ELLA…
Que sensación tan extraña es esta que estoy sintiendo, es como un dolor desde adentro pero no en ninguna parte específica, no se parece a todos los dolores menstruales que he tenido en 27 años, más bien esto es como electrizante y frío al mismo tiempo. Abro los ojos y me doy cuenta de que todo está blanco, tengo un montón de cables conectados a mi cuerpo desnudo, junto con agujas que me inyectan alguna sustancia. Estoy dentro de algún tipo de cámara hiperbárica. Cuando me doy cuenta de todo esto comienzo a asustarme y respirar agitadamente, creo que la sustancia que me ha mantenido dormida ya está pasando su efecto.
La cápsula se abre dejando el paso libre para salir, pero no puedo porque las agujas dentro de mi me tienen atrapada, pero tengo que salir, no sé qué es eso, pero mi sentido de supervivencia me lo dice bien claro: "Sal de aquí Karina o vas a morir".
Me mentalizo y empodero para salir de las agujas de un solo jalón y así —según yo— duela menos. Respiro profundo, 1, 2, 3, ahora. Me impulso hacia adelante con los pies despegando los cables de mi piel, dejándome algo ensangrentada. Caigo al piso llena de dolor y sin fuerzas. En la habitación hay varias cápsulas como de la que acabo de salir, todas están cerradas, excepto la que está frente a mi, parece que algo ha salido de ella y cerca de ella también se ven unas manchas de sangre. La habitación está helada, lo cual se siente peor por estar desnuda.
Me siento muy débil, apenas si tengo fuerza para moverme, necesito salir de aquí, pero no sé si podré hacerlo sola. Un mar de ideas y frustración empiezan a venir a mi cabeza, toda esta situación es mi culpa, nunca debí hacer esto solo por dinero, ¿Que me hicieron?, ¿Acaso experimentaron conmigo?, ¿Me violaron?. Primero tengo que salir de aquí ahora que parece haber una oportunidad.
Comienzo a arrastrarme por el piso hacia la única puerta de salida en la habitación, está entreabierta, puede que alguien esté afuera vigilando todo, cuidando las cápsulas o algo. Trato de no quejarme para que no sepan que estoy aquí, pero el dolor es muy fuerte y comienzo a gritar por ello, ya no importa lo que pase, si delato mi posición o algo, no tengo las fuerzas para contener mi quejidos.
Atravieso la puerta y escucho un fuerte ruido, me lleno de adrenalina y nervios, dándome fuerzas para ponerme de pie, estoy dispuesta a enfrentar lo que sea que esté aquí, ya no tengo nada que perder. De repente delante de mí sale un hombre con un tubo en la mano y está desnudo. Me impresionó, y me tiró detrás de una de las mesas en el lugar, alcanzó a ver qué él hace lo mismo, parece que está tan sorprendido como yo de verme allí, no sé que me pone más nerviosa si no saber quién es o por el hecho de que está desnudo, ¿Es mi secuestrador? No, no parece si lo fuera no hubiera huido de mi.
Estoy impactada por lo que acabo de ver, nunca había visto a alguien desnudo y menos a un hombre. A penas fue un momento un destello, pero la imagen se queda en mi cabeza, pero ahora no es momento de pensar en eso Karina, ¡Por favor! Quiero respuestas y también disimular lo que acaba de pasar, por eso tirada en el piso detrás del escritorio le pregunto:
—¿Quién eres?... Y… ¿Por qué estás desnudo?
—¿Quién soy yo?, ¿Quién eres tú?...
— Yo pregunté primero, tu… ¿Me hiciste esto verdad? —Mi voz tiene una mezcla de vergüenza, pero también de temor.
Este hombre sea quien sea no parece ser una amenaza para mí, y parece que él tampoco me ve como tal. Creo que solo somos dos chicos apenados por la situación, cualquiera lo estaría si se encuentra desnudo con otra persona, supongo ¿no…?
—No lo sé, no tengo idea de nada de lo que está pasando —dice con intriga y cansancio en su voz— no sé por qué estoy desnudo ni porque tú lo estás, pero creo que estamos en la misma situación —esta última frase suena adolorida, como si hablara mientras le duele algo en su cuerpo, supongo que está adolorido igual que yo.
—Creo que estamos en la misma situación después de todo
—Sí supongo que si…—luego hay un silencio incómodo, parece que ninguno de los dos sabe qué más decir, hasta que él interrumpe el silencio.
