Portada de la novela Atrapada por el mafioso millonario

Atrapada por el mafioso millonario

8.4 / 10.0
Lilia ha borrado de su memoria el pacto de amor que selló con Chris durante su infancia. Años más tarde, acepta casarse con Ethan Watson por voluntad de su padre, creyendo que ese es su destino. Sin embargo, en plena boda, Chris irrumpe como un peligroso jefe de la mafia para secuestrarla y exigir que cumpla su antigua promesa. En medio del cautiverio, Lilia descubre que la pasión por su raptor es más intensa que su afecto por Ethan. ¿Se entregará al deseo?
Resumen de Atrapada por el mafioso millonario
Lilia ha borrado de su memoria el pacto de amor que selló con Chris durante su infancia. Años más tarde, acepta casarse con Ethan Watson por voluntad de su padre, creyendo que ese es su destino. Sin embargo, en plena boda, Chris irrumpe como un peligroso jefe de la mafia para secuestrarla y exigir que cumpla su antigua promesa. En medio del cautiverio, Lilia descubre que la pasión por su raptor es más intensa que su afecto por Ethan. ¿Se entregará al deseo?
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Atrapada por el mafioso millonario Capítulo 1

Lilia.

-¿Tengo que casarme? -cuestioné, aturdida después de haber escuchado a mi padre.

-Es importante que consigas esposo, Lilia... Recién te he cedido el puesto de CEO y necesitas a un hombre importante a tu lado para que te ayude -explicó, juntando ambas manos sobre la mesa-. Ya tienes veintinueve, ¿no tienes a nadie en mente?

Me quedé sin palabras. Aunque no era mucha sorpresa para mí, ya que él me había mencionado varias veces el hecho de que era importante casarse en nuestra familia para que nuestro cargo fuera más legítimo.

¿Por qué no cambiaban eso de una vez? Ya no estábamos en el pasado y las posibilidades de que yo tuviera éxito sin un hombre, de seguro eran mayores.

-Sabes que los hombres no han sido importantes en mi vida -Giré el rostro, cabizbaja y hundiendo las cejas-. Con suerte tuve dos novios y me duraron una semana.

-Precisamente por eso estoy haciendo un acuerdo con uno de mis más grandes aliados en el mundo de los negocios -defendió, cruzado de brazos y con una sonrisa de lado-. ¿Sabes a quién me refiero?

-Papá, con tantos socios que tienes tú... No me imagino -murmuré.

Estábamos en el comedor de nuestro hogar, esperando que mi madre nos llevara el postre que ella misma preparó. A veces le gustaba cocinarnos como pasatiempo, sin pedírselo a las sirvientas de la casa.

Me mordí el labio, indecisa.

-¿Recuerdas a Eric Watson? Lo ayudamos mucho a surgir en sus inicios -comentó, nostálgico.

Alcé una ceja.

Íbamos por mal camino desde que mencionó a los Watson.

-¿Ajá?

-Su hijo volvió del extranjero hace poco y está listo para asumir el cargo de su padre, lo único que necesita es una esposa porque en su familia sí son más estrictos con ese tema -soltó, como si nada.

Abrí los ojos de par en par.

-¿T-te refieres a Ethan? -titubeé-. ¿Planeas casarme con Ethan?

El asintió y mi mundo se cayó a pedazos. No podía creer que uno de mis viejos amigos de infancia había regresado después de doce años lejos.

Había perdido hasta la comunicación con él cuando teníamos como dieciocho años, creí que nunca lo volvería a ver.

-Así es. Tendrás que recuperar la amistad que antes tenían, porque  mañana discutiremos el tema de la boda -Sacó su celular, relajado.

-He traído el postre -Apareció mi madre por el umbral que conectaba con la cocina-. Pastel de moras, adoro prepararlo por mi cuenta.

Ella era una mujer castaña y que a pesar de su edad, todavía seguía viéndose joven porque cuidaba su piel. Sus azulados ojos brillaron al vernos, pero yo la juzgué por no decirme nada.

-Mamá, ¿tú sabías? -cuestioné, con una punzada en mi pecho.

-¿Qué cosa?

-Que me casarán con Ethan Watson.

-Oh, bueno... Tu padre quería comentártelo por su cuenta -habló, con la voz temblorosa.

Empezó a servir el pastel en los platos vacíos.

Suspiré, derrotada ante ambos.

-No le veo nada de malo, solo debes darte la oportunidad de volver a conocerlo y ya -concluyó papá.

-Es que no es fácil enamorarse de alguien que no veo desde hace años -mascullé, entre cerrando los ojos-. Además, él es menor que yo.

-Para el amor no hay edad -intervino mamá, sentándose a mi lado-. Piensa que esta es una gran oportunidad, Lilia. Tu padre me pidió matrimonio el primer día que lo conocí, ¿cómo crees que reaccioné? De mala manera, por supuesto.

