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—Disculpa, ¿tienes algún problema conmigo? —inquirió Jack, molesto porque ella ya ni siquiera lo miraba y si lo hacía era para demostrar odio y él quería entender que estaba pasando.
—¿Por qué lo preguntas? —su tono destilaba veneno.
—No sé, será porque cada vez que me miras parece que quieres matarme —ironizó— y no sé que pude haber hecho para que me mires así si no nos habíamos visto nunca antes.
—Simplemente existes, esa es la causa de que te mire así.
Y se voleó como si no estuvieran hablando de nada. ¿Acaso estaba loca? Esa no podía ser la justificación para nada. «Porque existes», pff ¿qué clase de estúpida respuesta era esa? Jack tuvo que resistir y luchar contra el impulso de rodar los ojos. Ella podía ser muy hermosa y todo lo que se quiera, pero era estúpida si pensaba que aquella podía ser una respuesta.
Jack decidió que lo mejor era no intentar hablar con ella, quien sabe, quizás se parecía a un ex o él se parecía a alguien a quien ella odiaba. Vaya suerte la suya. La primera mujer que conocía capaz de robarle la respiración con una mirada y ella parecía que quería hacerlo sufrir. Y no en un buen sentido.
Su mente, con una imaginación muy desarrollada, inmediatamente se creó un escenario en el que ellos eran los únicos participantes de un juego que implica sus cuerpos desnudos, sudorosos y ella haciéndolo sufrir de puro y crudo placer en distintas formas. Jack veía con claridad como sus cuerpos se enredaban, como esas largas y tonificadas piernas lo rodeaban acercándolo más…
Demonios, acabas de conocerla, hombre, no puedes tener esas fantasías ya, se gritó en su mente. Era verdad, apenas y sabía cómo se llamaba, no podía tener fantasías eróticas con ella, menos cuando parecía que quería matarlo. Sacudió su cabeza para alejar cualquier vestigio de su fantasía y concentrarse en el repuesto del filtro de aceite que necesitaba.
—¿Para qué modelo buscas? —preguntó ella, terminando de tirar de su cable a tierra.
—Un Chevrolet Camaro —respondió automáticamente, tratando de no mirar las curvas de su cuerpo, como se torcían llamándolo.
—Un gran auto, pero si le quieres cambiar el filtro y lo vas a comprar acá ¿por qué no lo traes para que lo hagamos nosotros? Te saldría al mismo precio.
Esa fue la primera frase relativamente agradable de su parte, aunque igualmente había sido en un tono rudo y agresivo.
—Soy el único que le pone un dedo encima a mi auto, así que compro en los mejores lugares los mejores materiales para hacer yo mismo el mejor trabajo.
Fue con ese comentario que ella lo miró sin odio en los ojos, sino que con pura intriga y hasta incredulidad. Alzando sólo su delgada y arqueada ceja derecha se veía irresistible y Jack tuvo que controlarse para no acercarse a delinear sus rasgos y luego partirle la boca en un beso que ella jamás olvidaría.
—¿No crees que estás siendo muy egocéntrico?
Él sonrió antes de contestarle. Esa incredulidad en sus bellos rasgos desaparecería en cuanto ella se diera cuenta que él no era ningún tonto e inútil.
—Crecí entre autos, reparando motores. Luego estudié ingeniería mecánica y me gradué antes de tiempo y con honores. Así que creo que tengo respaldo cuando digo que yo haría el mejor trabajo con mi coche que conozco de toda la vida.
Becca tuvo que ocultar su cara de impresión, porque definitivamente le había sorprendido con su historial. Por fin encontraba a alguien con quien se le pudiera comparar, aunque él no tenía vergüenza de hacer alarde de sus capacidades y títulos y eso no le gustaba a ella.
—Pues a tu currículum súmale ingeniería eléctrica y un magister en mecánica y obtienes mi currículum —le entregó el filtro y luego le dedicó una mirada de satisfacción al ver el asombro en esos ojos azules tan grandes e intensos, con pestañas naturalmente curvada. Becca no solía hacer alarde de sus logros y títulos, pero estaba disfrutando con cerrarle la boca a ese—; así que no te creas la gran cosa porque puede que encuentres a gente más capacitada aún y te digo, en este taller encontrarás a mucha de esa gente.
Lo dejó solo ahí, con la boca abierta, mirando como ella se alejaba. Definitivamente Rebecca era una mujer muy interesante y en ese momento decidió que no sería la última vez que la viera.
—¿Sabes? —dijo Jack alcanzándola rápidamente— Tienes razón, así que te voy a traer mi auto para que le cambies el filtro y le hagas una buena mantención. Realmente necesita la mano de un verdadero profesional y, además, me gustó este lugar y su gente.
Esto lo dijo mirándola fijamente a los ojos, lo que la puso, por primera vez en muchos años, nerviosa. Esa no era la idea, era dejarlo en vergüenza y bajarle los humos, no atraer al niñato.
Oh, maldición.