Chapter 3

Para cuando la marea se calma y las sensaciones en mi cuerpo también, nos reunimos en medio de la sala.

—¿Y por cuánto tiempo vas a quedarte, hermano? —inquiere mi novio al castaño.

Yo me encuentro tomada de la mano de Danilo, más que para asegurarme de no debilitarme que por un gesto de amor, y me siento mal por eso.

Diego toma su copa y mira al rubio con cierto aire de arrogancia que me hace arder las paredes del estómago.

—El tiempo que desee, acumulé muchas vacaciones... —responde—. Y tú, ¿tendrás tiempo para mí o todo el tiempo libre lo inviertes en Fabiola?

El corazón se me paraliza al escucharlo decir mi nombre. ¡Él me conoce! ¡Claro que lo hace! Aprieto la mano de Danilo y este a pesar de tener rostro confundido por mi acción, solo se acerca para besarme la frente. Suspiro.

—Sí, pero haré lo posible por estar más presente... Hace unos meses me han promovido, Diego...

—Ah, sí, Giselle fue la primera en correr a llamarme, ¿no es así, hermanita? —dice a esta para apretar sus cachetes, dejándolos rojos—. Felicidades. Siempre supe que tú serías el de los pies en la tierra —comenta.

El señor Rubén suelta una carcajada.

—¡Ven! Es un genio este muchacho. Lo dice porque él está en el cielo en su avión y Danilo en la empresa...

La familia no se tarda en reír pero yo no le veo nada de gracioso. Y Diego me regala una mirada fija ante mi rostro neutro.

—¡Bueno! —exclama mi novio, y se levanta de repente unido aún a mi mano—. Si estarás aquí por un buen rato, tendremos tiempo para seguir celebrando. Fabiola y yo tenemos un compromiso...

Miro con sorpresa a mi novio y luego recuerdo la celebración del matrimonio de Aitana. Entonces exhalo la presión porque con todo este asunto de Diego se me había olvidado. Agradezco tener una oportunidad de huir.

—¡Ohhh nooo! —exclama la señora Daniela.

—¡No seas aguafiestas! —se une Giselle.

—¿Y a dónde tienen que ir? —cuestiona Diego, viendo a mi novio.

—¡A la celebración de una boda!

—¿De quién...? —sigue cuestionando Diego, y me irrita esto.

—De una de mis clientas y amigas, se llama Aitana —respondo.

—¡La influencer! —exclama Giselle emocionada—. Vi sus fotos de la boda hace unos horas, Fabiola ¡te quedó espectacular su maquillaje!

—¿Así que a eso te dedicas, maquillas? —pregunta el castaño, y no puedo más que asentir—. Bueno, supongo que no hay problema con vaya también... Además, creo que conozco a Aitana... ¡tiene un par de amigas morochas que están...!

Sacudo la cabeza con severidad por la picardía y perversión en su voz.

—¿Las morochas? —cuestiona el señor Rubén—. ¿Las hermanas Newton?

—¿Son físicas o algo así? —cuestiono en una risita, pero nerviosa, pues no las conozco.

—No. Bueno, son dueñas de la física, eso sí... —bromea el castaño y señala a mi novio, por lo que este baja la mirada luciendo sonrojado de repente—. Seguro que las conoces muy bien, ¿o no, Danilo?

Suelto la mano de mi novio y espero su respuesta, nunca llega.

—Déjalo en paz, hijo. Y respeta a Fabiola —le dice Daniela.

Diego deja de reír, y sabiendo que no debo perder el control ni mucho menos lucir como una loca celosa, vuelvo a tomar la mano de mi rubio.

—¡Pues vamos! Y Giselle, ¿quieres venir? —le cuestiono.

—¡Quien dijo miedo! —exclama la castaña.

En cuestión de minutos nos despedimos, vamos hacia el auto de mi novio, y como es costumbre, me dispongo a subir en el asiento del copiloto, pero Diego me regala una sonrisa malvada antes de abrir la puerta y se adentra.

Respiro hondo, y me adentro con los brazos cruzados en los asientos traseros. El camino es bastante tedioso, con Diego metido en sus redes enseñándole a Danilo todas las tipas de las que comió hace poco allá en Europa, con Giselle diciéndole que es un cerdo, con la mirada de Danilo puesta cada cierto tiempo en mí desde el retrovisor, y mi piel hirviendo por todas las emociones que me genera la conversación y la presencia del piloto.

Yo lo he olvidado. Ya no es el amor de mi vida. Y estoy comenzando a detestarlo. Debo pasar página. Debo controlarme.  Amo a Danilo.

Me repito eso una y otra vez, como un himno para mi corazón.

