El chofer tenía el auto encendido. Valentina Subió sin esperar a Emiliano que se quedó en establo en la encrucijada que parecía cambiarlo todo. Ella susurró con furor. -¡Esto no termina así! -el aliento parecía abandonarla.
-¡Púdrete Emiliano! -grito ella observando al frente-. ¡Vámonos de aquí! -gritó, el auto arranco con prisa.
El vehículo avanzó por el camino de piedra. Dentro del auto, Valentina respiraba rápido, con las manos temblando. -¿Qué te sucedió, amor? -preguntó el chofer, mirándola por el espejo.
Su pregunta se soltó como un golpe inesperado, un golpe bajo. Santiago Cortez. Veintiocho años. El chofer que su padre había contratado "por confianza". Pero era el que ella había escogido por placer más que por elección de su padre. Santiago se coló como el chofer de la señorita, era la excusa perfecta para su romance a oscuras. ¡A escondidas!
Valentina apretó los labios. -¡El maldito de Emiliano! -dijo-. Tenía a su amante escondida en el establo. ¿Puedes creerlo?
Santiago frunció el ceño. -¿Qué? ¿Creí que eso no te importaba?
-¡Una pueblerina! - ella escupió por la ventana-. Una cualquiera que trabaja entre animales. Aun no puedo creer lo que vi. ¡Eso es lo que me indigna! Pensar que tengo que besarlo y dejar que me acaricie con esas manos sucias.
Santiago mantuvo el volante firme, pero su mandíbula se tensó. -No olvides que yo también vengo de un lugar humilde -dijo con la mirada clavada en el camino.
Valentina lo miro y respondió con fastidio en su voz. -¡No compares, Santiago! Tú eres diferente. Tú estás conmigo. Eres educado, decente. No eres como esa mujer.
Santiago no dijo nada por unos segundos. El camino comenzaba a hacerse largo. -¿Y ahora qué vas a hacer? -preguntó finalmente-. Tienes que casarte con el ¿O esto cambia las cosas?
Valentina apoyó la frente en el vidrio. -No lo sé -admitió con frustración-. Mi padre me dejó claro que no puedo permitir que este matrimonio se caiga. Todo su futuro está puesto en esto. ¡No pienso quedarme en la calle por el capricho de un hombre que no sabe lo que quiere!
Santiago la miró de reojo. -¿Eso significa que seguirás con el plan? -preguntó-. ¿Qué te casarás con él?
Valentina cerró los ojos. -Sí -dijo rapidamente-. Me casaré con Emiliano.
Santiago apretó los dedos contra el volante. -¿Qué va a pasar con nosotros? Llevamos años juntos y hasta ahora todo camina bien.
Valentina giró hacia él. Su mirada era firme, ardiente. -Emiliano será mi esposo -dijo-. Pero no será mi hombre. No pienso quedar embarazada. No habrá luna de miel. Lo mantendré lejos, creyendo que tiene una esposa cuando en realidad solo tendrá una fachada.
Santiago no sonrió, pero tampoco se confiaba. -¿Lejos? ¿Cómo podrías estar lejos si él será tu esposo? ¡Te obligara! Seguramente ya no podría ser tu chofer. ¡Tú amante!
Valentina sonrió apenas. -Tú eres el único que quiero en mi cama -respondió-. Emiliano no será un estorbo. ¡Mucho menos ahora que descubrí su traición!
Cuando Emiliano quedó de frente, Kael se congeló. El golpe fue visual. El mismo rostro, los mismos rasgos, la misma altura. La misma expresión, solo con otra forma de pararse, otra ropa, otra seguridad.
-Pero... -Kael tragó saliva- ¿Cómo es que somos?
-¿Iguales? -lo interrumpió Emiliano con la misma expresión que Kael. -No sabría decirlo.
Camila se soltó del brazo de Emiliano de inmediato. Corrió hacia Kael y se aferró a él como si fuera un salvavidas. -En verdad eres tú... -dijo, con la voz quebrada-. En verdad es tu esencia, pero entonces... ¿No será que ustedes comparten la misma sangre?
-¡Eso es imposible! -se escuchó a dúo en el establo.
Los dos respondieron al unisonó y la voz no se mezcló con ninguna otra, sino que solo con el mismo timbre de voz. -¡Seria imposible! -dijo Emiliano con certeza.