—Bueno… se que no te conozco, ni tú a mí, pero creo que ambos sabemos que debemos salir de aquí antes de que sea demasiado tarde. Propongo una tregua… si te parece claro…
—Mmm… Está bien, estoy de acuerdo, pero ¿Qué hacemos?—me siento nerviosa de tomar está decisión, pero tampoco tengo otra opción.
—Bueno, creo que primero tenemos que buscar cómo salir
—En realidad creo que lo primero que tenemos que hacer es buscar cómo vestirnos —Me acabo de dar cuenta de que dije algo súper incómodo.
ÉL
—Ehh… cierto —¡Que incómodo Dios! Si supiera que estaba a punto de vestirme cuando ella apareció— Bueno vi algo en un estante por allá que podría servirnos… si quieres puedo ir a buscarlo…
—Bueno está bien… supongo…
— Solo hay un problema, el estante está enfrente tuyo…Y bueno estamos… tú sabes… —Creo que no se necesita decir más nada.
—Está bien, yo voy por ello, ¿Cuál estante es?
—El azul de enfrente.
Escucho como ella intenta levantarse, pero se escucha su quejido, debe dolerle. De repente se escucha como cae de sentón.
— ¿Estás bien?
—No, no puedo levantarme —En este momento supe lo que tenía que hacer, en realidad lo que debí hacer desde el principio.
— Creo que yo puedo ir por ella —En este momento me pregunto si debería decirle que se tape los ojos, veo mi cuerpo y se ve musculoso, pero aún así no sé si ella…
ELLA
—Está bien, yo no voy a mirar… me voy a tapar los ojos — Creo que eso es lo que se supone que debo decir, ya la situación es demasiado incómoda como para obligarlo a pedirme que no mire— Ve tu por ella.
—Ok.
Recojo mi cuerpo hacia mi misma para taparme también, confiando también en que este desconocido no me mirará. Aunque la verdad justo ahora eso no es lo más importante, después de todo mirar no parece ser tan vergonzoso como haber caído encima de él y sentir el frío de su cuerpo. Escucho las pasos viniendo hacia acá.
—Estoy mirando hacia el otro lado —Grita mientras se acerca
Tengo una de las manos sobre mi ojos para no ver hacia adelante y la otra sobre mi cuerpo. Él está arrastrando los pies camino al estante, debo reconocer que siento curiosidad por ver lo que está delante de mí.
Él
Paso al lado de ella mirando hacia el otro lado, arrastrando lo pies mientras me apoyo sobre las mesas, no la estoy viendo pero siento su presencia a un costado, siento curiosidad de verla, creo que es instinto o simplemente curiosidad. Llego al estante y tomo la ropa que había visto hace un momento, una chaqueta larga y acolchada y unos jean rotos. Hago una bola con esto en la mano para lanzársela a ella, pero justo en ese momento me doy cuenta de que solo hay un conjunto de ropa para uno de los dos, y ya he prometido dársela a ella. Se lo lanzo desde lejos
—Gracias.
—Esta bien, de nada
Escucho como está poniéndose la ropa con molestia por estar adolorida.
—¿Estás bien?...
—Si, estoy lista y ¿tú?
Ella está lista y estoy aquí desnudo como vine al mundo y aún sin saber por qué.
—No hay más ropa, voy a tener que improvisar.
Una de las mesas tiene pocas cosas sobre la sábana blanca que le han puesto para protegerla del polvo, creo que usar eso es mejor que nada. Le doy un jalón a la sabana para quitarle las cosas y estas caen al piso, algunas son de vidrio y se rompen. El piso frente a mi queda hecho un campo minado con trozos de cristal. Me pongo la sábana encima como una manta cubriéndome por delante y atrás. La chica ha logrado ponerse de pie y ahora ambos estamos vestidos así que rodeo el campo de cristales y me acerco a ella. Los dos estamos muy débiles, pero ella aún más, así que sin preguntar le agarro el brazo para apoyarla sobre mi y avanzar hacia una puerta. Mientras con una mano la sujeto a ella, con la otra junto la abertura delantera de la sabana para que no se revele el interior. Vamos por un pasillo un tanto estrecho para los dos que estamos uno al lado del otro.
