Todo marchaba de maravilla, hasta que Hades llego un día con bastante dinero, más de lo habitual, mucho más, y Macarena se preocupó, hacía unos días lo observaba ansioso, preocupado e incluso con un brillo frio y espeluznante en sus ojos.
— ¿Qué es esto? — pregunto la latina al tiempo que se sorprendía por la cantidad de dinero que veía.
— Pedí un préstamo, no te preocupes, quiero que lo uses para todo lo que creas necesario, no temas gastarlo. — el pecho de Macarena se oprimió, en esos cuatro meses Hades se había convertido en alguien importante en su vida, alguien muy importante.
— Pero… ¿Por qué dices eso? ¿Acaso me dejaras? — y por tonto que parecía ella sentía que la estaba abandonando, cuando en realidad eran amigos, solo amigos se repitió.
— Jamás te dejare, jamás los dejaré. — dijo observando a Diego que también lo miraba con preocupación.
— ¿Entonces? — cuestiono el niño de 12 años y quien había aprendido a ver a Hades como un ejemplo a seguir.
— Debo viajar por un problema que hubo en la empresa donde trabajaba, uno de los últimos contratos que hice, no sé, encontraron un problema, me explicarán más al llegar y no sé cuánto me demore, por lo que me quiero asegurar que estarán bien mientras regreso. — Hades se sentía dividido, necesitaba regresar a Nueva York, habían atacado la mansión Zabet, el hogar de sus tíos, el loco de Arkady Neizan se había atrevido a atentar contra su familia, y además su ahijada, la hija de su prima Victoria había nacido, debía ir. Por más que no quisiera dejar sola a su latina.
— Pero volverás, ¿verdad? — dijo la joven morena reteniendo las lágrimas.
— Puedes estar segura de que siempre regresare por ti… por ustedes. — juro mientras se perdía en el caramelo líquido que eran los ojos de Maca.
En el momento que Hades la abrazo, descubrió que se había enamorado de esa latina. El ángel de la muerte grito en su mente algo que en ese momento no pudo decir.
Te amo Macarena.
Años después.
Mateo Zabet regreso a su hogar un año antes que sus hermanos, la universidad de Canadá fue casi un juego para el joven de 20 años, de todos en la familia era el que más destacaba por su inteligencia y uno de los pocos que no había desertado con los estudios, paso unos días en la gran mansión, donde fue recibido por sus padres Candy Ángel, Amir Zabet y su hermano Eros, se tomó una semana para saber cómo estaba su familia, Eros quien era el mayor, seguía tan enamorado como el primer día de su esposa Lucero, la princesa de los Bach, quien se estaba preparando para asumir como cabeza de la familia más poderosa del mundo, ambos seguían cuidando del hijo de su difunta prima Dulce y su esposo Tiago, el pequeño Horus, ya no era tan pequeño, Zafiro seguía tan feliz y letal como siempre junto a su mafioso ruso criando al pequeño Lukyan, Rosita, su hermana adoptiva también vivía feliz junto a su hija Violeta y su esposo… un Bach, que no terminaba de convencer a nadie de la familia de ser lo que ella merecía, y luego estaban sus mitades, como ellos se llamaban, eran quintillizos y de una u otra manera estaban conectados, Victoria quien era ciega estaba embarazada por segunda vez, parecía que la mafia Siciliana seguiría creciendo, Ámbar cada día estaba más loca, aun le quedaba un año para terminar la universidad en España, aunque debía admitir que lo tenía alucinando el hecho que la loca de Ámbar se hubiera encariñado tanto con los mellizos Constantini, siempre se la veía con los casi adolescentes a su lado y eso que ya no era su niñera, Felipe estaba raro, más de lo habitual, no contaba mucho de su vida, algo raro sucedía, no faltaba mucho para su tan soñada boda con su sicario apodado el caimán, algo raro pasaba con ellos, cualquiera pensaría que estaban ocultando a un hijo, pero era algo imposible, eran dos hombres, lo que sea que mantuviera al pequeño rubio en Chicago y no corriendo a Nueva York para ver a Mateo, el de ojos celeste lo averiguaría, tarde o temprano, mientras Stefano sufría, siempre dijeron que los Zabet amaban con locura pero lo que le sucedía a su hermano le parecía ridículo.
— ¿Abandonaste la universidad para buscar a una mujer? — esto era algo inaceptable para Mateo, aunque nunca admitiría que él lo pensó, claro que Mateo pensó en dejar todo he ir por ella.
— No lo entenderías, tú no sabes lo que es el amor, además… — Stefano parecía otra persona, ya no tenía ese temperamento que lo metía en tantos problemas.
— ¿Además? — lo apremio, porque podría no saber lo que era el amor, pero sabía lo que era perder a alguien o mejor dicho dejarla ir.
— Creo que tiene un hijo mío. — termino de decir su secreto, jamás le había dicho a nadie, pero ahora se lo confiaba a una de sus mitades.
