Capítulo 2

Lily stronge

Camino por los pasillos reconociendo el lugar, es bastante grande, mucho mas que mi antiguo instituto.

Reviso mi horario y planificación, que dice que mi próxima materia es balance y finanzas, ¡Aarg! Odio las matemáticas, pero no me queda de otra, es la carrera que eligió mi padre, es la que el destinó para que ejerciera en un futuro y muchos se preguntarán ¿Por qué carajos le haces caso a tu padre y no estudias lo que quieres? Fácil, en mi familia hay una futura herencia, y la única condición para heredarla, es estudiar esta jodida carrera para dirigirla en un futuro, la familia no se querían arriesgar a que cualquiera la tomara y la llevara a la quiebra.

Y aquí estoy yo, estudiando algo que no me gusta, pero no me rendiré, sé que apenas termine ésta, estudiaré lo que me gusta. Me he inclinado más por la química y la biología, hice un curso de primeros auxilios hace unos meses y me gustó, tardé en darme cuenta, que lo mío era la medicina.

Vuelvo al presente y me paro frente al salón que se supone debería tener la clase en 20 minutos, miro por la ventanilla y aun hay estudiantes adentro, esperaré la hora de entrar aquí parada mientras examino mi móvil, como era de esperarse tengo como veinte llamadas perdidas de Micah y otras 5 de papá.

Me es inevitable, pero ruedo los ojos con las llamadas de este último, imagino que mi querido ex le fue con algún cuento a mis padres para que él quedara como el santo, y así acercarse a mi, pero está muy equivocado si cree que le daré otra oportunidad, no suelo darla, así que se joda.

Me guardo el móvil y cuando levanto la vista, ya todos están saliendo del lugar, solo se queda la profesora que se supone me dará la clase

Se ve seria, bastante madura, aparenta unos 50 y tantos, es de cabello gris completamente, pero no como canas, es más como si le gustara el color y decidió pintárselo todo así. Lleva una falda hasta las rodillas que se ajustan a su delgado cuerpo, una camisa de lino color roja que deja ver que es una mujer de poco pecho. Como si se diera cuenta que la estoy mirando, voltea hacia donde estoy.

Le doy una sonrisa tímida, pero ella no me la devuelve, se limita a fruncir el ceño y volver a mirar a la pila de hojas que tiene sobre el escritorio.

¡Que grosera! ¿y se supone que es profesora? En el instituto le caía bien a todas, ahora aquí parece que no será así.

Miro la hora y me quedan cinco minutos aun para entrar, pero no pienso estar sola en un salón donde hay una amargada con cara de querer asesinarme.

Cuando llega la hora justa, veo que vienen algunos estudiantes y comienzan a entrar, así que hago lo mismo, y me sitúo en la parte del medio, pero pegada al ventanal, al menos si me aburre la clase, tendré una vista al campus de la universidad.

La mujer da solo los buenos días, me imagino que todos le temen al igual que yo, porque ni siquiera se oye el sonido de los lapices al anotar sus apuntes.

Echo un vistazo alrededor de forma tímida, solo de reojo y cubriéndome con el cabello para que me haga la función de cortina y no ser vista.

Escucho el murmullo de la profesora, dando las teorías de la economía y de empresa, de como sustentar las ganancias y multiplicarlas, y la verdad es que por mas que intento prestar la atención que se requiere, no puedo, ¡Joder! Esto es difícil, ¿Cómo papá soportó tanto aburrimiento? ¿así será cuando tome el control? Oh, por favor, espero que no, porque moriré de aburrimiento el resto de mi vida.

Cuando termina la clase, siento una mirada sobre mi, pero no me digno a voltear, solo hasta que termina la clase y siento un perfume familiar

—Que rico paisaje tendré en mis clases— me volteo de inmediato viendo al imbécil que parece que está acosándome

—Oye, ¿me estas acosando?— me cruzo de brazos dándole la Cara —Sé que al robarte ese beso te enamoraste, pero ya bájale, no me gustan acosadores.

Se ríe en mi cara

—que ego tienes, bonita— se acerca como si no existiera el espacio personal —pero no eres tan bella.

Le entrecierro los ojos

—¿si? Pero eso no es lo que acabas de decir— lo encaro, sintiéndome grande, a pesar de medir solo 1.60 metros y él más o menos como 1.80

—yo solo hablaba del paisaje, ¿Qué te hace pensar que te llamaría rica a ti precisamente?— se le dibuja en la cara una sonrisa burlona que me provoca quitarla de una patada en esos huevos para quitarle un poco de testosterona.