De repente siento como algo jala la sabana desde atrás, se quedó enganchado con una saliente de un cajón, me enredo entre sostener a la chica y sujetar la sábana que cubre mi desnudez, así que caigo hacia adelante mientras que la sábana atrás, colgada del cajón. Estoy tirado en el piso, desnudo, otra vez, boca abajo y con el trasero completamente expuesto. Me quedo paralizado en el suelo, no puede ser que me pase esto otra vez, como si ya no pudiera ser más incómodo. Se escucha un silencio sepulcral y solo estoy preguntándome qué estará pensando ella.
ELLA
Lucho para ponerme en pie luego de vestirme cuando aparece el frente a mí con una sábana vieja que ha sacado de una mesa, supongo que no hay nada más en el estante que ponerse, me ha dejado lo mejor para mí, la verdad siento un poco de pena por el pobre, pero también me sonrojo ante tal acción hacia mi que soy una completa desconocida. Además ahora viene a ayudarme a avanzar para salir de aquí, me tomó del brazo y avanzamos. De repente el chico se tropieza y resbala cayendo hacia adelante casi me arrastra con él, pero me sostenía de una mesa. Allí está tirado frente a mí, con el trasero descubierto. El no dice nada ni se mueve y yo tampoco, debo confesar que me gusta lo que veo, tengo una mezcla de asombro y vergüenza al mismo tiempo que estoy disfrutando la escena.
—Pudieras pasarme la sabana —Su petición rompe el silencio incómodo
—Oh, claro claro, espera un momento.
Voy al cajón y la desengancho, se la arrojo encima mientras él gira para enrollarse sobre ella y cubrirse. Se levanta, parece un tomate, está colorado y como su piel es súper blanca el contraste se hace evidente. Nadie dice más nada sobre lo que acaba de ocurrir, creo que su cara de tomate ya lo dice todo. Me acerco a él para ayudarnos a caminar nuevamente, siento fuerte el pulso de su corazón seguro que está nervioso.
ÉL
No es momento de mantener las apariencias pero esto ya es el colmo del universo contra mi. La primera interacción de esta situación tan rara y tiene que pasarme todo esto. Seguimos caminando buscando una salida, el lugar tiene varias habitaciones y es bastante amplio, aunque se ve claramente que está abandonado, solo el lugar donde estaban las cápsula se veía cuidado y como si siempre le hicieran mantenimiento.
Al fin llegamos a una habitación con una puerta en la que se veía que entraba luz del exterior. Ambos estamos cansados y un tanto incómodos por toda la situación, creo que estamos llenos de preguntas, pero al mismo tiempo entendemos que ahora no es momento de contestarlas sino de salir de aquí.
Cruzamos la puerta, ella vestida y yo arropado con mi sábana vieja. Salimos en un callejón, está todo sucio y lleno de basura, la paredes están llenas de grafiti de alguna banda, hacia el lado derecho se escucha ruido de autos así que decidimos ir hacia allá.
ELLA
Al fin conseguimos ir a una puerta, nos miramos el uno al otro al encontrarla llenos de esperanza pues hacía falta poco para salir de esta pesadilla. Este chico está llevando la delantera en la situación, lo cual para mí es cuando menos interesante, no estoy acostumbrada a que nadie que haga nada por mi siempre he tenido que ser yo la que lleva la delantera para sacar mi familia, mi vida y metas adelante.
Su brazo se siente fuerte, lo sé porque llevo rato aferrada a él. Se ve que está haciendo un esfuerzo mayor por ayudarme a caminar, sus ojos se ven apagados casi como si fuera a desmayarse. Llegamos a una calle más grande llena de autos y pocas personas caminando, es sorprendente lo que vemos, pues los edificios tienen una arquitectura diferente de la que recuerdo, claro en realidad no sabemos dónde estamos, si es nuestra misma ciudad o nuestros secuestradores nos han llevado a otra parte. Ahora lo que más nos interesa es buscar ayuda.
—Ayuda por favor alguien que nos ayude…
Ambos caemos al suelo, completamente agotados y por el esfuerzo, él me deja caer de rodillas mientras que él cae completamente desmayado en el suelo, por fortuna cayó de manera tal, que la sábana seguía cubriendo su cuerpo desnudo. Yo estoy mareada y mientras mis ojos se están cerrando veo como una multitud nos rodea en círculo, todo viendo que está pasando y cómo pueden ayudar.