Hizo una pausa breve, miró a Kael de arriba abajo. -Tienes un parecido más que idéntico conmigo. -negando con la cabeza-. ¡Esto es absurdo! Es como verme en un espejo, pero vestido de campo. Casi como un mal sueño.
Kael apretó la mandíbula. -Estoy tan sorprendido como usted -respondió-. Pero definitivamente no somos iguales. Usted presume de su riqueza, yo soy un trabajador. Y no necesito presumir ni demostrar nada.
Emiliano arqueó una ceja. -Yo tampoco necesito demostrar nada -dijo-. El dinero no se demuestra, se tiene. Pero lo que sí es un problema es tu apariencia. Esto puede causar una confusión grave en la finca y en mi vida. -miró a su alrededor-. Así que alguien de los dos va a tener que salir de aquí -añadió-. Y no voy a ser yo.
-¡Kael! -dijo Camila, tirando suavemente de su brazo-. Es mejor que nos vayamos de este lugar. Encontraremos una vida mejor lejos de esta finca.
Las palabras atravesaron a Emiliano como un puñal. No lo esperaba. No sabía por qué le dolía. Pero le dolió. Ese simple "vámonos" le dejó claro algo que no quería aceptar: Camila no lo veía como una opción. Lo aceptó como un error. Reforzando el flechazo que fue inmediato. No fue deseo. Fue algo más incómodo. Algo parecido a querer lo que no se puede comprar.
Emiliano reaccionó antes de que Kael pudiera siquiera dar un paso. -¡Esperen! -dijo, bajando el rostro-. Tengo algo interesante que proponerles.
Kael frunció el ceño con desconcierto. -Nada que venga de usted puede interesarnos.
El silencio reinó por unos segundos, mientras que en el auto la conversación continuaba con planes e intrigas. -¿Cuánto tiempo? -le preguntó Santiago-. ¿Cuánto piensas esperar para que esto termine? Para marcharte conmigo lejos de tu familia.
Valentina lo miró fijamente. -El tiempo necesario para que nadie sospeche -respondió con serenidad-. Por lo menos necesitamos un año, no podemos marcharnos con la manos vacías.
Santiago respiró profundo. -¿Un año para divorciarte? -preguntó desconcertado-. ¡Eso es mucho tiempo!
Valentina inclinó la cabeza, acercándose a él con sus peligrosos labios. -¡Un año para algo mejor! -susurró-. Un año para la viudez no es mucho tiempo.
Santiago sonrió y atrapó sus labios con los de él. -¡Que no pase de un año! -respondió con la mirada penetrante y sus manos tocando algo más que solo el volante.
Valentina pidió que se detuviera al costado de la carretera. Santiago frenó. Ella se lanzó hacia él, lo besó con rabia. No hubo delicadeza. Solo urgencia. Valentina buscaba borrar la imagen del establo, la humillación aparente y la sensación de haber sido desplazada.
Santiago correspondió al beso, respirando fuerte, atrapado entre deseo y algo mucho más oscuro. -Aquí no -dijo él, separándola de su cuerpo-. Vámonos al hotel. ¡Ahí te desquitas de todo esto!
Valentina sonrió, aún con la respiración agitada. -¡Vámonos de aquí! -exclamó ella con fastidio-. ¡No soporto el olor del campo!
Ellos se alejaron, pero en el establo Kael Intentó darse la vuelta con Camila, pero ella se resistió. No por ambición, sino por intuición. Algo le decía que ese momento iba a definir muchas cosas. -¿Qué podría ser tan interesante como para proponernos? -preguntó Camila.
Emiliano exhaló con alivio. El hecho de que ella hablara le dio margen. Se acomodó, bajó un poco la guardia. -Cambiar vidas -respondió, sin rodeos.
Kael dio un paso con fortaleza. -¿Cambiar vidas? -repitió-. ¿Eso qué significa exactamente? ¿Cómo se supone que usted va a cambiar mi vida? ¡Eso es absurdo!
Emiliano lo miró con seriedad. -Negociemos -murmuro-. ¿Si te interesa? Se hace. ¿Si no? Desapareces de esta finca. Pero te advierto algo. -bajó la voz con advertencia-. Mi futuro suegro no puede siquiera saber de tu existencia. Podrías representar un peligro para ti y especialmente para Camila.
El nombre de ella flotó muy pesado en el aire. -¿Peligro? -Kael dio un paso más hacia adelante-. ¿Me está amenazando?
