Capítulo 2

Raquel se detuvo para observar a la mujer que se acercaba a ella.

"¿Alicia?". Alicia Jenkins era su media hermana, una auténtica perra de dos caras.

La aludida era su media hermana, una auténtica doble cara. Cuando se paró frente a Raquel, sonrió. "Mi querida hermana, ¿te mudas?".

Raquel puso los ojos en blanco y esbozó una sonrisa falsa. "Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Por qué sigues haciendo preguntas tan estúpidas? ¿Acaso un oso caga en el bosque?".

Su comentario dejó a Alicia furiosa. Pero pronto reprimió su ira, cambiando de nuevo a una expresión inocente.

"Solo intento mostrarte un poco de preocupación. ¿Cómo puedes pensar así de mí?".

¿Preocupación?

Eso era divertido. Solo quería burlarse de ella.

Con un rostro desprovisto de emoción, Iván intervino en su conversación. Le recordó a Raquel: "Señora Sullivan, es hora de que se vaya. El señor Sullivan está a punto de volver".

Las comisuras de los labios de Raquel se crisparon. Señaló a Alicia y le dijo a Iván: "No es que no quiera irme; es solo que hay una perra rabiosa bloqueando mi camino. Temo que me muerda".

Iván se quedó sin palabras.

Alicia comenzó a derramar lágrimas de cocodrilo. "Raquel, sé que hoy te divorcias. Me preocupaba mucho que estuvieras triste, así que me salí antes del trabajo para venir a verte. ¿Cómo... cómo pudiste decirme eso? Soy tu hermana".

"¡Cállate! No tengo una perra por hermana". Raquel se distanció rápidamente de ella y se volvió hacia Iván de nuevo. "Iván, ¿nos vamos?".

Sus sienes comenzaron a doler, y por un momento no pudo mantener su expresión severa. Sin otra opción, el hombre le dijo a Alicia: "Señorita Jenkins, por favor, discúlpenos".

Alicia se mordió el labio inferior. Sus ojos ardían de rabia en ese momento, pero estaban cubiertos por su flequillo.

"Iván, un perro sin adiestrar no puede comprender el lenguaje humano", dijo Raquel para burlarse de ella.

Ese comentario hizo que Alicia se enfureciera. Apretó los puños y fulminó a Raquel con la mirada.

Al ver que Alicia contenía su ira, Raquel ladeó un poco la cabeza, sonriendo para irritarla aún más.

La sonrisa arrogante en el rostro de Raquel la molestó.

¿Qué demonios estaba pasando? Raquel solía ser tímida, y siempre era obediente y agradecida con ella. ¿Por qué su personalidad había dado un vuelco?

"Señorita Jenkins", llamó Iván, su voz contenía un dejo de impaciencia.

Alicia apretó los labios, ocultando sus sospechas. "Iván, no estoy insinuando que no quiera que mi hermana se vaya. Solo que Victor me pidió que viera cómo iban las cosas por aquí".

Tanto Iván como Raquel se sorprendieron al oír eso.

"Victor sabía que yo venía aquí, así que me dijo específicamente que vigilara a Raquel mientras hacía las maletas y se marchaba. Dijo que, según el acuerdo de divorcio, Raquel no podía llevarse nada que perteneciera a la familia Sullivan. Solo estoy aquí para asegurarme de que cumple el acuerdo". Alicia miró la maleta que estaba junto a Raquel.

"Así que, Raquel, ¿podrías abrir tu maleta? Tengo que comprobar si te llevaste algo que no te pertenece".

Raquel frunció el ceño ante eso. "Solo contiene algo de ropa. ¡No me llevé nada que pertenezca a los Sullivan!".

Alicia le arrebató la maleta y dijo: "Me temo que no te corresponde a ti decidirlo. Si no te llevaste nada inapropiado, ¿por qué tienes tanto miedo de dejarme ver el contenido de tu maleta?".

Tras decir eso, Alicia dejó la maleta en el suelo y la abrió.

Dentro había varias prendas apiladas en desorden. Parecía que Raquel realmente no se había llevado nada valioso.

