Chapter 4

Una semana había pasado desde el estúpido rumor de que el gran CEO de Lumina Entertainment, era gay, una semana que a Alexander se le asemejaba a un año, quizás más, el sector de relaciones públicas no sabía cómo manejar la falsa historia, y él no tenía como demostrar lo contrario, peor aún, no sabía qué hacer con su maravilloso plan, o, mejor dicho, la idea absurda de que él ya tenía una nueva pareja y que todo lo que Lucrecia hacía era por despecho y resentimiento.

Estaba tras su escritorio, era tarde a la noche, y había finalizado de garabatear un gran guion, seguro y sería una estupenda serie romántica, si no fuese que era lo que él utilizaría para persuadir a los medios de que no era gay y, que él no arruinó su matrimonio, que su hijo estaría más que bien a su lado, y lo más importante, que aun podía seguir siendo el CEO de Lumina Entertainment, y aunque su hijo debería ser su mayor preocupación en ese momento, no lo era y el motivo era fácil, estaba perdiendo su credibilidad, los contratos estaban siendo revocados, incluso los artistas que la empresa había creado e impulsado se querían desligar de él.

— Papá tenía razón.

Murmuro dejando salir un suspiro pesado, su padre se lo había dicho hasta el cansancio, Lucrecia no es una buena mujer y él en lugar de seguir sus consejos, solo se había distanciado de su padre, perdiendo de esa forma los últimos años de vida del mayor. Aunque debía sentirse aliviado que su padre no viviera tanto como para ver en lo que se había convertido, el chisme ambulante de la empresa, los hombres le huían, como si él fuese algún acosador, incluso susurraban que en más de una oportunidad les había coqueteado, algo que era ridículo, y las modelos y actrices… lo veían con odio, solidaridad femenina, lo llamaban, aunque con el único que deberían tener un mínimo de solidaridad o así sea empatía, era con el mismo Alexander, pero Lucrecia lo había hecho más que bien, la mujer se presentó frente al juez y luego la prensa, con fotos trucadas, de supuestos hematomas que supuestamente Alexander había provocado, más que una experta en el foto montaje, Lucrecia debería ser actriz, seguro y ganaría el Óscar de oro.

— Esto no sirve de nada.

Se dijo a él mismo, luego de ver las hojas de vida de las cantantes y actrices que eran solteras, con la esperanza de convencer a alguna de que se hiciera pasar por su novia, sería como interpretar un papel más, pero pronto descubrió que con ninguna de esas mujeres había tenido más de diez minutos de interacción, por lo que no podria simplemente decir, fue amor a primera vista, eso suena bien para una historia romántica de las que su compañía producía, mas no en la vida real, y Alexander necesitaba un romance lo más real posible, una novia que declarara en el juicio que se llevaría a delante por la tenencia de su hijo, que Alexander no era una persona violenta, ya ni siquiera le interesaba aclarar si había golpeado o no a Lucrecia, ni siquiera le interesaba los diez millones de dólares que pedía de manutención, alegando que ella había dejado de trabajar por pedido de Alexander, algo que obviamente era mentira, si Lucrecia dejo de trabajar fue por gusto, pero todo eso era nada, comparado con todo lo que esa endemoniada mujer estaba causando.

— ¡Estoy arruinado!

Grito preso de sus emociones, arrojando las carpetas contra la puerta de su oficina, que justo en ese momento se abría, dando de lleno en el rostro de Sofía.

— ¡Por Dios!

Grito la pelirroja dando un paso atrás, ante semejante golpe que había recibido y el pánico de Alexander aumento a niveles imaginarios, ahora si era su fin, fue lo único que pensó, pues había supuesto que estaba solo en aquel lugar, ya era muy tarde como para que algún empleado se quedara, y mucho menos una mujer, si antes creía tener una posibilidad de remontar la empresa familiar, la acababa de tirar abajo, ahora sí, una mujer podía decir y con pruebas verdaderas que Alexander Thompson la había agredido físicamente.

— Mierda. — murmuro saltando de su silla y corriendo a donde Sofía estaba, aun de pie en la entrada. — Lo siento, en verdad, juro por lo más agrado que no sabía que aun estabas aquí, mucho menos que estabas por ingresar en mi oficina, debes creerme Sofía, fue un enorme accidente, no lo hice adrede, te llevare al hospital, no, iremos a una clínica y, correré con los gastos, no quise herirte, jamás lo haría, no soy un golpeador. — Sofía nunca había visto a su jefe hablar a tal velocidad, aunque estaba aturdida que no se trabara con palabra alguna, Alexander era un orador de primera, pero más que eso, la joven estaba aturdida por la forma en la que las manos de su jefe recorrían su rostro, algo que causo que enrojeciera tanto como si fuese un tomate maduro, y por supuesto, eso altero a un más a Alexander. — Dios, no me digas que rompí algún vaso sanguíneo, ¿Por qué estas tan roja? Pero que estoy preguntando, ven toma asiento. — antes de darle la oportunidad de decir ni media palabra, Alexander tomo en brazos a la joven y Sofía dejó de respirar.

