El sonido de sus cuerpos golpeando se dejaban oír por toda la sala y sin poder evitarlo Alondra comenzó a gemir de placer, no sabía en qué momento ser tomada de esa forma casi animal le había comenzado a gustar.
— Dios sí, sí.
Simón la lanzo contra el piso, como si el cuerpo de la mujer fuera basura de la más apestosa, Alondra lo observo confundida, mientras él se acomodaba el pantalón, no había terminado, y ella tampoco.
— ¿Qué…? — Simón le dio un golpe con el revés de la mano, rompiendo una vez más el labio hinchado de la rubia.
— Aprenderás por las malas a no nombras a Dios en mi presencia.
Alondra se arrastró hacia atrás con miedo, pero eso no la libraría de nada, Simón seco su cinturón negro de cuero y la golpeo tantas veces que perdió la cuenta, mientras ella suplicaba que se detuviera, aun así, la BESTIA no lo hizo, cuando casi todo el cuerpo blanquecino estaba marcado, tiro el cinturón a un lado y se lanzó sobre ella, arrancando el vestido y quitándose la ropa a la vez, mientras sus labios la besaban con un frenesí que daba miedo.
— Simón. — en el momento que Alondra dejo de llorar para comenzar a gemir nuevamente, Simón supo que estaba lista para recibirlo, Alondra se estaba amoldando a él.
— sí, Simón, si, BESTIA.
Si, ese era él, LA BESTIA, el que no creía en Dios y odiaba a las mujeres, pero aun así deseaba que si existía un Dios lo estuviera viendo en ese momento, así por lo menos tendría por seguro que iría al infierno, eso lo podía manejar, después de todo, él ya vivía allí desde el día que nació.
Dante estaba en su casona en el norte de Sicilia, a dos horas de viaje de la finca de los Santoro, algo en su interior lo inquietaba, no era solo el hecho de que tendría que decirle a su morena la locura que había cometido, era algo más, su instinto se lo hacía ver.
Su atención fue dirigida a la entrada de su hogar, a través del cristal de las grandes puestas pudo ver el ya bien conocido automóvil Alfa Romeo color rojo brillante detenerse, y del cual, bajo Estefanía, enfundada en un traje estilo masculino negro, Dante se preguntaba si ella era consiente de todo lo que provocaba en él verla vestir de esa manera, quizás sí y lo hacía apropósito solo para enloquecerlo aún más si eso fuera posible.
— Amor. — dijo con la alegría de un niño y las hormonas de un adolescente, mientras iba a su encuentro. No le dio tiempo si quiera a responder, ya que tomo sus labios con desesperación, la había extrañado y eso que solo estuvo fuera de su radar dos días.
— Parece que alguien me extraño. — respondió cuando sus labios fueron liberados, trato de sonar normal, pero fracaso, Dante la conocía a la perfección y el nerviosismo de su cuerpo fue fácil de percibir para el hombre.
— ¿Está todo bien? — inquirió preocupado, ella era su prioridad, el verla feliz lo era todo, o casi.
— Si… no, no sé, mi cabeza es un desastre. — respondió mientras se dirigían a la lujosa estancia.
— ¿Qué te preocupa? ¿Dime en que puedo ayudarte? — este hombre que en un principio solo busco su cercanía para sacar información y luego como un reto personal ante lo difícil que fue enamorarla, hoy se encontraba perdidamente enamorado de la joven Santoro.
— En nada, es un problema familiar. — respondió con renuencia a contar más.
— Creo que seremos familia en tres meses. — Su respuesta fue en parte un gruñido, a lo largo de los años que llevaban juntos Estefanía levanto una barrera que mantuvo con el tiempo, Dante solo sabía lo justo y necesario de los Santoro y eso le molestaba.
— Con respecto a eso…necesito aplazar la boda. — Las palabras de su padre hicieron eco en la cabeza del mafioso.
— Realmente no me amas, es eso ¿verdad? Por eso no me hablas de tu familia, ¡ese es el motivo por el que siempre estas nerviosa cuando hablamos de la boda! — Dante estaba gritando a esta altura de la conversación, estaba a punto de decirle que no podía cancelar la boda porque tendrían un hijo, y si ella lo abandonaba jamás la dejaría acercarse a él.
— ¡Es por la SOMBRA! — dijo con desespero, ya que la joven estaba completamente enamorada de él y que pusiera en tela de juicio su amor la desarmo.