Llegamos al club en donde se celebra la boda costosa. Los guardias piden nuestros pases, pero solo tengo el mío, así que maldigo bajito. Rápido tomo mi cartera para sacar mi teléfono y llamar a Aitana.

—¡Brianna! ¡Sheila! —exclama con bulla Diego, y al darme vuelta lo veo abrir los ojos hacia dos mujeres de piel morena, bastante exóticas, que vienen con copas en mano.

—¡No puede seeeeer! —grita la más bajita de ellas—. ¡Diego y Danilo Monsalve!

Así que estas son las morochas...

Las dos corren y se acercan a ambos hombres, casi apartándome pero sigo llamando a Aitana y me siento frustrada por todo. Los escucho conversar algo bajo mientras Giselle intenta convencer a uno de los guardias para dejarnos entrar, y cuando Aitana finalmente responde la llamada, mi cuerpo se echa hacia adelante, producto de un empujón. Entonces mi teléfono cae sobre la acera cortándose la llamada de inmediato.

—¡Ay, perdón! —me dice una de las morenas—. Me llamo Sheila, ¡eres la novia de Danilo! —me dice esta, y me alegra que lo sepa, ¿pero cómo lo sabe?

Le doy mi mano a la morena para presentarme después de que ella me entrega mi teléfono, y esta sonríe ampliamente, mientras la otra solo me sonríe mirándome por encima de su hombro.

—¡Muchachones! —exclama la otra, Brianna—. Estos guapetones y estas chicas vienen en el combo, así que peeeermiiisooo...

Los guardias nos dejan entrar a todos sin problemas y sacudo la cabeza, entonces siento a Danilo a mi lado, me toma de la cintura y besa mi mejilla.

—¿No estás molesta?

—¿Por qué debería estarlo? —inquiero, y este asiente lentamente.

Lentamente es que quisiera escabullirme mientras veo al gran Diego con su porte magnífico y con esa camisa blanca de manga larga, sujetar por la cintura a ambas morenas.

—¡Amiga, sí viniste! ¡Y conociste a las morochas! ¡Qué emoción! —exclama Aitana.

—¡Felicidades, Aitana! ¡Eres hermosa!

—¡Rrrrr! —pronuncia esta llena de éxtasis y todos reímos—. Qué bueno que llegaron justo ahora porque decidí no tirar el ramo en la iglesia, ¡vengan!

Quiero decirle que no voy a participar en esto porque en mis planes no está casarme, pero ella me toma de la mano, y las morochas, Giselle, las  damas de honor y otras mujeres corren hacia el centro de la sala.

Veo a la distancia a mi novio tomar una copa de algún liquido, y sacude la cabeza con una sonrisa cuando me ve aquí metida. Luce pálido y no sé la razón.

—¡Bien, chicas! —habla Aitana desde el micrófono, distanciada de nosotras—. ¡Espero que la que obtenga el ramo pueda ser tan feliz como yo lo soy ahora! ¿Listas? ¡A volar!

Quiero agacharme antes de que Aitana tire el ramo en el aire, sin embargo, no sucede. Pues esta camina desde su sitio en línea recta hasta nosotras con el ramo en la mano, tiene una sonrisa enorme y yo me perturbo cuando me doy cuenta de que me está... ¡Viendo a mí!

Se me eriza la piel y el nudo en mi garganta llega en cuanto Aitana llega hasta mí, me entrega el ramo y cuando busco alguna explicación, veo a Danilo arrodillado frente a mí.

Todo el mundo se conmociona, y yo solo puedo quedarme estática.

—Fabiola, no tengo duda alguna de quiero que seas mi compañera de vida, mucho más allá de que cuando llegue mi jubilación... —dice, y escucho a todos reír—. ¿Te quieres casar conmigo?

Chapter 4

Escucho el vidrio romperse en alguna parte de la sala, y cuando alzo la vista me encuentro con Diego corriendo fuera del club.

Miro de nuevo a mi novio, y con lágrimas en los ojos niego lentamente, causando que todos se queden mudos, y este se muestre completamente decepcionado.

—¿Por qué? —cuestiona Danilo, las lágrimas en sus ojos se asoman, y me parte el corazón—. ¿Acaso no me amas?

—¡Claro que te amo, Danilo! Pero... Dios, lo siento tanto...

Incapaz de seguir aquí frente a mi novio decepcionado y todo el mundo observándome como una rata de alcantarilla, salgo corriendo por el mismo sitio que Diego.

Jadeo cuando me encuentro con su pecho de frente y me estremezco. El castaño me toma por los hombros y tengo que mirarlo a esos ojos que por tanto tiempo me encantaron y cegaron, y este sacude la cabeza con severidad.

