Chapter 3

Cuando volví a mirar al escenario una sensación extraña se apoderó de mí, esa mujer, era la más hermosa que había visto en mi vida, dejé de prestarle atención a Kevin, y le hice seña de que se callara. No podía dejar de mirarla. Su piel era de un color tan hermoso que contrastaba de una forma maravillosa sobre el escenario negro, su cabello castaño a pesar de estar atado en una coleta alta caía y bajaba por su espalda hasta su cintura como si fuera una cascada, su figura frágil se perdió cuando comenzó a tocar y luego a cantar, parecía una diosa guerrera, y su canto era como el de una sirena que me llamaba, mejor dicho, me hacía sentir exactamente igual que su canción, ella era el hada y yo ese mago que vagaba solo, perdido, por primera vez sentía algo, esto era amor, me había enamorado del primer momento en que la vi, y cuando me di cuenta de eso el miedo se apoderó de mí, era hermosa, estoy seguro que debe tener a alguien en su vida, ¿qué hago? ¿Cómo saber? ¿Cómo conquistarla? Jamás sentí estas emociones, me siento raro, y malditamente excitado.

Para cuando termino, tenía ganas de salir corriendo y tomarla en mis brazos, ¿cómo puede ser que no la haya visto antes?, vengo al menos dos veces al año, debe ser una empleada nueva.

— ¡Pero que hace ese idiota de Elio! — Ver como Elio le arrebata la guitarra de sus pequeñas manos me enoja, ¡¿acaso no sabe tratar a una dama?!

— Creo que echando a la mujer con el mejor trasero que he visto en mi vida.

— ¡Compórtate estúpido! — Que ni se le ocurra mirar a mi hada, será mi amigo, pero esa mujer despertó algo en mí y no la pienso dejar ir.

— ¿Pero a ti que te pasa? — Ignoro a Kevin, aunque en realidad estoy tratando de no golpearlo. Llamo a la camarera que se nos designó.

— Sí, ¿desean algo más?

— ¿Cómo se llama ella? — Y con un gesto de cabeza señale al amor de mi vida.

— Florencia.

— Dile que venga por favor.

— Ella está atendiendo otra mesa...

— Soy amigo de Alfredo, me has visto antes, dile que venga.

— Le preguntaré. — Bien, si debe de consultarle es porque la pequeña tiene carácter, no sé porque, pero eso me alegra.

Florencia:

— Buenas noches caballeros, ¿qué puedo hacer por ustedes?

— Buenas noches, toma asiento por favor, mi nombre es Leonardo. — el hombre de cabello negro hablo primero, estaba a punto de declinar su oferta cuando se levantó y corrió la silla de su lado para que la ocupara, ya no podía rechazarlo, si tenía negocios con mi jefe, no era buena idea. Me senté y miré a Diego, quien solo levantó los hombros. Y se dirigió a atender mi mesa.

— Quería felicitarte, cantas muy bien señora o señorita… — No pude evitar sonreír, ¡¿señora?! ¡Jamás!

— Señorita, aunque solo dígame, Florencia, no es necesario tanta formalidad, solo soy una empleada. — Y a ti se te nota lo rico que eres con ese traje a medida, pensé, pero no lo diría en voz alta.

— Es una empleada, pero no por eso no merece respeto, señorita Florencia, ¿tendrá algún apellido? — En ese momento me asusté, ¿para qué quería saber mi apellido? No se veía como si fuera alguien del cartel de Manuel, además era conocido de Alfredo, no debería preocuparme, ¿o sí? El hombre se dio cuenta de mi conflicto y agrego apresuradamente.

— Disculpe mi curiosidad, es solo que quiero recomendarle a Alfredo que le permita subir al escenario más seguido, su voz es realmente... hipnotizaste.

— Florencia oliva, gracias por el halago. Señor Leonardo.

— Leo, dime Leo, lo de señor está de más. — Una Sonora carcajada me hizo mirar hacia el frente, pero antes de decir nada él hombre en cuestión hablo con Leo, en un perfecto inglés.

