Capítulo 3— Abrumada
Narrador
Continuando con la fiesta, en un par de ocasiones a Seth, y a Nebra les tocó mantenerse en el papel de esposos, en donde no solo tuvieron que tomarse de las manos para un par de fotografías, sino que también tendrían su primer baile juntos, lo cual los tenía muy nerviosos.
—No olvides sonreír, los ojos de todos están puestos en nosotros.
Llevando una mano a la cintura de Nebra, este sintió cómo una descarga eléctrica recorría su espina dorsal, y tirando de ella con delicadeza, la atrajo a su cuerpo mientras tomaba su otra mano para empezar a moverse al ritmo del vals que empezaba a sonar.
—Pareces una novia real, Nebra.
Centrando su mirada en ella, Seth murmuró sin dejar de moverse al ritmo de la melodía, y abriendo su boca en busca de aire, ella se mantuvo en silencio unos segundos sin saber qué decir. Por más que él le había salvado la vida aquel día, y le había dado asilo en su casa, tras Federico dejarla en la calle, no era que ellos eran grandes amigos.
Todo lo opuesto, Nebra apenas veía a Seth al llegar a la casa agotado. Lo poco que ella hacía por él, era mantener todo en orden, ya que no quería ser una carga. Hablaban lo básico, por supuesto, ella siempre agradecida por su ayuda.
Sin despegar la mirada de él, Nebra seguía sin decir nada más perdida en sus ojos azules, y aclarando la garganta una vez que el silencio se hizo incómodo, Seth preguntó.
—¿Puedo saber por qué estabas llorando hace un rato en los sanitarios? Parecías alterada
Palideciendo ante la pregunta, Nebra sintió cómo sus piernas empezaban a temblar. ¿Acaso él había visto a Federico? De haberlo hecho, estaba perdida. Seth la había ayudado mucho hasta ahora, pero ella en ningún momento había contado a detalle todo lo que le había sucedido, ni quién era realmente el responsable.
—¿Nebra? ¿Sucede algo?
Al ver que seguía de la misma forma, Seth mencionó su nombre en un intento por hacerla reaccionar, y apretando su cintura mientras bailaban, Spencer regresó a la realidad.
—Me siento un poco abrumada, Seth… Todo esto va muy rápido. Hace dos semanas me pediste que me casara contigo, ahora, estoy aquí rodeada de personas desconocidas, solo Dalia es importante para mí.
Asintiendo, sabiendo que tenía razón, Seth liberó el aire retenido en sus pulmones. Sabía que esto era difícil para ella. Generalmente, las mujeres, cuando caminaban al altar, ven este día como algo especial al casarse por amor, pero ella, lo estaba haciendo solo por él, para ayudarlo en su plan.
Bajando su rostro un poco, Seth acercó sus labios a la mejilla de Nebra, y sintiendo cómo su aliento caliente chocaba con su piel, murmuró
—Eso lo sé, Nebra, y de verdad te lo agradezco.
Separándose de ella, Seth le regaló una sonrisa que hizo que el corazón de Nebra se agitara, y negando tratando de salir del aturdimiento que ocasionó su cercanía, respondió
—No tienes nada que agradecer, todo lo opuesto. Soy yo quien está en deuda contigo.
Siguiendo la pieza de baile, que parecía ser eterna, Nebra recostó su rostro en el pecho de Seth, y apoyando la mejilla en su cabeza, el líbero un poco de aire. Esto se trataba de un matrimonio arreglado, de un pacto entre los dos para obtener lo que querían, por lo que los sentimientos no debían de existir.
Terminando la canción, los demás invitados ingresaron a la pista de baile, y llegando a su lado Federico, y Liliana, este dijo una vez frente a ambos.
—¿Nos conceden la siguiente pieza? Liliana quiere bailar con su hijo, y yo… Conocer mejor a mi nuera.
Apretando su mandíbula al ver el descaro de su padre, Seth se sintió tentado de echarlo de la fiesta, pero sabiendo que el lugar estaba repleto de personas, se contuvo, y procedió a liberar la mano de Nebra, quien rogaba mentalmente para que su esposo se negara.