—¿Qué estás haciendo, Fabiola? —me pregunta con molestia.

—¡Nada que te incumba! —respondo, soltándome de sus gruesos y fuertes brazos, para seguir mi camino.

—¡Sí me incumbe porque Danilo es como mi hermano! —exclama, siguiéndome.

—Ay, Diego, piérdete de mi camino —mascullo con rabia hacia él, pero este de nuevo me detiene el camino y es imposible que no tengamos un duelo de miradas.

Mi pecho sube y baja por todo lo que he estado sintiendo, y entonces alzo mi mano para darle una bofetada con todo el gusto.

Veo a Diego jadear en sorpresa, y rápido su rostro confundido se hace presente.

—¿Qué demonios te ocurre, Fabiola? —Me sigue cuando me alejo.

Aprieto la cartera en mi bolso y escucho las llamadas en mi teléfono pero sé que es Danilo o Giselle y no quiero responder.

—¡Estás fingiendo que no me conoces, Diego! ¿Acaso eres imbécil o no tienes sentimiento alguno? —le grito, sigo caminando, ya estamos muy lejos del club.

—¿Y qué querías que hiciera? —me responde.

Entonces me detengo, con un nudo enorme en mi garganta.

—Decir: ¡Hola Fabiola! El mundo es pequeño, ¡me alegra tanto que seas la mujer de mi  hermano ahora! Porque yo hui como un verdadero idiota y te rompí el corazón... —espeto.

El pecho del castaño también sube y baja, su rostro frío y severo cambia de nuevo después de arrugar el entrecejo. Dios, es que no ha cambiado nada.

—Pues por eso, Fabiola ¡Allí tienes mi respuesta! No podía decir quien eras por la simple razón de que eres la mujer de mi hermano!. ¿Acaso no lo ves? Esto nos perseguiría por años, Danilo no podría estar tranquilo nunca, ¡lo conozco!

—¡Mataste mi corazón! —exclamo, casi al borde del llanto—. No merecía ser tratada de esa forma antes y mucho menos hoy después de más de diez años sin verte, Diego. Eres un bastardo.

Sigo mi curso, y esta vez, sé que no viene detrás de mí. Agradezco que así sea. No quiero que me dé explicaciones del porqué simplemente después de haber hecho el amor por primera vez para ambos ¡para ambos! Este solo me dejó una pequeña nota en la mesa de noche mi habitación.

"No sé cuándo regresaré. Por favor, continúa con tu vida.

Att: Diego."

Él solo se aseguró de comerme bien, quitarme la virginidad, y luego irse, sin más. Sin darme una explicación real. Una excusa que no me doliera tanto.

Trago hondo el dolor que siento va a hacerme perder la cabeza. Es increíble. Mi vida estaba bien, sin él. Lo había superado hace tanto y luego viene justo ahora que... ¡Oh Danilo! Mi pobre rubio, debe estar destrozado. Y yo aquí en medio de la calle sin saber a dónde ir.

No sé cuanto tiempo pasa entre recordar lo que era mi vida, hasta llegar a este momento, entonces tomo el teléfono como todas aquellas veces en que he sentido que mi mundo se viene abajo, hago una llamada y en cuestión de segundos tengo a una camioneta negra frente a mí.

—¿Qué ocurre, hija? —inquiere mi padre cuando me adentro, pero yo solo puedo llorar sin consuelo porque Danilo no merece lo que le he hecho, y dudo que nuestra relación vuelva a ser la misma ahora que le he hecho saber que no tengo el mismo plan que él.

Mi padre estaciona el auto frente a nuestra casa, y siento el corazón removerse entre mi pecho cuando veo el Mercedes de Danilo estacionado también.

—Dame un momento papá... —le digo.

Ambos bajamos del auto, Danilo saluda a mi padre pero este lo saluda casi que automáticamente, seguro porque cree que me ha hecho algo malo.

Meto las manos en los bolsillos de mis pantalones, incapaz de verlo a la cara.

—Lo siento, Dani... —quiero decir, pero mi novio me toma de la cintura y me besa con ternura, causando que salga otra lágrimas de ambos.

—Perdóname, amor. Si no quieres casarte está bien. No tenías que correr como una ladrona, Fabiola... —me consuela—. Te amo, lo sabes. Puedo esperar hasta que estés lista, aunque seguramente en las redes te harán pedazos...

Rio un poco por eso. Había olvidado que todo ocurrió en la boda de una influencer y que todos estaban grabando.

