Capítulo 2

Capítulo 2:

Ada.

─ Tú no eres Willy─ suelto.

─ No, me llamo Codi ─dice mientras cruza su mirada con la mía por el espejo. ¡Mierda! Es lindo.

─ Sofí ¿No venía tu amigo a buscarnos?

─ Sí, Ada. Lo que pasa es que él está ocupado por lo que mandó a este muchacho─ Siempre sonríe como ingenua, pero la quiero.

─ Soy su amigo. No creo que sea necesario ninguna explicación. Deberías callarte y disfrutar el viaje. Una buena niña se mantiene en margen─ Me guiña un ojo. ¿Pero quién se cree que es?

─ Primero, no soy una niña tierna y callada como las que te huelen el culo. Y segundo, nadie me dice que hacer. ¡Además, si merezco una explicación ya que son unos putos desconocidos y quién sabe lo que quieran hacernos!

─ Es linda tu amiga, Sofí. ¿Siempre quiere morder? ─ suelta bromeando a "nuestra" amiga.

─ ¿Así que sois amigos y nadie me lo dijo? ─ ¡Pero joder!

─ Algo así. No te enojes, Ada. Tu eres mi mejor amiga, y él es buen amigo de Willy. Por eso estaba tranquila cuando lo vi en su auto.

─ Ok. Está bien─ Revoleo los ojos acurrucándome en el asiento.

El estúpido me mira un par de veces por el espejo retrovisor. Me lanza un par de sonrisas torcidas pero sexys que me hacen enojar. Lo odio, si cree que con lanzarme miradas sensuales va a cambiar la impresión que me dio, está muy equivocado.

Luego de unos minutos llegamos a una casa club universitaria. No parece la típica fiesta de universitarios. No hay vasos tirados por el patio, no hay gente borracha en la entrada ni chicas desnudas bailando alocadamente, tampoco veo el típico banderín mal colgado en el porche. Parece una gran casa con gente entrando y saliendo de vez en cuando. Gente bien vestida.

Me abren la puerta quitándome de mi ensueño.

─ ¿Qué pasa Princesa? ¿Esperabas algo alocado? ─ es muy irritante.

─ Codi ¿verdad? Creo que deberías meterte esa hermosa boquita dentro de tu ano─ lo digo con tanta calma que me sorprende y le doy una sonrisa sarcástica.

─ ¿Con esa boquita le hablas a tu madre?

Tocó un punto débil. Me voy a portar bien esta noche, así que lo ignoro. Camino hacia la casa, pero escucho que grita.

─ Wow, lamento lo que dije. ¡Ese es un tatuaje inapropiado para una Princesa!

¿Inadecuado? Pero por favor. Es hermoso y creía que no se notaba, que el vestido lo cubría. Un tatuaje es arte en el cuerpo. Un colibrí no es abominable. Pero al fin y al cabo su opinión es basura, ni él ni lo que salga de su boca importan.

Camino con la cabeza en alto. Supongo que acabo de cruzarme con el ser más molesto del planeta tierra. Llego al porche y mi amiga me toma del brazo para ingresar a la gran casa. Es muy elegante, todo debe ser muy caro. No hay ni un chico que no tenga traje y todas las mujeres visten con vestidos de colores pasteles, la mayoría de estas son altas, rubias, delgadas y con al menos una cirugía ya sea de nariz o de senos. Manga de pringados ricos. Delante nuestro, aparece un muchacho de cabellos rubios como si estuviesen planchados, luce un impecable traje azul y sus ojos carmesí, sí, seguro usa lentes de contacto, parece un asesino en serie con los ojos rojos, un asesino bien trajeado.

─ Qué bueno verte─ se inclina y besa la mano de Sofía. Wow esto da miedo.

─ Contaba los segundos por verte de nuevo─ suspira ella. Esto es realmente escalofriante, sin embargo, me cuesta ahogar una risa.

─ Esto es para vos, pensé que sería un bonito detalle─ le da una patética flor, es una margarita. Yo soy alérgica a las margaritas.

─ ¡Achu! ─ estornudo a pesar de estar como a medio metro de distancia de la escena pegajosa.

─ Oh. Ella es mi mejor amiga, Ada. Ada, él es Willy─ suspira al decir su nombre.

─ Eh sí. Hola─ me alejo.

