acostumbraba a saludar a las visitas—, ¿viene a ver a la señora?
—Así es —contestó de buen humor antes de echar una mirada rápida alrededor para acercarse a Rose como si le fuera a contar un secreto—, por cierto, no está él por allí ¿o sí?
Por un segundo, Rose amplió la vista sabiendo que hablaba de Lucyan, se debía notar pintado en la frente de Sophie que no deseaba verlo a él precisamente.
—Oh, no señorita. El amo ha salido a atender unos asuntos y volverá por la tarde.
El rostro de Sophie cambió a una clara expresión de alivio, cosa que interesó a Rose. De verdad ella y Lucyan se podrían confundir con dos personas que se tendrían un dardo rozando el cuello del otro.
—Me lamento decirle señorita que el amo no está presente si desea hablar con él. —La voz pacífica y serena de Lily sonó a espaldas de Rose, atrayendo la mirada de Sophie.
—No… —murmuró con cierto desagrado ante la idea—, no me pasa por la mente encontrarme con él —dicho esto no añadió nada más al tema antes de ver de nuevo a Rose—. Me gustaría ver a Haley, ¿está ocupada?
—Em, no, permítame la llevo con ella —respondió Rose como si pusiera de nuevo los pies en tierra, algo de la estoica presencia de Lily parecía hacerle tener una posición muy superior entre el personal, algo que intrigaba a Sophie.
Ya en el cuarto donde Haley se hallaba, ella estaba sentada en una mecedora frente a la ventana del balcón, al escuchar la puerta abrirse, volteó a ver para enfocarse en Rose y Sophie que entraban.
—Viniste de nuevo —habló Haley al ver a su hermana, cerrando el libro que tenía en sus manos.
—Claro, ¿acaso lo dudas?
—Para nada, Rose ya me había dicho que vendrías hoy —contestó a su gemela antes de ponerse de pie, esta vez parecía mejorar ya que caminaba con suma facilidad, Rose ya se había retirado dejándolas solas a las dos.
—¿Es lo único que te dijeron? —Haley miró extrañada a Sophie tras esa pregunta.
—Sí, ¿acaso habías dejado dicho algo más para mí? —Sophie echó su mirada por un costado durante un pequeño instante.
—No, nada más —respondió, tal parece que nadie le había comentado de el intercambio repelente durante la cena que había ocurrido con Lucyan, quizá no le habían dicho para no preocuparla.
—Podemos pasar la tarde juntas, terminemos de hablar ya que ayer no pudimos hacerlo. —Las palabras de su hermana sacaron a Sophie de sus pensamientos, haciéndola concentrarse en el mundo real de nuevo.
—Ah, sí. Me habían dicho que te sentiste mal anoche. Que estabas cansada, me estuvo dando vueltas durante toda la mañana.
—No es tan grave, estoy bien —respondió para calmar a Sophie mientras esbozaba una sonrisa—, no debes preocuparte por eso, solo fue un poco de cansancio nada más.
Aún con las palabras de su hermana, había un temor revolviéndose dentro de Sophie ante la inquietud de que su hermana le escondía algo.
—Por favor no lo ocultes la próxima vez —dijo en voz suplicante—, si ocurre algo dímelo, ¿puedes prometer eso? —La mirada de Sophie reflejaba el temor oculto dentro de ella.
—Está bien, lo prometo. La próxima te lo diré, está bien.
—Okey… —suspiró Sophie, tratando de alejar esa oscura idea que pesaba encima de su cabeza.
Las horas avanzaron hasta que la tarde comenzó a caer y se acercaba el final de ese día. Habían pasado los últimos momentos conversando acerca de sus días de infancia antes de el día que sus padres decidieran divorciarse y cada uno asumir por separado la custodia de cada una de las gemelas.
—¿Recuerdas aquella vieja costumbre del abuelo de nadar en la madrugada? —habló Sophie mientras ambas están sentadas en lados separados de la cama como hacían de niñas para ponerse a platicar.
—Lo recuerdo, la abuela siempre reñía eso. ¿Todavía lo hace? No los he visto en mucho tiempo, desde que fui a vivir con mamá.
—Sí, y yo quedé con los abuelos por los constantes viajes de papá.
—Ha pasado mucho estos años que muy poco nos veíamos. Casi no pudimos estar juntas hasta que fuimos mayores de nuevo.
—Sí, hasta por el momento en que te casaste, después de eso no nos vimos hasta ahora.
—Desde ese día no he visto al abuelo —dijo mientras se quedaba pensativa unos segundos mirando al techo—. Tengo algo de sed, ¿quieres algo para beber también?, puedo llamar a alguien que traiga algo para las dos.
—Si no es ponerme fastidiosa, claro.
Ambas estaban tan concentradas en su conversación, que ninguna se percató del lujoso auto elegante que recorría el camino de entrada y se estacionaba delante de la casa, al llegar a su hogar, Lucyan no tardó en ver el auto de Sophie allí estacionado.
Su mirada permaneció indiscernible y distante mientras entraba a la casa.
—Rose, he llegado —le habló al verla bajando por la escalera, volviendo de atender la orden de Haley—. ¿Alguna novedad con Haley? —preguntó con voz impasible.
—Ninguna señor, ha estado estable.
—¿Desde cuándo está ella aquí? —Su gesto se mostraba severo y distante al hablar de Sophie.
—La señorita llegó hace unas horas, le ha hecho compañía a la señora durante la tarde.
Por un segundo, Lucyan pensaba en algo, con su expresión de la misma forma que permanecía al llegar.
—De acuerdo —respondió antes de encaminarse a paso tranquilo por la escalera. Para ese momento ya Sophie daba por concluida su visita y se hallaba saliendo a la puerta de la habitación cuando tropezó con Lucyan al momento de abrirla.
