Chapter 2

Thara fue de inmediato a la habitación de Mía quien le contó todo lo sucedido la noche anterior.

—Amiga no puedo creer que al final cumpliste el objetivo que tenías al venir aquí.

—No es gracioso amiga, no se con quien demonios pase la noche, estoy muy preocupada, que tal que es un delincuente.

—Eso no importa, lo importante es que el venir aquí no fue en vano - Thara también estaba preocupada, pero intentaba calmar a su amiga.

—Vámonos a casa, pasaré a comprar una postday, no recuerdo casi nada y no se si ese hombre utilizó protección, solo espero no pescar alguna otra cosa.

—Me preguntó cómo es que logró entrar a tu habitación.

—No lo sé, tal vez no cerré bien la puerta por bajar de prisa al restaurante, imagínate que sea un maniático, que miedo.

—¿Recuerdas la mesa con esos potros tan ricos? —Thara al ser cubana a veces tiene una manera algo particular al hablar.

—Lo recuerdo ¿Qué pasó con ellos?

—Me ligue al güerito de ojos claros, pasamos una noche increíble, me hubiera gustado se quedará más días conmigo, pero su amigo le llamó y se tuvo que ir al aeropuerto uhmmmm.

—¿Y eso qué fue?

— Jajaja qué estaba riquísimo el condenado.

Ahmed se encontraba en el interior del avión, la cabeza echada hacia atrás, cerró los ojos y a su mente vino el rostro de aquella chica, realmente era hermosa, tenía un aroma especial, cuando entró en la habitación ese aroma inundo enseguida sus fosas nasales, lo que le hizo imposible poder contenerse, además que las formas de su cuerpo eran agradables al tacto, después de tanto tiempo de no tener relaciones sexual es con nadie, lo había hecho de la peor manera, forzando a una chica tan delicada, apretó sus sienes con sus manos, masajeándolas para tratar que el dolor de cabeza aminorara.

Cambell llegó unos minutos después, al ver a Ahmed tan metido en sus pensamientos decidió no hablarle, su amigo solía ponerse furioso cuando se le molestaba, rato después el árabe abrió los ojos.

—Vaya amigo pensé que estarías en esa posición todo el viaje, ya casi llegamos.

Ahmed lo observó muy serió, se sirvió un vaso de whisky, lo tomó antes de hablar.

—Necesito saber quien es esa chica y también que demonios paso anoche, no sé quién puso el afrodisiaco en mi bebida, porque si no fuiste tú con esa insistencia que has tenido de que debo estar con alguien, entonces no tengo ni p**a idea de quien fue y por qué.

—¿Crees que esa chica tuvo que ver? Quizá te conocía y deseaba estar contigo.

—¿Por qué lo haría? Ella no sabía que entraría por error en su habitación, además fue su primera vez y yo se la quite de la peor manera y no creo que me conociera, al menos yo nunca la había visto.

Apretó el puño rompiendo el vaso de cristal que tenía en su mano, enseguida envolvió su mano en un pañuelo para calmar la sangre que comenzaba a brotar.

Cambell lo veía asombrado, vaya manera que tenía su amigo de contarle las cosas, interesante noche la que había pasado y él pensando que mientras él se divertía con una hermosa cubana, su amigo dormía en su habitación, aburrido como siempre.

Cuando llegaron a Nueva York, se dirigieron directo al corporativo, al poco rato de llegar, Ahmed recibió una llamada de Zafir.

—Aló Zafir ¿Qué has investigado?

—Jefe la chica dejó el hotel, cuando llegamos ya no se encontraba ahí, conseguí las imágenes de las cámaras de los pasillos del hotel, se las enviaré.

—¿Ya has investigado su nombre?

—No, la chica se registró con una identidad falsa.

—¡Demonios! Sigue investigando, es muy importante que consigas las imágenes del restaurante.

—Tratare jefe, los empleados del hotel son muy herméticos, fue difícil que me facilitaran las imágenes de los pasillos, en cuanto logré obtenerlas se las envió.

—Ok.

Revisó las imágenes, en ellas se veía salir de la habitación a Mía en compañía de su amiga, sin duda esa era la chica con quién pasó la noche, ese hermoso rostro lo reconocería en cualquier lugar, guardo muy bien el video, era lo único que por ahora tenía de aquella chica.

En Los Ángeles, un apuesto hombre y una frívola mujer se encontraban reunidos, estaban celebrando que todo salía de acuerdo a sus planes, pronto él tendría a su lado a una mujer muy bella y no le importaba todo lo que había hecho para lograrlo.