Tengo náuseas. ¿Ya se enamoró? Imposible. ¿Tal vez lo ve hace mucho tiempo? ¿Quizás pensó que yo me reiría de ella? La cosa es que no me contó que está enamorada... Duele un poco, soy su mejor amiga y no me dijo nada. Supongo que cree que voy a odiarla por enamorarse, pero no, en verdad estoy feliz por ella, es más la envidio, ella cicatrizo y puede amar. Yo cada vez que cicatrizo, reabro la herida con algo realmente estúpido. Me duele que sepa que soy insufrible...

Visibilizo una barra. Por fin algo normal. Pido una birra, pero no saben que es. Explico que es una cerveza, pero no tienen. Pido vodka al estilo Dr. Lemon, pero tampoco tienen, ni Mojito, ni Caispiroka, ni nada con vodka. Pregunto por un Red Bull, pero me dice que no tienen porquerías. Enojada, le digo que me de cualquier mierda que esté preparando, siempre y cuando tenga alcohol, a lo que me da un trago color rosa con una cereza encima. Lo pruebo, no está nada mal, creía que era un "Pantera Rosa", pero es mucho más sabroso. Me siento en un taburete de la barra y como si estuviera en un bar de los 80' me pongo a beber porquería rosa. Carajo que está rico. Le pido otra, bebo tranquila ya que sé que en las fiestas las bebidas son gratis, pero esta es una fiesta de chetos ¿y si me cobran una pierna por un traguito rosado?

─ Son gratis, ¿verdad? ─ le pregunto al braman, mostrando cara de idiota.

─ Sí. Quieres probar otra cosa o te gusta eso...─ no fue pregunta, fue una cosa rara.

─ Esta cosa me gusta.

Creo que es mi octavo tubito rosa, pero no siento que tenga alcohol. La verdad es que no tengo la menor idea de cuánto tiempo transcurrió entre la llegada y los ocho tragos rosados. Alguien se arrima a la barra y conversa con el braman. Sigo concentrada en mi asquerosidad rosa, el tipo se arrima y me toca la mejilla, lo aparto advirtiéndole lo que le espera si trata de besarme. No me hace caso, el imbécil está bien en pedo. Se arrima y trata de besarme, esta pesado por lo que me cuesta zafarme. Entonces, cuando trato de empujarlo, alguien lo agarra por la camisa apartando al idiota de mí, lo pone en frente y lo golpea. Asombrada, me pongo de pie de un salto abandonando aquel taburete retro y vintage. ¡Mierda! Todo da vueltas, no fue buena idea beber mucho. El alcohol está bajando por mi cuerpo, lo siento. El chico súper héroe se me acerca, aunque lo veo borroso, me pregunta algo y no logro comprender ni una sola palabra. Intento caminar hacia él y todo se nubla...

<< Estoy en un bosque. ¿Por qué mierda estoy en un bosque? Está húmedo el suelo, parece que llovió hace poco rato. Mis pies tienen frío ya que por alguna idiota razón estoy descalza. Camino lento, las ramitas pequeñas me hacen doler mientras crujen bajo mis desnudos pies. Abrazo todo mi torso con mis brazos en un intento inútil de obtener calor. ¡Un momento, hay un espejo! Sí, un espejo con detalles en cobre, grande, al parecer nuevo. ¿Qué hace un espejo como este en medio del bosque? No tengo la puta idea. Me acerco con cuidado y suspiro al ver el reflejo.

Tengo un vestido blanco muy bonito, en el cabello una diana rosa y en los pies zapatos mocasines a juego. Miro mis pies y están desnudos, pero en el reflejo tengo calzado. Fuera del espejo mi vestido está roto y sucio, pero parezco princesa si me miro en aquel objeto. Lo que solía ser el comedor de la que era mi casa cuando era pequeña empieza a verse en el espejo justo por detrás de mí. Pero al voltear no hay nada. Mis papás me abrazan mientras detrás de mí el bosque comienza a arder. Las llamas me invaden, pero no quiero dejar de ver en el espejo...>>

─ Mierda─ me agarro la cabeza mientras me siento─ ¿Dónde estoy?

─ Estás en mi cuarto princesa.

─ ¿Se puede saber por qué motivo estoy aquí? ¿Quién eres?

─ Vamos. Estás borracha, no drogada─ giña un ojo y me ofrece un vaso con agua.

─ Codi.

─ En persona. ¿No me vas a dar las gracias por mi acto heroico?

─ Gracias y adiós.

─ No, no, no, primero vamos a charlar un poco─ se endereza de forma chistosa, me doy cuenta que no trae su saco.

─ ¿Qué te pasa? ─ me río tímida.

