Capítulo 2

ANA.

FLASHBACK

Salgo de mi entrenamiento de esgrima, tengo exactamente 15 minutos para llegar a mi entrenamiento de natación. Mientras voy camino a las piscinas, coloco en mis oídos los audífonos de última tecnología, cortesía de mi padre, para contestar la llamada de mi atractivo hermano mayor.

—¿Dónde estás?

—Voy a natación. ¿Qué quieres?. —Doy un resoplido, porque Wilson solo me llama cuando necesita algo de mi.

—Si sabes que no es necesario que te esfuerces tanto.

—Bueno, querido hermano, si quiero lograr mi objetivo, no se puede ir por la vida siendo una vaga sin escrúpulos como tú.

—¡¡¡Ey!!!. Calmate, que soy vago, pero tengo escrúpulos. —Pongo mis ojos en blanco, por su risita infantil. — ¿Por qué te empeñas tanto en sobresalir?.

—No me empeño en sobresalir, me empeño en ser mejor.

—Si sabes que con todo el dinero que vamos a heredar, no necesitas esforzarte por ser la mejor, ya el mundo lo sabe.

—No lo hago por eso y no me interesa que me reconozcan por el dinero que voy a heredar. Dime de una buena vez que quieres o te cuelgo.

—Ana, sólo quería saludarte y recordarte que un día serás la jefe, que pase lo que pase, vas a tener mi apoyo.

—¿Qué te pasa?. ¿Estas bien?. —Me quedo mirando el teléfono de forma extraña.

—Si, es solo que sabes que no quiero nada de esto.

—Díselo. A papá, dile lo que quieres hacer con tu vida Wilson.

—Adiós hermanita, tengo una reunión.

Colgamos y me quedo realmente preocupada por mi hermano, parece un tonto, pero es la persona con el corazón más dulce del mundo, solo piensa en ayudar a las demás personas y si en sus manos tuviese la posibilidad de un futuro diferente, él ya estaría en algún país de tercer mundo alimentando personas.

Sigo mi camino con un audio, donde voy repitiendo una a una, las fórmulas para el examen de cálculo avanzado que tengo mañana. De mis calificaciones depende que yo pueda entrar a la universidad que quiero, aunque soy consciente de que mi padre se va a oponer.

Recuerdo que mi relación con mi padre, siempre fue la mejor, eramos amigos y compañeros de crímenes, pero todo se empezó a romper poco a poco a medida que yo iba creciendo y le iba demostrando que no era una niña como las demás, que no era una delicada pieza de porcelana y que por el contrario podía defenderme sola.

Permanezco solitaria en todas partes, en realidad mis únicos amigos son mis hermanos que siempre me apoyan en todo y a los cuales puedo mandar a mi antojo, son demasiado débiles, son demasiado buenos pero al mismo tiempo siento lastima por ellos, ya que todo el tiempo hacen lo que dice papá y no actúan bajo sus convicciones.

En la escuela las cosas tampoco son fáciles, soy presa de bromas pesadas y de todo tipo de amenazas por ser la mejor estudiante, sin embargo hace varias semanas tengo un nuevo “amigo”.

—Hola Ana, llegas tarde, nunca llegas tarde. —Su blanca sonrisa me recibe.

—¿Qué haces acá?. —Lo miro mal, mientras me bajó los pantalones de sudadera. —La cita era a las 3 y en la biblioteca. —Termino de quitar mi camiseta y veo como sus ojos van a mi pecho. —¡¡¡Ey!!!, mis ojos están arriba.

—Lo siento, es que yo…

—No me interesa. Vete y más tarde nos vemos en la biblioteca.

—Te voy a acompañar y a esperar. —De nuevo está esa sonrisa perfecta que me estresa.

—Como quieras.

Se ha vuelto una total rutina, estar acompañada de Damian, el chico popular.

En un corto encuentro, me suplico por ayuda, para poder solucionar sus bajas calificaciones y decidí aceptar, porque la verdad no vi nada de malo en hacerlo.

En realidad no sabía qué me iba a costar tanto, más adelante.

Luego de salir de la clase de natación y llegar a la biblioteca, Damian tuvo un “regalo” algo extraño. Pero lo recibí gustosa.

—¿No la piensas guardar?.

—¿Es para comer no?.

—Bueno si… —Me sonríe ahora algo ¿feliz?

—Entonces, pues me la como. —Dije obvia, subiendo mis hombros.

