Cinco años después, en una carretera de Andeport, Arielle se acomodó en el asiento trasero del auto, apoyada en el hombro de Everett.
"¿Estás seguro de que la doctora que mencionaste realmente puede curarme? ¿Será capaz de operarme?", preguntó ella en voz baja.
Desde muy pequeña, Arielle sufría de un problema cardíaco. A lo largo de los años, Everett se había esforzado mucho para ayudarla a curar su enfermedad.
Días atrás, el Hospital General de Andeport contrató a Melly Sherman, una famosa doctora extranjera. Todos sabían de sus capacidades y de la experiencia que poseía en su campo. Era una joven experta cirujana. De hecho, en el mundo de la medicina, la gente la consideraba como la Cirujana Milagrosa. Realizaba las cirugías más complicadas con tanta facilidad, que presumía de un cien por ciento de éxito en todos los casos.
Everett asintió con mucha confianza. Sin embargo, Arielle se sentía un poco molesta y la duda la agobiaba en ese momento.
"Esa mujer es muy joven", se quejó.
"No sé si tiene suficiente experiencia como para operarme, ¿no crees?".
En realidad, no fue la experiencia ni la edad de la doctora lo que le incomodaba. Fue su nombre lo que hizo que Arielle sintiera náuseas.
Melly Sherman.
Ella recordó inmediatamente a la perra de Melissa Sherman. No pudo evitar preguntarse si era algo más que una simple coincidencia.
Minutos más tarde, salieron de la autopista y se adentraron a una carretera remota. Ambos vieron a lo lejos una villa al pie de la montaña.
"Espera aquí", dijo Everett cuando se detuvieron.
"Iré a echarle un vistazo primero", agregó.
Después de que se marchó, Arielle salió y se paró al lado del auto, esperando a que regresara.
En ese preciso momento, un perro salió de entre los arbustos.
Era un Pomerania. Miró a la chica y luego movió la cola con entusiasmo.
Arielle gritó de miedo y lo pateó con fuerza en la barriga.
"¡Quítate de mi camino, maldito perro!", le espetó.
El cachorro gimió de dolor y corrió rápidamente hacia sus dos jóvenes dueños.
"¡Harley!".
Inesperadamente, un niño salió de un matorral. Debido a que acababa de llover, su cuerpo estaba todo cubierto de barro. Él corrió muy rápido y sostuvo al perro lastimado en sus brazos.
En los brazos de Merrick Sherman, el animal comenzó a vomitar.
Segundos después, apareció también una niña.
"Merrick, ¿qué le pasa a Harley? ¿Ahora qué hacemos?", preguntó ansiosamente.
"El pobre se ve muy mal. ¿Se va a morir?".
Arielle miró a los dos niños frente a ella y tuvo una sensación de familiaridad, como si los conociera de alguna parte.
Antes de que pudiera decir algo, escuchó una fría voz desde atrás.
"¿Qué sucede aquí?".
La mujer inmediatamente corrió hacia Everett y se arrojó a sus brazos.
"¡Everett, al fin llegas! Ese perro me persiguió y quiso morderme".
De inmediato, Merrick, sosteniendo al cachorro, se puso furioso cuando escuchó eso.
"¡Mentira! ¡Usted está mintiendo! ¡Harley jamás muerde! Solo estaba emocionado y moviendo su cola. ¡Esta es nuestra casa! ¡Es una propiedad privada! Nosotros podemos jugar con nuestro perro donde y cuando queramos. ¿Qué derecho tienen para estacionar su auto aquí? ¿Quién les dio permiso?".
El niño apenas tenía unos cuatro años. Su rostro era suave y delicado como un muñeco de porcelana. Sin embargo, en ese momento, sus brillantes ojos ardían de rabia. Hizo un ligero puchero y acarició a su perro, con tristeza. Aunque su voz era infantil, cada una de sus palabras era firme y coherente.
Cuando Everett lo miró, sintió mucha curiosidad.
Extrañamente, al igual que Arielle, le pareció que había visto a esos dos niños antes.
Después de pensar por un tiempo, el hombre volvió en sí y miró a su asistente. Este se adelantó enseguida, se agachó y miró a los dos niños.
