El cantinero se aleja a seguir con su trabajo y en menos de diez minutos termino en un callejón dándome golpes con un montos de idiotas, niños ricos que piensan que por ir a unas cuantas clases de autodefensa podrán con alguien como yo y eso me hace reír.
— ¿Qué rayos te paso Ezzio? — mi hermano mayor me ve con burla, pero lo ignoro, hoy no peleare con nadie más, solo una cosa me importa, o mejor dicho una persona.
— La encontré. — Lupo y Leonzio me ven sin entender a que me refiero, mientras Rocco y Ángelo dejan su maldito juego de video y se unen con nosotros en la sala, Salvatore me ve curioso, pero con ilusión.
— ¿A quién exactamente encontraste? — Leonzio me examina y sé que es porque a pesar de que mi ceja sangra al igual que mi boca, sonrió, como un estúpido.
— A nuestra reina, la encontré. — solo Salvatore me ve con felicidad, los demás aún no están seguros de mis palabras.
— Habla. — Lupo al igual que Leonzio no son personas pacientes, eso lo sé desde que éramos pequeños.
— Es una reina, una que esta herida, su cara estuvo carente de emoción durante toda la noche, pero sus ojos bañados de dolor, aun así, todos la veían con respeto, esto. — digo apuntando mi rostro. — Es el resultado de matarme a golpes con un grupo de perdedores, porque ella me beso, y por lo que el cantinero me dijo hacía tres años que ni siquiera hablaba con un hombre, todos lo han intentado, pero nadie puede llegar a ella.
— ¿Es linda? — bufo, porque a Rocco parece que es lo único que le preocupa.
— Es hermosa, rubia, sus ojos color aguamarina, labios gruesos, parece una modelo y sus piernas…
— Demonios ¿tienes una erección por solo recordarla? — la burla de mi hermano Ángelo hace que quiera golpearlo.
— Te puedo asegurar que tu acabarías en tus pantalones con solo verla idiota.
La discusión continua durante toda la noche, nunca creí de estar feliz de encontrar a la mujer que manejaría mi vida, la de mis hermanos y primos, solo Lupo, Leonzio, y Salvatore estaban ansiosos, buscando en cada rostro, en cada cuerpo, en cada mujer de la ciudad, algo que la distinga, que la haga única, pero solo encontraban mujeres común y corriente, nada a lo que nuestras madres nos contaron, mi familia practica la poligamia, no es una obligación, es más… un estado natural, normal, mi madre y tía, se enamoraron de Franco De Luca, nuestro padre y antes de eso nuestra abuela se enamoró de Vico y Piero Salvatore, aunque muchas veces pensamos que al nosotros ser seis, lo mejor sería buscar cada uno una pareja y quizás si con el tiempo se unía alguien estaría bien, pero cada una de las mujeres con las que estuvimos resultaron ser miedosas, comunes, interesada, etc. solo hasta hoy que la vi, estoy seguro que ella podría con nosotros seis, en todo sentido.
La semana que continuo acudí al club Diamon Black, con cada uno de mis hermanos y primos, con la esperanza de que vean con sus propios ojos a Tina, pero ella no regreso y el tal Fran tampoco estaba, por lo que pude saber, se había jubilado, algo que no me cuadraba, era mayor, pero no se notaba como un anciano, y yo… sufría, por una mujer que solo me dio un beso, un maldito beso, pero que se había llevado mi alma en él.
— No puedo creer que aceptaras la maldita reunión. — Lupo y Leonzio estaban discutiendo una vez más.
— Es lo que corresponde, después de todo los Constantini también son italianos.
— Te recuerdo Leonzio que no estamos en Italia, aquí no aplican esas leyes…
— Para nosotros sí, además, es la única forma de conocer el rostro de ese par, ya no podemos seguir matando gente al azar.
— ¿Crees que respetaran el pacto?
— Por su bien espero que sea así, de lo contrario nadie saldrá vivo de ese edificio.
Decir que mi primo era una bomba de tiempo era un cosa, verlo con una bomba rodeando su cuerpo, dispuesto a inmolarse, ya eran palabras mayores, pero al fin de cuenta lo comprendía, ya habíamos perdido en Italia, los De Luca cayeron bajo la sombra italiana, el maldito jugo bien sus cartas, ya que tenía la mano ganadora, nunca nadie vio su rostro, nunca nadie supo quién es, o mejor dicho que familia es, porque a no ser que estemos hablando de alguien inmortal, es imposible que la sombra de Italia tenga 100 años.
