Capítulo 2

Un par de meses atrás...

Alexander había llamado a Clara, su novia, varias veces a lo largo de la tarde sin respuesta. Deseaba verla, hablar con ella; por lo cual insistió hasta que consiguió que su asistente le dijera donde se encontraba.

Ambos había decidió mantener su relación en secreto, por el bien de sus carreras. Ella era una importante modelo, su carrera iba en ascenso. En tanto que él era el Ceo de una de las empresas de construcción más importantes del país.

Llevaba varios días sin verla, así que en contra de todos sus acuerdos decidió buscarla en público.

Según su asistente se encontraba en el hotel, The Gwen. Tenía una reunión hay con un cliente y pretendía sorprenderla.

Por desgracia, al arribar no encontró rastro alguno de ella en el restaurante o el bar; por lo cual dio por hecho que debía encontrarse en alguna de las salas de reuniones. No tenía otra opción más que esperar y no encontró una mejor forma de hacerlo que tomando una copa en el bar.

Apto por dirigirse hacia la barra y pedir un wisky seco. Fue entonces que se dio cuenta de la presencia de alguien conocido al otro lado de esta, alguien que tenía mucho tiempo sin ver y cuya presencia no le alegraba en lo más mínimo.

Se trataba de Emilia Crawford; la mujer más exasperante, fría y dura con la que había tenido la desgracia de encontrarse. La conocía desde que eran niños; sus familias habían sido muy cercanas desde siempre y por ende habían crecido juntos.

No deseaba arruinar con su presencia una noche que pretendía fuese maravillosa y aun así no pudo simplemente ignorarla, jamás había podido sin importar cuanto lo intentara.

Emilia había tenido un muy largo día en la oficina. Siempre había soñado con que llegara el día en que se encarga de la empresa familiar, solo que no espero que fuese en las condiciones en que lo hizo.

Su padre había sufrido un infarto hacia cerca de 5 años. Los médicos insistieron en que debía alejarse de las emociones fuertes como el estrés o los disgusto. Por ende, ella se vio en la necesidad de tomar las riendas de la empresa, aun cuando era muy joven.

Muchos pensaron que se trataba de una locura, que era demasiado joven como para ser capaz de hacerle frente a tal responsabilidad. Por lo cual, había pasado cada día desde entonces intentando demostrarles lo contrario. Había sido de ese modo hasta el grado que se había vuelto una de las Ceos más poderosa e importante no solo de la ciudad, sino del país.

Aquel había sido un día especialmente duro para ella. Había asistido a un par de reuniones interminables, en las cuales no dejo de ser subestimada solo por el hecho de ser mujer. Odiaba con todas sus fuerzas que eso sucediera y aun así se vio obligada a soportarlo, pero sobre todo demostrarles lo contrario.

Necesitaba de un buen trago después de un día como ese y aquel bar se encontraba muy cerca de la oficina.

Tomaba su tercera copa de burbon, sin sentir el más mínimo efecto del alcohol; cuando al voltear a su alrededor noto la presencia de Alexander.

Su día solo parecía ir a peor, por lo cual considero que su mejor opción sería retirarse a su hogar. Por fortuna, pronto reconsidero tal idea y es que no tenía por qué huir ante la presencia de un individuo como ese.

Era después de todo, solo un viejo conocido y debía tratarlo como tal. Decidió pues levantar un poco la copa en su dirección, dedicándole un leve asentimiento de su cabeza como saludo.

Para su infortunio, vio como este se levantaba y comenzaba a caminar en su dirección hasta sentarse en el lugar vació a su lado.

-No creí que tomaras mi cortesía al saludarte como una invitación a acercarte -admitió sin ocultar en ningún momento su disgusto.

-Qué raro, porque había dado por hecho que eso era lo que deseabas -argumento Alexander.

-¿Qué demonios te ha hecho pensar algo como eso? -intento comprender.

-A decir verdad, hay varias cosas; pero lo más importante es lo paletica que te vez bebiendo sola -respondió de forma cruel.

