Capítulo 2

La familia Taylor era de esas familias donde podías sentirte a gusto fácilmente, ambos padres eras personas respetables en la comunidad de greenville, el Señor Taylor era abogado, hombre honrado de valores intachables que no se dejaba manipular ni convencer de nadie, trabajaba duro y con dedicación y así logró tener su propio bufete de abogados, en cambio la Señora Taylor siendo también abogada profesional decidió quedarse en casa y cuidar ella misma de sus tres hijas.

Ambos se conocieron en la Universidad de Ciencias Sociales y Políticas de NorthWest, en la capital. Trabajaron juntos para el mismo bufete durante años hasta que nació Naty y la señora Taylor se dedicó a cuidar de ella siendo ama de casa a partir de entonces. Natalia (Naty de cariño) quien era la mayor ayudaba mucho a su mamá con el cuido de sus hermanas menores, aunque la señora Taylor lograba tener organizados sus días ella le ayudaba con gusto en algunas pequeñas cosas, desde acompañarles a la primaria que además le quedaba de camino a ella y a veces prepararlas para dormir.

Alisson y Amelia en ese entonces tenían 9 años de edad y eran las niñas más dulces, amigables y de corazón gentil que puedes llegar a conocer, siempre inseparables y cómplices la una de la otra. Nunca fueron un problema para sus padres ni para su hermana mayor, todos ellos eran una familia armoniosa y ejemplar. Mientras ellas me hacían conversación en ese instante no sonreí, mi cara seguía siendo inexpresiva y algo confundida.

Cuando ambas decidieron sentarse una a cada lado de mí sin decir ni una sola palabra. Sólo quedarse en silencio comprendiendo quizás que yo no me atrevería a decirles nada, nunca pensé que ese silencio fuera el inicio de nuestra gran aventura de amistad. La fiesta terminó y ambas se despidieron de mí.

Ese era el día de su cumpleaños y prefirieron acompañarme y terminar con mi soledad que seguir compartiendo los juegos y la fiesta con los demás y no lo comprendí. Les dije adiós y agradecí la invitación y mirándome ambas sonrieron.

—Te visitaremos mañana si nos le permites — dijo Ali volviendo su mirada hacia Amelia.

—Buena idea —le respondió ella

—Le pediré a mamá que por favor nos lleve.

—Bien — Respondí aún sin sonreír seguía sintiéndome confundida.

Cumplieron su promesa al día siguiente ambas hermanas llegaron a casa acompañadas por su mamá la Señor Taylor, no vivían muy lejos de nosotros, la segunda casa de la izquierda. Ese fue el primer día en mucho tiempo que reí tanto. Nuestras conversaciones de niñas eran simples y llenas de sueños, solíamos tener largas charlas sobre lo que haríamos cuando fuéramos adultas, todo se resumía en un "cuando sea grande".

—Cuando sea grande seré modelo de pasarelas — decía Amelia con frecuencia, tenia bien claro lo que haría en su futuro.

—Yo quiero ser piloto de la fuerza aérea — dijo Ali

— ¿Cuál es tu sueño? — preguntaron ambas, quienes sabían lo que querían, en cambio yo…

Yo sólo quería regresar a los brazos de mamá, pero ya no sería posible sentir sus cálidos brazos envolviéndome así que les dije.

—Papa sueña que sea médico, pero mamá quería que fuera yo quien decidiera de grande, no he pensado que me gusta, no se para que soy buena creo que aun hay tiempo para descubrirlo.

Nuestros días de juegos terminaron por ser más cortos con la llegada del inicio de clases, las tres íbamos en el mismo curso y nuestra amistad creció entre tareas y juegos. Papá solía decir que las coincidencias no existen, que todo sucede por un propósito. El fue feliz otra vez desde el mismo instante que vio reaparecer una sonrisa genuina en mi rostro.

Recuerdo alguna vez haber escuchado una conversación entre él y los Señores Taylor sobre como llegamos a GreenVille. Fue tan sincero y me sorprende aún el día de hoy, como por un simple acto desesperado todo fue sucediendo y mientras ellos hablaban de la vida nosotras jugábamos en el jardín cerca de ellos.

—Fue una decisión no pensada, algo desesperado por salir del lugar donde vivimos mi esposa y yo por 12 años, todo me recordaba a ella... mi pequeña cayó en depresión infantil lo que la llevó a no decir una sola palabra mientras creaba una capa de soledad y tristeza — decía papá.

El Señor y la Señora Taylor intercambiaban miradas de tristeza sin interrumpir a papá mientras él contaba su triste historia.

—Mi pequeña Tara siempre fue una niña feliz llena de vida, dulce y encantadora. Amaba compartir con su mamá todo, su relación con ella la llenaba de seguridad. Mi pequeña no volvió a ser la misma aunque la lleve a terapia, no sirvió de nada así que tome nuestras maletas y empecé a buscar casa lo más lejos posible de la capital y llegamos hasta aquí — agrego papá- con un mapa en mi automóvil y una promesa de venta.

