Adriano
Sonrió en mi interior, al reconocerla. Vi su foto tantas veces que podría describir su rostro a la perfección. Verla en persona supera mis expectativas, el odio es mayor y las ganas por acabar con ella también, creo que si lo pudiera hacer con mis propias manos no lo dudaría ni un solo segundo. Me quedé observándola de tal forma que se sintiera intimidada, o pensé encontrarla en este lugar, eso solo deja claro que aquí están también ellos, que esté es el lugar donde reposan sus asquerosos huesos.
Suelto una gran carcajada cuando esta mujer se va, me encanta ver como se dan cuenta las personas cual es su verdadero lugar. Ella demostró que al no poder sostener su mirada ante mí, su supuesta fortaleza es solo una fachada ante la debilidad que verdaderamente posee.
Donato coloca su mano sobre mi hombro, llamando mi atención para seguir subiendo, quedé más tiempo de lo normal observándola, solo puedo contenerme para evitar ir a agarrarla y gritarle en la cara sus verdades; el tiempo que tenemos es contado y ese encuentro espontáneo no puede generar que las cosas se aceleren, por eso debo ser inteligente y manejar todo con cautela. Mis hermanos caminan detrás mío, todos venimos vestidos de color negro, esa es una de las formas que mostramos recurrentemente que estamos listos para la guerra sin importar la cantidad de sangre que sea derramada.
—Debemos irnos, les mostraré por donde están.—Donato nos indica por donde pasar. Giro mi cabeza de nuevo, el carro en el que viene hoy, es el mismo que seguimos hace unos días. Seguimos nuestro camino hasta aquel pabellón, hace más de quince años no veníamos. Se me hace un nudo en la garganta al estar en este lugar, aunque no es la primera vez que estaría en un lugar así, si es la primera que estoy por alguien de mi familia.
Desde que ese hombre nos advirtió que no podíamos tocar su territorio, al menos hasta que estuviera muerto, su advertencia quedó clara cuando nos hicieron la emboscada y desde que ese hombre acabó con ella. No recuerdo muy bien donde está, Donato al ser el mayor nos está guiando, caminamos dando vueltas por el lugar hasta que por fin la vimos. Allí están los dos, uno al lado del otro. Las tumbas están muy dejadas, llenas de césped y suciedad, los nombres que antes los identificaban, ahora están irreconocibles.
Me da pena ver esto así, porque nosotros teníamos todo el derecho de estar aquí y ellos no lo quitaron. Nos pusimos de rodillas los tres, somos inseparables, tenemos una buena relación como les hubiera gustado a ellos. De reojo observo ese apellido al frente, procuro ignorarlo pero me es inevitable.
Mis ojos se cristalizan, ella era el amor de mi vida, él fue quien nos metió en todo esto. No le guardo rencor, sin embargo, le guardo respeto. En cambio, ella era el amor de mi vida, la mujer que me hizo pensar que tal vez yo no tenía la necesidad de meterme en este mundo. Ahora se lo debo, con el transcurso de los años, me di cuenta que estoy hecho para esto, porque me moldeó perfectamente ante las exigencias de este negocio, pero sobre todo porque así podré cobrar la venganza, la muerte de ellos no quedará en vano. Paso mi mano por allí, una forma de saludar y de pronto también de despedirme, al ver a esa mujer acá no nos conviene encontrarnos de nuevo con ella, no sabemos con que saldrá y si es igual o peor de falsa y traicionera que cada miembro de esa familia.
Miro a mis hermanos, cada uno expresa el dolor de diferente manera, Enzo es un hombre sensible, es mi hermano menor, ingenuo y reservado, se deja llevar de las emociones, algo que hay que hacer que cambie, en este negocio no nos conviene ser débiles, cada cosa que mostremos como falencia debemos suprimir. Donato es un ser muy bipolar, es el mayor de los tres, tiene un temperamento fuerte, aunque también demuestra desestabilidad emocional cuando alguien toca un tema de su personalidad y su “liderazgo” debo reconocer que es un perdedor, es el peor de los hermanos, el menos inteligente. Nunca se me va a olvidar que por meterse en lío de faldas con alguien del gobierno, nos tocó salir antes de tiempo de nuestra casa, no pudimos materializar nuestro plan a un cien por ciento.