—Idiota— escucho un carraspeo y nos volteamos, mi cara se pone roja al ver a mi profesora mirándonos de forma alternada como si quisiera arrancarnos la cabeza, sobretodo a mi.

—Señorita, muy entretenida sus conversaciones, pero por favor, no quiero escucharlos más— mira al hombre que se cree el chico rudo —Necesito hablar contigo Brad— el rueda los ojos y yo sonrío con malicia ¡Si! Que lo pongan en su lugar, pero se me borra cuando ella vuelve a mirarme —Y usted ya se puede ir, ya terminó la clase.

No lo pienso dos veces, me voy dejando atrás a esos dos que son tal para cual, y me voy en busca de mi próximo salón. Me siento algo sola, no conozco a nadie, es difícil hacer amigos acá, no es como en el instituto, allá hacia amigos hasta en los pasillos, pero acá no, es como si cada uno estuviera en su propia burbuja, y le importara una mierda lo que pase con el otro.

Subo las escaleras del lugar, sabiendo que el aula marca que está en el tercer piso, mis ojos buscan cada cartel tratando de hallar el aula donde veré la materia de contabilidad, mas y mas números ¡Joder!

La hallo y examino al profesor antes de entrar, al menos este no tiene cara de asesino, parece mas bien un abuelito distraído. Tiene sus gafas de lectura puesta, mientras está centrado en leer un libro.

Entro dando los buenos días, y suspiro aliviada al darme cuenta que es mi última clase. Si, de aquí se tengo que enfrentar lo que se venga con Micah, aunque no sé como reaccionaré, lo mas seguro es que lo golpee por imbécil.

La clase las rápido por suerte entre presentaciones y tablas de contenido, que se traduce en números y mas números con cuentas.

Salgo sosteniendo mi bolso junto a mi brazo, voy distraída metiendo lo que me falta, que no me doy cuenta de alguien que viene hasta que choco con su cuerpo.

—Lo sient…— las palabras quedan atascadas al ver al hombre frente, es mas guapo que cuando lo vi temprano.

Lleva unos pantalones Jeans, deportivas y una camisa de lino que se le ajusta a su moldeado cuerpo que parece una escultura que tallaron para hacer pecar. Creo que debo cerrar la boca o se me caerá la baba y pareceré una tonta

—Buenos días— es lo único que él dice y es suficiente para que ame esa voz ¡Dios! ¿es posible que una voz haga que se me mojen las bragas y quiera montarlo hasta el amanecer? Si es así, este hombre debería mantenerse callado si no va a contribuir a satisfacer los deseos que despierta.

—Bu… buenos días— ¡reacciona Lily!, pareces tonta —Discúlpeme, no lo vi.

Mi profesor de matemáticas me da una sonrisa cálida que me hace sentir menos tonta ‹‹al menos››

—Eso veo— Dios, que no me sonría así, que no me sonría así —¿tu fuiste quien entró a interrumpir mi clase no? ¿te equivocaste?

Y así, es como se arruina mi momento de poca valentía que me quedaba. Mi cara arde en vergüenza y el lo debe notar porque se ríe

—Si, lo siento. Tenia clases contigo, perdón con usted, pero como estaba perdida, llegué tarde y luego todos me echaron esa mirada…

—¿esa mirada?— suena confundido y arruga la frente. Es que hasta eso lo tiene bello, me provoca lamerlo

‹‹concéntrate››

—Si, esa mirada de ¿Quién es esta loca?

Suelta una carcajada, al parecer le divierte mi drama personal, bueno, no importa si se va a seguir riendo de esa manera, porque ese sonido es embriagador.

—Todos echamos esa mirada, como dices tú, porque solo abriste y te quedaste allí parada, solo estábamos esperando a que hablaras o pasaras— se cruza de brazos y mis ojos se dirigen enseguida a sus musculosos brazos, ¿será que aquí me pueden expulsar si lo muerdo? También está la posibilidad de correr después de eso.

—Los nervios, supongo— me encojo de hombros fingiendo que no me lo como con la mirada —pero para la próxima si entraré, será mi profesor de matemáticas. Por cierto— le extiendo la mano a modo de “Saludo” la verdad es que quiero sentir su contacto —mi nombre es Lily— cuando el extiende la suya y me da un apretón, siento como si una corriente pasara por mi cuerpo

—Soy el profesor Roshwell, pero eso ya lo sabes— veo que mira detrás de mi y sigo su mirada, para encontrarme con… ¿Don amargura y grosería? ¡No me jodas! Me tengo que ir antes de que me moleste —Tenemos que Hablar Brad.