—No seas tan bueno conmigo —le pido—. Yo soy la que debe... disculparse contigo. No quiero casarme porque... —Pego mi frente de su hombro y este me acaricia la espalda con cariño, me da confianza—. Desde que mamá murió de esa forma tan cruel yo... Vi lo que es perder al amor de tu vida de la noche a la mañana. Sé que es estúpido de mi parte pero... No quiero algún día quedarme como mi padre. Tuvieron la mejor de las bodas, me tuvieron a mí, fueron felices y... la vida se la arrebató como si no valiera nada. No quiero atarme a ti de esa forma, Danilo, porque significaría tener que hacerme la idea de que vamos a estar juntos para siempre y tal vez eso no sea así...

Soy totalmente sincera con mis palabras. Esa es parte de mi gran verdad. Aunque justo ahora haya una razón cercana a él que me debilite de alguna forma.

—Ay, mi amor... descuida, te comprendo. Y... De todas formas, aquí lo único que importa es que nos amemos de verdad, ¿no? Y yo te amo de verdad, cariño, sin dudar. Y no tengo intenciones de jamás irme de tu lado.

Después de hablar, mi buen novio me toma la mano y nos adentramos a mi casa, a mi habitación. Pronto nos besamos en medio de la nostalgia, y él quita mi ropa lentamente. Yo jamás podría negarme a su dulce tacto. Así que cedo ante su deseo de tenerme y le correspondo. Jadeo cuando estamos unidos y suspiro, pues al cerrar los ojos la mirada de Diego Monsalve siendo mi primera vez aparece, acelerando mi corazón.

—Acepto casarme contigo, Danilo —digo en su oído, saliendo de mis recuerdos.

Mi novio me besa con un poco más de fervor, y mi cuerpo internamente llora, porque él tiene razón. Él me ama de verdad, no como su hermano una vez me hizo creer. Y si hay algo que siempre esperé de mi futuro esposo antes de la muerte de mi madre, era una entrega y compresión total, tal cual como la que me da Danilo.

Así que ahora sé que tendré que luchar día a día con mis heridas del pasado para ser feliz con Danilo, y dejar definitivamente a un lado a su hermano.

Chapter 5

Diego.

—Oye grandulón —me llama Giselle, y la veo venir hacia la cocina en pijama—. ¿Y las novias?

Daniela, que se encuentra en la cocina terminando de hacer unos huevos revueltos para mí, se ríe desde su sitio.

—¿Crees que Diego es de tener novias, Giselle?

Se me eriza la piel por la molestia. Claro. Ella no cree que yo puedo mantener una relación estable con alguien porque cree que soy un mujeriego.

Intento reír un poco, cuando Giselle levanta el ceño hacia mí y nuestra madre nos sirve el desayuno.

—Sí tengo una novia, madre, se llama Cassidy, es hija de un buen español con una gringa, es azafata de mi tripulación —digo, aunque hay una parte de la historia que no es real.

—Oh guao… —dice mi madre—. ¿Y por qué no la conocemos?

—Porque solo yo estoy de vacaciones, madre... —miento de nuevo, irritándome un poco porque por querer demostrarle lo contrario ahora va a perseguirme hasta saber si es verdad.

—¡Yo quiero ver una foto! —Giselle se sienta a mi lado, entonces me pongo algo nervioso pero igualmente se las enseño.

Cassidy solía enviarme muchas fotos cuando éramos novios y nunca las borré, así que Giselle se convence y me golpea un poco el brazo mostrándose de acuerdo mientras mi madre me observa por debajo de sus lentes.

Rubén llega a la cocina, nos saluda y me quedo en completo silencio. Hasta que Giselle comienza a hablarme sobre una clase de pintura que está tomando.

El timbre suena, mi madre se levanta para abrir, y en cuanto veo llegar a la pelinegra junto a mi hermano, me enfoco en terminar el café.

Definitivamente no esperaba que volvieran después de lo que pasó anoche.

Recibo una llamada de un número desconocido y ruedo los ojos al tener que alejarme de la mesa para atender.

—¿Cuándo me tendrás el pago? —cuestiona Sergio en tono molesto—. Ya estoy cansado de esperar, Diego. Vamos para un año, ¡un puto año!

—En cuanto lo tenga serás el primero en saberlo... —murmuro mientras veo en la cocina a mi madre abrazando con felicidad a la pelinegra, eso me revuelve el estómago.

—Bien. En cuanto tenga tu sucio trasero contra el piso también serás el primero en saberlo...

Sergio corta la llamada y siento mis músculos tensarse por la amenaza, pero no es la primera vez que lo hace, así que me quedo tranquilo. Después de todo, sé muy bien como solucionar mis problemas.