—Solo será una canción, una vez termine trataremos de irnos de aquí.
Murmuró Seth cerca de su oído antes de ser interrumpido por su madre, quien lo halaba, y tomándola de la cintura Federico, la segunda canción inició.
— ¿Qué has pensado de lo que te propuse hace un momento?
Empezando a moverse al ritmo de la música, Nebra sintió repulsión por su pregunta ¿Cómo podía ser tan descarado este hombre? Se encontraba en esa fiesta con su esposa, y pretendía que ella enviara todo a la mierda, así nada más. Después de lo que él le hizo, estaba verdaderamente demente
— Tu silencio me dice que lo pensarás. Nebra, te conozco tan bien, que sé que aún me amas
Cerrando los ojos, Nebra siguió moviéndose al ritmo de la música, mientras sentía que el toque de Federico la quemaba, y remojando sus labios al ver que ella se mantenía en silencio, agregó
— ¿Te dije lo bien que te queda ese vestido?
Dándole una mirada cargada de desprecio, Federico sonrió ante la inexistente respuesta de su antigua amante, y acercando sus labios a su mejilla, volvió a decir.
—No finjas que ya no te gusto ¿Acaso olvidas lo mucho que nos divertíamos juntos?
Sintiendo cómo su respiración empezaba a agitarse, y las ganas de golpearlo la invadieron. Nebra con ambas manos, empujó a Federico para alejarlo de ella, y girándose en sus talones, solo abandonó la pista de baile, para dirigirse al jardín del lugar para tomar algo de aire.
— ¡Maldito desgraciado!
Con un par de lágrimas descendiendo por sus mejillas, Nebra tomó la falda de su vestido para caminar un poco más rápido, y llegando al final del sendero rodeado de flores, una vez frente a la fuente, se detuvo para pensar con claridad
¿Qué podía hacer? ¿Salir corriendo? Ya estaba hundida hasta el cuello con esta farsa, por lo que tenía que seguir a toda costa
— ¿Has venido por un poco de aire?
Escuchó a su lado una voz desconocida que la hizo dar un respingo de la impresión, y girándose para ver de quién se trataba, observó a un hombre al cual jamás había visto en su vida
— Nebra ¿no? Por lo que veo Seth va en serio con el asunto de asumir la dirección, el muy desgraciado se casó.
Llevando el cigarrillo que tenía en su mano a sus labios, este desconocido con aires despreocupados, y traje desarreglado, caminó hasta colocarse de pie a su lado, para ver el agua de la fuente fluir, y liberando una bocanada del humo, agregó.
— Por cierto, me llamo Simón. Soy el hermano menor de Seth. Bienvenida a mi peculiar familia.
Bajando su rostro, Nebra sonrió al parecerle Simón, un joven agradable, y llevando de nuevo el cigarro a sus labios, exhaló otra calada de humo.
— Por cierto, somos algo complicados, no te tomes nada personal.
Limpiando las lágrimas que ya se habían secado de sus mejillas, Spencer le sonrió débilmente, y escuchando cómo un par de pasos se acercaban a ellos, ambos se giraron para ver quién era.
— Estas aqui…
Acercándose a Nebra algo agitado por la caminata, Seth con sus enigmáticos ojos la recorrió para ver si estaba a salvo, y tomando su mano, le preguntó
—¿Sucedió algo?
Negando, Nebra apretó sus labios para no decir algo de lo que se pudiera arrepentir, y centrando su mirada en Simón, dijo.
—Por lo visto, ya has conocido a mi esposa.
Tirando el cigarrillo una vez terminado, Simón lo pisó con su zapato, y dando un par de pasos hasta quedar junto a Seth, respondió.
—Por supuesto. Muy agradable por cierto. Por desgracia, todos sabemos que esto es una farsa, solo para hacerte con la dirección de la empresa.
Sonriendo de lado, Seth negó al ver que su hermano seguía siendo el mismo de hace 5 años atrás, directo, y sin condescendencias, y palmeando su hombro, agregó.