Quisiera reírme, ¿en serio? ¿se mete en tantos problemas que todos los profesores le dicen lo mismo?

—Vaya, vaya— se dirige a mi —Señorita fresita aun por aquí, ¿esperabas verme?— el profesor Roshwell desvía su atención a mi con el ceño fruncido. ¡No, no, no! No lo dejaré que piense que tengo algo con el troglodita este

—Ni que fueras una pintura de arte— veo que una de las comisuras de la boca del Profe se elevan —ya me voy profesor, gracias por…— ¡estúpida!, ¿Por qué le agradeces? ¿por darte una vista de su cuerpo? —por… ¡Hasta luego!

Me doy vuelta para no seguir pasando vergüenza, mientras escucho la mofa del tal Brad. ¡Aarg! Siento que lo odio un poco, y eso que soy muy pacifica, no soy una chica conflictiva.

Salgo apurada antes de que se desocupe y me alcance, no quiero lidiar ahora con él.

El camino a casa, decido hacerlo caminando, si, se que tardaré como dos horas y llegaré muy cansada, pero joder, no me quiero encontrar con Micah, ni siquiera quiero darle explicaciones a mis padres, no quiero verles la cara, pero tengo que ser valiente y enfrentarme a esos tres que de seguro, ya están esperándome sentados en la sala.

Me tomo mi tiempo y coloco música desde mi móvil poniéndome los audífonos para desconectarme del todo. La voz de Demi Lovato suena y tarareo las canciones que van sonando.

Por desgracia el camino se me hace corto, y no me queda mas remedio que enfrentarme a todos, veo que afuera está aparcado el auto de Micah, el mismo donde estuvo con aquella chica, y me dan ganas de vomitar del asco.

¿Por qué me siento tan bien ahora que sé que no lo tendré en mi vida? ¿no se supone que lo amaba? Que complicado es crecer y madurar.

Abro la puerta y se posan tres pares de ojos en mi, y sé que se avecinan discusiones.

Capítulo 3

Lily

Respiro antes de pasar a la sala, y cerrar la puerta, veo el ceño fruncido de mi padre, y ni siquiera se me pasa por la mente lo que el imbécil este pudo decirle.

—Buenas— saludo en general a ver con que me sale, de seguro el idiota de mi ex ya les lavó el cerebro. 

—Lily ¿nos puedes explicar por que te quedaste todo el fin de semana en la calle? Micah estuvo muy preocupado— fulmino con la mirada al idiota que deberían darle un premio al mejor actor. Es que si pudiera ir a abofetearlo sin consecuencias de mi padre, lo haría con gusto. —tampoco respondías a las llamadas.

Respiro para llenarme de paciencia y no mandar todo al carajo, no quiero desafiar a mi padre, sé y estoy segura de que no terminaría para nada bien. 

—estaba en casa con mi tía Clau, pasé el fin de semana con mi prima, cuando estoy con ella se me olvida el resto.

Paso de largo ignorando a Micah, parece que hubiese pasado bastante tiempo después de lo que me hizo, ya no soporto verlo. 

—invité a tu novio a comer— eso me hace detenerme y mis venas parecen hincharse de la rabia—me dijo que su familia quiere invertir en un nuevo negocio que les dará muchas ganancias.

Evito rodar los ojos. Las técnicas de Micah para ganarse a mi padre es hablarle de dinero, lo conoce tan bien que es capaz de buscarle un negocio gordo con tal de ponerlo de su lado, y lo peor es que su familia puede hacerlo y lo apoyarían como siempre lo hacen. 

—esta bien papá, ya comí algo en la uní, así que no se preocupen por mi.

Todos se me quedan mirando, pero no me detengo, subo las escaleras, y se que debo contar hasta 10, y tendré al imbécil aquí tocando a mi puerta.

Me tiro en mi cama y dejo mi mochila a un lado, estiro mis brazos y cierro los ojos, 3 segundos después la puerta se abre, ni siquiera toca el idiota. 

—preciosa, debemos hablar— no respondo, respiro profundo para no patearle el trasero aquí mismo —no me ignores Lily, prefiero que me insultes o grites antes de hacer como si no estuviera aquí.

Aprieto los ojos llenándome de calma, no quiero golpearlo y armar una escena que haga que tenga también una discusión con mis padres. Aunque mi paciencia es limitada. 