Su sonrisa me pareció tan genuina que me reí con él, pero luego me dí cuenta de que él no se reía conmigo, se estaba riendo de mí.

Los meses pasaron, 6 para ser exactos, y durante todo ese tiempo Damian estuvo a mi lado, en cada entrenamiento, en cada tarde y noche de estudio. Por primera vez mi padre fue feliz, pues sabía que “mi amigo”, era hijo de unos reconocidos empresarios y su hermano mayor estaba empezando una próspera carrera política.

Un día antes de que se realizará el baile de graduación, tan anhelado por muchos y tan rechazado por mi, me “confeso su amor”, fuimos a ver el atardecer a un lugar dentro de la ciudad que a mi me encantaba, se lo había enseñado porque confiaba en el. En la cima de un edificio alto y al que yo tenía acceso por ser la hija del dueño, una silla era lo único que me acompañaba cada vez que iba a ver los atardeceres.

Dami, como yo solía llamarlo para ese entonces, me tomó de la mano y me acerco a él, dejando mi espalda contra su pecho y colocando su mentón en mi hombro.

—Eres hermosa.

—¿Qué haces? —Mi cara de susto era inexplicable.

—Decirte la verdad. No es justo que lo siga ocultando.

—¿De qué hablas? ¿Qué verdad?.

—Ana, me enamoré de ti, conocerte y pedir tu ayuda ha sido lo mejor que me ha pasado y quiero que vayas conmigo al baile y que vayas conmigo a todas partes de ahora en adelante.

Me pareció tan extraño que un chico como él, me dijera esas palabras, sin embargo me dejé llevar, le creí y creí que era honesto. Mi madre me ayudó a encontrar un hermoso vestido de diseñador de un día para otro, después de todo ella los conocía a todos y era lo mínimo que podía hacer, me maquillaron y me peinaron y me sentí como toda una princesa.

Dami llegó por mi, nuestra entrada al elegante salón de baile, se robó todas las miradas, me sentía como en un sueño, pero estaba confiando en él.

—¿Qué tienes?. —Hoy está particularmente nervioso y casi no ha saludado a sus amigos de siempre.

—Nada. —Responde seco.

—Si quieres nos podemos ir, es decir…

—¡¡¡No!!!. Es que yo…tengo una sorpresa para ti.

—Oh. —Mis ojos se abren y le doy una pequeña sonrisa.

Mi sorpresa fue mayor cuando llegamos al edificio, donde yo lo había invitado a ver atardeceres conmigo y no sé cómo lo logró, pero había decorado y colocado pétalos de rosas sobre un colchón blanco y una especie de carpa apenas iluminada, todo era hermoso y creí que todo eso era para mi.

Me deje guiar por sus palabras, por sus besos y caricias. Le entregue mi virginidad, en realidad fue muy delicado y tierno, fue tan caballero que la pesadilla que se me venía encima, jamás pasó por mi cabeza, menos después de ese comportamiento tan dulcemente conmigo.

Yo sentía que mi mundo estaba completo, mi padre aprobaba lo que hacía, tenía por fin un amigo y novio y estaba siendo una adolescente.

Pasado un rato, veo como Dami, se empieza a poner nervioso y a rechazar llamadas entrantes a su celular, finalmente entra un mensaje de texto, el que arruina todo.

—¡¡¡MIERDA!!!. Ana vístete. ¡¡¡ya.!!!. —Me grita muy molesto.

—¿Qué pasa?. —Pregunto un poco confundida.

—Solo vístete por favor.

Yo alcanzo a colocarme mi vestido y tener mis zapatos en mis manos, cuando la puerta es abierta de golpe y veo entrar a los viejos amigos de Dami, con sus parejas de la fiesta de baile.

—Así que lo lograste, te quedaste con la virginidad de la nerd. —Dice divertido uno de los amigos de Damian, que además está casi ebrio.

—Ana, no lo escuches —me dice Dami en un susurro. —Intenta tocar mi mano con sus dedos, pero me alejo.

Mi pecho se aprieta un poco, pero me recuerdo quien soy y no me permito mostrarme débil.

—Te felicito Dami, de verdad que no creí que esta niña fuese a ceder tan fácil. —Es ahora Kris, la ex novia de Damian, quien hace este venenoso comentario.

Sigo de pie, mirándolos, viéndolos directo a sus ojos y a sus rostros, veo como se ríen de mí, veo cómo se burlan de mi, me estaba llenando de rabia, mas no de lágrimas. No había nacido para dejar que los demás me pisotearan.