No midió sus palabras, pues sabía que no era necesario hacerlo y es que, a pesar de su apariencia delicada, sabía que era la mujer más fría y severa que hubiera conocido.

-No me ofende, en especial viniendo de alguien que está en este bar tan solo como yo -refuto sin demora y sin dejarse afectar por sus palabras.

-Te equivocas, no estoy solo. Espero a mi novia -se jacto con aparente superioridad.

-¿Y quién es la desafortunada? Porque hasta donde sabia estabas soltero desde que tu antigua novia te dejo hace un par de años. ¿Cuál es que era su nombre?, ¿Sofia, Martha, Carolina? No lo recuerdo -se burló de forma descarada.

-No sabía que estuvieras tan interesada en mí y en mi vida amorosa -respondió con cierta suspicacia.

-No te emociones tanto, tu padre tiene la costumbre de contármelo siempre que me ve. Por lo que parece no tiene idea de tu relación, porque justo hace un par de días me dijo lo triste que esta debido a tu soltería -le conto con cierta gracia al respecto.

-No tengo idea de porque mi padre hace algo como eso, pero es verdad; no sabe nada de mi relación y deseo que continúe siendo de ese modo -le advirtió.

-No te preocupes, la próxima vez que lo vea escuchare en silencio como intenta venderte a mí. No tienes ideas de las fantasías tan locas que él y mi padre tienen -revelo mientras terminaba su trago.

-En efecto; no la tengo, pero me imagino. Por cierto, escuche que tu padre tuvo una revisión hace un par de semanas. ¿Cómo se encuentra? -se interesó de forma genuina.

-Bien, por fortuna. Aunque los médicos insisten en sus recomendaciones y eso no lo tiene nada contento -le conto.

-Imagino, conociéndolo seguro causo todo un drama -afirmo Alexander con cierta gracia al respecto.

-Claro que si -admitió mucho más afable.

Entonces de pronto, levanto el rostro y la expresión de su rostro se tornó molesta.

-Mierda, mierda... ¡Mierda! -exclamo con exasperación.

Capítulo 3

Alexander no tenía idea de lo que estaba pasando y es que no era típico en ella el actuar de ese modo.

-¿Qué es lo que te sucede? -le cuestiono extrañado.

Por desgracia Emilia no contesto, sino que tan solo se acercó un poco más a él; lo cual le sorprendió de inicio. Sin embargo, pronto se dio cuenta de lo que pretendía y es que se ocultaba tras suyo, mismo que solo causo su mayor desconcierto.

No lograba entender lo que pudo hacerla actuar de ese modo.

-¿Qué diablos te sucede Emilia? -deseo entenderlo.

-Cállate y no te muevas -respondió de forma cortante.

-Lo are si no me dices lo que ocurre -advirtió, mientras comenzaba a hacer girar el banco sobre el que se encontraba sentado.

Emilia no pretendía dejar que eso ocurriera, así que lo retuvo con firmeza.

-Hablo en serio, si te mueve te lastimare -lanzo un ultimátum en su contra.

Alexander en cambio le presto poca atención a sus palabras, soltándose de su agarre para comprobar de lo que se trataba.

En cambio, a sus espaldas no encontró nada fuera de lo normal. Tan solo un grupo de ejecutivos de la banca, chicas jóvenes tomando una copa y un par de viejos empresarios ensartados en una acalorada discusión. Nada que pudiera causar una reacción como esa o al menos lo creyó de ese modo hasta que vio algo más.

En el fondo del lugar se encontraba un hombre, quien justo se levantaba de su asiento y comenzaba a caminar en su dirección. Debía rondar los 35 años, un tanto regordete y con una actitud de lo más jovial y alegre.

-¿Quién ese ese galán? -le cuestiono burlándose.

-Eres muy gracioso. Mi padre me lo presento hace algún tiempo, tuvimos una cita por mera cortesía y desde entonces cada vez que nos encontramos trata de invitarme de nuevo. No sé qué más hacer para alejarlo, esto me resulta cada vez más molesto -admitió mientras tomaba su bolsa de la barra y pretendía salir de ahí.

