Capítulo 2

Keanu. 

- “Bien hermanito, no te voy a preguntar como los llevas, porque sin lo llevas la mitad de mal que yo, comprendo el humor de perros que llevas, nadie se atreve a entrar en tu despacho.”- me dijo Mike, entrando en mi despacho, y tirándose de forma destartala en el sofá. 

No podía discutir con él, ya que tenía razón, esta maldita espera, no iba para nada con mi forma de hacer las cosas. Por lo menos, esta noche se realizarían los tres compromisos, y yo podría poner el anillo que había comprado, en el dedo de mi Sirena tentadora, así mi instinto de cazador se calmaría algo, ya que el mundo sabría que quiera era mi dueña, y yo podría decirle al resto de la población masculina que, Ariana Cortes Basterra, ya no estaba en el mercado de diosas deseables. O al menos eso esperaba, por aun me quedaba un maldito mes para la boda, y lo importante, para esa deseada noche, en que tendría el honor en que mi dueña, se entregara a mí. 

- “No te esfuerces Mike, tu hermano ha decidido mantener este humor de perros, hasta que no se case con Arianna, esperamos que el resto del mundo, pueda sobrevivirlo.”- dijo un sonriente asistente, y mejor amigo, entrando por la puerta del despacho sin tocar. 

 Nunca me había molestado que los hiciera, pero ahora sí, ya que esa sonrisa, que mostraba él, todo el día, sólo significaba una cosa, el hijo de p… de Jason había tenido una larga y extenuante noche de pasión con su recién estrenada esposa, y lo único que hacía el muy maldito, con esa actitud, era demostrarnos al resto de los que estaban en abstinencia forzosa, que él era el único estaba feliz y satisfecho, de los cuatro. 

- “Es él, quien me pone de mal humor, mira esa sonrisa de gato que se ha tomado toda la leche y se está relamiendo, ver eso todos los días, cabrea, y no sabes cuánto.”- sabía que me estaba quejando como un niño pequeño, no era nada típico en mí, pero necesitaba desahogarme, este periodo de espera se me estaba haciendo más que largo. 

Jason solo lo miró y sigue sonriendo, ya estaba acostumbrado a que su jefe, y mejor amigo, estos días pareciera un oso con dolor de muelas. 

- “Ahora que lo miro bien, hasta a mí también me estas cayendo mal, Jason.”- dijo Mike mirándolo desde el sillón donde se había tirado cuando entró en mi despacho. - “¿No podría aguantarte un poco esa sonrisa de satisfacción, para que el resto de los humanos podamos revolvernos en nuestra miseria sin tener una prueba visual de lo que es, ser un feliz recién casado, maldito cabr …?”- Jason lo interrumpió. 

- “Lo siento por los dos, pero no voy a dejar de sonreír por amar, y ser feliz al lado de mi mujer, y ustedes tengan que esperar, la culpa es de sus familias, y de las promesas que hicieron, yo no tengo ese problema, y sí estoy más que feliz, en mi matrimonio, pues lo digo. Lo que faltaba.”- dijo el muy descarado sentándose en la silla que había frente a mi mesa de despacho, mientras yo, desde mi silla ejecutiva, lo miraba entrecerrando los ojos, con cierto grado de envidia, y odio.  

- “Hermano despídelo, hasta que nos hayamos casado, ¡Por dios! No aguanto que sonría como si el conociera un secreto, que nosotros desconocemos”- se quejó, Mike. 

-” Por mi encantado, más tiempo para pasar, con la deseable, señora Graham.”- dijo el mal nacido de Jason sonriendo aún más ampliamente. Justo en ese momento, entró Kevin Junior, también si tocar la puerta de mi despacho. 

- “¿Pero es que mi despacho se ha convertido en la sala de reuniones, no podéis tocar la puerta, alguno de los tres, maldita sea?”- les dije serio a los tres, Kevin, como los otros, también me ignoró y se fue directamente a el mueble bar de mi despacho, para servir cuatro copas. 

- “¿Alguien sabe si hay algún somnífero, que me duerma hasta dentro de un mes, y me despierte ya casado, y con mi esposa, la arpía pelirroja, en mis brazos?”- preguntó mientras nos entregada a cada uno una copa, sabía que tanto su futura esposa, como su madre selo estaban poniendo difícil, por razones distintas, unas más placenteras que otras. 

- “Esta visto que hoy no voy a poder usar el maldito trabajo para poder eludir, las ansias que tengo de secuestrar a mi mujer, y llevármela a algún lugar, casarme, y pasarme un mes en su cama.”- pensé mientas apagaba el ordenador, y me levantaba de mi asiento para sentarme en el sillón individual. 