—¿Cuánto apostaron? —Pregunto mientras miro directamente a los ojos a Damian.

Escucho como los demás quedan en silencio, debido a mi inesperada pregunta.

—Ana, no…—Los ojos de Damian son una súplica.

—1000 dólares. —Contesta uno de sus bastardos amigos.

—Entiendo. Adiós. —Me voy con el alma hecha pedazos, pero la dignidad intacta.

Con mi padre solía practicar tiro, al principio con armas de salva, luego con armas reales. Como la que use, para que esos bastardos me entregaran los mil dólares que se habían ganado por mi virginidad, finalmente era mía y el dinero también.

—¡¿Pero qué carajos?!. —Me divierto con sus caras de miedo.

—Es fácil, me dan los mil dólares, que son míos por obvias razones, y los dejo vivir. —Tengo una sonrisa de loca.

—Te vas a meter en problemas, loca.

—Tiffany, sabes bien quien es mi padre. El jefe del tuyo. así que no, no me va a pasar nada. El dinero que me voy. —Activó el arma y los miro muy mal, con rabia y desprecio.

Desde ese día no volví a ser la misma, me cerré por completo a las personas y no volví a dejar entrar a nadie, hasta que conocí a Martín, que sin esperar se convirtió en el amor de mi vida y en mi cruz más grande.

FIN FLASHBACK.

***

HOY.

Acabo de salir del baño, del salón de recepción donde se celebra el bautizo de la hija de Cristóbal y hermano de Martín. Lo que acaba de pasar ahí dentro, fue arriesgarlo todo, fue pretender que no había pasado nada, pero no puedo negar que lo disfrute, que me sentí de nuevo como en los viejos y buenos tiempos de nuestra relación. Mi deseo fue más grande que mi razón, no puedo negar que también fue amor, puedo negar al cielo y al infierno que lo amo, puedo afirmar que lo despreció y que lo odio, pero mi corazón sabe la verdad y la verdad es que lo sigo amando como el primer día.

—¿Todo bien? Te demoraste en el baño. —Me pregunta Julian.

—Si, todo bien. —Le contestó a mi acompañante y “novio”.

Capítulo 3

MARTÍN.

FLASHBACK.

—¡Responde carajo!. —El sonido de la voz de mi hermano Cristóbal es casi un susurro.

Estoy en mi habitación dentro de la facultad de medicina, anoche me fui de fiesta y me pase de copas, aunque creo que de otras cosas también.

Estoy metido en este espiral de drogas, sexo y rock and roll, desde hace varios años. Empecé solo bebiendo y luego probando cosas, para no llegar tan ebrio a la casa de mis padres adoptivos.

—Carajo Martín, no tenías que hacer esto, no precisamente hoy, que tengo un examen tan importante. —Cristóbal está realmente molesto. Me sacude con furia, para llevarme al baño.

—Lo siento, es que olvidé por completo el mundo. —Mis palabras son realmente arrastradas.

—Pero el mundo no se olvida de ti Martín. Y te seré sincero hermano, debes volver…

Se que mi hermano tiene razón, desde que empecé en esta descontrolada vida, he tenido dos accidentes de tránsito leves, tres rehabilitaciones y una intervención urgente para desintoxicar mi cuerpo.

Lo que vivo es un infierno, no puedo dejar de beber, no puedo dejar de consumir o de estar en fiestas y menos, cuando Xiomara es quién me llama a invitarme. Ella es la peor persona que he conocido jamás, pero al mismo tiempo es la única que me conoce bien y sabe lo que siento por dentro.

Mis padres murieron, cuando apenas era un niño y la ausencia de las dos personas que más me han amado, me llenó de vacíos y de inseguridades que ni yo mismo sé cómo explicar y a eso le sumó, la falta de familia que quisiera adoptarme, Aunque de mis tíos no esperaba más, me amaban con su vida, pero ya tenían una vida.

—Sabes que eres demasiado importante para nosotros, pero vas a estar mejor con los Laponte. —Veo a mi tío beber de su vaso de Whisky.

—Pero ustedes son mi familia. —Mis ojos están llenos de lágrimas nuevamente.

—Y eso nunca va a cambiar, pero nuestro estilo de vida, no va con la de un niño, debes tener la vida de un niño.

—No quiero estar con ellos. No me merezco nada de lo que me está pasando. ¿Si te das cuenta, que me quedo completamente solo?. —Mis lágrimas acompañan mis puños casi blanco por la fuerza que ejerzo.

