En la región de Transilvania, Biertan, es la población más importante de este territorio. Pero este pueblo es conocido por sus largas noches de invierno las cuales parecen interminables, los habitantes de Biertan esperan impacientes que el verano llegue, pero a veces se torna muy lejos su llegada.
Observando como cae la nieve a través del cristal de su ventana, Velkan mantiene firme la mirada hacia el pueblo de Biertan, con las manos empuñadas a sus espaldas el pelinegro no aparta la vista de aquel lugar donde los pequeños faroles daban camino a las calles y sus habitantes.
Desde su imponente castillo tenía una impresionante vista hacia el pueblo donde vivía hace más 300 años.
-Mi señor-Velkan baja la mirada al escuchar la voz de su mano derecha -. ¡Ella ha llegado! -el pelinegro mira por encima de su hombro para ver a Carl inclinado mientras le habla.
-¡Lo se! La he sentido.
Velkan vuelve la mirada hacia la ventana, el sol se había ocultado hace muchas horas atrás y la actividad en el pueblo era tan común como siempre, sin embargo, la lugubridad de su hogar perduraba con la luz del día o sin él.
-¿Y qué piensa hacer, mi señor? -Velkan continúa callado mientras observa por la ventana, la nieve se hacía cada vez más espesa.
-Puedes retirarte, Carl. Vigila que todo permanezca en orden allá afuera.
-Si, señor-responde ante la fuerte voz de su amo.
Carl se inclina un poco más y luego de eso desaparece.
Velkan siente la ausencia de su empleado y suelta el aliento, ni él mismo sabia como manejar aquella situación. Traga saliva ya que le estaba costando mucho asimilar que el momento que tanto esperaba finalmente había llegado.
El problema de todo aquello era, como ella iba a tomarlo.
-¡Evelyn! -susurra aquellas palabras suavemente.
[...]
En ese mismo momento Evelyn había descendido del extraño transporte que la llevo a un pueblo remoto, en cuanto la joven puso un pie en el suelo el susurro de su nombre envolvió todo su cuerpo provocándole un fuerte escalofrió turbador.
Ella se paraliza ya que por extraña razón ese susurro le resulto tan familiar, tan atrayente, Evelyn frunce el ceño cuando mira hacia el cielo y ve como la nieve cae directo a sus ojos.
-¿Esta nevando? -musita mientras de su boca brota un humo espeso y blanco.
-Estamos en invierno señorita -escucha al chófer hablar que la lleva a bajar la mirada, él dejaba su escaso equipaje a sus pies -. He viajado en los peores meses del año.
-¿Qué dice? ¿peores? ¡solo es nieve! -dice elevando la mano para ver como los copos caen en sus manos.
-Son meses de extrema oscuridad, señorita-el hombre responde mientras que observa hacia todos lados, ella parpadea varias veces puesto que no entiende nada.
-¿Qué quiere decir con eso?
Ella mira al hombre con firmeza, pero él parecía observar hacia todos lados, era como si tuviera miedo de que lo estuvieran escuchando, le resulto bastante extraño su comportamiento.
-Disculpe, no entiendo que quiso decir con eso.
-¡Vaya a casa lo antes posible, señorita! -aquellas palabras las sintió como un látigo en su pecho, sentía que las había escuchado anteriormente, pero ¿Dónde?
-Usted...-ella hace amago de caminar hacia él, pero el hombre a retroceder.
-¡Evelyn!
La joven se detiene en seco cuando escucha que alguien en ese lugar la llama, no era para nada usual que una persona la llamara por su nombre en vista de que no conocía a absolutamente a nadie.
Gira el cuerpo hacia la dirección de esa voz y ve a una mujer encanecida saludarla con una sonrisa maternal. Evelyn parpadea y trata de recordarla, pero le resulta imposible dar con ese rostro.
-Evelyn, cariño, que bueno verte de nuevo.
-¿Qué? ¿de nuevo? -frunce el ceño cuando esa extraña intenta acercarse a ella, Evelyn retrocede de inmediato y la mujer lo nota.
-Lo siento tanto, mi niña. Me llamo Elena, soy tu nana. La que te envió la nota.
