Capítulo 2

Helen Punto de Vista

Aunque el hogar de la familia Red era una enorme mansión, decorada en tonos cálidos, con lujosos muebles y estallidos de color, todavía parecía una fría cueva de piedra. Era como si las gemelas poseyeran una fuerza que absorbiera la vida, como si robara el aire y la luz del lugar. Ni siquiera tenían que estar en la misma habitación conmigo para hacerme sentir así. Daba la sensación de que su energía contaminaba la casa constantemente. 

En los dos últimos meses me había cansado de trabajar para ellos. Necesitaba ganar lo suficiente para encontrar mi propio sitio, pero por ahora tendría que aguantar un poco más. Al menos el viaje al trabajo era fácil. Me levantaba todas las mañanas y ya estaba en mi destino, aunque preferiría conducir a través del país que vivir con las gemelas.

Iba de camino a la habitación de invitados cuando pasé junto a Scott Red en el rellano del primer piso. En ese momento, se me cayó un anillo del dedo, golpeó el suelo de baldosas con un tintineo y rodó hasta detenerse a sus pies.

-¡Uy! -Se agachó, lo tomó en su mano y me lo entregó. Sus ojos brillantes y azules, casualmente del mismo tono claro que los míos, me miraron y me asombró que su rostro se iluminara. No resultaría llamativo si no se tratara del legendario rockero que había recibido esa mirada de millones de personas en su vida. Sacudió la cabeza y pareció volver de su aturdimiento. -Te pareces a tu madre cuando tenía tu edad. Todavía me cuesta creer que se haya ido. 

Nunca le había oído hablar tantas palabras a la vez, especialmente sobre mi madre, y me tomó por sorpresa.

-Sí, a mí también me da la impresión de que fuera a verla entrar en cualquier momento. -Su enfermedad avanzó tan deprisa que no nos dio tiempo a aceptarla, antes de que el cáncer se la llevara.

Hizo un gesto y señaló el anillo con la cabeza.

-Es una pieza inusual. 

Era de oro y plata y mi madre me lo dio poco antes de su muerte.

-Sí, es una pieza reformada que hizo con dos anillos diferentes. Dijo que era especial, pero no me explicó por qué. Tengo que arreglarlo para que me ajusten mejor, pero desde que perdí la casa no estoy segura de dónde colocar el instrumental.

-¿También haces joyas? -Se cruzó de brazos y pareció sorprenderse.

-Aprendí de lo mejor, me enseñó todos sus trucos. 

Compartimos una risa y se acercó un poco más.

-Deberías bajar a cenar. -Me tomó del brazo con delicadeza, mientras una voz sonaba detrás de mí.

-Es una idea maravillosa. -Carmen se acercó y enlazó su brazo en el suyo y se unió a nosotros para bajar-. Somos casi familia y eres bienvenida a nuestra mesa en cualquier momento. Pensé que lo sabías, ya que vives con nosotros. 

Se encogió de hombros y se alejó, entrando en el comedor delante de nosotros.

Las gemelas fruncieron el ceño cuando entré del brazo de su padre y me senté al lado de Mariel que jugaba con su teléfono. Sadie tomó asiento con la misma cara imperturbable de siempre, como si el mundo pudiera estallar en llamas y a ella le diera igual. Ninguna dijo una palabra de inmediato.

Scott se colocó en la cabecera de la mesa y luego Millie entró para hacerlo en el extremo opuesto. Carmen se sentó junto a Scott y esperó mientras se servía la cena. Sonreía, aunque estaba claro que no lo hacía por mí. Nos llevábamos bien, pero yo sabía cuál era mi lugar y tenía la sensación de que no me quería en su mesa.

Mariel no dejaba de reírse, como si los mensajes de texto que estaba recibiendo fueran los mejores chistes del mundo. Se inclinó hacia mí cuando colocaban una porción de lasaña en mi plato y me mostró la pantalla de su teléfono. Al mirarla, vi la imagen con la que ella esperaba sorprenderme: unos largos dedos masculinos sostenían un pene completamente erecto. Tuve que admitir que el tamaño era impresionante, pero la preocupación de Mariel por sorprenderme era excesiva.

Miré a las gemelas y se rieron hasta que su madre las regañó. Quien nos viera pensaría que teníamos doce años y estábamos sentadas en clase. 