—Micah, no sé de que carajos quieres hablar— me pongo el antebrazo en los ojos lista para dormir después de mandarlo a la mierda —y por favor cierras la puerta cuando salgas

—¡No!— su tono hace que me quita el brazo de la cara, viéndolo cruzarse de brazos como si fuera muy digno —Lily estaba borracho…— se excusa como si eso me convenciera. 

—si— lo interrumpo —tan borracho que supiste quien era cuando me viste en la ventana, tan borracho que tuviste problemas para que se te parara el pito. No me vengas con cuentos Micah y retírate que no quiero hablar contigo.

—pues que sepas que no te dejaré tranquila, tu eres mi novia, así seguirá siendo.

—en tus sueños— le saco el dedo del medio y se va con grandes zancadas y dando un portazo.

¿Qué se cree esté? ¡será imbécil! Cree que conmigo se hace lo que le da la gana, pero no. Le mostraré que se puede ir a la porra y ya no me importará. Así me toque besar a otros delante de él para que me deje en paz.

No suelo ser así, pero cuando me buscan el lado malo, lo sacan. Quiso hacer algo pensando que yo no lo vería, ahora ¡que se joda!

Como no me puedo dormir con esta rabia que cargo encima, busco mis audífonos y pongo música, Imagine dragons es lo que me gusta mas.

Tarareo cada una de sus canciones mientras suena y me logro relajar, pero cuando pasa el tiempo, la imagen de ese tal Brad llega a mi mente. Abro los ojos asustada de pensar en ese idiota ¿Me habré vuelto loca? Yo creo que la poca cordura que tenia se me fue.

Debo buscar la manera de que los estudios se me hagan mas fáciles, tantas matemáticas no las entiendo, es que no le veo ni cabeza ni cola, debo buscar a algún tutor que me ayude a captar las cosas, y que Todo esto sea sin que mis padres lo sepan, no quiero tener a papa detrás de mi queriéndome “ayudar”

No sé en que momento me quedo dormida, pero me despierto cuando escucho que tocan a la puerta. Doy el adelante y entra mi madre con una bandeja de comida y una sonrisa que me llena el corazón y me recuerda por que carajos sigo haciéndole caso a las locuras de mi padre.

—Cariño, a mi no me engañas— dice cuando cierra la puerta con el pie y yo me incorporo —Se que no comiste en la universidad. Así que te traje esto.

—¿Cómo haces para conocerme tan bien?— me levanto y la ayudo, me siento en la cama con la bandeja y palmeo a un lado para que ella venga conmigo

—Porque te parí, y aunque a veces no lo parece, conozco hasta cuando algo te molesta, como el estudiar algo que no quieres— ¡Joder! Que no le diga a mi padre. Se ríe al ver mi expresión —No le diré nada, asi que quita esa cara.

—Gracias mamá.

—¿Ahora dime que pasó con Micah?— me tenso y ella se pone seria

—No creo que…

—Lily, no me ocultes las cosas, se que algo pasó— me advierte con su tono de regaño, pero que sigue siendo amoroso.

—¡Me engañó!— su ceño se frunce —Cuando fui el viernes a la discoteca, vi su auto afuera, me acerqué y estaba haciéndolo con otra— sus ojos se abren en sorpresa para después verlos llenos de odio.

—De haberlo sabido antes, me encargo de correrlo.

—Mamá, sabes que mi padre no lo hubiera dejado ir, es tan machista que capaz es de pedirme que lo perdone solo para seguir haciendo negocios. No se que viste en el.

Voltea a otro lado y se que algo me esconde, pero como se ve en sus ojos que es doloroso, no la presionaré.

—Tranquila, yo tengo todo arreglado, no diré nada a papá, dejare que todo siga su curso, aunque no pienso volver con ese idiota.

—¡Esa es mi niña!

Después de compartir con ella, decido armar un plan, primero para alejar a Micah como sea, el segundo para alejar a Brad que al parecer me persigue, y tercero para no quedar como idiota con el papi bello de mi profesor de matemáticas, ¡Dios! Solo pensar en ese hombre me da taquicardia y no en el corazón.

Me río con eso, si me escuchara mi padre, me deshereda de una vez y me quita el apellido. Si supiera todas las cosas que me pasan por la mente, me mandaría al manicomio sin pensarlo.

Miro la hora y se que debo dormir, o mañana tendré unas ojeras de mapache, y no quiero que mi día comience mal viéndome como el fantasma de la avenida 86.

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