-Ya me contaron esa historia... Pero yo no voy a encontrarme a un vagabundo en la calle para evitar mi compromiso y rescatarlo para proponerle matrimonio. ¿Cómo se te ocurrió hacer eso, padre? Todavía me sorprende -Alcé una ceja, consternada.

-¡Lilia! -reprochó la castaña.

-Si supieras que tu madre se hacía la dura, justo como lo estás haciendo tú ahora -se burló él, con una risita-. Cariño, solo debes darle una oportunidad. Si no estás de acuerdo, prometo cancelar el compromiso, pero no te quejes si pierdes el cargo -Me señaló con el tenedor.

No me quedaba de otra, me preparé toda la vida para ser la mejor en la empresa.

-Eso es chantaje -Arrugué los labios-. Pero bien, haré lo que pueda para enamorarme de Ethan.

Forcé la sonrisa para dejarlos satisfechos.

-Ya verás que tu corazón puede ceder ante cualquiera que te trate bien, Lilia -aconsejó mamá, comiendo un bocado de pastel.

-Uff, eso espero -dije, con sarcasmo.

-Se parece mucho a ti, ¿no crees? -murmuró papá, conspirando con ella.

-Jax, déjala en paz. Yo a su edad ya la tenía a ella y estábamos casados -me defendió.

Comí un trozo de pastel y tenía que admitir que mi madre era la mejor preparando postres. El dulce sabor me empalagaba el paladar.

Me levanté una vez que terminé para ir a mi habitación y tomar un baño después de un largo día de trabajo. Ser la nueva jefa me estaba costando, pero mi padre me preparó con los estudios necesarios para el cargo.

-Mañana iremos a casa de los Watson para cenar, ¿de acuerdo? -recordó él.

-Sí, papá. Estoy emocionada por ello -mentí, sacudiendo mi mano en saludo-. Que tengan buenas noches.

Besé la mejilla de mi madre antes de irme.

Carlota, mi sirvienta personal, estaba de pie esperándome porque ella siempre me preparaba la bañera.

-Vamos, Carlota.

-Sí, señorita. ¿Agua caliente, o agua fría?

-Caliente, como siempre -Palmeé su hombro-. Adelántate.

Ella asintió y caminó mucho más rápido para llegar antes de mí.

Estiré mis brazos. Seguía pensando en lo del compromiso, ¿por qué tenía que ser con Ethan? En el pasado, lo veía como un hermano, me costaría enamorarme de él.

¿Habrá cambiado su personalidad? ¿Sería un egocéntrico?

Negué con la cabeza.

Llegué a mi habitación y al cerrar la puerta, una foto que tenía colgada en la pared se cayó al suelo, rompiéndose el cristal.

-¡¿Señorita?! -Carlota salió del baño a toda prisa.

-Tranquila, estoy bien -La calmé-. Sigue en lo tuyo.

-Ah, vale... -Hizo una reverencia-. Pensé que que se había lastimado.

Recogí la foto, con cuidado de no cortarme con los vidrios y lo primero que vi fue a mi yo de niña, junto a dos pequeños que me acompañaban.

Seguro tenía unos nueve años en ese entonces. Éramos Ethan; un niño castaño de ojos verdes y mirada tímida, Chris; un niño rubio de ojos marrones y un aspecto enérgico y yo...

Una niña pelinegra de ojos verdes y mirada pérdida.

Chris...

¿Qué sería de su vida? Por mucho que traté de buscarlo en las redes sociales, no logré ubicarlo por su nombre. Era como si hubiera desaparecido de la faz de la tierra.

Cuando ambos teníamos diez años, él y sus padres tuvieron un accidente en donde fue el único en salir con vida... Papá me contó que tuvieron que dejarlo en un orfanato y consiguió otra familia, pero no supe más.

A mi padre le dolía el tema porque Zoe y Jayce fueron los mejores amigos para él. Siempre evitaba hablar de esa tragedia si era posible, ¿cómo estaría Chris actualmente?

-El baño está listo -La voz de Carlota me sobresaltó.

Coloqué la foto en una mesita para luego pedir que la arreglaran.

-Me iré a bañar, mientras, te encargo los vidrios que están en el suelo, si no es molestia -le indiqué.

-A su orden, señorita.

-Sabes que puedes decirme Lilia -sonreí.

Tantos años conociéndonos y siendo amigas, y me seguía tratando con formalidad.

-Perdóneme, es que me encanta decirle señorita -Se excusó, con una risita.

-De acuerdo, no te detengo más.

Fui a tomar un baño que duró una media hora por tantos pensamientos intrusivos que tenía en mi cabeza.

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