¿Lo estás diciendo en serio? exclamó Stacy sorprendida.
Nunca he hablado tan en serio antes. afirmó Ava.
¿Cuándo lo harás? preguntó Stacy.
En cuanto tenga la oportunidad. afirmó Ava.
Sí que me has sorprendido. dijo Stacy. Pensé que te acobardarías con esto de perder la virginidad, pero luces muy decida.
Lo estoy. afirmó nuevamente Ava. Y Maxi es el chico perfecto para ello.
¿Por qué lo piensas? preguntó Stacy con mucha curiosidad.
Maxi puede tener a la chica que quiera, en cuanto me tenga pasará de mi cara, y yo, sabiendo a lo que me atengo, no desarrollaré sentimientos por él. Es casi como follarse a un desconocido.
Lo que dices tiene mucho sentido. comentó Stacy. Y a la vez es tan frío, no me extraña para nada que se te ocurra algo así.
¿Qué hacen cuchicheando en una esquina? les preguntó Maxi que recién había notado su presencia allí, y se acercó para hablar con ellas.
Hablábamos del futuro. respondió Ava.
Olvida el futuro. dijo Maxi mientras colocaba un vaso lleno de cerveza en las manos de Ava. No vinimos aquí a pensar, vinimos a divertirnos.
Lo último que dijo Maxi, conmovió mucho a Ava, quien decidió, por primera vez en su vida desconectar del futuro y dejarse llevar.
Todos bebieron mucho esa tarde. La fiesta en la piscina estaba que ardía, llena de feromonas adolescentes. Ava y Stacy estaban bailando juntas, su plan era seducir a Maxi, y alejar a los otros chicos que quisiesen acercarse a ellas.
Por su parte Maxi estaba desquiciado. Cada vez que veía a Ava su deseo por ella se hacía más intenso, y más difícil de controlar. Ella lo sabía, y disfrutaba con eso. Lo buscaba con la mirada, y mordía uno de sus labios, esos sexys y carnosos labios que el chico se moría por probar.
Hoy es el mejor día de mi vida. le dijo Stacy a Ava mientras bailaban juntas. Amo estar aquí contigo, ser libre y sentir que por fin te liberas. No quiero que el día de hoy acabe nunca.
Lo mismo me pasa. respondió Ava y la besó en la mejilla para luego seguir saltando y decirle que la amaba y que era su mejor amiga en el mundo.
Maxi vio desde lejos el beso de las chicas, y pensó que había sido en los labios:
Esta es mi oportunidad. pensó. Dentro de poco estará muy borracha y no podremos hacer nada.
Luego tomó un gran sorbo de su cerveza, caminó hasta ellas, tomó de la mano a Ava y le plantó un beso en los labios. Ella, aunque no lo esperaba, decidió seguirlo. Estaba tan mareada como para no importarle que la vieran besándolo en público, pero no tanto como hacer una escena. Asi que en cuanto sintió que Maxi movía sus manos a segunda base, detuvo el beso y le pidió que la acompañara a su cuarto.
Maxi al momento accedió. Corrieron como chiquillos que estaban a punto de hacer una maldad, tomados de la mano y sonriendo cada vez que sus ojos se encontraban.
Ya llegamos. dijo ella mientras abría la puerta de su habitación.
Maxi la levantó del suelo y la cargó hasta la cama. Luego la acostó y se subió sobre ella.
¿En serio quieres hacerlo? le preguntó Maxi.
Si quiero. respondió ella. Y justo cuando Maxi se disponía a hacerla suya en esa posición le dijo: ¡Pero así no!
Se lo quitó de encima, y tomó el control de la situación. Maxi estaba anonadado y más cachondo que nunca por lo que estaba ocurriendo.
¿Sabes lo que estas a punto de hacer? le preguntó mientras ella le bajaba los pantalones.
Es mi primera vez. respondió la chica. Será como yo quiera.
Dicho esto, se sentó encima de él y comenzó a besarlo. Desde su posición, Maxi jugaba con los senos de la chica, y la acariciaba de vez en cuando, cada vez más deseoso de hacerla suya.
¡Tócame! demandó Maxi.