─ Nada. ¿Quiero saber por qué bebiste tantos tragos del Sr. Amnesia?

─ ¿Así se llama el trago rosa?

─ No. Así se llama el Braman. Le dicen así por qué no hace tragos convencionales, tranquila que ninguno tiene drogas, solo alcohol... Por suerte no tomaste el azul.

─ ¿Qué tiene el azul?

─ Por ese trago le dieron el nombre al braman. Yo lo descubrí por cuenta propia.

─ Algún día tendrás que mostrarme evidencia de eso─ trato de salir de la cama, aunque esta cómoda.

─ Alto, no me respondiste a mi pregunta... ¿Ada, porque bebes tanto? ─ tiene los ojos más endiablados que he visto.

─ Por qué se me da la regalada gana, y punto─ me paro de golpe sin darle tiempo a que me reproche.

─ Deberías tener cuidado al ponerte de pie.

Lo ignoro, me pongo de pie, pero tengo las piernas de fideo. Al segundo intento me incorporo. Él no se ríe ni se burla. Nos miramos fijo, en silencio, parados frente a frente a una distancia bastante abrupta. No siento nada del otro mundo, el corazón no se me sale por la boca, no sudo ni estoy nerviosa. Solo siento tranquilidad. Por primera vez en años, en esta habitación con paredes pintadas de color crema parecidas a las de un hospital, pero en ellas hay miles de cuadros y libros en estanterías que parecen infinitas, con cortinas largas y azules y un cobertor a juego, en esta habitación con este chico despeinado pero sexy al que acabo de conocer, me siento tranquila. No quiero correr, no quiero irme. Me encantan sus ojos azules, sus desarmados rizos oscuros como penumbra de la noche, se acerca lentamente y mis piernas activan modo fideo entrefino. La re puta madre, siento que voy a tierra, pero unos brazos fuertes me agarran por segunda vez esta noche. Nuestros rostros están tan cerca que siento su respiración, sin darnos cuenta acotamos la distancia entre nosotros e interrumpiendo lo que sería sin dudas el beso perfecto, me dan unas terribles náuseas, contengo el vómito pues no quiero vomitarlo todo encima. Codi se da cuenta y me dice que vamos al baño, haciendo con la cabeza llegando en un segundo a la puerta del baño, la cual, por alguna razón del universo, está abierta y desocupado. Ignoré todo a mi alrededor siendo mi única prioridad vomitar. Supongo que él se quedará afuera mientras decoro el inodoro del baño con colores rosados y olor a mierda vomitada, pero no. El señorito entra conmigo, yo por instinto de no aguantar más, me pongo de rodillas activando la vomitada, luego de varios chorros de sustancia apestosa, caigo en conciencia que Codi me está sosteniendo el cabello (a pesar de que todavía llevo una coleta algo desarmada) y me soba la espalda con la otra mano. ¿Por qué es tan gentil conmigo? Seguro solo quiere que nos acostemos y ya, o tal vez sienta esta amarga atracción putrefacta entre ambos...Sí, solo yo pienso en estas cosas mientras vomito como la endemoniada del exorcista.

Luego de un rato mi estómago se calma al igual que mis piernas. Me lavo la cara y enjuago mi boca. Seco mi cara con una toalla de mano que Codi sacó del armario junto a la ducha.

─ Tu vestido está todo...─ me dice señalando el vestidito celeste que me prestó Sofía.

─ Oh, Sofía me va a matar─ al mirarlo esta todo decorado con vómito rosa.

─ Deberíamos ponerlo ya en la lavadora así no se quede manchado─ propone.

─ Mejor me voy, para lavarlo. Seguramente ella no se enoje o no me lo va a decir─ me encojo de hombros mientras bajo las escaleras. Hay música fuerte y se empieza a ver como una verdadera fiesta universitaria.

─ Ven. Vemos, te prestaré algo de ropa y lavamos ya el vestido.

Si no hubiera sido tan lindo conmigo, es más que seguro que le hubiese mandado a rodar por las escaleras por tomarme del brazo y decirme que hacer. En su lugar, lo acompaño de nuevo a su habitación. Saca de la cajonera una remera negra con una gran estampa y me la entrega en la mano.

─ Póntela y dame el vestido así lo meto en la lavadora del sótano.

Asiento con la cabeza, se voltea a buscar algo más y aprovecho para sacarme el vestido para ponerme la remera. Se da vuelta antes de que terminé viendo parte de mi cuerpo desnudo, no me importa mucho pues no me di cuenta hasta que nervioso me dio unos shorts y se fue con el vestido.