— Señor Thompson. — murmuro muerta de la vergüenza y rezando a todo lo sagrado que el joven encargado de la seguridad de esa Aria retuviera al periodista que había logrado ingresar hasta el último piso, que era donde ellos se encontraban. — No debería… — las luces de un teléfono móvil los hizo voltear, solo para encontrar al periodista y al joven de seguridad de pie en la puerta de la oficina del CEO.

— Esto es oro. — murmuro casi con el signo de dólares en los ojos el periodista, mientras gravaba, como el CEO de Lumina Entertainment sostenía en brazos al estilo nupcial a su secretaria. — Señor Thompson, ¿ella es la novia de la que tanto hablo la semana pasada? — ¿de la que tanto habló? Solo lo dijo de manera persuasiva, pero…

— ¿Qué? Eso… — Sofía se removió entre los brazos del CEO, pero salir de ellos era una tarea imposible, pues desde hacía seis meses, Alexander hacia pesas y pasaba largas horas en el gimnasio, tratando de quitar el estrés y frustración que su exmujer le causaba.

— Cierto, ella es mi novia y tu estas invadiendo nuestra privacidad, por favor, sácalo de aquí, pero ten mucho cuidado que ni él ni su equipo de trabajo sufra daño alguno, no queremos más malentendidos. — ordeno Alexander, con una calma que hacía más de seis meses no tenia, mientras cerraba la puerta de su oficina con el pie, aun con Sofía en sus brazos, viéndolo sin comprender nada.

Chapter 5

Si lo hubiera guionado, quizás y no le salía tan bien, estaba eufórico, esperanzado, Alexander estaba tranquilo, mientras que Sofía estaba aturdida, incapaz de decir o hacer algo.

— ¿Estas bien Sofía? Estas un poco pálida. — consulto como si fuesen grandes amigos de toda la vida, y como si no le hubiese dado en toda la cara con un par de carpetas segundos antes, quien hasta ese momento era su jefe.

— Usted, ¿estuvo bebiendo? — se atrevió a preguntar y mientras que Alexander la depositaba en un sofá de la oficina, ella olisqueó cerca de su cuello, sin atreverse a ir más cerca de su boca.

— No estoy ebrio, no bebo en horas de trabajo, solo estoy… tranquilo. — reconoció sonriendo, como cada vez que firmaba un buen contrato.

— Señor Thompson, no sé qué fue lo que sucedió, pero por si aún no se da cuenta, le acaba de decir a un periodista que somos novios, peor aún, lo dejo salir con las fotos y seguro que también filmo, el momento en el que me tomo en brazos, eso no es bueno…

— Eso es justo lo que necesito. — y cuando lo dijo, Alexander comprendió que estaba siendo egoísta, era tanta su desesperación por encontrar una solución que no había tomado en cuenta lo que Sofía pudiera pensar, o mejor dicho si le traería algún problema, pero viéndolo en una perspectiva más amplia, como siempre lo hacía el CEO, era un ganar o ganar, era un buen negocio. — Mejor dicho, es un gran negocio que nos salvara a ambos. — Sofía parpadeo repetidamente, quizás el hambre que cargaba por solo beber café desde hacía dos días, al fin la estaba haciendo alucinar.

— Señor Thompson… no comprendo de lo que habla. — se arriesgó a decir y fiel a su empleo, se puso de pie para recoger las carpetas que estaban en el piso, después de todo, ella era la secretaria del señor Thompson.

— Por cierto. — dijo Alexander al ver como recogía las carpetas. — No estas herida ¿verdad? no fue mi intención golpearte, ni siquiera sabía que aun estabas aquí. — aclaró al recordar el motivo por el que tenía en brazos a la joven cuando el bendito periodista apareció.

— No se preocupe, las carpetas, son de tapa blanda y escasas hojas, y creo que se le olvido que jamás me he ido antes que usted. — comento la rubia dejando las carpetas sobre el escritorio. — Soy su secretaria señor Thompson, es mi deber ayudarlo, hasta que usted no se marcha, yo tampoco. — un pequeño destello de culpabilidad llego al CEO, era consiente que él siempre era el último en irse, más luego del divorcio, odiaba llegar a su mansión y escuchar a su madre, hermana y tratar de explicarle a su hijo lo que sucedía con Lucrecia.