Evelyn niega, no recordaba a esa mujer de nada. Y ahora sentía cierto miedo de haber hecho ese misterioso viaje. Voltea el rostro para buscar al chófer, pero este había desaparecido junto con el coche.
-Pero ¿Qué?
-No tengas miedo, vamos a casa, parece que se acerca una terrible tormenta. Aquí nos vamos a congelar -Evelyn vuelve la vista hacia esa mujer y no mueve un solo debo, no la conocía de nada, como esperaba que se fuera con ella así tan fácil.
-No pienso irme con usted -la mujer ensancha la mirada, estaban medio de la casa, donde los transeúntes la observaban como la perfecta extraña-. Yo no la conozco de nada, ¿Cómo cree que me voy a ir con usted?
-Yo no te voy hacer ningún daño, quiero ayudarte, ayudarte a recordar lo que has olvidado mi niña.
Aquellas palabras si la paralizaron por completo, ¿Qué era lo que sabia esa vieja? ¿acaso conocía su pasado? Pero es que eso era imposible, ella vivió toda su vida lejos de ese pueblo, ¿Cómo puede una anciana saber algo de ella?
O es que...
¡Ella era de ese pueblo!
-¿Qué es lo que sabe?
-Vamos a casa, necesitas calentarte un poco.
Se lo pensó mucho, la verdad es que era riesgoso lo que estaba haciendo, ir con una extraña que decía saber sobre su pasado, pero también podía ser alguien que la conducía al peligro. Dejo su vida en la ciudad por ese viaje.
-Vamos muchacha, no pienso hacerte daño. Además, jamás podría tocarte una sola hebra de tu pelo.
La mujer se da la vuelta causándole más misterio a Evelyn. Ella la ve alejarse tranquilamente, Evelyn mira su pequeño bolso y decide que si quería saber sobre su pasado y su familia tenía que arriesgarse.
Coge su bolso y sigue a la vieja que decía ser su nana.
[...]
Luego de un rato de caminata bajo la intensidad de los copos de nieve, Evelyn mira a la anciana y frunce el ceño. Era aún más sospechosa que no dijera una sola palabra.
-¿Cuánto más vamos a seguir caminando?
-No seas impaciente, pronto llegaremos.
Ella mira hacia ambos lados y se da cuenta de que llegaron a un camino en donde habían dejado el pueblo prácticamente atrás. Evelyn se detiene y no continúa caminando por esa calle solitaria. A su alrededor solo había ramas secas y un montón de nieve acumulada.
-No pienso seguir caminando más, esto es absurdo, aquí no hay nadie ni nada, solo es una carretera que no parece tener fin, ¿me cree estúpida?
-Por supuesto que no, mi niña -la mujer se gira con expresión de angustia -. No quiero incomodarte, solo que en el pueblo no podían recogernos, pronto vendrán a por nosotras.
-¿Quién vendrá? -se asusta aún más cuando oye aquellas palabras -. Usted me parece muy sospechosa, no me interesa saber nada de mi pasado, yo prefiero regresar a mi casa de donde nunca debí salir.
Evelyn da la vuelta y es cuando ella ve que se acerca un caballo, la joven se queda inmóvil cuando el animal se acerca a ellas y ve que el caballo arrastraba una carroza. Frunce el ceño al mirar al conductor, el hombre la miro con aquellos impresionantes ojos brillantes que la hacen retroceder.
-¿Sube, señorita?
-¿Qué?
-Vamos mi niña, han venido a por nosotras, tranquila, él nos llevara a casa.
-¿A casa?
Elena sube al coche y la mira desde el interior, luego le hace un gesto para que subiera, pero ella sentía que no debía hacerlo. Algo dentro de ella le decía que no era lo correcto subir a ese coche. De la nada una ráfaga de viento frío golpea su cuerpo provocándole escalofríos.
Con aquel viento helado ella logra escuchar nuevamente esa voz magnetizaste, Evelyn mira hacia todos lados, pero no ve más que nieve y una espesa neblina. Sin embargo, ella sentía que algo estaba por allí, mirándola o esperándola.
-¿Subes? -escucha a su nana -. Viene una tormenta, debemos refugiarnos en casa.
-Si.
Ella sube aun sintiéndose temerosa y dudosa, pero tampoco podía quedarse en medio de la nada sin saber a dónde ir.