La remera me queda bastante larga y ponerme los shorts sería algo divertido de ver. Codi es mucho más alto que yo, bueno cualquiera es más alto que yo, por eso a pesar de que él es delgado, seguramente tiene un gran cuerpo, seguro va al gimnasio ¡basta de pensar en su cuerpo! Su ropa por mucho, me queda como un remeron enorme. Me suelto el cabello, de todos modos, está hecho un lío solo trato de componerlo.

Como toda una idiota pequeña me pongo a husmear en lugar de marcharme de su habitación. Veo que muchos de sus cuadros son diplomas del bachillerato y de la universidad. Me dan curiosidad sus libros, los ojeo sacándolos y devolviéndolos a sus respectivos lugares. ¡Carajo! Que buen gusto que tiene este pringado. En su escritorio tiene un porta retrato de una mujer joven, seguro es su madre, y junto a esa foto un libro de la saga Maze Runner mancado con un señalador improvisado, además de un montón de apuntes desparramados. Codi entra en la habitación, me comunica que el vestido de Sofí está lavándose, me indicó que baje y disfrute la fiesta luego ira él. Este chico es extraño.

Abajo, el ambiente está más movido, todos bailan y beben, todos me miran probablemente sea porque ellos están todos trajeados y yo visto una camiseta enorme, igual nadie me dice una mierda y tampoco me importa. Diviso una conservadora hasta la médula de bebidas, me acerco en busca de algo fresco sin alcohol, pero solo hay cervezas y latas de sidra. No quiero ir a la barra con ese tipo de tragos espantosos y no veo vasos descartables para tomar agua, por lo que pillo una sidra que contiene poco alcohol y está bastante fresca. Camino un poco disfrutando la música, solo conozco a Sofía y bueno ahora a Codi, por lo que no tengo que hacer más que beber algo y disimular mi patética situación.

─ ¿Ada? ¿Sos vos? ─ una chica rellenita se me acerca.

─ Em sí. Así me llamo.

─ Soy yo. Marta. ¿No te acuerdas de mí? ─ Marta, Marta...em no.

─ La verdad es que no te conozco.

─ Claro que sí... Fui compañera de tu hermana Candela durante la secundaria. Iba a tu casa todo el tiempo...cambiaste─ dice mirando mi atuendo.

─ Ah... si ya me acorde. Tú también cambiaste, bastante diría yo─ no voy a dar explicaciones.

─ ¿Cómo está tu mamá? ─ me está cargando la gorda esta.

─ ¿Quieres un trago? Mejor te traigo uno. Me dijeron que el Braman hace unos tragos azules riquísimos.

─ Genial... Nunca los probé. Me dijeron que son geniales.

─ Sí, geniales─ murmuro─ Quédate aquí, ya vuelvo.

Gorda de mierda. ¿Por qué puta pregunta por mi madre? ¿Acaso no se enteró? Puta madre, seguro sabe, por eso su sonrisa sarcástica. Me voy a divertir, una maldad no le hace daño a nadie...

Me acerco a la barra y converso con mi amigo el Sr. Amnesia. Me da un trago todo decorado de color azul, parece un pitufo exprimido, pero huele sabroso. Ni en pedo lo bebo. Paso por la conservadora a agarrar otra lata de sidra cuando escucho todo un espectáculo. El show es en el jardín.

"Come, come, come" se escucha. Normalmente animan a que beban. Tal vez es un concurso de comida, no creo, son muy estirados para eso. De manera pausada llego al lugar en cuestión. Por Dios. Son pura aca estos chetos. Me quedo horrorizada. Ni yo que soy mala puedo hacer lo que ella está haciendo.

Una rubia toda operada dentro de su mini vestido rosa de encaje, está literalmente obligando a Marta, sí, la gorda sin sentimientos, ¡a comer pasto como una vaca! "Eres una vaca, y debes empezar a comer algo que por lo menos sea saludable, gorda" le dice. "Trágate el pastito chanchito" puso su tacón encima de la espalda de Marta. Esto es lo más cruel que vi, le pregunté a una chica que hinchaba porque siga tragando pasto porque se lo hacía, me contesto que la rubia suele hacer eso para "generar conciencia sobre la gordura", pero que asco, es lo más mongólico que escuche salir de la boca de una plástica. Marta se ve mal, parece que se siente fatal, no solo emocionalmente. Y pasó lo que tenía que pasar, Marta vomitó los zapatos de la rubia que seguro son de diseñador y cuestan un chingo de plata. La descerebrada grita a todo pulmón que mancho sus preciosos zapatos de diseñador para luego patear en la cara a la pobre gorda de Marta. Me tengo que meter, no puede salirse con la suya.