—Vas a tener a tu disposición todo cuanto necesites, pero Martín…

—No es cuanto necesito tío, es a quienes necesito.

Ese día supe que estaba solo, que iba a tener que vivir el resto de mi vida en soledad, cargando el peso de una herencia excesiva y nada más. A pesar de que los Laponte me adoptaron como su hijo y de que nunca tuvieron preferencias por Cristóbal sobre mí, sabía que no era mi familia y eso me hizo caer bajo.

Toqué fondo y en cada recaída ellos fueron mi soporte, mi rescate y mi salvavidas.

Xiomara se ha convertido en mi mejor amiga y amante de turno, cada vez que nos vemos, todo se vuelve salvaje y descontrolado, es una chica hermosa, pelirroja con piernas de infarto. Y si hoy voy camino al hospital, una vez más, para que me hagan un lavado, es porque estuve tres días perdido con esa exótica mujer.

—Tienes que dejarla, o no vas a salir de este círculo vicioso Martín.

—Ya lo sé, pero es que ella abre sus piernas y yo, me olvido de quién soy. —Empiezo a temblar, porque tengo un pequeño episodio de ansiedad.

—Además, sabes que sus amistades no son las mejores. —La mirada de mi hermano ahora es seria.— Eso te perjudica mucho.

—Si, solo no se como decirle que no, ella me da todo lo que yo quiero.

—Estás viviendo un infierno Martín, tienes que salir de ahí.

Ese fue el último día que mi hermano Cristóbal me aconsejó, luego de eso decidí internarme en una clínica de rehabilitación de manera voluntaria, pero como siempre yo tenía que tener una última fiesta, esa fiesta de despedida. Esa que me llevó a la ruina definitiva y al mismo tiempo a salir del infierno en el que estaba metido por voluntad.

—Martín, ¿estás seguro?. Eso es demasiada droga.

—¡¡¡Si!!!. Es mi fiesta de despedida, hoy debe ser así. —Ya la borrachera no me deja pensar.

—Yo me quiero ir ya. —Mi amigo de la universidad Joel, el más noble personaje que había conocido jamás.

—Eres tan débil Joel, que aburres.

Luego de esnifar toda esa droga, no recuerdo mayor cosa, hasta que el grito de Xiomara me sacó del lugar en el que estaba mi mente. Me moví como pude por el lugar y llegué a ella, que estaba intentando reanimar a Joel.

Cuando lo vi, sabía que estaba muerto, sabía que no había nada que hacer, no tenía ni la más mínima idea de lo que había sucedido ese día. Solo recuerdo que, en realidad, no recuerdo nada.

—¡¡¡Vámonos!!!. Tenemos que irnos Martín. —Xiomara, me tomó del brazo en un intentó por apartarme de Joel.

No le digo nada y sigo haciendo RCP, porque por alguna razón creo que él sigue vivo, pero se que no es así.

—¡¡¡Nos vamos carajo!!!. —Grita y me empuja. —Lo matamos, vámonos.

Empiezo a retroceder y a caminar, pero sin quitar mi vista del cuerpo Inerte de Joel y es cuando me doy cuenta que si no salgo de este lugar, voy a terminar como el.

—Suéltame.

—Estamos juntos en esto. ¡Ni siquiera lo pienses!. —Los ojos de Xiomara se inyectan de sangre.

—No estamos juntos en nada, nunca hemos estado juntos. Tengo que cambiar, esto no puede seguir así, yo no puedo seguir así.

—¡Oyeme bien!. Esto te va a salir caro, un día te voy a encontrar y te voy a hacer pagar por todo esto, yo no soy una mujer que se usa y se deja. —Su mirada ahora me da miedo.

—Tu sabes que nos usamos todo el tiempo, yo solo me tengo que alejar.

Y así fue, me fui a rehabilitación por seis meses, luego volví, terminé mi carrera de medicina, pero yo no volví a ser él mismo, había matado a un amigo, a una inocente, por mi descontrolada vida y eso era una cruz que iba a cargar por siempre.

FIN DEL FLASHBACK.

***

HOY.

Luego de verla y sentirla como lo hice entre ese baño, quería salir y gritarle la verdad, pero aún no era momento de hacerlo.

Tenía que terminar de solucionar mis problemas y mi pasado, porque no podía pasar nuevamente por lo mismo.

Lo único que tenía claro, era que a Ana no la iba a perder, no dos veces.

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