 Mientras, los otros tomaban posiciones en los sillones a mi alrededor, excepto, Mike, que desde que llegó se había apropiado del sillón de tres plazas, acostándose, de forma desgarbada, como cuando era niño. 

- “Hoy, nos comprometemos.”- soltó Kevin con un deje de emoción, que era raro en él, lo que demostraba lo loco que lo había vuelto, la deslenguada de Miriam Lugo García. 

- “Y después, sólo hay que esperar un mes, y ya estaremos casados.”- dijo Mike, mirando al techo, como soñando, que ese día llegara pronto. 

- “Eso me recuerda, que debía entregaros algo.”- dijo Jason, y salir un momento del despacho, regresó, con unos sobres en las manos, y nos dio una carta, a cada uno. 

Nada más abrirlo, mi mal genio se multiplicó por diez, mi abuelo había vuelto a hacer otra de las suyas. 

- “¿Pero que mierda es esta?”- dijo Mike al mismo tiempo que Kevin gruñía, y tiraba la carta al suelo. Al parecer no era el único al que se la había jugado el abuelo. 

Al parecer los tres teníamos que viajar este último mes antes de la boda, para dejar todo, arreglado, y así poder tomarnos unas semanas de luna de miel, a Kevin le tocaba viajar  a Seattle, la sede central de Powell Holding, Mike, tenía una reunión, de ventos, a la que debía haber ido mi madre, pero como estaba con los de la boda no podía, en Japón, y yo tenía varias reuniones en varios países, entre ellos, Nueva Zelanda y Colombia, pero lo mejor, y por lo que los tres estimábamos que rompíamos algo, era que salíamos mañana de viaje, después del compromiso de esta noche.  

Cogí el teléfono para llamar a mi abuelo, ardiendo por dentro de ira, tenía que cantarle las cuarenta, cuando, como siempre, ese viejo zorro se adelantó, entrando como no, en mi despacho, también sin llamar.  

Desde hoy iba a poner un cartel, como en el colegio, o en las consultas médicas, para que la gente supiera usar la educación de tocar antes de entrar, además de poner un fechillo a la puerta, no sea qué después de casarme, un día tuviera la visita de mi deseada, y amada esposa, a mi despacho, con la excelente idea de seducir y pervertir a su marido, ante eso, esa puerta se cerraría a cal y canto, mientras ella se dedicaba a torturarme. 

- “¡Ni se les ocurra quejarse!”- sentencio el maldito viejo controlador- “Porque sólo tenéis dos opciones, o viajáis este mes a dejarlo todo arreglado o lo hacéis después de la boda. Yo en su lugar, lógicamente, preferiría lo primero, mientras sus prometidas y sus madres, lo preparan todo para la boda, así os distraéis un poco, y así podéis no estar tan … ¿cómo decirlo? ¡Ah!, ya se … ansiosos.”- odiaba ser manipulado, pero tenía que reconocer que esa maldita habilidad de mi abuelo, que yo también la había heredado, sabía usarla como un auténtico zorro astuto, cuando le convenía. 

Ante esta afirmación, nadie dijo nada, pero la ira se reflejaba en nuestros ojos, otra vez el gran Kevin senior Powell, se había vuelto a salirse con la suya. Y eso a mí me reventaba. 

- “Jason prepáralo todo, te vienes, conmigo, tu mujer podrá soportar estar sin ti, unas semanas, además estará ocupada haciendo de dama de honor, para las novias.”- por primera vez la sonrisa de Jason se borrón, y cierto deje de enfado se dibujó en sus ojos.  

Así fue como, tras el maldito compromiso, donde mi preciosa prometida, me volvió loco con ese vestido que debía de estar prohibido, para no alterar la presión sanguínea de este humilde hombre enamorado sobre todo porque, tras dar mil y una explicación a unas mosqueteras nada contentas con sus parejas, los cuatro volamos al día siguiente a diferentes países del mundo, mientras nuestras futuras esposas, eran sometidas al acoso de nuestras histéricas y descontroladas, madres. 

 Mientras volaba en unió de los Jet privados del grupo, con más ganas desee haber cedido a la sugerencia de Arianna de fugarnos a las Vegas, y acabar con todo de una vez, esto sólo demuestra que cuando un hombre se enamora, pierde agilidad mental.

Capítulo 3

Arianna. 

- “¿Podríamos también hablar con el abuelo, sobre, por qué, después de la fiesta de compromiso, ha secuestrado a nuestros prometidos?”- dijo Miriam, alias Pontos. 