Mía llegó a casa, su hermana Caroline la recibió con alegría, había mucho amor entre ellas, aunque Sonia su madrastra siempre se encargaba de mantenerlas separadas, la mujer llegó más tarde, llamó a Mía para hablar con ella.

—¿A dónde estabas? Estuve tratando de localizarte - su madrasta se veía realmente molesta.

—Eso es cosa mía, a ti no tengo porque darte explicaciones.

—A Carlo no le agradaría saber que no llegaste a dormir.

—Por mí puedes informarle.

—Será mejor que tengas mucho cuidado para no arruinar este compromiso, sabes lo que pasaría si no te casas con él.

-Lo sé perfectamente, no te preocupes me casaré con él.

Dio la vuelta y se alejó para encerrarse en su habitación, ese era su refugio en aquella casa, el único lugar donde sentía paz.

Se quedó dormida y al poco rato sintió que alguien se acostaba junto a ella, trató de levantarse pero no pudo, unos fuertes brazos la aprisionaban.

—Shhh pequeña, no te levantes, pronto seremos marido y mujer, así que no importa si me dejas acariciarte desde ahora, acerco sus labios a los de ella, intentando besarla.

Mía como pudo empujó al hombre y se levantó inmediatamente, estaba completamente furiosa.

—¿Qué demonios estabas pensando cuando decidiste entrar en mi habitación? Largo de aquí,

—Mía piénsalo bien antes de tratarme de esta manera, yo te amo.

—Pero yo no y lo sabes, está boda será tan solo un contrato y nada más, crees que puedes comprarme como si fuera un objeto y después venir aquí para trata de acariciarme, estás loco, sal inmediatamente.

—Sé que estás nerviosa por la boda, eso te hace actuar así, mientras yo tan solo pienso en el momento en que pueda acariciar tu piel y en el momento en que pueda hacerte mía.

Alzó su mano y con su dedo comenzó a delinear el rostro de Mía, ella lo retiró de un manotazo, lo tomó por el brazo y lo obligó a levantarse para después sacarlo a empujones de su habitación, mientras Carlo no podía ocultar su molestia, ya arreglaría cuentas con ella en cuanto se casaran, por ahora tenía que contener su furia para no asustarla.

Después de que lo sacó cerró la puerta, está vez puso llave, recargo su espalda sobre la puerta y suspiro aliviada.

Minutos después escuchó que tocaban la puerta, al abrir vio que era Sonia, quien se encontraba furiosa, Mía intentó decir algo pero antes de que lograra hacerlo Sonia le dio un fuerte golpe en la mejilla, esa mujer no tenía idea de las ganas que tenía de hacerle pagar aquel trato.

—Chiquilla estúpida, que te estás creyendo al tratar así a Carlo, si él quiere estar contigo lo haces sin protestar, como se te ocurre correrlo, pronto será tu marido.

—Sabes muy bien porque acepté casarme, si vuelves a tocarme o a levantarme la voz no me casaré, ya soy mayor de edad y no puedes obligarme, tomaré la herencia que me dejó mi padre y me iré de aquí.

Sonia cambió su comportamiento inmediatamente al escuchar esas palabras, su voz sonó dulce y melosa.

—Ya pequeña, no es necesario que discutamos, solo te pido que tengas un poco de paciencia cuando estés con Carlo, él te ama y es capaz de hacer todo por ti.

—No me importa si me ama o no, para mi esto no es más que un contrato, es un hombre que cree que con su dinero puede comprar todo, es despreciable.

Cerró la puerta de manera repentina, por lo que Sonia casi se cae hacia atrás.

—Escuincla insoportable, gracias a Dios pronto me desharé de ti -lo dijo en voz baja de manera que Mía no la pudiera escuchar, deseaba deshacerse de ella lo más pronto posible, era un estorbo con el que había tenido que cargar, por fortuna Carlo había estado dispuesto a pagar una fortuna por ella, eso era algo que Sonia había sabido aprovechar.

El imbécil de su marido había dejado toda su fortuna a Mía y a Caroline al morir, Sonia junto con su abogado había logrado engañarlas haciéndoles creer que la empresa se la había heredado solo a ella, Bob se había dado cuenta antes de morir de la clase de mujer que era, sospechaba de ella, a sus espaldas cambió el testamento meses antes de morir.

Sin Mía estorbando en su camino, pronto toda esa fortuna le pertenecería, ella junto a su amante la disfrutaría, no por nada aguanto tanto tiempo a ese viejo inútil.