Ava extendió su mano para hacerlo, pero algo la detuvo.
–¿Qué ocurre? le preguntó él.
–No creo poder seguir con esto, lo siento. le dijo Ava mientras se detenía y se sentaba en la cama.
Pero, ¿Por qué? insistió él. ¿Acaso, hice algo mal?
No es tu culpa. respondió ella. Creí que estaba lista, pero, realmente, no lo estoy.
–Como quieras. le dijo el chico sentándose a su lado. Puedo esperar.
¿Esperar? le preguntó Ava sorprendida. ¿En serio esperarías por mí?
He esperado por ti más de lo que imaginas, Ava Wilson. le dijo Maxi, sujetando una de sus manos. Me gustas desde hace mucho tiempo, pero siempre pensé que no tenía oportunidad contigo, así que lo mantuve en silencio. Esperé por varios años para besarte, ¿en serio crees que no esperaría por lo siguiente?
Las palabras del chico la impactaron profundamente. Jamás se le hubiese cruzado por la cabeza que un chico como Maxi pudiese sentirse atraído por ella, y mucho menos de la forma que el aclamaba hacerlo, así que, acarició con delicadeza su rostro, y le dijo:
El fin de semana apenas empieza.
–Si me das la oportunidad de acercarme a ti, te prometo que valdrá la pena. le dijo el chico tras devolverle la caricia, y besarlo en la punta de la nariz.
Ella simplemente lo miró y sonrió para luego decir:
Tenemos todo el tiempo del mundo.
Ava caminó hasta el rincón donde había caído su bikini, durante su minuto de frenesí, y se lo puso de vuelta.
¿Qué haces? preguntó Maxi.
Me visto. respondió ella. Creo que ya es hora de que volvamos a la fiesta.
Pensé que querrías quedarte un rato en la cama conmigo, ya sabes para hablar. dijo Maxi sintiéndose un poco tonto de estarle pidiendo eso a una mujer.
Si así lo prefieres, podemos quedarnos le dijo ella. Es solo que, pensé que querrías volver a la fiesta.
–Sí, mejor vamos. respondió Maxi sintiéndose algo avergonzado de todo lo que estaba ocurriendo. Luego, mientras se vestía, le preguntó:
¿Cuándo volveremos a vernos?
–Muy pronto. afirmó ella. Ahora regresemos, la noche aun es joven.
Los chicos regresaron juntos a la fiesta, y Ava se incorporó con Stacy que seguía bailando y bebiendo, justo como antes. Maxi fue con sus amigos, y desde su posición la observó bailar, y la miró como nunca antes había mirado a ninguna otra chica.
Cerca de las dos de la madrugada, Ava y Stacy no aguantaron más, y se retiraron a dormir. Estaban tan agotadas que esa noche durmieron juntas y al despertar a la mañana siguiente comentaron todo lo que había ocurrido en la fiesta.
¿Cómo te fue con Maxi? preguntó Stacy.
Muy bien. dijo Ava. Al menos, eso creo.
¿Crees que quiera repetir? preguntó otra vez Stacy.
No lo sé. respondió Ava. No tuvimos sexo.
–¡Sabía que no lo harías! exclamó Stacy.
Pude haberlo hecho. le dijo Ava. Pero, cuando estábamos a punto, sentí que aún no era el momento.
Entonces, ¿no te importa si yo lo pruebo? preguntó Stacy y se escondió bajo las sábanas.
Ava se sorprendió mucho al escuchar la petición de su amiga, pero finalmente le respondió:
Claro que no. Debiste decirme antes que te gustaba, de ser así no hubiese intentado nada con él anoche.
Pero él te buscó a ti, yo no tenía nada que hacer. Además, ahora que no logró lo que quería, seguramente te olvida en unos días, y yo tendré mi oportunidad.
Ava la miró como mira una madre a su hija que no para de meterse en problemas, y la apuró para que se vistiera y así poder bajar a desayunar algo, y luego ir a la playa a tomar el sol.
