En los días siguientes, me convertí en la sobrina perfecta.
Obediente, callada, sumisa. Acepté la elección de la universidad local sin rechistar. Yolanda estaba encantada. Me compró ropa nueva, me preparaba mis comidas favoritas (las que no me mataban) y hablaba sin parar de lo orgullosa que estaba de mí.
"Ves, Roy, así es como debe ser una familia. En armonía," decía en la cena, lanzándole a mi padre una mirada de superioridad.
Mi padre solo asentía, pero sus ojos me buscaban, llenos de una ansiedad que me partía el corazón. Cada noche, cuando Yolanda se iba a dormir, yo iba a la cocina.
"Papá, todo está bien," le aseguraba en voz baja. "Solo necesito un poco más de tiempo."
Mientras tanto, mi plan estaba en marcha.
Con el dinero que mi padre me había estado dando en secreto para mis materiales de arte, compré dos cámaras espía diminutas y una grabadora de audio del tamaño de un pulgar.
Instalé una cámara en la esquina de la sala, oculta en una maceta de barro negro. La otra, en mi habitación, pegada debajo de mi escritorio, con una vista clara de la puerta y la mayor parte del cuarto. La grabadora de audio la llevaba siempre conmigo, en el bolsillo de mi pantalón o de mi sudadera.
El último día para cambiar la opción de universidad llegó.
Fingí tener una cita con mi consejero escolar para revisar unos "detalles" de la solicitud. Yolanda, confiada, ni siquiera se molestó en acompañarme.
"Claro, ve. Pero no se te ocurra cambiar nada," me advirtió.
En la oficina del consejero, le expliqué mi situación. Le conté de mi sueño de estudiar en la ENCRyM y de la presión de mi tía. Él ya conocía mi talento por varios concursos de arte escolares.
"Lina, tienes el potencial para ir a donde quieras," me dijo, con amabilidad. "Hagamos el cambio."
Con unos pocos clics, mi futuro cambió de rumbo. La solicitud fue enviada. La ENCRyM era ahora mi primera y única opción.
Volví a casa con una calma que desconcertó a mi padre.
"¿Lo hiciste?" preguntó, mientras lavaba los platos.
Asentí.
"Ahora solo tenemos que esperar, papá. Y estar listos."
Encendí las cámaras. Comencé a grabar. La trampa estaba puesta.