Samuel no supo cómo llegó de regreso a su penthouse. El camino desde el café hasta su departamento había sido un borrón de luces y bocinas, su mente atrapada en una espiral de pensamientos confusos y sentimientos contradictorios.
Se dejó caer en el sofá de cuero negro, aflojándose la corbata mientras cerraba los ojos con frustración. ¿Cómo era posible que estuviera otra vez en esta situación?
Cuando estaban en la universidad, había pensado más de una vez en confesarle sus sentimientos, pero siempre había algo que lo detenía: el miedo a perderla, a que las cosas cambiaran, a que su amistad se rompiera. Y ahora, años después, el destino le daba una segunda oportunidad... solo para verlo caer en el mismo maldito papel.
Solo que esta vez era peor. Porque ahora ella no solo lo veía como su mejor amigo, sino que esperaba que la ayudara a enamorar a otro.
Tomó su celular y deslizó la pantalla, deteniéndose en el chat con Laura.
Laura: "Eres el mejor, Sammy. Sé que contigo a mi lado, podré hacer que se fije en mí. 💖"
Ese emoji de corazón le supo a una puñalada en el pecho. No importaba cuántas veces lo leyera, sabía que no tenía el significado que él deseaba.
Samuel dejó el teléfono sobre la mesa y se pasó una mano por el cabello. Necesitaba pensar.
A la mañana siguiente, Laura lo estaba esperando en la recepción de su empresa.
Era raro verla allí, en su mundo, en el entorno donde él era alguien poderoso, respetado. Laura siempre había sido parte de su pasado, de la época en la que aún no tenía su imperio. Y sin embargo, allí estaba, de pie en el lobby de vidrio y mármol, sonriendo como si los años no hubieran pasado.
-Wow -dijo ella mientras él se acercaba-. No sé qué me impresiona más, el tamaño de este edificio o el hecho de que ahora todos te llamen 'señor Fuentes'.
-Solo cuando quieren que les aumente el sueldo -bromeó él, tratando de relajar la tensión en su pecho.
Salieron juntos a una cafetería cercana, un lugar más discreto donde no estuvieran rodeados de empleados que lo observaban con curiosidad.
-Bien -dijo Samuel después de tomar un sorbo de su café-. Cuéntame sobre él.
Laura sonrió y apoyó los codos en la mesa con entusiasmo.
-Se llama Andrés. Trabaja en el departamento de marketing. Es creativo, seguro de sí mismo, y tiene un sentido del humor increíble. Cada vez que habla en una reunión, todos lo escuchan. Y no sé, Sammy... hay algo en él que me atrae.
Samuel sintió un nudo en la garganta, pero mantuvo su expresión neutral.
-¿Y por qué crees que no se ha fijado en ti?
Laura hizo una mueca.
-Porque soy terrible para dar señales. Ya me conoces. Cuando me gusta alguien, actúo como si no me importara en lo absoluto. Y creo que él me ve solo como su compañera de trabajo.
Exactamente como tú me ves a mí.
Samuel se obligó a apartar el pensamiento.
-Entonces, ¿quieres que te ayude a hacer que se fije en ti?
-¡Exacto! -exclamó ella con emoción-. Necesito que me entrenes. Como un coach del amor.
-¿Coach del amor? -repitió él con una sonrisa irónica.
-¡Sí! Tú sabes cómo funciona la mente de los hombres, ¿no? Quiero que me digas qué hacer, cómo actuar, cómo hacerme notar sin parecer desesperada.
Samuel se quedó en silencio por unos segundos. Tenía dos opciones.
Podía decirle que no, que no podía ayudarla, que no estaba dispuesto a ser el espectador de su propio sufrimiento. Pero eso significaría alejarse de ella otra vez.
O podía aceptar. Podía enseñarle todo lo que sabía... y al mismo tiempo, buscar la forma de hacerle ver que el hombre que siempre la había amado estaba sentado justo frente a ella.
-Está bien, Laura. Te ayudaré.
Ella soltó un grito ahogado de felicidad y se lanzó sobre la mesa para abrazarlo.
-¡Gracias, gracias, gracias! Sabía que podía contar contigo.
Samuel cerró los ojos y permitió que el momento durara un poco más de lo necesario.
Porque sabía que, tarde o temprano, tendría que romper su propio corazón.
Esa misma tarde, Laura le envió un mensaje.
Laura: "Primera lección. ¿Qué hago mañana para llamar su atención?"
Samuel sonrió con amargura y comenzó a escribir.
Samuel: "Para empezar, usa algo que te haga sentir segura. No algo que creas que a él le gustaría, sino algo que te haga caminar con confianza."
Laura: "Ohhh, me gusta. ¿Y luego?"
Samuel: "Cuando hables con él, toca sutilmente su brazo o su hombro. El contacto físico siempre es importante."