Regreso a la cocina y me recuesto del marco mirándolos a todos, los cuales guardan silencio de inmediato. Mi hermana Giselle toma la mano de Fabiola y cuando la alza al aire puedo ver el perfecto anillo brillando en su dedo anular.

La mirada de Fabiola se cruza con la mía un solo instante y eso basta para que todo mi organismo se descontrole y mi memoria me lleve a mi adolescencia.

Años atrás.

Me encontraba jugando fútbol con algunos amigos del barrio cuando vimos un auto de último modelo estacionarse frente a la que solía ser la casa de los Hugo. Segundos después un camión de mudanza también apareció, y pude ver desde la distancia cómo comenzaban a bajar las cosas. Bien. Tendría nuevos vecinos. Al menos algo nuevo en ese vecindario de gente rica aburrida.

—¡Qué carajos, Germán! —exclamé hacia mi mejor amigo el cual intencionalmente pateó el balón hacia el camión de mudanza.

Inesperadamente de adentro del camión salió una chica, debía tener alrededor de catorce años. Era llenita, de mejillas rosadas, cabello negro atado con una clineja, y unos ojos oscuros que me detuvieron el corazón apenas me notó.

La chica se acercó a mí con el balón en mano, y me lo lanzó, pero yo no pude reaccionar a tiempo, así que el balón rebotó y ella se echó a reír. Su sonrisa, me hizo sentir que algo raro estaba pasándome.

—Hey, niña nueva —dijo Germán llegando hasta mí, poniendo su brazo en mi hombro—. ¿Cómo te llamas?

—Fabiola, ¿y ustedes? —respondió, y por todos los cielos, su voz me volvió a dar otro vuelco.

—Ese gordo de allá es Franklin, este con acné es Diego, y yo, el más guapo de todos, me llamo Germán.

La chica me seguía mirando con interés pero no pude más que darle una corta sonrisa. Ella no tenía ni puta idea de lo que me estaba provocando su presencia. Me hacía sentir bastante molesto.

—No te acerques a nuestro grupo, niña —le dije con firmeza—. No queremos que nos invadas con tus cosas de niña...

La chica frunció el ceño y vi lágrimas asomarse por sus ojos, entonces, cuando estuvo a punto de decir algo, su madre, quien tenía un pañuelo cubriendo su cabeza, la llamó, y mi corazón volvió a dar otro vuelvo.

Sí, siempre he sido un idiota, pero antes era mucho más inmaduro.

—¿Eres idiota o qué? —Me empujó Germán.

—¿Qué? Es una niña, lo superará... —murmuré, sin dejar se sentirme tan culpable por dentro.

Ahora de vuelta al presente veo a la misma niña, con esa expresión de dolor repentino en su rostro.

—¡Felicidades! —Salgo de mi trance—. Seguro que serán el matrimonio perfecto —aseguro.

Después de todo, mi hermano es mucha mejor persona que yo. Alguien como él es lo que ella merece después de todo lo que ha pasado.

—¡Gracias hermano! —me dice Danilo, entonces voy hasta él para abrazarlo, aunque la felicidad realmente no es parte de mis emociones ahora.

—¡Esto se tiene que celebrar! —dice Rubén, así que sonrío un poco ante la idea.

—Bien, iré por unas cervezas —les digo a todos, dándome vuelta.

—¡Aquí tenemos, Diego! —me dice mi madre.

—Entonces iré a comprar un bonito regalo para los comprometidos —aviso, alejándome de todos sin ser capaz de seguir en este lugar un segundo más.

Una vez que estoy afuera, camino con rapidez hacia el auto que alquilé a primera hora. Entro, lo pongo a andar, y en cuanto me encuentro en medio de la nada, estaciono.

Salgo del auto y el grito frustrado que sale de mi garganta me hace sentir completamente enfermo después.

En cuanto Danilo me mandó una foto con su novia, supe que era ella. Nunca le dije que la conocía, obvié eso y me he mentido a mi mismo al decirme que no tiene importancia; que no me siento culpable cada maldito día por haberla dejado, y que Fabiola solo ha sido una mujer más en mi gran repertorio.

Sin embargo, cuando me encuentro en el centro comercial buscando algo que pueda darles de regalo, y veo un hermoso cuadro de una familia feliz, mi corazón se oprime.

Debo convencerme de que Danilo siempre será la mejor opción para ella, y que esto que siento ahora no son celos por un amor que no he superado, sino que es solo puta envidia. Porque después de todo, Danilo siempre ha tenido lo que yo he deseado; una familia feliz, una carrera brillante, un expediente perfecto, y ahora, una mujer maravillosa.

Una chica que convertí en mujer. Una mujer que fue mía.

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