Capítulo 2

El teléfono sonó durante un largo rato antes de que finalmente respondiera la llamada.

La cámara de Matthew se sacudió levemente y su hermoso rostro apareció en la pantalla de mi teléfono.

-¡Hola, cariño! -me saludó calurosamente.

-¿Dónde estás? -pregunté con urgencia mientras mis ojos escaneaban las imágenes de su parte. Parecía estar en el pasillo de un restaurante y vestía camisa blanca y corbata. Sin embargo, la figura que vi en la transmisión en vivo vestía una chaqueta gris.

-Estoy cenando con un cliente. Salí a contestar tu llamada. ¿Qué pasa? ¿Pasa algo? ¿nuestra hija está dormida? -preguntó.

-¿Estás en Canadá? -evité su pregunta y volví a preguntar.

-Por supuesto que sí. ¿Por qué? ¿Pasa algo? -me miró seriamente a través de la cámara, lleno de curiosidad.

-¡Oh! ¡Es... nada! -murmuré distraídamente y luego pregunté: -¿Cuándo volverás a casa?

-Pronto... volveré una vez que termine todo aquí. ¿Me extrañas? -Matthew me sonrió afectuosamente, lleno de amor-. Intentaré volver a casa lo antes posible. Se hace tarde. Vete a la cama temprano, ¿de acuerdo? Todavía tengo cosas que atender. ¡Adiós!

Me lanzó un beso y luego colgó la llamada.

Sostuve mi teléfono, aturdida y molesta conmigo misma por sospechar. Matthew era un marido extraordinario, guapo y cariñoso, ¿cómo podría un marido así engañarme?

Matthew llego al otro día tardé en la noche de su viaje de negocios, para esa hora nuestra hija, Ava, estaba durmiendo plácidamente en su habitación.

-¿Entonces cariño me extrañaste? -le pregunté coquetamente.

Matthew sonrió y me pellizcó cariñosamente. -¡Te he extrañado mucho, cariño!

Me llevó hacia la cama de inmediato sin darme la oportunidad de responder. Además, hoy parecía especialmente entusiasmado.

Cuando terminamos, sonreí y vi su alta figura acercarse al baño. Cuando estaba a punto de limpiar, su teléfono en la mesita de noche parpadeó, indicando que había recibido un mensaje de texto.

Lo miré y me quedé paralizada.

Estaba a punto de levantar el teléfono para ver quién era el remitente cuando Matthew entró corriendo en la habitación y tomó el teléfono. Lo miró apresuradamente y luego volvió a mirarme.

-¡Es Mel!

-¿Cuál es el problema? ¿Tienes miedo de que encuentre algo? -lo miré con recelo y me sentí incómoda, como si algo estuviera mal.

El mensaje tenía sólo cuatro palabras. "¿Ella se enteró?"

Para mí fue suficiente porque implicaba que la otra persona temía que yo descubriera algo. El mensaje también mostraba una pizca de ambigüedad, así que examiné a Matthew. Mi intuición aumentó a medida que mi premonición se hacía más pesada.

Matthew se rió entre dientes y arrojó el teléfono sobre la mesita de noche. Luego me tomó entre sus brazos y me besó en los labios.

-¡Estás pensando demasiado! No se trata de ti, sino de mi hermana Mel. Ella me está usando como tapadera para estafar a mamá por dinero.

Mel era la hermana menor de Matthew, Melanie. Había sido débil y enfermiza desde la infancia, por lo que su familia siempre la mimó y hasta mas no poder. Ella ahora se comportaba como una mocosa rica.

Melanie tenía veintitantos años, pero nunca se tomaba nada en serio. Ni siquiera iba a la universidad y sólo viajaba, comía y se divertía.

-¿Estás tratando de estafar a tu madre por dinero? ¿De dónde crees que viene su dinero? -rompí.

Matthew sonrió, se inclinó y me levantó en sus brazos. Luego mordisqueó el lóbulo de mi oreja mientras se acercaba al baño.

-Sí, sí, es todo tu dinero. Eso es lo que sucede cuando me caso con una mujer increíble y comprensiva como tú.

Aprecié sus palabras.

A lo largo de los años, nunca había sido tacaña con su familia porque creía que una familia armoniosa conducía al éxito en todos los esfuerzos. También creía en tratar a los demás con la misma amabilidad que recibía.