Chapter 3

Ahmed no podía creer que la chica se hubiera esfumado, estaba decidido a buscarla hasta encontrarla, no le importaba el tiempo que necesitará para ello, su rostro y su aroma tan particular se habían quedado grabados en su memoria, Zafir aún seguía en Los Ángeles investigando sin obtener resultados, aún no había indicio alguno de aquella chica, Cambell entró en su oficina, irrumpiendo abruptamente sus pensamientos, pego un brinco cuando este entró tan ruidoso como siempre.

—¡Carajo Cambell! Te he dicho que debes de tocar antes de entrar, es una regla básica para demostrar un mínimo de educación.

—Tranquilo amigo, ni que fuera a encontrarte en alguna situación comprometedora con alguien, si así fuera me daría gusto, hasta porras te echaría - dijo el rubio, sonriendo maliciosamente.

—¿Qué se te ofrece? Espero sea algo importante.

—Uno de nuestros socios en Los Ángeles se casa en unas semanas, la próxima semana es su despedida de soltero y nos ha invitado.

—¿Es alguno de los que asistieron a la cena aquel día?

—No, él no pudo asistir, envió a su mano derecha.

—Ve tú, yo paso, no estoy para esos eventos.

—Amigo mío, cómo te explico, Carlo Román Conti, es uno de nuestros socios más importantes, por lo general inyecta un gran capital a nuestros proyectos sin cuestionarlos, podría ofenderse si rechazamos su invitación, está por invertir en la creación de los nuevos equipos, así podremos producirlos a la par de los otros modelos.

—Está bien asistiré —dijo poniendo cara de fastidio, sabes que no acudo a fiestas, pero estaré solo un rato y me marcharé, en esas fiestas suele haber demasiado ruido y excesos.

—Ok hermano, sabia decisión, es seguro que habrá diversión que pienso aprovechar indudablemente - frotó sus manos al decir esto mientras sonreía.

—Para fiestas estoy —gruño Ahmed.

—Llevas cuatro años alejado de la vida social amigo, menos mal que esa chica te hizo romper el celibato, ya me tenías preocupado, incluso llegué a pensar que quizá tenían razón con lo que han dicho y que ya te habías enamorado de mí jajaja.

—Sabes por lo que he pasado, no me gusta que cuestiones mi comportamiento ni mis decisiones, somos amigos, pero no cruces los límites, sabes que mi paciencia se me agota —dijo a la vez que hacía una mueca de disgusto.

—Ok, mejor me retiro, nos vemos cuando se te pase lo gruñón.

Lo dijo mientras alzaba las manos en señal de rendición caminando hacia atrás, lo que hizo reír a Ahmed.

A veces le era difícil soportar las locuras de su amigo, pero sabía que en tiempos difíciles podía contar con él, tal como había ocurrido años atrás, fue el único que se quedó a su lado cuando más lo necesitaba.

Escuchó que tocaban la puerta de su oficina, enseguida entró una sensual rubia, era muy bella y voluptuosa, camino hacia él mientras sonreía.

—¿Necesitas algo Anelie?

—Uhmmm eso no lo tienes que preguntar si ya lo sabes perfectamente —se le quedó viendo mientras mordía su labio inferior.

—Me refiero al trabajo, en cuanto a lo otro, ya te he dicho que si quieres conservar tu empleo tienes que cambiar tu comportamiento y tu actitud hacia mí, no me importara despedirte, aunque hayas sido la mejor amiga de Lyna, sabes que no me interesas, que no me provocas nada en lo absoluto y que no lo harás.

—¿Estás seguro de poder despedirme? Sabes que Lyna te pidió que me ayudaras y le prometiste hacerlo, si me despides ella no podrá descansar en paz.

Lo dijo mientras inclinaba su cuerpo hacia adelante, dejando ver lo poco que cubría aquella blusa con tan pronunciado escote, acercando sus grandes atributos a la cara de Ahmed, el volteo la cara intentando contener su furia.

—Sal de aquí de inmediato Anelie, sal o no respondo.

—Te dejo estos documentos, revísalos, me avisas cuando los hagas para entregarlos —le dijo mientras le guiñaba un ojo.