— Vamos Leo, ¿estas coqueteando? No lo puedo creer, pareces un adolescente, solo muéstrale tu billetera y la tendrás en tu cama en dos minutos, con sus piernas abiertas. — el rubio idiota dijo aquello como si nada y mi carácter rasguñaba mi interior por salir y darle unos buenos golpes.

— Veo que no sabes distinguir entre una dama y tus habituales amigas, si vuelves hablar de esa forma de ella da por terminada nuestra amistad, ¡¿entendido?! — Traté de mantener la calma, más aún cuando él me defendió, se veía realmente enojado y por primera vez me atreví a mirarlo a la cara, ya que hasta ese momento lo había evitado.

Su piel tenía un bronceado exquisito, sus ojos color miel me dejaron sin respiración por unos segundos, su cabello negro se veía sedoso e invitaba a hundir mis manos en él. Pero sus labios fue lo que más me cautivó, eran carnosos y se veían tan suaves, me pregunto qué sabor tendrán ¡¿Por Dios, yo no soy así, que me sucede?! Quizás sea la abstinencia de sexo lo que me está enloqueciendo.

— Disculpa a mi amigo, Kevin Collins, es un poco.... Idiota. Me gustaría invitarte una copa, si no te...

— Disculpe señor Leonardo, pero estoy trabajando, si me disculpan, que tenga una buena noche. — Me levanté para irme, pero antes que eso sucediera el idiota del tal Kevin, abrió su boca de nuevo.

— Solo pregúntale cuánto cobra, y te ahorrarás todo esto. — Eso fue suficiente, tengo mi carácter, no soy una santa, me levanté y desde mi altura, ya que él estaba sentado mirándome, Clavé mis ojos en él y le respondí en inglés.

— Se nota que las mujeres a su alrededor solo están con usted si le pagan a cambio, que lástima da, un hombre joven con una mentalidad de mierda. — Giré sobre mis pies y me fui.

Al entrar en la cocina Diego me miraba con cara de pánico, ¿acaso escucho lo que pasó?

— ¿Que sucede Diego?

— Deja que te lo diga yo, o te despide o lo despido. — Elio estaba apoyado en la mesada de la cocina con su estúpida sonrisa.

— ¿De qué hablas Elio?

— Ven, vamos a la oficina.

— ¡No, tú no eres el dueño, es tu tío!

— Solo quiero hablar a solas contigo, ¿¡porque eres así siempre!? — No me intimidaban sus gritos, no quería estar sola con él, porque conozco a los de su tipo.

— Por favor, chicos, no griten, los clientes escucharán. — Diego trata de intervenir, pero es en vano.

— Bien vamos a arreglar esto de una vez, vamos a fuera, no entraré a la oficina de tu tío si él no está. — Salí por la puerta trasera y Elio me siguió, ya me tenía harta, con ese comportamiento de dueño del lugar, era patético.

— ¡En que te basas para despedirme! — explote, porque ya no me aguantaba su acoso.

— Me quieres sacar mi lugar, eres una mal agradecida, yo te di este trabajo. — refuta furioso y tengo ganas de reír a carcajadas, pero me abstengo.

— No quiero tu lugar, y no te des baños de santo, los dos sabemos que solo querías acostarte conmigo a cambió del trabajo. Pero como no conseguiste nada ahora no sabes que hacer para echarme. Sabes, me cansé hablaré con Alfredo.

— ¿Y qué piensas que hará mi tío? ¿Creerte a ti o a mí? Le diré que coqueteas con los clientes, incluso con los casados y que hemos tenido quejas.

Mis lágrimas comenzaron a caer de pura impotencia, él tenía razón, aunque las pocas veces que trate con el dueño se veía una persona comprensiva, se podía ver también que cumplía todos los caprichos de su sobrino, y ante la palabra de él, la mía perdería valor.

— ¿Sabes? solo te pido una noche en mi cama y ya no te molestare, es más, quizás hasta te deje subir al escenario conmigo.