─ Discúlpame cara de Barbie mal formada─ le grito mientras me acerco, todavía tengo el trago azul, la lata no.

─ ¿Qué te pasa? ¿Estás del asco? ─ ese tonito fresa irritable.

─ Me importa un pedo como este. Más te vale pedirle perdón a Marta, antes de que te arranque tus preciadas extensiones de pastor alemán─ me acerco a lo bruto.

─ Déjame pensar...em no. No te tengo miedo, te pareces a mi Chihuahua.

─ Mi amor. Que ternura. Me desafías, pero no me conoces.

Le tiro la bebida que por algún macabro motivo aún tenía en la mano, hace un gesto de horror, pues no creo que salga de su ropa fina, igual seguro tiene millones de vestidos iguales a ese. Me empuja como chiquilla y yo la empujo más fuerte haciendo que caiga de culo al pasto. Doy la vuelta para acabar con este espectáculo, pero en ese preciso instante siento que me tiran fuerte del cabello. Me doy vuelta y agarro a la plástica por los pelos y le digo que suelte, da como respuesta una risa estúpida. Me enojo, la cacheteo para luego agarrarla a piñas. La tarada tropieza y caigo encima de ella, rápidamente me acomodo a arcadas sobre la rubia, le inmovilizo los brazos poniéndolos bajo mis muslos, lanzo un puñetazo y luego otro, le parto el labio y comienza a sangrarle la nariz sin embargo no me importa, la sigo golpeando. Se zafa de mi agarre de piernas y trata de golpearme, esquivo solo para agarrarla del cuello comenzando a ahorcarla. Me uña los brazos a no más poder, siento sus garras postizas arrancándome la piel, pero no me importa. Siento mucha rabia y estoy nerviosa. Alguien me toma por el torso intentando separarme de ella, siento que jala y no puede alejarme, luego me suelta. Dejo de ahorcarla, sabiendo que existe la posibilidad de que la mate y no quiero eso. Siento ganas de irme, trato de levantarme y la conchuda vuelve a agarrarme del pelo, creo que es masoquista esta mina. La agarro por la muñeca y hago que me suelte, luego la pateo, la vuelvo a patear. Alguien me toma por el dorso apretándome también los brazos, me levanta y me aleja de la escena.

Me meto dentro de un auto negro y me cierran la puerta del acompañante.

─ ¿Por qué coño hiciste eso? ¿Ada estás loca?

─ Codi solo hice lo correcto, te lo juro─ me mira a los ojos.

─ Te voy a llevar a la escuela.

─ Bueno.

El camino fue silencioso, no hablamos ni una sola palabra. Me miro las manos y tengo sangre en ellas, al igual que algunos arañazos que sangran en mis brazos. Por primera vez en mi vida siento vergüenza por pelear.

Capítulo 3

Capítulo 3:

Ada.

"Rin Rin Rin"─ un despertador.

Es Domingo y suena un despertador. La hora, siete y media. Ni mierda, yo sigo durmiendo. Agarro el despertador y lo lanzo lejos, choca contra el suelo, pero sigue sonando. Obligada por el sonido tan espantoso, me levanto a apagarlo. Lo tomo en mis manos y lo apago, pero noto algo inusual, el despertador seguro lo puso Sofía, pero ella no está. Tal vez salió más temprano pero su cama está hecha, mi amiga siempre hace la cama luego del desayuno y eso es dentro de media hora. Me dirijo al baño, al abrir la puerta veo manchas de sangre, son pequeñas, pero es sangre. Las pequeñas manchas se dirigen hacia la ducha. Despacio corro la cortina descolorida. Es Sofí. Ella está sentada en la ducha con una hoja de afeitar en su mano derecha, tiene cortes en todo su brazo izquierdo y algunos trazos en sus piernas, el color rojo de su propia sangre decora todo su cuerpo y la bañera. No tengo idea hace cuánto tiempo está aquí, por lo menos está despierta y llorando. Lentamente me acuclillo, la miro a los ojos sin juzgarla para luego quitarle la hoja afilada de sus manos. No protesta ni mezquina, afloja al primer intento. Me levanto con el elemento cortante y lo tiro en el inodoro, tiro la cadena para asegurarme de que no la vuelva a agarrar, tampoco sé de donde carajo la sacó. Tomo la toalla de mano, la que cuelga de un gancho junto al lavado, me acerco y presiono la toalla en las heridas más profundas. Seguimos sin hablar. Al inspeccionar, y con mi poca experiencia en cortadas, logro divisar heridas no profundas. Luego de un rato dejan de sangrar.