Luego de un largo camino, Evelyn se percata que el camino a la casa de esa mujer era muy largo y lejos. Se pregunta ¿Cómo demonio iba a regresar a casa?
En cuanto el coche da un giro, ella mira el levantamiento de un impresionante castillo que la deja con boca abierta.
-¡Por el amor de dios! ¿Qué es eso?
-¡Casa! -dice la mujer segura.
-Pero si es un castillo, ¿es que usted vive allí?
-Si, yo vivo aquí y si tú quieres también puedes vivir aquí.
-¿Yo?
El coche se detiene en la entrada de la casa y es cuando Evelyn baja mientras no le aparta la mirada al castillo, era enorme, como esos que se mostraban en las películas de terror o los castillos de los príncipes.
-¿Cómo es que usted vive aquí?
-Bueno, el lugar no es mío por supuesto, pero si, este es mi hogar.
La pelinegra mira a la anciana, así que no era su casa, lo que significaba que se iba a quedar en la casa de unas personas desconocidas, quizás la vieja solo era la sirvienta del lugar.
-¿Acaso usted es la sirvienta de este castillo? -le pregunta mientras que la sigue.
-Digamos que si lo soy.
-¿Por qué me trajo aquí? ¿Qué cree que dirán los dueños de este lugar cuando me vean? ¿o es que me trajo para ser de sirvienta también? -la vieja niega -. Le diré que no pienso dejar mis estudios por servirle a personas ricas y engreídas.
-Ni lo uno, ni lo otro.
Ambas ingresan en la casa y de inmediato la majestuosidad del lugar impacta a Evelyn quien se queda impactada por tal belleza. Ella eleva la mirada al mirar el interior de aquel lúgubre castillo, tan sombrío por fuera como lo era por dentro, pero con increíble belleza.
-¿Qué es este lugar?
-Ya te lo dije, ¡es casa!
-¿Casa?
-Te mostrare donde vas a dormir y luego iremos a por una taza con chocolate caliente, creo que te hace falta.
La verdad es que estaba bastante bien a pesar del frio tan horrible que estaba haciendo, en ese momento estaba más maravillada por el interior de aquel castillo.
[...]
-¡Aahhh! -Velkan jadea e inclina la cabeza hacia atrás al sentir la presencia de Evelyn en su castillo -. Esta aquí, finalmente está aquí.
Gira su sillón para ver por la ventana. Su sangre comenzaba a fluir con mucha más rapidez por todo su cuerpo, ella estaba tan cerca de él que le estaba costando muchísimo mantenerse calmado. Pero tenía que hacerlo, quisiera o no.
No creía conveniente verla ahora.
O eso creía...
Baja la mirada y la siente recorrer su castillo que le provoca una leve sonrisa.
-¡Ohh! Mi querida Evelyn...
La joven se detiene bruscamente cuando escucha nuevamente su nombre en susurros, su mirada se dirige hacia todos lados buscando el causante de aquellas palabras, pero ese castillo parecía desolado.
-¿Qué pasa, mi niña?
-Escucha que alguien me llamaba -la anciana la mira fijamente.
-Tu habitación será esta -abre la puerta y ella ve lo inmenso que era aquel cuarto, incluso se atrevía a pensar que más grande que su propia casa.
-¿Por qué me ofrece este cuarto? Solo soy una invitada, ¿Qué pensaran los dueños si me quedo a dormir aquí?
-No te preocupes por eso, puedes dejar tus cosas aquí y bajemos a por esa taza de chocolate.
Ella obedece a duras penas y vuelve a seguir a la anciana, mientras que recorren el alargado corredor oscuro, la poca iluminación eran unas lámparas antiguas que combinaban con aquel viejo castillo.
Evelyn va detrás de la anciana, pero su mirada se dirige hacia los muchos cuadros que yacían colgados en la pared, eran de batallas pasadas y retratos de personas muy atractivas. Hombres y mujeres se encontraban retratados y colgados en esa pared.
-¿Quiénes son estas personas? ¿los dueños de este castillo?
-Lo fueron, mucho tiempo atrás.
-¿Sí?
Ella empieza a mirar detenidamente y cuando iba a llegar al último la anciana la apura y ella corre detrás de ella y no termina por mirar los retratos.
