Chapter 6

Pero antes de la reunión familiar, Daniel necesitaba asegurarse de que su futura esposa pasara el "control de calidad". Tenía muy presente que Deanna no estaba acostumbrada a desenvolverse en el mismo ambiente que él y, aunque poco le importaba, sabía que su familia se fijaría en el más mínimo detalle.

Así que habló con Harry y le pidió que avisara a Deanna que tendrían una cena solos.

—¿Por qué no la llamas tú mismo?

—Porque no tengo su teléfono.

—Tenías que pedírselo cuando la llevaste a su casa, hermano.

—No lo creí necesario. Llámala por mí y dile que pasaré por ella a las 8.

No era la primera vez que salía a cenar con una mujer, ni tampoco era la primera vez que pasaba a buscar a una por su casa. Sin embargo, como el día que la conoció, Daniel estaba otra vez con esta sensación extraña en la boca del estómago. Pero esta vez, como irían a un buen restaurante, decidió volver a su habitual traje de tres piezas. El chaleco no podía faltar nunca en sus trajes, lo que hacía que se caracterizara del resto de los empresarios por su elegancia.

Deanna tenía el vestido que Laura le había aconsejado llevar sobre la cama. Lo observaba como quien mira una pintura en un museo y no la comprende. Le gustaba mucho, pero le parecía demasiado para una cena. A lo mejor, Laura entendió mal y supuso que irían a la ópera. En realidad, el vestido era sencillo, color champán y de una tela liviana. Eso sí, cumplía el criterio de tener un largo por debajo de las rodillas. Algo clásico.

Lo esperó en la puerta de su edificio ansiosa. Sabía que esto era una preliminar para asegurarse de que su papel como futura esposa estuviera bien interpretado. ¿Qué diría su abuela si la viera tan elegante? Deanna sonrió. Tenía puesto un abrigo y, gracias a Dios, los zapatos eran bajos. Poco maquillaje y el cabello atado sobre el hombro. Bastante discreta.

Daniel estacionó el coche y se bajó, se sorprendió al verla. Laura se había esforzado por encontrarle ropa que le quedara bien y fuera más elegante para que encajara con el resto. Pero lo que él vio fue algo más que el vestuario; allí parada estaba una mujer que imponía presencia.

—Deanna...

—Hola, Daniel.

—¿Vamos? —Se acercó al coche y le abrió la puerta para que subiera.

Dean se había mentalizado para intentar soportar los embates de Daniel con paciencia. Se dijo a sí misma que lo mejor era no responder con sarcasmos a sus comentarios bruscos y solo dejarlos pasar. De cierta forma era un entrenamiento para el año que le quedaba por delante; no podían pasárselo en medio de discusiones y desacuerdos.

—Entonces, ¿cómo has estado?... —Daniel tenía que encontrar la manera de hablar con ella de una manera más cordial, como Harry y Susan le habían recomendado.

—Bien, ¿y tú?

—Bien.

No sabía qué más decirle, solía ser un hombre de pocas palabras, pero hoy el silencio lo incomodaba. Así que Deanna tomó la iniciativa para intentar romper el hielo.

—Me dijo Harry que trabajas en la empresa de tu familia.

—Así es.

—¿Qué haces?

—Soy el jefe... —Estableciendo lo obvio y lo que todos sabían.

—Sí, pero me refiero a qué haces específicamente.

—Gestiono...

Al parecer ese enfoque no iba a resultar. Daniel se dio cuenta de que estaba siendo muy escueto y cortante, pero no tenía idea de cómo más explicar su trabajo. Sus pocas palabras siempre habían sido directas y concisas y resultaban más que suficientes. La incomodidad volvió a sentirse.

Deanna miraba por la ventana; tal vez solo debía relajarse y dejar que las cosas fluyeran por sí solas. Estaba segura de que en algún momento encontrarían algo de qué conversar o pasarían el resto de la noche en silencio mirándose las caras.

Finalmente llegaron al restaurante. Definitivamente era un lugar al que Deanna no estaba acostumbrada, muy elegante, demasiado. Se estaba poniendo nerviosa. ¿Cómo se suponía que debía comportarse en un lugar así? Si bien Laura le había explicado algo de etiqueta, estaba segura de que cometería errores. Ella cenaba en un puesto de comidas cerca de la universidad y generalmente era algo que se comía con la mano.

Mientras Daniel pedía la mesa reservada, un miembro del lugar se acercó discretamente a Deanna y le habló.

—Su abrigo, señorita... —Deanna no lo comprendió enseguida.

—¡Oh sí, claro! Gracias. —Y el muchacho se llevó la prenda.

