El eco de los tacones de Isabella resonaba por los pasillos de Blake Industries mientras salía de la oficina de Alexander. Se sentía... inquieta. No porque él la hubiera intimidado, sino porque había logrado algo que nadie más había conseguido antes: descolocarla.
Había algo en su voz cuando habló de su pasado, una sombra en sus ojos que no encajaba con la imagen de un hombre arrogante y despiadado. Pero él se recuperó rápido, y eso solo significaba una cosa: estaba ocultando algo importante.
Y ella lo descubriría.
Las Pistas del Pasado
Esa misma tarde, de vuelta en su departamento, Isabella se sentó en su escritorio y comenzó a analizar lo que sabía.
Hace diez años, Alexander Blake desapareció.
Eso era un hecho. Y si él mismo lo había admitido, significaba que no podía ocultarlo por completo. Pero ¿por qué? ¿Qué lo había llevado a querer "dejar de existir"?
Con una taza de café a su lado y la laptop abierta, comenzó a rastrear archivos antiguos, artículos de periódicos, registros financieros. Era meticulosa, paciente. Sabía que las respuestas no siempre estaban en lo obvio, sino en los pequeños detalles que otros pasaban por alto.
Finalmente, después de varias horas de búsqueda, encontró algo.
Un artículo de un periódico pequeño, casi irrelevante, fechado exactamente diez años atrás.
"Incendio en comunidad marginada deja varios desaparecidos y una víctima fatal."
La nota hablaba de un incendio devastador en una zona humilde a las afueras de la ciudad. No había nombres, solo un informe vago sobre la tragedia. Pero lo que le llamó la atención fue un detalle en particular: la empresa que poseía el terreno había sido una subsidiaria de una corporación más grande... una que, años después, fue absorbida por Blake Industries.
Isabella sintió que su corazón latía con fuerza.
-¿Qué hiciste, Alexander Blake? -murmuró.
Si este incendio tenía algo que ver con su desaparición, entonces había algo mucho más oscuro detrás de su historia.
Un Encuentro Peligroso
Decidida a obtener respuestas, Isabella decidió jugar sucio. Si Alexander no iba a hablar, entonces ella haría que lo hiciera.
Usando su credencial de prensa, rastreó los registros de los testigos del incendio. La mayoría ya no vivían en la ciudad o simplemente habían desaparecido. Pero uno de los nombres seguía activo: un hombre llamado Marcos Ibarra, quien en ese entonces había sido voluntario en la comunidad.
Condujo hasta un barrio modesto, donde las calles estaban llenas de niños jugando y ancianos sentados en las puertas de sus casas. Isabella localizó la dirección de Marcos y llamó a la puerta.
Un hombre de unos cuarenta años, con cicatrices en los brazos y una mirada cansada, abrió.
-¿Sí?
-Marcos Ibarra, ¿verdad? Soy Isabella Ramírez, periodista de The Truth.
Él la miró con recelo.
-No hablo con periodistas.
Isabella metió el pie antes de que pudiera cerrar la puerta.
-Quiero hablarte sobre el incendio de hace diez años. Sé que estuviste allí.
La reacción de Marcos fue inmediata. Sus ojos se oscurecieron y tragó saliva con dificultad.
-No sé de qué hablas.
-Sé que sí. Y sé que hay alguien más que también lo recuerda: Alexander Blake.
El hombre tensó los puños y miró alrededor, como si temiera que alguien los estuviera observando.
-Lárgate. No quiero problemas.
-Escucha, Marcos -dijo Isabella con firmeza-. No vengo a hacerte daño. Solo quiero la verdad. Blake no quiere hablar, pero sé que tú sí.
El hombre suspiró pesadamente y se pasó la mano por la cara. Finalmente, la dejó entrar.
El pequeño apartamento tenía pocas cosas, pero en una de las paredes colgaba una foto de un niño. Isabella notó que Marcos la miraba de reojo, como si esperara que preguntara. Pero ella esperó.
Finalmente, él habló.
-Hace diez años, esa comunidad era nuestro hogar. Éramos gente humilde, pero nos ayudábamos. Hasta que un día, una empresa inmobiliaria decidió que querían el terreno para construir un maldito complejo de oficinas. Nos dieron un aviso de desalojo, pero la mayoría no tenía a dónde ir.
Isabella escuchaba atentamente.
-Una noche... hubo fuego. No sé cómo empezó, pero las llamas se propagaron rápido. La gente gritaba, tratábamos de ayudar. Y entonces... -Marcos tragó saliva-. Mi hijo, Gabriel... quedó atrapado dentro.
La periodista sintió un nudo en el estómago.
-Lo siento mucho.
Marcos apretó la mandíbula.
-Pero aquí es donde entra Blake.
Isabella se inclinó ligeramente hacia adelante.
-¿Qué tiene que ver con esto?
-Él estaba allí esa noche.
El corazón de Isabella se detuvo por un segundo.
-¿Qué?
-Llegó cuando todo estaba en llamas. Lo vi con mis propios ojos. No sé qué hacía ahí, pero no era un empresario multimillonario en ese entonces. Parecía... desesperado. Como si estuviera buscando a alguien.
Isabella sintió que todo encajaba.
-¿Y qué pasó después?
-Después del incendio, se largó. Y meses más tarde, su nombre apareció en todas partes como el nuevo magnate de los negocios. Como si esa noche lo hubiera cambiado.
Ella tomó notas rápidamente.
-¿Crees que tuvo algo que ver con el incendio?
Marcos negó con la cabeza.
-No lo sé. Pero lo que sí sé es que esa noche algo lo marcó. Y si quieres respuestas, tendrás que sacárselas tú misma.
El Enfrentamiento
Esa noche, Isabella no podía esperar más. Tomó su teléfono y marcó el número que había conseguido de la asistente de Blake.
-Isabella Ramírez -dijo él al contestar, con su tono habitual de burla-. Me sorprende que no puedas estar lejos de mí.
-¿Dónde estuviste la noche del incendio de hace diez años?
El silencio al otro lado de la línea fue tan fuerte que Isabella casi pudo escucharlo respirar.
-Nos vemos en mi oficina. Ahora.
Y colgó.
Verdades Ocultas
Menos de una hora después, Isabella estaba en la oficina de Blake, con los brazos cruzados y la mirada firme.
-Hablé con alguien que estuvo allí esa noche -dijo sin rodeos-. Quiero la verdad.
Alexander la observó en silencio. Se pasó una mano por el cabello, como si estuviera considerando sus opciones.
-Alguien muy importante para mí murió esa noche -dijo finalmente, con voz grave-. No fui responsable del incendio, pero me aseguré de que quienes lo provocaron pagaran.
Isabella sintió un escalofrío.
-¿Qué hiciste?
Él se acercó lentamente, hasta quedar a solo centímetros de ella.
-Eso, Isabella, es una historia que aún no estás lista para escuchar.
Y por primera vez en su vida, sintió que estaba a punto de descubrir algo que no solo podría cambiar su carrera... sino también su vida.