Chapter 4

La castaña había tenido noches malas, pero la que había tenido con las pesadillas de ser ella misma la mujer a la que apuñalaban sin piedad, subía al top de las peores.

Jack la mira con horror, abriéndole la puerta del carro.

—Santa virgen, ¿en dónde quedó tu positivismo?

—En el caño. Tú ganas, no iré.

Antes de que Eva salga del auto su amigo la toma por la muñeca y pone su cara seria, dándole a entender que ella debe subir.

—A mi jefe nadie le queda mal. Ni siquiera su propia esposa. Nunca.

—De acuerdo.

Aunque no le importa demasiado molestar a una persona que no conoce realmente, sabe que debe ser responsable y agradecida con el tiempo tan limitado del jefe de su amigo.

—Su tiempo es oro.

—Lo sé, me lo has dicho desde que nos conocemos.

Jack suelta una risita nostálgica mientras pasa una mano por su cabello, conteniendo las ganas de decirle algo que lo consume.

—¿Te puedo decir...?

—Dímelo ya. —Eva echa la cabeza hacia atrás.

—¿No tenías algo mejor que ponerte?

—¿De qué estás hablando? Es mi mejor ropa.

—¿Tú mejor...? ¿QUÉ?

—Pues lo siento, ¿de acuerdo? No es mi mejor ropa pero es lo que tuve ánimo de ponerme porque ¿adivina qué? ¡Tengo tres horas para desalojar el apartamento!

Aquello le había caído como un balde de agua fría la noche anterior cuando, desesperada por entrar a su hogar para sentirse segura, consiguió aquél papel de desalojo en la puerta.

Lógico. Presentó una renuncia y por ende cortaron los beneficios que la compañía le daba, y con ello la permanencia gratis en ese lugar.

—Pues qué bueno, ya no tengo que preocuparme por un posible hurto a mi persona viniendo de nuevo a este cuchitril.

—¿Es en serio, Jack?

Él ríe un poco.

—Tranquila, si mi jefe te da el trabajo jamás tendrás que preocuparte por nada más. Te lo prometo. Serás la mejor versión de ti.

Ella asiente, sintiéndose bastante negativa por todo lo que le ha estado ocurriendo.

Tal parece que la vida no quiere que ella sea feliz, mucho menos su mejor versión.

¿Qué tanto mal podría haber hecho en su otra vida para pagarlo de esa forma?

En cuanto termina de formular la pregunta anterior en su cabeza, sus ojos se abren de par en par ante la mansión del famoso matrimonio Keller.

Su amigo le abre la puerta pero ella no puede mover un músculo porque esa mansión solo parece sacada de la televisión.

—¿Qué hacen tus jefes para tener todo esto...?

—Salvan a la humanidad, Eva. Crean vacunas y medicamentos exitosos. La pareja explosiva de químicos, los Keller.

Cuando su amigo le hace una seña para que camine hasta la mansión ella sabe que debió prestar más atención a la ropa que debía ponerse porque fácilmente con ese aspecto que tiene puede parecerse a la mujer que en este momento riega el jardín.

El timbre es tocado y antes de que pasen cinco segundos una cara amable se hace ver en la entrada de la casa.

—Joven Jack, señorita, adelante. —El mayordomo  los hace pasar.

Eva queda con la boca abierta al ver en la entrada un perfecto arco brillante, hecho de... ¿oro? Imposible, no pueden tener el oro de esa forma, ¿o sí?

—Sí, es oro —Jacky le susurra.

La castaña se siente abrumada por la cantidad de cosas lujosas que se ven dentro. Y no quiere imaginar siquiera cuánto dinero tiene esa familia porque además del arco de oro, la colección de fotos de diferentes autos lujosos, helicópteros y yates con la marca Keller le da mucho a su imaginación.

—Jack, a tiempo. —Una voz dentro del despacho hace que a Eva se le erice la piel.

—Eva, entra, no muerden.

Eva pone un pie dentro dirigiendo primero su mirada a su amigo con una sonrisa tímida, y cuando ve al hombre sentado en el escritorio y a la mujer en la silla detrás  del escritorio su garganta se seca.

—¿Estás bien, linda? —la mujer habla—. Parece que viste un fantasma...

—¿Eva?

Jacky toca su hombro, preocupado, y ella ve al matrimonio fijamente.

