Capítulo 2

Después de que Roberto y Lorenzo se marcharan a cerrar los negocios que tenían previsto, Elena camino hacia Francesco. —Que sucede Francesco, porque tu padre me amenazo con enviarme al mismísimo infierno, no se suponía que él sería nuestro apoyo. — dijo Elena mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

—Cálmate Elena, allí viene el abuelo y no es conveniente que te vea así.

— ¿Qué mierdas dices, como que no es conveniente? Vaya hombre que mi padre dejo para cuidar de mí.

Francesco, ofendido la sujeto del brazo y la acerco hacia él. — Puedo amarte mucho Elena, pero no permitiré que me hables así; realmente quieres saber lo que sucede con mi padre, pues debes saber que mi padre se niega a esta relación y a que me case contigo; sin embargo, no me alejaré de ti así tenga que enfrentar a mi padre serás mi esposa, solo tengo que encargarme de unas cosas y no habrá nada que nos separe. Ahora ve, salimos en quince minutos para la funeraria.

Don Marco se acercó a Francesco y lo miro fijamente a los ojos, esa mirada hacía que el más valiente de los hombres temblara parecía estar escudriñando su alma mientras analizaba cada gesto.

—Francesco, igual que tu tío y tu padre, tu primo y tú son mi mayor orgullo, aunque Leonardo es un potro desenfrenado, ha logrado enorgullecerme en más de una oportunidad, tú eres nuestro sucesor y como tal debes tomar sabias decisiones, odiaría tener que hacer lo que hizo mi padre; aunque amó a mi hermano lo mato por ofender la familia.

Esas palabras del abuelo Marco, le dejaban claro que no sería fácil lograr dejar todo por Elena. Los minutos pasaban y así mismo las horas luego de estar en la funeraria salieron al cementerio para sepultar a los padres de Elena.

Afligida, regreso con Francesco a la mansión, en donde permaneció por dos días, bajo las sabanas de Francesco.

La mañana del tercer día estaba maravillosa, el sol resplandecía en la mesa, el desayuno estaba servido, Leonardo y el abuelo Marco conversaban, poco después se unieron Francesco y Elena, dando los buenos días. Don Marco miró a Elena con seriedad, sus ojos reflejaban cierto rechazo.

Francesco, tratando de romper el silencio sepulcral, decidió hablar. — ¿Saben algo de mi padre y mis tíos? ¿Cómo les fue en el negocio que iban a hacer con Albanese?

—Francesco, ¿desde cuándo hablamos de negocios en frente de tus amantes? Elena admiré mucho a tus padres, fueron diría que los mejores que tuve a mi servicio y sabes que es los que más me causaba admiración, que siempre ocupaban su puesto.

—Perdón Don Marco, me retiraré de inmediato.

Francesco, tomando una respiración profunda, dijo. —Tú no vas a ningún lado Elena, abuelo, ustedes son lo más grande que tengo y los respeto, pero me casaré con Elena.

Elena parpadeó, sorprendida por la reacción de Francesco ante su abuelo, realmente había que tener valor para llevarle la contraria a ese hombre. — ¿Qué? ¿Realmente osas desafiarme Francesco?

Francesco suspiró antes de responder. — No quiero hacerlo abuelo, pero debes comprender, que estoy enamorado de Elena.

— Francesco, lo que te voy a decir lo diré una sola vez; si realmente la amas sabrás lo que es mejor para ella.

En ese instante Leonardo, que se mantenía en silencio diviso, la llegada de dos agentes de expresión grave. Leonardo sintió un escalofrío mientras Franco el mayordomo les indicaba que entraran.

— ¿Puedo ayudarlos en algo, oficiales?, — Preguntó Don Marco con cautela.

Los policías intercambiaron miradas antes de hablar. —Lamentamos informarles que Roberto Rossi, Lorenzo Rossi y Ana De Rossi han fallecido en un accidente automovilístico, —dijo el oficial con una voz impasible.

El impacto de esas palabras resonó en la terraza. Francesco dejó caer la taza de café, que se estrelló contra el suelo en un estruendo discordante. Elena se puso pálida, incapaz de procesar la tragedia que acababa de caer sobre ellos.

Leonardo, con la mandíbula apretada, preguntó con voz temblorosa: — ¿Cómo ocurrió?