— ¡Te puedes ir a la mierda, renunció! — Entré, deje mi delantal en la cocina, tome mi bolso y sin mirar a nadie salí, casi corriendo porque no quería que me vieran llorar.

Me dirigí a el parque principal, los artesanos que trabajan en el lugar, ya hacía tiempo se habían marchado, solo quedaban unos pocos turistas y algunos malabaristas, me senté en el cantero que sostenía la maravillosa escultura tallada en un árbol, era una de mis favoritas. Perdí el tiempo mirándola, tratando de entender cuanto puedes amar a alguien para terminar así, y si yo alguna vez amaría tanto como para morir por él o si alguien muriese por mí.

— ¿Cómo tanto amor, puede hacer tanto mal?

— Hablar con objetos inanimados no habla muy bien de tu cordura. — Una voz profunda me hizo girar, ahí estaba, el hombre más bonito que había visto en mi vida, y para mi sorpresa, me di cuenta de que era alto, muy alto. Leonardo, ¿Qué es lo que quieres de mí?

Chapter 4

Florencia:

No podía despegar mis ojos del hermoso hombre que tenía en frente, es como si me hubiera embrujado.

— ¿Leonardo? ¿Qué haces aquí? — parecía agitado como si hubiera corrido ¿caso, salió tras de mí?

— Solo Leo, dime Leo por favor y la verdad… te seguí, no lo tomes a mal, pero te vi salir alterada y me preguntaba si estabas bien. — luce avergonzado por seguirme, se ve… tierno.

— Sí, estoy bien o mejor dicho lo estaré, están en temporada alta, aún puedo conseguir trabajo, ya después veré, si me quedo o me voy.

— ¡¿Acaso te despidieron?!

— Renuncié no es lo mismo, algunos no estamos dispuesto a doblegarnos a los caprichos de los demás, algunos todavía tenemos dignidad.

— No comprendo, ¿acaso mi invitación te causó problemas? — se ve realmente preocupado.

— No, nada de eso, es por Elio, es el sobrino del dueño, no entiende que no es no, creo que se parece a tu amigo en ese sentido. — su rostro adquiere un tono sombrío, que incluso da un poco de miedo... ¿pero qué rayos hago hablando con él?, ¡recién lo conozco, y ya hasta mis problemas le cuento!

— Ya veo, dijiste que buscaras trabajo y luego verás si te quedas o te vas, ¿no vives aquí?

— No, soy una viajera, nunca me quedo mucho tiempo en un mismo lugar. — Claro que no, estoy escapando de un capo narcotraficante loco obsesionado ¡que ya me secuestró y torturó una vez! Aunque eso no te lo contare.

— Eso explica tu forma de hablar, ¿de qué país eres? Hablas con acento argentino, mexicano, y algo más. — No pude evitar reír, era la segunda vez que este hombre conseguía eso de mí, alguien que hacía casi un año que ya no reía, no de verdad.

— Mis padres eran argentinos, nací en Colombia, pero crecí en México, supongo que ellos tomaron un poco de lenguaje de cada país y este es el resultado, a veces digo acá, o aquí, che, vos, tú, soy un desastre.

— A mí me parece que eres algo cautivante, exótico, alguien que enamora con solo verla. — Sentí mi cara arder, y mi corazón acelerarse. No sabía cómo responder a eso, es que era tan lindo que intimidaba, seguro y solo quiere pasar el tiempo, divertirse, pero no caeré.

— ¿Es una escultura muy linda verdad? — Fue él quien decidió cambiar de tema al ver que me había quedado en silencio.

— Es la leyenda más hermosa que conozco.

— Eso… creo que una vez me lo contaron, pero mi memoria no es muy buena. — que hermosa sonrisa tiene.

— Deja que te la cuente, es una leyenda que mi madre me contó desde niña, y una de mis preferidas.

—En ese caso adelante.

— Hace mucho tiempo había en los valles de la cordillera cercanos al volcán Lanín, dos tribus que se odiaban de un modo descomunal. Eran acérrimas enemigas, y su relación era irreconciliable. Tanto odio sentía entre ellas, que siempre había motivo para enfrentarse en batallas.