¡Son ellos! ¡Ellos son la pareja que asesinó a la mujer anoche!

Quiere decir algo pero antes de hablar, el hombre imponente y de aura oscura se le acerca.

—Mucho gusto, ¿Evangeline? Mi nombre es Magnus Keller. —Toma su mano para darle un beso corto que la deja congelada—. Y esa mujer hermosa de allá es mi esposa, Irina Keller.

Eva sabe que está en problemas cuando asiente lentamente y nota la mirada de Irina en su muñeca derecha, porque allí tiene el otro juego de las pulseras que hizo con su madre. Y justo sobre el escritorio, al lado de un lapicero, está la pulsera que perdió anoche.

—Jack... ¿podrías dejarnos a solas con Eva?

El amigo de la chica aunque preocupado por el silencio de Eva, sabe que no puede pasar nada malo con los Keller, así que sale del despacho cerrando la puerta.

—¡Ustedes la mataron!

Magnus tapa su boca acorralándola con rapidez en la pared cercana, viéndola con una mirada que ella jamás ha visto en su vida.

Siente el corazón en su garganta, y él puede sentir las palpitaciones de la chica en sus labios al estar en contacto con la palma de su mano.

Para él es tan excitante que quema.

—Amor, necesitamos ayuda. —Magnus ve a su esposa. Y Eva jura que la mataran aquí mismo.

Irina se levanta de su asiento mirando con mucha atención la escena porque también le gusta. Le gusta ver la mirada confusa y llena de terror de esta chica que no conoce.

—Niña. —Pasa una de sus uñas por el cuello de Eva—. Lo que has visto, no es lo que crees.

Eva intenta zafarse de la atadura del hombre, pero él la tiene tan atrapada y es tan fuerte, que no puede con él.

—Telma, amor, ¿puedes entrar?

Magnus ve los ojos de Eva, asustados, quita con su pulgar una de las lágrimas que corren por las mejillas de la chica, y suspira cuando Telma entra y Eva pierde el aliento.

Chapter 5

El hombre imponente suelta a Evangeline y esta se queda paralizada, dándose cuenta que la supuesta mujer que estaba muerta no está muerta, sino que está en perfecto estado.

—No somos una pareja asesina, linda. —Irina toma la mano de su esposo y ríe ante la ingenuidad de la chica—. De haber entrado antes a un lugar como en el que estuviste anoche, te habrías dado cuenta que solo era un juego de roles.

—¿Juego de qué…?

Eva no entiende nada, ¿cómo es que sigue viva esa mujer? ¡Ella vio el cuchillo! ¡Vio su sufrimiento! ¡Vio la sangre!

—Es actuación, para obtener satisfacción sexual.

En cuanto Telma se acerca a ella y la ve a los ojos, sabe que es tan pura como ella alguna vez lo fue.

—No entenderá nada —le dice a los Keller—. Es virgen. Y nunca ha estado más de cinco minutos en un lugar como ese.

Ante ese comentario, Eva se siente tan expuesta, que sus mejillas se ponen rojas, y eso causa una fascinación inmediata en la pareja Keller, los cuales se acercan a ella para con cautela acercarle una silla para que esta tome asiento.

—Gracias por venir Telma, te llamaremos luego... —Magnus le da una mirada rápida haciendo que esta, aunque recelosa, se vaya.

—¿Qué edad tienes? —cuestiona Irina.

Pero Eva tiene tantas cosas en qué pensar, que no consigue cómo responderle.

¿Quién rayos encuentra satisfacción sexual fingiendo que mata a alguien? ¿Por qué el mundo está tan enfermo?

—¿Quieres algo de tomar? —Magnus le extiende un vaso de agua.

Ella no ha visto cómo pero el despacho luce de repente más claro, con un aura diferente, después de que mágicamente las ventanas se abrieran, dejándola respirar.

—Lo siento —dice con algo de desconfianza—. Es que yo jamás...

—Tranquila, querida. Nuestra intención no es asustarte. Siento mucho el actuar así hace un momento, pero sabes, las paredes escuchan y debemos cuidarnos —Magnus le explica.

Eva ve desde su sitio a ambos. El hombre, Magnus, tiene el cabello castaño oscuro, se ve más joven a plena luz, ojos azules profundos, un rostro marcado como de revista, y es tan alto para ella que se siente como una niña.