Deteniéndose enseguida, quedó parada frente a él en el limbo de la puerta con una mirada de encajado desprecio automáticamente. La mirada fría de Lucyan se hizo más intensa, entrecerrando los ojos un poco mientras se erguía en un gesto altivo de superioridad ante ella, observándola hacia abajo.
—Señorita Horvat —masculló con su diplomático tono de voz seco y despectivo. Sophie le torció la mirada apartando verlo, provocando una expresión de desaprobación en los ojos de Lucyan.
—Tú… —respondió de forma ronca en un retenido mal humor seco similar a Lucyan—. Haley, me retiro. Cuando quieras puedes llamar para vernos de nuevo, estaré viniendo regularmente a cuidar de tí. —Una vez dicho esto volvió a ver a Lucyan con su mirada de dagas en los ojos, antes de pasar por un lado de él saliendo al pasillo.
—Aguarda —volvió a decir Lucyan antes de detenerla del antebrazo, Sophie se giró a verlo con cara hostil en silencio, él parecía enojado, ¿por qué estaría enojado? Antes de decir algo más, Lucyan la soltó y la volvió a ignorar—. Nada, olvídalo.
Cerró la puerta tras de él al entrar a la habitación donde estaba su esposa, Sophie se había quedado con la intriga de qué iba a decir, pero el interés le duró poco y no le sumó importancia mientras se retiraba de allí.
Dentro de la habitación, Lucyan se sentaba a un lado de su esposa y le colocaba una mano en la frente, verificando su temperatura antes de volver a poner sus palmas en su regazo y bajar la cabeza soltando un suspiro mudo.
—Tú y ella no se quieren en absoluto —le dijo Haley con una sonrisa de compasión dibujada en sus labios. Lucyan frunció los suyos, parecía disgustado.
—No tengo porqué quererla. —Con la misma frialdad de momentos atrás, restringía permitirse tener agrado por Sophie.
—Oh Lucyan, mi dulce esposo. Ella y tú son tan iguales que no veo por qué se odian tanto. —Ella tomó las manos de él en las suyas—. Sophie es mi hermana, tu cuñada, trata de llevarte mejor con ella.
—No creo poder… —murmuraba sin poder ver la cara de su esposa, una punzante aguja de angustia le carcomía el pecho, sintiendo una creciente tristeza, podía percibir el deterioro de ella al sentir lo frágil de sus manos.
—Prométemelo, por favor —suplicó y él no pudo más que bajar la mirada con remordimiento—, hazme esa promesa, que serás diferente con ella.
—Lo intentaré —dijo piadosamente casi por compasión de su esposa—. Descansa un poco, estaré en el estudio.
—Toca algo para mí.
—Te he dicho que descanses.
—Por favor. —Las palabras de su esposa no era algo que pudiera negar y terminó cediendo. En el salón, se sentó ante el piano para interpretar una tranquila melodía para ella, mientras permanecía sentada en un sillón contemplándolo, su mirada lo lastimaba.
Esos ojos llenos de ternura mirándolo, como en cada momento de su matrimonio, estaban clavados en su conciencia y nunca se los podría sacar de su mente. Sentía arder el pecho y un gran nudo fijo en su garganta ante la angustia.
Cada día su estado empeoraba, cada intento fracasaba y eso lo había tenido contra las cuerdas, al punto de querer explotar en un grito al prever la desdicha que se avecinaba. Sus melodías fueron tomando el camino de sus pensamientos, volviéndose igual de salvajes y desconsoladoras a como debió haberse sentido.
Al terminar sintió las manos de su esposa sobre él cuando le pasó los brazos por los hombros detrás de él y quedarse apoyada sobre su espalda dejando que su mejilla repose en su cabello.
—No te sientas mal por mí… —murmuró ella aferrando sus manos al pecho de la camisa de su esposo, Lucyan volvió a sentir esa angustia desatada, rugiendo dentro de su pecho con la fuerza de un huracán, incapaz de dejarla salir ni más opción que soportar cada segundo que podía estallar derrotado por la tristeza.
El tiempo corría, los días fueron pasando y al estar de vuelta en sus actividades de rutina, Sophie enfocaba sus esfuerzos en las sesiones de grabación en el estudio las mañanas y parte de las tardes algunas veces.
—Esto sí que agota —bufó sentada en un sillón del estudio para descansar mientras usaba una delgada revista como abanico. No había podido estar tan seguido cerca de su hermana, pero no había dejado de llamarla, incluso se había conseguido el número de casa al que llamaba y a veces era atendida por Rose.
Otras veces podía ser Lily la que contestaba, había comenzado a tener un ligero trato personal ya con ellas y les había tomado confianza a ambas, pero en algunas ocasiones contestaba otra de las sirvientas de la casa, quien parecía incluso más distante y fría con ella que la misma Lily.
—Va bien por ahora —le habló una de sus amigas, una rubia alta de mirada centrada, le dio una botella de agua cuando estuvo frente a ella—, fueron unos días pesados, ya van quince días de que volviste.
—Sí, bueno, los últimos días tampoco es que fueran imposibles, pero no he podido ver tan seguido a mi hermana, ahora voy cada dos o tres días.
—Lucy me contó que hace un par de días habías estado fuera de tu departamento el fin de semana, ¿dónde fuiste?, ¿estabas con tu novio? —comentó sentándose al lado de ella en el sillón.
—Espera Lana, no saques conclusiones. —Se apresuró a responder—. Déjame que te explique, pero en orden, no, no he visto a Will. Desde que discutimos hace días no lo he visto, cuando nos reunimos todo acabó en pleito, supongo que no quiere verme ni yo a él así que estamos lejos.