Chapter 2

Ben era un reclutador, su verdadero trabajo era encontrar y atrapar a mujeres débiles como Candy, él como enfermero era el que debía llamar a la policía y dar aviso del maltrato intrafamiliar que sufría Candy, pero nunca lo hizo, espero como todo depredador, se ganó la confianza de la joven y cuando llego a su punto de quiebre, la atrapó, el infierno recién comenzaba para Candy.

Casi un año, había pasado desde que Ben la llevó a la ciudad, desde el momento que la tuvo solo a su merced, él la siguió maltratando, no solo golpes, también la hizo sentir nada, su poder psicológico sobre Candy era aún más grande que el que Aarón tenía, sabía que la joven era virgen, y pensaba entregarla solo cuando valiera la pena la paga, mientras se mantenían de las otras mujeres que tenía bajo su control.

— Hola pequeña.

— Hola señora María.

— ¿Cómo te lo tengo que decir? Dime solo María, es raro verte en el jardín del edificio, ¿ocurre algo?

— No, es que Ben está con una amiga y me pidió que saliera.

— Violeta, cuando te darás cuenta de que esas amigas que visitan a tú novio son chicas que trabajan… ya sabes, en la calle.

— ¿Venden hot dog?

“La señora María se ríe muy fuerte y yo no entiendo ¿por qué? ¿Acaso dije algún chiste?”

—Dime niña, después de que sus amigas se van ustedes… ya sabes, ¿tienen intimidad?

— ¿Intimidad?

— Sí, sabes a lo que me refiero, ¿hacen el amor? ¿Duermen juntos? — la joven por fin entendió a qué se refería, y no pudo evitar ponerse tan roja como un tomate.

— No, nosotros nunca hacemos eso, solo vemos las películas, Ben dice que tengo que aprender a ser una mujer y luego él llama a alguna de sus amigas.

— ¿Como? ¿Ustedes no lo hacen?

— No María, yo nunca eh echo eso, a decir verdad, aunque me de vergüenza decirlo, cuando vemos esas películas, me siento rara y quiero que Ben me bese, pero… — Se quedó en silencio al recordar lo que sucedía cuando quería tocar a Ben o que él la toqué.

— Pero ¿qué Violeta?, puedes confiar en mí. — Candy tenía cierta desconfianza ante el pedido de confianza, la última vez que confió en una persona fue Ben, y las consecuencias aun las estaba pagando. Pero aun así decidió hablar.

— Él se enoja y me golpea. — respondió en un susurro, bajando la cabeza.

— ¡¿Como que te golpea?! Eso no puede ser, debes denunciarlo…

— ¡No María!, por favor, no digas nada, él tiene razón yo no puedo comportarme así, primero tengo que aprender antes de hacerlo. Por favor no le digas nada a nadie, o nos tendremos que mudar, y.… en todo este tiempo eres la única amiga que he podido hacer, jamás en toda mi vida he tenido una amiga.

María quedó en silencio tratando de entender a esta joven pareja, llevaban viviendo en el edificio casi un año, y las únicas visitas que recibían era de prostitutas, a ella le simpatizaba la joven Violeta, nombre que le eligió Ben a Candy, a forma de burla por el color de su piel en aquel entonces, pero eran pocas las veces que la veía, que él la dejaba salir, además de creer que también practicaba el oficio, pero ahora estaba aún más confundida.

Cuando Ben le grito por la ventana “Violeta” subió corriendo, y ella llamó a su hijo, quizás podría hacer algo, en su corazón sabía que debía ayudar a esa joven, algo en la verde mirada de la pequeña rubia le daba ternura.

— Charly.

— Hola mamá, ¿qué sucede? — el joven se sorprendió que su madre lo llamara en horario de trabajo, por lo que la atendió de inmediato. Después de contarle lo sucedido, su hijo se quedó en silencio unos minutos, hasta que al fin habló.

— Mamá, quizás él pertenece a algún culto o algo que solo se casan con vírgenes y la este … no se… preparando para el día de la boda, para que no se asuste o algo… tú solo… no te metas en líos, por favor, no te involucres en lo que no debes.

Mientras tanto, Amir Zabet, un gran empresario en el mundo de las joyas observaba con suma curiosidad a su asistente.