Al llegar a la empresa de Bianca Constantini, nos relajamos un poco, por lo que hemos podido averiguar, los Constantini son respetados y queridos, ese es un punto que tienen a su favor y en gran parte es por Bianca y su esposo John, ella una empresaria honrada, que solo carga con el apellido que su padre le dio, pero no con la mafia que la rodea y su esposo un abogado reconocido, que dedica su tiempo a defender a las personas del Clan Constantini, también esta Prieto, padre de los actuales lideres del Clan, pero esta retirado, pudimos saber que no crio a sus hijos, estos fueron criados por un tal Noha, Leonzio cree que es el mismo que es líder de la mafia en Grecia, algo que dudo, su esposa Emma es muy joven, demasiado como para tener hijos extra matrimoniales. En fin, que la reunión se lleve a cabo en este lugar, repleto de personas, me deja más tranquilo de poder salir con vida, no se arriesgarían a que todos o su mayoría murieran ¿verdad?
— Los quiero concentrados, en lo posible no hablen y dejen que nosotros llevemos esto adelante. — Lupo hace valer su posición de mayor, junto con Leonzio, nadie se queja y es lo último que dice antes que ingresemos en el lugar en cuestión.
Mientras el ascensor sube pienso que nuestro padre sí que se divirtió esa noche, ya que ambos, Leonzio y Lupo tienen 28 años y nacieron el mismo día, luego sigue Ángelo que tiene 27, Rocco con 26, Salvatore que obtuvo su nombre del apellido de nuestras madres hace 25 años y por último yo de 24, por suerte mis madres decidieron no continuar con la plaga De Luca.
Una mujer mayor regordeta nos hace ingresar en la sala de justas luego de anunciarnos y es cuando le veo, Tina, quien está viendo al hombre a su lado, mierda, no me digas que es la mujer de Constantini.
Mi corazón late con prisa cuando quien se ahora que se llama Donato la presenta como Valentina Constantini, ese es su verdadero nombre y yo que creía que se llamaba Martina, para mi desgracia no gasta ni una mirada en mí, hasta que termina de ver con detenimiento a todos mis hermanos y primos. Es entonces cuando sus ojos se abren un poco más, algo casi imperceptible, pero lo noto, porque me está viendo a mí.
— Hola Tina.
La saludo con la intención de que sepa que la recuerdo, nunca espere que su respuesta sea tan borde, pero vamos, debo admitir que eso es lo que me calienta de esta mujer, aunque mi primo y hermano la estén molestando, tratándola de niña, casi rompo a reír cuando Leonzio salió con eso de una hermana menor, pero comprendo su punto, lo cautivo y no solo a él, la quiere acorralar, intimidar, atrapar, para que acceda a ser nuestra.
No sé cómo sentirme en este momento, las puertas del ascensor se cierran y aunque ella rechazo la oferta, nos está acompañando, creí que era porque quería pasar tiempo con nosotros, pero al llegar al estacionamiento puedo ver que solo es para salvar nuestros traseros… ella nos está ayudando y lo confirmo cuando mi primo le pregunta y ella trata de negarlo, pero me ve, a mí, solo a mí, por escasos segundo me sentí afortunado, te encontré mi reina y serás mía a como dé lugar, hermosa reina Tina.
Tiempo después:
Mi cabeza duele, como lo ha hecho toda esta maldita semana, la odio, odio este mes, odio este día, odio mi vida sin él, bebo un poco más de la… ¿segunda? ¿tercera botella? Quizás sea la cuarta y no me importa, jure no volver a cometer esa estupidez, pero… hay más de una forma de morir, como el alcohol, o mejor aún, caminar de madrugada, sola, vistiendo una falda que apenas me cubre el trasero y una busa que deja a la vista que tan erguidos están mis pezones a causa del frio que azota Chicago en esta época, y como cereza del postre, estoy caminado en uno de los peores suburbios, sí, estoy buscando problemas, estoy buscando mi muerte y eso está bien, solo así podre estar con Eliot.
— Eres todo lo que necesito, lo supe desde que éramos niños. — acaricia mi cabello y suspiro sobre su amplio pecho desnudo.
— Aun así, no puedo creer que… me buscaras, no tenías por qué hacerlo, ¿Qué hubiera pasado si te encontrabas con una Tina llena de granos, obesa y demás defectos?
— ¿Esos son defectos para ti? No mi vida, los defectos son la carencia de emociones, ser egoísta, y demás, ese era mi miedo.