En ese contexto de guerra, sucedió algo increíble: el hijo del cacique de una de las tribus y la hija del otro cacique se enamoraron enloquecidamente. Pero tenían un problema. No podían encontrarse muy seguido, y si lo hacían, tenía que ser a escondidas, por el odio que existía entre sus padres. Una noche oscura, la machi (chamana) velaba (preparaba) la sangre de un animal sacrificado para el Nguillatun (fiesta para un futuro bueno), cuando, de repente, el silencio se hizo añicos por el graznido del pun triuque (el pájaro chimango de la noche). Su grito es señal de mal presagio y la machi lo sabía. Entonces, miró a su alrededor y vio correr entre los árboles a la querida hija del cacique, que escapaba con el hijo del cacique enemigo. Fue ése el peligroso suceso anunciado por el pájaro agorero.

La machi estaba convencida de que la fuga debía ser severamente castigada. Pero, antes de comunicárselo al cacique, prefirió consultar al Pillan (espíritu de la persona que acaba de morir).

"¿Debo contar el rapto al padre de la hija?" — "Sí, debes contarlo", contestó el Pillan.

La machi corrió apresurada hacia el toldo del cacique y le narró lo sucedido. En ese mismo instante, se escuchó — por segunda vez — el grito del pun trueque.

Furioso, el cacique ordenó la búsqueda y captura de los prófugos. Los jóvenes fueron apresados muy pronto y, ante la presencia de toda la tribu, fueron juzgados y condenados a muerte. Los enamorados intentaron alegar su inconmensurable amor, pero no se los escuchó. No participar del odio entre las dos tribus era un grave delito, que exigía un castigo ejemplar. Luego de escucharse la sentencia, el pun triuque — por tercera vez — volvió a gritar su chillido sufrido. Nadie lo escuchó.

Los jóvenes, desnudos, fueron atados a un poste. Entre gritos e insultos, cientos de lanzas y machetes se abalanzaron contra ellos, dándoles la muerte más cruel.

A la mañana siguiente, los verdugos de tan atroz crimen quedaron estupefactos al ver que, en el lugar del sacrificio, habían crecido Flores nunca vistas por esos lugares. Eran hermosas, circulares, parecidas a las margaritas, pero con largos pétalos rojos.

"¡Quiñilhue! ¡Quiñilhue!" (Flor Mutisia reina), gritaban aterrorizados los primeros que las vieron. Y con ese nombre se conoce desde entonces a la Flor que produce una enredadera, la cual se abraza y trepa (sube) por los árboles como se abrazaba la enamorada pareja cuando fue condenada a muerte. Desde entonces los mapuches — avergonzados y arrepentidos — comenzaron a venerar a la Flor que los blancos conocen con el nombre de Mutisia.

— Es una historia muy hermosa, pero triste, un amor que no pudo ser. — Lo miro embelesada, la luz de la luna lo hacer ver aún más hermoso, y yo no entiendo que me pasa con él, nunca había sentido algo como esto.

— Te equivocas, su amor prevaleció, y muestra de ello es la Mutisia, esta esparcida por toda la Patagonia y vive desde ese día hasta hoy, y estoy segura de que nunca se extinguirá, le seguirá mostrando al mundo la magia del amor. — Dios, debo de sonar como una estúpida, pero es lo que creo.

— Tienes razón, un amor cuando es verdadero, deja una huella que ni el tiempo, ni la muerte puede borrar.

— Creo que los amores verdaderos ya no existen, desaparecieron con el paso del tiempo.

— No estoy de acuerdo, creo que nos acostumbramos a que el tiempo nos una a personas equivocadas, por miedo a estar solos, perdemos la oportunidad de seguir buscando el verdadero amor.

No sé porque, pero algo en él me daba confianza, como que lo conociera de toda la vida, no me sentía incómoda en su compañía, ni mucho menos cohibida, hablamos por un largo tiempo, no quería separarme de él, pero todo lo bueno termina en algún momento, ¿no?