—¿Tú lo crees, Simón? Yo digo que no. Yo amo a esta mujer.
Girándose hacia su hermano, que lo observaba con el ceño fruncido y los labios apretados, claramente incrédulo. Seth extendió su brazo para tomár la cintura de Nebra, y atrayéndola con firmeza hacia él. Sintió su suave respiración detenerse, pero no retrocedió.
—Me casé con ella porque la amo profundamente, no por la absurda imposición del abuelo.
Dijo con voz firme, manteniendo su mirada fija en la de su hermano. Pero cuando notó que aún había dudas en sus ojos, Seth decidió que las palabras no serían suficientes. Sin vacilar, inclinó la cabeza y buscó los labios de Nebra. El primer contacto fue suave, casi como una caricia, pero en un instante el beso se volvió más profundo, más urgente. Su lengua rozó la de ella, encontrando una respuesta que lo sorprendió. Nebra, que al principio solo recibía el beso, pronto deslizó sus manos por sus brazos hasta llegar a su pecho, agarrando su camisa con fuerza, como si aferrarse a él fuera inevitable.
Seth no pudo evitar un suave gemido contra sus labios, hundiendo los dedos un poco más en su cintura, atrayéndola aún más cerca. Nebra respondió con igual intensidad, olvidándose por completo del motivo de aquel beso. Por un momento, todo lo demás dejó de existir; su hermano, las dudas, el acuerdo que ambos sabían que había detrás de aquel matrimonio.
El sonido de la voz de Simón los devolvió a la realidad.
—Si tú lo dices, Seth… Fingiré que te creo, ahora regresaré a la fiesta antes de que nuestra madre se vuelva loca. Por cierto, Felicidades.
Ambos se separaron, jadeando ligeramente, pero sin dejar de mirarse. Los ojos de Seth estaban cargados de un fuego que apenas podía contener, mientras Nebra intentaba recomponerse, sin éxito.
—¿Ya se ha ido?
Preguntó Seth, rompiendo el hechizo con voz grave, y asintiendo, Nebra, confirmó que estaban solos. Luego, como si su toque hubiera sido un arma de doble filo, la liberó, dio un paso atrás y se aflojó la corbata para poder respirar.
Nebra lo observó, confusa y con el corazón latiendo desbocado, mientras Seth volvía a su postura habitual, como si nada hubiera ocurrido.
— Ya el auto nos espera. Vamos a despedirnos de los invitados, y larguémonos de aquí.
Tomando su mano, Seth pretendía regresar con su esposa al salón, para la escena final, y deteniendo su andar, ella preguntó muerta de pena.
— ¿A dónde se supone que vamos?
Reteniendo un poco el aire, Seth se mantuvo en silencio unos segundos, y decidiéndose a hablar al fin, dijo algo que dejó a Nebra, rígida.
—A nuestra luna de miel.
Capítulo 4— Error
Narrador
Manteniéndose en silencio mientras se dirigían al destino previsto para la luna de miel, Nebra se encontraba sumergida en sus pensamientos, lo sucedido durante la fiesta la tenía trastocada, no solo el hecho de descubrir que Federico era el padre de Seth, sino también el beso compartido, ese beso en donde sintió algo más que un simple contacto físico. Con su mirada fija en la ventana del avión, como si hubiese algo muy interesante afuera, las imágenes no dejaban de llegar a su cabeza sin dejar de repetirse, y exhalando algo de aire, supo que tenía que detenerse o enloquecería.
Por otra parte, Seth por más sereno que parecía, en su interior una guerra tenía lugar. Los pensamientos no dejaban de perturbarlo. La decisión tomada de casarse, justo en este instante, empezaba a pesar, haciéndolo cuestionarse si había hecho lo correcto. Remojando sus labios, este pasó las manos por su rostro en un intento por mantener la calma, y mirando de reojo a su ahora esposa, el corazón se le aceleró de tal manera que sintió algo de temor.