Donato es impulsivo al igual que Enzo, con la gran diferencia que no se deja guiar de mí solamente porque él es el mayor; es algo irónico, algo sin sentido porque acá les falta inteligencia, y no solo emocional. Por el contrario, me caracterizo por ser frío ante las cosas que son importantes, los sentimientos en mí están enterrados, los sentimientos en mí están muertos, para mi solo hay un objetivo, recuperar lo que en verdad nos corresponde a nosotros, para que esas personas dejen de disfrutar algo que claramente no merecen, que esa familia y todos los que tuvieron algo que ver en su muerte desaparezcan y sufran de forma lenta, por cada día que pasamos por ellos; las mujeres no tienen un papel importante en mi vida, no son nada indispensables para mí, ellas solo están para divertirme, para sacarnos de la rutina, sin embargo, tengo muy claro que no soy el tipo de hombres que pierde la cabeza ante un par de piernas y mucho menos se deja gobernar y controlar por una mujer, ellas no son más que objetos para divertirnos.
Por eso, ahora soy el líder, Donato no tiene la suficiente madurez para serlo a pesar de su edad, ellos no entienden que esto lo hago para que nos mantengamos vivos y unidos, mi entrenamiento se dio para esto, sí Donato estuviera a cargo, no hubiéramos dado con ella tan fácil. Estoy seguro que yo puedo hacer que ella pagué todo.
—¿Listo? Tenemos que ir a conocer el nuevo lugar que compramos para poder trabajar —habla Donato y Enzo da un aplauso, lo miro y sé que con mi mirada le estoy diciendo que no venga con niñerias.
—Primero quiero que vayamos a casa, quiero cambiarme y agarrar unas cosas que nos pueden servir —ordené, ellos asintieron con su cabeza. Saben a la perfección que no me pueden contradecir, la última vez que uno de ellos pasó por alto mi orden, la golpiza que se llevó no fue nada buena, no me gusta hacer eso, pero ellos deben tener claro quien es el que manda aquí.
Al llegar a la casa, fui por uno de mis trajes, también tomé una de mis mejores armas. Mire que nadie estuviera cerca y llame a mi contacto.
—Señor, estaba esperando su llamada —él habla agitado, cierro la puerta de mi habitación, no falta que las paredes tengan oídos.
—Habla rápido —pedí.
—Quedó todo en orden, le aseguro que eso quedó solucionado.
—Te felicito por tu buen trabajo, espero que estemos en contacto para trabajar posteriormente en nuevas cosas, —sonreí con malicia.
—Señor ¿El dinero me lo hará llegar a mi casa?
—Claramente, sin embargo, vale recalcar que no puedes hablar a nadie de esto. Si tú quieres volver a recibir recompensas significativas por tu gran trabajo.
—Claro señor, no se preocupe que de mi boca no saldrá nada y nadie sabrá. —Colgué la llamada, respire con tranquilidad.
Agarré mi navaja y la puse en mi pantorrilla, hoy sería el gran día que la conocería y no perdería momento para poder defenderme en caso tal que ella comience a atacar. Acomodé mi traje para luego bajar la escalera, mientras espero que mis hermanos aparezcan sirvo un vaso con whisky. Al ver que venían, fuimos hasta el parqueadero, nuestra casa quedaba a las afueras de la ciudad.
Volvimos al carro, Enzo es el encargado de manejar, así no llamamos tanto la atención.
Vamos por las calles de este lugar, pocos recuerdos tengo de estar aquí. Creo que mi cerebro olvidó todo lo malo desde que sucedió eso, guardando nuevos recuerdos. El lugar es muy pintoresco para mi gusto, espero luego de terminar con todo esto volver a América, mientras tanto, disfrutar aquí. Nos detuvimos al norte de la ciudad, donde hay un gran espacio para fábricas de diferentes cosas, bajamos del auto mientras miraba alrededor.
—Quiero que vuelvan a tener confianza en mí, por eso conseguí uno de los mejores lugares para nuestros procesos —Donato dice mirándonos llamando mi atención, al detenernos frente a este lugar.
—Eso es patético, no porque pintas la casa por fuera por dentro los daños van a estar reparados —comenté y caminé hacia adentro.