— Bien, ya es demasiado tarde, debo irme o Mónica se preocupará.

— Espera, déjame acompañarte. — Su comentario hacia latir más rápido mi corazón, el hecho que él no quisiera despedirse aún de mi me gustaba.

— No, no es necesario, además queda un poco lejos.

— Con mayor razón, sé que es un lugar tranquilo, pero aun así no me siento cómodo dejándote marchar sola, además tengo mi auto aquí en frente.

— Mmm, está bien, vamos. — Y porque no, Leo me inspira confianza y... ¿seguridad?

Chapter 5

Leonardo:

No pude apartar la vista de ella en todo el camino, trataba de pensar alguna excusa para alargar el tiempo compartido, esta sensación que tenía en mi pecho era algo maravilloso, por primera vez en mi vida, sentía que valía la pena estar vivo, por el solo hecho de estar con ella.

Pero cuando llegamos ella fue más rápida que mi mente, y simplemente bajo de auto agradeciendo y saludando con su mano, me quedé viéndola, como entraba en esa pequeña cabaña, preguntándome si realmente no era una hada, por lo menos se dónde vive, de regreso a mi estancia comenzó a repasar nuestra conversación, pasando en limpio el tema de su renuncia podía estar seguro que Elio quería ligar con ella, eso me molesto de sobre manera, a pesar de que era tarde, no lo era tanto para el susodicho, así que lo llamé y efectivamente estaba todavía en el restaurante con Kevin, ahora era tiempo de aclarar las cosas.

— Hasta que te dignas a volver, ¿dime conseguiste algo con la castaña?

— ¿De qué castaña habla Kevin? No me digas que fuiste tras Flor, Leo, no pierdas tu tiempo, ella no lo vale. — Antes que el idiota termine de hablar lo golpee, jamás fui partícipe de la violencia, pero por ella, era capaz de todo, maldito idiota.

— ¡Pero que mierda! Cálmate, Leo.

— Hey, ¡que te pasó loco!

— Te lo diré solo una vez, no vuelvas a intentar pasarte de listo con Florencia, si ella te dijo que no, ¡sé un hombre y acéptalo! Si me vuelvo a entrar que la sigues molestando, me aseguraré de que todo este lugar se valla a la mierda. Vamos Kevin, aquí ya no tenemos nada que hacer.

En menos de 15 minutos ya estábamos en mi estancia, mi amigo no pronunció palabra alguna en el viaje, era sabio debes en cuando, pero en cuanto llegamos, comenzó a hablar.

— Leo, realmente... ¡¿tú realmente sientes algo por ella?!

Sabía muy bien porque era su asombro, durante más de una década ha sido mi mejor amigo, él sabe muy bien de mi nulo interés por los demás, por lo menos en lo que se refiere a cuestiones románticas, si bien en una que otra ocasión me acosté con Charlotte, solo fue por su insistencia, por lo general me gustaba tener relaciones con mujeres que solo veía una vez en la vida y era más que nada para que no hablaran estupideces, una puta obligación.

— Sí, siento todo, amor, miedo, desesperación siento absolutamente todo. — admito de forma desesperada y lleno de frustración.

— Calentura, lo entiendo, pero lo demás, ¿amor? Miedo... ¿de qué mierda hablas?

— Miedo que ella no llegué a amarme, quizás ni le intereso.

— O quizás ya ama a alguien. — Me sorprende el comentario de mal gusto de mi amigo, no sé qué le ocurre, es como si quisiera tirar por los suelos mi felicidad.

— No, eso no, por lo que pude ver cuando hablé con ella, es más que claro que está sola, por ahora. Y es eso lo que me desespera, que alguien la ame como yo y que me la arrebaten.

— Tranquilo, ella sucumbirá a tus encantos, ¿cuándo van a verse de nuevo?

— No lo sé, no se me ocurrió nada para concretar un encuentro.

— Volvamos al restaurante mañana.

— Renunció por culpa de Elio, estaba pensando en decirle a Alfredo que no acepte su renuncia, pero tampoco la quiero cerca de Elio. — Estoy seguro qué ese idiota seguirá molestándola.