Cuando la besó frente a Simón, lo hizo en un intento desesperado para demostrar lo real que era su matrimonio, no para crear una imagen difícil de olvidar.
Llegando a su destino al fin, Roma, y tras un par de horas más de vuelo, fueron recibidos por el personal dispuesto por su abuelo, y siendo llevados al hotel, una vez en la privacidad de la habitación, Nebra se atrevió a romper el incómodo silencio.
—¿Dormiremos en la misma habitación?
Centrando su mirada en ella una vez más, Seth empezó a desabrochar los botones de su saco, sintiendo la habitación cada vez más pequeña, y dejándolo a un lado sobre el sofá, respondió.
—Me temo que sí. Como ya vistes antes de salir de la fiesta, este fue un regalo del abuelo, por lo que no tengo mucho por hacer, solo seguir la corriente. Si te hace sentir mejor, no te haré nada.
Observando la cama, con las dimensiones de esta tranquilamente, los dos podrían dormir sin molestar al otro, por lo que solo caminó hasta el equipaje para tomar su ropa antes de dormir, tranquila, sabiendo que nada sucedería
—Me daré un baño, ya regreso.
Empezando a desprender los botones de su camisa, Seth se aproximó al baño antes que Nebra, dejando ver su espalda desnuda, y cerrando la puerta sin esperar respuesta alguna. La dejó en la habitación a solas, sintiendo que un calor inexplicable la invadía
¿Qué había sido eso? ¿Por qué se alteró si solo vio su espalda?
Tomando asiento en la cama, Nebra agitó sus manos en un intento por refrescarse, y escuchando cómo el agua empezaba a caer, agitó su cabeza para no imaginar cosas con su ahora esposo
— Mejor respira, Nebra... Es el hijo de Federico. El mismo hombre que te salvó, deberías estar agradecida, no imaginando cosas que jamás pasarán.
Regresando a su valija con manos sudorosas, Nebra alcanzó a buscar una pijama lo suficientemente cubierta como para no incomodar a Seth, y escuchando como la puerta se abría de pronto, elevó su mirada para verlo solo en toalla, con el cabello mojado, las gotas de agua corriendo por su pecho, lo cual ocasionó que abriera su boca levemente.
En el tiempo en que habían convivido juntos en su casa, en donde le dio asilo, ella jamás lo había visto sin camisa, por lo que ahora podía notar que tenía un par de tatuajes, en su pecho, y parte de su brazo derecho, los cuales no detalló bien debido a la distancia
—¿Qué es lo que ves?
Sintiendo la mirada de Nebra, Seth elevó su vista descubriendo que lo observaba en silencio, y secando su cabello, preguntó sin rodeos con una pequeña sonrisa en sus labios.
—Tienes tatuajes, no lo sabía
Bajando su rostro algo avergonzada al ser descubierta, Nebra sintió cómo sus mejillas ardían. ¿Acaso ahora era una pervertida que no podía parar de mirarlo? Tomando su ropa una vez más, se regañó mentalmente, y pasando por su lado, se encerró en el baño, recargando la cabeza en la puerta mientras la imagen de Seth casi desnudo no se borraba de su mente.
—Tengo que bañarme... Mañana será otro día.
Caminando al lavado, dejó su ropa a un lado, y deshaciéndose del vestido de novia, el cual cayó al suelo por su propio peso, se mantuvo en silencio mientras pensaba. Por más que quería, no podía dejar de recordar a su esposo, lo cual la hacía sentir como una mala mujer.
—Esto es una boda por conveniencia, Nebra... Solo eso.
Se dijo a sí misma mirándose en el espejo. Caminando a la ducha, se sumergió bajo el agua que caía con la esperanza de que esta borrara la culpa que sentía por desear a Seth, y saliendo un par de minutos después, cuando sintió que era suficiente, se preparó para regresar a la habitación
—¡Vamos, Nebra! Solo serán un par de días.
Exhalando algo de aire, extendió su mano para tomar el pomo de la puerta, y girando este, salió a la habitación en donde la esperaba Seth acostado plácidamente sobre la cama.