— ¿Qué mierda? ¿Cómo qué crees? — Mateo se permitió tomar un poco del wiski que su padre tenía en la oficina de la mansión, quizás se le había hecho un habito en los últimos 3 años, desde que la perdió, a ella, Elizabet.
— Hicimos el amor, el preservativo se rompió y no quería perder tiempo, era su primera vez y me aproveche de eso, creyó que era su sangre la que sentía y no mi semen. — reconoció con vergüenza, y Mateo lo vio con dureza antes de hablar.
— ¿Por qué rayos no le advertiste? Podría a ver tomado la píldora del día después. — Mateo estaba enojado, no podía creer que su hermano engañara a una mujer.
— Tenía miedo de que se enojara, ella es tan temperamental como lo era yo, ¿entiendes? Nos amábamos, pero también nos lastimábamos por igual, o mejor dicho yo la lastimaba, provocando su furia, pasaron dos semanas y estaba atentó a ella, al primer síntoma de embarazo le pediría matrimonio, arreglaría todo, pero entonces Arkady jugo con mi mente, el bastardo estaba furioso porque Vicky estaba con Alessandro y lo había despreciado. — veía como los músculos de los brazos de Stefano se trenzaban, definitivamente había aprendido a controlar su furia, si esto hubiera pasado dos años atrás… estaría destrozando todo a su paso.
— ¿Qué fue lo que hiciste realmente? ¿Por qué ella huyo de ti? — lo suponía, aun recordaba el día que Stefano casi golpeo a Victoria, y todo por estar drogado.
— No lo hizo, no importo lo bestia que fui, ella no huyo de mi… — recordó el rubio mostrando una sonrisa tan rota como su alma. — Arkady me aseguró que me engañaba, sabes que tenía problemas de ira, yo… la golpee y luego en lugar de tratar de escucharla, la deje y comencé a salir con Dalila, mientras comenzaba el tratamiento para dejar las drogas, mi hermosa morena solo lo soporto dos meses, veía el dolor en sus ojos cada vez que me veía besar a Dalila, un día trato de hablar conmigo, dijo que tenía algo importante que decir, ya estaba en tratamiento para manejar mi ira, esas ganas de destruir todo, pero aún estaba demasiado lejos para mantener la calma, primero le dije que sí, que hablaríamos, pero luego la vi abrazada de Milco su compañero de clases, le grite delante de todos, la trate de lo peor, a los dos días la vi salir de la rectoría, sus ojos estaban hinchados, se notaba que había llorado, se veía tan mal, pero no me acerqué, aún recuerdo cómo me miro, sus ojos imploraban por mí, pero justo llego Dalila y comenzó a besarme, cuando regrese mi vista, ella ya no estaba, paso una semana y no había rastros de Macarena, entonces fui a pedirle explicaciones a Milco, creí que ellos tenían algo, cuando él me dijo que no eran nada y que ese día solo la ayudo porque Maca estaba mareada y había estado vomitando toda la mañana lo supe, estoy seguro que ella estaba embarazada, estoy seguro que eso era lo que queria decirme. — una de sus mitades se quemaba en el infierno, ardía en las llamas de la incertidumbre, y Mateo comenzaba a sentir la desesperación de Stefano.
— Pero ella ¿Qué te dijo? — indago sirviéndose otra copa, algo que, para Stefano, no pasó desapercibido, pero no dijo nada, Mateo siempre sabía lo que hacía o eso creían todos.
— Nada, no la pude encontrar, ella dejo la universidad, ese día que la vi y ni siquiera pude obtener su dirección, jamás en el tiempo que salimos le pregunté exactamente donde vivía, solo disfrutaba estando a su lado, tocarla, besarla.
— Stefano, quizás estaba enferma del estómago, quizás…
— ¿Y si no? Ella estaba en Rusia por una beca, vi el diminuto cuarto en el que vivía, si tiene a mi hijo y están pasando hambre, frio, si se enferma, ¡Dios hay días que creo que me volveré loco!
Mateo consoló a su hermano, el dolor de uno siempre seria compartido por los demás, pero, aun así, la vida seguía, cada uno tenía cosas que hacer.
No le llevo mucho tiempo a Mateo montar su propia empresa, desde que era un niño lo había decidido, un año llevaba siendo su propio jefe, y si bien en un principio quiso ayudar a su hermano Stefano, pronto se vio abocado a sus problemas, Ámbar había regresado de la universidad y era un peligro para todos, en especial para el negocio de Mateo, la joven se había acostado con uno de sus inversionistas que era casado y su esposa se había enterado, generando un gran problema.
— No me grites Mateo. — dijo la rubia poniéndose de pie.
— Agradece que solo te grite, no me importa con quien duermas, solo ¡no interfieras en mis negocios! — la advertencia fue seguida de un golpe de puño en su escritorio y su hermana se largó sin siquiera cerrar la puerta de la oficina.
