Capítulo 2

La tarde había comenzado a desvanecerse lentamente, tiñendo la ciudad con un tono rojizo mientras los sonidos de la metrópoli se colaban por las ventanas del lujoso departamento. Valentina, aún envuelta en la sábana, permanecía contemplando el horizonte, sin apresurarse. El aire cálido se entrelazaba con la brisa fresca de la tarde, creando una atmósfera cargada de tensiones y promesas implícitas. Nicolás, de pie detrás de ella, no apartaba la mirada. Cada segundo que pasaba, el enigma de Valentina se le clavaba más hondo, como si estuviera descifrando un código que, hasta ese momento, le había sido ajeno.

El sol se reflejaba en los cristales, lanzando destellos sobre los muebles sobrios y elegantes. El departamento de Nicolás tenía la apariencia de un santuario donde la perfección estaba en cada rincón. Pero dentro de esa perfección, algo no encajaba. Algo entre ellos, algo que se sentía como una pieza fuera de lugar, un susurro de algo más grande y peligroso que se estaba cociendo sin que pudieran evitarlo.

Valentina rompió el silencio al dar una calada profunda al cigarro. La pluma del humo serpenteaba en el aire, dibujando círculos invisibles antes de disiparse en el ambiente. Se giró lentamente hacia él, sus ojos chisporroteando de desdén y curiosidad.

-¿Tienes idea de lo que me estás pidiendo? -su voz era suave, pero llena de un filo que cortaba cualquier intento de suavizar la propuesta.

Nicolás no vaciló. Se adelantó un paso, acercándose más, y por un instante, Valentina sintió la misma presión que una tormenta antes de estallar. Sus ojos grises se clavaron en los de ella, como si quisiera leer su alma, como si quisiera forzarla a ver más allá de su fachada indestructible.

-Sé exactamente lo que te estoy pidiendo. -La voz de Nicolás fue aún más grave, más firme. -Un contrato. Un compromiso temporal. Nada más. Pero suficiente para salvarme.

Valentina lo miró fijamente, observando sus labios tensos, su mandíbula apretada. Se sentó en la cama, cruzando las piernas con elegancia, sin apartar la vista de él. Los segundos parecieron estirarse infinitamente antes de que hablara de nuevo.

-¿Y qué pasa después, Santamaría? ¿Después de que tu abuelo se haya ido, qué? ¿Me devolverás a mi vida de siempre? ¿O, tal vez, vendrás a buscarme nuevamente cuando necesites alguien que se ajuste a tus necesidades? ¿Cuántas otras mujeres en tu vida son "como yo", que podrían formar parte de tus contratos? -preguntó con una mezcla de cinismo y curiosidad.

El rostro de Nicolás se endureció un poco, pero no dejó que sus emociones lo traicionaran. Era un hombre acostumbrado a que su voluntad se cumpliera sin cuestionamientos. Sin embargo, algo en la mirada de Valentina lo desconcertaba. Había algo en ella que lo desarmaba. Algo que no podía controlar ni siquiera con todo su dinero ni su poder.

-Este trato no es como otros. No busco a otra mujer para reemplazarte. -La respuesta fue tajante, casi desafiante. Sus ojos destilaban una sinceridad que sorprendió a Valentina. -Solo busco cumplir una promesa. No tengo tiempo para complicaciones.

Ella se quedó en silencio un momento, observando cómo las luces de la ciudad comenzaban a brillar con fuerza en el horizonte, la oscuridad acechando ya la vastedad del espacio. La idea de entrar en ese juego con Nicolás Santamaría no le desagradaba. Había algo atractivo en la idea de jugar en las grandes ligas, de formar parte de ese mundo de secretos y dinero que siempre había estado un paso atrás, observando. No era la primera vez que veía una oportunidad así, pero tal vez nunca había estado tan cerca de un hombre como Nicolás.

-Entonces, ¿qué tengo que hacer? -preguntó finalmente, rompiendo el silencio.

Él se acercó más, ahora tan cerca que podía percibir el aroma suave y seductor de su piel. Su respiración se hizo más profunda, aunque trataba de mantener el control, como siempre.

-Solo firmar un papel. Y actuar como mi esposa en público. -La frialdad de sus palabras no correspondía con la cercanía de su cuerpo. -Eso es todo. Nada de sentimentalismos, ni de complicaciones. Solo una formalidad.

Valentina lo miró fijamente, y por un momento, el tiempo se detuvo. Su respiración se entrecortó ligeramente mientras analizaba la propuesta. ¿De verdad podía aceptar? ¿Podía poner su vida en pausa por un par de meses y tomar el dinero de un hombre que ya la veía como una transacción? ¿Qué sería de ella después de todo esto? ¿Qué pasaría cuando se deshiciera de la fachada de matrimonio y tuviera que volver a ser la mujer que antes era?

