Chapter 6

Una semana trabajando para los Keller ha sido todo lo que Eva ha necesitado para interesarse en ellos. Bueno, al menos no de la forma en que estos desean que ella se interese; pero eso es algo que estaría a punto de cambiar.

—¿Y por qué no existe la cura para el cáncer aún? Digo, es que ustedes los millonarios con sus inteligencias y… yo…

Baja la cabeza apenada cuando Irina se detiene en medio del camino a su oficina y le regala una mirada que ella siente es de reproche, pero lejos de serlo, solo pura intensidad.

—No eres así de preguntona con Magnus, ¿cierto?

Eva se moja los labios mientras sostiene unas carpetas contra su pecho y traga saliva. Pues la verdad es que ese hombre la intimida mucho y a veces no puede ni mirarlo a la cara. Así que prefiere mil veces estar cerca de Irina.

—No. Es tan…

No sabe qué decir y ahora que han entrado a la oficina, Irina se ha sentado con las piernas cruzadas y ha comenzado a morder su bolígrafo como su secretaria sabe que suele hacer.

—¿Caliente?

A Eva se le calientan las mejillas al mismo tiempo en que un cosquilleo le recorre la espalda  cuando su jefa tras hablar pasa su larga y delicada lengua por todo el plástico.

—Jefa…

—Solo Irina.

—Irina… ¿Puedo ir al baño un momento?

—Claro bebé, haz lo que tengas que hacer —le responde—, pero no demores porque no veo mi vida sin ti, preciosa.

Evangeline no sabe por qué está corriendo hasta el baño hasta que el agua fría toca su cara.

Ella había estado evitando su cuerpo pero esta es la tercera vez que le pasa.

Su piel y algo más reacciona cada que Magnus o Irina hacen cosas de esa forma. Esa aura sexual que los envuelven, a veces la hace pensar en que no debería simplemente sentir su taquicardia aumentar en frágiles partes.

—¿Qué te sucede, Eva? —se dice al espejo, recogiendo el cabello castaño claro largo que posee.

Su respiración se regulariza pronto y para cuando regresa al escritorio Irina no está, por lo que solo se sienta para revisar que todo esté bien con la diapositiva que el matrimonio mostrará a la junta en unos minutos.

—¿Irina? —Una mujer entra con cara triste.

Es Telma. Eva no cree que jamás pueda olvidarse de ella. No la había visto desde el primer día en que su vida dio un giro radical, y le sorprende que, siendo una especie de amante para la pareja, no los haya visto cerca de ella los últimos  días.

—Hola, ¿me recuerda? La señora Irina no…

Telma cierra la puerta con fiereza y se le acerca como saeta echa fuego, por lo que la chica se paraliza.

—¿Te lo han propuesto ya, mojigata?

—¿Qué…?

Telma la toma por los hombros y la sacude, lastimándola.

—¿Te han propuesto ser su sumisa?, ¿eso es? ¡Nadie puede reemplazarme! —casi le escupe, con ira—. No eres nadie para ellos y nunca lo serás, como lo soy yo ahora.

Los ojos de Eva se empañan de lágrimas porque no sabe qué hacer y por qué esta mujer la odia tanto.

—No he hecho nada, no…

—¡No es necesario que mientas! ¡He visto desde el primer día cómo te miran! Si no estás en su juego es solo cuestión de horas para que estés perdida.

—Yo no entiendo de qué hablas —Eva casi susurra con una lágrima corriendo en su mejilla.

—Por estúpida te harán suya y por estúpida también te dejarán. Recuerda mis palabras.

Justo cuando Telma suelta a Eva, la cual tiembla de miedo, Irina y Magnus entran para darse cuenta rápido de la situación.

—Telma, aléjate de Evangeline —le exige Irina.

—Evangeline, ¿te hizo algo malo? —Magnus la ve directo a los ojos al cuestionar, y Eva no sabe por qué pero sus lágrimas salen sin cesar, causando que el hombre se acerque rápido, apartando a Telma, para extenderle los brazos a la chica—. Mírala, mujer, está temblando.

Telma les da una mirada llena de odio y antes de irse Irina la toma por la muñeca y la arrastra hacia afuera.