—Si me acompañan por aquí, los llevaré a su mesa... —les dijo el maître.

Pero cuando Daniel se volteó para seguirlo, lo primero que vio fue la imagen de Deanna con la espalda casi desnuda hasta la cintura. El vestido tenía una abertura considerable que dejaba ver su columna. No mostraba demasiada piel, pero sí la suficiente para que a él se le cortara la respiración. Pecas, tenía pecas en la espalda.

Caminaron hasta la mesa y a él no se le pasó por alto que más de uno se quedó viéndola. Algunos lo saludaron cuando los atrapaba mirando y otros le sonreían cómplices. Qué tipos más desagradables. La mesa quedaba del otro lado del salón, por lo que prácticamente todos los comensales los habían visto pasar.

Daniel pidió la carta de vinos y eligió por ambos. Deanna observaba todo a su alrededor. El lugar era muy bonito y acogedor, tranquilo.

—Ese vestido...

—Lo compró Laura. ¿No está bien?

—La espalda de ese vestido... es demasiado. —Ahí estaba la primera queja.

—Lo siento, solo seguí sus consejos. No sabía qué debía usar, nunca había estado en un lugar así...

—Está bien, el vestido es bonito... pero todos lo miraron.

—¿Dices que me miraron por llevarlo?

—No, miraron el vestido. —Daniel no iba a decirle que sí, que era a ella y a sus pecas lo que se quedaron viendo.

—Ah, bien... —Eso no tenía ningún sentido.

—De todas maneras, no deberías usar esa clase de vestidos que... dejan ver demasiado... —Esto era muy incómodo.

—Está bien, ya no los usaré.

—No me refiero a eso, sí puedes usarlos, solo no lo hagas cuando haya tanta gente.

¿Y cuándo se supone que se lo ponga? Daniel estaba siendo muy extraño diciendo cosas incoherentes. Pero al menos estaba utilizando más palabras de las habituales y eso era un avance. Deanna esperaba que no encontrara más fallas en su vestuario esa noche.

Durante la cena siguieron con una conversación ligera sobre los estudios que ella realizaba en la universidad y los planes que tenía cuando se graduara. También comentaron algunas cosas sobre la reunión familiar que se aproximaba, dónde sería y quiénes irían. Daniel le preguntó si algún miembro de su familia asistiría; Deanna le mintió diciéndole que vivían muy lejos para venir.

Afortunadamente no hubo más inconvenientes, hasta que llegó el postre. Él ya la había visto sentada con su hermana unas mesas más atrás; justo hoy tenían que coincidir en el mismo lugar. Lynda era una de las hijas de una amiga de su madre, la que no tuvo problemas con que él tuviera tres hijos y que estaba más que dispuesta a una relación con Daniel, quien la rechazó con toda caballerosidad.

No pudo resistirse y se detuvo en su mesa mientras salía.

—Hola Daniel, ¿cómo has estado?

—Lynda.

—Qué casualidad encontrarnos aquí.

Deanna observaba la interacción; al parecer a Lynda no le interesaba su presencia. Daniel no dijo nada más, quizá en un intento de que desistiera y se marchara. Pero Lynda tenía otras ideas.

Chapter 7

La atmósfera se puso un poco tensa y Daniel sencillamente miraba hacia un costado. Quería que se fuera de una vez. En la cita que había compartido a él le cayó muy mal su actitud y le fastidiaron los temas de conversación que sacaba; preguntaba constantemente por sus hijos. Era una manera vulgar de demostrar el interés que tenía por Daniel, utilizar a sus hijos para llegarle.

—Le decía a Mary que eras tú y ella no quería creerlo. ¿Qué estaría haciendo Daniel Crusher con una jovencita en un lugar así? —Y se volteó a mirar a Deanna.

—Hola —le dijo Deanna, pero ella no le respondió. Estaba esperando que Daniel diera una explicación.

—¿Este es tu estilo ahora? —Eso era muy grosero de su parte.

—Disculpa, pero puedo oírte también —Lynda la miró.

—¿Y quién eres?

—Soy Deanna, mucho gusto.

—Hola, ¿y eres...?

—La prometida de Daniel —Lynda se rió.

La situación estaba escalando. Estaba tratando de menospreciarla con un descaro absoluto y siendo grosera, ni siquiera la conocía. ¿Qué clase de persona era esta mujer?

—Así es —dijo Daniel.

—¿Es una broma?

—No —le respondió Deanna.

—Vamos, Daniel. Tú no te "dedicas" a esta clase de cosas.

—Sigo aquí y puedo escucharte —Daniel escondió una pequeña sonrisa.

