Chapter 2

Capítulo 2— ¿Dejar a Seth?

Narrador

Sintiendo el vestido cada vez más asfixiante, Nebra empezó a sentir la necesidad de salir de allí, huir del lugar. Federico, durante toda la fiesta, no le había quitado la mirada de encima, lo cual la incomodaba en sobremanera. Pidiendo disculpas a los presentes, se colocó de pie de la mesa familiar para colarse al baño de damas por algo de aire, y caminando hasta este, dio un respingo, cuando su hermana, Dalia, la siguió en silencio, tomándola por sorpresa

— Casi me matas del susto, Dalia

Soltando un sollozo llevando las manos a su pecho al verla entrar en el sanitario, Nebra recargó ambas manos en el lavado intentando procesar todo lo que estaba pasando, y llegando a su lado la jovencita de solo diecisiete años, preguntó conociéndola muy bien

— ¿Acaso esperabas a alguien más, Nebra?

Enarcando una ceja, Dalia cruzó los brazos a la altura de su pecho mientras esperaba una respuesta, y liberando el aire retenido, Nebra negó

— Por supuesto que no... Es solo que esperaba estar a solas.

Negando, Dalia supo enseguida que Nebra mentía de manera descarada, y apoyando una mano en su hombro, preguntó

— ¿Él es Federico, cierto? ¿El mismo hombre del que esperabas un hijo?

Llevando ambas manos a su rostro, Nebra reprimió las lágrimas al recordar al pequeño que no logró ver nacer por culpa de este hombre, y soltando un sollozo, admitió, sabiendo que su secreto estaba a salvo

— Así es Dalia. Es él... Ahora resulta que él es el padre de Seth...

Pensando que tenía la peor suerte del mundo al ser el padre de Seth el mismo hombre con quien tuvo un romance en el pasado. Nebra respiró un par de veces, intentando contenerse antes de regresar a la mesa, y fingir amar a su salvador, y abrazándola de pronto, Dalia murmuró

— Sé lo que significó, Federico para ti, pero no puedes olvidar todo lo que ese tipo te hizo, Nebra.

Asintiendo un par de veces con sus ojos cristalizados, Nebra se separó de Dalia, quien era su única razón para vivir, y sonriendo débilmente, soltó tomando su mano.

— Lo sé, Dalia. Eso no puedo olvidarlo. Ahora, debemos regresar. Seth espera a su esposa, y el show debe continuar

Apretando sus labios, sabiendo que lo que su hermana estaba haciendo no era nada fácil, Dalia bajo su rostro antes de caminar a la puerta, y tomando esta antes de salir, murmuró

— Nebra, eres una mujer fuerte, mi ejemplo a seguir. No olvides lo mucho que te quiero, y admiro.

Observándola con sus ojos cristalizados, Dalia salió a la fiesta en donde los presentes celebraban la unión de Nebra, y Seth, sin saber que todo era un arreglo para el obtener la dirección de la empresa familiar, y escuchando como la puerta del baño era abierta de nuevo, Nebra dijo sin mirar de quien se trataba, pensando que era su hermana quien se había regresado.

— No me digas que has vuelto por un abrazo, porque sabes que odio lo sentimental que eres.

Dignándose a elevar su vista después de unos segundos en silencio mientras lavaba sus manos, Nebra vio a través del espejo a Federico, quien solo la observaba con el mentón elevado.

— No sé a quién esperabas, pero no estaría tan mal si abrazas a tu nuevo suegro.

Frunciendo el entrecejo de su frente, Nebra se colocó erguida al ver ante ella al responsable de su sufrimiento, y girándose para verlo a la cara, dijo con repulsión

— Federico Arias...

Dando un par de pasos para acercarse a ella, el antes mencionado recorrió a Nebra, con su mirada de arriba a abajo, e introduciendo las manos en su bolsillo, respondió

— Así es... Ese soy yo, el padre del hombre con el que te acabas de casar

Tragando grueso ante esa realidad, Nebra elevó su mentón, deseando parecer que su presencia no removió nada en ella cuando sí lo hizo, y abriendo su boca, preguntó

— ¿Qué mierdas quieres, Federico? ¿Qué haces aquí corriendo el riesgo de que todos nos vean?