-Este lugar es muy extraño.
-Solo es un castillo antiguo, escucharas muchos ruidos y veras a pocas personas aquí.
-No parece que habitara nadie aquí.
-Créeme, si está habitado -le dice sirviéndole una taza con chocolate.
-Me va a contar quien es usted y que relación tenemos.
La mujer mira a Evelyn y ella la observa fijamente.
-Por supuesto que sí.
-Como ya te dije, yo soy tu nana.
-¿Cómo puede ser mi nana si nunca la he visto en mi vida?
-No es necesario que me hayas visto, lo soy por nacimiento, mi niña. Supe el día exacto que naciste, la hora y he visto todo tu crecimiento.
-¿Y cuándo más la necesite donde estaba? -Evelyn interroga a la mujer con expresión seria -. He estado sola por mucho tiempo, nadie ha estado a mi lado desde que tengo uso de razón, como puede decir que sabe todo de mí.
-Lamento haberte dejado sola tanto tiempo, pero es que no era el momento de que estuviéramos juntas.
Evelyn se cruza de brazos, ¿y ahora si era buen momento? Se pregunta internamente. Qué clase de nana era esa, aparte de que era tan misteriosa, no le daba buena espina esa mujer y mucho menos ese pueblo y ese castillo.
-¿Por qué me trajo aquí? -pregunta con voz seria -. Comienzo a sentir que ya no quiero seguir en este lugar, quisiera regresar a mi casa a primera hora.
-Pero, es que no puedes mi niña. No debes abandonar este castillo.
La pelinegra se descruza de brazos cuando oye a esa mujer hablar, sus presentimientos comenzaban a hacerse realidad, algo malo iba a pasarle en ese castillo.
-No puede retenerme contra mi voluntad.
-Mi niña, es que...-la mujer detiene sus palabras y fija su mirada justo detrás de Evelyn.
Evelyn frunce el ceño al ver que la mujer se inclina un poco, ella la observa fijamente y se pregunta qué diablos estaba haciendo esa anciana.
De la nada la joven siente que su cuerpo se paraliza, era como si una corriente helada recorriera todo su cuerpo. Sin que pudiera evitarlo su cuerpo tiembla, en eso aquel susurro llega a sus oídos que la obliga a ensanchar la mirada.
-Mi señor -ella escucha a la anciana hablar y eso la lleva a dar la vuelta.
Entre la oscuridad Evelyn puede ver la figura de una persona, la joven parpadea varias veces ya que siente una sensación bastante extraña ante esa presencia. Traga saliva sin que pudiera evitarlo y es cuando lo ve que poco a poco sale de la oscuridad.
-Bienvenida a casa, Evelyn.
En lo que esa persona sale de las sombras, ella puede ver a un hombre de piel pálida, cabello castaño y ojos tan oscuros como la noche misma. Su mirada era tan intensa que ella se quedó petrificada ante su presencia.
¿Qué era lo que le estaba pasando?
Parpadea varias veces mientras que lo observa en silencio, él también la estaba mirando fijamente, era como si lo conociera de algo, sentía como si lo hubiera visto desde siempre, pero su rostro no se le hizo familiar.
¿Qué ocurría con ella?
-Finalmente, has regresado -Velkan se aproxima a Evelyn poco a poco mientras que sus ojos no se apartan de su hermoso rostro, era la mujer más hermosa que hubiera visto jamás.
-¿Quién? ¿Quién eres? -Evelyn logra decir a duras penas, las palabras las tenía atoradas en la garganta por la imponencia de ese hombre.
-Soy Velkan, el dueño de este castillo.
¿El dueño?
Ella ensancha la mirada cuando lo tiene tan cerca que sentía que su corazón se le iba a escapar del cuerpo. Latía frenéticamente y no entendía porque, ¿acaso tenía alguna conexión con ese hombre?
-Elena, puedes retirarte ya.
-Por supuesto, mi señor.
Evelyn observa a la anciana retirarse muy rápido y eso la asusta aún más. Quedarse a solas con ese hombre no era precisamente lo que ella buscaba.
-¿Por qué estoy aquí?
-¿Acaso no lo recuerdas, Evelyn? -Velkan se inclina un poco hacia ella quedando a poca distancia de su rostro-. ¿No recuerdas nada?