La señora Teylor seguía en silencio con la mirada baja así estuvo hasta que su esposo hablo.

—Es difícil saber estas cosas, usted es sin duda un gran hombre, nunca imaginamos que detrás de su expresión apacible hubiera tales cargas de tristezas es usted muy valiente al afrontar esta situación solo, desde este momento usted cuenta con nuestro favor siempre no lo dude ni por un segundo.

Papá sonrió con gratitud y asintió con la cabeza.

—Nuestras hijas — agregó la Señora Taylor — vieron algo en la pequeña Tara, desde el día que su auto paso frente a nuestra casa y ambas vieron por la ventana a Tara, Amelia dijo de inmediato «Quiero conocer a esa niña mamá, ¿Porque está triste? ¿Le puedo hablar? ¿Puedo jugar con ella para que no esté así? ¿Puedo invitarla a nuestro cumpleaños?» Jamás pensamos lo que había en su pequeño corazón, creímos que eran asuntos de cambiar de casa, de colegio o dejar atrás sus amiguitos o timidez y cuente con nosotros y nuestras niñas para hacerles compañía, cualquier ayuda que necesite o cuidar de ella si necesitará puede saber que estamos a la orden.

Papá derramó sus lágrimas, por segunda vez vi llorar a papá, estaba conmocionado aún no superaba lo de mamá, jamás lo haría, mientras el Señor Taylor le daba unas palmaditas en el hombro. De repente se puso en pie y dijo.

—He sido fuerte y lo seré hasta que Tara vuelva a descubrir la felicidad— les devolvió una sonrisa de gratitud nuevamente y bajó la mirada— gracias por todo.

Papá siempre fue un padre amoroso, casi ausente ya que trabajaba duro todos los días todo el día, habían ocasiones en las que cuando el volvía a casa ya me encontraba dormida y no le gustaba despertarme, por esa y muchas cosas más fue difícil para ambos el quedarnos solos tener que adaptar nuestras rutinas el uno al otro.

Era Arquitecto, llevaba trabajando para la misma empresa durante 16 años, en uno de sus proyectos conoció a mama y al poco tiempo se casaron fue amor a primera vista. Siempre trabajo duro para lograr tener estabilidad financiera, ahorrando lo que pudo hasta darle una casa propia a mama quien era ama de casa. Ella por su parte hacia arte con sus manos, pintaba, diseñaba y confeccionaba para sus amigas.

Capítulo 3

Papá dijo que mama disfrutaba hacer estas cosas en casa, jamás pensó en realizar alguno de sus talentos de manera profesional, a él le gustaba platicarme la historia de los dos y como convivían para que yo tuviera recuerdos de lo linda persona que era mama, es por eso que cuando mama murió, él no tenía idea de como seguir adelante, viudo y ahora a cargo completo de mi, su única y deprimida hija.

Fue difícil para él procesar todo, y mantenerse firme, pero debía hacerlo por la memoria de mamá y por mi salud, si, pues, entonces ¿dónde están los bellos recuerdos? Fue ese día que escuche esa conversación que decidí vivir y tratar de ser feliz por ambos y por todo el amor que mamá nos daba, ya tenia a dos aliadas de mi lado el resto dependía de mi, no fue difícil ya que con ellas era agradable compartir y se hacía fácil sonreír con sinceridad.

Así es como llegamos a GreenVille con sus ahorros papá compro una modesta casa con dos habitaciones una pequeña sala y cocina lo suficiente para los dos, el patio era lo que mamá siempre soñó una enorme extensión de terreno donde podría plantar árboles frutales y un hermoso jardín para pasar las tardes. Papá vendió la casa en la capital, emprendió un pequeño negocio de ferretería en el garaje nuestra pequeña casa y así tenía el tiempo suficiente para trabajar y cuidar de mí.

Con el tiempo empezó a organizar el patio diseño y llevo a cabo la obra poco a poco, involucrándome en el proceso disfruté cada detalle cada cosa que se nos ocurría y como es de esperar mis amigas también fueron parte, así nuestro jardín de ensueño cobró vida y fue lo que mamá soñó, un jardín con árboles frutales de aquellas que eran sus favoritas y las nuestras también, con plantas que florecieron en primavera para llenar de color el lugar.

Papá y yo empezábamos nuestra vida sin mamá pero sin olvidarnos de ella, siempre la tuvimos presente. Éste fue nuestro pequeño paraíso donde crecí y el me acompañó hasta los 19 años.

Pensaba en todo esto cuando el presente me aparto de mis pensamientos. En la habitación del hospital la puerta se abrió de golpe y entró Amelia llorando y uno de mis guardaespaldas intentando contenerla.