—Lo siento, señor Keller.

Magnus se estremece al sentir los temblores de la chica en su pecho, aunque no son los temblores que él desea, y la aparta un poco para limpiar sus lágrimas con ambos pulgares mientras sostiene su cara inocente. Sabe que es de frágiles sentidos, lo ve en sus ojos y eso lo cautiva.

—Shhh, shhh, señorita. No tienes que disculparte, Telma es una loca que no acepta que ya no la queramos en nuestro matrimonio.

La piel de Eva se eriza al escuchar la última frase, esa que pegó con aliento de mentas en su cara.

Poco a poco Evangeline se despega de los brazos del hombre intentando no verse demasiado incómoda, y se cruza de brazos mientras ve la puerta fijamente, más calmada.

—¿Desde…?

—¿Uhm? —Magnus se ha sentado en la silla de su esposa y pretende revisar por última vez las diapositivas—, ¿dijiste algo? Puedes preguntar lo que sea ahora que esa loca te ha hecho pasar un mal rato.

La chica sonríe un poco cuando Magnus le regala una sonrisa cálida y ahoga un suspiro por esa mirada.

¿Por qué cada vez que lo ve a los ojos siente que quiere verlos en todas sus expresiones?

—¿Desde hace cuánto estaba con ustedes?

—Un año, solo un año.

—Oh wow…

—¿Qué te impresiona?

Ahora es Magnus quien está en esa silla con las piernas cruzadas mientras sus dedos juegan con el mismo bolígrafo que siempre usa su esposa, y la ve, fijamente.

—No entiendo por qué… Lo siento, lo siento, es su vida privada.

Claro que le interesa saber, pero no quiere preguntárselo a él porque sería mucho más incómodo aún.

—Solo tienes curiosidad, y sin eso muchas personas no serían grandes ahora.

—Claro... —Ella se sienta cruzando las piernas igual  mientras su pie no deja de moverse—. ¿Ella tardará mucho? Quiero mostrarles a ambos las diapo…

—No es necesario, Evangeline, las acabo de ver.

—No, es que esas no son las que…

—Cariño, ¿estás bien?, ¿esa mujer te dijo algo feo?

Irina ha llegado y con rapidez va hasta la chica para preguntarle aquello con demasiada preocupación. La examina y la ve como una madre cuando un hijo se ha lastimado. Y Eva no puede evitar sentirse bien con eso.

—No. Tranquilos.

—Bien, porque le dejé claro que no quiero verla más por esta empresa, ni cerca de ti, ¿estás bien con eso, nena?

Ante la mirada atenta del matrimonio ella sonríe, causando entonces que el tema muera, al menos por ese momento.

La alarma en el reloj de Eva vibra y esta les indica que ya es hora de la conferencia; sin embargo, recuerda que las diapositivas listas están en su laptop, no en la de Irina, ya que esas son solo borradores.

—En mi laptop están las…

Es interrumpida por un pequeño grupo de químicos que se acercan a los Keller justo al salir de la oficina, por lo que rápido toma su laptop mientras ve con nervios la otra en manos de Magnus.

Entran a la sala de conferencias y rápido Eva se dirige hasta su jefe para sin pensar verse en la intención de colocar una mano sobre la laptop; no obstante, por un rápido reflejo el hombre hace un lado el aparato, consiguiendo entonces que la mano de la chica se instale con fuerza en su bulto que rápido cosquillea.

Todos en la sala chillan ante la imagen y Eva siente que va a derretirse de vergüenza porque no sabe por qué aún no quita su mano y por qué lo sigue mirando a la cara.

—La-la… la laptop es e-sta, señor.

Tras entregarle rápido la laptop correcta solo huye ante la mirada acusadora de algunos, pero excitada de otra.

Chapter 7

—Sabes que no podrá resistirlo, ¡es una niña!

—Tú también lo eras y lo disfrutaste.

—Sí, pero yo sabía en lo que estaba metiéndome. Ella no tiene ni puta idea, Irina.

—¿Por qué estás tan segura de que pasará? Magnus y yo podríamos solo estar cansados de compartirnos, tal vez queramos solo ser más íntimos.