-¿Recordar? -ella mira la extrema profundidad de la mirada de ese hombre que siente que se pierde en ellos -. ¿Qué es lo que debo recordar?
Velkan baja la mirada hacia los labios de Evelyn, luego eleva una de sus manos para posicionarla en su mejilla, ella se asusta un poco ante el contacto, sin embargo, no se aleja de él y permite que la toque.
-Puedo hacerte recordar, Evelyn... -musita muy cerca de sus labios.
Ella escucha esa voz muy en lo profundo de su ser que la lleva a cerrar sus ojos, conocía esa voz, la conocía, era el susurro que estuvo escuchando desde que llego a ese pueblo. Pero, ¿Cómo era posible?
¿Era ese hombre el que le estuvo susurrando todo el tiempo?
Sin duda alguna era imposible...
-Esa voz -musita aun con los ojos cerrados-. Tú me has estado susurrando a través del viento desde que llegue aquí.
-Si, he sido yo -Velkan desliza su pulgar por el labio de Evelyn mientras que observa lo voluptuoso que son -. Me has escuchado y me has seguido, Evelyn.
-¿Por qué? -suelta con un hilo de voz, era como si estuviera hipnotizada por la voz y presencia de ese hombre.
-Porque es el destino.
Velkan prueba los labios de Evelyn en un roce de boca que conmovió todo el cuerpo del castaño, su sangre reacciono ante el contacto de la piel de Evelyn y eso lo llevo a envolver la cintura de la pelinegra mientras que reforzaba el beso.
Evelyn no entendía como que había llegado a dejar que un completo extraño la besara, pero se lo permitió sin comprender porque sentía que lo conocía de toda la vida.
Lo más extraño de todo era sentía que su cuerpo, su vida y su alma pertenecían a Velkan, ¿acaso había perdido la razón?
Poco a poco desliza sus manos por los brazos de él hasta envolver su cuello, inmediatamente sus pies se alejan del suelo y siente como si estuviera flotando. Que sensación más placentera y maravillosa.
Velkan sujeta el cuerpo de Evelyn hasta separar sus labios de los de ella y darse cuenta de que estaba inconsciente en sus brazos.
Carga su cuerpo en sus brazos y observa su rostro, su piel era pálida, pero esas mejillas rosadas destacan muchísimo. Velkan se retira de la cocina para dirigirse a las escaleras con Evelyn en sus brazos.
En cuanto llegan a la recamara de ella la deja en su cama y observa su cuerpo, era muy joven aún. Se inclina hacia ella y toca cabeza, pero rápidamente aleja la mano de ella y la ve con los ojos abiertos.
-¿Qué? ¿Por qué? -mira su mano con el ceño fruncido y luego vuelve la mirada hacia ella quien dormía plácidamente -. Pero ¿Qué te han hecho, mi querida Evelyn?
Abandona la habitación de ella y en ese instante siente los pasos de Carl, quien al mirarlo se inclina hacia él.
-Mi señor, esta noche ha estado tranquila, nadie ha atacado al pueblo tal y como lo ordeno.
-Muy bien.
-Puedo notar la presencia de la señorita Evelyn -Velkan observa su mano con detenimiento.
-Carl, quiero que busques a una persona-el joven alza la mirada para ver a su amo.
-¿A quién mi señor?
Era necesario la ayuda de esa mujer para saber lo que paso con la memoria de Evelyn, estaba completamente en blanco, para no era para nada difícil conocer la vida de alguien, con solo probar su sangre o tocar su cabeza podría averiguarlo rápidamente.
Pero con ella era distinto, ella no tenía nada, alguien había borrado sus recuerdos y si eso era así entonces él y ella...
Tensa la mandíbula.
-Mi señor, ¿le pasa algo a la señorita?
-Alguien ha borrado sus recuerdos, tantos los nuevos como los viejos.
Carl se asombra por la noticia, no esperaba que la señorita llegara a casa con aquel problema tan grande para su amo.
-Mi señor, ¿Quién pudo hacerle algo como eso?
-Ella no sabe nada sobre su vida, necesito que recuerde.
-Quiere decir que...
-Si, quiero que le digas a Vasile que la busque y me la traiga-Carl se tensa ante el mandato de su amo.