— Eso… dime que al menos te pago horas extras. — acoto a la vez que, hacia una pequeña mueca de temor, estaría en grandes problemas si Sofía lo demandaba por explotación laboral.

— Sí que lo hacen señor, todo queda marcado en mi tarjeta. — aclaró mostrando la tarjeta que utilizaba para ingresar sin problemas a la empresa y eso solo hizo sonreír a Alexander.

— Eso es más que estupendo, si alguien duda de nuestra relación podríamos filtrar nuestros itinerarios a la prensa, así todos comprobarían que nuestra relación es real y está más que justificada, tu enviudaste, justo en el momento en que Lucrecia me pidió el divorcio, entonces todo comenzó como un mutuo acompañamiento, una pequeña muestra de empatía entre jefe y empleada, que pronto escalo a más, dejando nuestros sentimientos al descubierto, al comprobar que nuestra química era algo que…

— ¡¿De qué demonios está hablando?! — grito casi sin aire, pues cuando su jefe comenzó a decir todo aquello se asustó, y dejo de respirar, era ridículo y un poco vergonzoso, pero desde que Adrián había fallecido, le solía pasar, el miedo no la dejaba respirar, como ahora, tenía miedo de que su jefe estuviera drogado, ya que no olía a alcohol, aún peor sería que, al fin el gran CEO hubiese enloquecido a causa del estrés.

— Lo siento. — ¿Cuántas veces se había disculpado con Sofía en esos minutos? Mas de lo que se hubiera disculpado con cualquier mortal en toda su vida, pero Alexander era una persona muy sensata, la mayoría de las veces al menos. — Toma asiento por favor, deja que te explique. — no era su voz, tampoco la calma en la que se expresaba, eran las manos de Alexander sobre las suyas, guiándola al sofá una vez más, lo que ocasiono que Sofía acompasará su respiración nuevamente y se relajará, nada malo sucederá, repetía en su mente.

— Eso estaría bien y disculpe por mi exabrupto. — murmuró la pelirroja y Alexander rápidamente recordó que le había gritado, Sofía era una empleada ejemplar, muy correcta en todo sentido, se recordó Alexander, su esposo debió de ser muy afortunado, se dijo.

— No importa esta más que justificada tu reacción, creo que debí parecerte un poco desquiciado. — ¿solo un poco? Pensó Sofía, pero aun así no dijo nada. — Pero es que no lo puedo evitar, me permitiré ser honesto contigo Sofía. — el CEO aún tenía sus manos atrapadas en las de él, sus ojos mieles, estaban fijos en los azules de ella, y Sofía sentía que estaba a punto de contarle un gran secreto empresarial, o algo por el estilo. — Mi lugar de CEO pende de un hilo, uno muy delgado, mi divorcio y las falsas acusaciones de Lucrecia, no solo me hicieron perder grandes negocios, mi familia… ellos me lo advirtieron, que no confiara en ella, pero no los escuche, es por eso que mi madre quiere proponer que mi hermana asuma mi lugar, no sé si a modo de castigo o porque realmente cree que no podre remontar la perdida que todo esto está ocasionando, y juro que no tengo nada en contra de Aria , pero así como mi familia no confiaba en Lucrecia, yo no confió en mi cuñado, y lo peor de todo, es que si pierdo mi lugar como CEO, será el fin de todo, ser el CEO de esta empresa es lo único que me queda como credibilidad, si me quitan esto, estoy seguro que perderé a mi hijo. — Sofía veía la desesperación en sus ojos, lo tenso de su postura, estaba al corriente de todo lo que de Alexander se decía, pero… ella trabajaba para él, lo había visto enojado con uno que otro artista, o cuando un negocio salía mal, jamás fue violento, nunca lo vio con un hombre en alguna actitud que la hiciera dudar de en qué bando jugaba el señor Thompson, se podria decir que lo comprendía, ella sabía lo que era estar acorralada, pues ella lo estaba, de diferente manera, pero también estaba por perder “todo”.

— Lamento mucho escuchar todo esto, yo… sé que usted no es nada de lo que se dice… — trato de consolarlo, no era muy buena haciendo aquello, dicen que uno da, lo que en la vida ha recibido, y bueno, Sofía no había recibido ni mucho cariño, mucho menos consuelo.

— Pero eso no basta, no sirve de nada que tu digas que no soy lo que Lucrecia alega o lo que esas fotos trucadas aseguran, pero… si te haces pasar por mi novia, eso sí me dará una oportunidad. — bien, su jefe estaba loco, lo estaba comprobando.

