—¿Te acuerdas ahora? — preguntó Mark
Rachel negó con la cabeza.
—Estamos casados. —soltó el hombre—, si, si. Yo también estoy sorprendido, pero es todo legal. No te preocupes.
—¿Que no me preocupe? —chilló Rachel—. ¿Estás demente? ¡Es algo de que preocuparse! ¿Como es que nos casamos?
—Yo que sé, pero asi son las cosas.
—Pero no tengo dinero ni trabajo, no...— Rachel hiperventiló
—Pero yo tengo todo eso y de sobra.
—¡A mi qué me importa!
¿Como puede ser?
—¿Crees que yo también debería estar enojado? —Dijo el hombre arqueando una ceja—. Al parecer tu madrastra tenía pensado casarte con ese viejo decrépito de anoche pero terminaste casándote conmigo. Reconoce que eso fue una mejoría.
—¿Qué?
—Te salvé
—Lo que tú digas, Mark —dijo Rachel y estaba enojada. Revisó en su cartera y sacó un teléfono celular y quiso pedir ayuda. Marcó el número y escuchó el tono de llamada. Pero...
……
En la mansión.
Los ojos enojados de Robert Barrington se fijaron en su madre quien tenía el teléfono celular en la mano.
—¡Mamá, devuélveme mi teléfono celular!
—Es la perra de Rachel, ¿no? ¿Por qué quieres contestar su llamada? —dijo su madre con desdén—.¿Olvidas cómo murió tu padre?
Robert calló y frunció los labios.
....
Rachel volvió a marcar el número y esperó y no recibió respuesta.
—¿Intentas llamar a emergencias? —inquirió Mark Ross.
—Quizá —mintió Rachel.
—Mientras estés casada conmigo no te hará falta llamar a emergencias. —Dijo Mark y sonrió.
—¿Porqué quieres seguir casado conmigo? ¿Cuáles son tus intenciones? Oye, apenas nos conocemos,.mejor dicho, ni siquiera nos conocemos, ¿Como es que podemos estar casados? ¿Y porqué quieres estar casado con una desconocida? Entonces dime, de verdad ¿Cuales son tu intenciones?
—Muy simple, ¡Soy un hombre responsable! — dijo Mark Ross a la ligera.
—¿Es realmente así? — Rachel no se consideraba tan estúpida — ¿De verdad lo tomas así a la ligera?
Mark Ross se encogió de hombros.
Rachel cerró los ojos y suspiró y recordó al viejo decrépito. Y si, este Mark Ross era una mejoría.
Mark Ross pasó por su lado y desbloqueó la puerta para dejarla salir.
—Te dejaré que lo pienses un par de horas o dias, pero antes que te vayas, esposa mia. Debes saber que tu padre fue puesto en libertad bajo fianza.
—¿Eh?
—Despues hablamos, esposa mia.
Rachel chasqueó la lengua y salió. Si, quería irse de allí lo más pronto posible. Como ella no tenía dinero en ese momento no le quedó más remedio que irse caminando a casa.
Iba caminando por la acera y no se dio cuenta de que había un automóvil que conducía lentamente y la seguía no muy lejos.
Hasta que llegó a su casa, se encontró con su hermana
—¿Que te pasó, Rachel? ¿Dónde has estado? ¡No sabes lo que le pasó a nuestro padre! ¡Pero por la ayuda de mi amigo, está libre pero no podemos verlo por ahora!
Rachel miró a su hermana y con voz fría dijo:
—¿Dónde he estado? ¿No lo saben tú y tu madre?
—Relájate, Rachel. —dijo Mónica—. No seas tan dramática y solo dime dónde has estado.
Rachel la abofeteó y miró como la mejilla de Mónica se enrojecía.
—¿Dramática? ¡Amanecí en la cama de un hombre! ¡Y casi fui violentada por un anciano! ¿Cómo de dramática no debo estar?
—¿Qué te sucede? —Mónica no salía de su asombro. O era por la bofetada o era por lo que dijo Rachel—. ¿No sé de qué estás hablando?
—Si, claro. —dijo Rachel frunciendo el ceño—. No sabes de que estas hablando. ¿Dónde está tu madre?
—¡No lo se!
—Esas cosas sucias que tu y tu madre me hicieron.
—No sé de qué estás hablando.
Rachel le dio otra bofetada en la otra mejilla y miró como se enrojecía.
—¡Me estás haciendo molestar! —Mónica chilló—. ¡No sé dónde está mamá! ¡Supongo que debe estar con nuestro padre! ¡Yo que sé! —recibió otra bofetada—. ¡Deja de bofetearme! ¿Qué fue lo que te hicimos?
—¿No escuchaste lo que te dije o tengo que volver a abofetearte hasta que lo entiendas?
—¿Qué quieres decir? —preguntó Mónica— ¿Qué te vendimos a un viejo?
—¡Pues si no es eso entonces es algo parecido!
—¿Qué es lo que quieres hacer? ¿Abofetearme hasta sacarme información que desconozco?
—Al menos dime donde está tu madre.
—En el edificio Garden Rose —dijo Mónica frotándose las mejillas, sus ojos se humedecieron—. Creo.
—Iras conmigo y confrontaremos a tu madre para que me digan la verdad.
—¡No! —Mónica abrió los ojos y gota de lagrima se deslizó por su mejilla.
—¿Qué? ¿Tienes miedo que sepa que tuviste algo que ver?
—No. No es eso. —Mónica desvió la mirada—. Allí de seguro estará Robert y él no me cae bien.
—¿Por qué un chico de quince años no te caería bien?
—Porque es un baboso y ya está.
Rachel la tomó del brazo y jaló de ella
—Iremos con tu madre y punto.
Salieron a la calle y Mónica estaba reticente, ella no quería ver a su madre y mucho menos a su hermanastro Robert y pataleó hasta recibió una cuarta bofetada que la hizo entender. Mónica, para ser una mujer de veinte años, se comportaba muy infantil. Robert no le caía bien y mucho menos le gusta que le llamara madre a su madre. Si, tanto Robert como Rachel eran hijos de otra madre, pero Robert fue adoptado a los diez años, y el padre de Rachel se casó con su madre cuando Rachel tenía unos trece años. Y Mónica era cuatro años menor que Rachel y bien que preferiría ser hija única. Pero su madre era una mujer dominante, como la aristócrata que era.
Tomaron un taxi y Rachel le dio las indicaciones al taxista, y ambas hermanas se sentaron en silencio en el resto del viaje hasta llegar al Garden Rose, un hotel de lujo para empresarios de buen nivel. Rachel le pagó al taxista y le dejó que se quedara con el cambio porque el tiempo era apremiante para ella y entonces entraron al Garden Rose y Mónica le enseñó su tarjeta de identificación al encargado del vestíbulo para que las dejaran entrar.