Maca, como le decían sus padres, lo hizo sufrir un poco, ella no era alguien sumisa y si bien las cosas que sentía por aquel joven eran fuerte y auténticas, no le gustaba recibir órdenes de nadie, pero al fin acepto, grande fue su sorpresa cuando al llegar a la universidad al día siguiente no lo encontró, creyó que estaba enfermo, por lo que lo llamo, pero no hubo respuesta alguna, así fue por semanas, poco a poco todo volvía a lo que fue en un principio, la acosaban y molestaban, ya su protector no estaba, había desaparecido.
— ¿Te abandonaron latina?
— Déjame tranquila Damián o le diré a Stefano. — trato de amenazarlo, pero la verdad era que ni siquiera sabía dónde estaba su ángel.
— ¿Sabes que es lo que más me molesta de tu gente? — dijo el ruso con cierto desdén en su voz, como si ella fuera de otro planeta, otra especie y no de otro país.
— No y para ser honesta no me interesa.
— Son tan soñadores, tan débiles tan… fáciles de engañar. — Maca dejo de caminar y giro sobre sus talones, observando al ruso que sonreía con regocijo.
— ¿Fácil de engañar?
— Stefano solo se divertía contigo, aunque debo admitir que le hiciste ganar mucho dinero, eras la novatada del año, una apuestas. — termino diciendo en su oído ya que se había acercado a paso lento a donde la joven estaba.
— Estas mintiendo, solo quieres molestarme. — dijo tratando de no caer ante la rabia y el dolor que sentía.
— Si no me crees pregúntale a Maciel cuanto gano Stefano por salir contigo.
Macarena continúo su camino, no quería creer en Damián, pero había muchas cosas que no cuadraban, Stefano jamás la llevo a su departamento, siempre era él quien llamaba, y ahora que era ella quien lo necesitaba contactar, Stefano había desaparecido, como si nunca hubiera existido, pensaba dejar todo allí, esperaría a que Stefano regresara de donde quiera que este y charlaría con él, pero antes de regresar al departamento que alquilaba encontró a Maciel.
— Maciel. — llamo al joven que estaba con otros dos que eran compañeros departamento de Stefano.
— ¿Qué quieres? — ante la ausencia de su ángel guardián todos dejaban de usar la máscara amistosa que ponían cuando estaba con Stefano, incluso los compañeros de departamento de él.
— ¿Cuánto gano Stefano por pedirme ser su novia? — dijo tratando de sonar indiferente y como si siempre lo hubiera sabido.
— Veinte mil dólares americanos, aunque más lo hizo por diversión él no necesita dinero, tiene de sobra, ahora piérdete.
La molestia que reflejaba Maciel le dejaba en claro que no estaba mintiendo, a la única que le habían visto la cara fue a ella, camino de regreso a su departamento, mientras se regañaba mental mente por ser tan estúpida, todos esos años evitando caer en la trampa de algún hombre y tuvo que ir a otro continente para caer como idiota.
— Morena, casi me vuelvo viejo de tanto esperarte. — Stefano la esperaba en la puerta de su departamento como si nada hubiera pasado, como si no hubiera desaparecido por semanas.
— Hijo de puta. — fue todo lo que la joven dijo antes de mostrarle la furia de una latina.
MESES DESPUES.
Macarena al fin regresaba a su país, ese que tantas veces tacharon de subdesarrollado, la sudaca como muchos le decían, al fin estaba en casa, pero no había felicidad, solo tristeza, no solo regresaba con el corazón roto gracias a Stefano, estaba en su tierra natal por algo mucho peor, sus padres habían muerto en un desafortunado accidente, ya no estaban y ahora debía asumir la responsabilidad de cuidar a su hermano menor, ¿Qué podría hacer con 19 años y sin estudios universitarios? No solo eso, ahora su hermano de 12 años era su responsabilidad, sentía que el aire no llegaba a sus pulmones, sentía que todo se oscurecía a su alrededor, estaba sola, ella y su dolor, dio un paso más y sus piernas se doblaron, pero antes de que pudiera tocar el piso un hombre de unos 28 años la atrapo, sus brazos la envolvieron y sus rostros casi chocaron.