Mientras que por otro lado, Irina, es una rubia de ojos cafés, con hoyuelos en sus mejillas, una figura delgada y bastante atractiva.

¡Dios!, Eva piensa, ¿de dónde sacaron a estos dos?

—Entiendo, yo... no quise causar problemas. Estoy apenada.

Lo está, siente que ha hecho el papel de estúpida e ingenua.

—Tranquila, cielo —Irina le sonríe amablemente—. Ahora dinos, estás buscando un trabajo, ¿no?

El matrimonio se desplaza de un lado a otro; mientras Irina se acerca a ella y toma el espaldar de la silla con ruedas para trasladar con cautela a Eva hasta el escritorio, Magnus se pone unos lentes para escribir en la laptop.

Y Eva no puede creer que el hombre se vea mucho más atractivo con solo unos lentes para leer.

—Sí, gracias. —Sonríe con timidez—; pero Jacky es muy positivo, realmente no tengo ninguna otra experiencia además de trabajar cortando tela en una empresa de textiles.

Magnus levanta la mirada.

—¿Hasta hace cuánto trabajaste allí?

—Hasta ayer...

—¿Renunciaste?

—¿Cómo lo supo?

Se siente apenada por ser tan directa, así que baja la mirada, a lo que el matrimonio Keller sonríe.

—Solo lo suponemos —Irina dice—. Mereces más que eso. No te conocemos, pero con solo verte no nos cabe duda que eres una buena chica, ¿verdad?

—Sí... —La verdad ella no sabe qué decirles, se siente brutalmente abrumada con ellos cerca.

—Además Jack nos ha hablado bien de ti —el ojiazul agrega—. No necesitamos a alguien especializado en nada. Solo que sea una persona responsable y dedicada.

—Sí soy... —responde con una sonrisa cuando ambos le sonríen tan amablemente.

—Estamos buscando una secretaria para ambos. Telma era la nuestra pero consiguió un trabajo mejor así que, tenemos unos días bastante ocupados y necesitamos que alguien nos ayude a organizarnos.

—Las alarmas y recordatorios en el teléfono no son suficientes —Irina opina sonriendo.

—No lo son —Eva asegura.

—Bueno, ¿Evangeline...?

—Barris.

—¿Me prestas tu documentación?

Ella con algo de nervios saca de su bolsillo sus papeles, y la mayoría cae en el suelo, por lo que Irina rápidamente se agacha para ayudarla.

Ambas se ven a los ojos por más de tres segundos y Eva no sabe por qué siente que su cuerpo se siente tan descubierto.

Eva con una sonrisa le agradece a la mujer y le entrega la documentación al hombre. Por lo que Magnus más que rápido anota sus datos terminando de redactar el documento, lo imprime y se lo entrega.

Irina se sienta sobre las piernas de su esposo, sintiéndose más ansiosa que nunca. Y Magnus lo sabe.

Ambos saben que han conseguido a una inocente y buena chica después de que Eva con una sonrisa les devuelve el documento sin siquiera detenerse a leer.

—Gracias, Eva —Irina emocionada le dice—. Sé que harás un buen trabajo.

—Gracias. —Se siente tan tímida, que no puede creerlo—. ¿Cuándo empiezo?

—Hoy mismo si así lo deseas —Magnus después de besar el hombro de su esposa le regala una mirada intensa que Eva no puede notar—. Puedo mandar a traer tus cosas si quieres ya mismo.

—¿Mis... cosas?

—Sí, Evangeline —Irina le dice—. A partir de ahora vivirás en la mansión Keller.

Eva siente los latidos de su corazón acelerarse cuando ve en cámara lenta los gestos de cariño que ambos se dan, cosa que termina cuando ambos se dan un corto beso en los labios y la miran fijamente después de ello.

—Bien, yo... ¿ahora qué hago?

—Dale tu dirección al mayordomo, ¿de acuerdo? Él te ayudará con todo —Magnus le responde.

Ante ello Eva sonríe y con un asentimiento de cabeza, como hacía con sus padres, se levanta de la silla.

—Gracias Señor y Señora Keller. Y disculpen por lo que mal interpreté.

—Descuida, cariño —Irina le guiña el ojo.

La castaña sale del despacho sintiendo que ha salido de una especie de prisión extraña, y cuando recuerda que ha dejado su cédula con ellos, se devuelve.