-Tengo una pequeña sorpresa para vosotras, chicas. -Se aclaró la garganta, esperando que todos la miráramos. Sabía que no debía pensar que me incluía, así que seguí comiendo mientras las gemelas parecían reacias a prestarle atención. Helen levantó un sobre y lo agitó. -Hace un rato ha llegado esto en el correo. 

Era evidente que la tarjeta del interior se trataba de una invitación formal. Eché un vistazo al grueso cartón con letras doradas en relieve donde destacaba una corona y la letra W.

-Es de la familia Williams, como anfitriones de su gala anual. Una buena fuente, a través del club, me ha informado de que Gabriela Williams quiere destinar la fiesta para conseguirle una novia a Luis. Al parecer, está lista para que su hijo se case.

Scott se aclaró la garganta. 

-Le deseo buena suerte. No se puede arrear a la gente como si fuera ganado y esperar que ocurra un milagro. Sería mejor que le dejara ser un hombre y encontrara a su novia a la antigua usanza.

-¿Y qué manera es esa, querido? -Carmen parecía divertida, pero Scott se encogió de hombros y bebió un trago de vino antes de continuar con su cena. 

Millie se aclaró la garganta. 

-No todo el mundo es un fanático, hijo.

Me tragué un trozo de lasaña y desvié la mirada mientras tomaba un poco de vino para pasarlo.

-¿Mamá era una fanática? -Mariel hizo un cariño a su padre, pero Carmen se había puesto muy seria.

-Difícilmente me llamaría a mí misma una groupie. Era muy fan, pero lo conocí a través de Aline. -Alcé la cabeza cuando Carmen mencionó el nombre de mi madre-. Supongo que podríamos decir que Helen era una groupie, ¿no es así, querido? La conociste entre bastidores en uno de tus conciertos, ¿verdad?

Scott me lanzó una mirada de disculpa y luego aclaró. 

-En realidad, no. La conocí una mañana, en una cafetería, cuando se averió nuestro autobús de la gira a las afueras de la ciudad.

-Estoy seguro de que es una historia encantadora, querido. -Lo cortó y se inclinó sobre la mesa-. No hagamos que nuestra invitada se sienta incómoda. 

Tuve la impresión de que Helen estaba mucho más incómoda con el tema de mi madre que él.

-No tenía ni idea de que conocías a mi madre antes de conocer a Carmen. -Sonreí a Scott-. Me encantaría que me lo contaras en otro momento.

Carmen me miró como si pretendiera lanzarme dagas por los ojos y después a Millie, que sonreía como si estuviera satisfecha.

-Sí, en otro momento -dio la conversación por terminada y miró a sus hijas-. Las chicas tenemos una gala de la que hablar. Estoy segura de que quieren ir. Luis Williams es un buen partido desde la muerte de su padre. He oído que su patrimonio entero vale más de tres mil millones de dólares en la actualidad y no deja de crecer.

Scott silbó. 

-Es mucho dinero para un joven. -Luego se giró para mirarme-. Deberías ir a esa fiesta, Helen. Te vendría bien un poco de diversión. 

Las gemelas dejaron lo que estaban haciendo y se giraron en sus sillas. Carmen se apresuró a intervenir para dejar clara su negativa.

-Estoy segura de que la invitación no es extensiva. 

Crucé las manos en mi regazo con gesto nervioso, sin saber qué decir, mientras gotitas de sudor comenzaban a brotarme por la nuca. 

Esta vez, Carmen lanzó sus dagas en dirección a su marido.

-Bueno, la invitación va dirigida específicamente a las gemelas -aclaró para zanjar el tema.

-Tonterías, es una fiesta. Cuanta más gente vaya será más divertida. Estoy seguro de que solicitan la confirmación de asistencia y si se irá con acompañante. -Tomó la tarjeta de las manos de Carmen y asintió señalando algo-. Sí, aquí está. Además, por eso la contratamos, ¿no? Como las chicas siempre se meten en problemas, no les vendrá mal tener a Helen cerca para supervisarlas, además, no solo es su asistente en los viajes de negocios.

-¿Hablas en serio, papá? No necesitamos una niñera. Ya tenemos más de veintiún años. -Sadie entornó los ojos con aspecto angelical, aunque su labio arqueado hacia arriba la hacía parecer un perro salvaje, listo para morder.

-No creo que pase nada malo. A Helen le encantará la fiesta y será bueno que conozca gente. 

Mariel miró a su hermana e intercambiaron una mirada traviesa. 

-Gracias por la sugerencia, papá. -Llevó el vaso de vino a los labios y me miró con una sonrisa tan grande que pude ver el destello de sus dientes.