-No me digas que tus padres aun intentan casarte, uno pensaría que a estas alturas ya habrían perdido toda esperanza al respecto -continúo mofándose.

-Ya vez que no, son más persistentes que un lobo con su presa -reconoció.

-Ahora ayúdame a salir de aquí -le pidió, aun en contra de sí misma.

-Claro que no, ahora sé que no soy el único candidato en esta carrera y me encantaría poder conocer a mi competencia -bromeo, riendo abiertamente.

-Me debes una o es que acaso debo recordártelo -respondió con severidad.

-No, por supuesto que no.

-En ese caso ayúdame a salir de aquí -repitió, tomándolo del brazo para que se levantara de su asiento.

-Pero... -trato de negarse de nueva cuenta.

-Ya me dirás todo lo que desees luego, cuando estemos fuera de aquí -se apresuró a afirmar.

-¿Y mi novia? -argumentó.

-Tampoco te pido que vallas conmigo a casa, solo ayúdame a salir de aquí sin que ese imbécil de me acerque -le pidio, logrando que al fin se levantara de su asiento.

-Está bien, solo que sea rápido. No quiero hacer esperar a mi novia -acepto.

-Te aseguro que ella estará bien -respondió mientras lo tomaba por el brazo y comenzaban a caminar hacia la salida, usándolo como un escudo para que aquel tipo no la viera.

Su plan pareció funcionar, porque continuo su camino hacia la barra, buscándola.

-Gracias -dijo Emilia, una vez se encontraron fuera del bar, en la recepción del hotel.

-¡Valla! No creí que fueras capaz de pronunciar siquiera esa palabra -admitió con fingida sorpresa.

-No tientes a tu suerte y acompáñame a mi auto -ordeno con aquella voz de mando y autoridad que parecía caracterizarla.

-No tientes tu a tu suerte o te regresare al bar con tu apuesto pretendiente -advirtió, deteniendo de forma abrupta su andar.

-No te atreverías -afirmo y es que estaba segura de que solo blofeaba.

-Si no me crees, supongo que entonces tendré que mostrártelo -opino soltándose de su agarre para tomarla de la mano e inicio a caminar de regreso al bar, llevándola con él por la fuerza.

Emilia había dado por hecho que mentía, hasta que sintió como la llevaba de vuelta.

-Detente -le exigió mientras trataba de oponerse, por desgracia sus zapatillas de tacón no hacían mucho por ayudarle; además claro de que él era más fuerte.

-¿Por qué lo aria? Esto será fantástico -argumento, sin poder mantener su actitud seria por más tiempo y es que pronto apareció una sonrisa en sus labios.z

-Tienes que dejar esto, maldito loco. ¡No estoy jugando! -alzo la voz sin importarle que alguien más la escuchara.

Alexander en cambio hizo oídos sordos a sus reclamos y continuo con su deseo de molestarla, lo cual valla que le divertía. Estaba pasando un buen momento, hasta que de pronto vio algo que le descoloco por completo. Algo que causo que se detuviera en un instante.

Vio algo imposible, a su novia atravesar el vestíbulo; pero no lo hacía sola. Caminaba de la mano de un hombre alto; pero no era eso lo que más le preocupaba, sino el hecho de lo cerca que se encontraban uno del otro y la expresión de felicidad en sus rostros.

Se encontraba a punto de llamarla, exigirle una explicación con respecto a lo que sucedía; cuando lo vio. Vio como ella se le acercaba y lo besaba, no se trató de un gesto de despedida. Fue algo más que eso, pues lo beso justo en los labios y con una pasión que le sorprendió.

Aquel beso solo podía tener un motivo y ese le aterraba hasta lo más profundo.

Por desgracia, para cuando salió de su asombro; ella y su acompañante salían por la puerta principal, abandonando el edificio. No podía permitir que lo hicieran, no sin obtener una explicación de su parte. No lo pensó siquiera y se dirigió a la puerta con premura deseando alcanzarles. Era tanta su desesperación, que no se dio cuenta de que no se encontraba solo y es que aun sostenía con firmeza la mano de Emilia.

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