Pero en el fondo, en ese rincón oscuro de su alma, Valentina sabía que aceptaría. La posibilidad de no tener que preocuparse por dinero durante el resto de su vida era demasiado tentadora. Y si algo había aprendido en su vida, era que las reglas del juego estaban hechas para romperse. Ella no era una mujer común, y Nicolás no era un hombre común. Los dos se movían en la misma esfera de complejidad, de misterios y tentaciones que solo los más audaces podían tocar sin quemarse.

-Está bien. -La respuesta salió de sus labios con una seguridad que sorprendió incluso a Valentina. -Acepto el trato.

Nicolás no mostró ninguna emoción en su rostro, pero sus ojos brillaron de una manera casi imperceptible, como si un peso se hubiera levantado de sus hombros.

-Sabía que no me decepcionarías, Valentina. -Su voz era suave, pero con un dejo de satisfacción. -A partir de ahora, eres mi esposa.

A pesar de la frialdad de sus palabras, algo pasó en ese instante, algo que ninguno de los dos estaba preparado para enfrentar. A medida que Valentina aceptaba esa propuesta con una sonrisa en los labios, ambos sabían que estaban firmando un pacto que los cambiaría para siempre.

No importaba lo que pasara al final, ni el destino que les esperaba. Lo que estaba claro era que se habían adentrado en un juego peligroso, uno que no se jugaba con cartas, sino con corazones, deseos y secretos. Y ninguno de los dos estaba dispuesto a retroceder.

Lo que comenzó como una simple transacción de conveniencia se transformaría en algo mucho más oscuro, más apasionado. Pero aún no sabían que lo peor, o tal vez lo mejor, estaba por llegar.

Capítulo 3

La luz de la tarde se había desvanecido por completo, dejando paso a la oscuridad de la noche que se filtraba suavemente a través de las ventanas del departamento. Nicolás y Valentina estaban sentados en el sofá, la tensión entre ellos palpable. A pesar de haber llegado a un acuerdo, había algo en el aire que no terminaba de despejarse. Ambos sabían que el trato que habían sellado era más complejo de lo que parecía a simple vista. Las palabras, aunque sencillas, escondían promesas, deseos y, sobre todo, límites que aún no se habían discutido.

Valentina rompió el silencio con una pregunta que había estado rondando su mente desde que Nicolás había mencionado el matrimonio. Se giró hacia él con una mirada afilada, la misma que le había servido para conseguir lo que quería en los negocios y en la vida.

-¿Este trato incluye también dormir juntos? -preguntó con la calma de quien ya sabe la respuesta, pero aún quiere escuchar las palabras salir de la boca de su interlocutor.

Nicolás la miró sin parpadear. La pregunta era directa, más directa de lo que esperaba, pero no la sorprendió. Sabía que Valentina no era una mujer que se anduviera con rodeos. Sin embargo, la seriedad en su mirada denotaba que estaba dispuesto a hacerle frente a cualquier cosa, aunque no pudiera predecir cómo respondería.

-Sí. -La respuesta fue clara y sin vacilaciones. -Ese es el acuerdo. Si vamos a fingir ser marido y mujer, entonces no hay espacio para la duda. Dormir juntos, compartir el mismo lecho. Todo lo que conlleva estar casados.

Valentina lo observó con una mezcla de desconcierto y diversión, como si estuviera considerando si realmente quería seguir en este juego. Sabía que lo que Nicolás le estaba proponiendo no era solo una cuestión de cumplir con una formalidad social. Había algo más detrás, algo que todavía no lograba entender del todo.

-Y, ¿por qué? -preguntó ella, arqueando una ceja, su tono juguetón pero desafiante. -¿Tan desesperado estás por cumplir con ese capricho de tu abuelo? ¿Es eso lo que realmente te motiva?

Nicolás la miró fijamente, sin inmutarse. Sabía que Valentina jugaba con fuego, pero también comprendía que ella no aceptaría algo tan grande sin entender los detalles. El trato tenía sus reglas, y él no estaba dispuesto a dejar nada al azar.

-No solo es por mi abuelo, Valentina. -Dijo con una calma calculada. -Es también por mi posición. Por mi imagen. Necesito que todo parezca real, incluso si no lo es. Y para eso, la parte física, el acto de estar juntos, es esencial. Este matrimonio no es solo una fachada. Es un compromiso en todos los sentidos.