—Sí claro, ¡y yo me chupo el dedo!

—Bueno, técnicamente sí lo haces.

—Eres una… idiota —Telma le dice, llena de ansias—. El poco respeto que me quedaba para ustedes se va a la mierda hoy. Y más vale que me deposites una buena cantidad de dinero por todo esto, si no quieren que les arruine su cochina vida.

Irina solo ríe ante las palabras de Telma y aunque cuando esta se va alejando siente algo en su pecho, algo como un sentimiento de nostalgia, se para firme para salir del estacionamiento y dirigirse a su oficina.

Evangeline es fácil de manipular por lo que Telma ha dicho, y es que no sabe nada de la sexualidad, quizás solo lo básico, pero es eso lo que lo hace más excitante. No todos los días se encuentran chicas a su edad con esas características.

No puede evitar sentirse tan mojada cuando la ve cerca de su marido; cuando nota cómo la chica se pone nerviosa y tan visiblemente sumisa.

Ha estado hablando con su marido toda esta semana sobre las fantasías que tienen con ella y ya no quiere esperar; cada que Eva se muestra tímida, Irina siente que sus sentidos se paralizan. Y sabe que lo mismo le pasa a Magnus; pero ambos saben que deben ser pacientes. Pues no pueden actuar de verdad hasta que la misma Evangeline vaya a ellos.

No obstante, al presenciar la escena rápida en la sala de conferencias, cada partícula del cuerpo de Irina se convence de que debe hacer algo pronto.

No, no, ella no está enferma ni nada de eso. Es solo que tanto ella como su esposo son demasiados adictivos a experimentar, y es más satisfactorio con un juguete humano nuevo.

La conferencia acaba con éxito a pesar de que Magnus ha estado resistiéndose demasiado para al menos rozarse. Necesita atención justo ahora que todos salen de la sala, Irina lo sabe y por eso lo espera sobre la mesa con las piernas abiertas.

—No puedo contenerme, amor.

El ojiazul la baja de la mesa para subirle la falda de cuero crema, hace a un lado su hilo y se introduce lentamente  sin preparo en su agujero trasero, el cual lo recibe más que gustoso.

—Ahhh…

—Ohh, diablos Irina. Me pone tan caliente.

—Y a mí, me tiene mojada desde esta mañana.

—Mmm… —gime ante la sensación de humedad —. Lo puedo sentir, estás tan rica.

Magnus tras moverse lentamente aumenta sus embestidas, palmeando su trasero tantas veces que la marca.

—Ahh… ¡Sí! ¡Sí! ¡Magnus, sí!

Irina voltea su rostro para besarlo y tiene su primer orgasmo cuando ve las sandalias de tacón bajo de Eva en dirección a ellos.

Los paneles de vidrio han sido cambiados a modo oscuro desde hace un rato pero solo hay una parte que no puede escaparse, y esa es los últimos tres centímetros del panel.

—Más duro, amor ¡más, más, más!

El hombre monta una pierna de ella sobre el escritorio para poder penetrarla más abiertamente, y al mismo tiempo en que aumenta sus movimientos una mano suya va hasta su clítoris haciendo que esta se moje sin cesar y grite sin contenerse.

—¡Magnus! ¡Magnus! Ahhh…

Eva solo iba a disculparse, o quizás solo pretender que nada había pasado, cuando sus oídos se concentraron en lo que en la sala ocurría. Así que está allí, sintiendo una impetuosa curiosidad, escuchando los gemidos varoniles de Magnus y gritos placenteros de Irina; mientras su boca se hace agua y sus pezones por primera vez en su vida duelen por el roce del sostén y esa ajustada camisa de oficina.

Su cabeza da vueltas mientras se aleja. Agradece que la sala quede lejos y que desde hace un rato todo el mundo haya vuelto a lo suyo alejados de allí.

Siente que tiene mucho calor y no sabe por qué, pero este se concentra en su parte íntima de forma abrumadora. Siente que debe ver qué le sucede, incluso piensa que tal vez puede ser un problema con su tensión  heredada de sus padres, así que su mente se queda en blanco cuando al entrar a la oficina de Irina su propia mano recorre desde sus pechos duros hasta el borde de su falda de oficina.