Entendía también como se sentía, cuando tu prometido te indica, en la misma fiesta en al que se está produciendo tu compromiso, que por órdenes de su abuelo debe salir de viaje, y que nos volverá, al menos hasta unos pocos días antes de la boda, pasas por varias reacciones según tu personalidad. Como nos ocurrió a nosotras, cada una reaccionó a su manera diferente, con su pareja 

Elena, sonrió fría, y tras mirar a su futuro esposo, con esa mirada, que helaba el desierto, le dijo. 

- “Tú veras como lo vas a hacer playboy, pero si yo me vuelvo loca con los preparativos de la boda, y las exigencias de tu dorada madre, que quiero un montón, pero que tiene más energía que una central nuclear, lo mismo, cuando regreses, te encuentras sólo en el altar.”- a lo que mi futuro cuñado, sólo sonrió besándola, y prometiéndole que la llamaría todos los días, eso sí, juro a su abuelo que a él desde luego sí que no lo iba a llamar, ósea todo muy maduro. 

Por su lado Miriam, nuestra, víbora de lengua venenosa, cuya sinceridad puede crear conflictos internacionales, fue más directa, con el primo de mi prometido, Kevin J. 

- “Muy bien, ¿me estas queriendo decir que tu abuelo, te ha mandado a Seattle para que yo me quede aquí con tu madre, santo de mi devoción, y que yo me encargue, con esa bruja… digo con esa digna señora, de los preparativos del matrimonio mientras tú estás relajado por él mundo? Y no me digas que sólo vas a trabajar, que lo sé, pero eso lo llevas haciendo desde que usabas pañales, pero para mí es la primera vez que me caso, y por lo visto la única.”- le dijo empujándolo con un dedo acusador en el pecho de su prometido, que era casi un cabeza más alto que ella, ósea era algo digno verse, David contra Goliat, aunque este David tenía una lengua que era un arma de destrucción masiva. 

Él la miro serio y agarrándole las manos para atraerla hacia sus brazos le dijo. 

- “Lo sé deliciosa Arpía, pero recuerda que en un mes nos casamos, y te prometo compensarte por el esfuerzo, y por tu paciencia, que no suele ser mucha.”- le dijo y besó su hombro descubierto haciéndola estremecer. 

- “Eso espero, maldito niño de mamá, que me complazcas tanto, que no te saque de la cama en un mes, que es lo que me voy a merecerme por aguantar a tu adorada madre.”- le dijo agarrándole de la corbata y tirando de él para que la besara. 

- “Pretendo tenerte toda una vida en mi cama, pelirroja descarada, y te castigaré si sales de ella.”- le dijo acercando sus labios a los de ella. 

- “Cumpla sus promesas señor Powell, toda una vida., y adoro tus castigos.”- respondió finalmente Pontos dejándose arrastra por las sensaciones que los labios de su prometido le provocaban. Fue, así como mi inconformista amiga, cedió a estar un mes sin su adorado niño de mamá.  

Y finalmente yo, que escuche pacientemente las explicaciones de mi hombre, antes de darle mi opinión. 

- “Bien señor Powell, en términos empresariales, ¿me quiera decir, que compensación, voy a recibir yo por la pérdida de mi prometido durante, un mes, en el momento que más lo necesito, ya que esto sólo supone una sobre carga de trabajo, para mi parte de contrato?”- él me miró sonriendo, por mi intento de ser su rival, en estas negociaciones.  

Entendía su aptitud de diversión, era normal que le pareciera gracioso, que yo intentara ponerse a su nivel en este terreno. Vamos que negociar con Keanu Powell, era como negociar con un lobo hambriento, siendo tú, una pequeña oveja tierna y blandita, un majar para ese canido. 

- “¿Y qué compensación desea esta parte del contrato, que le será, lo suficientemente atractiva, para que supere dicha perdida?”- no sé lo que tenía ese hombre cuando se ponía en plan empresario que hacía que mis hormonas, ya sobre estimuladas, por estar cerca de él, y de ese delicioso olor que desprendía su cuerpo, me hacía comportarme como lo que nunca he sido, una mujer fogosa sedienta por exprimir hasta el último placer que ese hombre me pudiera dar.  

- “Tendré que tomar un tiempo de reflexión, CEO, pero creo que este contrato lo firmaremos nuestra noche de bodas, eso sí, no puede retractarse una vez firmado el acuerdo, ya que tiene duración indefinida.”- le dije acariciando con mi dedo los botones de su camisa mientras me acercaba lo más que podía a él.  

Keanu no tardó en atraerme a su cuerpo con sus brazos, mientras sus manos bajaban a mis glúteos apretándolos contra él, de forma firme, pero delicada, para que sintiera en mí el abdomen, la excitación de lo que mis palabras estaban provocando en el centro de su hombría. 