Le tenía aprecio a Charly, lo conocía de la niñez y cuando salió de la oficina decidió no interrumpir la charla que tenía con María, a quien conocía muy bien.

— Charly eso realmente fue raro. — Dijo levantando una ceja y mirando fijamente a su asistente.

— Disculpe señor Amir, mi madre tiene demasiado tiempo libre y lo ocupa para meterse en la vida de sus vecinos, no sé qué pretende.

— Dime más, suena interesante. — el joven aceptó contar lo que María le había dicho, después de todo no tenía secretos con su jefe y no veía nada malo en ello.

— ¿Cómo explicarlo?... una pareja de jóvenes se mudó hace como un año al edificio y hoy descubrió que ellos no tienen relaciones. — Resumió así de simple. Y la curiosidad de Amir aumentó.

— ¿Cuantos años tienen?

— Rondan los 20 años. Creo.

— A favor de tu madre debo decir que es raro, es tan raro que…

— ¿Que?

— Olvídalo, sigue con lo que te encargue.

Amir entró en su enorme oficina, camino hasta las paredes de vidrio y observo la ciudad a sus pies, desde pequeño tuvo todo lo que quiso, su padre Emir le puso el mundo a sus pies, en un intento de que olvidara el abandono de su madre Yamile, pero sin darse cuenta lo que más aprendió Amir fue a odiar a las mujeres, más cuando son jóvenes, hermosas y codiciosas, fue por eso que desde los 17 años hasta ahora, con sus 29 años, por su cama solo pasaron mujeres deseosas de dinero y poder, mujeres que no les importaba ser usadas y desechadas siempre y cuando se las llenara de dinero y joyas, se detuvo en ese pensamiento, ahora sabía que era lo que le había llamado la atención de la conversación de su asistente.

“Nunca estuve con una virgen.”

Chapter 3

En ese momento tomó una decisión que lo cambiaría todo. No solo para él, sino para mucha gente, todo cambiaría a raíz de esa decisión.

— Charly, llama a Dominic. — Dijo apenas cruzó la puerta.

— Sí señor, ¿le pido algo en específico? ¿Rubia? ¿Morena? ¿castaña? — Dominic era a quien acudían todas las personas de la alta sociedad, para saciar sus instintos más bajos, con él podías conseguir cualquier cosa, para todos los gustos, y lo mejor era la discreción.

— Una virgen, dile que pagaré 100 veces más de lo habitual.

— Eso estará complicado, me refiero a lo de virgen. Hoy en día es complicado.

— Sé que puedes y recuerda, nada de jóvenes obligadas o drogadas nada de eso. — Amir era de los hombres que creía que las mujeres decidían que hacer y con quien, pero eso no era tan así.

— Lo tengo Señor, no se preocupe.

— Claro que no, para eso te tengo a ti.

En poco tiempo Dominic contacto a Ben, un joven que siempre tenía con él a las mujeres más lindas jóvenes e incautas de la ciudad, luego de pactar un encuentro en su centro de operaciones procedió a hacer el trato de su vida.

— Pasa Ben, hablemos de negocios.

— Para eso estoy aquí Dominic. — Se saludaron como viejos amigos y se dispusieron a hablar de negocios.

— Mis chicas dicen que tienes a una virgen, y muy bonita, por cierto.

— Sí, es mi boleto a la buena vida, es muy hermosa y está en su punto, la he amaestrado bien.

— ¿Por cuánto me la prestaría o venderías?

— No, nada de eso, la estoy guardando para él que quiera pagar lo que vale, sin intermediarios, ya sabes, tú querrás tu tajada y yo recibiré menos eso… ella es realmente muy hermosa, es mi mejor diamante. — las palabras de Ben, solo despertaba más la curiosidad de Dominic.

— ¿Medio millón te parece poco por una noche?

— Medio millón ¿sin descontar tu parte?

— Medio millón limpio para ti, además te aseguro que la persona que la tenga no tiene ningún tipo de enfermedad, ni ningún fetiche que la pueda traumar, solo es una noche, a cambio pide solo tres reglas, ni tú, ni ella sabrán su nombre, ella debe tener cubierta la cara con un velo o algo, no le gusta ver a quien se folla, y obviamente tomara la píldora del día después, no quiere cargar con inconvenientes.

