El viaje a la clínica no represento mayor problema o incomodidad para ninguno de los dos, pues tanto Alexander como Sofía estaban acostumbrados a compartir el vehículo del empresario, ya que la mayoría de los cierres de contrato terminaban en una que otra cena, y Alexander siempre la llevaba, siempre en silencio, él perdido en pensamientos de cómo mejorar aún más el nivel de su empresa y ella en cómo podía sorprender a Adrián, ahora la situación era diferente, al menos en lo que pensamientos se trataba, Alexander trataba de guionar una gran historia para el día siguiente, cuando la horda de reporteros lo esperar afuera de su mansión y Sofía, tratando de calcular a cuanto ascenderían los gastos por el nacimiento de su sobrino.
— Es aquí, muchas gracias. — advirtió la joven, ya quitando su cinturón, aun antes de que Alexander detuviera el vehículo.
— Te acompañare, creo que es un buen momento para que me presentes como novio. — Sofía abrió tan grande sus ojos que Alexander dejo ver una sonrisa, y eso lo hizo sentir raro, desde hacía poco más de seis meses que él no sonreía.
— Eso no es necesario. — soltó en un pequeño susurro, pues la garganta se le había secado a la joven.
— Lo es, Sofía, para mañana en la mañana nuestras fotos estarán en cada periódico, cada tabloide, serás parte de un nuevo capítulo de la tragicomedia que se ha convertido mi vida. — pena, eso sintió Sofía, y a pesar de que Alexander se comportaba como siempre, al menos con sus empleados, ella podía distinguir que cierta luz se había apagado de la mirada del CEO.
— Bien, solo… debe de saber que no sé qué podrían decir mis padres, nunca se lo qué dirán, por lo que le pido que no lo tome a mal, por favor. — no mentía, y es que Sofía ya no sabía cuándo estaban bromeando o cuando eran hirientes, ¿lo eran por qué querían? O ¿solo no sabían expresarse? No los comprendía, pero eran sus padres después de todo.
— No te preocupes, créeme que sin importar que, no pueden ser peores que la gran Evelyn Thompson. — Sofía dejo salir una risilla, mitad de nervios y mitad de diversión ante el rostro de falso pánico que su jefe mostraba, y Alexander se percató que hacía mucho no había escuchado esa risilla, ¿Cómo no se había percatado que algo le sucedía a la joven que pasaba más tiempo con él que su propia esposa? mejor dicho, exesposa.
Como el caballero que su padre le enseño a ser, Alexander descendió del vehículo y abrió la puerta de Sofía, quien hizo el intentó de avanzar, pero la mano del CEO en su muñeca se lo impidió, para luego llegar a su lado y sujetar su cintura, en un abrazo casual, mientras la incitaba a caminar.
— ¿Señor Thomson? — murmuro como pudo, entre la sorpresa y la vergüenza.
— Dime Alexander, Sofía, se supone que somos novios, además tenemos un periodista justo atrás nuestro. — Sofía no pudo evitar el querer ver sobre su hombro y Alexander la detuvo, fingiendo que limpiaba algo en la comisura de su labio, mientras sonreía y la veía a los ojos. — Debes aprender a ser más disimulada Sofía.
Estaba aturdida, a tal punto que solo asintió y aun con ojos muy abiertos dejo que Alexander la arrastrara hasta la recepción de la clínica privada.
— Buenas noches. — dijo la mujer en la recepción y solo entonces Sofía salió de su aturdimiento, aunque estaba un poco contrariada al sentir que la mano de Alexander subía y bajaba de su cintura a su cadera, a milímetros de rozar su trasero, pero solo le basto con verlo de lado, para saber que el CEO estaba perdido en su mente, lo conocía, sabia cuando la mente de ese hombre estaba en otro lugar, por lo que supuso que era un movimiento quedado de su jefe y no otra cosa.
— Sí, buenas noches, estoy buscando a Anderson Lyra, ingreso con labor de parto, y la sometieron a una cesaría, soy Sofía Anderson, su hermana.
— Oh, usted es quien pagara los gastos. — concluyo la mujer y Sofía maldijo que sus padres afirmaran tal cosa, pues si no fuera por el negocio que surgió con Alexander… no queria ni pensar lo que hubiese sucedido.