No se me ocurrió qué decir, así que sonreí también. 

-Sí, gracias, parece divertido. 

Al desviar los ojos me topé con la mirada de disculpa de Millie y supe que iba a ir a la gala me gustara o no.

Capítulo 3

Luis  Punto de Vista

Carlos y yo habíamos conseguido la invitación oficial de la gala y teníamos duplicados hechos por el autor original para poder repartirlos a nuestro antojo. Mientras paseábamos por nuestro local nocturno favorito, él ya había entregado todos los sobres y a mí solo me quedaban unos pocos. Los estaba guardando para las chicas del club de campo, pero mi plan estaba en marcha.

Estábamos sentados la zona vip y enseguida me fijé en una de las mesoneras que había llamado mi atención por su impresionante escote.

Carlos me dio un codazo y se inclinó para hablarme con una sonrisa inmensa. 

-Mira quién está aquí. -Su voz sonó entusiasmada, mientras señalaba a las chicas que se acercaban.

Enseguida reparé en dos pares de piernas y unas tetas capaces de volver loco a un hombre. Las gemelas Red eran unas hembras calientes, no hay duda de ello, pero sus formas ásperas me espantaban desde que las conocí, dos años atrás. 

Mariel era la más hermosa de las dos. Llevaba una estrella diminuta tatuada en la mejilla que, al parecer, se hizo durante la primera temporada de su reality show. Tenía el pelo negro y las puntas estaban teñidas de color azul, como si se tratara de su marca registrada. Se paró delante de Carlos pero recorrió mi cuerpo con los ojos. 

Sadie hizo lo mismo y luego se sentó a mi lado, mientras su hermana se inclinaba sobre Carlos, prácticamente tumbada en su regazo.

-Recibimos tu invitación -dijo Mariel, mientras llegaba una tercera chica a la mesa. Era rubia, de aspecto sencillo, y buscaba alrededor con gesto nervioso, como si se sintiera fuera de su elemento. Cuando Mariel volvió a hablar, dejé de prestarle atención-. No puedo esperar a que comience la gala, supongo que me guardaréis un baile -dijo mirándonos a los dos. 

Sadie se inclinó hacia a mí como si fuera a devorarme de un bocado. 

-Me gustaría que me dieras algo más que un baile. -Su declaración resultó toda una oferta. Al moverse tan cerca ofreció una vista generosa de la parte delantera de su vestido. 

Era evidente que no llevaba nada debajo de la fina tela de seda que apretujaba sus perfectas tetas. 

Colocó una mano en mi muslo y la deslizó peligrosamente cerca de la entrepierna. Ya imaginaba que pasaría algo así cuando las vi aparecer. 

Su hermana no se quedó atrás y, aunque se inclinó sobre el regazo de Carlos, se me ofreció con voz sensual.

-Estoy segura de que tienes para las dos.

-¿Así que todos esos rumores son ciertos? -preguntó Carlos, sin liberar la cintura de Mariel que en ese momento se inclinó sobre él.

Le pasó la mano por los pantalones y la movió sobre su entrepierna 

-Tú también puedes participar, Carlos. -Ambas se rieron cuando la mano de Sadie repitió el mismo gesto conmigo y se acercó para hablarme al oído-. Lo pasaríamos muy bien. 

Tenía el mismo pelo negro que Mariel, solo que el suyo no estaba tintado de azul, y tampoco llevaba un tatuaje con una estrella. Era la más natural de las dos, aunque su expresión dura la convertía en una mujer exótica y peligrosa, como si pudiera matarte con una de sus frías miradas.

Alzó la cara, se giró hacia su gemela y le echó un brazo al cuello para atraerla hacia ella. 

-A lo mejor les apetece vernos jugar, hermana. -Lamió la mejilla de Mariel con un golpe largo y lento; luego se miraron y se dieron un beso rápido en los labios. 

En ese momento, la rubia torpe se atragantó con su bebida, la dejó sobre la mesa mientras tosía y la derramó. Sucedió tan rápido que el líquido corrió a través de la mesa y se deslizó hasta mis pantalones y la parte superior de Mariel.

-¡Estúpida! ¡Idiota! -Sadie la miró con censura, mientras su hermana se incorporaba. 

La chica seguía tosiendo y yo aparté a Sadie de mi lado para levantarme. 

Al ver que me marchaba para limpiarme, Carlos me siguió. 