—Los especialistas aún están haciendo averiguaciones; sin embargo, se encontró un dispositivo de procedencia dudosa en la trasmisión del vehículo que no parece formar parte del mismo, nuestro equipo está trabajando para determinar la causa del accidente. Por otra parte, los cuerpos ya se encuentran en la medicatura forense para ser reconocidos.

Francesco, con la mirada fija en la nada, murmuró: —No puede ser… Esto no puede ser real.

El agente más joven pregunto. — ¿Tenían algún enemigo? ¿Alguien que quisiera hacerles daño?

Mientras tanto, en el rostro del otro agente se dibujaba una sátira sonrisa. — ¿Le parece graciosa la pregunta de su compañero agente Caccia?, —Interrogó Francesco con el rostro rojo de la rabia, aunque la pregunta del joven oficial era tonta y merecedora de reír a carcajadas por Dios, se trataba de una de las familias de la mafia más grande, sobraba quien quisiera verlos muertos, en ese momento lo que Francesco quería era cobrar con sangre la muerte de su familia.

Elena, con lágrimas rodando por sus mejillas, se aferró a Francesco tratando de darle consuelo. Don Marco y Leonardo intercambiaron miradas sombrías, su mundo tambaleándose bajo el peso del inesperado cataclismo.

El día del funeral fue un torbellino de dolor y confusión. El funeral se convirtió en un borrón de rostros afligidos y palabras reconfortantes que no podían mitigar el abismo que se abría ante ellos.

—Marcos lamento mucho esta gran perdida, Roberto y Lorenzo eran como hermanos para mí, hace una semana conversamos y pronto irían a visitarnos en New York, Lorenzo tenía muchas ganas de ver a Isabella, siempre la consintió tanto más que su ahijada era como una hija para él. Leonardo, tu padre fue un hombre de respeto igual que Roberto y en cuanto se dé a conocer que fue lo que realmente sucedió nos encargaremos de buscar al responsable.

—Gracias Giuseppe, pensé que Isabella nos acompañaría y tu Alessandra estás muy hermosa.

—Gracias Leonardo, he cambiado mucho, ya no soy la niña a la que todos cuidaban, en cuanto a Isabella aún está en Suiza, está a punto de terminar su tercera carrera, además está expandiendo el negocio y dice que en Suiza todo va de maravilla; después de todo ella manejara el imperio de New York, no tienes idea de cómo ha cambiado.

—Bueno, quizás cuando regrese a New York vaya a visitarla. — respondió Leonardo.

—Esa sí que es una mujer con los pantalones bien puestos, ¿qué opinas tu Francesco? — Pregunto Don Marco.

—Sí, no cabe duda que es brillante e inteligente, nunca pensé que entrara al negocio, siempre hablaba de estudiar medicina y derecho internacional, además no quería tener nada que ver con el negocio familiar, debe extrañarlos jamás se separaba de ustedes, sobre todo de ti Alessa.

—Así es Francesco, no hay nada que un corazón hecho trizas no pueda cambiar, pero pronto regresa, creo que en tres meses la tendremos de regreso.

Al escuchar esas palabras, Elena salió detrás de Francesco, hasta el momento se había mantenido tras su sombra, después de todo no era del agrado de los Moretti, pero debía saber si Isabella regresaba a Italia.

—Así que Isabella va a regresar a Italia después de tanto tiempo. — Indago Elena.

—No, Elena puedes dormir tranquila, Isabella no vendrá a desvelarte, mi hermana regresa de Suiza, pero estará en New York, puedes respirar tranquila. Total, hace mucho que te metiste en la cama de Francesco, ya mi hermana no debe ni recordarte, ella tiene muchas cosas importantes en que pensar. Como por ejemplo aceptar la invitación de Salvatore, siempre la ha pretendido, pero ya la conocen. ¿No creen que harían una linda pareja?

— ¿Salvatore, de la Cosa Nostra?, a mí no me parece Giuseppe de todas maneras cuanto pase el funeral habláremos. Añadió Don Marcos

Alessandra se había encargado de inquietar a más de uno durante el funeral, ahora solo esperaría los resultados. Luego de esa plática, el cortejo fúnebre salió directo al panteón de la familia Rossi.