—Señorita no puede entrar aquí, por favor retírese — dijo el guardaespaldas.

—No puedes sólo desaparecer por años y olvidarte de que existo — replicó ignorando las palabras del guardaespaldas.

Yo no pude contener las lágrimas y dije.

—Deja que entre, es mi hermana — él, algo confundido la soltó y se disculpó.

—Lamento el mal entendido Señorita— le dijo, luego se volteó hacia mí y dijo —Señorita Morgan, no volverá a suceder mis disculpas.

—Esta bien, no te preocupes— le respondí —Por favor cierra la puerta al salir y que nadie nos interrumpa.

—Con su permiso— hizo un saludo y salió de la habitación.

Amelia quedo de pie a la par de la puerta sin decir nada, luego volvió su mirada hacia mí, nos miramos fijamente mientras nuestras lágrimas se derramaban. No podía creer que la tenía frente a mi tras 6 años de no verla, no comunicarnos ni siquiera una llamada o un texto, esto porque yo cambié todas las formas de contactos, números telefónicos, correos y hasta vendí la casa de papá y me mudé lejos de ellos a una residencia privada.

— ¿Como pudiste? — rompió el silencio— ¿porque lo hiciste? ¿No éramos acaso hermanas? Simplemente desapareciste — sus voz se escuchaba cada vez más quebrada— jamás te he dejado de pensar desde aquel día no volviste, papá y mamá han estado angustiados sin saber de ti, Y ahora por fin te encuentro y me doy cuenta que no quieres luchar...

— yo... no...

No sabía que decir, realmente no tuve la valentía para quedarme y seguir creciendo juntas, aún a los 24 años nos sentíamos como niñas, las niñas que soñaban con ser alguien en la vida, seguir creciendo y compartir nuestros logros. No podía aceptar que por el egoísmo de cerrar mis emociones, termine apartando a la única persona que me quedaba. Aquella que me amaba como si fuera realmente de su familia. Ante sus preguntas no sabía cómo responder.

—Te he buscado hasta el cansancio, para ser exacta desde que desapareciste y no ha sido fácil llegar hasta ti, en tu empresa sólo saben decir que agende una cita luego que estas ocupada y que vuelva otro día a agendar, realmente no fue fácil darme cuenta donde realmente estabas y porque, ahora por favor déjame estar aquí contigo — continuó— por favor Tara.

—Por favor quédate Amelia— dije llorando— ya no quiero estar sola... No me dejes, ¿puedes perdonarme?

Fueron las lágrimas más sinceras que pude haber derramado. Había cerrado la puerta de mis sentimientos y en ese instante volví a sentirme viva y amada. No tenía a nadie más, el éxito no contaba, la casa de Modas más famosa no contaba, las noches sin descanso por lograr aquello que llamaba vida ya no contaba y todo aquello que no logré ya no importó más.

Todo era un vacío sin importancia, un vacío que se vio llenado con la llegada de ella. Me abrazo tiernamente como quien cuida de su hermana pequeña, como quien estima un tesoro, un abrazo cálido y sincero, esos de los que la fama no te da y no permite que los recibas.

—No voy a dejarte, yo cuidaré de ti pequeña Tara, siempre, sé que dolió y aun duele todo lo que pasó no tienes porque pedir perdón solo no vuelvas a alejarte.

Llorábamos juntas y esa sala de hospital ya no se sintió fría y vacía como se sintió durante meses.

—Estas aquí hermana mayor — dije en voz alta para asegurarme que fuera cierto y no una alucinación de efectos secundarios de los medicamentos, tocó mi rostro con un pañuelo y secó mis lágrimas.

— Aquí estaré, sabes que no te podrás deshacer de mi nunca, siempre voy a cuidarte — volvió a decir — ahora puedes decirme ¿Porque estas aquí?, escuche ciertos rumores de que no quieres llevar un tratamiento para curarte ¿es eso cierto?

—Tengo Leucemia, un tipo con bajas probabilidades de sanar, desde algún tiempo me habían diagnosticado pero no le tome importancia y ahora sólo empeora.

—Saldremos de esta juntas— dijo —pero tienes que poner de tu parte por favor.

Asentí con la cabeza realmente me sentí agradecida por tenerla aún conmigo. Por ese abrazo tierno y por haberme buscado hasta encontrarme y estar conmigo. La soledad se estaba yendo poco a poco y yo no volví a sentir frío en mi corazón y me dio el valor que necesitaba. Se quedó cerca de mi tomando mi mano y entonando una canción dulce que solíamos cantarnos de niñas y mientras cantaba me quedé tranquila hacía mucho tiempo que no me sentía así, tan llena de paz y con muchas ganas de vivir y salir adelante de este proceso y afrontar lo que se venia...

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos

Algo fraterno

Capítulo 2
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED