Alessandro era una leyenda de las artes marciales mixtas a la edad de veinte años, y no era broma, él era uno de los mejores luchadores en la categoría de peso medio. Su agilidad y fuerza había hecho que muchos codiciara sus cinturones. Una forma de querer vencer al rey. Pero parecía casi imposible ya que mi mejor amigo siempre se esforzaba al máximo, no había un solo día que no dejará de entrenar el triple que los demás. E incluso su futuro ya se encontraba asegurado en el MMA.
Sin embargo, su talento nato para el combate no hacia que fuera menos imbécil.
—Maldita sea, como no se detenga, va a causar una hemorragia interna al pobre chico—comentó Vlad sonando asustado al lado de los demás chicos que observaban con detalle el combate de Aless.
—Ríndete, ríndete…—susurraba Ethan con expresión nauseabundo, como si su plegaría la fuera a escuchar Juno Newland, el contrincante de Aless.
Aunque los chicos parecían exagerar con sus comentarios, realmente no podía estar más que de acuerdo con lo que decían. Aless estaba siendo brutal. A él parecía no importarle que estaba peleando con uno de los mejores, es más, eso lo volvía poseído. Como si deseará tratarlo como su muñeco de trapo.
No pude evitar sentir compasión por Newland.
Para hacer la situación más humillante para él, era saber que ni siquiera estaba en el último asalto sino en el primer asalto y su deseo de aguantar más estaba llevándolo a cometer suicidio. Aless ni siquiera se moderó en sus golpes cuando observó la nula defensiva de Juno, se volvió todavía más brutal.
Después de un minuto entero de una fuerte golpiza por parte de Aless, el referee dio por terminado el combate al interponerse entre él y Juno Newland, y declaró un nocaut contundente.
—Joder—susurró Ethan entre asustado e impresionado por lo acababa de hacer Aless en la jaula—, tenemos suerte de que esté de nuestro lado.
Iba a decirle que eso iba a cambiar en unos pocos años, pero decidí mejor dejar ese comentario en mis pensamientos. Después de todo, no quería hacer que Ethan se orinará en sus pantalones tan pronto se diera cuenta que era muy posible que fuera la próxima víctima.
—Mañana estará insoportable—dije pensando en las notas que iban a sacar sobre el combate de está noche.
Aless se alejó mientras alzaba los brazos en modo de celebración y sonriendo a la audiencia, para luego, voltear su rostro a donde sabía que lo estaba viendo y me mandó un beso en forma de broma.
«Imbécil», pensé mientras levantaba mi mano y le enseñaba el dedo de en medio.
Mi mejor amigo se carcajeó mientras era abrazado por el entrenador y golpeando en la espalda como una muestra de orgullo ajeno. Más por masoquismo que por otra cosa, seguí a Ethan y a los otros chicos a la jaula, pues también deseaba estar cerca del ganador.
Sobre todo porqué era lo más cerca que iba a estar de un Aless sudado.
Cuando estuve a unos pasos de distancia, Aless rompió la celebración grupal y atravesó el gentío para caminar y poder quitarse el cinturón de su cintura y dármelo en mis manos, y luego cargarme en sus hombros como siempre hacía en sus rituales de victoria.
Me reí, pese a las circunstancias.
Y como era la costumbre, alcé su cinturón y se los enseñé a todos lo grandioso que era Aless en el combate.
Una mano en mi pierna hizo que bajará la vista y observé la mirada orgullosa de mi mejor amigo. Suspiré. «Si tan siquiera hubiera un poco menos orgullo y más deseo, estaría perfecto», pensé sin poder evitarlo.
Alcé la mirada y fui cegado por la luces.
Para luego echarme a reír, y unirme a la celebración de victoria.
Tres horas más tarde, ansiaba dormir tan desesperadamente que me dolía los ojos pero Aless hacía imposible que eso sucediera.
Él quería ir a una maldita fiesta, y yo no. Sobre todo porqué sabía a qué quería ir.
Y eso era ligar.
Admitía que era masoquista por tener sentimientos por alguien que no me correspondía, pero tampoco era suicida emocional. Aún quería mantener mi cordura por más tiempo.
—Vete—solté enojado de que Aless estuviera queriendo quitarme las sábanas que cubrían mi cuerpo.
—Si hubiera sabido que tus planes eran dormir en vez de cambiarte, no hubiera dejado que vinieras a la habitación.
—Puedes ir solo, no me necesitas.
Aless se acostó a mi lado, tocando mi cabello con sus dedos.
—Tienes que venir conmigo, no puedo ir sin ti—volvió a decir.
—No.
—Estaré preocupado si no vienes. ¿Qué tal si alguien entra al lugar y te golpea? ¿Sabes lo difícil que será mi vida sin ti?
—Eso no va a pasar. Así que deja de molestar—dije con un quejido de cansancio mientras intentaba tapar mi rostro con la almohada, pero Aless no dejó que eso sucediera. El imbécil no quería dejarme dormir y lo mire enojado cuando volvió a impedir que cerrará mis ojos—. En serio basta, Aless. Tengo que dormir para poder levantarme mañana temprano. El entrenador sigue enojado por la estúpida broma de la semana pasada, y ahora soy yo quien tengo que pagar los platos rotos. ¿Sabes siquiera que pude quedarme en el campus por culpa de tus amigos?
En realidad, había querido que eso sucediera. Por eso me había echado la culpa de forma inmediata cuando el entrenador había descubierto que algunos chicos habían usado los vestidores cómo un salón para orgía.
Había sido Aless quién había intervenido cuando el entrenador dijo que iba a suspenderme por todo el mes. “No puedo ganar si no lo puedo ver en el combate, entrenador”. Nadie se sorprendió de ese comentario, Aless ya le había dicho a todos que yo era su amuleto de la suerte, y ya que todos sus compañeros eran fieles creyentes a eso, nadie dudo de la desesperación en su voz. “Además, ¿Realmente cree que Dar sería capaz de algo así?”, había terminado de decir Aless cuando observó que el entrenador no decía nada y que parecía castigarme. Una forma de que todos vieran que nadie se podía pasar las reglas por el culo. No obstante, el entrenador me conocía demasiado bien y sabia que Aless no estaba mal encaminado con sus afirmaciones. Por lo que dijo que podía cumplir con el castigo una vez que volviera de la gira. En ese momento, estuve a punto de gritar de frustración, sobre todo cuando observé el alivio y la sonrisa en la cara de mi mejor amigo. Así que ahora estaba metido hasta el fondo en la gira. Peor aún, con un Aless emocionado queriendo probar su nuevo proyecto de relación abierta.
Mi mejor amigo se apoyo en su palma mientras me observaba con el ceño fruncido.
—Ni sé porque te echaste la culpa, Dar. Eso fue un movimiento estúpido.
No estúpido sino desesperado. Había querido estar tan lejos de la gira que había actuado de manera imprudente, y había sido la mente maestra de lo que había sucedido en esos vestidores, y le había dicho pequeñas sugerencias a los chicos para que lo llevarán a cabo sin que nadie se diera cuenta.
Por eso no estaba del todo molesto por el castigo, lo había merecido, sin embargo, eso no lo sabía Aless y ése secreto me lo iba a llevar a la tumba. A menos que uno de los chicos decidieran confesar. Lo que dudaba que fuera a pasar. Nadie quería hacer enojar al entrenador para ser tan valiente.
Miré a Aless sin delatar mi culpabilidad.
—Los chicos han entrenado duro, no merecían una suspensión.
Mi mejor amigo se sentó en la cama, frustrado y enojado de mi comentario.
—Me importa una mierda lo que les pase a ellos, lo que me preocupa es lo que hará el entrenador contra ti.
—Sabe que no fui yo, así que no será tan duro.
—Serás el mensaje, Dar. Es obvio que te va a dar una paliza—me miró enojado—. No debiste echarte la culpa.
—No tiene caso lamentarse ahora—cerre los ojos, dando a entender que había terminado de hablar sobre el tema—, apaga las luces cuando te vayas.
—¿Irme? Querrás decir irnos.
—Aless…—
De pronto, Aless puso todo su cuerpo encima de mí.
