Mateo salió de Montoya Corp.
El aire de Madrid le pareció diferente.
Más ligero.
Isa seguía absorta en Lucas.
No había notado su ausencia.
No aún.
Sonrió con amargura.
Libre.
Llegó a su modesto piso.
Abrió el armario.
Ropa cara.
Regalos de Isa.
Trajes, relojes, zapatos.
Símbolos de su servidumbre.
Los metió en bolsas de basura.
Uno por uno.
Cada objeto, un recuerdo doloroso.
Quería borrarla.
Borrar esos años.
Dejarlo todo atrás.
Su móvil vibró.
Número desconocido.
Un mensaje.
"Aléjate de Isa, perro faldero. No te quiero cerca de ella."
Lucas.
Tan predecible.
Tan patético.
Inmediatamente después, el teléfono sonó.
Isa.
Su voz, eufórica.
"¡Mateo! ¡Ven ahora mismo! ¡Necesito tu ayuda!"
La ironía era casi cómica.
Isa lo esperaba en la puerta de su tienda favorita.
Su comportamiento era el de siempre.
Alegre, despreocupada.
Como si nada hubiera cambiado.
Mateo la observó.
Ahora la veía con otros ojos.
Con distancia.
Con una fría claridad.
Ya no era su carcelera.
Solo una chica caprichosa.
"¡Vamos, vamos!" Isa lo arrastró dentro.
Lo llevó por las secciones de hombre.
Le hizo probarse ropa.
Trajes caros.
Camisas de seda.
"Te queda perfecto," decía.
Luego, la bomba.
"Es para Lucas. Tenéis una talla parecida. Quiero que esté impecable para la fiesta de esta noche."
Humillación.
Otra más.
Incluso ahora, seguía siendo un sustituto.
Un maniquí.
Isa parloteaba sobre Lucas.
Su reencuentro.
Lo maravilloso que era.
Lo feliz que estaba.
Mateo escuchaba.
El mensaje de Lucas resonaba en su cabeza.
"Isa," empezó Mateo, con cuidado. "Este Lucas... ¿estás segura de él?"
Isa se detuvo.
Lo miró, los ojos entornados.
"¿Qué quieres decir?"
"Solo digo que... quizás no sea quien tú crees."
La cara de Isa se endureció.
"¿Estás celoso, Mateo?"
Su voz era fría.
Posesiva.
"No te atrevas a hablar mal de Lucas. Te exijo lealtad. A mí. Y a él."
Una amenaza velada.
Si quería seguir recibiendo el dinero para la bodega, debía callar.
Pero la bodega ya no era su problema.
Mateo suspiró.
Inútil.
"Tienes razón," dijo. "Perdona."
Cumplió.
Ayudó a Isa a elegir los regalos para Lucas.
Pagó con la tarjeta de crédito que Isa le había dado.
La tarjeta que pronto cancelaría.
Soportó su alegría ingenua.
Sus planes.
Su obsesión.
Más tarde, conducía el coche de Isa.
Ella a su lado, parloteando por teléfono con Lucas.
De repente, la voz de Lucas cambió.
Pánico fingido.
"¡Isa! ¡Ayúdame! ¡Me tienen!"
Un secuestro.
Patético.
Isa gritó.
Perdió el control del coche.
Frenazo brusco.
Mateo se golpeó la cabeza contra el salpicadero.
Dolor agudo.
Todo se volvió borroso por un instante.
Isa ya estaba fuera del coche, corriendo hacia un edificio abandonado.
Prioridades.
En la azotea.
Un hombre sujetaba a Lucas.
Un antiguo socio de Montoya padre, arruinado.
Desesperado.
Amenazaba a Lucas con un trozo de metal.
Isa llegó.
Pánico en sus ojos.
Solo un instante.
Luego, una idea cruzó su rostro.
Una idea terrible.
Miró a Mateo, que llegaba tras ella, mareado.
"¡Él es mi novio!" gritó Isa, señalando a Mateo. "¡El verdadero! ¡Suéltalo a él, te daré lo que quieras por Mateo!"
El agresor dudó.
Confundido.
Mateo entendió.
El cebo.
Siempre el cebo.
El agresor se giró hacia Mateo.
En ese instante, Lucas empujó al hombre.
Cayó al vacío.
Gritos.
Silencio.
Mateo sintió un dolor agudo en el brazo.
Un corte profundo.
Sangre.
Isa corrió hacia Lucas, abrazándolo.
"¿Estás bien, mi amor?"
Mateo se quedó solo.
Sangrando.