La rubia salió moviendo exageradamente las caderas, tenía un cuerpo escultural y lo sabía, Ahmed le gustaba desde hacía mucho tiempo, por eso se había hecho amiga de Lyna, así podría estar cerca de él, había intentado por todos los medios llamar su atención, pero parecía que Ahmed no la notaba, incluso fingía sentir amor por sus hijos, cuando se enteró de la fatal noticia, celebró sus muertes, pensaba que sin esos estorbos de por medio, le sería más fácil conquistar al árabe.

Ahmed pasó su mano por su cabello, era increíble el descaro de esa mujer, no quitaba el dedo del renglón, estaba dispuesta a conquistarlo, pero más que agradarle solo lograba exasperarlo.

Horas más tarde, al finalizar la última reunión del día, el árabe se sentía agotado, esa noche se quedaría a dormir en la habitación que tenía en la parte de atrás de su oficina, ahí tenía ropa y todo lo necesario, solía quedarse frecuentemente en ese lugar, su casa era un lugar muy grande y frío en el que no le gustaba estar, cada espacio estaba lleno de hermosos recuerdos, los niños corriendo por los pasillos, su mujer cocinando mientras sonreía, el jardín con los rosales que plantaron juntos, incluso hasta las paredes guardaban recuerdos en las imágenes que colgaban de ellas.

Salió de la sala de reuniones, al entrar en su oficina, se aflojó la corbata, ya todo el personal se había retirado, solo quedaban él y los vigilantes en aquel edificio, se sentó frente a su escritorio y se sirvió un vaso de whisky, no es que fuera un alcohólico, pero si le gustaba tomar uno o varios tragos de vez en cuando.

Mientras apuraba el contenido de aquel vaso, volteó a ver la fotografía puesta sobre su escritorio, en ella una familia feliz sonreía, agacho la cabeza y cubrió su cara con sus manos recargándose sobre el escritorio, unas gruesas lágrimas cayeron, después de algunos tragos más se levantó para entrar en la habitación.

Abrió la puerta, al entrar encendió la luz, grande fue su sorpresa al ver a Anelie acostada sobre la cama, la mujer le sonrió mientras recorría sus labios con su lengua, llevaba puesta una diminuta lencería de encaje, se le quedó viendo para después rodear sus pechos con sus manos, abrió sus piernas tratando de encender el deseo en él.

—Ven aquí, calma este fuego que se enciende cada vez que te veo.

Ahmed se acercó, la mujer sonrió aún más pensando que por fin lograría su objetivo, más de repente sintió que apretaba fuertemente su brazo, la obligó a levantarse y la llevó hasta la salida de la oficina, de un empujón la sacó de ahí, no sin antes darle una advertencia.

—Que sea la última vez que haces esto ¿qué te estás creyendo?

—Lo siento Ahmed sabes que te amo y te deseo, no puedo salir desnuda a la calle, por favor déjame entrar por mi ropa.

Ahmed cerró la puerta, para después volver a abrirla, aventó la ropa sobre la chica.

—Es la última advertencia, te controlas o te vas.

Anelie no dijo nada, bajó la mirada, tomó su ropa y se marchó de ahí, no pensaba dejar de insistir, Ahmed tarde o temprano sería para ella.

En el interior de la habitación Ahmed aventó las sábanas al piso, puso unas limpias y después se acostó estaba tan cansado que se durmió rápidamente.

En su sueño un niño le sonreía, a lo lejos vio a una mujer que sostenía en sus brazos a un bebé, ella lo miraba, su mirada era triste, él trató de acercarse a ellos, pero cuanto más lo intentaba más lejos de él estaban.

Despertó sobresaltado, cubierto en sudor, las lágrimas mojaban su rostro, esto ocurría siempre que ingería demasiado alcohol, trataba con el de olvidar sus penas, pero sucedía todo lo contrario, sus recuerdos se hacían más presentes convirtiéndose en pesadillas.

Vivía en una especie de bucle en el que las cosas se repetían continuamente, una y otra vez revivía el recuerdo más doloroso de su existencia, aquel que le carcomía las entrañas, ese en el que veía a su mujer y a sus pequeños hijos dentro de esas frías cajas, deseaba morir para estar con ellos, no podía olvidar el momento en el que tuvo que abandonarlos en el interior de aquella lúgubre cripta.

Tenía una vida y una familia perfecta, si tan solo la vida le diera la oportunidad de volver a tenerlos, todo sería tan diferente.

Después de perder a su familia se había perdido en el alcohol, Cambell estuvo ahí cada día, soportaba sus arranques y sus insultos, poco a poco fue recobrando la sobriedad, pero las pesadillas lo acompañaban cada día.