Gemí por el peso.
—No te duermas—susurró en mi oído—, te dije que teníamos que vestirnos para una fiesta.
—Y yo te dije que quiero dormir. Vete solo.
—No, irás conmigo.
—¿Por qué siquiera quieres que vaya? Una vez que te conseguis a alguien, me dejarás solo—dije sonando molesto y frustrado. Y al mismo tiempo dando la razón de porque no deseaba ir a esa maldita fiesta.
La simple idea de ver a Aless en acción, me hacía doler el corazón.
Bastante sufría ya a diario. Cómo para sumarle un clavo más al ataúd.
—No quiero ir—volví a decir.
Aless hizo lo único que hacía cuando no podía convencerme de algo, cosquillas.
«Idiota», pensé entre risas.
—Vamos, vamos—canturreó en mi oído al escuchar mis carcajadas.
—Basta—dije queriendo empujarlo, pero era inútil, sus manos eran demasiado rápidas en su tortura—, deja de hacerme cosquillas. Me voy a orinar, imbécil.
Aless se calmó y volvió a decir:
—Pues ven conmigo.
Respire con fuerza y lo miré.
—Estoy cansado, Aless, no tengo ánimos ni de caminar.
Mi mejor amigo colocó sus manos a cada lado de mi cara, quedando a centímetros de mi rostro.
—Entonces te cargo.
Abrí la boca, intentando decir que dejara de joder. Pero aún con mis deseos de decir aquello, ningún sonido salió de mi boca.
Mi atención estaba en sus ojos.
En lo cerca que estábamos del otro.
Mi corazón empezó a latir con fuerza.
—Aless
Mi mejor amigo hizo algo más idiota, se acostó encima de mí.
El peso de su cuerpo me hizo gemir.
Pero aunque podía ser doloroso, realmente lo disfruté. «Soy un verdadero masoquista», pensé mientras bajaba mi vista a sus labios.
—¿Dar? ¿Estás bien?
Parpadee.
—Si, lo estoy.
Aless llevó su pulgar a mi mejilla.
—¿Estás enojado conmigo? Estás rojo.
—No es nada—soltó mientras apartaba su mano de un golpe—. Bájate.
—No lo haré hasta que me digas que irás conmigo a la fiesta.
—¡Bien, iré! ¿Feliz?
Aless beso mi nariz de forma rápida.
—Mucho.
Bufé. Aunque podía sentir que por dentro estaba ardiendo. Fue una suerte que el edredón estuviera tan grueso para que Aless se hubiera dado cuenta de mi erección.
Aless se levantó con una sonrisa.
—Date prisa, estamos llegando tarde.
No respondí, en vez de eso, aproveche que Aless estaba de espaldas para ir al baño rápidamente.
La fiesta no era mala, era peor de lo que había imaginado. Sin embargo, Aless pensaba diferente, su grito de emoción al entrar al local abarrotado de chicos de nuestra edad hizo que me diera cuenta que no nos íbamos a ir pronto.
Suspiré de forma audible. Lo que hizo que Aless me mirará con persuasión.
—No seas así, te vas a divertir.
—Lo dudo—dije cuándo sentí que alguien me empujaba y me hacía caer en los brazos de mi mejor amigo. Fue la mejor tortura de la historia.
Aless me enderezó de nuevo.
Para mi mala suerte.
Mi mejor amigo supervisó rápidamente que no hubiera sido lastimado y cuando estuvo conforme con un diagnóstico positivo, me miró serio.
—No te alejes demasiado. Eres demasiado pequeño cómo para perderte entre estos idiotas.
Puse los ojos en blanco.
—No soy pequeño—contradije.
—Lo que digas.
Crucé mis brazos y lo miré molesto.
—Te odio.
—Y yo te amo—contestó con una sonrisa.
Ése comentario hubiera sido brutal para mí sistema si tan siquiera me lo hubiera dicho mientras me miraba. Pero no había sido el caso. Aless se encontraba demasiado distraído con una chica que pasaba por su lado.