— ¿Te encuentras bien? — unos ojos celestes como el cielo mismo la observaban con preocupación.
— Sí, sí, gracias. — pero mientras trataba de mostrarse segura y tranquila, sus lágrimas la traicionaron y comenzaron a caer.
— No, no estás bien. — dijo el desconocido, ajustando su agarre y llevándola a un café cercano.
Una vez que se sentó trato de tranquilizarse, era algo vergonzoso estar de esa manera en frente de un desconocido, pero es que ahora su vida sería así, estaría rodeada de desconocidos, ya no le quedaba nadie, solo Diego.
— Toma este café, té sentirás mejor. — Maca clavo sus ojos marrones en el hombre, no pudo evitar ver lo guapo que era y se maldijo por pensar algo así en ese momento.
— Gracias y disculpa la molestia. — dijo con pena, el hombre le dedico una sonrisa sincera tratando de tranquilizarla.
— No es molestia, tengo muchas primas, casi hermanas, dos rondan tu edad, me gustaría que si algún día están en apuros alguien las ayudara.
— Debe ser maravilloso tener quien se preocupe por ti. — respondió con un nudo en la garganta y comenzando a llorar una vez más.
— Creo que tu problema es por estar sola. — el hombre tomo su mano y le dio un leve apretón.
— Dios, esto es vergonzoso, estoy llorando con un desconocido. — Macarena trataba de tranquilizarse y lo estaba consiguiendo, o quizás era la mano del hombre que ahora le trasmitía tranquilidad.
— Hades Ángel, ese es mi nombre, ya no soy un completo desconocido. — la morena pensó que ese apellido le iba a la perfección, un ángel, aquel extraño era un ángel.
— Macarena, Fernández y permíteme decirte que tus primas, casi hermanas son muy afortunadas de tenerte.
— No lo creo, habitualmente causo más problemas de los que resuelvo, por lo menos con ellas.
Por alguna razón Hades se propuso hacer sentir mejor a la joven, la tristeza que había en su mirada color chocolate le decía que la muerte era el causante de su dolor y es que este hombre conocía bien los rastros de dolor que dejaba la pérdida de un ser querido, él era un asesino después de todo.
Luego de que Macarena se disculpara un par de veces, Hades como todo caballero le ofreció llevarla a su destino, alegando que le inquietaba un poco el estado en el que se encontraba.
— No quisiera molestarte más de lo que ya lo he hecho.
— No es molestia, de todas formas, voy en tu misma dirección. — mintió descaradamente, él estaba en aquel lugar para tomar un vuelo que lo llevara nuevamente a estados unidos y de allí a China, Macarena estaba tan afectada por todo lo que le sucedía que ni siquiera reparo en que Hades no llevaba su equipaje y es que este ya estaba arriba del avión rumbo a Nueva York, por suerte tenía un pequeño bolso de mano con su documentación, dinero y tarjetas.
Al llegar a la pequeña casa de la joven termino de comprender porque estaba tan mal, los cuerpos de sus padres estaban siendo trasladados al cementerio en ese preciso momento, Hades se sintió mal, ya que por la insistencia de él en que Macarena tomara un café, había perdido la posibilidad de despedirse de sus padres, sin pensarlo la acompaño al cementerio, bajo la mirada de algunos conocidos de la familia y de su pequeño hermano. Incluso la acompaño de regreso a su casa, estaba a punto de despedirse cuando sin querer escucho a una vecina hablar con Macarena, en la diminuta cocina.
— ¿Ese hombre es tu novio? ¿el americano del que tanto le hablaste a tus padres? — la curiosidad estaba bien camuflada como preocupación, por lo que la joven no se dio cuenta.
— No, él es un conocido. — respondió incomoda, no sería bien visto que dijera que apenas lo conocía de horas.
— ¿Y eso? ¿Acaso tu novio no creyó necesario acompañarte? Más en tu estado, ¿no sabe que el estrés le afecta a bebé? — los ojos de Macarena se pusieron rojos una vez más y Hades solo la observo a la distancia, sin que ellas se dieran cuenta.