Sonriendo de lado con ciertos aires de superioridad, este negó al ver que Nebra no había cambiado desde la última vez que la vio. Seguía siendo desafiante, y obstinada como él la recordaba, lo que ocasionó su separación en el pasado.

—Solo vine aquí, por qué quiero saber ¿Qué crees que haces? ¿Casarte con Seth? ¿Acaso, al ver que no lograste atarme a ti, engatusaste a mi hijo?

Formando sus manos un puño, Nebra se contuvo para no mandarlo a la mierda en ese preciso instante, y empezando a reír, respondió

— Pues lamento decepcionarte, pero las cosas no son como tú piensas. Me casé con Seth por amor, porque es un hombre realmente maravilloso, y no por interés... Y por si lo olvidas, lo nuestro terminó, por tu culpa, después de obligarme a perder a nuestro hijo

Observándola verdaderamente molesto al recordarle esto, Federico se mantuvo firme en el mismo punto, y manteniéndose en silencio unos segundos, dijo

— Sabes muy bien que ese niño no tenía que nacer, que era un verdadero error... De haber nacido, se habría echado a perder todo.

Sintiendo cómo la herida que creía cerrada se abría, los ojos de Nebra se cristalizaron al recordar al pequeño que esperaba, y empezando a reír por lo ingenua que había sido al creer que él en verdad la amaba, soltó

— Cierto que si él nacía tu matrimonio ideal, el que no sabía que existía, se acabaría... Perdón, don Federico, por creer todas tus mentiras, por creer que me amabas de verdad.

Deseando salir de allí, Nebra pasó por su lado, y elevando su mano, Federico la sostuvo de su brazo antes de escapar.

— ¡Deja a Seth! Divorciate de él, y regresa conmigo...

Desviando la mirada a la mano que reposaba en su brazo, Nebra se mantuvo estática, por lo que acababa de escuchar ¿Dejar a Seth?, y tragando grueso, Federico siguió

— Permitiré que te embaraces de nuevo si es lo que quieres, que cumplas tu sueño de ser madre, pero debes dejarlo primero.

Observándolo a la cara, Nebra abrió su boca buscando las palabras necesarias para responder a tal propuesta, y sabiendo que ella aún lo amaba, siguió

— Solo sal de aquí, y acaba con este teatro de una buena vez. Tú, y yo sabemos que no lo amas.

Llegando a su mente los recuerdos de lo sucedido, Nebra tiró de su brazo sin pensarlo dos veces, y zafándose de su agarre, sonrió llena de incredulidad.

— Eres increíble, Federico. Durante el año que fui tu amante, inocente de la existencia de tu esposa, jamás te escuché tan desesperado. ¿Dejarme tener un hijo? Un niño que acabaría con la imagen de esposo perfecto que quieres transmitir. Esto es asombroso. La ambición te ha hecho caer muy bajo

Apretando sus labios al ver que la mujer ante él, no era la misma Nebra que creía todo lo que el decía, Federico supo que estaba en graves problemas

—No me da la gana. Amo a Seth, y así intentes matarme, no lo dejaré.

Con un par de lágrimas rodando por sus mejillas, Nebra le dio una última mirada a Federico, antes de salir del sanitario con algo de prisa, y chocando con una persona que no vio un par de pasos después, escuchó

—¿Estás bien?

Su tono característico hizo que la piel de Nebra se erizara al ver de quién se trataba, y limpiando las lágrimas al ser escaneada por sus enigmáticos ojos azules, solo asintió.

—Discúlpame, Seth, salí de prisa, y no te vi.

Centrando la mirada en el baño del que recién salía Nebra. Seth regresó la mirada a ella algo inquieto, y llevando la mano a su cintura, preguntó

— ¿Lista para seguir con este teatro?

Nebra, un poco nerviosa, apretó sus labios antes de seguir, y siendo guiada por su ahora esposo, regresaron a la fiesta en donde fueron el centro de atención como la nueva pareja.