— ¿Cómo?
— Temía encontrar a una Valentina caprichosa, arrogante, altanera, pero gracias a Dios no fue así, tu sigues siendo mi Tina.
— Y tú eres mi Chicco Eliot.
Éramos dos Eliot, solo tú y yo, no Don y Tina, o Tina y Emma, ni Noha y Tina, tú eras completamente mío y yo era tuya, porque si tenía defectos, aun los tengo, soy caprichosa porque te desee incluso en aquel tiempo, egoísta porque te quería solo para mí, altanera porque aleje a cuanta perra te veía, eras mío y yo era tuya… pero me dejaste.
— Idiota. — murmure cuando el recuerdo de mi mente se desvaneció y me dejo ver nuevamente la realidad que tanto odio.
— Hola Tina. — esa voz, cierro mis ojos un segundo, trato de concentrarme como el doctor me dijo, las alucinaciones no deben regresar, las debo mantener a raya en mi mente desquiciada. — ¿Estas bien? — abro mis ojos de golpe al sentir una mano en mi brazo y solo entonces es que lo veo, no es una alucinación, es Ezzio De Luca con esa maldita voz tan parecida a…
— Chicco. — digo con calma, relajando cada musculo de mi cara, sin demostrar nada, sin que él pueda ver mi odio, mi necesidad, y también mi deseo de querer grabar su voz, quizás con un mensaje de despedida, era lo mínimo que Eliot me debía, una despedida.
— ¿Qué haces aquí? Y vestida así. — su rostro serio, su mirada que lanza rayos y centellas casi me hacen reír, casi.
— Dando una vuelta, ya sabes, ver el lado miserable de la ciudad te ayuda a saber que tan afortunada… soy. — ves Eliot, puedo ser despreciable, puedo ser altanera, puedo ser lo que más odiabas de la gente rica, puedo matar a la Tina que tanto amabas. Trato de continuar con mi caminata, pero Ezzio me toma del brazo.
— ¿Qué es lo que estás haciendo en nuestro territorio Valentina? — desconfianza, eso veo en sus ojos, serás un buen mafioso algún día, cuando se largue de mi ciudad.
— Ya te dije, doy un paseo.
— ¿Vestida como una golfa? ¿bebiendo una botella de vodka?
— Para ser precisa, a tu queja Chicco, es mi cuata botella y me visto como se me da la gana, prejuicioso de mierda. — no puedo evitar sonreír al ver su rostro de asombro, una sonrisa natural, ha pasado demasiado tiempo desde que hice una.
— ¿Eres alcohólica? — coloco mi dedo índice en mi labio y ruedo los ojos como si estuviera considerando sus dichos.
— No lo creo, no es algo que necesite, solo lo bebo cuando tengo jaqueca. — Ezzio ve mis ojos con preocupación, se lo que preguntara y vuelvo a reír, maldición debería filmar este momento y mostrárselo a mamá, quizás eso la haga feliz, su hija ríe, luego de años Valentina Constantini está riendo.
— ¿Y tus jaquecas son muy recurrentes?
— Rayos Chicco, eres muy listo, me pillaste. — golpe su hombro para quitarlo de mi camino, pero en menos de un parpadeó lo tengo frente a mí, una vez más.
— ¿Dónde están tus custodios?
— ¿Custodios? No los necesito, yo no necesito nada. — intento una vez más caminar, pero las manos de Ezzio en mis brazos me lo impiden, no solo eso, me arrastra a un callejón no tan oscuro, y más limpio de lo que esperaría en este lado de la cuidad, pero lo que más me asombra es que… me gusta sentir el calor de sus manos, mi cuerpo anhela ser tocado y me odio por ello.
— ¿Quién te lastimo mi reina? ¿quién rompió tu corazón?
— Ese es el problema Chicco, no se puede romper algo que no tienes y yo ya no tengo corazón.
— ¿Acaso ese tal Eliot te lo robo? — no fue el hecho de que lo nombrara, maldición, estoy más acostumbrada a escuchar el nombre de Eliot que el mío, lo que despertó mi furia fue el desprecio con el que lo dijo, para mi suerte y desgracia de su descendencia, su entrepierna estaba demasiado cerca de mi hermosa rodilla, por lo cual lo golpee sin siquiera inmutarme cuando cayó de rodillas.