— Ya no tengo novio, terminamos hace una semana. — y para ese momento sus lágrimas caían una vez más.
— Dios, menos mal que tus padres ya no están, sería tan horrible que vean como desperdicias tu vida siendo madre soltera. — la diversión se dejó oír al final y por fin Macarena entendió que aquella mujer solo se estaba regocijando con su dolor.
— ¡Largo de mi casa! — grito apuntando a la puerta y dando un paso en dirección de la indiscreta mujer.
La mujer se fue de inmediato, Macarena era conocida por su carácter fuerte y esa señora no se quedaría para ver si los rumores eran ciertos, Hades la observo mientras la joven apoyaba una mano en el marco de la puerta de la cocina y con la otra acariciaba su vientre.
— Estaremos bien pequeño, solo dame tiempo a solucionar todo, mamá te cuidara. — Hades jamás había visto a una mujer tan desprotegida como aquella joven, su pecho dolía al ver esa imagen.
— ¿Sabe del bebé? — la voz de su nuevo amigo la tomó por sorpresa y se giró de inmediato. — El padre… ¿sabe? — aclaro el castaño, casi rubio.
— No, no me dio tiempo a decirle, él ya tiene a alguien más. — El ángel de la muerte tenía ganas de preguntar quién era y donde se encontraba, estaba dispuesto a dar sus servicios sin pago alguno. Pero en lugar de eso solo la abrazo.
Hades jamás imagino que a partir de ese día su vida cambiaria, para siempre.
Cinco años después:
Macarena caminaba bajo el manto de la noche, no había estrellas ni luna que guiaran sus pasos, parecía que incluso el cielo se había olvidado de ella, no estaba segura de lo que estaba a punto de hacer, mejor dicho, no quería ni pensarlo, sentía el frio calar sus huesos, pero no era el clima, eran sus nervios.
Decir que su jefe era guapo, era un insulto, Mateo Zabet era hermoso, con un aura imponente, mentiría si dijera que nunca lo vio con interés, pero no era solo por ser su jefe, del momento que Macarena consiguió el trabajo de la chica de los recados quedó impresionada, aquel hombre le hacía recordar tanto a Stefano Neizan, el primer hombre que amo, el primero que la lastimo, el padre de su hija, era ridículo que ella encontrara algún parecido entre ellos, su cabello era lacio y el de Stefano ondulado, Mateo tenía una estatura normal para un hombre fornido, mientras Stefano media casi dos metros la última vez que lo vio, pero había algo en el brillo de sus ojos que provocaba que ella lo comparara, aún más sorprendente que también le hiciera acordar a Hades, no tanto en lo físico, era su aura, había visto a su jefe enojado un día, discutía con su hermana y su aura era tan oscura como la de Hades, aquel día que la defendió, el día que ella se había enamorado de su buen amigo Hades.
— Hades, ¿Dónde estás? ¿Por qué me dejaste?
Murmuro con pesar, su vida había cambiado radicalmente cinco años atrás, con la muerte de sus padres y la pérdida de su primer amor, dos años después volvió a sentir lo que era perder a quien se amaba, quedo sola nuevamente y ahora su vida volvía a cambiar, Macarena se preguntaba si alguna maldición caía sobre ella, ¿Qué castigo estaba pagando? No lo entendía, pero sin embargo no se quejaría y lo soportaría, este mundo no la vería abatida, así como así, antes daría pelea, después de todo, dos personas dependían de ella.
Llego al hotel donde Mateo la había citado, su corazón latía deprisa, ¿Qué era lo que estaba por hacer? Salvar a su hija, eso era lo que estaba por hacer y era lo único que importaba.
— Hola, yo… estoy buscando al señor Mateo Zabet. — dijo mientras se sentía como una prostituta, y es que en eso se iba a convertir.
— El señor Zabet la espera en el restaurant del hotel, sígame por favor. — dijo de forma educada el joven y ella se preguntaba si a todas sus putas las trataba así.
El joven la guio a un lugar reservado, por supuesto, pensó Macarena, no se dejaría ver con una… acompañante como ella.