Chapter 3

Capítulo 3— Abrumada

Narrador

Continuando con la fiesta, en un par de ocasiones a Seth, y a Nebra les tocó mantenerse en el papel de esposos, en donde no solo tuvieron que tomarse de las manos para un par de fotografías, sino que también tendrían su primer baile juntos, lo cual los tenía muy nerviosos.

—No olvides sonreír, los ojos de todos están puestos en nosotros.

Llevando una mano a la cintura de Nebra, este sintió cómo una descarga eléctrica recorría su espina dorsal, y tirando de ella con delicadeza, la atrajo a su cuerpo mientras tomaba su otra mano para empezar a moverse al ritmo del vals que empezaba a sonar.

—Pareces una novia real, Nebra.

Centrando su mirada en ella, Seth murmuró sin dejar de moverse al ritmo de la melodía, y abriendo su boca en busca de aire, ella se mantuvo en silencio unos segundos sin saber qué decir. Por más que él le había salvado la vida aquel día, y le había dado asilo en su casa, tras Federico dejarla en la calle, no era que ellos eran grandes amigos.

Todo lo opuesto, Nebra apenas veía a Seth al llegar a la casa agotado. Lo poco que ella hacía por él, era mantener todo en orden, ya que no quería ser una carga. Hablaban lo básico, por supuesto, ella siempre agradecida por su ayuda.

Sin despegar la mirada de él, Nebra seguía sin decir nada más perdida en sus ojos azules, y aclarando la garganta una vez que el silencio se hizo incómodo, Seth preguntó.

—¿Puedo saber por qué estabas llorando hace un rato en los sanitarios? Parecías alterada

Palideciendo ante la pregunta, Nebra sintió cómo sus piernas empezaban a temblar. ¿Acaso él había visto a Federico? De haberlo hecho, estaba perdida. Seth la había ayudado mucho hasta ahora, pero ella en ningún momento había contado a detalle todo lo que le había sucedido, ni quién era realmente el responsable.

—¿Nebra? ¿Sucede algo?

Al ver que seguía de la misma forma, Seth mencionó su nombre en un intento por hacerla reaccionar, y apretando su cintura mientras bailaban, Spencer regresó a la realidad.

—Me siento un poco abrumada, Seth… Todo esto va muy rápido. Hace dos semanas me pediste que me casara contigo, ahora, estoy aquí rodeada de personas desconocidas, solo Dalia es importante para mí.

Asintiendo, sabiendo que tenía razón, Seth liberó el aire retenido en sus pulmones. Sabía que esto era difícil para ella. Generalmente, las mujeres, cuando caminaban al altar, ven este día como algo especial al casarse por amor, pero ella, lo estaba haciendo solo por él, para ayudarlo en su plan.

Bajando su rostro un poco, Seth acercó sus labios a la mejilla de Nebra, y sintiendo cómo su aliento caliente chocaba con su piel, murmuró

—Eso lo sé, Nebra, y de verdad te lo agradezco.

Separándose de ella, Seth le regaló una sonrisa que hizo que el corazón de Nebra se agitara, y negando tratando de salir del aturdimiento que ocasionó su cercanía, respondió

—No tienes nada que agradecer, todo lo opuesto. Soy yo quien está en deuda contigo.

Siguiendo la pieza de baile, que parecía ser eterna, Nebra recostó su rostro en el pecho de Seth, y apoyando la mejilla en su cabeza, el líbero un poco de aire. Esto se trataba de un matrimonio arreglado, de un pacto entre los dos para obtener lo que querían, por lo que los sentimientos no debían de existir.

Terminando la canción, los demás invitados ingresaron a la pista de baile, y llegando a su lado Federico, y Liliana, este dijo una vez frente a ambos.

—¿Nos conceden la siguiente pieza? Liliana quiere bailar con su hijo, y yo… Conocer mejor a mi nuera.

Apretando su mandíbula al ver el descaro de su padre, Seth se sintió tentado de echarlo de la fiesta, pero sabiendo que el lugar estaba repleto de personas, se contuvo, y procedió a liberar la mano de Nebra, quien rogaba mentalmente para que su esposo se negara.

—Solo será una canción, una vez termine trataremos de irnos de aquí.