—No estoy hablando contigo.

—No, estás ignorándome para hablar con mi futuro esposo. ¿No te parece un poco fuera de lugar? Es un hombre comprometido...

Las personas de las mesas contiguas comenzaron a voltearse para observar qué estaba sucediendo. Si bien hablaban en un tono normal, el tema de conversación no dejaba de ser embarazoso y Deanna estaba aportando lo suyo. Había notado el desagrado de Daniel hacia esa mujer y su cara expresaba abiertamente su deseo de que se marchara. Podía ayudarlo un poco.

Lynda se dio cuenta de que estaba siendo observada y cuestionada por las demás personas. Se estaba imponiendo entre una pareja que estaba cenando tranquilamente con preguntas fuera de lugar.

—Ya veo... no lo sabía —intentó disculparse.

—No te preocupes —la desestimó Deanna con un movimiento de mano.

—Bien, entonces será mejor que me retire... Felicidades, Daniel.

Él la saludó solo con la cabeza y Lynda finalmente se marchó. Continuaron tomando el postre en silencio; para Deanna no hacía falta agregar nada más. Era obvio que esa mujer había tenido algo con él en algún momento, o solo era una maleducada. Estaba segura de que en el futuro debería enfrentar más de este tipo de cuestionamientos.

Iban en el coche de regreso a casa de Deanna, pero Daniel seguía sin decir una palabra. Sentía, por algún motivo, que debía darle explicaciones, pero no entendía por qué y eso lo fastidiaba. Le molestaba no entender qué estaba sucediendo con él: nervios, ansiedad, ese nudo en el estómago y ahora la necesidad de justificarse. Pareciera que Deanna era en realidad su prometida.

—Esa mujer de hace rato...

—¿Sí?

—Solo tuvimos una cita y no funcionó.

—Ya veo.

—Como te habrás dado cuenta es un poco desagradable.

—Lo es.

—Bueno... —Listo, esa explicación era suficiente.

A Deanna le causó un poco de gracia verlo tratar de explicar algo que ella nunca preguntó. Pero le pareció algo bueno, considerado. Tal vez Harry tenía razón cuando decía que era frío pero una buena persona.

—Manejaste bien la situación.

—Bueno, gracias. No es la primera vez que me cruzo con personas así.

—¿Qué quieres decir?

—Hay gente que tiende a menospreciar a los demás. Solía sucederme el primer año de universidad.

—Entiendo.

—Harry fue de gran ayuda en esos tiempos.

—Me alegra escuchar que se comporta.

—Es un gran amigo y una gran persona.

El cariño era genuino y Daniel se dio cuenta. Al parecer Harry era algo más que un irresponsable con ideas ridículas que ponía a los demás en situaciones difíciles.

Cuando llegaron a su edificio Deanna se comenzó a despedir, pero Daniel la detuvo.

—Esta noche las cosas salieron bien. Pero en la reunión familiar tendremos ojos escrutándonos todo el tiempo.

—Haré mi mejor intento.

—Supongo que Harry ya te habrá hablado de nuestra madre. Sospecho que es de quien más deberás cuidarte, cree que nos casaremos porque estás interesada en mi dinero.

—Va a ser difícil convencerla.

—Sí, pero no te preocupes por eso. Sin importar lo que diga la boda se realizará igual. Pero es muy probable que te haga comentarios extraños o molestos, solo ignórala lo más que puedas.

—Es bueno saberlo, estaré preparada.

—Bien... Y, por favor, nada de pe... ¡De vestidos así! —¿De qué? Casi lo dice.

—Bueno... sin vestidos así —Otra vez estaba siendo raro.

Deanna se despidió, le agradeció la cena y entró a su departamento. ¿Qué había querido decir? Se sentía satisfecha de haber sobrevivido a su examen, pero al parecer era muy conservador ya que se había quejado del vestido. Nada de rodilla y nada de espalda. Por suerte, el atuendo que Laura le había recomendado para la reunión era más recatado.

A Daniel le quedaba una tarea más, la más difícil de todas: decirle a sus hijos. Nunca había hablado con ellos de nada parecido, nunca había llevado una mujer a su casa, ni les había presentado a nadie y de repente debía anunciarles que iba a casarse. El otro problema sería explicarles con quién iba a hacerlo.

Ethan y Naomi quizá lo cuestionarían un poco, todo era muy de pronto. Pero sus hijos, al parecer, tenían cada quien su propia vida, aunque él mismo no estaba muy enterado. Los últimos años se había encerrado un poco en su caparazón tratando de no exteriorizar su tristeza para que esta no afectara a sus hijos. Su madre ya no estaba y lo que menos necesitaban era un padre que flaqueara. Pero al intentar protegerlos, terminó alejándolos un poco.