— Pero ¿Qué demonios dice?

Chapter 6

El CEO no perdió tiempo en divagaciones, no era algo propio de él hacer aquello, para un hombre ocupado como Alexander, el tiempo era oro.

— Este contrato lo redacte durante esta semana, pensaba proponerle esto a alguna de las actrices de la empresa, pero luego de ver sus perfiles, sé que no he cruzado más que un par de palabras con cualquiera de ellas, entonces nadie creerá que de la noche a la mañana este en alguna relación con cualquiera de ellas, más si algún periodista investiga, y sé que lo harán, aún peor, sé muy bien que Lucrecia no lo creerá, porque esa mujer en verdad… ella sabía que solo tenía ojos para ella. — Sofía, sintió pena ante el dolor que cruzo por los ojos de Alexander, y aunque no sabía lo que era ser engañada o traicionada, como lo era el caso de su jefe, si podía sentir empatía por él.

— Señor Thompson… — aun así, por mucha empatía que sintiera, no se prestaría a algo como eso, pues Sofía era una persona con principios.

— Espera, déjame explicarte, no es como que haríamos algo indebido, yo no soy ese tipo de persona, solo es un buen negocio, y será por unos meses, hasta que consiga la tenencia de mi hijo, y solo será para los medios, no tendremos relación alguna, a lo sumo, nos daremos la mano si es que fuese necesario y siempre que alguien este presente, solo piénsalo Sofía, pasamos la mayor parte del día en esta oficina, no sería nada de otro mundo el que nos vean juntos, por supuesto que no tendremos intimidad, ni me aprovechare de manera alguna de ti, y lo mejor de todo es que te pagare, te daré diez veces tu salario por mes. — el corazón de Sofía se aceleró, eso era mucho dinero, pues Lumina Entertainment le pagaba bien, un sueldo acorde al empleo que realizaba, pero aun así no lograba cubrir todos los gastos que Adrián dejo, los acreedores la asechaban, a tal punto que había dejado de gastar dinero en comida, y caminaba a su trabajo, al menos la mitad del camino, ya no hacia trasborde de autobús, todo para guardar un centavo más y por supuesto que esos no eran sus únicos problemas. — Luego de eso, no tendrás que preocuparte por nada, solo diremos que no éramos lo que buscábamos en la vida o cualquier cosa, podrás conservar tu empleo sin ningún problema… — Alexander continuaba con su narrativa, donde solo había beneficios para ambos, pero Sofía solo podía pensar que apenas hacía casi siete meses que había enviudado y aunque sus exsuegros la odiaban, ella guardaría duelo por Adrián, porque lo sentía, incluso un falso noviazgo, era demasiado para ella. — Sabes que la empresa no tiene restricciones en que los empleados mantengan una relación amorosa, siempre y cuando esta no afecte sus tareas, entonces…

— Señor Thompson, disculpe, pero no necesita continuar diciendo nada, porque no aceptare. — Alexander tuvo la intención de refutar, pero Sofía elevo la mano, pidiéndole que guardara silencio y como buen caballero que era, Alexander cerro su boca. — Sé que es algo beneficioso para usted, y no negare que el dinero me vendría más que bien, pero mientras usted solo esta divorciado… yo soy viuda y mi esposo se merece más que esto, no podria hacerlo, no podria decir que tengo un novio así sea temporal, u ocasional, disculpe y si ya finalizo aquí, creo que lo mejor será que me retire.

Sofía se retiró de la empresa y camino el largo trecho que había a la parada de bus, momento en el que ocupo para pensar en lo caprichosa que era la vida, pues cualquiera diría que el señor Thompson tendría una vida perfecta, con dinero, un bello rostro, un físico envidiable, al menos por lo que ella podía deducir cuando lo veía con esos trajes tan elegantes, pero sin embargo, quien lo hubiese visto esa noche, se daría cuenta que era un pobre hombre, mientras ella, que si bien no era pobre, estaba a punto de perder todo, no tenía ni un céntimo propio, pero al menos fue afortunada en el amor.

El repiquetear de su teléfono móvil la hizo regresar a la realidad y al ver el número de su madre atendió de inmediato.

— Mamá, ¿Qué sucede? — indago con preocupación, pues su madre no era de llamarla, mucho menos a esas horas.

— Es tu hermana, comenzó con labor de parto hace unas horas, pero como no soporto el dolor, la mujer que la ayudaría a parir dijo que la llevemos a un hospital por lo que la trajimos a la clínica Aurora, resulta que el bebé se había cruzado por lo que le estan realizando una cesAria de emergencia, necesitamos que vengas a pagar la internación y todo lo demás. — el aire se escapó entre sus dientes, que se habían cerrado por solo escuchar que la habían llevado a una clínica privada y no a un hospital de la cruz roja, donde los costos serían más llevaderos.