Su respiración está agitada, su piel erizada, el corazón fuera de control y los ojos cerrados, cuando sus dedos pasan por debajo de la pretina y su palma llega rápido a su monte de venus; desde allí puede sentir el vapor que la rodea, así que aprieta las piernas y saca su mano antes de que algo peor pueda suceder.

Mientras va al baño de nuevo para lavarse, no puede creer que esté experimentando esto de verdad. Nunca había pasado últimamente de un pequeño escalofrío e incomodidad. Y es que resulta que las últimas veces solo había bastado con poner música electrónica en los airpods que los Keller le obsequiaron, pero esta vez, solo… no siente que puede acabarse con música.

Quizás solo es la acumulación de cosas que ha tenido que ver o escuchar. La primera vez, obviando el juego de roles con Telma, ella los había visto en la oficina de su mansión, y le incomodó pero le pareció relativamente normal. La segunda vez ella estaba solo yendo a despertar a Irina porque esta había tomado el día pero necesitaba hacer algo temprano, y tras tres toques y llamados en la puerta solo entró y la consiguió vestida con lencería negra, hablando por teléfono con los ojos cerrados mientras se tocaba; allí su cuerpo había durado horas tenso, pero solo eso.

Así que dejando a un lado las miradas y ciertas acciones que parecían normal en ellos, esta sensación nueva en su cuerpo le sugiere que es solo una razón ante la necesidad de experimentar.

Suspira tranquila ante los pensamientos que le aseguran que solo se trata de algo normal. Lo escuchó una vez en una charla de la escuela. El cuerpo suele reaccionar a ciertos estímulos, y ella como jamás había sentido la necesidad de tocarse ella misma, al tener un estímulo visual y tenso los últimos días, ha reaccionado; pero lo que se pregunta es, si está bien que la voz en esa situación de Irina o su presencia la haga sentir tanta curiosidad.

Sus padres eran bastante religiosos y aunque ellos ya no están sabe que está mal sentir cosas extrañas por una persona de su mismo sexo; por lo que también piensa que es totalmente normal que incluso la mujer le parezca atractiva, porque las mujeres pueden considerarse atractivas entre sí, ¿o no?

Toda su lucha mental se detiene cuando al salir de la oficina para buscar aire y dirigirse al café, se encuentra con su amigo Jack.

—¿Qué tal estuvo la conferencia, bonita? Wow, ¿en serio cada día vienes con zapatos nuevos eh?

Eva se sonroja porque recuerda que Irina simplemente le llevó de compras un día después de estar en la casa y tiene un atuendo de oficina nuevo como para dos meses completos.

—Estuvo bien, creo. —Toma su café lentamente y decide hacer algo para redirigir sus pensamientos—. Quiero conocer chicos.

—Oh wow, pensé que jamás dirías eso —Jacky se burla, pero luego le sonríe, emocionado—. Yo soy el indicado para eso, linda. Dime, ¿qué harás esta noche?

—No me llevarás de nuevo a ese lugar…

—No, te llevaré a uno cien por ciento normal, te lo prometo.

—De acuerdo —dice chocando su café con el de él—, pero esta vez pago yo.

Se siente orgullosa de decir esto porque hace una semana no tenía en donde dormir ni en qué caerse muerta y ahora tiene una habitación hermosa, con todos los cuidados que jamás pensó tener, comida gratis y un dinero depositándose en su cuenta diariamente  como tal vez no lo hacen con ningún empleado.

Los minutos pasan mientras están en la hora de almuerzo, pero luego todos los presentes ven hacia el pasillo cuando unos hombres con armas en la cintura y trajes negros pasan. Entonces  Evangeline no puede evitar curiosear hasta prácticamente seguir a un grupo de estos hasta la oficina del matrimonio Keller, mientras los demás le muestran una orden al gerente de producción para dejarlos ver algo en el almacén.

—¿Qué es lo que sucede…? —Eva les cuestiona, preocupada.

Un hombre cierra la puerta de la oficina, custodiándola, para luego ponerse frente a la castaña.

—Control de calidad, no puede pasar.

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