Alicia apretó los dientes. No esperaba que Raquel dijera la verdad. No dispuesta a dejarla ir tan fácilmente, Alicia rebuscó entre la ropa. Era como si no fuera a parar hasta encontrar una prueba que demostrara que Raquel había robado algo a los Sullivan.

El único contenido de la maleta era la ropa y los cosméticos de Raquel, y sin embargo Alicia siguió rebuscando en ella durante más de diez minutos.

"¿Ya terminaste de revisar?". Raquel miró a Alicia.

"Solo sigo las órdenes de Victor. Es mejor revisar a fondo", respondió Alicia en voz baja.

"Bien. Adelante, revisa esa ropa todo el tiempo que quieras. Yo ya no la quiero". Raquel negó con la cabeza. Los moretones de su cuerpo aún no habían cicatrizado. Realmente no quería perder más tiempo con Alicia, y no quería esperar a que Victor volviera e intentara estrangularla de nuevo.

Una vez dicho esto, Raquel pasó junto a Alicia, se dirigió al ascensor y pulsó el botón. Iván la siguió.

¡Ding!

Al poco rato, el ascensor llegó al tercer piso. Las puertas corredizas se abrieron despacio. Justo antes de que Raquel pudiera entrar, sintió de repente un escalofrío. La temperatura a su alrededor bajó varios grados, haciéndola temblar y detenerse en seco.

Lo primero que vio fue un par de zapatos de cuero brillante. Cuando levantó la cabeza, vio el rostro distante de Victor.

"Señor Sullivan". Iván fue el primero en reaccionar, inclinando la cabeza con respeto.

"Raquel, parece que olvidaste lo que te dije esta mañana". Había un destello de advertencia en los ojos del recién llegado, y sonaba malhumorado.

En cuanto lo vio, Raquel pensó en cómo Victor la había estrangulado esa mañana. Tembló de miedo, recelosa de lo que pudiera hacerle.

De pie, en posición de atención, dijo: "No, lo recuerdo".

"¿Ah, sí? Entonces, ¿por qué demonios sigues aquí?", preguntó Victor, caminando hacia ella.

Raquel siguió retrocediendo hasta que su espalda quedó contra la pared. Cerró los ojos un segundo y luego se armó de valor para mirarlo a los ojos.

"Deberías preguntarle a Alicia. Estaba a punto de irme, pero ella apareció de la nada y me retrasó. Por eso yo...".

Raquel estaba a medio camino de terminar su explicación cuando Alicia la interrumpió de repente.

"¿Cómo puedes mentir así?", preguntó con los ojos llorosos.

"¡No miento!". En ese momento, Raquel estaba maldiciendo a Alicia en su cabeza. Si no fuera por esta mujer, se habría ido hace una hora y no se habría topado con Victor.

Maldita sea.

Como si estuviera a punto de echarse a llorar, Alicia dijo: "Victor, no quería retrasar la marcha de Raquel. Solo seguía tus órdenes de revisar su equipaje. Temo que te robe tus cosas. A mi hermana le encanta mentir. No esperaba que volviera a mentir esta vez".

Las palabras de Alicia le recordaron a Victor todo lo que Raquel había hecho, haciéndolo parecer más hosco de lo habitual. "¿De verdad crees que no intentaré matarte?".

De repente, agarró a Rauqel del cuello y le azotó la cabeza contra la pared. Ella no se lo esperaba, pero consiguió agarrar la mano de su agresor por instinto. El dolor que le venía de la nuca la mareó.

"¡Vic... Victor!". Raquel gritó con dificultad.

"¿Cómo te atreves a poner a prueba mi paciencia una y otra vez?", dijo Victor.

Con cada segundo que pasaba, Raquel perdía el conocimiento. No podía liberarse del agarre de Victor.

Al ver la situación, Iván decidió intervenir. Se adelantó a toda prisa y dijo: "Señor Sullivan, si le ocurre algo a la señora Sullivan, esos bastardos de la Junta Directiva lo usarán en su contra. Si eso ocurre, su plan de concentrar el capital se verá obstaculizado".

"¡Vete a la mierda!", rugió Victor. Sus dedos que agarraban el cuello de Raquel se pusieron pálidos por la fuerza con la que la sujetaba.