Tragando grueso al ver que solo vestía un pantalón de chandal con las manos bajo su nuca, y su torso descubierto, Nebra empezó a caminar a la cama, sintiendo cómo el calor la invadía de nuevo, y tomando asiento en el borde de esta, bajó su rostro antes de colocarse cómoda
—Nos quedaremos aquí solo un día... Para mañana en la noche, regresaremos. Martín creará una situación por la que tenga que regresar inmediatamente.
Una vez Nebra estuvo a su lado, Seth le contó lo que tenía planeado al notarla incómoda, y observando solo el techo sin saber qué decir, ella asintió.
—No creo que quieras quedarte mucho tiempo, por más hermosa que sea Roma, es desconocida para ti. Aunque mi abuelo pagó todo un tour por la ciudad.
Remojando sus labios, Spencer se sintió tentada a decir que sí, que se quería quedar allí para conocer el lugar, pero sabiendo que Seth era un hombre ocupado, no quiso estropear sus planes.
— Está bien si nos vamos mañana.
Observando a un lado, Nebra vio cómo Seth se giraba para verla mejor, y dándole la espalda, apagó la lámpara sobre la mesita de noche, intentando fingir que dormiría.
¿Quién podría hacerlo teniendo un hombre como él en su cama? Solo una loca lo haría, y ella ni era una cosa, ni tampoco ciega, por lo que sentía que moriría esa misma noche, teniendo esa tentación tan cerca.
Cuando Seth se movió ligeramente, acercándose apenas unos centímetros, Nebra lo sintió tan cerca que un suspiro escapó de sus labios.
—¿Qué te sucede?
Preguntó él en un tono bajo, haciendo que su voz ronca la estremeciera. Ella giró el rostro hacia él, tratando de ocultar su nerviosismo, pero cuando sus ojos se encontraron, fue como si el tiempo se detuviera. Antes de poder evitarlo, Seth se inclinó y la besó. Fue un beso breve, casi tímido, pero suficiente para encender algo entre ellos.
—No deberíamos...
Comenzó a decir Nebra, pero en un movimiento rápido, Seth se giró hacia ella, quedando parcialmente sobre su cuerpo, apoyando un brazo en la cama para no aplastarla. Sus ojos la buscaron por un instante antes de inclinarse nuevamente y tomar sus labios con una fuerza que la dejó sin aliento.
El beso fue intenso desde el principio, profundo y cargado de un deseo que ya no podía contener. Nebra sintió cómo la lengua de Seth se deslizaba contra la suya, explorándola con un hambre que la hizo temblar. Su cuerpo quedó atrapado bajo el de él, y la calidez de su pecho desnudo la encendió aún más.
Sus manos encontraron refugio en los hombros de Seth, mientras él recorría con los dedos la curva de su cintura, aferrándola como si temiera que ella pudiera desaparecer. Sus labios se movían en un compás apasionado, alternando entre el roce suave y mordidas sutiles que hacían que Nebra soltara pequeños suspiros.
El peso de Seth sobre ella era firme, pero no opresivo, y la cercanía de sus cuerpos hacía imposible ignorar la intensidad del momento. Sus respiraciones se mezclaban, cada vez más rápidas, mientras el beso continuaba, quebrando cualquier barrera que quedara entre ellos.
Cuando finalmente se separaron, ambos estaban jadeando, con sus frentes apenas rozándose, pero aun sin atreverse a romper el contacto completamente. Nebra cerró los ojos, tratando de calmar el caos que el beso había dejado en su interior, mientras Seth permanecía inmóvil, como si aún procesara lo que acababa de suceder.
—Esto fue un error.
La voz de Nebra temblaba, aunque trataba de sonar firme, cuando en realidad todo su ser había sido trastocado por ese contacto.
—Sí, tienes razón. Un gran error
Repitió él, aunque su tono no parecía convencido. Se apartó un poco, pasando una mano por su cabello desordenado, evitando mirarla directamente.
—Voy a dormir en el sofá. Para que no haya más... errores.