Más tarde, en la oscuridad de la noche, Francesco se encontró solo en la habitación. El silencio era abrumador, y las sombras que danzaban en las paredes parecían llevar consigo sus propios secretos. Sin embargo, en ese momento, Francesco sintió que las sombras no eran solo en las paredes; también se cernían sobre sus vidas, amenazando con devorar lo poco que quedaba de su mundo.

¿Realmente Isabella era capaz de casarse con Salvatore? ¿Realmente había cambiado tanto? No podía creer que aquella niña ingenua que temblaba entre sus brazos ahora formara parte de un negocio donde los hombres tenían el poder.

Capítulo 3

Un mes después de la muerte de los dos hijos de Don Marco Rossi el abuelo de Francesco y Leonardo, viajo a New York para darle la bienvenida a Isabella y retomar la conversación que dejo pendiente con Giuseppe en el funeral.

Tras esa visita había quedado pactado un matrimonio, orquestando un delicado ballet de influencias que obligaba a Francesco a abandonar un amor que ya estaba floreciendo.

Mientras Francesco luchaba contra corriente, atormentado por los recuerdos de un amor pasado sacrificado en el altar de la lealtad familiar, el destino tejió los hilos de su existencia en un tapiz de resentimiento. Fue empujado a una unión que no había elegido, un matrimonio nacido de la obligación más que del amor y el deseo.

Finalmente, estaba a horas de dejar su amor por Elena a un lado, las promesas de cuidarla y hacerla su esposa, quedaba enterrada con su unión con Isabella Moretti. Esa chiquilla arrogante, la cual conocía desde niño y que jamás había soportado; había dado gracias a Dios cuando la su familia la envió a estudiar a Europa, pero lamentablemente estaba de vuelta y ese pacto entre las familias más poderosas de la mafia comenzaba a costarle caro.

Cuanto envidiaba a su primo Leonardo, ¿por qué él no ocupaba su lugar? ¿Por qué tenía que ser quién estuviera designado a seguir al frente de los negocios familiares? Eran tantas preguntas y ninguna con una respuesta que le mostrara el camino de salida a ese maldito matrimonio.

Pronto fue sacado de sus pensamientos y vuelto a la realidad tras escuchar la voz de Leonardo preguntar. — ¿Estás listo campeón?

— ¡Maldición Leonardo!, jamás estaré listo para este estúpido matrimonio, no sé cuántos años tengo sin ver a la insoportable mujer con la que me casaré, este matrimonio parece sacado de la época colonial ni siquiera la he visto no quiso reunirse antes de la boda, así de insoportable es tú la conociste, nuestra infancia siempre estuvo frustrada con la presencia de esa insoportable mimada. No entiendo por qué mi abuelo hace esto, no necesitamos esta unión.

—Eres el primogénito y mi abuelo ya esta mayor Francesco, además la familia de esa insoportable mimada como le dices maneja el negocio en New York y gracias a su esfuerzo se ha extendido a otros países. Este matrimonio será el inicio para traspasar fronteras. Además, no todo fue tan malo con ella, solo repites lo que Elena decía, quizás ya cambio y no es tan patética e insoportable cómo crees, ánimo debemos salir, la novia es la que suele llegar tarde.

—Una cosa más Leonardo, ¿Sabes si Elena está presente?

—Elena fue enviada a Toscana, el abuelo dice que es mejor si está lejos de ti, es hora de irnos, vamos.

Francesco caminó hacia el altar, como siempre Leonardo lo acompañaba, en la mente de Francesco lo único que estaba era la promesa que le había hecho a Elena después de perder a sus padres. Él había jurado casarse y protegerla siempre y hoy esa promesa terminaba.

La marcha nupcial comenzó a oírse, de pronto una esbelta mujer caminaba hacia él con un hermoso vestido blanco de del brazo Giuseppe, no podía ver bien su rostro cubierto por el blanco velo.

—Francesco, espero seas un hombre ejemplar, que sepa cuidar uno de mis más grandes tesoros.

—Puedes estar tranquilo Giuseppe, en mi familia la palabra es ley.

Luego de que los invitados tomaran asiento el sacerdote comenzó a oficiar la boda, tanto Isabella como Francesco estaban perdidos en sus propios mundos, pensamientos que iban y venían atormentando cada momento. Después de mucho hablar el sacerdote comenzó con los votos, parecía una broma, como podían decir unos votos si eran totalmente extraños, después de pedir que se descubriera la cara Isabella comenzó con sus votos matrimoniales.