— Lo soy. — respondió con voz triste, sin poder evitarlo, su hermanita era madre, y eso le parecía tan descabellado, si aún no podía cuidar de ella misma ¿Cómo haría con un bebé?
— Este es el monto, una vez que complete el papeleo y pague la tarifa le entregare la tarjeta del ascensor VIP. — ¿ascensor VIP? Malditamente, se dijo y su mano tembló un poco al tomar los papeles que la rubia le pasaba.
— Pero ¿Qué? — si no fuera porque estaba con su jefe al lado, seguro y se ponía a gritar, pero no se arriesgaría a montar un escándalo, en especial porque ahora sí, había visto el reflejo de una luz, estaba segura de que era un Flash de alguna cámara, Alexander no mentía, los reporteros los seguían.
— ¿Sucede algo? — indago Alexander regresando de donde sea que su mente lo hubiera enviado.
— No, es solo… — diez veces su salario, es lo que Alexander había depositado en la cuenta de Sofía y, aun así, no era suficiente. — No comprendo a que se debe esta suma exorbitante, por más que sea una habitación VIP, este monto es exagerado. — se quejó entre susurros y Alexander vio por su hombro la hoja que Sofía sostenía, aunque lo hizo pasar como que dejaba apoyada su cabeza sobre la de la rubia, como que en verdad fuera una pareja de enamorados, algo que hizo tensar a Sofía, no tanto la cercanía con su jefe, sino que solo ahora se percataba realmente la diferencia de altura que había entre ambos, pues aún luego del tiempo que llevaban trabajando juntos, sus cuerpos jamás habían estado tan cerca el uno del otro.
— Señorita, todo esta detallado allí, no solo los gastos de la CesAria, también la cama extra que mandaron a pedir para un acompañante, el alimento gourmet también tiene una tarifa extra…. — la mujer continúo hablando a medida que Sofía entendía que alguien, y estaba segura de que no era Lyra, había solicitado la atención que se espera darle a un multimillonario. — Además pidió realizar todos los chequeos correspondientes al bebé, por lo que estarán ingresados un mínimo de cuatro días. — las piernas de Sofía por un segundo le fallaron, y Alexander la sujeto con fuerza atrayéndola más hacia él, quien los viera de fuera, como era el caso del periodista, creería que estaban celebrando algo.
— Esto… — murmuro Sofía y Alexander temió que pudiera desRinyrse de un momento a otro.
— Deja que yo me encargue cariño. — dijo el CEO, pasando su tarjeta negra que incluso tenía un diamante incrustado.
— No, por favor. — dijo más por costumbre que porque realmente lo sintiera, pues ella no tenía como hacer frente a tal gasto.
— No te preocupes. — murmuro el CEO en su oído. — Solo me aseguro tener novia por tres meses más. — concluyo con una sonrisa tranquilizadora, sin querer que Sofía lo sintiera como que se estaba aprovechando de la situación, cuando en realidad era así, pues Alexander sabía que un noviazgo de un mes no acallaría los rumores que Lucrecia se encargaba de desparramar, además el juicio por la tenencia de Bautista ni siquiera tenía fecha, por lo que necesitaría a Sofía por mucho tiempo.
— Gracias. — finalmente dijo viéndolo a los ojos, y Alexander los observo con detenimiento por primera vez, descubriendo que su tonalidad se asemejaba mucho al mar profundo o al océano mismo, y que poseía pequeñas vetas celestes, algo que lo encandilo, jamás había visto ojos tan raros y hermosos.
— Lo que sea para que mi novia sea feliz. — rebatió y Sofía estaba segura de que terminaría con dolor de espalda, pues jamás había estado tan recta y dura como en ese momento, pero luego de que el CEO viera por un fugaz momento a la secretaria, la joven comprendió que lo más probable fuera que quisiera asegurarse que si algún reportero ingresaba a preguntar algo, esa rubia le diera un buen relato.
— Aun así, muchas gracias. — aseguro sin poder evitarlo, ya fuera porque era un buen negocio para ambos o no, Alexander le estaba dando una gran ayuda, una que ni siquiera Adrián le había brindado.