No tenía ningún problema, lo tenía con su maldito vestido. Esa minúscula no dejaba nada a la imaginación, ni a una posible prenda interior. Lo peor de todo es que sabía que si Aless quisiera podía hacer que su mano pudiera tocarle la entrepierna de ella. Por la mirada de la chica, eso parecía ser su propósito.
Así que decidí que era momento de moverme. No tenía intención de ver la interacción de ambos.
—Iré por algo de beber—dije intentando dar un escape rápido.
Aless dio un asentimiento distraído y empezó a conversar con la chica. La cuál ya había colocado sus brazos en los hombros de mi mejor amigo y se daba la vuelta para empezar a simular el acto sexual con la ropa puesta.
Sabía que solo era cuestión de minutos antes de que Aless la convenciera de irse a algún lugar más privado.
«Sabia que esto iba a pasar». Suspiré y me adentré a la multitud, buscando un sitio tranquilo y donde pudiera estar sólo.
Una hora después me convencí de que no había ningún lado en el local que pudiera servir para relajarme. Es más, parecía que todo el mundo se enloquecía con el pasar de los minutos y empezaban a ser más imprudentes.
Decidí que era momento de salir a tomar un poco de aire. Más por seguridad que por verdadero sofocó. No obstante, no pude pasar de la puerta principal ya que unos brazos fuertes y conocidos me abrazaron desde atrás.
—¿A dónde pensabas ir, Dar?
—A ningún lado.
—Mentiroso—susurró en mi oído—, te vi que ibas a irte.
—Solo iba a tomar un poco de aire.
—No te creo. Convénceme.
—Si sabes que no necesito convencerte de nada, ¿verdad? Es más, ¿Qué estás haciendo aquí? Creí que estabas ocupado con alguna chica.
—Lo estaba.
Era una pésima idea preguntar. Pero era masoquista.
—¿Y qué pasó? ¿No fue tan divertido como pensabas?
Aless se alejó y me dio la vuelta. Para luego encogerse de hombros.
—Alivió la tensión.
«Aless era un idiota con I mayúscula», pensé con irritación. Lo quedé mirando sin comprender que me había enamorado de él primer lugar. Pero como era conocido por todos, el maldito corazón no era sabio a la hora de escoger de quién enamorarse.
Y tristemente, el mío era bien masoquista.
Estaba por decir de lo que verdaderamente pensaba sobre su comportamiento indiferente, pero de pronto llegó Vlad y evitó que yo dijera algunas cosas que podrían dañar el ego de mi mejor amigo.
—Oigan, chicos, nos hacen faltan dos, ¿Quieren unirse?
—Por supuesto—contestó Aless de inmediato.
Quité mi mano de golpe del agarre de mi mejor amigo cuando observé que iba a llevarme a rastras con él.
—¿A qué exactamente quieres unirme?—pregunté a Vlad.
El chico con cabello rizado y mirada inocente, para ser un deportista, me sonrió con esperanza.
—Algunas chicas quieren jugar cinco minutos en el paraíso.
—Me apunto—dijo de inmediato Aless, y volteó a verme con petición. Cómo si estuviera pidiendo permiso.
Volteé a mirar a Vlad.
—No creo—dije.
La sonrisa de Aless se deshizo.
—¡No seas así, Dar! ¡Deja que juegue un rato!
—Por favor, Dario—pidió Vlad casi suplicando con su mirada—, son chicas muy sexys. De hecho aceptaron participar si podía convencerlo a ambos de jugar.
—¿A ambos?—preguntó Aless con el ceño fruncido—. ¿Quién son ellas? ¿Por qué quieren besar a Dar? ¿Siquiera saben que Dar no es el tipo de chico que besa a cualquiera?
Tenía las mismas dudas. Pero la última pregunta que hizo Aless me dejó pensando un poco. ¿Qué tipo de chico pensada Aless que era para suponer que yo no me podía besar con cualquiera? O sea, era cierto. ¿Pero por qué estaba tan seguro de eso?
Algo en su tono no me gustó, ya que me hacía sentir como si fuera más ingenuo que Vlad, y eso era decir mucho del chico con cabello rojizo.