-No -respondió Emiliano-. Te estoy siendo honesto. Hay gente que no entiende coincidencias como esta. ¡Mucho menos cuando hay dinero, poder y un apellido de por medio!
Camila miró a Kael. -Escuchemos -le susurró-. Solo escuchemos. ¿Qué podría ser tan grave?
Kael dudó, pero finalmente acepto. -Habla ¿Cuál es tu propuesta?
Emiliano no retrocedió. Al contrario, dio un paso más cerca de Kael, bajando la voz. -Me caso con Valentina en una semana -murmuró con cuidado-. Eso no va a cambiar.
Camila pareció destruirse por dentro. -Entonces no hay nada que hablar.
-¡Sí lo hay! -respondió Emiliano, sin mirarla-. Kael, quiero que tomes mi lugar. ¡Que seas Emiliano Quintero! Y yo me quedo aquí, con tu vida, en esta finca. Como ¡Kael! ¿Aceptas?
Camila respondió con premura. -¡Me niego! Eso es una locura. ¿Pretendes que él se mezcle con esa mujer? Ella ya me vio. Piensa que soy tu amante.
Emiliano la miró por primera vez con algo parecido a paciencia. -Entiendo que la idea de que tu novio esté cerca de otra mujer sea inadmisible -dijo-. Pero yo ¡Que soy el prometido de Valentina! Te aseguro que ella me perdonara por algo que no es así y algo más ¡Kael no va a estar ni cerca de su cama!
Kael apretó los puños. -¿Cómo puedes asegurar eso? Se supone que se casaran. ¿Y la noche de bodas?
-Porque Valentina y yo solo hemos estado una vez juntos -respondió Emiliano-. Fue un desastre. Ella no me ama. Esto no es amor. Es compromiso. Negocios de familia. -Emiliano bajo apenas la mirada-. ¡Ella me traiciona!
Kael negó con la cabeza. -¿Por qué quiere cambiar de vida conmigo realmente? -preguntó-. Nada de esto estaría pasando si no nos hubiéramos conocido. ¿Oculta algo más grave?
Emiliano le sostuvo la mirada. -Ciertamente. ¿Si tú no apareces? Yo me quedo administrando esta finca -dijo-. Valentina seguirá en su vida de lujos, lejos del olor a campo. Y en un año me divorciaría cuando termine de pagarle a su padre el préstamo que le debo. Esto siempre fue negocios.
La excusa estaba expuesta, pero Emiliano continuo. -En cambio ¿Si esto no se da? Tendrías que marcharte, Valentina estaría día y noche tras de mi y no podría administrar esta finca. Ellos solo desean mi ruina como lo hicieron con mi familia.
Camila respiró hondo. Observó la tristeza y una pena arrastrándose en las palabras de Emiliano. -¿Y qué ganamos nosotros con esto? -preguntó Kael-. Ella va a notar que no soy su hombre. Su familia, sus socios, todos. ¡El teatro se caería!
Emiliano se acercó más. -Te enseñaré lo básico -dijo-. Lo que debes saber de ellos, de la empresa, de cómo moverte. Solo te pido un año. Tú serás mi fachada.
Camila miró a Kael, desarmada. El miedo le apretó el pecho. Kael era su amor, su vida, pero ese día algo se movió en ella. Era como si se estaban acomodando las vidas de quienes no debían estar juntos.
Kael entonces susurró. -Esta finca era mi sueño.
Emiliano no dudó. -Ser dueño de esta finca es tu sueño-respondió-. En un año te la entrego. Con todo lo que produzca y todas las mejoras hechas. Seria mi pago por aceptar mi trato. -Emiliano miró a ambos. -¿Aceptan?
Kael guardó silencio unos segundos. El viento estaba empujando la decisión que ya se estaba formando en su pecho. Camila lo miró con los ojos húmedos, buscando en su rostro una respuesta que la tranquilizara, pero lo único que encontró fue determinación mezclada con miedo.
-¿Si aceptamos? -dijo ella al fin, rompiendo el silencio-, quiero que me lo jures, Kael. ¡Júrame que no la tocarás! Que no permitirás que esa mujer se meta entre nosotros.
Kael tomó el rostro de Camila con ambas manos, apoyando su frente contra la de ella.