Murmuró Seth cerca de su oído antes de ser interrumpido por su madre, quien lo halaba, y tomándola de la cintura Federico, la segunda canción inició.

— ¿Qué has pensado de lo que te propuse hace un momento?

Empezando a moverse al ritmo de la música, Nebra sintió repulsión por su pregunta ¿Cómo podía ser tan descarado este hombre? Se encontraba en esa fiesta con su esposa, y pretendía que ella enviara todo a la mierda, así nada más. Después de lo que él le hizo, estaba verdaderamente demente

— Tu silencio me dice que lo pensarás. Nebra, te conozco tan bien, que sé que aún me amas

Cerrando los ojos, Nebra siguió moviéndose al ritmo de la música, mientras sentía que el toque de Federico la quemaba, y remojando sus labios al ver que ella se mantenía en silencio, agregó

— ¿Te dije lo bien que te queda ese vestido?

Dándole una mirada cargada de desprecio, Federico sonrió ante la inexistente respuesta de su antigua amante, y acercando sus labios a su mejilla, volvió a decir.

—No finjas que ya no te gusto ¿Acaso olvidas lo mucho que nos divertíamos juntos?

Sintiendo cómo su respiración empezaba a agitarse, y las ganas de golpearlo la invadieron. Nebra con ambas manos, empujó a Federico para alejarlo de ella, y girándose en sus talones, solo abandonó la pista de baile, para dirigirse al jardín del lugar para tomar algo de aire.

— ¡Maldito desgraciado!

Con un par de lágrimas descendiendo por sus mejillas, Nebra tomó la falda de su vestido para caminar un poco más rápido, y llegando al final del sendero rodeado de flores, una vez frente a la fuente, se detuvo para pensar con claridad

¿Qué podía hacer? ¿Salir corriendo? Ya estaba hundida hasta el cuello con esta farsa, por lo que tenía que seguir a toda costa

— ¿Has venido por un poco de aire?

Escuchó a su lado una voz desconocida que la hizo dar un respingo de la impresión, y girándose para ver de quién se trataba, observó a un hombre al cual jamás había visto en su vida

— Nebra ¿no? Por lo que veo Seth va en serio con el asunto de asumir la dirección, el muy desgraciado se casó.

Llevando el cigarrillo que tenía en su mano a sus labios, este desconocido con aires despreocupados, y traje desarreglado, caminó hasta colocarse de pie a su lado, para ver el agua de la fuente fluir, y liberando una bocanada del humo, agregó.

— Por cierto, me llamo Simón. Soy el hermano menor de Seth. Bienvenida a mi peculiar familia.

Bajando su rostro, Nebra sonrió al parecerle Simón, un joven agradable, y llevando de nuevo el cigarro a sus labios, exhaló otra calada de humo.

— Por cierto, somos algo complicados, no te tomes nada personal.

Limpiando las lágrimas que ya se habían secado de sus mejillas, Spencer le sonrió débilmente, y escuchando cómo un par de pasos se acercaban a ellos, ambos se giraron para ver quién era.

— Estas aqui…

Acercándose a Nebra algo agitado por la caminata, Seth con sus enigmáticos ojos la recorrió para ver si estaba a salvo, y tomando su mano, le preguntó

—¿Sucedió algo?

Negando, Nebra apretó sus labios para no decir algo de lo que se pudiera arrepentir, y centrando su mirada en Simón, dijo.

—Por lo visto, ya has conocido a mi esposa.

Tirando el cigarrillo una vez terminado, Simón lo pisó con su zapato, y dando un par de pasos hasta quedar junto a Seth, respondió.

—Por supuesto. Muy agradable por cierto. Por desgracia, todos sabemos que esto es una farsa, solo para hacerte con la dirección de la empresa.

Sonriendo de lado, Seth negó al ver que su hermano seguía siendo el mismo de hace 5 años atrás, directo, y sin condescendencias, y palmeando su hombro, agregó.

—¿Tú lo crees, Simón? Yo digo que no. Yo amo a esta mujer.