Aprecio a mis hermanos, obvio somos hijos de la misma mamá. Pero no voy a soltar lo que me corresponde, si él pretende que porque nos trajo hasta aquí, está muy equivocado. Errar en este negocio puede ser mortal, así que si él quiere volver a mandar en este equipo está muy equivocado.
Entramos al lugar, bastante grande y relativamente cómodo, Donato explicaba con emoción, yo solo miro que tanto acceso hay por acá para poder ingresar material o que entren y salgan vehículos, miro a lo lejos y se ve poco transito, en definitiva esto es una basura.
—Este lugar no podemos utilizarlo, si pagaste por esto, pide el dinero de vuelta. Lo quiero ver en la cuenta hoy mismo —comenté para luego salir.
—No, este lugar es ideal. No puedes decir eso, solo porque no te gustó. —Doy media vuelta para irme, pero él continúa hablando—. Eres el peor, no comprendo porque mi tío te puso a cargo de esto, no tienes los pantalones para esto, para nada.
Me devuelvo lleno de rabia, lo agarró del cuello y lo miro, puedo ver en el iris de sus ojos mi reflejo.
—Nunca cuestiones de nuevo mis decisiones, porque te puedo asegurar que se me va a olvidar que eres de mi misma sangre y te acabaré como lo hice con todos esos sapos. ¿Está claro? Porque por tu culpa, van dos veces que nuestros planes han cambiado, ¿Sabes que quiere decir eso? Que finalmente ellos se van a quedar con todo. Así que obedeces y listo.
Los dos me miran, pero no me importa. En realidad lo único que quiero es que todo funcione y que la confianza que mi tío puso en mi, no sea quebrantada. Mire mi teléfono donde me decían que la cita había quedado confirmada.
—Tienen cinco minutos para despedirse de este lugar, nos vamos.
Salgo de ese lugar, no puedo ser débil. Porque tengo claro que cuando nos toque dar todo, ellos me lo van a agradecer. De nuevo observó mi teléfono cuando recibí un mensaje, ella quiere reunirse con nosotros. Todo saldrá tal como lo tengo planeado.
Charlotte
Me quedé esperando que Luciano me de razón alguna, estoy sentada en la camioneta mientras fumo un cigarro. Lía quedó en una de las bodegas, ella quedó encargada de revisar algunos documentos, su especialidad es los números así que debo explotar sus habilidades. Siento como mi presión se sube por todo lo que está sucediendo. El tabaco es lo único que en estos momentos me alivia. Le pedí a mi chofer que se fuera, mientras que no tenga más confianza con él, no puedo darle la oportunidad para que se integre más en mis cosas.
Luciano no tardó en aparecer en mi camino, me gusta demasiado su eficiencia, no podría confiarle todo esto a alguien más, él no solo es mi mano derecha, también es mi amante clandestino, nunca he tenido una relación y nunca la tendré soy más de disfrutar el momento, de disfrutar a los hombres. El amor y todo eso es una babosada, eso no va conmigo, esas cosas solo te pueden despejar del camino verdadero, tengo muy claro que el placer no se debe mezclar con los negocios.
—¿Conseguiste información? —Él se quita sus lentes y niega.
—Solo tenemos información de las personas que estuvieron allí, fueron seis, aunque todos lo niegan, hay dos que están muy nerviosos, sin embargo, pensé que era necesario que estuvieras allí.
—Está bien. Entre más pronto salgamos de eso, mucho mejor.
—Lo otro, es que conseguí una cita con unos nuevos socios. Son nuevos en la ciudad y transportan buena calidad.
—Suena bien —contesté al mirar por la ventana, estoy alarmada ante cualquier movimiento.
—El único problema es que ellos quieren vernos, bueno, verte en una hora.
—¿Quienes se creen para darnos órdenes? Soy yo quien decide a que horas vernos, o en que momento.
—Son unos que nos van a generar mucho dinero y eso es lo único que te debe importar preciosa. Así que iremos a la bodega y luego, saldremos para donde ellos ¿Te parece? —Él agarra mi mejilla, pero desvió su beso. Lo último que quiero es estresarme más.
—Maneja rápido, que la incertidumbre me va a acabar.