Después de todo fue bueno que escuchara a mi mamá con lo de traer más bikinis. dijo Ava a Stacy mientras colocaban las toallas en la playa para acostarse a tomar el sol. Unos segundos después, cuando ya estaban acomodadas, una pelota de vóleibol golpeó a Ava justo en la cabeza. Ella se levantó molesta, y la agarró para salir a buscar al culpable.
¡Hey!, bikini rojo, devuélveme mi pelota. le gritó un chico que venía corriendo hacia ella.
Deberías tener más cuidado. respondió ella. Los que estamos aquí vinimos a relajarnos y a tomar el sol, no a ser bombardeados por idiotas en shorts cortos.
Eso me dolió bikini rojo. dijo el chico que ya se había acercado hasta donde estaba Ava. Me hubieses roto el corazón con tu frialdad, si no fuese porque ya me lo rompiste con tu belleza.
Al escuchar esto, Ava se echó a reír, de tal modo que hasta olvidó el golpe que había recibido.
Por esta vez, te lo dejaré pasar. dijo la chica. Pero ten más cuidado la próxima.
No me lo dejes pasar. se apresuró a decir el chico. Debes cobrarme el daño que te causé. ¿Qué te parece si esta noche te invito a cenar?
No lo sé. respondió Ava. Hoy es mi última noche aquí, creo que debería pasarla con mis amigos. Además, las chicas que se acercan a desconocidos que las golpean en la cabeza y luego las invitan a cenar en la playa, suelen terminar en la parte trasera de una minivan amordazadas y masacradas.
Vamos bikini rojo. insistió el chico. Tienes la oportunidad de salir a cenar con un chico increíble, agradable y exótico, y te lo estás pensando, esperaba más de ti.
¡Di que sí bikini rojo! gritó Stacy en tono de burla.
Está bien, saldré contigo. finalmente respondió.
No sabes cuan feliz me haces bikini rojo. dijo el chico riendo. Nos vemos a las 7 pm en el Coco Bar.
¿Cómo te llamas? preguntó ella.
Idiota en shorts. gritó el chico mientras se alejaba con su pelota. ¡Ponte bien guapa para mi bikini rojo!
Ella lo observó mientras se iba, y rio con las absurdas respuestas del chico.
¿En serio vas a ir? preguntó Stacy.
Creo que sí. respondió Ava. Después de todo, el idiota en shorts es todo lo que estaba buscando este fin de semana.
Y, ¿qué pasa con Maxi? indagó Stacy.
Todo tuyo. respondió Ava y se giró para continuar con su bronceado.
Una hora antes de las 7 pm, las chicas regresaron a sus habitaciones. Stacy le dejó su vestido rojo a Ava, pues le hacía gracia que llegara vistiendo ese mismo color a la cita. También la ayudó a peinarse, y a maquillarse, y la despidió mientras salía.
Me quedaré en tu habitación un rato. dijo Stacy. Aun tengo que averiguar que haré esta noche.
Si quieres cancelo la cita, y regreso contigo. dijo Ava sintiéndose mal por abandonar a su amiga.
De ninguna manera. respondió Stacy. Sal y diviértete, yo encontraré algo que hacer, siempre lo hago.
Antes de entrar al Coco bar, Ava se quitó los zapatos, para no llenarlos de arena, y buscó por todos lados a su cita.
¿Dónde estará este idiota? pensó. Si no aparece en 5 minutos, volveré al hotel.
El chico ya había llegado, simplemente había decidido esperar en un rincón para poder verla llegar. Al verla con ese vestido que marcaba toda su silueta y resaltaba sus senos, se había quedado tan embobecido, que olvidó levantarse y saludarla. Unos segundos después, caminó hacia ella, saludándola con la mano.
Así que viniste. dijo, un poco nervioso.
Soy una mujer de palabra. respondió ella.
Suficiente entonces. dijo él. Eso es todo lo que quiero saber de ti por esta noche.
Ava no entendía las intenciones del chico, pero le intrigaba enormemente descubrir lo que planeaba.
Él ordenó una botella de tequila para llevar, y la tomó del brazo para mostrarle a donde se dirigían. Era un lugar más apartado, pero perteneciente al mismo bar. Al llegar se sentaron, y mientras él abría la botella, ella le preguntó:
¿Me vas a decir ya cómo te llamas?