Sus padres habían insistido para qué regresará a Dubai, él se negó rotundamente, no volvería al lado de las personas que odiaban a su familia, sus padres inclusive se habían negado a conocer a sus nietos, Lyna había sufrido durante años por todo eso.

No sabía en que momento de la vida había perdido del camino, había renunciado a todo por ella y después la hizo a un lado, pensaba que tenía merecido el castigo.

Chapter 4

En Los Ángeles, Mía estaba en su recámara acompañada por Thara, el día de la boda se acercaba, aún no podía creer que se casaría con un hombre al que no ama, que para salvar a su hermana y a la empresa que fundó su padre, tuvo que aceptar ese matrimonio obligado, no pudo evitar llorar, sentía que sus enrojecidos ojos ya se están quedando sin lágrimas.

—Amiga aún estás a tiempo de detener está locura, ya eres mayor de edad, puedes acceder a tu herencia y marcharte lejos de esa mujer, no sacrifiques tu felicidad.

—No puedo hacerle eso a mi padre, él levantó su empresa desde cero, con mucho sacrificio y si no lo hago yo, Sonia obligará a mi hermana y eso no lo voy a permitir.

—No sé ya que decir, ni como ayudarte chica, Sonia te tiene entre la espada y la pared.

—Que estés aquí conmigo es la mejor ayuda, sin ti ya hubiera enloquecido, gracias amiga.

—Un punto a tu favor es que no te has enamorado, ya no recuerdo cuándo fue la última vez que saliste con algún chico, eso ayudará a que quizá más adelante te enamores de Carlo, no vas a negar que está como quiere, si no puedes evitarlo, quizá podrías disfrutarlo.

—No me enamoraré de un hombre que me ha comprado cómo se compra el ganado, si en verdad me ama como dice, se hubiera preocupado en conquistarme, pero el muy cobarde no lo hizo, prefirió actuar desde las sombras y buscar la manera de obligarme.

—Demasiada carga han puesto sobre ti amiga, eso no es justo, tu no debes sacrificar te por tu familia, debería de ser Sonia quien se case con Carlo, se ve que se entienden a la perfección, son tal para cual.

Mía no estaba interesada en los preparativos de la boda, era algo que no le interesaba en absoluto, sabía que Sonia estaba tirando la casa por la ventana, Carlo le había dado carta abierta con los gastos, tal parecía que la que se casaría sería ella, solo faltaba que ella se midiera el vestido de novia, Mía la imagino ante el altar casándose con Carlo, que buen matrimonio harían esos dos seres tan despreciables.

Sonia estaba satisfecha consigo misma, mataría dos pájaros de un solo tiro, se desharía de la insoportable de su hijastra y Carlo le daría a cambio una gran cantidad de dinero, le había pedido que se la llevara muy lejos, donde ella no la volviera a ver jamás y él prometió que lo haría, le gustaría ver la cara que pondría Mía cuando estando ya en Italia se diera cuenta de que se había casado con un mafioso y no cualquiera, sino uno de los más importantes de Europa, su maldad le permitía disfrutar ese pensamiento.

Convencerla de aceptar la propuesta de Carlo fue tan fácil, en cuanto le inventó que la empresa de su padre estaba por irse a la bancarrota y que si ella no aceptaba casarse con él, lo haría Caroline, Mía aceptó inmediatamente, quería tanto a su hermana que no le importaba sacrificarse por ella.

Lo que no sabía es que la empresa no estaba en bancarrota, por el contrario estaba mejor que nunca, en cuanto a su hija Caroline, jamás la casaría con un mafioso, eso la pondría en riesgo, además Carlo fue muy específico, estaba enamorado de Mía, a quien había conocido en una fiesta a la que acudió con su padre cuando tenía tan solo 14 años, Sonia no entendía como un hombre tan poderoso se había obsesionado con alguien tan insignificante, el merecía tener a su lado a una mujer que valiera la pena, una mujer que supiera aprovechar todo ese poder.

Desde entonces se acercó a Sonia para ofrecerle una fortuna a cambio de ella, tenía la suficiente paciencia para esperar a que creciera un poco más, para poder llevar a cabo sus planes tendrían que deshacerse de Bob su padre, él nunca aceptaría vender a su hija, era la niña de sus ojos y no permitiría que sufriera.

Carlo Román estaba acostumbrado a siempre obtener lo que quería, sin importarle lo que tuviera que hacer para obtenerlo, tenía muchas mujeres a su disposición, pero solo a una consideraba digna de ser su esposa, Mía era demasiado bella, casarse con ella era como obtener un trofeo, era una valiosa joya que luciría muy bien a su lado, no había podido sacarla de su mente desde el día en que la conoció.