Valentina se levantó lentamente del sofá, caminando hasta la ventana para mirar la ciudad iluminada por las luces de la noche. Un silencio denso se apoderó de la habitación mientras ella reflexionaba sobre sus palabras. Había algo inquietante en todo esto. Un matrimonio de conveniencia, sexo de por medio, una gran cantidad de dinero en juego... pero algo no encajaba. Algo en la actitud de Nicolás, en sus ojos fijos, la hacía dudar.

-Entonces, ¿me pagas para ser tu esposa, dormir contigo y hacer todo lo que eso implique? -preguntó, finalmente, con una sonrisa irónica. -Eso suena... interesante.

Nicolás, que hasta ese momento había mantenido una postura casi rígida, se inclinó hacia adelante, con los codos sobre las rodillas, mirando a Valentina con una intensidad que la hizo sentir incómoda, aunque en el fondo le resultaba fascinante.

-Te pagaré más de lo que podrías imaginar. -Su voz era grave, y las palabras salieron con firmeza. -Entre siete y ocho cifras. Lo suficiente como para que no tengas que preocuparte de nada nunca más. Y todo esto será tuyo... a cambio de tu compromiso.

Valentina lo miró sorprendida, aunque trató de ocultarlo tras una sonrisa indiferente. Nadie había hablado nunca con ella de esa forma. Nadie le había ofrecido una suma de dinero que desbordara incluso sus propias expectativas. ¿Realmente lo aceptaría? ¿Podía poner un precio a su independencia, a su vida, a su libertad?

-¿Y qué más? -preguntó, ladeando la cabeza con una curiosidad calculadora. -¿Cuáles son las condiciones, Santamaría? ¿Crees que todo esto será tan sencillo?

Nicolás no se inmutó, pero había algo en sus ojos que decía mucho más de lo que sus palabras expresaban. Sabía que Valentina estaba buscando detalles, buscando posibles grietas en el acuerdo que pudieran darle una ventaja. Pero él también sabía lo que quería y lo que no estaba dispuesto a tolerar.

-Durante el tiempo que dure el contrato, no puedes estar con nadie más. -La voz de Nicolás se tornó más seria, casi implacable. -No habrá insinuaciones, ni coqueteos, ni distracciones. Este es un matrimonio exclusivo, no solo en papel, sino en todo sentido. Ningún otro hombre podrá acercarse a ti, ni tú a ellos. Eres mi esposa, y como tal, debes mantener esa imagen, esa imagen que el mundo verá.

Valentina lo miró fijamente, analizando la dureza de sus palabras. No era una mujer que se dejara controlar fácilmente, y lo sabía. Nadie la había puesto en una situación en la que tuviera que someterse a reglas tan estrictas. Pero el dinero, la cantidad de dinero que le ofrecía Nicolás, la tentación era demasiado grande para ignorarla.

-¿De verdad crees que podrías controlar lo que hago fuera de este contrato? -preguntó con una risa burlona. -¿Crees que una firma y unas reglas me mantendrán en tu cama y lejos de otros hombres?

Nicolás no respondió de inmediato, como si estuviera esperando que ella entendiera la seriedad de lo que le estaba diciendo. Finalmente, se acercó a ella, caminando con calma, pero con una determinación que no dejaba lugar a dudas.

-No se trata de controlar lo que haces fuera de aquí. -Su voz se volvió más suave, pero más peligrosa. -Se trata de mantener las apariencias. De que nadie cuestione nuestro matrimonio. Y de que tú cumplas con el papel que has aceptado, sin desviarte ni un milímetro. Eso es lo que te pido, Valentina. Nada más.

Ella lo miró a los ojos, desafiándolo, evaluando si sus palabras eran solo una forma de control o si realmente estaba dispuesto a cumplir con todo lo que decía. La idea de ser una esposa de mentira, de vivir con un hombre por dinero, era tan extravagante como tentadora. Pero también sabía que en este juego no había espacio para debilidades.

-Lo haré. -La respuesta salió sin pensar, impulsada por una mezcla de curiosidad, desafío y el brillo del dinero que se perfilaba ante ella. -Pero recuerda, Nicolás, este es tu juego. Yo solo soy una jugadora. Y ya sabes lo que dicen sobre las jugadoras, ¿verdad? Siempre saben cómo dar vuelta las reglas.

Nicolás sonrió lentamente, reconociendo en su mirada que, aunque creía tener el control, Valentina era mucho más impredecible de lo que imaginaba. Pero ya era tarde para dar marcha atrás.

-Lo sabré, Valentina. -Su voz se suavizó un poco, como si la idea de ese desafío fuera más una promesa que una amenaza. -Lo sabré muy bien.

Y así, el contrato entre ellos estaba sellado, con reglas, límites y una pasión que ambos sabían que no podrían controlar. Pero el juego, al final, solo acababa de comenzar.

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