Capítulo 3

A pesar de lo preocupado que estaba por Raquel, Iván no se atrevió a responderle a Victor.

No quería morir.

Por eso usó sus últimas fuerzas para apartar la mano de su jefe. En cuanto Rachel pudo recuperar el aliento, lo miró fijamente con los ojos rojos.

"Si muero aquí y ahora, moriré como tu esposa, como miembro de la Familia Sullivan. Algún día, cuando mueras, te enterrarán a mi lado, ¡y te atormentaré más allá de la vida!", dijo la joven con dificultad; su rostro se había puesto rojo por la asfixia. Poco a poco, se quedó sin fuerzas para forcejear, y sintió que su conciencia se desvanecía.

"¿Quién te crees que eres? No mereces ser enterrada en el mausoleo de mi familia". Victor sonó indiferente. "Si mueres, incineraré tu cuerpo y tiraré las cenizas a un cubo de basura. ¡Una mujer como tú merece descansar con la basura!".

Raquel estalló en carcajadas.

"¿De qué te ríes?", preguntó Victor.

"Aunque tires mis cenizas a un cubo de basura, eso no cambiará el hecho de que soy tu esposa legal y formo parte de tu árbol genealógico. Me detestas, ¿verdad? Lo siento, pero nunca te librarás de mí, ¡ni siquiera si muero!".

Victor la miró con odio mientras apretaba con más fuerza, levantándola en el aire. Como resultado, la joven gritó de dolor y las lágrimas rodaron por sus mejillas.

Justo cuando estaba alucinando con la pareja desvergonzada de su vida anterior, Victor la soltó de repente, dejándola caer al suelo.

Ella sintió que todos los huesos se hubieran roto, e incluso el más mínimo movimiento la hacía gemir de dolor.

"¡Ejem! ¡Ejem!". Tosió con violencia y jadeó en busca de aire, respirando con mucha dificultad.

Iván miró a Raquel con indiferencia y bajó la cabeza. "Señor Sullivan, todo es culpa mía. No la insté a marcharse a tiempo. Estoy dispuesto a sufrir las consecuencias".

Alicia palideció de miedo al ver a Victor golpear a Raquel. Se arrodilló y suplicó: "Victor, yo... ¡Esto es culpa mía! No revisé la maleta de Raquel más rápido, por eso tuvo la oportunidad de mentir y ganar tiempo".

La acusada sintió que se le apretaba el pecho mientras tosía una y otra vez.

"No me llevé nada que te pertenezca", dijo con voz ronca.

Victor sacó unas toallitas húmedas para limpiarse la mano que había tocado el cuello de la joven. El asco era evidente en su rostro.

"¿No te llevaste nada? Compraste toda tu ropa con mi dinero. ¿Cómo te atreves a decir que no te llevaste mis cosas?".

Raquel apretó los labios, incapaz de refutar su lógica. El día de su boda, Alicia quemó toda la ropa que Raquel había comprado, diciendo que era demasiado vulgar y que a Victor probablemente no le gustaría verla usándola.

"¡Quítale la ropa y échala!". Tras decir eso, Victor se marchó junto con Iván sin dudarlo.

Solo cuando los dos se fueron, Alicia se levantó y caminó hacia Raquel. Su anterior aparente ternura había desaparecido.

"Raquel, te casaste con Victor y te acostaste con él, ¿y qué? Al final, ¡te echó! Querías enamorarlo, ¿verdad? ¡Eso nunca va a pasar! ¿De verdad crees que te pedí que te maquillaras mucho y engordaras porque a Victor le gusta? Esto es muy gracioso. No puedo creer que te lo hayas creído. ¡A ningún hombre le gustará una mujer gorda e idiota como tú! Solo me estaba burlando de ti. ¡Solo quería que él te odiara aún más!".

El rostro de Raquel palideció. Cuando oyó lo que Alicia dijo, ni siquiera la miró. Sus palabras le eran indiferentes y no pareció escuchar su provocación.

Al ver que la otra no respondía, Alicia apretó los dientes con rabia. "¿Por qué me miras así?".

"¡Ja! Eres tan patética". Raquel soltó una risita, tratando de soportar el dolor.

