Capítulo 3

El sistema que me trajo a este mundo era simple en su crueldad. Mi alma, arrancada de mi realidad original, fue anclada a Ricardo. Mientras fuera su esposa, su compañera, mi existencia estaba garantizada. El amor no era un requisito, solo la proximidad y el vínculo legal. Pero el divorcio rompía ese vínculo. La distancia física, más de diez kilómetros, aceleraría el proceso. Estaba atrapada. Ahora, el reloj corría en mi contra.

71 horas y 45 minutos.

El departamento al que me llevaron era lujoso y anónimo, uno de los tantos que poseía la empresa de Ricardo. Tenía una vista impresionante de la ciudad, pero todo se sentía estéril, sin vida. Era una jaula dorada para esperar la muerte. Dejé mi pequeña maleta en el suelo y me senté en el sofá de cuero blanco, tan frío como mi futuro.

Encendí la tableta que había sobre la mesa de centro. Las noticias de sociales explotaban con la noticia. No del divorcio, eso se mantendría en secreto por ahora. Explotaban con imágenes de la fiesta que Ricardo le había organizado a Camila la noche anterior en uno de los clubes más exclusivos de la ciudad. Las fotos eran una tortura visual. Ricardo sonriendo, con Camila sentada en su regazo, dándole un beso apasionado mientras él le ofrecía una copa de champán. El titular decía: "Ricardo Valdés celebra el amor con la despampanante modelo Camila Rivas".

Celebrando mi sentencia de muerte.

Me recosté y cerré los ojos, y los recuerdos llegaron sin ser invitados. Recordé la vez que tuve una gripe terrible, hace tres años. Ricardo canceló un viaje de negocios a Nueva York solo para cuidarme. Me preparó sopa de pollo, me puso paños fríos en la frente y se quedó a mi lado, leyéndome en voz baja hasta que me quedé dormida. Su mano, en ese entonces, se sentía cálida y segura sobre la mía.

"Siempre te cuidaré, Ximena," me había dicho. "Eres lo más importante para mí."

¿Dónde estaba ese hombre? ¿En qué momento se perdió en el brillo falso de una cara bonita y promesas vacías?

El sonido de mi celular me sacó de mis pensamientos. Era un número desconocido, pero la foto de perfil me heló la sangre. Era Ava, la madre de Ricardo. Dudé un segundo antes de contestar.

"¿Ximena, hija? ¿Estás bien?" La voz de Ava era cálida, llena de una genuina preocupación que contrastaba brutalmente con la indiferencia de su hijo.

"Hola, Ava. Sí, estoy bien," mentí.

"Tu padre y yo estábamos preocupados. Ricardo nos dijo que te fuiste de viaje unos días para visitar a tu familia. Pero no sé, algo no me sonó bien. ¿Pasa algo?"

"No, no, todo está bien. Solo necesitaba un respiro."

"Bueno, me alegro de oírlo. Oye, esta noche es la cena de aniversario de tu suegro. Sé que estás de 'viaje' , pero ¿no podrías darte una vuelta? Aunque sea un ratito. Tu padre te extraña."

Mi corazón se hundió. Ir a esa casa, fingir que todo estaba normal… era más de lo que podía soportar. Pero negarme levantaría sospechas y no quería preocupar a las únicas dos personas en este mundo que siempre me habían tratado con amor.

"Claro, Ava. Allí estaré."

Esa noche, me puse un vestido sencillo y conduje hasta la mansión de los Valdés. La casa estaba iluminada y llena de vida. Desde la entrada, pude escuchar risas y música. Sin embargo, antes de poder tocar el timbre, la puerta principal se abrió de golpe.

Ricardo salió, con el rostro contraído por la furia. Detrás de él, Camila, con una expresión ofendida.

"¡No puedo creer que tus padres me traten así!" se quejaba ella en voz alta. "¡Como si yo fuera una intrusa!"

"¡Cálmate, Camila!" siseó Ricardo.

Entonces, la voz de Ava retumbó desde el interior. "¡Mientras yo viva, esa mujer no es bienvenida en esta casa! ¡La esposa de mi hijo es Ximena, y solo ella!"

El padre de Ricardo, un hombre serio y de pocas palabras, apareció detrás de su esposa, con los brazos cruzados y una mirada de acero dirigida a su hijo.

"Has deshonrado a tu familia y a tu esposa, Ricardo. Saca a esta… mujer de mi casa. Ahora."

Camila soltó un bufido y tiró del brazo de Ricardo. "Vámonos, Ricardo. No tenemos por qué soportar esto."

Ricardo, atrapado entre su deber filial y su capricho, me vio parada en la sombra del pórtico. Sus ojos se abrieron con pánico. Claramente no esperaba que yo estuviera allí.

Sin decir una palabra, agarró a Camila del brazo y la arrastró hacia su auto, casi corriendo. Pasó a mi lado sin mirarme, como si yo fuera un fantasma. Y en cierto modo, ya lo era.

Seguir leyendo
Apoya al autor e inspira más historias increíbles Moboreader
Desbloquear todos los capítulos
Capítulo
Personalizar
Siguiente capítulo
Minishorts Logo
Lee novelas web, ficción online y populares historias románticas en MiniShorts. Descubre romances de multimillonarios, fantasía de hombres lobo, novelas dramáticas y de fantasía, además de contenido seleccionado de dramas cortos inspirado en las tendencias narrativas más populares.
YouTube de MiniShorts
©2026 MiniShorts Todos los derechos reservados. CHASINGTOP HK LIMITED