- “¿Y si la compensación es abusiva para el agravio cometido? No es justo que me pase un mes pensando en lo que la parte B del contrato me tiene preparado, eso es jugar con ventajas, que en términos empresariales puede ser inaceptable, para la otra parte.”- dijo agachándose y hablándole al lóbulo de mi oreja, mientras con su aliento me hacía cosquillas, esto despertó deseos, que aumentaban mi libido, que ya estaba bastante sobre estimulado. 

- “Siempre… puede…renegociar términos. Además… es una forma en que los dos suframos durante nuestro periodo de reflexión de un mes … ¡Ahí!”- gemí cuando sus dientes mordieron suavemente con los dientes y los labios, ese maldito lóbulo, que acaba de descubrir que estaba conectado directamente con las zonas más sensibles de mi cuerpo, ya que estas malditas traidoras, temblaron de anticipación. 

- “De acuerdo futura señora Powell, en un mes, en nuestra noche de bodas, me dirá la compensación que desea recibir, y negociaremos, mientras, recuerde que esto es tanto un castigo para ti, como para mí, además de que la llamaré todas las noches, así tenga que no dormir, para oir su deliciosa voz.”- 

Tras esto no me dejó decir nada, simplemente selló nuestro acuerdo con un beso, que me dejó sin aliento, si mis hermanos no llegan a entrar en ese momento en la sala donde habíamos ido a hablar durante la fiesta, no sé qué hubiera pasado. 

- “Cuñado deja algo para la noche de bodas”- dijo el descarado, malcriado adolescente de Marcos. De la vergüenza me separé de Kevin, para reprender a este maldito niñato, con ínfulas de adulto.  

Maldita sea que mal, llevaba la época de pubertad de mi hermano, parecía que me habían secuestrado a mi dulce y cariñoso hermano, y en cambio, habían dejado un total desconocido, un bocazas, mete patas, malcriado, y soberbio ser, en su lugar. 

- “Marcos Corzo Basterra la próxima vez que hables así, yo…”- no me dejo terminar moviendo las manos en señal de que esa conversación ya la habéis tenido, y que en realidad le aburria, mientras caminaba hacia su nuevo dios, mi prometido, desde hacía un año su modelo a seguir. 

- “Yo no he visto nada, ni siquiera cuando Papá Keanu, te mordía en los labios y te los chupaba. Te lo prometo, Mamá Arianna”- dijo el sincero, pero demoledor Guille.  

Fue en ese momento cuando quise que me tragara la tierra, mientras los malditos de Keanu, y Marcos estallaban de risa, ante las ocurrencias de mis hermanos de ocho años. 

Con la sensación de vergüenza, que aun sentía en pensar en mi despedida de Keanu hace tres semanas, volvía la realidad. 

- “¿Se puede saber dónde estabas, Dogos?”- me preguntó Elena, alias Aramis. 

- “Seguramente en brazos de cierto CEO, con ojos azules, cuerpo espectacular y una voz profunda y ronca, que además tiene secuestrado a mi marido, dicho sea de paso.”- dijo con cierto reproche Emily, alias Dartacan. 

La habíamos convencido de que saliera de la maldita cocina del restaurante, para acompañarnos a la reunión que teníamos con el abuelo, ya que ella también estaba afectada con la separación de nuestra pareja hace ya tres semanas.  

Además, debíamos tener cuidado, Kevin Senior Powell, era el mejor negociador que habíamos conocido, un maldito embaucador, y tramposo, prueba de ellos era la forma en que nos había unido a sus nietos.  

Precisamente de los terminó a los que nos sometió en ese momento, o parte de ellos, era por lo que queríamos renegociar, y por eso estábamos aquí, en la torre Powell, a punto de entrar en la sala de juntas del gran grupo, que, gracias a las artimañas del maldito y cariñoso abuelo, nos habíamos convertido en sus herederas. 

Cuando entramos en la sala, ya el abuelo Powell, estaba sentado allí, en su sillón, con esa cara amable y sonriente, pero de la que no podías fiarnos, debajo de esos ojos bondadosos, existía el ser más inteligente y manipulador, que yo había conocido, a parte de su nieto Keanu, y hasta él había caído bajo las artimañas del gran CEO. 

- “Mis queridas nietas, ¿A qué debo tan grato honor?”- dijo sonriendo como un gato vanidoso, y sabedor de que el juego del ratón y el gato, ya los tenía ganado mucho antes de empezar a jugar, pero eso quitaba que disfrutara el proceso del juego.  

Respiré hondo y me senté, las negociaciones iban a empezar.

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