— Si es por eso puedo hacerla tomar anticonceptivos, a mí tampoco me conviene que quede en cinta, pienso sacar mucho de ella, que te digo, su belleza es única, hasta a mí me cuesta no hacerla mía.

— No, no, la quiere limpia en todo sentido, ni alcohol, tabaco, píldoras de ningún tipo. Él es así.

— Entonces no se hable más, cuando la debo traer.

— Aquí no niño, su asistente te dará lugar, fecha y hora. Ahora le diré que entre, y te doy un consejo, solo porque te aprecio, no te quieras pasar de listo, con él no se juega, tiene mucho poder. — Dominic salió e hizo pasar a Charly. Mientras que Ben ya soñaba que hacer con el dinero.

El joven Delgado y alto se dejó caer, enfundado en un costoso traje, de cabello ondeando, ojos color café y tez trigueña, Ben subestimó a ese hombre que no tendría más de 25 años y como no hacerlo, si Charly parecía inofensivo.

— Necesito que conteste unas preguntas. — así entró, sin saludar y yendo directamente al grano, él era el asistente de Amir Zabet, debía estar a la altura de su jefe.

— ¿Acaso eres policía? — Contesto sonriente Ben y esto causó cierta alarma en Charly, nada de mujeres obligadas, se repitió la regla de Amir.

— Esa pregunta… ella lo hará por propia voluntad, ¿verdad? Porque si no es así no tenemos nada que hablar. — Sentenció con toda seriedad.

— Claro que lo hará por voluntad propia, ellas siempre lo hacen, yo no tengo a nadie obligada conmigo. — Mintió descaradamente.

— No consume…

— Nada, ella es sana, no le gusta ni el olor a cigarrillos. Y mucho menos toma alcohol.

— Eso nos ahora muchas preguntas, solo queda aclarar, por último, que se asegure de tomar la pastilla del día después y luego espere cuatro horas para salir, de lo contrario si hace algún truco para después querer chantajear a mi representado…. creo que no es necesario decir que tú serás el más afectado. El desierto es amplio y cualquier lugar es una buena tumba. — Ben descubrió que sea quien sea él interesado tenía poder. La mirada de Charly, que en un principio le pareció aniñada ahora le resultaba intimidante. — Aquí está la dirección y todo lo que necesita para llegar, en la habitación encontrara una caja con lo que se debe poner.

Así de fácil, así de ruin la vida de Candy empezaba a empeorar. Ya no serían solo golpes. Ahora sería vendida como un pedazo de carne, del cual ni siquiera ella sabía su valor.

Chapter 4

La fecha llegó, Ben ordenó y a ella solo le quedaba por obedecer.

— Pero Ben… no entiendo.

— ¿Eres idiota Candy? ¿Qué es lo que no entra en esa cabeza tuya? — Ben le daba golpes en la cabeza con su dedo índice, mientras lo decía. Asiéndola sentir menos que nada. — Es tan fácil lo que te pido, debes tener sexo, solo eso, no debes hablar, ni nada, ¿no eras eso lo que querías cuando veíamos las películas?

— Pero tú eres mi novio, yo…

— Soy tu novio y tú me obedeces, así de fácil. ¡Si no fuera por mí, estarías muerta! ¿Acaso quieres volver con tú padre? ¿Sabes lo que te hará?, escúchame, cariño, esto es muy importante, necesitamos el dinero, solo será esta vez y después los dos viviremos felices, tendremos nuestra familia y lo más importante, por fin podremos hacer el amor. ¿Acaso no quieres ser mi mujer? — Candy, tan ingenua, tan simple, tan manipulable, le creyó. Pero aún se seguía preguntando…

— ¿Por qué no puedo hacerlo contigo primero?

— Ya te lo expliqué, yo no duermo con niñas inexpertas. Y ya me cansé lo haces o te llevo con tu padre.

Así la atormentaba, con la condena de llevarla con su padre, el cual, según él, la estaba buscando por todas partes para matarla a golpes.

Cuando Ben le dijo a Candy que tenía una sorpresa por su cumpleaños número 19 ella nunca imaginó que sería esto, la tarjeta decía 20 de diciembre 22 horas y la dirección de un hotel que según Ben era el más lujoso de la ciudad.

— Pero…

— Deja de lloriquear, si no quieres ir, llamaré a tú padre para que te largues de aquí.