Sofía dio tres pequeños golpes en la puerta, más por respeto, que por esperar que alguien le abriera, y cuando su mano fue a la manija, la puerta se abrió apenas unos centímetros.
— ¿Ya pagaste la cuenta? — fue lo que dijo Margaret, saliendo del cuarto, y cerrando la puerta tras ella.
— Hola, mamá. — rebatió a modo de reproche Sofía, olvidándose por escasos segundos de la presencia a su lado de Alexander.
— Ya te saludé cuando te llame por teléfono, ¿por qué siempre haces un escándalo de nada? — no, no era así, Sofía lo recordaba, su madre no la había saludado, pero no se sumergiría en una discusión sin sentido. — ¿Ya pagaste o no? — Alexander no pudo evitar elevar una ceja y ver de forma censuradora a esa mujer, ni siquiera recordaba que su madre fuera tan fría, pero, aun así, no diría nada, lo que menos deseaba era tener algun tipo de roce con la familia de su falsa novia.
— Sí, mamá ya pagué, aunque no puedo creer que incluso pidieran comida gourmet… — no era el momento, al menos no cuando Alexander estaba a su lado, pero no se podía contener, ella llevaba dos días sin probar un alimento sólido, y sus padre, pidiendo alimentos gourmet.
— No puedo creer tu nivel de egoísmo, y envidia. — cuestiono su madre y Sofía casi grita.
— ¿Que?
— No trates de fingir, se nota tu amargura, más desde que Adrián murió, ahora sí que te quedaras sola para toda la vida, no creo que consigas un estúpido como el que tenías, aun me pregunto qué te vio de interesante.
— … — Alexander vio como la boca de Sofía se abrió y cerro, pero sin embargo nada salió de ella, ya sea por el dolor que le causaron las palabras de esa mujer o lo furiosa que estaba.
— Mejor vete, no necesito que mi nieto tenga tu mala energía sobre él, y Lyra necesita descansar. — sin decir más, la mujer ingreso una vez más a la habitación y cerró la puerta tras ella.
Alexander había estado en situaciones incomodas, e injustas, más desde que su divorcio se había celebrado entre falsas acusaciones, pero ver aquello… estaba indignado, no conocía la situación familiar de su secretaria, pero, aunque sea mala, no tenía derecho de tratarla de esa forma.
— Sofía. — la llamo y solo entonces la rubia recordó que su jefe estaba a su lado.
— Disculpa eso… — dijo con una pequeña sonrisa, como si nada pasara, aunque Alexander vio la pena en sus ojos, unos que de pronto, se le hacían muy expresivos. — Te dije que mi familia es…peculiar. — termino diciendo, más para justificarlos ante ella misma, que para que Alexander no pensara mal de ellos, pues si, ella había visto que su padre estaba dentro de la habitación.
— No te preocupes, creo que ya nada me sorprende en la vida.
Ya sea a modo de consuelo, o por fingir ante la posibilidad que algun periodista estuviera en la recepción de la clínica, Alexander paso su brazo sobre los hombros de Sofía, quien, en esta ocasión, simplemente se dejó guiar, después de todo, se sentía débil, como si las pocas fuerzas que poseía, ya se estuvieran agotando, hasta que al ingresar en el automóvil, las mejillas de la rubia enrojecieron nuevamente, al escuchar como su estómago rugía.
— Ay por dios. — murmuro completamente avergonzada, ya que Alexander la veía con sorpresa, pues no había sido un pequeño gruñido.
— Te preguntaría si tienes hambre, pero eso esta más que claro, creo que deberíamos comenzar a pedir comida los días que nos quedemos mas tiempo del debido en la oficina. — rebatió con una sonrisa Alexander y es que ahora se le hacía tan fácil sonreír, era como que Sofía le hubiese regresado los colores a su vida.
— Si corre por cuenta de la empresa, no tengo problema, caso contrario denegare la oferta, después de todo, no es como que no fuese a cenar en mi hogar, solo es que hoy tuve un pequeño percance. — aseguro apuntando la clínica y de pronto la mano de Alexander viajo a su mejilla, dejando una caricia mientras la veía con cara de borrego a medio morir.