Nebra asintió, sin encontrar palabras para responder. Lo observó levantarse, tomar una manta del armario y dirigirse hacia el sofá, sin mirar atrás.
—Buenas noches
Dijo Seth, antes de acomodarse en el sofá, a escasos metros de ella
—Buenas noches
Murmuró Nebra, apenas audible, sintiendo cómo su corazón palpitaba sin control. La habitación quedó en silencio, pero la tensión entre ellos permaneció en el aire, imposible de ignorar.
Capítulo 5— La guerra se avecina
Narrador
Descendiendo del vehículo justo al pie del enorme edificio Green, Seth observó este en completo silencio; apenas regresaba de su luna de miel justo como lo planeó, por lo que venía dispuesto a tomar lo que por derecho le pertenecía
—Tu abuelo te está esperando, la junta ha iniciado.
Colocándose de pie a su lado, Martín agregó, sabiendo que esto era difícil para su amigo, quien solo cerró la puerta a sus espaldas sin decir nada; y empezó a caminar al interior de la empresa familiar.
—Al finalizar la reunión con los accionistas, tu madre te espera en casa para una cena de bienvenida. ¿Asistirás? Por supuesto, no olvides que Nebra debe acompañarte
Iniciando con el itinerario del día, su asistente lo seguía muy de cerca mientras le indicaba los pendientes, y deteniendo sus pasos. Al llegar a la puerta del elevador en el enorme lobby del edificio, él le pidió guardar silencio antes de seguir.
—¡Martín, por favor! No sigas. Sabes muy bien que al salir de aquí mi padre no estará muy contento, así que queda descartada la cena enseguida de mi agenda.
El chico de gafas, asintió sabiendo que lo más difícil estaba por venir, e ingresando al pequeño cubículo de metal, una vez sus puertas abrieron, los dos se mantuvieron en silencio hasta llegar al piso superior del edificio en donde eran esperados.
—Apenas salga de la junta, ten el auto preparado. No quiero estar en este lugar por mucho tiempo.
Saliendo una vez que llegó a su destino, Seth caminó a la extensa sala de juntas, y sumergiéndose en un enorme silencio, una vez los presentes lo vieron entrar, su abuelo se colocó de pie para tomar la palabra.
—Como ustedes saben, desde hace un par de días he propuesto cambiar de directiva… No pienses que es personal, Federico, porque no es así; es solo que creo que mi empresa estará en mejores manos con alguien que lleve mi sangre. Seth no solo es mi nieto mayor, sino también un hombre lo suficientemente preparado para asumir ese cargo
Señalando a Federico, el esposo de su hija; Flavio agregó, dándole la bienvenida a su nieto Seth que apenas regresaba de su luna de miel, y dibujando una sonrisa burlona en su rostro, siguió
—Es por esto que lo propongo a él, Seth Arias Green. No sé ustedes, pero estoy seguro de que hará un excelente trabajo en este lugar. ¿Quién piensa lo mismo que yo?
Elevando su mano el anciano voto a favor de su nieto para tomar la dirección de la empresa, e iniciando una guerra padre e hijo, ya que Federico no permitiría que se le fuera arrebatado su puesto así nada más, y menos por Seth, quien para él no era más que un mocoso consentido por su abuelo, y su madre.
— Te apoyo completamente, Flavio. Como mi hijo mayor, conozco sus capacidades, por lo que estoy de acuerdo contigo
Sabiendo que no tenía sentido oponerse, ya que el viejo no descansaría hasta quitarle ese lugar, Federico fingió estar de acuerdo con el padre de su esposa, cuando en realidad, era detestable que fuera su hijo quien lo reemplazara.
Siguiendo los demás accionistas, la votación finalizó, y quedando elegido Seth como el nuevo director ejecutivo, dieron la junta por terminada.
—De esta forma, queda finalizada la junta; se pueden retirar. Esperemos que la siguiente semana, mi hijo asuma mi lugar como es debido.
Despidiendo a los accionistas de la gran empresa, estos empezaron a salir de la sala de juntas sin parar de murmurar entre ellos, por lo que se avecinaba, y haciendo lo mismo, ya que no deseaba ver a Federico, Seth salió lo más rápido que pudo.