Eran una familia que funcionaba a base de reglas y horarios, pero también compartían momentos de distensión como en las vacaciones. Pero Daniel no conocía otra manera de hacer que las cosas marcharan. Los niños se relajaban más con su abuela o su tía, quienes siempre estaban dando vueltas sobre ellos. Él representaba la figura de autoridad y rara vez lo contradecían. Simplemente era como giraban los engranajes.

Quien más lo preocupaba era Jonathan. Luego de que su madre murió se retrotrajo dentro de su propio caparazón. Era tan pequeño que no supieron qué le había sucedido. De pronto un día dejó de hablar y no porque no pudiera, simplemente decidió no hacerlo más. Daniel había acudido a cuanto médico y terapeuta encontró, pero no había ninguna razón médica para su condición, ninguna patología. Las terapias tampoco sirvieron de nada, solo estresaban más al niño. Lo único que parecía gustarle mucho era la música; bailaba por toda la casa cargando una pequeña grabadora de juguete que reproducía archivos multimedia.

Por eso era tan importante que Deanna se mantuviera dentro de las reglas y las rutinas que ya tenían en la familia. Cuando menos se perturbaran esas costumbres, menos daño recibirían sus hijos. Lo mejor era mantener una cierta distancia cordial, aunque Deanna había demostrado ser una persona agradable lo cierto era que también había sacado a la luz su lado combativo y rebelde. No quería que sus hijos aprendieran de esos ejemplos. Pero eso era algo que no podría evitar.

Chapter 8

Camila se había adelantado a su hijo y habló con sus nietos sobre lo que su padre planeaba hacer. Daniel estaba furioso—eso era algo que le correspondía a él y a nadie más. Pero Camila estaba muy preocupada por la decisión que estaba a punto de tomar y quiso prevenir a sus nietos. Las cosas se estaban yendo un poco de control.

—¿Qué le dijiste a mis hijos, mamá?

—Que piensas cometer una locura y que meterás en tu casa a una mujer que no tiene edad para ser su madre.

—Eso tenía que hablarlo yo con ellos, no tú.

—Son mis nietos, Daniel.

—Son mis hijos, y nadie puede intervenir en mis decisiones o en la manera en que los crio. Mucho menos adelantarse a hacer algo que es mi deber.

Camila no tenía malas intenciones. Estaba consternada por todo el escándalo que iba a sucederse. Daniel Crusher casado con una jovencita que era evidente solo quería su dinero. Ninguna mujer de su edad se casaba con alguien mayor y con tres niños. Era bien conocido que las únicas que reunían esas características eran o las amantes o las "esposas trofeo".

—¿Sabes el escándalo social que vas a provocar?

—Eso no me interesa, mamá. Nunca me interesó.

—Eso es porque jamás has cometido un acto tan descabellado como este.

—No quiero discutir más este asunto. Te estoy muy agradecido por todo lo que has hecho por mí y mis hijos desde que Emily murió, pero voy a pedirte que dejes de inmiscuirte en mis asuntos privados. Y sobre todo que dejes de involucrar a los niños.

Daniel era conocido por su carácter duro y explosivo cuando alcanzaba un límite, pero esta era la primera vez que Camila era el blanco directo. Jamás le había hablado de esa manera, y todo por defender a una mujer que solo buscaba desplumarlo y seguramente luego lo abandonaría. En su cabeza, Camila ya tenía toda la historia planteada: se casaría con ella, haría el ridículo, luego de sacarle un buen dinero lo abandonaría y se convertiría en el hazmerreír de toda la sociedad.

Ninguna otra mujer querría casarse con alguien así, con la reputación manchada por un amorío sin sentido. ¡Esto era un desastre! ¿Y qué pasaría con Harry y Susan? También recibirían parte de este bochorno y se verían afectados. En realidad, Camila tenía conceptos bastante anticuados y mucha imaginación.

—Cambiarás de parecer cuando la conozcas.

—Lo dudo mucho.

—Si te cierras de esa manera, solo seguirás creyendo tonterías.

Debido a su intervención indeseada, Daniel decidió que los niños no asistieran a la reunión. Sería mejor que la conocieran a solas, sin la influencia de Camila. Tal vez de esta forma borrarían lo que—Daniel estaba seguro—les había contado sobre ella. Las cosas iban a ser suaves y llanas; él lo tenía todo planificado al detalle para que sus hijos pudieran convivir con Deanna sin mayores inconvenientes. Y ahora tendría que lidiar con los preconceptos que su abuela les había implantado.