Soy el idiota en shorts, ¿acaso ya lo olvidaste? respondió él.
Estoy hablando en serio. dijo ella.
¿Qué te hace pensar que yo no? preguntó el chico.
Es que, no entiendo de que vas. dijo Ava un poco molesta. ¿Por qué no me quieres decir tu nombre?
Te estoy haciendo un regalo. dijo él. Te estoy regalando la cita perfecta, con el chico perfecto, ¿qué más puedes desear?
Ava quedó de piedra al escuchar eso. No quería aceptarlo, pero el idiota en shorts tenía razón. La cita era más que perfecta, y él, él parecía un dios del Olimpo. Alto, fuerte, con tatuajes, la piel quemada por el sol y unos hermosos ojos azules que hipnotizaban. Definitivamente tenía frente a sus ojos, todo lo que siempre había deseado, y estaba a punto de perderlo por querer saber un nombre.
Está bien. dijo ella. Seguiré tu juego. Tú serás el idiota en shorts, y yo bikini rojo. Después de hoy, nunca volveremos a vernos.
Así me gusta bikini rojo. dijo el chico riendo. Hoy será la mejor noche de nuestras vidas.
Ambos hablaron por horas, de sus gustos y sueños, pero sin mencionar ningún dato específico. Era como un juego, cada vez más divertido, cada vez más intenso.
Una última pregunta. dijo el chico mientras servía los últimos dos tragos del tequila restante en la botella.
Ella se acomodó para escucharlo, intrigada y atenta.
¿Qué quieres ser cuando seas grande? dijo el chico.
Quiero ser libre. respondió ella.
Al escuchar esto, el idiota en shorts dejó caer el vaso que tenía en la mano, y se lanzó hacia ella para besarla. Ava había esperado ese beso desde el inicio de la noche, pero fue mejor de lo que jamás hubiese imaginado. Un beso llevó a otro, cada vez más caricias, cada vez más deseo. Finalmente, el chico le arrancó el vestido, y la hizo suya.
Cada gemido de la chica era como una inyección de adrenalina para él. Sus movimientos, fuertes y gentiles, la tenían al borde de la locura, tanto que ni siquiera podía hablar para avisarle de que se había corrido dos veces, en solo unos minutos.
Estoy a punto de terminar. le dijo él.
No pares aún. suplicó la chica.
El chico aguantó todo lo que pudo, pero tuvo que apresurarse para correrse sobre los senos de Ava.
Ella estaba sin fuerzas, sus piernas temblaban, y su corazón latía como si intentase huir de su pecho. Una vez recuperó la compostura, lo miró directamente a los ojos, y le dijo:
Nunca te olvidaré idiota en shorts.
Esto le causó mucha gracia al chico, que decidió cargarla en sus brazos y meterse con ella al agua. Allí jugaron por un rato, y cuando ya estaba punto de salir el sol, decidieron que era el momento de despedirse.
Me encantó conocerte bikini rojo. Sé que no me olvidarás, y puedes estar segura de que yo a ti tampoco.
Ella sonrió y bajó la mirada. Sentía pena por tener que despedirse, pero sabía que era lo más adecuado. Siempre supo que su pequeña relación tenía fecha de caducidad, y no quería arruinar el momento con sentimientos innecesarios.
Hasta nunca idiota en shorts. le dijo y se despidió de el con un beso en los labios.
Él se quedó allí, observándola mientras se iba, y desde lejos le gritó:
Gracias por ponerte tan guapa para mí, bikini rojo.
Ella lo escuchó y rio, pero continuó caminando sin voltearse. Estaba segura de que nunca conocería a alguien tan increíble como ese idiota, en toda su vida, y tenía que aprender a vivir con ello.
Al llegar a su cuarto, se encontró a Stacy dormida ahí. Tomó una ducha, y se acurrucó detrás de ella. A penas durmió, reviviendo cada segundo de lo que había ocurrido esa noche, pues no quería olvidar ningún detalle.
Cuando Stacy despertó, la llamó para que hiciera las maletas, y ni siquiera le preguntó sobre lo que había ocurrido la noche anterior. Esto le extrañó, pero estaba tan cansada, que prefirió dejarlo así por el momento.