—Yo, Isabella Moretti, Prometo estar ahí siempre, para todo. Vivir mil aventuras a tu lado y disfrutar de todas ellas como si fuera la primera vez. Seguro que en nuestro camino junto habrá buenos y malos momentos, te ofrezco mi amor incondicional, mi compromiso eterno. Mi corazón es tuyo y mi amor lo mejor que tengo para ti. Voy a estar ahí siempre. En los días de risas y en los difíciles, en los momentos de felicidad y en los complicados. Prometo amarte y cuidarte. Pero también hacerte reír, animarte, sorprenderte y lograr que seas muy feliz.

Francesco no lo podía creer, realmente se había convertido en una mujer realmente hermosa, pero al mismo tiempo fría y calculadora, se tenía que ser muy ambicioso para jurarle amor a una persona que apenas conocía; pero no había tiempo para andar con sentimentalismo, se había dejado arrastrar a los planes de su abuelo y ahora debía continuar.

—Yo Francesco Rossi, prometo ser fiel, protegerte y honrarte desde hoy y hasta la hora de mi muerte.

Seguidamente, el sacerdote los declaraba oficialmente marido y mujer era momento de besar a la novia. Por unos segundos ambos estaban frente a frente observándose mientras los invitados aclamaban el flamante beso, Francesco se acercó lentamente como si se tratara de un campo minado, la rodeo con sus brazos y finalmente sus labios se juntaron en un apasionado beso que dejaba una extraña sensación en ambos.

El tiempo pasaba rápidamente, mientras Elena lloraba amargamente por Francesco, en la mansión Rossi se llevaba a cabo la majestuosa fiesta. El lugar parecía sacado de un cuento de hadas, los novios destacaban como la pareja perfecta, eran fotografiados, no era de esperar dos de las familias más adineradas de Italia se habían unido. La música suave se mezclaba con las risas de los alegres invitados. Sin embargo, de tras de las hermosas sonrisas y miradas entre los recién casados, la tensión era insostenible.

—Buenas noches, damas y caballeros, creo que es el momento de brindar por la hermosa pareja; Isabella, bienvenida nuevamente a la familia y lo digo de esa manera. Para el que no lo sabe durante nuestra infancia y parte de la adolescencia siempre estuvo con Francesco, Elena y por supuesto conmigo sé que serás la esposa ideal para mi primo y que cuidaras de él en representación de ese gran amor que le tuviste en el pasado y que sin duda alguna regresa con más fuerza.

Isabella con un leve movimiento alzo su copa y sonrió dando las gracias a su viejo amigo.

Luego de terminar con Isabella, Leonardo comenzó a dedicarle unas palabras a su primo. —Francesco, más que mi primo, eres mi hermano, juntos, hemos vivido momentos terribles, sin embargo, hemos luchado contra cada adversidad. Al igual que todas las chicas presentes, yo también sufriré por tu soltería ja jajá, lo siento abuelo, es una broma en cuanto a ti te quiero hermano.

Cada uno comenzó a brindar por la pareja, momento después Giuseppe se acercaba para darle unas últimas palabras a pareja.

—Mí estimado Francesco, como lo dije antes, te estoy entregando el más grande de mis tesoros, espero que mi adorada hija jamás tenga que derramar una lágrima por ti y espero no tener que cobrarte sus lágrimas; además nuestras familias siempre han estado juntas así que no lo echen a perder, el auto los espera para llevarlos al aeropuerto.

Tras brindis y cálidos abrazos, la pareja se retiró, ansiosa por dejar atrás las apariencias y afrontar su nueva realidad en la intimidad. La luna de miel, una escapada largamente esperada, estaba a punto de comenzar. Sin embargo, a medida que se dirigían al exótico destino que les esperaba, empezaron a aflorar sentimientos reprimidos y verdades no dichas.

Al llegar a la suite nupcial, Isabella rompió el silencio que había reinado durante la fiesta y luego durante el viaje. —Francesco, ya que esto empieza ahora, me gustaría saber si puedo ser franca contigo.

Él, con el ceño fruncido, asintió. —A ver, dime qué me sugieres para que podamos soportar esta condena.