Estaba segura de que había sufrido una lesión interna, y solo el acto de hablar era lo suficientemente doloroso como para hacerla sentir como si sus órganos se estuvieran retorciendo.

Pero no podía permitirse mostrar ningún signo de debilidad, porque de lo contrario su hermana se deleitaría torturándola. La maldad estaba en la naturaleza de esa mujer.

"¿Qué dijiste?". Alicia abrió los ojos sorprendida. Cuando Raquel se burló de ella, se sintió provocada.

"Dije...", Raquel respiró hondo para aliviar el dolor en el pecho. "Estás viviendo una vida miserable y ridícula. ¡Eres la persona más patética que he conocido! Que te llamen bastarda debe hacerte sentir inferior, ¿no? Has estado haciendo todo lo posible por robarme todo lo que tenía desde que éramos niñas, porque yo soy la hija legítima de la Familia Bennet, y tú solo eres una sucia bastarda. Siempre serás impresentable!".

"¡Perra! ¡Cállate la puta boca!", gritó Alicia. Parecía que Raquel había tocado un punto sensible.

Raquel sonrió y continuó: "Estos dos últimos años, confié en ti y, sin embargo, me engañaste aprovechándote de mi deseo de llamar la atención de Victor. Me engañaste para que hiciera estupideces delante de él, para que me aborreciera. Al principio, no sentía nada por mí, y luego empezó a odiarme. Y ahora, está demasiado disgustado como para siquiera mirarme. Debes estar orgullosa de este logro, ¿no?".

Alicia apretó los puños, mirando a Raquel con odio. "¡Bueno, deberías culparte a ti misma por ser tan estúpida!".

"Tienes razón. Fui estúpida", admitió Raquel. En ese momento, se sentía avergonzada por lo que había hecho en los últimos dos años.

A pesar de ser la hija de una familia rica y poderosa, había vivido una vida patética. ¿Cómo terminó así?

"Tienes una clara estimación de ti misma". La expresión del rostro de Alicia la hacía parecer la ganadora entre ellas.

"Casi muero, y eso es suficiente para despertarme. Después de todo, no soy tan estúpida como tú". Raquel quiso asegurarse de no tener ningún hueso roto, así que se apoyó en el suelo con las manos. Sin embargo, el dolor era demasiado intenso para soportarlo, así que volvió a caer.

El sudor goteaba por su frente mientras gemía, con las manos presionando contra el duro suelo. Las venas del dorso de sus manos se abultaban porque estaba ejerciendo hasta la última gota de fuerza que podía reunir.

El rostro de Alicia se volvió sombrío.

"Tu fin está cerca, Raquel. ¿Cómo te atreves a hablarme así? Recuerda, ya no eres la esposa de Victor y, por lo tanto, ¡ya no formas parte de la Familia Sullivan! Su abuela ya está muerta, ¡así que no queda nadie que te proteja! Si tienes cerebro en esa cabeza vacía, deberías arrodillarte y suplicarme que convenza a nuestro padre para que te permita volver a casa".

Cuando Alicia mencionó a la abuela de Victor, una mirada lejana apareció en el rostro de Raquel.

La anciana había sido quien la eligió para ser su esposa. Poco después de casarse y entrar en la Familia Sullivan, la matriarca murió de enfermedad. Ella solía ser la protectora de Raquel cuando aún vivía. Durante ese tiempo, Raquel vivió una vida digna en la residencia de la Familia Sullivan.

"¿Crees que podrás casarte con Victor y compartir el Grupo Sullivan con él después de que me divorcie?".

Al oír eso, Alicia se puso de pie con orgullo. "Tú pudiste hacerlo, así que yo probablemente también".

"No puedes", dijo Raquel en un tono débil, pero firme. "¿Por qué estás tan segura de que Victor aceptará casarse contigo? ¿Solo porque él también es un hijo ilegítimo, crees que eres lo suficientemente buena para ser su esposa?

Tu madre es una amante, ¡una rompehogares! A diferencia de ti, Victor nació antes de que su padre se casara. ¡Y su madre nunca destruyó el matrimonio de ningún hombre!

Dicho esto, nunca merecerás ser la esposa de Victor", dijo Raquel.

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