Me levanto y busco un toallon lo suficientemente grande para tapar el cuerpo de Sofí. Vuelvo al baño, dejo el toallon en el lavamanos y me acerco a la ducha. La desvisto con delicadeza, pero ella hace gesto de dolor cuando toco sus heridas. Dejo en el piso el vestido manchado de rojo. Abro con cuidado el grifo de abajo y con agua tibia le quito la escena del crimen de encima. Llorisquea por rato, a lo que le hago callar. No la juzgo, nunca lo haría, solo que me duele tanto como a ella, aún sin saber el motivo. Le tomo por las manos para que pueda ponerse de pie, luego la envuelvo con el toallon. Nos dirigimos a la pieza, la siento en su cama y sin decirle nada, ella comienza a secar su desnudo cuerpo. Le paso unas bragas y una remera que seguro es parte de un pijama. Se viste y me siento junto a ella para lograr comprender que mierda paso.

─ ¿Por qué, Sofí?

─No quería...

─Pero─ le digo insistente.

─Willy...─Comienza a llorar despacio.

─ ¿Qué te hizo el infeliz? ─Lo voy a matar.

─Nada.

─ ¿Cómo que nada? ¿Qué hizo? ─Me enojé.

─Quiso que nos acostemos, pero no pude.

─ ¿Qué? ¿Te hizo daño? ─le pregunto.

─No, pero me hizo acordar a, ya sabes...─ se quiebra.

─Sofí, ese mal nacido no puede hacerte daño, y supongo que Willy no tenía esa intención...Sé que pasaste algo muy malo, nadie tiene derecho a hacer lo que te hicieron, pero me dijiste que lo superaste. Y si no es así, te ayudo en lo que pueda. Sabes que te quiero, eres como mi hermana, una de verdad─ me sincero mientras la abrazo.

─Ya sé Ada... Perdón.

─Nada de perdón. Está bien. Sécate esas lágrimas y vamos con Teresa para que te cure. Tranquila que lo vamos a hacer de contrabando, nadie se va a enterar lo que sucedió.

Nos levantamos, ella se terminó de vestir, le recomendé que se pusiera una campera para ocultar las marcas en sus brazos. Lentamente bajamos las escaleras y cambiamos de edificio. Ahora estamos golpeando la puerta de la enfermería, solo espero que Teresa no tenga el día libre. Se abre la puerta.

─Hola, chicas ¿en qué puedo ayudarles? ─Siempre con una sonrisa de oreja a oreja.

─Necesitamos curación con urgencia─ ni siquiera terminé la frase cuando entré dentro de la habitación y coloqué a Sofía en la camilla.

─ ¿Qué sucedió?

─Te voy a pedir un favor. No le cuentes a nadie que estuvimos aquí─ Hago puchero y junto mis palmas para suplicar.

─Está bien─ suspira con sus manos en la cadera.

Sigo sin creer lo que hizo mi amiga. Este es el preciso momento en el que te das cuenta que tan quebrado estas, y ella está quebrada en mil pedazos, ni todo el pegamento del mundo logra pegar sus trozos, ese mal nacido cuando la destrozó se guardó un trozo para evitar que sane, es una herida que siempre sangra a pesar de coserla constantemente y disimular su tamaño... Hace muchos años Sofía sufrió algo imperdonable, un desgraciado desgarro su inocencia y la lastimó de todas las maneras posibles... Su papá la violó.

