El hombre frente a Dorothy era alguien de quien ella había estado profundamente enamorada durante diez años. Ella lo entendía mejor que nadie, y de ningún modo era tan narcisista como para pensar que él había aparecido en el hospital porque se preocupaba por ella.
Sin embargo, Dorothy pensó en el niño en su vientre y se llenó de valor; aceleró el paso, lo tomó del brazo y le preguntó expectante:
"Credence, ¿ya lo sabes?". ¿Sabía que estaba embarazada?
"¿Quieres decir que si sé que estás embarazada del hijo de otro hombre?". La voz de Credence no tenía ninguna calidez; además, colocó su palma sobre el delgado brazo de Dorothy y lo sujetó con la fuerza de unas tenazas.
Dorothy fue tomada con la guardia baja, sentía un dolor sordo que irradiaba desde el lugar donde le agarraban el brazo. Ese dolor hizo palidecer su rostro como una sábana, y le arrancó un grito ahogado; pero el dolor físico no se podía comparar con el dolor que sentía por las brutales palabras de Credence.
Se tambaleó y luchó por mantenerse firme, con los puños apretados a ambos lados de su cuerpo. Había una mirada obstinada en su rostro cuando, con desesperación, dijo:
"Credence, hemos estado casados durante cuatro años. Incluso si no me amas y me tratas con abuso emocional, todo lo he soportado. Solo puedo culparme a mí misma por enamorarme de ti. ¿Pero cómo puedes hacer esos comentarios sobre nuestro hijo? Dime de nuevo... ¿Qué quieres decir?".
Los delgados labios de Credence se curvaron en una sonrisa burlona. Con ojos llenos de amarga frialdad, lanzó a la cara de Dorothy un informe de prueba de paternidad que tenía en sus manos, y dijo: "¡La prueba está ahí! Deja de actuar inocente. ¡Dorothy Fisher, realmente mereces morir!".
El delgado papel cortó la frente de Dorothy y le dejó una llamativa marca roja de sangre. En realidad, Credence parecía odiarla hasta la médula.
Ella ignoró la herida en su rostro y tomó el informe de la prueba de paternidad con manos temblorosas; en cuanto vio la conclusión del informe, se quedó estupefacta.
El informe mostraba que Credence no era el padre del niño. ¡Era absurdo! ¿Cómo era eso posible? Además de Credence, no había tenido relaciones sexuales con ningún otro hombre. ¿Cómo podría el niño no ser suyo? Dorothy miró asombrada la conclusión del informe.
"Empaca tus cosas. Debemos divorciarnos", anunció Credence con crueldad antes de que ella pudiera recuperarse de la conmoción.
La palabra "divorcio" atravesó por completo el corazón de Dorothy y le causó una dolorosa sensación de aplastamiento en el centro de su pecho.
"¿No me crees?", preguntó ella.
Trataba de convencerse a sí misma de que Credence solo bromeaba; sin embargo, la falta de emoción en sus ojos y la fría expresión en su rostro le recordaron, una vez más, que él hablaba en serio. Estaba desesperado por trazar una línea clara entre ellos; sin duda, se iba a divorciar de ella y no quería posponerlo más.
"Credence, le prometiste a papá. ¡Prometiste que me cuidarías por el resto de mi vida y que yo siempre sería la Sra. Scott! ¿Podemos...? ¿podemos no divorciarnos?", dijo con voz casi inaudible, ahogada por la emoción, mientras sus hombros temblaban. "Entiendo que me odies. ¿Pero también odias al niño en mi vientre? Créeme, el niño es tuyo...". Su voz llena de desesperación y desesperanza.
Credence la miró como si acabara de escuchar la broma más ridícula de la historia, dejó escapar una risa glacial y con indiferencia sostuvo: "¡Te creeré si te deshaces del niño!".
"¡De ninguna manera! Debo quedarme con el niño. Además, no quiero divorciarme. ¡Este informe está equivocado! Credence, este niño... este niño es realmente tuyo. Por favor, confía en mí".