De camino a casa, Stacy no dijo una sola palabra, y al encontrarse con Maxi, este las ignoró completamente a las dos, y siguió de largo como si no las conociera.
Emily despertó una mañana sintiendo que no pertenecía donde estaba. Abrió sus ojos y miró a su alrededor, su cuarto de siempre, su cama de siempre y su almohada de siempre, se sentían diferentes.
Observó a su novio dormir por unos segundos, acarició su rostro, y pensó en besarlo, pero no lo hizo. En lugar de eso, continuó acostada.
Sin moverse de su lugar, continuaba esforzándose por recordar su sueño de la noche anterior, el cual, la había hecho despertar bien cachonda, y quería asegurarse de recordar cada detalle, para utilizarlos más tarde.
Hizo varios giros bruscos en la cama para despertar a Tom, pero no tuvo éxito, ya que el joven era de sueño pesado. Entonces, cerró los ojos, y trató de recrear en su mente, cada escena de su sueño que pudo recordar.
Esto la hizo sentirse aún más cachonda. Miró a Tom, dormir profundamente, y dijo para sí misma: ¿Por qué no?
Deslizó su mano derecha por debajo del cobertor y apartó su ropa interior en busca de su sexo. Comenzó a acariciarlo suavemente mientras sus niveles de excitación aumentaban de forma frenética, y, con su mano derecha estrujó sus senos, tratando ahora de moverse lo menos posible, para no despertar a Tom.
Segundo tras segundo su pulso se incrementaba mientras los toques en su clítoris se volvían cada vez más intensos. Sentía que estaba a punto de correrse, pero la sensación era tan increíble que intento retrasarlo lo más que pudo.
Fue entonces, cuando cerró los ojos y comenzó a recrear los escenarios de su sueño.
Se encontraba en un lugar desconocido, rodeada por chicas desnudas, todas jóvenes y bellas, y, de pronto, una de ellas se acercó y besó sus labios.
Abrió los ojos rápidamente y paró de tocarse, necesitaba hacer una pausa para prolongar su éxtasis lo más que pudiese. Quería aprovechar cada segundo, y, de no haberse detenido, se hubiese corrido en ese instante.
La chica que la había besado, era alta y de piel tersa y pálida. Con largo cabello y labios descomunales. En solo un pestañazo, Emily se vio desnuda también. La chica la tomó por la cintura y vio como sus cuerpos se unieron, y sus senos se tocaron.
¡Rayos, juraría que pude sentirlo! exclamó, arrepintiéndose rápidamente, pues pudo haber despertado a Tom.
Volvió a cerrar los ojos, y se vio en un lugar diferente. Ella se encontraba acostada en el suelo, y la chica del cabello largo estaba sobre ella, recorriendo con su lengua cada centímetro de su cuerpo, hasta finalmente bajar hasta su clítoris.
Desde esa posición estratégica, la miró fijamente y comenzó su trabajo.
Emily sabía que no había nadie allá abajo, que solo era su mano derecha, que era ella quien se estaba proporcionando tal placer, aun así, sentía que algo era diferente.
Con esta imagen en mente, se tocó, cada vez con más fuerza, como si con cada toque, se conociese un poco más a sí misma. Apretó sus rodillas una contra la otra, sin retirar su mano derecha de donde estaba, y, finalmente se corrió, como si nunca se hubiese corrido antes.
Emily terminó su pequeño juego, sin aliento. Se quedó acostada bocarriba, con las manos hacia atrás, mientras su pulso se desaceleraba, y, unos segundos después, sintió a Tom moviéndose a su lado.
¿Llevas mucho tiempo despierta cariño? preguntó él.
Solo unos segundos. respondió ella. Se sentía un poco nerviosa de ocultarle a Tom su reciente aventura. Pensó en decírselo, pero finalmente prefirió guardar el secreto.
¿Nos levantamos ya? le preguntó el chico. Ya es un poco tarde, y hoy tengo clases a media mañana.
Sí, mejor sí. respondió Emily. Tengo muchas cosas que hacer hoy.