Lynda ya se había encargado de hacer correr el chisme de que a Daniel estaban a punto de "cazarlo" para convertirlo en una pieza de exposición. Esa mujer no tenía reparo alguno. Estaba convencida de que no había un mejor partido que él y que ella era su pareja ideal, pero había cambiado de rumbos y ahora andaba detrás de mujeres más jóvenes. Se notaba que le había llegado "la crisis de los 40". Y por supuesto, todo el mundo comenzó a hablar de ello.

El único que parecía impávido y sereno por la decisión de su hijo era Charles. Tenía con Daniel una relación muy peculiar debido a que en muchos aspectos eran bastante parecidos. Confiaba en su capacidad y en su manera de manejar las cosas, y por eso le había dado el puesto de CEO en la empresa. Y había sido todo un acierto, porque desde que Daniel se comenzó a hacer cargo de ella se habían diversificado y expandido vertiginosamente. Estaba convencido de que sabía bien lo que hacía.

—No le des importancia a lo que dice tu madre, hijo. Siempre exagera.

—Lo sé, papá, pero me preocupa esa costumbre que tiene de anticiparse a las cosas.

—Siempre ha sido así. Solo debes seguir firme en tu decisión; con el tiempo terminará aceptándolo... Así que dime, ¿es bonita mi nueva nuera?

—Mucho... —Esa afirmación salió de él sin siquiera pensarlo.

—Ah, qué bueno. Me alegro por ti; una mujer bonita siempre alegra los días.

¿Qué fue eso? Sí, Deanna era bonita, pero ¿mucho? Daniel no supo en qué momento había llegado a esa conclusión. Pero si lo pensaba un poco, no era del todo errado. Ella tenía muchas cosas que la hacían bonita además de su cara, sus ojos, en especial su cabello, las piernas largas, la sonrisa amena, las pecas de su espalda... Tenía carácter y optimismo por la vida, era educada aunque podía ser también indolente si se lo proponía.

¿La estaba viendo como mujer? No, claro que no. ¿Cómo podría? Era solo porque su apariencia servía para justificar su supuesta relación, y nada más. No tenía que ver ni con su porte distinguido cuando estaba seria, ni cómo gesticulaba con las manos al hablar o el mohín que hacía con los ojos cuando se enojaba. Daniel intentó justificarse a sí mismo diciéndose que solo la había observado para aprender de ella y no equivocarse demasiado durante la reunión.

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—No vayas a mentirme diciendo que no encontraste a Daniel atractivo —le dijo Laura.

Estaban con Harry bebiendo un café afuera del campus.

—Claro que es atractivo...

—No sé si quiero escuchar esto —dijo Harry.

—Es muy popular entre las damas.

—No lo dudo. Tiene una linda sonrisa y ojos expresivos.

—No, no quiero escuchar esto —repitió Harry, pero ninguna le prestaba atención.

—Además es conocido por ser todo un caballero.

—... su cabello negro le queda bien... Y hace ese ademán con la cabeza cuando quiere afirmar algo... sus manos son muy masculinas...

—¿En qué momento miraste tanto a mi hermano?

—No lo miré, ¿de qué hablas?

—"Tiene bonito esto, bonito lo otro". ¡Vamos, Dean! Lo estuviste observando de arriba abajo. —Laura le dio un ligero golpe en el brazo.

Era verdad, ¿cuándo lo había observado tanto? Bueno, era natural; se suponía que era su prometido y que tenían meses saliendo. Era lógico que lo inspeccionara un poco. Que fuese atractivo amenizaba un poco la situación—al menos fingiría ser la esposa de un hombre guapo y tener que verlo a diario no sería tan pesado. Equilibraba un poco la balanza con su carácter "especial".

—Eres insoportable a veces, Harry, lo sabes, ¿verdad?

—No quiero oírte hablar de mi hermano como si fuera un hombre.

—¿Y qué se supone que es entonces?

—Mi hermano... es grotesco que le veas algo "atractivo".

—¿Qué?

—Eso pasa, Deanna, porque para Harry su hermano es una especie de deidad suprema. Estamos siendo blasfemas al referirnos a él como un simple mortal —le explicó Laura.

—Tienes problemas, niño. Ese hombre no está ni cerca de ser un Dios.

Y, aun así, Deanna seguía repasando en su mente todas esas pequeñas cosas que había visto en él en solo dos encuentros; los detalles que lo caracterizaban. Tenía un porte distinguido y una serenidad muy peculiar a pesar de parecer siempre rígido; si no fuera por su forma de hablar que a veces rayaba en ser despectiva, definitivamente entraría en la categoría de "hombre interesante".

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