— Periodista a las dos en punto. — musito mientras sonreía.
— Esto es raro. — aseguró Sofía mientras tragaba grueso.
— Lo sé, créeme que lo sé, y como recompensa, te ahorrare el que tengas que cocinar.
— Ahhh señor Thompson, no es necesario.
— Sofía, deberás comenzar a llamarme Alexander no lo olvides, y si es necesario, lo que menos deseo es que te desmalles a causa de que se te baje la glucosa en sangre, además a esta hora no conseguiremos ningún restaurante abierto, así que simplemente será un poco de comida chatarra, nada de qué preocuparse, y nada que te pueda descontar ni de tu sueldo en la empresa, ni mucho menos de nuestro trato, recuerda la clausura donde especifique que yo correré con los gastos de cenas, vestuario y demás cosas de ser necesario. — sí Alexander era un hombre justo, pero también observador, y se había dado cuenta de que Sofía estaba muy al pendiente de los gastos que tenía, aún recordaba la conversación de ese abogado que la fue a buscar a la oficina, seguro que tenía problemas económicos.
Así fue como Alexander condujo un poco más y llegaron a un lugar de comida rápida, donde él se encargó de pedir por los dos, algo que a Sofía no le molestó, después de todo estaban acostumbrados a cerrar negocios en restaurantes y siempre era Alexander quien ordenaba, además como un buen jefe estaba al tanto de las alergias de Sofía, aunque solo ahora reparo en ese hecho, él sabía perfectamente que Sofía era alérgica a las aceitunas, y sabía que Lucrecia era alérgica a algo, pero ahora no podía recordar que, sin querer darle mucha importancia a ese hecho, condujo hasta la casa de la joven, provocando nuevamente la sorpresa de Sofía al verlo descender.
—Mmm, muchas gracias…
—No Sofía, aquí no, te acompañaré a tu departamento, me invitaras a pasar, y cenaremos. — aclaró mostrando el paquete de comida rápida que tenía en la mano. — Y solo entonces me iré.
—No es necesario que se quede a verme comer, no es como que tenga ningún problema alimentario. — dijo casi de automático Sofía ya un poco preocupada, lo que menos queria era que su jefe creyera de qué estaba haciendo algún tipo de dieta rara, y que por eso su estómago había gruñido de esa forma.
—Alguien que se ve también como tú, no puedes tener ningún problema alimentario. — dijo Alexander, alabando su figura y porque no, ese enorme trasero que la acompañaba a todos lados, no negaría que en más de una ocasión sus ojos fueron a él, nada malicioso, una simple ojeada porque había escuchado a Lucrecia decir que su secretaria seguramente se había operado los glúteos, solo era eso, los vio en una que otra ocasión por mera curiosidad, porque Lucrecia sí que se había operado, no solo los glúteos, también el busto y los labios y… se había hecho tanto que ya no recordaba como era la Lucrecia que él conoció, por Dios Santo, esa mujer se había hecho tantas cirugías que más parecía una muñeca de plástico, sin embargo él estaba un noventa y ocho por ciento seguro que los glúteos de Sofía eran pura y exclusivamente de ella, músculo, carne y, tal vez quizás un poquito de grasa pero sin embargo tenía cada cosa en su lugar.
—¿Entonces por qué la insistencia? — preguntó asustada la rubia, y Alexander dejó salir una carcajada al tiempo que acomodaba su cabello ya con algunas hebras blancas, aunque quizás no era la edad, apenas tenía cuarenta, pero el divorcio y Lucrecia le hicieron salir más canas de las normales.
—Porque los periodistas nos han seguido desde la clínica hasta aquí, entonces… solo tenemos dos opciones, nos despedimos con un beso apasionado ahora mismo oh….
—Por favor, sígame.
Fue lo único que dijo la rubia, y empezó a guiar el camino al interior del departamento, mientras Alexander haciendo eco a sus pensamientos, no pudo controlar sus ojos que se clavaron en el enorme y bien formado trasero de Sofía, mientras se meneaba de un lado al otro de una forma hipnotizante.
— Definitivamente eso es natural. — musito para él mismo, al tiempo que mordía su labio inferior.