Ese día el mafioso viajaba a Italia, estaría de regreso en tan solo unos días, sus socios en Estados Unidos le habían organizado una despedida de soltero, era una excusa para divertirse porque no pensaba dejar la vida nocturna que hasta ahora había llevado, por lo general no pasaba dos noches con la misma mujer, por eso las buscaba en exclusivos centros nocturnos, no quería que se sintieran con derecho alguno sobre él, quería seguir disfrutando de ellas, pero lo de Mía sería la madre de sus hijos.

Buscaba una bella mujer para cada noche, su relación con esas mujeres terminaba en cuanto le quitaban las ganas, después de eso les aventaba un buen fajo de billetes y de ahí en adelante como si no se conocieran, con Mía sería diferente, con ella pasaría todas sus noches por el resto de su vida.

Quería tener muchos hijos, su padre anhelaba conocer a sus nietos antes de partir, pues era ya de avanzada edad al igual que su madre, él era el hijo mayor y el único que quedaba de tres hermanos, sus dos hermanos fueron asesinados años atrás por grupos rivales, desde entonces su carácter cambió completamente, volviéndose despiadado y cruel con sus enemigos.

Cuando informó a sus padres que se casaría, su madre se ilusionó con la idea de tener una nuera, sería como su hija le dijo cuando él le dio la noticia, su hijo a sus 34 años por fin sentaría cabeza, ya se imaginaba a todos sus nietos corriendo por su casa.

La alegría de Carlo y su familia contrastaba con la tristeza de Mía, tantos planes, tantos años de esfuerzo y estudio botados a la basura, soñaba con ser la mejor diseñadora del país, junto con Thara habían creado castillos en el aire, tenían ansias de comerse el mundo y Carlo Román de un tajo había terminado con todo eso.

Después de un rato de estarse martirizando con esos pensamientos, cerró sus ojos y se quedó dormida, así es como deseaba permanecer, en ese país de ensueño en el cual no existían los problemas que la agobiaban en el mundo real.

En sus sueños, desde la noche que pasó con ese hombre, se repetían una y otra vez las cosas que pasaron en aquella habitación, siempre era lo mismo, ella trataba de ver el rostro de aquel hombre, pero la oscuridad se lo impedía, pensaba que el recuerdo de ese hombre sin rostro la perseguiría por siempre en sus pesadillas.

Podía sentir claramente sus caricias, su aliento sobre su cuello, las sensaciones que le provocó al succionar sus pechos, pero al volver a sentir aquel inmenso dolor despertaba agitada ¿Qué demonios era lo que le estaba pasando?

Eran dos almas que parecían conectarse a través de sus sueños sin saberlo, Ahmed también la veía constantemente al dormir, con la diferencia de que él si veía su rostro, un hermoso rostro que no podía sacar de sus pensamientos.

Carlo era ajeno a lo ocurrido, si él hubiera acudido a aquella reunión en lugar de mandar a un representante, se hubiera enterado de que Mía estaba en aquel lugar y quizá hubiera echado a perder sus planes, él jamás hubiera permitido que otro hombre tocará lo que consideraba suyo, antes de que lo hiciera haría cortar sus manos.

Mía se regocijaba al pensar en la reacción que tendría cuando se diera cuenta de que no era el primero, no pensaba tener relaciones con él, pero estaba segura de que buscaría la manera de obligarla, ese tipo de hombres tan pagados de sí mismos no soportaban ser rechazados, sonrió maliciosamente, ese sería su regalo de bodas.

No podía evitar llorar, deseaba poder correr, escapar de su trágico destino, pedía que ocurriera un milagro que la librará de aquello, ella no sabía quién era realmente su prometido, sabía tan poco de él, pero eso era suficiente para intuir que no era una buena persona, si estuviera enterada de lo que ese hombre era capaz, estaría aterrada.

Ese hombre en Italia por quienes lo conocían era muy temido, sólo sus padres se atrevían a contradecirlo, había acabado con familias enteras que le estorbaban y se habían atravesado en su camino, sus padres se pusieron felices cuando les contó que por fin tendría a alguien que lo acompañaría en su camino, quizá así su hijo olvidaría todo el dolor que llevaba a cuestas tras la muerte de sus hermanos, tenía que olvidarse de esa terrible venganza, ya habían muerto demasiados.

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