-¡Te lo juro! -susurró-. No la tocaré. No será mi mujer. Tú eres la única. ¿Y si en algún momento? ¿Si algo se sale de control? Emiliano tomará mi lugar. ¿Verdad?
Emiliano respondió con premura que apremiaba. -Así será -confirmó-. Kael es solo la fachada. Yo me encargaré de Valentina cuando sea necesario.
Camila intentó conservar la calma. Algo en su interior se removió, una punzada que no supo identificar del todo. No era celos, no era desconfianza. Era una intuición amarga que le decía que, aunque todo estuviera planeado, nada volvería a ser igual.
-¡Aceptamos! -dijo Kael finalmente.
Emiliano no sonrió. Sacó el teléfono de inmediato y marcó un número que conocía de memoria. -Mynor -dijo cuando la llamada fue respondida-. Necesito que prepares unos documentos.
Del otro lado de la línea, el silencio fue inmediato, la incertidumbre de lo que Emiliano estaba solicitando. -¿Qué clase de documentos? -preguntó Mynor, con la voz cargada de incredulidad.
-Trae contigo todo lo que me pertenece, aquí te explicaré todo. -dijo Emiliano con una satisfacción en su corazón.
Mynor no entendía nada, pero obedeció. Llegando poco tiempo después al establo. Mientras que Emiliano miró fijamente a Kael, como si en ese instante estuviera entregándole algo más que un apellido. -Confío plenamente en ti.
Camila observó a Emiliano con atención, sin saber que detrás de esa seguridad había una guerra silenciosa. Él no dijo nada más, pero dentro de sí la verdad ardía: todo aquello era una fachada. El hombre que había arruinado a su familia. El hombre que había sido responsable de la muerte de su padre. Ni siquiera imaginaba lo que se venía encima.
Emiliano no pudo negarse lo que había comenzado a sentir por Camila. Algo que no entraba en el plan. Algo peligroso comenzaba a entrar también en juego. ¡Los sentimientos!
Camila, por su parte, se preguntó en silencio si su amor por Kael seguía siendo el mismo o si, sin darse cuenta, algo había comenzado a quebrarse. Después de todo ese amor no era tan fiel como ella lo pensaba. No fue el dinero o la posición, fue ese beso que removió todo en su interior.
Tras la salida del hotel, Valentina fue dejada en la residencia de su padre. El chofer apenas le dirigió una mirada antes de marcharse. Ella caminó hasta el despacho, donde su padre la esperaba. -¿Estás preparada? -preguntó él, sin rodeos.
-Sí -respondió Valentina, segura-. Todo está bajo control.
Su padre estaba seguro y no encontró puntos de quiebre en su plan. -Quiero algo limpio. Sin escándalos. Sin manchas para nuestro apellido. Emiliano es astuto, pero débil.
Valentina se inclinó ligeramente hacia él y le susurró. -¡Me encargaré de Emiliano! ¿De ser necesario? en los primeros seis meses de matrimonio.
La sonrisa de su padre fue lenta, pero muy satisfactoria.
Mynor llegó al establo con urgencia. Observó a Emiliano solo con Camila. -¿Qué haces Emiliano? -preguntó Mynor con un sentimiento comprimido.
Emiliano devolvió su mirada hacia Mynor y tras una leve sonrisa, el respondió. -Recuperar el honor de mi familia.
-¿A que te refieres con eso? ¿Quién es ella? ¡Valentina! ¿No te descubrió, verdad? -cuestionó Mynor con el alma en sus manos.
Emiliano sonrió nuevamente diciendo. -Quiero que conozcas a alguien. -Emiliano giro su mirada y exclamó-. ¡Kael! Ven por favor.
El rostro de Mynor lo dejo claro. La sorpresa fue mayor y su mente se estremeció. -¡Emiliano! -murmuró Mynor sin despegar su mirada de Kael-. No me digas que...
-Es idéntico a mí. ¿Verdad? -lo interrumpió de golpe, aun sonriendo y satisfecho.
-¿Tienes un hermano gemelo idéntico? ¡Porque no lo sabía! -gritó Mynor con asombro.
-No hay tiempo para eso Mynor, te prometo que te lo contaré luego. -dijo Emiliano con la mirada serena-. Necesito que Kael lleve desde hoy mi nombre. Cuente con acceso a mis cuentas de banco, autos. ¡Todo!
-¿Estas seguro, Emiliano? -preguntó con desconfianza.