Girándose hacia su hermano, que lo observaba con el ceño fruncido y los labios apretados, claramente incrédulo. Seth extendió su brazo para tomár la cintura de Nebra, y atrayéndola con firmeza hacia él. Sintió su suave respiración detenerse, pero no retrocedió.

—Me casé con ella porque la amo profundamente, no por la absurda imposición del abuelo.

Dijo con voz firme, manteniendo su mirada fija en la de su hermano. Pero cuando notó que aún había dudas en sus ojos, Seth decidió que las palabras no serían suficientes. Sin vacilar, inclinó la cabeza y buscó los labios de Nebra. El primer contacto fue suave, casi como una caricia, pero en un instante el beso se volvió más profundo, más urgente. Su lengua rozó la de ella, encontrando una respuesta que lo sorprendió. Nebra, que al principio solo recibía el beso, pronto deslizó sus manos por sus brazos hasta llegar a su pecho, agarrando su camisa con fuerza, como si aferrarse a él fuera inevitable.

Seth no pudo evitar un suave gemido contra sus labios, hundiendo los dedos un poco más en su cintura, atrayéndola aún más cerca. Nebra respondió con igual intensidad, olvidándose por completo del motivo de aquel beso. Por un momento, todo lo demás dejó de existir; su hermano, las dudas, el acuerdo que ambos sabían que había detrás de aquel matrimonio.

El sonido de la voz de Simón los devolvió a la realidad.

—Si tú lo dices, Seth… Fingiré que te creo, ahora regresaré a la fiesta antes de que nuestra madre se vuelva loca. Por cierto, Felicidades.

Ambos se separaron, jadeando ligeramente, pero sin dejar de mirarse. Los ojos de Seth estaban cargados de un fuego que apenas podía contener, mientras Nebra intentaba recomponerse, sin éxito.

—¿Ya se ha ido?

Preguntó Seth, rompiendo el hechizo con voz grave, y asintiendo, Nebra, confirmó que estaban solos. Luego, como si su toque hubiera sido un arma de doble filo, la liberó, dio un paso atrás y se aflojó la corbata para poder respirar.

Nebra lo observó, confusa y con el corazón latiendo desbocado, mientras Seth volvía a su postura habitual, como si nada hubiera ocurrido.

— Ya el auto nos espera. Vamos a despedirnos de los invitados, y larguémonos de aquí.

Tomando su mano, Seth pretendía regresar con su esposa al salón, para la escena final, y deteniendo su andar, ella preguntó muerta de pena.

— ¿A dónde se supone que vamos?

Reteniendo un poco el aire, Seth se mantuvo en silencio unos segundos, y decidiéndose a hablar al fin, dijo algo que dejó a Nebra, rígida.

—A nuestra luna de miel.

Chapter 4

Capítulo 4— Error

Narrador

Manteniéndose en silencio mientras se dirigían al destino previsto para la luna de miel, Nebra se encontraba sumergida en sus pensamientos, lo sucedido durante la fiesta la tenía trastocada, no solo el hecho de descubrir que Federico era el padre de Seth, sino también el beso compartido, ese beso en donde sintió algo más que un simple contacto físico. Con su mirada fija en la ventana del avión, como si hubiese algo muy interesante afuera, las imágenes no dejaban de llegar a su cabeza sin dejar de repetirse, y exhalando algo de aire, supo que tenía que detenerse o enloquecería.

Por otra parte, Seth por más sereno que parecía, en su interior una guerra tenía lugar. Los pensamientos no dejaban de perturbarlo. La decisión tomada de casarse, justo en este instante, empezaba a pesar, haciéndolo cuestionarse si había hecho lo correcto. Remojando sus labios, este pasó las manos por su rostro en un intento por mantener la calma, y mirando de reojo a su ahora esposa, el corazón se le aceleró de tal manera que sintió algo de temor.

Cuando la besó frente a Simón, lo hizo en un intento desesperado para demostrar lo real que era su matrimonio, no para crear una imagen difícil de olvidar.

Llegando a su destino al fin, Roma, y tras un par de horas más de vuelo, fueron recibidos por el personal dispuesto por su abuelo, y siendo llevados al hotel, una vez en la privacidad de la habitación, Nebra se atrevió a romper el incómodo silencio.