"Lo lamento mucho. Fue nuestra culpa. Si me entregas al perro ahora, lo llevaré a un veterinario para que lo revise de inmediato. ¿De acuerdo?".
Merrick se negó rotundamente.
"No es necesario. ¡Esta es nuestra casa! ¡Por favor, váyanse ya!".
Tras ponerse de pie, el asistente miró a Everett con las mejillas encendidas de vergüenza. Ese niño era muy terco.
Everett se aclaró la garganta. "¿Ustedes dos son parientes de la doctora Sherman?".
"¿Por qué están buscando a nuestra mami?", preguntó Lindsey Sherman, ladeando la cabeza.
Everett y su asistente intercambiaron una mirada avergonzada. Habían venido para ver a la doctora Sherman, pero no esperaban ofender a su familia antes de conocerla.
"Mi novia está enferma, así que necesitamos su ayuda", explicó Everett.
Merrick los miró con el ceño fruncido. "Váyanse ahora mismo, ¡porque mi mami no la tratará!".
"Merrick...". La niña hizo un triste puchero y sacudió el brazo de su hermano. "Mami siempre dice que un doctor debe curar a los heridos y rescatar a los moribundos. No podemos guardar rencor a una persona, por muy mala que sea".
Everett sintió que su corazón se derretía mientras observaba sus hermosos rostros infantiles.
Si el hijo de él y Arielle aún estuviera vivo, tendría la misma edad que esos dos niños. Su odio por Melissa aumentaba cada vez que lo recordaba. Deseaba matarla.
Lindsey miró a Everett amablemente. "Mami no está en casa. Ha salido, pero pueden esperarla adentro".
Los dos niños entraron corriendo a la villa con el perro. Everett los siguió lentamente.
En cambio, Arielle estaba furiosa, pero no se atrevía a perder los estribos frente a él.
Una vez que entró a la villa, estaba a punto de sentarse en un sofá cuando el niño la detuvo. "Lo siento, ese es el lugar de mi mami. Solo ella puede sentarse aquí. Por favor, siéntese en otro lugar".
Controlando su rabia, Arielle caminó hacia el otro extremo del sofá, pero Merrick volvió a detenerla. "Aquí nos sentamos mi hermana y yo".
Arielle frunció el ceño y se volvió hacia Everett, esperando que la defendiera. "Everett...".
Estaba tan molesta que dio un pisotón. "¡Los niños de hoy en día son unos maleducados!".
"Sí, tiene razón", contestó Merrick burlonamente. "Mi hermana y yo somos maleducados, pero usted parece ser muy bien educada. ¿Es por eso que pateó a nuestro inocente perro? Además...". La miró de pies a cabeza y agregó: "Ya no es una niña. ¿Le molestaría hablar como un adulto? Ni siquiera mi hermana actúa como una niña mimada como usted. Es repugnante".
Arielle estaba avergonzada.
Negándose a darse por vencida, volvió a mirar a Everett, pero él le hizo un gesto para que se quedara callada.
Luego, se giró hacia su asistente. "Ve a buscar al doctor Wyatt Quinn", ordenó.
"El doctor Quinn es el veterinario más famoso de Andeport", les explicó a los dos niños. "Él examinará a su perro y diagnosticará su condición".
El niño quiso negarse con un resoplido, pero su hermana lo agarró de la mano. "Merrick, mami solo atiende a personas, así que no podrá ayudar a Harley. ¿Y si algo le pasa? No debemos rechazar su ayuda. Deja que el veterinario examine su lesión. Después de todo, nos lo deben".
El rostro de Merrick se suavizó. "Está bien", respondió a regañadientes.
Everett esbozó una sonrisa. Le agradaban esos dos niños.
"¿Cuáles son sus nombres?", preguntó cautelosamente.
"Mi nombre es Lindsey Sherman, y este es mi hermano, Merrick Sherman...".
Antes de que Lindsey pudiera terminar de hablar, el niño le tapó la boca y frunció el ceño. "Lindsey, mami siempre nos pide que no les digamos nuestros nombres a extraños. ¿Y si nos secuestran?".