Un mes luego de conocernos, ella decidió contarme su verdad. En realidad, se auto obligó a contármelo. Ese día también la encontré cortándose los brazos, recuerdo que me asusté mucho, pensé que iba a morir, pero no, solamente necesitaba desahogarse. Traté de curarla o al menos que la sangre cesara, no sé lo que hice para que Sofí se abalanzara sobre mí y empezara a llorar. En medio de todo su llanto me contó que su padre era un alcohólico, su madre siempre trabajaba pues su padre no lo hacía, según ella, tenían dinero suficiente pero su mugroso padre lo tiraba en bebidas alcohólicas y prostitutas. Él bebía hasta perder la conciencia. También se ponía agresivo cuando lo molestaban, golpeaba a su madre y también a ella. Me contó que desde sus ocho años se vio obligada a cuidar de él, pues siempre fueron así los roles. El día de su cumpleaños número once, ella esperaba un gran pastel de cumpleaños y una hermosa pero fingida familia, todos los demás cumpleaños habían sido de ese modo, un gran pastel de chocolate, bonetes coloridos, algunos de sus familiares (pues amigos no tenía) y lo más importante de todo; su padre sobrio y amoroso. Pero no, aquel día fue diferente. Su madre tenía un turno de doce horas seguidas en el hospital, se fue antes de que la pequeña Sofí despertará. Se levantó contenta, llena de vida, al llegar a la cocina solo encontró un solitario cup cake con glaseado de chocolate y chispas de colores, sobre él una pequeña vela rosada con su llama flameante. Se acercó y tomo el pastelillo, arrugó la nariz y pidió un deseo. Si quieren saber cuál fue, pues lo único que quería a sus padres juntos, felices y un pastel de cumpleaños. Pero su padre tenía otros planes para ese momento. Al caer la media tarde, Sofía no dejaba a su soledad, sino que la abrazaba y se acurrucaba junto a ella, lentamente sintió unas grandes y caídas manos, esas mugrosas manos la tomaron por los hombros y jalaron de ella. Sus gritos de desesperación desgarraron cada estrella en penumbra que empezaba a despertar del sueño de día, sin embargo, él no tenía oídos ni conciencia, tampoco poseía humanidad, ni un poco. Jaló de su dorado cabello, ella solo trataba de defenderse inútilmente con sus manos, rascuñó, pero él era más fuerte, siguió tirando del cabello dorado hasta llevarla a una cama con olor a alcohol y cigarrillo. El animal desgarró el vestidito a flores, dejando caer todas las praderas del planeta al abismo. Sus gritos empeoraron, pero no había oídos en ese momento para escuchar, o tal vez se los taparon para no hacerse responsable de la bestia que rondaba a una niña indefensa de tan solo once años. Al parecer la bestia se cansó de los gritos de la pequeña Sofí, con su gran mano tapo su boca, pero ella en modo de defensa lo mordió. En ese momento, el sujeto híbrido y desagradable completo su cruel tarea. La sangre empezó a correr entre medio de las piernas de la inocente criatura, parecía y era una verdadera escena del crimen.

Pasadas las horas, la pequeña se levantó débilmente, caminó a gatas por el pasillo arrastrándose como animal golpeado por su dueño, hasta que llegó a un espejo roto en el suelo. Se auto daba lastima, tenía la cara embarrada en sus propios fluidos, el cabello enredado, su cuerpo desnudo, rasguños decoraban su antigua piel de porcelana, y la sangre... O eso era lo peor, su sangre había dejado un rastro desde el hecho del crimen hasta unirse con su cuerpecito. Miró hacia todos lados, pero no encontró al pervertido. Arrastrándose, volvió a la cama del delito y se durmió profundo. Al despertar, habían pasado tres días y estaba en un hospital sola. Al otro día vio a su madre, pero ella estaba tranquila, como si no hubiese pasado nada en absoluto, ella fue su enfermera y solo le dijo que más tarde un policía iría a verla y que debía de contar toda la verdad, porque su papá ya había contado la suya.

Teresa curó las heridas de mi amiga, aunque también se dio cuenta de los arañazos que yo tenía. Luego de una mini discusión, me desinfectó las heridas, bromeé un pocaso sobre ponerme la antirrábica, uno nunca sabe si la perra con la que pelea tiene rabia. Luego nos fuimos a una heladería que está a dos cuadras del internado.

─No deberíamos hablar de lo que pasó.

─ ¿Por qué no Sofía? ─le pregunto mientras recibo mi cucurucho de helado.

─Porque no hubo razón, mi mente provocó una razón inexistente─ Nos sentamos en un banco fuera de la heladería.

─Está bien.

El helado lo sana casi todo. Mi abuela sabía decir que al crearlo le ponen polvo de hadas obvio que lo creí, pero solo hasta los diez años, que es cuando me di cuenta que las hadas no existen, pero el helado de seguro tiene alguna porquería para hacerte sentir mejor. Posiblemente contenga éxtasis o algo por el estilo, solo es una suposición, heladeros del mundo no me odien, más bien les suplico que me dejen ojear la receta secreta, para saber que corno le ponen. Espero que ayude a que mi amiga se sienta mejor.