— Llámala, dile que la contratas para que cante mañana, no, todo el fin de semana, que tendrás una reunión y la necesitas.

— ¿Una reunión?

— Invite a Amara y sus amigas, voy a tomar tu consejo y vengare a mi hermana.

— Odio cuando le prestas atención a mi lado idiota, mejor solo déjala ir, esa joven no tiene por qué pagar por las idioteces de Alexander, ya seme ocurrirá algo para acercarme a Florencia.

— No, no, ya las invité.

— De acuerdo, la iré a buscar mañana.

Florencia:

Pase toda la noche dando vueltas sin poder dormir, cada vez que cerraba los ojos veía el rostro de Leonardo, esa barba recortada a la perfección, sus labios que tentaban a besarlos, ¡demonios! ¡¿Que me pasa?! Me levanté temprano para salir a buscar trabajo, tomé mi guitarra, si no conseguía nada tendría que ponerme a cantar en la plaza, no me iba nada mal cuando lo hacía, pero necesitaba un sueldo fijo para ayudar con la renta de la cabaña.

Estuve caminando un largo tiempo, estaba sumida en mis pensamientos cuando alguien tocó mi hombro, al girarme lo vi, Dios todo poderoso, ¿acaso podía ser aún más hermoso con la luz del sol? Creí que lo había visto bien anoche, pero no fue así, Leonardo es el hombre más hermoso que he visto.

— Hola. — Me mira con una hermosa sonrisa Blanca y yo por unos segundos no sé qué contestar.

— Ho— Hola Leo. ¿Qué haces aquí? — Parezco tonta hablando así.

— Vine por ti, quisiera pedirte, mejor dicho, quisiera contratarte por el fin de semana, a partir de hoy, tengo una reunión con el grupo que estuvo anoche en el restaurante y me gustaría que cantaras, te pagaré bien. — Habla con tanta confianza como si me conociera de toda la vida. Y lo peor es que no tenga ni fuerzas ni ganas de negarme.

— No lo sé, debo buscar un trabajo fijo. — lo más sensato es que me aleje.

— Puedes empezar a buscar el lunes, te pagaré lo que ganabas en dos meses donde Alfredo, ¿qué dices?

— ¡¿Que?! Es demasiado, no soy un reproductor de música, deberé parar a descansar y...

— Por supuesto, no estarás cantando siempre, solo unos temas por aquí y por allá, además te garantizo que te divertirás, ¿qué dices? — Sé que me arrepentiré, pero más que por el dinero iba a aceptar para poder estar a su lado.

— De acuerdo, a qué hora y donde. — Me hace subir a su auto mientras hablamos.

— Te llevo a tu cabaña para que recojas algunas mudas de ropa, te irás de inmediato conmigo y volverás el lunes a primera hora.

— Hoy es viernes, dices tres días en tu...

— Es una estancia grande, tengo habitaciones de sobra, no te preocupes. — ¿Cuánta tentación voy a pasar al tenerlo a mi lado?

— Bien, vamos y de paso le avisaré a Mónica.

— ¿Es algún familiar tuyo? — Su pregunta me sorprende es como si realmente le interesara saber cosas de mí.

— No, es la otra camarera del restaurante, vivimos juntas porque compartimos gastos, eso es todo.

— Oh, ¿y tu familia? ¿Siguen en México?

— Sí, ellos están allá. Ya no pudieron volver. — No pude evitar que mi voz salga un poco rara gracias al nudo que se formó en mi garganta, mis padres quedaron en aquel lugar, que una vez fue mi hogar, por lo menos sus cuerpos están allí, porque su recuerdo y amor estarán siempre conmigo.

— Hey, ¿estás bien? ¿Qué sucede?

— Nada, detente aquí ya llegamos ahora vuelvo. — Escape como mejor sabía hacerlo, me estaba costando retener mis lágrimas, no me gusta hablar de la muerte de mis padres.

Al entrar veo que todo sigue como cuando me fui hace un par de horas.

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