Llegamos hasta una de las bodegas en San Giuseppe, está es una de las especiales ya que allí nos encargamos de torturas. Al entrar, algunos de nuestros hombres tienen a los demás atados. Me pongo un par de guantes y camino a pasos largos.
—¿Entonces? Me imagino que ya tienen respuesta a lo que sucedió en una de mis instalaciones —dije con autoridad.
Nadie habla, todos bajan la cabeza y eso me desespera más, nadie acepta un error y eso no es perdonable.
—Está bien, nadie responde. Entonces tendré que pagar con cada uno de ustedes. —Saqué mi arma y disparé al techo. Algunos gritos agudos se escucharon.
—Pero señora… Señora nosotros no tenemos nada que ver con eso. —Una mujer de unos treinta años se levanta, la miro y voy y la hablo muy de cerca.
—¡Siéntate! y jamás te iguales con alguien como yo, ustedes no son más que herramientas para poder conseguir lo que deseo. —Ella se sienta y baja la mirada—. Ustedes no deben mirarme a los ojos, no se ganaron ni el más mínimo respeto con lo que acaba de pasar.
El silencio se hizo presente, nadie se atrevía a decir nada. Mire a Luciano que parecía estar disfrutando todo esto.
—Entonces ¿Quién prendió fuego? necesito que me digan quién carajos fue. —Nadie decía nada, empuñe mis manos llena de frustración, no puedo creer que me quieran ver la cara. Mire a Luciano para hacerle la seña.
Él sonrió y disparó a uno de ellos. Algunos gritaron mientras otros solo permanecieron en silencio.
—¿Tendré que repetir? o ¿Acaso prefieren que la siguiente vaya a la cabeza de alguno de ustedes? —Entre todos se miraron para luego mirar a uno de los hombres allí sentados.
—Un hombre se acercó y fue el que tal vez inició todo, se veía muy sospechoso. Pensé que de pronto era alguien de seguridad de usted señora. Lo siento mucho por no cumplir con mi trabajo. —Me acerco a él, tiene su uniforme de guarda, él tan solo baja la cabeza y pide disculpas ¿Cómo si eso pudiera devolver los billetes que perdí? —Él solo miraba todo el lugar, no lo había visto jamás, le aseguro que ninguno de acá tiene algo que ver.
Claramente no les creo, alguien tuvo que dar dinero por eso, ellos saben que si alguien se acerca deben prender fuego.
—Espero que no hayan sido tan estúpidos de dar información de más a ese hombre misterioso, porque les aseguro que sus familias son las que saldrán pagando todo ¿Entienden? —Todos asienten con su cabeza, doy media vuelta y le hago señas a los francotiradores—. Acaben con ellos.
Caminé y Luciano fue tras de mí, se escuchó el eco de los disparos.
Ahora vamos camino a la bahía, al restaurante bar que hay allí, supuestamente allí nos van a esperar aquellas personas, me da mucha curiosidad que alguien se haya atrevido a meterse conmigo, por lo general soy yo quien busca a mis socios, ellos a mi no.
Ahora no solo debo enfrentarme a lo que me corresponde a diario, sino que también debo buscar quien se atrevió a meterse en mi camino, nunca nadie lo había hecho.
Al llegar observó a mi alrededor, Luciano hizo bien su trabajo, nuestro personal está listo, en caso que deban abrir fuego y empezar una batalla campal con tal de defendernos, lo van a hacer. La bahía es uno de mis lugares favoritos para hacer reuniones.
—¿Pudiste averiguar algo de aquellas personas misteriosas? es la primera vez que escucho de ellos —le dije, él sacó su teléfono y me enseñó la fotografía.
—Son ellos, la única información que tenemos es que vinieron de América. No sabemos nada más. —Me enseña eso y ruedo mis ojos, no puedo creer que sean los mismos sujetos del cementerio, lo único interesante es que podré descubrir quienes son—. Pero no te preocupes, tal vez sean unos más del montón que solo quieren quedar bien contigo, sabes a la perfección que nadie se va a atrever a competir contigo.
En mi mente no dejaba de procesar esos rostros, en especial el del hombre no despegaba su mirada de mí.
—Luciano, quiero que los vigiles, espero que hoy podamos solucionar algo. Adicional vas a buscar a la persona que hizo eso creéme que no vamos a tener compasión, acabaron con demasiado cargamento y no vamos a tolerar eso.