—¿Dormiremos en la misma habitación?

Centrando su mirada en ella una vez más, Seth empezó a desabrochar los botones de su saco, sintiendo la habitación cada vez más pequeña, y dejándolo a un lado sobre el sofá, respondió.

—Me temo que sí. Como ya vistes antes de salir de la fiesta, este fue un regalo del abuelo, por lo que no tengo mucho por hacer, solo seguir la corriente. Si te hace sentir mejor, no te haré nada.

Observando la cama, con las dimensiones de esta tranquilamente, los dos podrían dormir sin molestar al otro, por lo que solo caminó hasta el equipaje para tomar su ropa antes de dormir, tranquila, sabiendo que nada sucedería

—Me daré un baño, ya regreso.

Empezando a desprender los botones de su camisa, Seth se aproximó al baño antes que Nebra, dejando ver su espalda desnuda, y cerrando la puerta sin esperar respuesta alguna. La dejó en la habitación a solas, sintiendo que un calor inexplicable la invadía

¿Qué había sido eso? ¿Por qué se alteró si solo vio su espalda?

Tomando asiento en la cama, Nebra agitó sus manos en un intento por refrescarse, y escuchando cómo el agua empezaba a caer, agitó su cabeza para no imaginar cosas con su ahora esposo

— Mejor respira, Nebra... Es el hijo de Federico. El mismo hombre que te salvó, deberías estar agradecida, no imaginando cosas que jamás pasarán.

Regresando a su valija con manos sudorosas, Nebra alcanzó a buscar una pijama lo suficientemente cubierta como para no incomodar a Seth, y escuchando como la puerta se abría de pronto, elevó su mirada para verlo solo en toalla, con el cabello mojado, las gotas de agua corriendo por su pecho, lo cual ocasionó que abriera su boca levemente.

En el tiempo en que habían convivido juntos en su casa, en donde le dio asilo, ella jamás lo había visto sin camisa, por lo que ahora podía notar que tenía un par de tatuajes, en su pecho, y parte de su brazo derecho, los cuales no detalló bien debido a la distancia

—¿Qué es lo que ves?

Sintiendo la mirada de Nebra, Seth elevó su vista descubriendo que lo observaba en silencio, y secando su cabello, preguntó sin rodeos con una pequeña sonrisa en sus labios.

—Tienes tatuajes, no lo sabía

Bajando su rostro algo avergonzada al ser descubierta, Nebra sintió cómo sus mejillas ardían. ¿Acaso ahora era una pervertida que no podía parar de mirarlo? Tomando su ropa una vez más, se regañó mentalmente, y pasando por su lado, se encerró en el baño, recargando la cabeza en la puerta mientras la imagen de Seth casi desnudo no se borraba de su mente.

—Tengo que bañarme... Mañana será otro día.

Caminando al lavado, dejó su ropa a un lado, y deshaciéndose del vestido de novia, el cual cayó al suelo por su propio peso, se mantuvo en silencio mientras pensaba. Por más que quería, no podía dejar de recordar a su esposo, lo cual la hacía sentir como una mala mujer.

—Esto es una boda por conveniencia, Nebra... Solo eso.

Se dijo a sí misma mirándose en el espejo. Caminando a la ducha, se sumergió bajo el agua que caía con la esperanza de que esta borrara la culpa que sentía por desear a Seth, y saliendo un par de minutos después, cuando sintió que era suficiente, se preparó para regresar a la habitación

—¡Vamos, Nebra! Solo serán un par de días.

Exhalando algo de aire, extendió su mano para tomar el pomo de la puerta, y girando este, salió a la habitación en donde la esperaba Seth acostado plácidamente sobre la cama.

Tragando grueso al ver que solo vestía un pantalón de chandal con las manos bajo su nuca, y su torso descubierto, Nebra empezó a caminar a la cama, sintiendo cómo el calor la invadía de nuevo, y tomando asiento en el borde de esta, bajó su rostro antes de colocarse cómoda

—Nos quedaremos aquí solo un día... Para mañana en la noche, regresaremos. Martín creará una situación por la que tenga que regresar inmediatamente.