Al terminar nuestro aperitivo refrescante, comenzamos a caminar por la plaza hasta llegar a los juegos para niños. A pesar de estar grande me encantan las hamacas, tienen pinta de nostalgia. Mientras nos columpiamos suave en los pequeños columpios Sofía divaga, no dice ni una sola palabra. Le toco el hombro y con mi pulgar trazo círculos. Lo único que susurré fue " Te quiero mi niña fragmentada, a ti y a tus pedacitos".

En respuesta a mi comentario, una lágrima solitaria cae lento por su mejilla y susurra "yo también te quiero, loca desquiciada". Ambas sonreímos pasando por alto que posiblemente estemos locas. Estamos paradas en la fina cuerda llamada locura y se nos tienta a dejarnos caer en el abismo, pero estoy segura que no saltaremos tan fácil.

[...]

─Despierte señorita Cooper.

Abro los ojos y todo el mundo me mira. Los pupitres de escuela no son cómodos para dormir, bueno no están diseñados para cumplir esa función. Sin embargo, los profesores de ésta escuela tampoco están diseñados para enseñar.

Me enderezo, limpio el mar de baba de mi cara, no siento vergüenza, ni un poco. Me acomodo un poco los pelos y le hago una seña a la profesora palo de escoba, indicándole que realice la pregunta que quiera pues estoy dispuesta a contestar. Le digo profesora palo de escoba porque es muy pero muy delgada, tiene como dos metros y su pelo largo y lacio no ayuda a evitar que me mofe de ella.

─ ¿Puede explicar a qué se refiere el autor al decir que su protagonista vomita conejitos? ─pregunta con un libro gigante entre sus brazos.

─Sí puedo─ La desafío echándome en la silla.

─Bueno, adelante señorita Cooper.

─Si hablamos de Cortázar, podemos decir que es una figura retórica o metafórica. Los conejitos no son más que un padecimiento mental que posee el protagonista. Debido a que da a conocer muy pocos síntomas, no sabría decirle con exactitud si se trata de ansiedad, depresión o algún trastorno.

Todos me miran. Los cagué. A la vieja también la mofe.

Luego de esa pregunta no volví a hablar en el resto de las clases... Con el pasar de los días me voy acostumbrando a usar nuevamente el uniforme escolar, sé que me queda como el orto la pollera entablillada estilo escocesa y la camisa con volados grises. Pero si quiero que no me bajen de año es de suma importancia que me ponga esta cagada.

Si preguntan por mi semana, bueno... Fue del asco. El lunes y el martes asistí a clases, sin embargo, llegué tarde, sin uniforme y el lunes se me olvidó llevar la carpeta. Luego de ese comportamiento es claro que acabé en la oficina del director. Me regañó. El miércoles llegue primero que todos y con el puto trajecito de circo. Nadie me dio pelota. Esos tres días almorcé con Sofía; un día fueron fideos con albóndigas, otro sopa y el último no comí. El miércoles justo a la hora del almuerzo, Sofía sufrió un ataque de pánico. Se calmó al cabo de veinte minutos y subimos al cuarto. Le he estado presentando más atención a ella que a los demás. No quiero que vuelva a lastimarse. Ese fue el último día que la vi... Alrededor de las 21 horas su madre la vino a buscar, decidió internarla un par de días en una clínica psiquiátrica, bueno en realidad un centro de ayuda suicida, una estupidez si me preguntan, esa vieja debería hacerse cargo de Sofí como lo merece, no botándola en ese lugar para loquitos. Luego de eso me agarro depresión, pero no se lo dije a nadie. Hoy sábado tengo una fiesta y pienso sacarme la mierda que cargo.

Un par de pantalones negros de tela de jean y sin roturas, zapatillas cualquieras sin lavar, busco una remera, pero no encuentro la que busco. Me fijo por debajo de la cama y encuentro algo, lo saco y es de Sofía, es rosada con la estampa de un conejito pequeño en color gris, la abrazo con fuerzas. Huele a ella. Sin dudar me la pongo. Me queda un poco más larga que a ella, y no me favorece en nada, pero es de ella.

Agarro el móvil y vuelvo a marcar por décima vez en el día.

─ ¿Hola? ─Me atienden por fin.

─Hola, Señora, quería saber cómo se encuentra Sofí─ No llores Ada, no llores

─Ella se encuentra estable, en tratamiento.

─ ¿Cuándo volverá? ¿Puedo verla?

─Mira... en unos días te pasare la dirección. Por el momento no llames seguido hazme el favor.

─Está bien.

Me cortó.

Reprimo mil lágrimas. Tomo de un trago toda mi cerveza y me marcho de nuestro cuarto de escuela.

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