Nuestra segunda ronda en la ducha eliminó mis dudas y quejas. Me hizo feliz y contenta estar en los brazos de Matthew.

Esa noche, volví a mencionar la compra de una mansión en un buen distrito escolar, lo cual se había convertido en un asunto apremiante para mí. Porque realmente no me gustaba conducir tanto para llegar a la escuela ya que por nuestra ubicación que estaba casi alas afueras de la ciudad no tenía buenas escuelas cerca. Matthew siempre decía que no había prisa.

Quería encontrar la mejor ubicación en otra ciudad en rápido desarrollo para que no tuviéramos que seguir moviéndonos.

Esta vez, no discutió cuando volví a mencionar el tema. En cambio, me dio unas palmaditas en el hombro, me besó en la frente.

-Está bien, buscaré un lugar adecuado para que lo veas y luego podrás decidir.

Su respuesta me agradó y me quedé dormida dulcemente, soñando despierta con mi nueva mansión.

Al día siguiente apenas tenía fuerza para levantarme de reojo vi a Matthew ya vestido intente levantarme, pero el me detuvo, sentándose a lado de cama.

-Cariño, puedes seguir durmiendo, me encargare de llevar a nuestra hija -dijo amorosamente y beso mi frente-. Tengo una reunión importante a las nueve de la mañana o si no regresaría casa para acurrucarme con mi adorable esposa después de dejar a Ava en clases.

-Te amo -murmure soñolienta.

-Yo más cariño -dijo antes de abrigarme con las sábanas y marchase no sin antes de darme el ultimo beso.

Matthew siempre fue considerado con cada detalle y no me dejó nada de qué quejarme. Me había mimado tanto que me acostumbré. Era el marido ideal, ¿Cómo no podía sentirme afortunada?

Cuando desperté era pasado del medio día. Miré la ropa que se había cambiado y comenze arreglarla ya que la ropa estaba esparcida en el piso por lo que había pasado la noche anterior. Revisé los bolsillos antes de bajarlos para enviarlos a la tintorería. Aun así, no esperaba encontrar algo en uno de los bolsillos.

Me sentí conmocionada y horrorizada por lo que sostenía. Era un condón empaquetado.

Capítulo 3

Me sentí conmocionada y horrorizada por lo que sostenía. Proporcionó evidencia innegable de todas mis dudas y preocupaciones.

Mis manos temblaron, todo tipo de pensamientos invadieron mi mente uno peor que otro. ¿!Que diablos¡? No había razón para que utilizaron condones, es más, jamás me gusto ya que me producía infecciones. Además, estaba tomando pastillas desde que nació Ava Lucia.

No había escusas, aunque en el fondo deseaba tener solo una justificación, aunque todo estaba apuntando a una sola cosa.

¿¡Me estaba siendo infiel!? No, era imposible, me negaba a aceptar este hecho. Matthew, jamás me haría algo así, no después de todo lo que habíamos pasado juntos y de lo que había hecho por él. Le di todo de mí, incluso me había revelado antes mis padres por casarse con él.

Ellos estuvieron reacio a aceptar mi relación con Matthew por nuestras diferencias sociales, además de que tambien habían arreglado un matrimonio para mí, pero jamás, jamás, lo apcete. No estaba dispuesta a casarme con alguien solo por un trato comercial que beneficiara a nuestra familia. Sabia que papá queria asegurarse de que los negocios quedaran en buenas manos de un yerno honorable que pudiera ayudarme con todo el peso de trabajó porque no confiaba en que una mujer podría lidiar con todo.

Sin embargo, antes de mis padres firmaran un acuerdo en que me comprometía ante mi voluntad a casarme, con un tipo al cual no conocía y no sabía nada de él, sufrieron un accidente automovilístico que les quito la vida. Fue entonces que un mes después yo y Matthew nos casamos, aunque no fue una boda de ensueño aun así me sentía muy feliz de haberme casado con el hombre que amaba, sabiendo aun que mis padres jamás habrían aceptado tal unión si hubieran estado vivos.

Y ahora mientras miraba ese asqueroso objeto en mi mano, mi corazón sangraba, tenia mucho miedo que Matthew realmente me estuviera engañando.