—He olvidado mi...

Sus palabras se atascan en su garganta cuando inesperadamente ve la imagen de Irina siendo tomada sexualmente por su esposo, allí mismo en la silla en donde...

—¡Eva!

—¡Lo siento, lo siento! —Cierra la puerta, sintiéndose tonta y completamente avergonzada.

¿Por qué siente que ese matrimonio la hará descubrir cosas que jamás ha imaginado vivir?

No lo sabe, pero tomando en cuenta la amabilidad de ambos, no tiene que preocuparse por el hecho de que se note que son demasiado liberales con el sexo, ¿o sí?

Ella solo estará allí para ser su secretaria después de todo.

Chapter 6

Una semana trabajando para los Keller ha sido todo lo que Eva ha necesitado para interesarse en ellos. Bueno, al menos no de la forma en que estos desean que ella se interese; pero eso es algo que estaría a punto de cambiar.

—¿Y por qué no existe la cura para el cáncer aún? Digo, es que ustedes los millonarios con sus inteligencias y… yo…

Baja la cabeza apenada cuando Irina se detiene en medio del camino a su oficina y le regala una mirada que ella siente es de reproche, pero lejos de serlo, solo pura intensidad.

—No eres así de preguntona con Magnus, ¿cierto?

Eva se moja los labios mientras sostiene unas carpetas contra su pecho y traga saliva. Pues la verdad es que ese hombre la intimida mucho y a veces no puede ni mirarlo a la cara. Así que prefiere mil veces estar cerca de Irina.

—No. Es tan…

No sabe qué decir y ahora que han entrado a la oficina, Irina se ha sentado con las piernas cruzadas y ha comenzado a morder su bolígrafo como su secretaria sabe que suele hacer.

—¿Caliente?

A Eva se le calientan las mejillas al mismo tiempo en que un cosquilleo le recorre la espalda  cuando su jefa tras hablar pasa su larga y delicada lengua por todo el plástico.

—Jefa…

—Solo Irina.

—Irina… ¿Puedo ir al baño un momento?

—Claro bebé, haz lo que tengas que hacer —le responde—, pero no demores porque no veo mi vida sin ti, preciosa.

Evangeline no sabe por qué está corriendo hasta el baño hasta que el agua fría toca su cara.

Ella había estado evitando su cuerpo pero esta es la tercera vez que le pasa.

Su piel y algo más reacciona cada que Magnus o Irina hacen cosas de esa forma. Esa aura sexual que los envuelven, a veces la hace pensar en que no debería simplemente sentir su taquicardia aumentar en frágiles partes.

—¿Qué te sucede, Eva? —se dice al espejo, recogiendo el cabello castaño claro largo que posee.

Su respiración se regulariza pronto y para cuando regresa al escritorio Irina no está, por lo que solo se sienta para revisar que todo esté bien con la diapositiva que el matrimonio mostrará a la junta en unos minutos.

—¿Irina? —Una mujer entra con cara triste.

Es Telma. Eva no cree que jamás pueda olvidarse de ella. No la había visto desde el primer día en que su vida dio un giro radical, y le sorprende que, siendo una especie de amante para la pareja, no los haya visto cerca de ella los últimos  días.

—Hola, ¿me recuerda? La señora Irina no…

Telma cierra la puerta con fiereza y se le acerca como saeta echa fuego, por lo que la chica se paraliza.

—¿Te lo han propuesto ya, mojigata?

—¿Qué…?

Telma la toma por los hombros y la sacude, lastimándola.

—¿Te han propuesto ser su sumisa?, ¿eso es? ¡Nadie puede reemplazarme! —casi le escupe, con ira—. No eres nadie para ellos y nunca lo serás, como lo soy yo ahora.

Los ojos de Eva se empañan de lágrimas porque no sabe qué hacer y por qué esta mujer la odia tanto.

—No he hecho nada, no…

—¡No es necesario que mientas! ¡He visto desde el primer día cómo te miran! Si no estás en su juego es solo cuestión de horas para que estés perdida.

—Yo no entiendo de qué hablas —Eva casi susurra con una lágrima corriendo en su mejilla.

—Por estúpida te harán suya y por estúpida también te dejarán. Recuerda mis palabras.