Mateo camino a cerrarla no quería ver a nadie, porque estaba seguro de que en ese momento sería capaz de descargar su enojo en algún pobre trabajador, pero se detuvo en el marco de la puerta, y sus ojos se abrieron con sorpresa al ver un trasero grande y redondo, la joven estaba en una posición muy comprometedora y a él le tentaba darle una nalgada.
— ¿Y tú quién eres? — Su voz sonó furiosa, aun le duraba el enojo por el contrato perdido. De forma automática la joven se levantó y quedo dándole la espalda, la cual se notaba tensa, giro lentamente, mientras Mateo descubría que sus piernas eran cortas, ya que aun con los grandes tacones que llevaba se veía pequeña.
— Se…señor…yo…MACA…Macarena, soy Macarena Fernández. — dijo temblando como una hoja, sus ojos color chocolate brillaban de una forma única, y sus labios gruesos invitaban a querer besarlos.
— ¿A qué sector perteneces? — indago el hombre mientras la veía de forma descarada.
— Recados, soy la chica de los recados.
Mateo cerró la puerta casi en la cara de la joven, estaba asustado, no entendía que le pasaba, ¿Por qué su corazón latía de forma errática?
Necesito dos años para descubrir que estaba enamorado de ella, dos años en los cuales no perdía detalle de aquella mujer, esa latina que levantaba suspiros entre los hombre y los cuales él se encargaba de despedirlos por una u otra razón, 730 días en los que Mateo hizo hasta lo imposible por llamar su atención, pero ella siempre huía de él, parecía un conejo asustado y él un lobo hambriento, no entendía porque, era guapo, lo sabía, estaba en el cuarto puesto de los empresarios más sexy, superado por sus hermanos Eros, Stefano, y su cuñado Santoro, tenía dinero, era soltero, entonces…
— ¿Por qué mierda no me miras? — dijo una vez más apretando sus puños, la acababa de cruzar en el pasillo y como siempre ella corrió su cara, como si viera al demonio. Unos golpes en la puerta lo sacaron de su miseria.
— ¡Adelante! — grito producto de la frustración que sentía.
— Ho…hola se…señor. — Ante él la mujer que lo traía loco los últimos dos años, mirándolo desde la puerta, con el temor grabado en su rostro.
— Pasa. — dijo con molestia y sin entender porque actuaba así con él, solo con él su voz temblaba.
— Señor Zabet, lamento interrumpirlo. — podía verla temblar y tenía ganas de preguntar ¿por qué?
— Dime que necesitas. — la joven abrió sus ojos y Mateo se dio cuenta que su voz salió sumamente suave y seductora.
— Señor Zabet, yo… quería saber si puede autorizar un préstamo… para mí. — termino diciendo en un susurro y bajando su mirada.
— ¿El sueldo no te alcanza? — Sin querer la voz del hombre salió con un poco de burla, sabía que le pagaban bien, él había ordenado que aumentaran su sueldo cada tres meses.
— No, digo sí, pero necesito 250 mil dólares. — Desesperación, eso gritaban sus ojos y Mateo al fin tuvo la llave para llegar a ella.
— Lamento informarle que no doy préstamos.
— Pero si se les han otorgado a otros empleados. — podía ver que esa latina tenía carácter, sus cejas casi chocaban y la veía apretar sus puños conteniendo su enojo.
— Empleados, pero tú solo eres una simple chica de recados, dime, ¿lo consideras un verdadero trabajo? Creo que incluso te pagan más de lo que vales. — su mente de empresario le jugó una mala pasada, no lo pudo evitar, la deseaba, la veía como el mejor negocio de su vida, ese que llevaba dos años persiguiendo y ella ni cuenta se había dado.
— No es necesario ser cruel, señor, lamento quitarle su valioso tiempo. — la vio parada frente a él, tan indefensa, tan vulnerable.
— Soy un hombre de negocios, dime, si te doy el dinero que necesitas ¿Qué garantía me darías?
— Lo que usted quiera. — Dijo sin pensarlo — Vera yo necesito ese dinero porque…
— No me interesa el porqué, y te daré todo lo que pidas, con una condición. — la interrumpió mientras sonreía y ella como acto reflejo retrocedió, grave error, él iba a poner como condición que le diera la oportunidad de conocerse mejor, pero ante el gesto de la joven su mente le dio un plan mejor a seguir.
— Cu… ¿cuál?
— Tú serás mía, cada vez que yo lo requieras. — no perdió tiempo en ver su cara, estaba seguro de que lo rechazaría, tomo unos documentos de su escritorio y trato de leerlos, algo imposible estando ella allí.
—… — pasaron unos minutos que parecieron eternos, hasta que Mateo al fin levanto su cara.
— No tengo todo el día, soy un hombre ocupado.
— Yo… — Mateo la vio indecisa y ataco una vez más.
— Toma, te espero en este hotel hoy, se puntual, si no llegas me daré por enterado que no te interesa hacer negocios conmigo.