— ¿Qué?
— Sabes que Fabrizzio trabaja con mi familia, es el amigo de mi padre y tú atacas a su gente. — reprocho con dolor y enojo.
Estefanía podía amar mucho a Dante, pero tenía una responsabilidad aun mayor, cuidar el negocio familiar y sobre todo proteger a su gente, que Preto Berlusconi tuviera una guerra con su padre siempre supuso un problema, pero cuando Dante tomo su lugar pensó que todo quedaría atrás, pero se equivocó, Dante era igual o más competitivo que su padre, él quería a toda Italia bajo su poder.
— ¿Qué clase de mafioso se queja con una mujer? — y allí estaba lo único que Estefanía odiaba de su futuro esposo, el machismo que Preto inculco en él a veces abrían abismos ante ellos y por más que en todos estos años casi lo había erradicado aún faltaba mucho por hacer.
— La clase de mafioso que no quisiera dejar viuda a su ahijada antes de casarse. — Contesto mientras se levantaba de su lugar, decir que estaba ofuscada era poco.
— LA SOMBRA jamás pudo contra mi padre, menos podrá contra mí, en poco tiempo lo sacare de Italia…
— No puedo casarme contigo Dante, no mientras pienses así, mientras tu padre hable a través de ti, Fabrizzio es mi padrino, somos familia, jamás fue contra USTEDES, fue tu padre quien una y otra vez fue en contra de él, ahora podrían trabajar en conjunto, pero tú…
— ¿Qué tanto sabes de sus negocios? Porque si mal no recuerdo en estos 4 años de novios me dejaste muy en claro que no te interesan ni mis negocios ni los de Fabrizzio, ¿Qué cambio? — que estoy a punto de tomar el lugar de la sombra, quiso gritar la morena, pero no podía.
— Fabrizzio es parte de mi familia, no puedo casarme con alguien que quiere herir a los míos.
Sin darle tiempo a nada Estefanía salió de aquel lugar, el que sería su hogar en tres meses, si es que se casaba con Dante, pero ¿Cómo lo haría? Temía demasiado la reacción de su enamorado cuando supiera quien era ella realmente, no era miedo a morir, era miedo a que la odiara.
— ¿Por qué debe obedecer a su padre? — dijo llena de ira mientras conducía de regreso a su hogar y entonces pensó que ella era igual.
Al llegar a la finca el ambiente no había cambiado mucho, Alejandra se mantenía alejada de todos aun estando en la misma habitación, parecía que su hermana tenía un escudo dirigido solo a ellos, casi no hablaba, casi no los miraba.
— Necesito hablar contigo y Fabrizzio. — dijo dirigiéndose a su padre. Que lo único que hacía desde que ella ingreso en aquel lugar fue observa a su santa hija.
— Vamos al despacho. — respondió mientras le enviaba un mensaje a su amigo y mano derecha.
El despacho de su padre siempre le había gustado a Estefanía, desde que era una niña pasaba gran parte del tiempo allí, ahora le parecía un lugar lleno de responsabilidades y decisiones difíciles, cada vez que se imaginaba sentada en aquella silla.
— ¿Qué sucede princesa? — dijo con afecto su padrino apenas entro.
— Quiero que me sedas el control de todos los negocios ahora papá, no dentro de tres meses. — respondió de forma tranquila, pero decidida.
— No es buena idea, si lo hago, Dante podría sospechar, ya que tendrás que ausentarte… — comenzó a debatir su padre, pero ella era Estefanía y si estuviese en frente de todo, las cosas cambiarían.
— Primero, no me casare, no puedo permitir que los nuestros sigan muriendo en manos de Dante, como tampoco lo engañare hasta que este casado conmigo para decirle quien soy.
— ¿Qué dices? — la sorpresa surco el rostro de ambos hombres, remarcando las arrugas producto de la edad.
— Si tomare tu lugar las cosas cambiaran, quiero una reunión, quiero que cada mafioso del mundo sepa que una mujer ocupara el lugar de LA SOMBRA ITALIANA, que vean mi rostro y no lo olviden nunca, quien será la perra con la que tendrán que negociar, pero sobre todo que sepan de una puta vez que a los Santoro se los debe respetar y antes que me des tu discurso de las ventajas de vivir entre las sombras papá, permíteme decirte que si hubieran sabido que Alejandra es hija de la GRAN SOMBRA esto no le hubiera pasado, ella estaría hincada rezando como cada día y no perdida en su mente sin saber que será de su destino, lastimaron a mi hermana, la atacaron por no saber quién es.