— ¡No Ben!, por favor…. Iré, haré lo que quieras. — Candy temblaba con la sola idea de que su padre pudiera encontrarla.

El joven que era bastante corpulento y de rostro hermoso, algo que lo ayudaba para hechizar a las jóvenes, la baño, le refregó el cuerpo hasta que dolió.

— Debes estar bien limpia y perfumada, tú eres mi mejor mujer.

La acompaño hasta el hotel, pero le dijo que no podía subir, ella debía ir al último piso, directo a la alcoba y vestirse con lo que hubiera en la caja que estaría sobre la cama.

Mientras Candy caminaba por el vestíbulo del hotel, Ben recibía el pago de manos de Dominic, quien había quedado más que hechizado con Candy.

— Realmente es una hermosura, un poco pálida, pero toda una belleza, quizás después podamos seguir trabajando juntos.

— No te prometo nada, ya veremos cómo le va hoy.

— Le irá bien, el solo hecho de su cuerpo y esa cara, muy hermosa, vale cada centavo.

— Ese es el problema, quizás la disfrute por un tiempo para mí, y cuando me aburra, volveremos hablar.

Del otro lado de la calle Charly observaba a este par, no había visto a la joven ingresar al hotel, pero si vio el intercambio de maletines de estas escorias y se preguntaba ¿cómo una mujer podía vender su virginidad?

Una vez que Candy ingresó en aquella habitación, quedó deslumbrada.

“¡Esta habitación es más grande que todo nuestro piso! No lo puedo creer.”

Los pensamientos de Candy eran demasiados, estaba nerviosa, triste, pero sobre todo asustada, no sabía que esperar de esa noche, Ben le había advertido que debía obedecer al hombre que entrara con ella en esa habitación, sin decir nada y eso la ponía nerviosa. Vio sobre la mesa una nota escrita en un papel, y una píldora a su lado, pero al no saber leer la volvió a dejar donde las encontró.

Ben por la emoción de recibir el dinero y lo poco que le preocupaba Candy, se olvidó de decirle de la píldora que debía tomar, solo la envió a entregar su cuerpo.

Camino hacia la enorme cama, donde como Ben dijo, había una caja, al abrirla vio la ropa que debía usar, y se sonrojo.

Aunque estaba sola en aquel cuarto, decidió cambiarse en el baño, sus manos temblaban y sudaban, no sabía que esperar de esa noche, Ben siempre le mostraba diversos vídeos, algunos les gustaban, pero otros le daban asco y vergüenza, esos donde más de un hombre tomaba a la chica, o donde les introducían objetos, si, ella estaba aterrada.

Tardo más de la cuenta en saber cómo debía colocarse todo aquello, su atuendo consistía en un sostén lleno de pequeñas tiras, blanco con encajes, un ligero, medias y una pequeña falda del mismo color. Por último, tomo el velo y se lo coloco, cubriendo de esta forma la mitad de su cara, ella creía que había hecho todo según el pedido de Ben, el error radicaba en que Amir no quería ver para nada su rostro, en el fondo le desagradan las mujeres que se vendían, pero esto Candy no lo sabía.

Fue a sentarse en la cama como se le había indicado y esperó, aunque no por mucho tiempo.

La puerta se abrió, pero ella no se movió, tenía miedo de la persona que acababa de ingresar, sus pasos se escuchaban pesado y fuertes, pasos que le recordaban a su padre cuando se enfadaba, comenzó a temblar y se asustó aún más cuando escucho esa voz tan ronca, la persona a su espalda destilaba poder, y eso la hacía sentir pequeña, casi como una hormiga.

— ¿Qué edad tienes?

— 18, 19 años. — Trato de corregir rápidamente.

— ¿18 o 19?

— 19, hoy es mi cumpleaños.

— Bonita forma de festejarlo. — Dijo aquella voz con un timbre de ironía, Candy se quedó en silencio.

Solo tú

Chapter 2
Chapters
Customize
Next Chapter
Minishorts Logo
Enjoy full short drama episodes, No waiting, watch now!
MiniShorts Youtube
PRODUCTS AND SERVICES
About us
support@minishorts.com
©2026 MiniShorts All Rights Reserved. CHASINGTOP HK LIMITED