¿Desde cuándo ir de compras y a la peluquería cuentan como cosas por hacer? le dijo Tom riendo con picardía, lo cual no le agradó para nada a Emily.
Por cosas como esta debería engañarte también en la vida real, y no solamente en mis sueños. pensó, pero, en lugar de ello, le dijo: Muy gracioso, Tom, ¡No sabía que eras comediante! Mejor te apuras, o vas a llegar tarde a las clases.
Tienes razón. respondió el chico mientras saltaba de la cama a la ducha. ¿No quieres unirte? le dijo mientras se desnudaba.
Emily sabía que si lo acompañaba terminarían follando, pero se sentía tan satisfecha debido a su juego previo, que decidió pasar de su invitación.
Mejor me quedo acostada un rato más, a fin de cuentas, no tengo ningún motivo real para levantarme temprano. le dijo, y luego se giró hacia el otro lado de la cama.
Tom terminó de ducharse, la besó en la frente y bajó a la cocina para comer algo y luego salir para la universidad.
Una vez que Emily sintió el auto del chico encender, caminó hasta la ventana para asegurarse de que se había marchado. Corrió todas cortinas para dejar entrar la luz del sol, y se quitó la bata de dormir que ya se le hacía enorme. Caminó sin ropa por su cuarto de una punta a la otra, pensando en alta voz, sin preocuparse de que alguien la viese desnuda, después de todo, la intimidad que le proporcionaba vivir en un barrio privado le permitía hacer de las suyas sin testigos.
Emily Smith, de 20 años de edad, era la hija menor de uno de los matrimonios más exitosos de la ciudad, los Smith”, conocidos por ser magnates del petróleo, y poseer varias riquezas y propiedades en la zona, lo cual los colocaba en la cima de la pirámide social de Red Lake, un pequeño pueblo de los Estados Unidos, perteneciente al condado de Redwood.
Debido a estas facilidades, la chica nunca había tenido un verdadero motivo por el cual luchar o sentirse interesada, como es típico de las personas que siempre han tenido todo lo que desean, a su corta edad, ya Emily se sentía cansada de la vida.
Su relación con Tom, tenía antecedentes remotos. Los jóvenes se conocían desde que llegaron al mundo, porque sus padres fueron amigos desde la universidad, y las madres planearon dar a luz a la misma vez con la esperanza de que sus hijos fuesen buenos amigos. Pero desde el momento que ambos llegaron al mundo, siendo de sexos opuestos, los preparativos para condicionar una relación amorosa entre los dos comenzaron.
Tom no estaba mal. Era el típico chico perfecto que protagonizaría una película romántica. Su cabello negro y lacio caía por su cuello, destacando sus verdes ojos y su piel clara. Sus labios eran carnosos y su sonrisa perfecta, de esas que esconden un beso. Además, era atlético, inteligente, y uno de los mejores de su clase.
Sin embargo, ninguna de estas cualidades eran la razón de que Emily aun sostuviese una relación con él.
¿Por qué seguimos juntos? se preguntaba cada mañana al verlo partir.
Pero la realidad, es que ni siquiera ella lo sabía. Tom era la persona más presente en su vida, no solo lo conocía desde que nació, si no que era con el que más tiempo había pasado, ya que sus padres nunca estaban en casa, y sus hermanas mayores no le prestaban ninguna atención.
Si no hiciera chistes tan malos, si no se encargara de recordarme siempre que es más listo y que tiene más amigos que yo, quizás lo amaría. pensaba de vez en cuando, mientras buscaba una razón para seguir a su lado.
Sinceramente, ni ella misma sabía cómo una persona que aparentemente lo tenía todo, podía estar tan vacía y sentir que tenía tan poco.
Entre pensamientos y pensamientos se iban sus días, en las mañanas pensaba, y en las tardes salía de compras para olvidar todo lo que guardaba su mente.
Anhelaba más que nada en el mundo, tener alguien en quien pudiese confiar, pero solo tenía a Tom, a quien había intentado decirle antes cuan sola, vacía y aburrida de la vida se sentía, pero cada vez que estaba a punto de contarle, algo la detenía.