En una mesa para dos personas iluminada con velas y aclimatada con música suave estaba su jefe, un hombre con rostro de Ángel y alma de demonio, su pesadilla, su salvador, un ángel caído como el mismo diablo, dispuesto a tentarte, deseoso de verte caer.
— Buenas noches. — dijo al tiempo que el joven se retiraba y Mateo se levantaba de su lugar para correr su silla, como todo un caballero, maldito, pensó.
— Me alegra que vinieras, aunque… diez minutos tarde, por poco y me vuelvo viejo esperándote. — Esas palabras la llevaron cinco años atrás, el tono de su voz y la forma de su sonrisa, Stefano sería un fantasma que la seguiría de por vida pensó.
Aun con el paso de los años se preguntaba qué sería de la vida de su gran amor, aquel al que le entrego su primera vez, aquel que le mintió, el que la dejo cuando más necesitaba a alguien, por suerte Hades apareció en su vida… Hades.
— ¿Estás aquí Macarena? — dijo en un siseo el hombre y ella lo miro asustada.
— Disculpe, yo… el autobús demoro… — comenzó a explicar, ella jamás se trababa para decir algo, pero Mateo Zabet era el mismo demonio, frio, calculador, paciente.
— ¿Autobús? ¿Por qué no tomaste un taxi? Si mal no recuerdo la parada más cercana a este hotel queda a ocho calles de aquí. — era verdad, ocho calles que Macarena casi corrió para no llegar tarde, con los tacos de 12 centímetros que el señor Zabet le pidió que llevara.
— No estoy en condiciones de gastar dinero que no poseo. — respondió apenas en un susurro mientras bajaba la cabeza, no quería sus ojos juzgándola, no de nuevo.
— Mírame — dijo con voz autoritaria el hombre de 23 años, y Macarena lo obedeció, jamás le había dicho o hecho nada, pero ella le temía.
— Mientras estés conmigo nada te faltara y no debes bajar tu rostro por nada ni nadie. — Hipócrita, pensó la joven, ¿cómo podía ser que ahora se comportara de esta forma? Aunque quizás tenía una oportunidad de cambiar el rumbo de las cosas.
— Señor Zabet, yo lo único que pido es un préstamo… yo lo pagare. — dijo mientras el aire salía de golpe de su interior y sus manos se cerraban con fuerza bajo la mesa.
— Shhh, aquí quien pone las reglas, soy yo, no tu Maca. — Un escalofrió subió por su columna, solo sus más cercanos la llamaba de esa forma, solo personas que ella quería le decían Maca. — Por ahora cenemos, después tendremos tiempo para lo demás. — Macarena estaba segura de que no podría comer nada, su estómago se cerró al escuchar su promesa.
El hombre de cabello castaño se encargó de pedir la cena, mientras ella permaneció en silencio, esperando un milagro, algo que no llegaría, por lo menos no esa noche.
Cenaron en silencio, aunque la joven solo movió su comida de un lado a otro, a lo sumo fue capaz de comer dos bocados, mientras Mateo no solo cenaba, también la devoraba con la mirada.
Luego que el hombre pagara la cena, partieron rumbo a una suite, con cada paso que daba su corazón se aceleraba, quería salir corriendo de aquel lugar, pero por su hija, y por su hermano ella haría todo, al fin y al cabo, solo era sexo, todas las personas tienen sexo, pensó la joven a modo de consuelo.
— Bien, hablemos de negocios. — dijo con cara de empresario su jefe, mientras, servía dos vasos de wiski.
— Yo…
— Siéntate Macarena, no te quedes de pie. — cada vez que le ordenaba algo, un destello distinto brillaba en sus ojos, una mezcla de cansancio y molestia. Mientras le dio uno de los vasos, Macarena solo lo obedeció, sin embargo, no bebería.
— Necesito 250 mil dólares, es para… — Mateo levanto su mano y ella hizo silencio, provocando una enorme sonrisa de satisfacción por parte del hombre. Satisfacción, que ella lo obedeciera con un solo gesto.