Una vez Nebra estuvo a su lado, Seth le contó lo que tenía planeado al notarla incómoda, y observando solo el techo sin saber qué decir, ella asintió.

—No creo que quieras quedarte mucho tiempo, por más hermosa que sea Roma, es desconocida para ti. Aunque mi abuelo pagó todo un tour por la ciudad.

Remojando sus labios, Spencer se sintió tentada a decir que sí, que se quería quedar allí para conocer el lugar, pero sabiendo que Seth era un hombre ocupado, no quiso estropear sus planes.

— Está bien si nos vamos mañana.

Observando a un lado, Nebra vio cómo Seth se giraba para verla mejor, y dándole la espalda, apagó la lámpara sobre la mesita de noche, intentando fingir que dormiría.

¿Quién podría hacerlo teniendo un hombre como él en su cama? Solo una loca lo haría, y ella ni era una cosa, ni tampoco ciega, por lo que sentía que moriría esa misma noche, teniendo esa tentación tan cerca.

Cuando Seth se movió ligeramente, acercándose apenas unos centímetros, Nebra lo sintió tan cerca que un suspiro escapó de sus labios.

—¿Qué te sucede?

Preguntó él en un tono bajo, haciendo que su voz ronca la estremeciera. Ella giró el rostro hacia él, tratando de ocultar su nerviosismo, pero cuando sus ojos se encontraron, fue como si el tiempo se detuviera. Antes de poder evitarlo, Seth se inclinó y la besó. Fue un beso breve, casi tímido, pero suficiente para encender algo entre ellos.

—No deberíamos...

Comenzó a decir Nebra, pero en un movimiento rápido, Seth se giró hacia ella, quedando parcialmente sobre su cuerpo, apoyando un brazo en la cama para no aplastarla. Sus ojos la buscaron por un instante antes de inclinarse nuevamente y tomar sus labios con una fuerza que la dejó sin aliento.

El beso fue intenso desde el principio, profundo y cargado de un deseo que ya no podía contener. Nebra sintió cómo la lengua de Seth se deslizaba contra la suya, explorándola con un hambre que la hizo temblar. Su cuerpo quedó atrapado bajo el de él, y la calidez de su pecho desnudo la encendió aún más.

Sus manos encontraron refugio en los hombros de Seth, mientras él recorría con los dedos la curva de su cintura, aferrándola como si temiera que ella pudiera desaparecer. Sus labios se movían en un compás apasionado, alternando entre el roce suave y mordidas sutiles que hacían que Nebra soltara pequeños suspiros.

El peso de Seth sobre ella era firme, pero no opresivo, y la cercanía de sus cuerpos hacía imposible ignorar la intensidad del momento. Sus respiraciones se mezclaban, cada vez más rápidas, mientras el beso continuaba, quebrando cualquier barrera que quedara entre ellos.

Cuando finalmente se separaron, ambos estaban jadeando, con sus frentes apenas rozándose, pero aun sin atreverse a romper el contacto completamente. Nebra cerró los ojos, tratando de calmar el caos que el beso había dejado en su interior, mientras Seth permanecía inmóvil, como si aún procesara lo que acababa de suceder.

—Esto fue un error.

La voz de Nebra temblaba, aunque trataba de sonar firme, cuando en realidad todo su ser había sido trastocado por ese contacto.

—Sí, tienes razón. Un gran error

Repitió él, aunque su tono no parecía convencido. Se apartó un poco, pasando una mano por su cabello desordenado, evitando mirarla directamente.

—Voy a dormir en el sofá. Para que no haya más... errores.

Nebra asintió, sin encontrar palabras para responder. Lo observó levantarse, tomar una manta del armario y dirigirse hacia el sofá, sin mirar atrás.

—Buenas noches

Dijo Seth, antes de acomodarse en el sofá, a escasos metros de ella

—Buenas noches

Murmuró Nebra, apenas audible, sintiendo cómo su corazón palpitaba sin control. La habitación quedó en silencio, pero la tensión entre ellos permaneció en el aire, imposible de ignorar.

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