En ese momento, no había calidez en el apuesto rostro de Credence. Encendió un cigarrillo entre los dedos y, rodeado por el humo, la miró impasible con un rostro burlesco.
"Credence, eres mi único hombre en mis últimos veintisiete años. También eres el único hombre con el que me he acostado. ¿Podemos... hacer otra prueba de paternidad?". Dorothy hizo unas cuantas respiraciones profundas y de a poco se calmó. "Si resulta que realmente no eres el padre del niño, ¡estoy dispuesta a divorciarme!"
El tono decisivo de Dorothy tomó a Credence con la guardia baja. Incluso le dio un vuelco el corazón y apretó los labios; pero justo cuando estaba a punto de hablar, se escuchó una voz dulce y suave detrás de él.
"Credence, ¿estás aquí para verme? Acabo de ver al médico. Dijo que necesito cuidar bien mi salud durante unos meses. Después de que te divorcies de Dorothy, pronto tendremos nuestro propio bebé".
Cuando Dorothy escuchó esto, su tristeza y su ira fueron reemplazadas por conmoción. Su mirada se posó en la hermosa mujer que caminaba lento hacia Credence. ¡La mujer era Rosalie Fisher! Dorothy pudo reconocerla de un vistazo.
Veintiséis años atrás, el padre de Dorothy, Caleb Fisher, y su madre, Linda Arnold, habían adoptado a Dorothy de un orfanato, pues consideraban no tener otra opción después de mucho tiempo de casados sin poder concebir. Cuando Dorothy tenía cuatro años, Linda quedó embarazada de milagro y dio a luz a una hija, Rosalie...
Desde el nacimiento de Rosalie, Caleb y Linda prestaron menos atención a Dorothy. Lo que es peor, el día de la boda de Dorothy y Credence, Rosalie fue la que estuvo parada junto a Credence todo el día, con una dulce sonrisa en su rostro.
Rosalie lucía un vestido precioso. Además, su maquillaje se veía delicado. Un dulce aroma le hizo cosquillas en la nariz a Dorothy cuando se acercó. De cara a Rosalie, el tenso rostro de Credence se suavizó un poco; pero cuando se volvió para mirar a Dorothy, su expresión volvió a ser indiferente.
"Sabes muy bien que nunca has sido la mujer que amo. ¡Así que es hora de que cedas el paso a los demás!". El tono de Credence era como una bala disparada a través del pecho de Dorothy y le hacía sangrar el corazón.
A pesar de tener plena consciencia de que él la odiaba hasta la médula, todavía se aferraba a la esperanza de que las cosas fueran diferentes una vez que tuvieran un hijo.
Dorothy se mordió los pálidos labios y trató de contener las lágrimas, mientras observaba impotente como Rosalie se acercaba a Credence y le tomaba el brazo de modo íntimo: que Credence fuera su marido legítimo, no les impedía actuar con audacia.
Dorothy sintió como si su corazón se hubiera hundido en un pozo sin fondo. Se quedó con la vista fija en su hermana, que solo lo era de nombre.
El primer pensamiento que le vino a la mente fue que Credence la abandonaría una vez que Rosalie estuviera lista para concebir a su hijo. Ese pensamiento drenó todo el color de su rostro. La desesperación que sentía no podía describirse con palabras.
Rosalie ni siquiera se molestó en ocultar la burla en su rostro. Cuando Dorothy vio esto, ya no pudo contener más su ira. Corrió hacia Rosalie y le gritó: "¡Has cruzado la línea, Rosalie! ¿Eres tan desvergonzada como para enredarte con tu cuñado? Incluso si no te preocupas por mí, ¿no has considerado la reputación de las familias Fisher y Scott?".
Dorothy señalaba a Rosalie con furia y parecía haber hecho su mejor esfuerzo. "Credence, ¿crees que la mujer en tus brazos es un conejito inocente que necesita tu protección? ¡No seas tonto! ¿Sabes por qué tu padre cayó de repente del balcón de un tercer piso y entró en estado vegetativo? Deberías preguntarle a Rosalie, ella lo sabe bien".