Sofía corrió sin rumbo por las calles lujosas y vacías del vecindario, la lluvia empapaba su ropa y se mezclaba con sus lágrimas, su cuerpo temblaba por el frío y la conmoción. Cada paso era un intento de escapar del dolor punzante en su pecho, la traición de Ricardo era una herida abierta y sangrante.
Se detuvo bajo un árbol, jadeando, necesitaba aire, necesitaba pensar. Sacó su celular con manos temblorosas, buscó el contacto de Ricardo, el hombre al que había amado, el hombre que la había destruido.
"Quiero terminar contigo," escribió, las palabras se veían borrosas a través de sus lágrimas.
Antes de que pudiera presionar enviar, una luz azul parpadeó en la esquina de su visión, y una voz robótica y sin emociones sonó en su cabeza.
[Advertencia: Terminar la conexión con el objetivo actual, Ricardo, resultará en una penalización. Su estado de salud se deteriorará. ¿Desea continuar?]
Era el "sistema" , esa misteriosa interfaz que había aparecido en su vida poco antes de encontrar a su familia biológica, el mismo sistema que la había guiado.
"Sí," susurró Sofía al aire vacío, su voz llena de una determinación nacida de la desesperación. "Acepto las consecuencias."
Presionó enviar. El mensaje se fue, y con él, la última pizca de esperanza que albergaba. Un dolor agudo la atravesó, como si una parte de ella hubiera sido arrancada, pero lo soportó, era el precio de su libertad.
Los recuerdos la inundaron, vívidos y dolorosos. Recordó el día que llegó a la mansión Reyes, la forma en que su madre, Laura, había abrazado a Valentina con genuino afecto, mientras que a ella solo le había dado una palmada torpe en el hombro.
"Bienvenida a casa, Sofía," había dicho Laura, pero sus ojos estaban fijos en Valentina. "Espero que tú y Valentina se lleven bien, ella es la luz de esta casa."
Luego vinieron las pérdidas, una tras otra, orquestadas por Valentina con una crueldad sonriente. El primer día, Valentina "accidentalmente" derramó vino tinto sobre el único vestido bonito que Sofía poseía.
"¡Uy, qué torpe soy!" exclamó Valentina, pero su sonrisa no llegaba a sus ojos.
Luego, le quitó el estudio de arte que su padre le había prometido, alegando que necesitaba más espacio para sus clases de yoga. Cada vez, sus padres miraban hacia otro lado, permitiendo el abuso, ansiosos por mantener feliz a la hija que habían criado.
Y entonces, apareció Ricardo. El sistema la había guiado hacia él. Lo encontró en un callejón oscuro, golpeado y sangrando, defendiéndose de unos matones.
[Nuevo objetivo de misión detectado: Ricardo. Valor potencial: Alto. Misión: Salvar y asegurar la lealtad del objetivo.]
Sin pensarlo, Sofía había intervenido, gritando y amenazando con llamar a la policía, los matones huyeron, y ella lo ayudó a levantarse, limpió sus heridas, lo llevó a su pequeño y humilde departamento de antes y lo cuidó hasta que se recuperó. Él le contó que era un huérfano sin un centavo, luchando por sobrevivir, y ella le creyó, su corazón se llenó de compasión y, finalmente, de amor.
El momento en que Ricardo la defendió frente a Valentina había sido su mayor triunfo, la prueba de que su amor era real.
"Amo a Sofía," había dicho él.
Qué farsa tan cruel. Ahora, las palabras que escuchó fuera del estudio resonaban en su mente, borrando todo lo demás.
"Usar a Sofía fue la mejor idea que tuve, ella es la carnada perfecta."
La había salvado solo para poder usarla, su amor era una mentira, su protección era una jaula. Se dio cuenta de la magnitud de su poder, no era un simple empresario, la forma en que hablaba, la confianza en su voz, sugería un poder mucho mayor, uno que podía destruir a una familia como los Reyes sin pestañear. Era peligroso.
Mientras el dolor amenazaba con consumirla, la voz del sistema sonó de nuevo, esta vez con un tono diferente, casi optimista.
[La conexión con el objetivo Ricardo ha sido terminada. Penalización aplicada. Iniciando búsqueda de nuevo objetivo.]
[Nuevo objetivo de misión detectado: Rodrigo Guzmán. Valor potencial: Excepcionalmente alto. Misión: Casarse con el objetivo y asegurar su supervivencia.]
Una imagen apareció en su mente: un hombre joven, pálido y frágil, acostado en una cama, con los ojos cerrados. Rodrigo Guzmán, el heredero de la familia Guzmán, rivales de los Reyes. Se rumoreaba que estaba al borde de la muerte.
Un matrimonio arreglado, una misión suicida. Pero para Sofía, era una salida. Una forma de escapar de los Reyes, de Ricardo, de todo el dolor.
"Acepto," dijo Sofía, su voz ahora firme, la desesperación se había transformado en una fría resolución. "Acepto la misión."
Ya no buscaba amor ni aceptación familiar, buscaba poder, buscaba una forma de vengarse, de construir algo propio sobre las ruinas de su vida destrozada. Si el mundo era un juego cruel, entonces ella aprendería a jugar.