—Lo sé. No te preocupes que las cosas se harán como tu digas.
Mientras que Luciano maneja, acomodo mi maquillaje, recordando las palabras de aquel sujeto en la fábrica, alguien tuvo que filtrar información. Llegamos hasta la bahía, un lugar transcurrido en horas de la mañana, somos privilegiados en usar este lugar, algunos miembros de la policía están bajo nuestras órdenes así que ellos se encargan de que nadie aparezca por aquí. Bajamos del auto, con la plena seguridad de que aquí solo saldrá un victorioso y esa soy yo.
Hay una van color blanco, con vidrios polarizados ya estacionada, veo mis mejores francotiradores en la parte superior de los inmuebles cercanos. Veo como se abre la puerta y salen ellos, con suficiente prepotencia que solo ellos la pueden creer. Se acercan y uno de ellos habla.
—¿Podemos entrar? —Asentimos y ellos siguieron de primeras, al entrar una gran mesa con licor nos esperaba. Todos tomamos asiento, el ambiente era tenso, el juego de miradas por ambas partes era arrasador.
—No sabía que debíamos traer alguna mujer para divertirnos —habla el mayor de los hombres, con gracia. Este tenía algunas canas a los costados de su cabeza. Luciano arruga el ceño y me mira negando con la cabeza—. Nos dijeron que era una reunión de negocios ¿Aquí acostumbran hacerla con las mujerzuelas? —comenta con burla, mantengo mi rostro serio. No puedo creer la falta de profesionalismo.
—Soy la encargada de esto ¿Te suena el apellido “Musolini”? —me acerqué mientras lo miraba—. Soy su hija, soy la dueña y señora de todo este lugar, soy la encargada de que las cosas funcionen. Ahora no me interesa hablar con intermediarios, mis planes son grandes así que les conviene ¿Cuál es el jefe? si es que hay uno. Por lo que veo solo pueden hablar con superioridad falsa. Se escudan en sus fachadas de machos alfas, pero en el fondo son obviamente unos payasos —dije con rabia.
Todo dentro de mí, era una bomba de tiempo, que iba a explotar en menos de nada.
—Somos tres en esto, así que te… —Uno de ellos le hace señas al mayor para que evite hablar más.
—Soy yo, Adriano D’ Angelo, soy el jefe. Ellos son mis hermanos, Donato el mayor y Enzo el menor. —Él se presenta, su barba de algunos días le daba su toque misterioso, su cuerpo marcado y su rostro perfilado dejaba una invitación clara—. Es un gusto conocerla…
Su mirada me taladraba con tanta intensidad que sentía que me estaba quemando.
—Que bien, mira Adriano, quiero que seamos claros, a mi no me gustan los juegos y estas bromas fuera de lugar, son puestas en su sitio de otra forma, les daré mi voto de confianza ¿Qué quieren?
—Me parece bien… —Señala con su mano pidiendo mi nombre.
—Charlotte, —besa mi mano, subiendo su mirada poco a poco, generando suficiente tensión en mi.
—Queremos ser los encargados de transportar su mercancía, tenemos suficientes contactos en América. Eso puede ser útil para usted mi querida dama. —Sirve dos copas, mientras los demás están observando en silencio, él bebé primero y luego lo hago yo.
—¿Qué te hace pensar que necesito que ustedes trabajen para mí? —Me acerco a él, baje mi mirada hasta sus labios y luego la subí a sus ojos.
—Le aseguro que no trabajaremos para usted, trabajaremos con usted. Tengo un buen presentimiento de esto, si desea puede ponernos a prueba. —Él le hace señas a su hermano menor, esté trae un maletín—. Aquí hay una gran cantidad de dinero, tómelo como una muestra de mi lealtad, nuestra lealtad.
Luciano miro el maletín, mientras el verde de los billetes sobresalen.
—Una oportunidad nada más y le aseguro que será un placer, en ambas partes.
Me puse de pie, para luego caminar a la salida.
—Nos veremos el lunes, tienen solo una oportunidad. Les aseguro que si fallan no los quiero volver a ver en este lugar.
Ante la sonrisa ladeada de Adriano salí de allí, bastante curiosa por ver que puede suceder con él.