No porque le tuviese miedo, o algo parecido, porque no era así; Seth ya no era el mismo hombre del pasado, quien no sabía nada del negocio, y que se dejaba menospreciar por su padre; él ahora era todo un hombre, que sabía pelear por lo que deseaba, por lo que se preparó para este momento
—¡Seth! Pero, ¿qué sorpresa? ¿No piensas saludar a tu padre? Pensé que tardarías más en regresar de tu luna de miel
Extendiendo sus brazos, saliendo detrás de él, Federico pretendía abrazarlo como si nada, y deteniendo su andar, su hijo solo elevó su mentón, permaneciendo imperturbable ante él.
—¿Qué es lo que quieres, padre? No tienes por qué seguir fingiendo, todos los accionistas se han marchado
Tensando su mandíbula, Federico entendió que el hombre ante él no caería en sus trucos de nuevo. Del Seth de antes no quedaba nada, a lo que solo sonrió de lado, y dijo.
—Por lo que veo, hemos aprendido, el tiempo fuera de las faldas de tu madre, y de Flavio te han enseñado. Cierto, como ahora eres un hombre casado
Imitando su postura, Federico no permitió que la juventud de su hijo lo intimidara, todo lo opuesto, esto para él significaba un nuevo reto, uno que deseaba vencer a toda costa.
—Digamos que un poco, no solo me preparé para este momento, sino que encontré al amor de mi vida. Una mujer con quien casarme
Fingiendo una sonrisa, Seth pretendió parecer feliz por su boda cuando esta no era más que una farsa, y negando, Federico estrechó el puente de su nariz antes de empezar a reír
—Merba ¿no?
Empuñando su mano, Seth supo que venía con una estupidez de las suyas, y conteniéndose para no golpearlo, solo dijo enarcando una ceja
—Nebra, Federico… Se llama Nebra.
Metiendo las manos en su bolsillo, Federico negó, fingiendo estar avergonzado por su error, y exhalando el aire, dijo
—Nebra, ya recordé, pero qué despistado soy, hijo… Por cierto, Seth ¿dónde la compraste? ¿Te salió muy cara?
Conteniéndose para no cometer una locura en ese lugar, por lo que acababa de insinuar, Seth lo observó detenidamente mientras Federico sonreía de lado.
—Señor Arias, debemos irnos… El auto espera.
Siendo interrumpido por su asistente, este supo que no valía la pena perder el tiempo discutiendo con alguien como su padre, por lo que girándose en sus talones pretendía marcharse, hasta que él lo llamó de nuevo.
—Por lo que veo, vienes en serio con lo de la dirección de la empresa. ¿No te parece un descaro de tu parte? Te marchas tantos años, y ahora pretendes regresar y fingir que te importa. Después de que te has casado con una oportunista
A sus espaldas su padre dijo, lo cual despertó cierto interés en él por responderle
— ¿La verdad, Federico?
Regresando sobre sus pies, Seth preguntó introduciendo las manos en sus bolsillos, transmitiendo tal seguridad que hizo que su padre dudará unos segundos, y fingiendo pensar, dijo
—Sí. Creo que esta empresa necesita innovar, salir de los cimientos arcaicos, y una directiva joven refrescaría las cosas aquí.
Federico apretó sus dientes, algo asombrado por lo que acababa de escuchar. El Seth de antes jamás desafiaría a su padre, quien siempre tenía la razón, algo que este nuevo hombre, ni en sus sueños más locos, haría.
—Ahora, si me disculpas. Tengo que marcharme. Mi esposa me espera; nuestra luna de miel quedó inconclusa, por lo que tengo que compensarla
Saliendo del lugar sin mirar atrás, Seth, mantenía su semblante endurecido. Si Federico pensaba que lo humillaría de nuevo, estaba muy equivocado. Él le demostraría que su mayor error, fue despreciar a quien lo admiraba de verdad en el pasado, lo cual pagaría verdaderamente caro.