— Pero…

— Es tu hermanita, no te negaras a ayudarle ¿verdad? sabes que está sola. — Margaret comenzó a sollozar, conocedora que su hija mayor no podria negarse nunca a lo que ella quisiera, mucho menos si era para Lyra, la consentida del hogar, mismo donde Sofía siempre sintió que sobraba.

— Iré en un momento. — dijo con el ultimo poco de aire que le quedaba.

Sus piernas que siempre fueron firmes, más luego de estar de pie con tacones durante largas horas de trabajo, al fin se doblaban, su voluptuoso trasero revoto en el asiento de metal de la parada de bus, y las lágrimas bajaron silenciosas, estaba cansada, cada día se juraba que ya no haría nada por sus padres, ya no buscaría complacerlos o hacerles ver lo valiosa que era, sin embargo, cada día fracasaba, solo la llamaban cuando necesitaban dinero, y ella siempre respondía, incluso cuando Adrián falleció, ellos solo dijeron, Lyra está embarazada y el padre desapareció, deberemos ayudar a tu hermana con el bebé, tendrás que trabajar horas extras ahora que Adrián no está. Como si fuese que Adrián solo se hubiese ido de vacaciones, pero aun así no podía negarse, no luego de lo que Lyra le había dicho.

— Lyra, necesito que me digas quien es el padre, él debe responder por ti, por el bebé.

— No puedo, no importa, él ya no está aquí, se fue y no regresara y yo lo amaba, lo amaba tanto, que creo que moriré.

El miedo a que su hermanita cometiera una locura le hizo tener pesadillas por semanas, acababa de perder a Adrián, lo que menos deseaba era perder a la única persona que se preocupaba por ella, Lyra era una pequeña estrella que iluminaba la oscura noche en la que vivía desde que había enviudado, además de que apenas y acababa de cumplir 18 años, no, no se permitiría que algo le sucediera a su hermana e incluso en ese momento se sintió mal por Lyra, pues fue ella quien le había aconsejado que, era más factible acudir a una partera que fuera a su hogar, antes que ir a un hospital, no debió poner la vida de su hermana y la de su sobrino, por sobre sus problemas económicos.

— Sofía. — la voz del señor Thompson la hizo pegar un pequeño brinco.

— Señor Thompson… ¿Qué hace aquí? — preguntó limpiando sus lágrimas y poniéndose de pie, notando que el automóvil de su jefe estaba del otro lado de la calle.

— Sali tras de ti, queria pedirte disculpas, no debí decir lo que dije, pero… — Alexander saco un pañuelo descartable de su saco y se lo extendió, algo que hizo que la rubia se avergonzara, pues seguro que era un desastre de lágrimas. — No llores, Sofía, juro que contactare al periodista y aclarare las cosas, tu no debes sentirte mal, por las locuras que pasan por mi cabeza. — Sofía noto que su jefe no estaba mejor que ella, si incluso tenía enrojecido el borde de sus ojos.

— Señor Thompson… si acepto su propuesta, ¿podría darme el pago del primer mes por adelantado? — Alexander la vio con la ceja en alto, tratando de comprender a que estaba jugando su empleada.

— Creí entender que te reusabas a mi pedido.

— Mi hermana está en una clínica, le estan realizando una cesaría… debo pagar sus gastos y no tengo como. — dinero, el mundo giraba en torno a él, y eso estaba bien, se dijo Alexander, al menos eso le aseguraba el poder salir del pozo donde Lucrecia lo había lanzado.

— Si firmas el contrato, te depositare en este momento el dinero.

— … — sus manos se cerraron con tanta fuerza que incluso era doloroso, Alexander aun podía distinguir como la necesidad y los valores, luchaban en el interior de su joven secretaria.

— Recuerda que es solo un papel el que interpretaremos, no estas faltándole a la memoria de tu esposo, solo estás haciendo lo necesario para salir adelante. — le aseguro al tiempo que colocaba una de sus manos en el pequeño hombro de Sofía. — Solo es…

— Solo es un negocio. — murmuro la joven clavando sus ojos en los del CEO.

Si, solo era un buen negocio, o al menos, eso creían.

Chapters
Customize
Next Chapter
Minishorts Logo
Enjoy full short drama episodes, No waiting, watch now!
MiniShorts Youtube
PRODUCTS AND SERVICES
About us
support@minishorts.com
©2026 MiniShorts All Rights Reserved. CHASINGTOP HK LIMITED