— Chicco, no opines de cosas que no sabes. — salí del callejón y solo entonces me di cuenta de que el resto de los De Luca estaban allí, Rocco sonreía viendo a su primo en el suelo de rodillas, como se retorcía de dolor, Salvatore solo se dedicó a devorarme con sus ojos oscuros, como si jamás hubiera visto una mujer con minifalda, o con una blusa delgada dejando a la vista del mundo su abdomen, aunque claro, podría ser el hecho de estar sin sostén y que mis pezones se levantaban como puntas de flechas.
— Estas jodida. — Lupo al igual que el resto me veían con molestia, pero no creo que fuese por el hecho de que uno de ellos estaba aún quejándose por ser golpeado, era como si les molestara verme así… en un estado deplorable.
— No es problema de ustedes, pero…— hago una pausa mientras bebo un poco más de vodka y veo como los ojos de Leonzio se oscurecen aún más. — Digamos que es mi estado natural. — termino de decir y muestro mi sonrisa más perra que tengo, dejándoles en claro que me importa un carajo lo que piensen, doy un paso hacia la derecha, solo me falta una calle, una maldita calle y llegare.
— ¿Adónde crees que vas niña? — la mano de Lupo quiere tomar mi muñeca, como lo hizo ese día en la empresa, y como entonces me suelto de su agarre, con el mismo resultado, mi brazalete cae, como un puto recordatorio de que Eliot no cumplió su promesa. Me quedo inmóvil viendo el brazalete de oro, que en ese entonces me resulto demasiado grueso para mi muñeca, pero que ahora era de gran utilidad para cubrir eso que tanto desestabilizaba a mi familia. No me doy cuenta de que todos estaban tan inmóviles como yo, mientras yo veía el brazalete, ellos me veían a mí, aunque al ver las pequeñas gotas que caían en la acera, descubrí que era porque estaba llorando, Rocco fue quien tomo la pulsera del suelo.
— ¡Dámela! — el muy perro sonríe y la guarda en su bolsillo. — Estas muerto. — rompo la botella contra una de las paredes y cuando estoy a punto de saltar sobre Rocco, Ezzio me toma desde atrás.
— Tranquila Tina. — cierro mis ojos, porque necesito, deseo, escuchar su voz, tan igual, tan parecida a …
— Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él.
— No Tina, no dejare…
— ¡Que me de mi maldito brazalete! — soy consciente que la maldita blusa se levantó y que la parte baja de mis senos son visibles para todos los De Luca, pero me importa una mierda.
— Rocco, dáselo. — Ezzio demanda con enfado, y eso en parte me conmueve, ¿Cuándo fue la última vez que permite a alguien ayudarme? No lo recuerdo.
— ¿Y si no quiero? — el rubio sonríe, estoy a nada de perder la poco cordura que me queda, toda ella depende de ese brazalete, es entonces cuando lo escucho, el motor del Ferrari de Donato.
— Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio me suelta poco a poco, mientras Lupo lo ve incrédulo y Leonzio con molestia.
— No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando el Ferrari de Don derrapa por el asfalto, casi atropellando a los De Luca, lo peor es que no viene solo, Lion también esta con él, y cuando descienden del Ferrari, observo a las camionetas llegar, maldición mis padres.
— Tina ven. — Don tiene la mandíbula apretada, puedo jurar que romperá sus dientes.
— Dámela. — le repito a Rocco ignorando la mirada irritada de Lion.
— ¡Tina ven! — Don camina en mi dirección, pero antes que llegue, Rocco abre su boca.
— Eliot y Tina por siempre, que cursi. — veo como Don saca su arma y apunta la cabeza de Rocco.
— No. — de un salto me coloco frete al rubio que poco debe valorar su vida, obligando a Don a mover su arma, aunque es tarde, la bala roza mi mejilla, aun así, me quedo de pie, sintiendo el ardor y la sangre gotear, sintiéndome viva.
— ¡Valentina! — creí que eran mis hermanos los que gritaron, pero eran más voces, muchas más.
— Dame mi brazalete. — no vi a nadie en especial, pero podía sentir sus ojos sobre mí, solo gire a ver a Rocco, estaba pálido y su risa burlona ya no estaba, extendió la mano y tome mi brazalete, entonces tomo mi mano, fueron solo dos segundo, pero la vio y sus ojos ardieron una vez más con molestia y algo más.
— Hija. — la voz de mis padres hablando al unisonó atrás mío, me hizo cerrar los ojos y tomar una bocanada de aire, mientras mi mano se aferraba al brazalete, para cuando volví a abrir mis ojos ya tenía mis emociones bajo control, la máscara estaba en su sitio.
— Estoy bien, regresare sola… — a pesar de que mi rostro estaba inexpresivo aun veía los ojos de Rocco, estaba frente a él, a menos de veinte centímetros de distancia, su colonia llenaba mis pulmones, y sus ojos… grises, hipnotizantes…
— Tina debes curar la herida. — podía ver de reojo como los De Luca veían incrédulos a mis familiares, estoy segura de que no comprendían por qué no se acercaban, porque aún me mantenía en medio de ellos y no en los brazos de mis padres o hermanos.
— Solo falta una calle. — fue mi repuesta final y ahora si me moví, como si Rocco no estuviera allí, caminé e incluso lo empuje ya que el rubio parecía que había echado raíces en el suelo.
Rocco.
Una semana había pasado desde que vimos a nuestra reina, Ezzio tenía razón, ella es perfecta, aunque lo que dijo Salvatore nos tiene un poco preocupados, ella aun carga esa pulsera con la inscripción Eliot y Tina por siempre, no nos gusta, claro que no, ella debe ser nuestra, si ese idiota la abandono no la merece, mucho menos que ella lo espere.
— Y me lleva el mismo diablo. — la voz molesta de Lupo me hace verlo, pero él solo está viendo a la acera de en frente, es entonces cuando veo a nuestra reina y mierda, mi pene se levanta como muerto resucitado por obra y gracia de Dios.
— Es caliente. — digo al tiempo que una sonrisa se expande por mi rostro y mi hermano mayor golpea mi cabeza.
— Presta atención idiota, si nosotros la vemos, todos la pueden ver. — Leonzio tiene razón, aunque hemos despejado esta calle y ordenamos limpiarla, solo es suerte que no le quisieron hacer nada, menos mal que a Ezzio se le ocurrió la idea de darle un poco de glamur a este vecindario, de esa forma podemos atraer a personas de mejor condición económica, pero definitivamente no estaba en nuestros planes que nuestra reina viniera por aquí, menos dejando tanta piel a la vista.
— Ezzio. — la voz cargada de advertencia de Ángelo me molesta, se supone que debemos enamorarla, Ezzio al menos la a besado. — Haz que se largue de aquí, puede ser una trampa. — Ezzio lo ve raro, pero asiente.
Observo al suertudo de mi primo, aunque se nota que esta furioso, está más cerca de ella que nosotros, pero cuando la lleva hacia el callejón no soy el único en molestarse, cruzamos justo para ver como Tina le rompe los huevos a Ezzio, rio con ganas y ella nos ve como si fuéramos nada, caliente muy caliente, tanto que mi pantalón molesta.
— ¿Adónde crees que vas niña? — Lupo quiere detenerla y es cuando el bendito brazalete cae, y ella solo se queda clavada al piso, viéndolo, como si nada más existiera, como si toda su vida girara en torno a ese maldito brazalete y solo cuando veo sus lágrimas es que lo tomo, esta maldita cosa la lastima, no debe tenerlo.
— ¡Dámela! — la veo de forma retadora al tiempo que guardo el brazalete en mi bolsillo delantero. — Estas muerto. — sus ojos se oscurecen, su rostro se contrae con odio, y está a punto de intentar atacarme cuando Ezzio la toma desde atrás, levantando sin querer un poco su blusa… bendito Jesús, mi boca se hace agua, y mi lengua pica con la necesidad de probar tan gloriosos pechos.
— Tranquila Tina. — nuestra reina definitivamente reacciona a la voz de Ezzio, eso es bueno… creo.
— Chicco, suéltame o te meterás en un lio muy grande y… no me gustaría verte en él. — maldición, ¿acaso está generando favoritismo por mi primo? no me gusta, no me gusta nada.
— No Tina, no dejare…
— ¡Que me de mi maldito brazalete! — aun con mi mano en el bolsillo aprovecho a apretar la maldita joya, me gustaría destrozarla con mis propias manos.
— Rocco, dáselo.
— ¿Y si no quiero? — le sonrió, pero solo para ocultar el malestar que me genera que se preocupe solo por Ezzio.
— Chicco, en verdad, suéltame y corre, mi hermano está llegando y nada bueno resultara. — Ezzio la obedece, claro que sí, está sumando puntos a su favor, pero esta me las pagas maldito perro.
— No puede ser que le temas a un niño. — dice Ángelo y es cuando una Ferrari negra… ¿en verdad niño?, las ferraris deben ser rojas, todos lo sabemos, en fin, nuestro futuro cuñado casi nos atropella.