— No me interesa para que quieres el dinero, y ya te lo plantee en la oficina, no doy prestamos, soy un empresario, lo mío son los negocios, te propuse un acuerdo, donde ambas partes teníamos lo que queríamos. — dijo, mientras bebía un poco de su trago, sin sacar los ojos de la joven.
— No soy una puta señor Zabet. — rebatió mirándolo con fuego en los ojos, apretando sus dientes, quería golpearlo, deseaba golpearlo como Hades le había enseñado.
— Lo sé y mataría a cualquiera que te tratara de esa manera. — la sorpresa se vio reflejado en el moreno rostro de Macarena.
— Pero usted… — Macarena estaba a punto de gritarle que él era el único que se atrevió a tratarla de esa manera.
— Conmigo tendrás un contrato de cooperación, yo te daré todo el dinero que necesites, incluso para que no tengas que volver a trabajar jamás y a cambio. — Mateo se levantó y camino, hasta llegar tras ella, se inclinó un poco y con suma delicadeza agarro un mechón de cabello lo llevo a su rostro y lo olio como si fuera el perfume más caro y delicioso del mundo. — Tú serás mía, en cuerpo y alma. — murmuró en su oído y Macarena no pudo evitar estremecerse, después de Stefano jamás había dormido con nadie… bueno con Hades la noche anterior a que la abandonará.
— No sé si pueda, mi cuerpo… si, ¿pero mi alma? — Dijo confundida, ¿acaso realmente era el demonio? ¿estaba haciendo un pacto con el diablo? Apostaría su vida a que así era.
— De eso me encargare yo, tú de lo único que te tienes que ocupar es de firmar ese contrato, donde se especifica que serás mía todo un año y a cambio, te daré todo el dinero que quieras, cada cosa que desees será tuya, por ahora en esa maleta tienes medio millón esperando por ti. — Macarena se sentía sola, atrapada, estaba a punto de convertirse en carne de intercambio, pero lo haría gustosa, solo por ella, por Alma, su hija.
— Será como usted diga señor Zabet, pero solo me iré con 250 mil, ni más, ni menos, es todo lo que necesito y mantener mi empleo.
Mateo Zabet la observo con devoción, como lo hacía hace tres años, tres años que miraba sus piernas que no eran largas, pero si bien tonificadas, soñando con hundirse en ese trasero grande y redondo, imaginando que tan suave eran sus pechos, Mateo Zabet soñó con ella desde el primer día que la conoció, la latina lo enloqueció, la deseaba, la necesitaba y al fin había conseguido el medio para llegar a su fin, enamorar a Macarena. No importaba si para ello tenía que ser el mismo diablo.
— No solo mantendrás tu empleo, serás mi asistente personal, tu paga aumentara, al igual que tus horas de trabajo.
— ¿Asistente personal?, pero usted ya tiene secretaria…
— No es lo mismo, tú estarás en mi despacho, a mi lado, desde que llegue a la empresa, hasta que me marche. — respondió mientras caminaba hasta el bar a servirse otro Wiski.
— ¿Todo por dormir con usted? — Macarena estaba molesta, tres años trabajo allí, como la chica de los recados y solo debía acostarse con el ángel caído, por no decir demonio y todo hubiera sido diferente.
— Mateo, dime Mateo y no, no es por eso, sé que tienes potencial, te he oído ayudar a varias personas de la empresa, pero nadie te toma en cuenta, y para que dejes de pensar mal de ti misma, te lo planteo así, te llevas los 250 mil y el puesto de mi asistente, o dejas que te de medio millón cada dos meses.
No soy nada, está jugando conmigo, le sobra el dinero, tanto como para tirarlo de esta forma, solo debía aprobar el PUTO préstamo.
—Macarena. — la llamo al notar que nuevamente estaba perdida en su mente, odiaba cuando hacia eso.
— ¡Solo debía aprobar el préstamo! tiene tanto dinero que lo desperdiciaría de esa forma, seis millones por tenerme a su disposición por un año, no entiendo…
— Vales más que eso, para mi vales mucho más que dinero.