-¡Nunca había estado tan seguro de algo, Mynor! -respondió Emiliano posando su mano sobre el hombro de Kael.
Luego del papeleo Kael pidió estar a solas con Camila. Emiliano no se interpuso, pero su corazón se llenó de celos. Emiliano tenía todo lo que Kael necesitaba, pero Emiliano no tenía lo único que Kael poseía: El amor verdadero de una mujer. Aunque eso ya era un punto de quiebre.
Kael y Camila se encerraron en la habitación del antiguo dueño, conscientes de que esa podría ser la última noche en la que todo fuera simple. Se buscaron con urgencia, pero también con una tristeza silenciosa que se colaba entre cada caricia. -Prométeme que volveremos a ser nosotros -susurró Camila, aferrándose a su cuerpo.
-¡Volveremos! -dijo Kael, aunque no sabía si era una promesa o un deseo desesperado.
Sus manos desabrocharon la vestimenta con ansias, ya no había momento para botones pausados ni suavidades. La tela voló al piso, Kael alzo a Camila, llevando sus piernas en torno a su cintura. La condujo a la cama, donde el colchón rechinó por el peso de dos almas anhelantes. Se dejó caer encima de ella, su peso fue la única ancla en un mar incierto.
-¿Si te pierdo? -murmuró él contra su oído, su voz áspera, mientras que sus manos poseían su cuerpo con necesidad de no olvidarla.
Camila lo corto atrayéndolo hacia sí, guiándolo hacia su entrada húmeda y apasionada. -Entonces... ¡Has que valga la pena! -contestó ella, un gemido casi inaudible -Estaré aquí para ti... ¡Siempre!
Kael no esperó más. Con una embestida fuerte y profunda, se sumergió en ella hasta el final. Camila arqueó su espalda, un grito atrapado en la garganta, percibiendo como él la colmaba, como la partía y la recreaba al mismo tiempo. No existió tregua, tampoco ritmo suave. Fue una violencia cruda, el deseo de dos seres queriendo fusionarse antes de separarse.
Él la agarró con furia, cada golpe contra sus caderas parecía retumbar en la habitación, un latido. Sus manos aprisionaban sus muslos, capaz de dejar morados, esas manchas púrpuras en su piel pálida, que juraban su pasión. Kael clavaba su mirada en los ojos de Camila, oscuros, dilatados por el placer, esforzándose en grabar esa imagen, hasta que estuvieran juntos nuevamente o terminara el pacto con Emiliano.
La fricción fue un incendio, que los quemaba por dentro. Camila sintió el clímax acechando, como una ola indetenible. -Kael, por favor. -suplicó ella, sin saber si rogaba por piedad o más.
Él intensificó el ritmo, una máquina implacable, buscando su alivio en el calor de su cuerpo. Con un grito ahogado, Kael se vació dentro de ella, un torrente caliente que inundó sus sentidos. Camila se estremeció bajo él, su orgasmo propio recorriéndole en espasmos eléctricos, dejándola blanca, temblando.
Ahora les deparaba el futuro. Más esa noche, ese mismo día. Emiliano llamó a la puerta. -¡Es hora Kael! -Emiliano hizo una breve pausa y tras un suspiro largo y con un sentimiento ahogado, dijo finalmente-. ¡Es hora que comience el pacto!
Kael se vistió a la perfección como Emiliano lo hacía. No se reconoció, el solo sonrió sin alivio. Camila lo observó transformarse, Camila vio a su hombre de campo convertirse en un hombre de ciudad.
Dos horas mas tarde el timbre de la residencia de los Jaramillo se hizo escuchar. -Es Emiliano. -susurró Valentina.
-¿Qué esperas? Ve a recibirlo. -le dijo su padre con una mirada discreta-. Olvida la escena en ese establo y céntrate en lo importante.
Valentina salió del despacho y el ya estaba esperándola en recepción. -¡Volviste! No esperaba verte tan noche. -dijo ella apenas lo vio de espaldas.
El se giro hacia ella y extendió sus manos, un ramo de rosas rojas cubrían sus manos. -¿Me perdonas? -murmuró mientras la observaba sin titubear.
Ella corrió y lo abrazó. -¿Cómo lo supiste? -preguntó ella desconcertada-. ¡No tengo nada que perdonarte, Emiliano Quintero! -dijo ella con la voz quebrada de alegría.