Laura: "Eres un genio. Lo intentaré y te contaré cómo me va."
Samuel dejó el teléfono a un lado y se pasó una mano por la cara.
Estaba entrenando a la mujer que amaba para que enamorara a otro.
Si había un infierno, sin duda se parecía mucho a esto.
Samuel revisaba su teléfono con una mezcla de ansiedad y resignación. Desde que había aceptado ser el "coach del amor" de Laura, cada mensaje suyo era una pequeña puñalada.
Esa mañana, ella le había enviado un audio corto:
-Sammy, hoy es el día. Voy a aplicar lo que me dijiste. ¡Deséame suerte!
Y él, como el masoquista emocional que era, le había respondido con entusiasmo fingido.
-Vas a brillar. Mantenme al tanto.
Ahora, horas después, estaba en su oficina con una taza de café ya fría y el teléfono en la mano, esperando un mensaje de actualización. No debería importarle tanto. Tenía reuniones importantes, un contrato millonario que cerrar, decisiones que tomar. Pero nada de eso tenía el poder de afectar su estado de ánimo como lo hacía un simple mensaje de Laura.
Finalmente, el teléfono vibró.
Laura: "¡Funcionó! ¡Dios, Sammy! Me miró diferente hoy. Notó mi ropa, me hizo un cumplido y hasta se rió más de lo normal con mis chistes. ¿Sabías que tiene una risa adorable? 💕"
Samuel exhaló lentamente, tratando de ignorar la presión en su pecho.
Samuel: "Te lo dije. Solo necesitabas un empujoncito."
Laura: "¡Eres el mejor! ¿Cuándo tengo mi siguiente lección?"
Samuel: "Cuando quieras. Coach disponible 24/7."
Era una mentira. No estaba disponible. No quería estarlo. Pero decirle que no significaría alejarse, y no estaba listo para eso.
Más tarde, esa noche, Laura lo llamó por videollamada.
-Sammy, tienes que ayudarme con algo más.
Él se acomodó en el sofá de su departamento, su laptop aún abierta con pendientes que claramente iba a ignorar.
-Dime.
-Mañana vamos a salir en grupo después del trabajo. Incluyendo Andrés. ¿Cómo hago para que note que no soy solo su amiga?
Samuel se masajeó las sienes. Era irónico. Ella preguntándole cómo evitar la friendzone cuando él llevaba atrapado allí más de una década.
-Ok, escucha bien. -Se inclinó hacia la cámara-. Tienes que marcar la diferencia entre cómo interactúas con los demás y cómo lo haces con él.
-¿Cómo así?
-Con los demás, sé la Laura de siempre: simpática, relajada, con esa energía que siempre has tenido. Pero con él... hazle sentir que es especial. Míralo de manera distinta. Mantén el contacto visual por más tiempo del que normalmente lo harías. Si se acerca a ti, no te apartes. Y cuando hables con él, asegúrate de que note que le prestas más atención que a los demás.
Laura asintió, tomando notas en una libreta como si él estuviera dándole instrucciones de negocios en lugar de enseñarle a enamorar a otro hombre.
-¿Y si no reacciona?
Samuel tragó saliva.
-Si no reacciona, entonces él no merece tu esfuerzo.
-Uy, qué filosófico, Sammy. Pero tienes razón. Voy a intentarlo.
Él sonrió débilmente.
-Vas a estar increíble.
-Siempre sabes qué decir. -Laura apoyó la cabeza en una mano-. No sé qué haría sin ti.
Samuel se rió suavemente, pero el dolor era real.
Si supieras lo que haría yo sin ti, Laura...
Al día siguiente, Samuel trató de concentrarse en su trabajo, pero su mente estaba en la salida de Laura con Andrés. Imaginársela riendo, mirándolo con esa chispa de interés, tocándole el brazo tal como le había enseñado... era un tormento.
Pero la peor parte llegó cuando ella le envió otro mensaje cerca de la medianoche.
Laura: "Sammy, creo que esto está funcionando. Hoy pasamos más tiempo juntos. Me invitó a caminar un rato después de la salida. Fue genial. Me sentí... diferente. Como si realmente me estuviera viendo."
Samuel soltó una carcajada amarga.
Samuel: "Me alegro. Es un avance."
Laura: "Lo es. ¡Gracias! No sé qué haría sin mi mejor amigo."
Y allí estaba la palabra maldita otra vez. Mejor amigo.
Samuel dejó el teléfono a un lado y cerró los ojos.
Había aceptado este juego con la esperanza de que, en el proceso, Laura pudiera darse cuenta de que quien realmente la amaba era él.
Pero en cambio, estaba consiguiendo exactamente lo contrario. Estaba entrenándola para enamorarse de otro.
Y no tenía idea de cómo detenerlo.