Macarena no había reparado en que estaba de pie a mitad de la sala, su carácter y furia la traicionaron, reacciono cuando Mateo envolvió un brazo en su cintura para traerla hacia su cuerpo, aun con tacones de 12 centímetros había una diferencia de estatura entre ella y el señor Zabet.
— Puede tener a la mujer que quiera. — susurro con ganas de llorar porque ese hombre se encaprichará con ella.
— Pero solo te quiero a ti. Ahora firmas… o puedes irte con las manos vacías. — advirtió mientras la liberaba, esa no era una opción para Macarena, hacer lo que realmente quería hacer era lo mismo que dejar morir a su hija.
Giró sobre sus talones, tomo su bolso y Mateo creyó que ella se iría, apretó sus manos en puños, sin saber muy bien que hacer para retener a esa mujer allí, no podía perder una vez más, pero para su sorpresa ella saco una pluma y firmo el contrato sin verlo, grave error.
Mateo le mostro una sonrisa que le hizo erizar el bello de la nuca, camino hasta el documento, le pidió la pluma y ella se la paso, coloco su firma y guardo el documento en una carpeta, su más valioso contrato.
— Toma tu trago, te espero en la habitación, el contrato entre en vigencia a partir de este instante. — dijo para luego lamer sus labios y dejarla sola.
—Malditos hombres con cara de Ángeles. — susurro cargada de odio y rencor.
Macarena solo había tenido sexo dos veces en toda su vida, la primera fue con Stefano y la segunda con Hades, hoy se entregaría a alguien por voluntad propia, pero no por placer, esperando que sucediera lo mismo que con los otros dos, que luego de esa noche, simplemente desaparezca.
Cinco años atrás:
Macarena clavo sus ojos color chocolate en Stefano, ¿acaso creía que se burlaría de ella tan fácilmente? Ese joven estaba jugando con fuego y ella se encargaría de hacerlo arder.
— Hijo de puta. — dijo al tiempo que le daba vuelta la cara de una bofetada, estaba a punto de golpearlo nuevamente cando el joven rubio y alto la tomo de las muñecas y casi la levanto en el aire.
— ¡¿Qué rayos te sucede?! — pregunto furioso, nadie lo había golpeado, más que sus hermanos y siempre fue en plan de entrenamiento, ya que los hermanos Zabet, estaban preparados para todo, ser sobrinos de un asesino, cuñado de un mafioso y por supuesto cuñado de la princesa Bach y que tus padres sean multimillonarios siempre te ponían en la línea de fuego de alguien, lo sabían muy bien, ya habían perdido a Dulce por ello, su joven prima que murió antes de los 20.
— ¿Y lo preguntas? ¡Maldito idiota! déjame y vete a gastar el dinero que ganaste con tu puta apuesta. — Stefano se dio cuenta que alguien hablo de más, pero ¿cómo se lo iba a explicar? la latina realmente era un fiera cuando se enojaba, se lo estaba demostrando, que la tuviera de las muñecas no le garantizaba nada, ya que sus pantorrillas estaban recibiendo las furiosas patadas de Maca.
— Tranquila, no es lo que piensas, ¡detente Macarena o te lastimare! — advirtió gritando, Stefano nunca tuvo paciencia, siempre era un volcán a punto de hacer erupción. Macarena se detuvo de inmediato, Stefano ya le había dicho de los problemas que tenía para contenerse cuando se enojaba y no quería comprobar que tan ciertos eran.
— Suéltame y lárgate, no quiero volver a verte, nunca. — quería sonar firme y fuerte, pero en la última palabra su voz se quebró, ella se había enamorado de ese rubio mentiroso y embustero.
— Maca, no recibí el dinero, es verdad, me acerque a ti para poder integrarme a los idiotas con los que compartía mi departamento, pero además quise cuidarte, siempre te veía tan metida en los estudios, que me di cuenta de que no tenías idea de lo que pasaba a tu alrededor, me sume a la apuesta para que no te siguieran molestando, pero me enamore de ti latina, esa es la verdad. — termino de confesarle cuando ambos estuvieron más tranquilos y liberando sus muñecas, las cuales estaban rojas, al igual que los ojos de la joven.