Quizás estaba cansado de la expectativa de que algo no iba a suceder con Aless. Quizás el estado de idiotez de los demás se me había pegado con la hora transcurrida. O quizás era la mirada suplicante de Vlad lo que me animó a decir aquellas palabras que no creí decir.
—Esta bien. Jugaré también—dije.
Di un paso en dirección a Vlad, pero Aless me detuvo al tomar mi brazo.
—No, espera, Dar—dijo Aless con expresión seria—. No creo que sea buena idea.
—Pensé que la intención de venir a la fiesta era para divertirnos. ¿Qué más divertido que poder besar a chicas diferentes? Tú lo haces siempre.
No sabía de dónde había venido eso, pero no me arrepentí de decirle, y menos cuando la expresión de Aless se congeló. «¿Es que acaso pensaba que él podía divertirse y yo no?».
Sabía que no iba a ganar nada, ni siquiera me iba a gustar la idea de besar a una chica en la boca, pero con tal de que Aless dejará de suponer cosas de mí, me hacía tener que actuar con locura.
Y esto que estaba haciendo en ese momento, era la cosa más loca que había hecho. Aparte de entregarle el corazón a mi mejor amigo, por supuesto.
Volteé a ver de nuevo a Vlad.
—¿Nos vamos, Vlad?
—Si, si—aceptó el chico que era más joven que nosotros por un año.
—Espera…—pidió Aless tomando con más fuerza mi brazo, y me observó—. Dijiste que estabas cansado, ¿Por qué no vamos a descansar?
—Parece que ya no tengo ganas de dormir —dije y sonreí con malicia.
Pude darme cuenta de que Aless no le gustó mi comentario. Es más parecía con ganas de llevarme fuera de la fiesta a la fuerza. Sin embargo, sabía que si hacía eso, entonces yo iba a estar molesto con él.
Y si había algo que Aless odiara más que no tener sexo, era que yo no le hablará en días.
Aless me liberó con una expresión de derrota.
Me di la media vuelta y seguí a Vlad.
(…)
Cuándo intenté darle la lección a Aless se me olvidó el insignificante detalle de que el tonto era demasiado popular. Por lo que significa que la mayoría de las chicas querían besarlo.
Así que Aless pasaba todo el tiempo dentro del maldito cuarto que habían asignado para el juego.
Sin embargo, a pesar de que las chicas lo elegían, él no estaba feliz.
Estaba enojado.
Por un razón, mi nombre también era dicho varias veces. Pero por una chica en específico, su nombre era Fabiola. Al parecer desde que me vio aparecer, su objetivo no era besar al campeón sino besar al chico que lo acompañaba.
—Dario—dijo la chica que estaba enfrente de mí, y que no tenía mucho tiempo me había vuelto a elegir, ya que la regla de no repetir al mismo participante no estaba. Más que nada porque la mayoría quería besar más de una vez a Aless.
Me levanté de nuevo. Pero está vez no pude levantarme del suelo, Aless tomó mi mano.
—Es suficiente por hoy, Dar y yo tenemos que irnos a dormir.
—¡Oye, eso es trampa!—gritó su amiga de Fabiola, indignada de que Aless no quisiera respetar las reglas del juego.
Tenía la sospecha de que era más por ella misma, qué por su amiga.
—Quizas está celoso—dijo una chica que estaba a mi izquierda, sin percartarse de que estaba hablando demasiado alto—, quizás quiere que estés con él en vez de con su amigo.
La chica de enfrente miró sorprendida a Aless.
—¿Es eso cierto? ¿Quieres que te elija en vez de a Darío?
Aless me volteó a ver, y por la mirada que me dio, era evidente de que no deseaba besar a la chica, pero si eso la detenía de que me besará por décima vez, entonces él pensaba mentir.
—Si—susurró mi mejor amigo.
Iba a protestar, pero la chica lo hizo por mí.
—Lo siento, yo quiero con Dario, y a menos que él se niegue a besarme, tú no puedes hacer nada—dijo la chica nada intimidada por la mirada de furiosa que le estaba dando Aless.
—Él no quiere—espeto mi mejor amigo.
—¿Dar?