Justo cuando Telma suelta a Eva, la cual tiembla de miedo, Irina y Magnus entran para darse cuenta rápido de la situación.

—Telma, aléjate de Evangeline —le exige Irina.

—Evangeline, ¿te hizo algo malo? —Magnus la ve directo a los ojos al cuestionar, y Eva no sabe por qué pero sus lágrimas salen sin cesar, causando que el hombre se acerque rápido, apartando a Telma, para extenderle los brazos a la chica—. Mírala, mujer, está temblando.

Telma les da una mirada llena de odio y antes de irse Irina la toma por la muñeca y la arrastra hacia afuera.

—Lo siento, señor Keller.

Magnus se estremece al sentir los temblores de la chica en su pecho, aunque no son los temblores que él desea, y la aparta un poco para limpiar sus lágrimas con ambos pulgares mientras sostiene su cara inocente. Sabe que es de frágiles sentidos, lo ve en sus ojos y eso lo cautiva.

—Shhh, shhh, señorita. No tienes que disculparte, Telma es una loca que no acepta que ya no la queramos en nuestro matrimonio.

La piel de Eva se eriza al escuchar la última frase, esa que pegó con aliento de mentas en su cara.

Poco a poco Evangeline se despega de los brazos del hombre intentando no verse demasiado incómoda, y se cruza de brazos mientras ve la puerta fijamente, más calmada.

—¿Desde…?

—¿Uhm? —Magnus se ha sentado en la silla de su esposa y pretende revisar por última vez las diapositivas—, ¿dijiste algo? Puedes preguntar lo que sea ahora que esa loca te ha hecho pasar un mal rato.

La chica sonríe un poco cuando Magnus le regala una sonrisa cálida y ahoga un suspiro por esa mirada.

¿Por qué cada vez que lo ve a los ojos siente que quiere verlos en todas sus expresiones?

—¿Desde hace cuánto estaba con ustedes?

—Un año, solo un año.

—Oh wow…

—¿Qué te impresiona?

Ahora es Magnus quien está en esa silla con las piernas cruzadas mientras sus dedos juegan con el mismo bolígrafo que siempre usa su esposa, y la ve, fijamente.

—No entiendo por qué… Lo siento, lo siento, es su vida privada.

Claro que le interesa saber, pero no quiere preguntárselo a él porque sería mucho más incómodo aún.

—Solo tienes curiosidad, y sin eso muchas personas no serían grandes ahora.

—Claro... —Ella se sienta cruzando las piernas igual  mientras su pie no deja de moverse—. ¿Ella tardará mucho? Quiero mostrarles a ambos las diapo…

—No es necesario, Evangeline, las acabo de ver.

—No, es que esas no son las que…

—Cariño, ¿estás bien?, ¿esa mujer te dijo algo feo?

Irina ha llegado y con rapidez va hasta la chica para preguntarle aquello con demasiada preocupación. La examina y la ve como una madre cuando un hijo se ha lastimado. Y Eva no puede evitar sentirse bien con eso.

—No. Tranquilos.

—Bien, porque le dejé claro que no quiero verla más por esta empresa, ni cerca de ti, ¿estás bien con eso, nena?

Ante la mirada atenta del matrimonio ella sonríe, causando entonces que el tema muera, al menos por ese momento.

La alarma en el reloj de Eva vibra y esta les indica que ya es hora de la conferencia; sin embargo, recuerda que las diapositivas listas están en su laptop, no en la de Irina, ya que esas son solo borradores.

—En mi laptop están las…

Es interrumpida por un pequeño grupo de químicos que se acercan a los Keller justo al salir de la oficina, por lo que rápido toma su laptop mientras ve con nervios la otra en manos de Magnus.

Entran a la sala de conferencias y rápido Eva se dirige hasta su jefe para sin pensar verse en la intención de colocar una mano sobre la laptop; no obstante, por un rápido reflejo el hombre hace un lado el aparato, consiguiendo entonces que la mano de la chica se instale con fuerza en su bulto que rápido cosquillea.

Todos en la sala chillan ante la imagen y Eva siente que va a derretirse de vergüenza porque no sabe por qué aún no quita su mano y por qué lo sigue mirando a la cara.

—La-la… la laptop es e-sta, señor.

Tras entregarle rápido la laptop correcta solo huye ante la mirada acusadora de algunos, pero excitada de otra.

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