—Ambos sabíamos que casarnos es algo que no contemplamos. No soy tonta, sé que no me soportas y que sufres porque no sea Elena quien ocupe mi lugar, Francesco, pero ni modo, los dos somos muy fieles a nuestras familias y a los códigos que tienen. Así que tal vez sería mejor hacer un pacto, una tregua donde sigamos con las apariencias y tratemos de convivir sanamente, después de todo crecimos juntos.

Francesco sonrió satíricamente, y respondió: —Dime algo, ¿cómo lo haces? ¿Cómo puedes estar a mi lado aun sabiendo que no te amo y que solo generas en mí un terrible desprecio?

Dejó escapar una risa amarga. —No lo sé, quizás sea porque el amor a mi familia y a los negocios sobrepasa cualquier cosa, además ya no soy esa chiquilla a la que le destrozaste el corazón Francesco, ahora soy una mujer de mundo, con muchos negocios e infinitas ansias de poder.

Francesco, guardo silencio, mientras observaba a Isabella, de la chiquilla frágil y mimada, no quedaba ni la sombra. Frente a él estaba una mujer fría, inteligente pero sobre todo inmensamente hermosa. Poco después reaccionó, —Está bien, Isabella acepto lo que propones, comenzaremos a intentarlo desde ahora, ya después cuando nos instalemos en la casa que compro tu padre, afinaremos detalles.

La luna de miel se había convertido en un campo de prueba para la reciente tregua; pero ¿cuánto duraría esa tregua? ¿Isabella y Francesco podrían soportar?, era imposible que por sus mentes no pasaran esas preguntas; después de todo no se trataba de un simple viaje, estaban hablando de un compromiso que habían hecho hasta que la muerte los separara. Entre playas paradisíacas y cenas íntimas, los dos intentaron comprenderse, encontrar puntos en común en medio de sus diferencias.

Una noche, bajo el cielo estrellado, Francesco habló con amargura. —Isabella, no puedo seguir con esto. Ya es momento que la estúpida luna de miel termine, siento que me asfixio al tenerte cerca y no poder ir a otro lugar donde no tenga que verte.

Ella, con ojos entrecerrados, respondió con igual dureza: —No te preocupes, Francesco. No tengo intenciones de ser tu eterna sombra. Pero de ninguna manera quebrantaré un juramento; si lo que quieres es el camino libre para correr tras Elena, pues, enfrenta a tu abuelo, a mi padre y a todo lo que representa este matrimonio, permiso iré a preparar mi maleta.

Ante esas palabras, Francesco tomo a Isabella bruscamente de los brazos. —No te permito que nombres a Elena en toda esa maldita farsa, ella es lo único verdadero y puro que tengo.

Isabella observaba fijamente a Francesco y se dibujó en su rostro una sonrisa ladina que formaba la combinación perfecta con una de sus cejas arqueadas. — ¡Elena, pura!, ja, debe ser una estúpida broma; acaso cuando la metiste en tu cama cuando cumplió dieciséis años no te percataste de que ya no era virgen; porque si no sabías, ella se había revolcado con Dimitri, pero claro porque conformarse con el hijo de uno de los peones de tu abuelo si podía meterse en la cama del futuro heredero.

Francesco, preso de la rabia al oír las palabras de Isabella, le dio una bofetada y cayó sobre el sofá. —No vuelvas a repetirlo, no por eso eres mejor que Elena, quizás en Europa eras una mujerzuela y ahora vienes con ínfulas de grandeza, aunque no lo aceptes, siempre fue, es y será Elena el amor de mi vida. Ese beso y esa tontería de ser tu novio cuando teníamos trece años fue eso una tontería, jamás te soporte, eras una niña cobarde, siempre en un mundo de cuentos de hadas, solo me dabas lástima.

La sangre parecía hervir dentro de Isabella, sin pensarlo correspondió la bofetada que Francesco le había propinado antes. —No tengo ínfulas de grandeza, simplemente soy mejor que ella, pero tarde o temprano te darás cuenta, está visto que el velo que llevas te ciega y no te deja ver quién es en realidad la arribista de Elena; pero déjame decirte algo Francesco te guste o no soy tu esposa y como ya los sentimientos los tiraste a la basura, pues, ahora cuidaré mi imperio, salimos en media hora para el aeropuerto, querido.

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