Miré a la chica con una sonrisa.
—Ni tengo ningún problema—dije. Y era cierto, la chica no era tan invasiva, lo único que hacía en esos minutos eran besos tímidos, de piquito. Lo cual me sorprendió. Y cuando le pregunté por qué lo había hecho en la primera vez que me había elegido, ella había dicho que sus amigas la habían convencido de hacerlo.
Y su tímido “me gustas”, hizo que terminará por no hacerla sentir peor y aceptar esos besos que no tenían nada de extravagantes. Eso claro, Aless no lo sabía. Lo cuál hacía que se viera más enojado conforme me veía como tomaba la mano de la chica para llevarla al cuarto.
En el interior del cuarto oscuro, la chica se acercó hasta que me di cuenta de que me estaba abrazando.
—¿Puedo tener tu número?
Suspiré, ya que me daba cuenta de que Fabiola no era como las otras chicas. Ella era una chica linda.
Ella no merecía que la ilusionara.
—Puedo dártelo. Pero no quiero ilusionarte, solo puedo ser tu amigo.
La chica alzó su rostro y me vio.
—¿Por qué no puedes ser más?
—Si te digo la verdad, te haré sentir mal. Y no quiero eso.
—E-es por qué no soy bonita, ¿verdad?—preguntó con timidez.
—No, no tiene nada que ver con eso. Eres muy linda, y si pudiera amar a una chica, créeme es posible que hubieras sido tú.
Pude notar que fruncía el ceño.
—¿Si pudieras amar a una chica? ¿Estás diciendo que…?—se detuvo sin poder continuar.
—Si, Fabiola—dije lentamente—. Me gustan los chicos. Soy gay.
La palabra golpeó directamente a ella.
—¿Entonces mis besos te asquearon?—preguntó sonando horrorizada.
—No, no, fueron lindos.
—Oh—dijo y bajó su cara para que no la viera. Estaba avergonzada.
No quería verla así.
Incliné mi rostro y la observé de cerca.
—¿Aún quieres ser mi amiga?
La chica sonrió tímidamente.
—Si, si quiero.
En esa docena de veces, fue la primera vez que me acerque a ella y coloque un beso en su mejilla.
Me estaba alejando cuando la puerta fue abierta de golpe, y tanto Fabiola como yo, miramos a la persona que nos esperaba del otro lado.
—¿Qué estaban haciendo?—cuestionó una voz enojada y muy familiar.
Iba a responder, pero Fabiola lo hizo por mí.
—Nada—respondió con rapidez y con el rostro sonrojado.
Lo que hizo que Aless no le creyera. De manera abrupta, mi mejor amigo tomó mi mano y me sacó de la habitación.
—¿Qué hiciste que te hiciera?
—Ella no hizo nada, yo la besé—«en la mejilla», terminé en mis pensamientos.
Aless me miró furioso.
—¿Una vez más?—pidió una chica con nombre Alondra, y que tenía una obsesión con los besos de Aless.
—Creo que mejor no—respondí—, estoy cansando.
Aless me miró enojado.
—Aun no. Quiero una vez más. Pero con una condición…—se detuvo un segundo y me volteó a ver—, esta vez yo escogeré con quién entrar al cuarto.
Suspiré frustrado, al contrario de las chicas, ellas estaban felices de saber a quién elegiría Aless.
Me apoye en la pared, deseando que terminará de una vez.
—¿Y bien? ¿A quién eliges?
—A Dar—contestó Aless bruscamente.
Lo miré de golpe, sorprendido por oírlo decir mi nombre.
—¿Qué?—dijeron todas—, no puedes escogerlo a él. Es un chico.
—¿Y? Dije que lo iba a elegir yo, y ustedes aceptaron la regla.
Todas lo miraron expresando molestar. Pero ningúna dijo nada.
—No estás hablando en serio—atiné a decir.
—Claro que sí—devolvió Aless. Y de repente, casi poseído de cólera, tomó mi brazo y nos llevó a la habitación semi oscura. Para que pudiéramos tener cinco minutos en el paraíso.
«Mierda, sabía que era mala idea venir a esta fiesta»