Pero de nuevo necesitaba darme una respuesta clara y definitiva, no podía estar sacando conclusiones. Una vez que controlé mis emociones, apreté los puños y me dije a mí misma que no debía hacerme ideas. Después de respirar profundamente, me lavé y tomé uno de los autos del garaje y conduje hasta el edificio de la empresa.

Era la primera vez que venía a Atlantis Corporation después de casi tres años. Si, no había venido aquí porque jamás vi la necesidad de venir.

Cuando entré al edificio, fruncí el ceño al ver a la joven y atractiva recepcionista. Su rostro me era desconocido y me pregunte que había pasado con la antigua recepcionista, Matthew nunca me ha dicha nada sobre esto. ¿Desde cuando había cambiado de personal? ¿Y porque no se me había informado de esto?

-Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?

-Quiero ver a Matthew Campoy -fui directo al grano, ella me miró rápidamente.

-Lo siento, señora. El señor Campoy no está. Salió con su esposa -dijo con una sonrisa.

Mi cabeza zumbó cuando escuché eso. Aunque me había preparado mentalmente para ello, su respuesta todavía me sorprendió. Apreté con más fuerza mi bolso, pero mi voz se volvió algo aguda a pesar de mis esfuerzos por controlar mis emociones.

-¿Qué dijiste? ¿Estás segura?

Ella me miró perpleja. -Bueno, sí. Usted preguntó por el Sr. Matthew Campoy, Ceo de Atlantis Corporation, ¿verdad? Se fue temprano esta mañana con su esposa.

Su certeza envió escalofríos por mi espalda. Me sentí tentada a preguntar quién era la esposa de Matthew. Si otra mujer era su esposa, ¿quién diablos era yo?

Sin embargo, me contuve y apreté los dientes. Luego di media vuelta y salí. Quería irme con dignidad y esperaba que la recepcionista se hubiera equivocado.

Matthew había dicho que tenía una reunión importante.

Una vez que había llegado frente a mi auto, llamé a Carlos era uno de los ejecutivos de alto rango de Atlantis Corporation, por lo que sabría si había una reunión. Me temblaban las manos, pero me calmé.

-Hola Carlos, ¿Matthew terminó su reunión? -dije casualmente, controlando mis emociones.

-¿Reunión? Hoy no hay reunión, señora Campoy. El señor está fuera -dijo un poco desconcertado.

El celular se resbalo de mis manos rompiéndose en mil pedazos en la vereda de la carretera, mis piernas flaquerón y alcance a apoyarme en el auto, con mis manos temblorosa busque las llaves en mi bolsa e ingrese al coche con mi corazón martillando en mi pecho como si hubiera corrido un maratón.

No lo pude contener más, las lágrimas fluyeron de mis ojos como una cascada.

Era como si toda mi energía se hubiera disipado, dejándome exhausta. Todo parecía derrumbarse frente mis ojos y no podía hacer absolutamente nada para controlarlo.

Desfiló descaradamente por el edificio con otra mujer, haciendo que todos creyeran que la otra mujer era su esposa. Esa mujer podía entrar y salir libremente, ingresar a la empresa que mis abuelos y padres habían construido con todos sus esfuerzos durante toda su vida. Disfrutar de privilegios que deberían haber sido míos.

Reí como una loca, mientras las lágrimas rodaban por mis mejillas.

No podía creer lo idiota que había sido, las palabras de ayer de mi mejor amiga vinieron a mi mente y esta vez me golpearon aun mas fuertes. No pude evitar repróchame a mi misma por lo que estaba pasando, ¿por qué diablos he sido tan tonta? ¿Cómo no me di cuenta antes? Estaba tan enredada en su dulce red de mentiras que jamás dude de él.

Golpe el volante del coche, sacando todo mi frustración e ira, antes de arrancar y conducir a casa. Solo quería ir y sacarlo donde estuviera y gritarle ¿Por qué coño se atrevió a hacerme esto a mí? ¿Acaso no fue suficiente todo lo que di? Mi juventud, mi vida, ¿no era suficiente para él? Pero ¿Había siquiera necesidad de preguntar? Incluso si lo hiciera, simplemente me mentiría una y otra vez. Ya no sabía cómo confiar en nada de lo que diría.

No.

No.

No.

Esto no se podía quedar así, descubriré quién era realmente esa "Sra. Campoy".

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