El color chocolate de los ojos de la morena parecía desaparecer y ser cubierto por un manto negro, venganza era lo que buscaba, poder y respeto lo segundo, su hija tenía razón, puede que en el pasado el ser un anónimo o una sombra más era lo mejor para el negocio, pero aquel anonimato le había costado que alguien utilizara a su pequeña hija, no estaba dispuesto a esperar que más podían hacer.
— Entiendo tu punto de vista, pero debes saber que eso no te asegura nada, recuerda que tu padre fue capaz de secuestrar a tu madre hace 20 años atrás, aun sabiendo que el clan Neizan, los Bach y el Ángel de la muerte irían por él. — Fabrizzio siempre apelaría por lo mejor para ellos.
— Y lo hizo solo para liberarte Fabrizzio, porque somos leales, ustedes me lo enseñaron, nos cuidamos mutuamente, es por eso que cuando mi madre escapo tu ayudaste a mi padre a ir por ella, aun sabiendo que era una misión suicida, ahora dime, si tu fueras un mafioso más, un sicario cualquiera y te enviaran contra alguno de la familia, ¿asumirías tu responsabilidad? Tenemos a los Neizan manejando la mayor parte de Rusia, a Donato y Valentina Constantini con todo el norte de estados unido bajo su poder, el tío Eros a cargo de los Bach, y por supuesto a Hades y sus hijos, los Ángeles de la muerte, su sola mención hace temblar a cualquiera, es hora de demostrar que los Santoro también somos importantes y que tu Fabrizzio no solo eres mi padrino y empleado de mi madre, eres la mano derecha de la sombra, mi padre… y dentro de una semana la mía.
Ninguno de los dos podía rebatir eso, lo más importante ninguno de los dos podía decir que Estefanía no tenía lo que se necesitaba para dirigir la organización.
Estefanía estaba en el balcón del segundo piso, la luz de la luna bañaba el viñedo, mientras se preguntaba si estaba hacendó lo correcto, Dante se había encargado de ganar su corazón, con detalles caros y ostentosos, pero aún mejor con los simples y si valor económico, su sonrisa, sus caricias, la forma tan suave y delicada con la que aquel hombre le hacia el amor, ella no podía engañarlo de esa forma, no podía salir de la iglesia colgada de su brazo para luego en la noche de bodas informarle que asumió como la sombra italiana, no, claro que no haría eso, dejaría que sea el quien eligiera, si su sed de poder podía más que el amor.
— Estefi. — La dulce voz de Alejandra la hizo girar.
— Mi querida hermana, ven, hazme compañía. — respondió al tiempo que se limpiaba una lágrima que no sabía en qué momento comenzó a salir de sus ojos.
— ¿Por qué sufres? — contesto al tiempo que llegaba a su lado a abrazarla.
— El amor te hace sufrir, las inseguridades, en fin, la vida. Y tú ¿Cómo te encuentras con todo esto? ¿Sigues firme con tu decisión?
— Si, tendré a este bebé, y a pesar de lo que todos piensen no estoy loca, sé que esto no es obra de Dios, pero es una vida que no tiene culpa de nada.
— ¿No tienes miedo? Si alguien hizo eso contigo lo más probable es que cuando nazca querían a ese bebé de regreso, solo te están usando hermana y eso es lo que más me duele y molesta.
— Pues… llegado ese caso, sé que mi familia me ayudara a que no me lo quiten, ¿verdad?
Estefanía vio el verde con motas negras de los ojos de su hermana, brillaban como dos gemas de aguamarina, llenos de amor y esperanza, era su deseo, como el deseo de ella era cambar las reglas de juego de la mafia, un lugar dominado por hombres, ¿Cómo no protegerla?
— Jamás dudes de ello, estaré a tu lado cuidando tus pasos como cuando éramos niñas, nadie te obligara a hacer algo que no quieras, te lo juro Alejandra, si tu deseo es quedarte con ese bebé así será.
La promesa de Estefanía no abarcaba que no buscaría venganza, quien sea que se atrevió a utilizar a su hermana se arrepentiría por el resto de su vida.