-Mi señor, esa mujer es...
-¡Ya lo se! Pero es la única que puede traer los recuerdos de Evelyn intactos a su memoria.
Ni él podía lograr hacerla recordar nada, sin embargo, ella respondió a su beso sin objeciones. ¿Qué significaba eso? No hubiera respondido de esa manera bajo ningún concepto.
-Quiero que Vasile traiga a la bruja a mi castillo cuanto antes.
-Si mi señor, pero como usted sabe, encontrarla no es nada fácil. Tomará un poco de tiempo para poder dar con el paradero de esa mujer.
-Haz lo que tengas que hacer, envía a los recolectores al bosque hasta que la consigan.
Velkan pasa a un lado de Carl quien se inclina ante su salida, el castaño se encamina por el corredor mientras que los retratos de sus antepasados colgaban a un costado de la pared.
Al llegar al final, su propio retrato colgaba en la pared que lo lleva a mirarlo, luego vuelve la vista al frente y baja las escaleras. Pensó que la llegada de Evelyn sería mucho más fácil, pero ahora con esos recuerdos borrados todo se volvía más complicado para él y también para ella.
[...]
Evelyn se remueve en su cama bruscamente, estaba teniendo una horrible pesadilla que la llevo a levantarse bruscamente, se sienta en la cama y respira agitadamente mientras que observa sus manos sobre la sabana.
-¿Qué? ¿Dónde estoy? -levanta la mirada y al mirar aquella habitación lo recuerda todo, la joven suelta un suspiro pesado y tumba su cuerpo sobre la cama -. No fue una pesadilla, es muy real. Estoy en este castillo.
Mira hacia un lado y ve por el balcón que aún es de noche, y se pregunta ¿Cómo llego a su cuarto si ella estaba hablando con la anciana? Sus ojos se abren abruptamente al recordar a ese hombre.
-¿El? -vuelve a sentarse en la cama mientras que mira la luna -. Él me...-toca sus labios y frunce el ceño-. ¿me beso?
Luego ve la puerta cerrada de su cuarto, muerde levemente sus labios cuando siente que su corazón late a toda prisa.
-¿Y este sentimiento extraño en mi interior? ¿Por qué me siento de esta manera si no conozco a ese hombre?
Había dicho que era le dueño de ese castillo, y aquello era mucho más extraño, sobre todo la parte donde la anciana se inclinaba para saludarlo. Era evidente que le tenían mucho respeto o miedo.
-Me parece muy joven para ser el dueño de todo esto -parpadea varias veces tratando de analizar la situación en la que se encontraba, pero la verdad es que le estaba costando mucho aceptar donde demonios estaba metida -. ¿Cómo saldré de este lugar?
-¿Ya quieres irte? -Evelyn gira el rostro para ver a Velkan parado en la entrada de su habitación.
-¿Cómo es que?
-Apenas estas llegando y ya quieres irte.
-¿Qué es lo que está haciendo en mi habitación?
-Vine a confirmar de que estuvieras bien, me he quedado preocupado porque te quedaste inconsciente.
¿se había desmayado? ¿Por qué razón se desmayó?
En eso ve a Velkan acercarse a ella muy lentamente que la lleva a recoger sus piernas, a pesar de que era un completo desconocido para ella se sentía a gusto con la presencia de ese hombre, ¿Qué podía significar esa sensación?
-¿Qué es lo que quiere?
-Prefiero que me llames Velkan, a fin de cuentas, te quedaras en este castillo por mucho tiempo.
-¿Qué dice? -él se inclina sobre el colchón acorándola únicamente con su imponente presencia-. ¿Cómo que quedarme? ¿para siempre? -musita cuando lo tiene muy cerca de su rostro.
-¿Y porque no, Evelyn?
La mención de su nombre la destrozaba por completo, cuando él la llamaba por su nombre ella sentía que se debilitaba, eso no podía ser nada normal.
-¿Por qué me siento de esta manera? -susurra al sentir el tibio aliento de Velkan contra su mejilla.
-¿Qué es lo que sientes, Evelyn? -indaga, curioso, necesitaba saber lo que ella sentía cuando él estaba cerca. Podía no tener recuerdos, pero su presencia causaba un revuelco en su mente.