-¿Vas a aceptar la oferta? -Al principio, pensé que le molestaría que me incluyeran, pero las deseaba de cualquier manera. -Amigo, tienes que probarlo.

-Pensé que las querías para ti solo. Regresa allí y acepta la proposición. Por mí, pueden irse a casa con su niñera. -Pasé al baño y me crucé con un par de niños cursis que estaban allí compartiendo éxitos. 

-Tío, no eres divertido -gruñó Carlos-. Como si no hubiéramos compartido antes. Si sigues así, acabarás con alguien como esa chica torpe. Qué desastre. -Fingí que estaba de acuerdo, mientras me limpiaba los pantalones.

-Esas dos no son mi prioridad. Además, son muy jóvenes. 

Habían cumplido veintiún años unos meses atrás y lo sabía porque celebraron una gran fiesta. Allí fue donde Carlos se cogió a Mariel.

-No encontrarás maravillas más grandes en la cama, amigo mío. No me importa su edad, no son adolescentes y es legal a su edad. ¿Qué más puedo pedir? Hazme el favor, ven con nosotros y nunca más te pediré nada.

-Eso dices siempre, pero ni siquiera mi madre querría verme con una de ellas, mucho menos con las dos. Tienen mala prensa y sus vidas están documentadas en ese maldito reality show. Me sorprende que esa mierda siga en el aire.

-No son tan malas. -Carlos permitía que la promesa de una buena sesión de sexo le nublara el juicio, pero yo no iba a caer en eso. 

Además, no estamos tan necesitados en ese sentido.

-Por última vez, no. La gala es dentro de una semana y quiero concentrarme en conocer a alguien que me guste. Si me pillan con las gemelas, ninguna chica decente se acercará a menos de un metro de distancia, con o sin millones de dólares.

-De todas formas, las que te conozcan estarán al tanto de tus miles de millones. ¿Cómo sabrás que no es eso lo que buscan?

-Lo sabré en mi interior. Esa chica será real, sin que haya sido salpicada por el glamour y sin interés por mi fortuna. Solo querrá conocerme a mí, ¿comprendes? Me he dado cuenta de que eso es lo que necesito. Todas están tan pendientes de mi dinero que lo único que buscan es que lo gaste en ellas. La mitad de las mujeres con las que he salido ni siquiera saben mi segundo nombre.

-Bueno, es un nombre de estudiante; te interesa que no salga a flote, Bernard. -Carlos soltó una carcajada y lo miré dándole a entender que yo también podía burlarme de su nombre y su origen. 

-Ese comentario es un poco hipócrita, viniendo de alguien que se llama como un globo aerostático.

-Me pusieron ese nombre por la banda favorita de mi padre, una de las más grandes de todos los tiempos, jódete tío -replicó mientras salíamos del baño.

Le indiqué que buscáramos una nueva mesa, ya que la nuestra tenía nuevos ocupantes, y nos sentamos en la primera que vimos disponible.

 Se acercó una camarera y al verla me di cuenta de que me había acostado con ella hacía unos meses.

-¿Puedo ofrecerte algo? -Miró a Carlos y le sonrió.

-Una cerveza, por favor -pedí, mientras la miraba de arriba abajo. 

No pude evitar recordar sus largas piernas alrededor de mi culo desnudo, mientras la penetraba.

–-Claro, cariño. Te traeré tu cerveza con la misma prisa que me llamaste después del sexo que tuvimos. -Se alejó con gesto altivo y tuve que reconocer que llevaba razón. 

Cualquier otra se sentiría igual de insultada, pero no me lo habría dicho tan claro.

-Me encanta esta mujer. -Carlos se rió a carcajadas hasta que se giraron varias cabezas para mirarnos.

-Ella es buena, deberías probarla. 

Hizo un gesto con la cara para indicarme que podría hacerlo.

-Hace un rato le di una invitación para la gala y, por la forma en la que se desenvuelve, las cosas podrían ponerse interesantes.

En ese momento, vimos correr por delante de nosotros a la rubia que había derramado su bebida. Iba en dirección al baño y, a juzgar por las prisas, parecía que se había manchado de nuevo. Llevaba la parte delantera de la blusa empapada y aprecié lágrimas en sus mejillas al pasar.

Carlos frunció los labios y me dio un codazo. 

-Pobrecita, estoy seguro de que Mariel y Sadie se la comerán viva.

Sin mirar a la pobre criatura, busqué en la dirección opuesta.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED