Chapter 8

Entraron al lugar y Deivid se sorprendió cuando al pedir el almuerzo el camarero le sonrió a Linda y le preguntó si quería lo mismo de siempre.

— No, solo será gazpacho.

El almuerzo pasó y luego de un Deivid audaz y confiado, los inversores se retiraron pidiendo disculpas por el supuesto malentendido y fijando una nueva reunión.

— Los aniquilamos Linda gordita.

— Sí, lo hicimos. — Linda no pudo evitar sonreír, ya se había acostumbrado al apodo que Deivid le había otorgado, pero también noto que ya no lo decía con sarcasmo, sino que, de una forma suave y tierna, lo decía con cariño.

— Bien es hora de volver a la oficina y hablar con Will.

— Claro. — Pero antes que eso sucediera, el camarero reapareció.

— Señorita Brown, permítame el atrevimiento, la última vez no le pude agradecer como era debido, pedí su postre favorito, muchas gracias por lo que hizo aquella vez por mí. — Deivid miraba intrigado al hombre que tendría unos cuarenta y algo o cincuenta y pocos.

— No tiene nada que agradecer, era lo correcto. — respondió su asistente con una sonrisa tensa.

— Aun así, muchas gracias. — El hombre dejó el postre y se retiró. Y Linda no sabía qué hacer.

— ¿Gustas un poco?

— No, no soy amante a las cosas dulces, ya sabes te hace perder la silueta.

— Sabes Deivid, la vida es muy corta para preocuparse por pequeñeces, unos kilos de más a cambio de probar una delicia, es un precio justo para pagar.

— De acuerdo me convenció, señorita Brown.

Linda sabía muy bien porque la llamo así, él quería saber la historia que había detrás de las palabras del camarero, pero ella estaba decidida a jugar a hacerse la tonta, tomo un bocado del postre y él se perdió en su boca envolviendo la cuchara en ese momento, pero volvió a la normalidad.

— ¿Me dirás que fue eso? — Pregunto impaciente. Y Linda se dio por vencida.

— Creo que en mi currículum está especificado lo eficiente que soy, hace un tiempo atrás vine a este lugar con el que era mi jefe, él estaba de mal humor, y se desquitó con el camarero, pidió que lo despidan y no me pareció justo, por lo que intervine, eso es todo.

— ¿Tu jefe quién era? — Esa era una pregunta que ella no quería contestar. Por lo que utilizo el coqueteo como arma.

— Disculpa, ¿dijiste algo? Por un momento tus tatuajes me abrumaron. — Y por fin logró un leve sonrojo en sus mejillas. El cual le debía más al miedo que a otra cosa.

— ¿Y eso cómo qué?

— No sé, tienes tantos, digo los que son visibles, ¿cuán tatuado tienes tu cuerpo? — pregunto con cara de cachorro abandonado.

— Eso solo lo saben quiénes me ven desnudo. — respondió el hombre al tiempo que le giñaba un ojo.

— Ah. — Puso su mejor cara de desilusión, sabiendo que el querría consolarla.

— Si quieres me podría desnudar para ti. — Linda fingió mirarlo con sorpresa e incredulidad, cuando por dentro se moría de risa.

"Eres lerdo Deivid, pero mejor así."

— Pero mira quién está aquí, Deivid Smith, tan apuesto como siempre a pesar de esos tatuajes. — La espalda de Linda se puso tiesa, ¡estaba perdida! Todo había acabado.

— Samara Canón, tan rubia como siempre.

Cuando la mujer saludó a Deivid, se fijó en quien lo acompañaba, claro ella no sabía que eran jefe y empleada por lo que se acercó apropósito a la mesa cuando lo vio acompañado y más con alguien con esa figura, pero cuando reconoció de quien se traba su cara cambio de inmediato, igual que su tono de voz dejó de ser simpático, para pasar a ser ácido y burlón.

— ¿Señorita mantequilla? Mira cómo has cambiado, si hasta pareces una persona.

Linda podía domar a cualquiera, pero había dos personas a las que nunca podría enfrentar, Erick Mark y Samara Canon, ella moría por gritarle a esa rubia de plástico cuantas veces su prometido la había follado, de ciento de formas diferentes, cuantas veces habían alcanzado el máximo placer hasta caer rendidos, pero no podía, el día que ella hiciera eso Erick sería capaz de matarla de ser preciso. Por lo que bajo la cabeza sin decir nada.

— Samara, ¿acaso tienes algún problema con mi asistente? — El tono de Deivid dejaba ver lo molesto que estaba con por sus palabras.

— Mira hasta tienes un nuevo defensor, las cosas no cambiaron tanto, ¿sabes Deivid? te daré un consejo, por la amistad que tiene nuestros padres, despide a esta vaca, es una completa incompetente. — En el terreno laboral Linda si se podía defender, ella sabía lo brillante que era.

— ¡Eso no es verdad! — rebatió sin importarle levantar la voz.

— ¿Que no es verdad?, echaste a perder el mejor negocio que se había conseguido con Dante Ricci, tu idiotez nos costó 2 millones, menos mal que mi prometido te hecho antes de la reunión de la junta o te hubiera destrozado con mis manos. Me imagino que no colocaste nuestra empresa como referencia....

Samara continuó hablando, pero Linda ya no la escuchaba, estaba acostumbrada a sus continuos ataques, siempre le decía que si no fuera porque se parecía más a una cerda que a una mujer ella no dudaría en que Erick y ella tuvieran un amorío, pero gracias a su apariencia nunca sospecho nada, lo que saco de jugada a Linda fue el hecho que la culparan por el fallido de una fusión con el italiano Dante, eso era imposible, ella dejó todo listo, solo faltaba la firma de Erick.

El día después de que Erick la mandó por un tubo ella se reunió con Dante, firmaron todo y entre una cosa y otra, terminaron en la cama de un hotel de lujo, fue así como ella se dio cuenta que podía seducir a cualquier hombre.

— Te estoy hablando jamón con patas.

— ¿Que? — La voz de Linda era apenas un murmullo.

— Que como se te ocurrió poner una cláusula que si no se concretaba el trato pagaríamos dos millones de dólares.

— No... — Las lágrimas de Linda caían a la vez que el subconsciente le gritaba.

"¡Estúpida te pago con dinero de la compañía y te culpo por ello! ¡Ahora además de puta eres una ladrona!”

— ¡¿Acaso no piensas contestar vaca?!

— ¡Oye Samara ya es suficiente, porque no te largas a arruinar el almuerzo de alguien más! — Linda miro de inmediato a Deivid, él la estaba defendiendo, y ella no estaba fingiendo.

No quería estar en ese lugar, en cualquier momento podría aparecer Erick y todo se iría al carajo.

Por lo que se levantó y salió sin decir nada, Deivid salió detrás de ella.

— Linda, espera, ¡Hey detente! — Al momento que Deivid la detuvo la abrazó y ella se quebró por completo.

— No fue así, no sé qué paso, pero lo averiguare, yo sé lo que hago, mi trabajo es lo único que tengo, es lo único para lo que soy buena ¡jamás aceptaría algo así! — Decía entre lágrimas más para sí misma que para él.

— Te creo Linda, no tienes nada que explícame, me acabas de salvar de perder mucho dinero, sé que eres buena en lo que haces. — Deivid acariciaba la espalda de ella, y ese contacto lo empezó a acalorar.

"¡Por favor, si solo la estoy acariciando! ¿Qué sucede conmigo, porque me atrae tanto? Ella se ve tan débil, está sensacional de que alguien te necesite es tan fuerte y linda, Linda como ella, debí mandar al carajo a Samara apenas llegó.”

— Ya estoy bien señor Smith, puede soltarme. — dijo la joven, pero él no quería hacerlo, sin embargo ¿qué podría decirle? Y entonces le dijo la verdad.

— Pero yo quiero abrazarte un poco más. Además, ya te dije no me digas señor. — Le dijo con voz suave junto a su oído.

— Está bien Deivid, ¿podemos volver a la oficina? Todavía tenemos trabajo.

— Eres muy responsable Linda. — Ella lo miró sorprendida, no era gordita Linda, ni otro apodo él la llamo por su nombre.

Chapter 9

En la empresa, Williams realmente parecía un animal, nunca en su vida se había sentido tan desesperado.

"¿Que mierda pasa? ¿porque estoy así? No importa si Deivid la está fallando, ella no soltará un te amo, así como así, no, ella es una mujer audaz. Además, no se iría a follar con él a la primera ¿verdad?¡Te apretó las bolas y chupo tu dedo como si de tu pene se tratara, sin contar lo que hizo con tu lengua, claro que se podría ir a follar con Deivid!”

El subconsciente le gritaba, que Linda hacía lo que quería sin remordimiento alguno.

"¡Maldición!"

Si, Will estaba enloqueciendo, estaba a punto de llamar a Deivid cuando este abrió la puerta.

— ¿Qué te sucede? — Deivid se sorprendió del mal aspecto que su amigo reflejaba.

— ¿La follaste?

— ¡¿Que?! Fuimos de negocios no a follar ¿recuerdas? ¿Qué te pasa?

— Olvídalo, mejor dime, ¿te contó cómo nos salvó de cagar nuestra calidad en la nueva línea de labiales?

— Si hombre, pero eso no es nada en comparación a como nos salvó de perder nuestro dinero.

Mientras los hombres se ponían al día. Linda estaba buscando en su teléfono en la sección de lista negra, hasta que encontró el nombre que buscaba, vio el número y llamó desde el teléfono de la empresa.

Una voz en italiano atendió al tercer pitido.

— ¿Diga?

— ¿Dante Ricci?

— Si.

— Soy Linda Brown.

— No lo creo, ¿en verdad eres tú o acaso Erick Mark quiere seguir molestando?

— ¿Que?

— Mira lo diré por última vez, solo dormimos juntos y no voy a mentir lo disfruté como nunca, ella es realmente exquisita, valió cada centavo que perdí en ese contrato que tu jefe cancelo y no me arrepiento, ahora deja de molestar.

"¡Cortó!, no puede ser ¿a qué se refería como que Erick cancelo el trato? no tiene sentido, ¿porque lo haría?"

Linda se quedó sin aire en ese momento, ¿podría ser que el señor frío, por fin sintiera el fuego de los celos recorrer su cuerpo?

"Erick sabe que dormimos juntos, acaso.... no, eso es estúpido, él lo dijo siempre y lo repitió aquel día, nosotros nunca fuimos nada, deja de pensar, solo olvídalo, ¡destiérralo de tu mente de una maldita vez!”

Linda llamo a René para contarle lo sucedido, mientras los hombres seguían reunidos en una de las oficinas.

— Hay algo que no concuerda con lo que Samara dijo, recursos humanos llamó a su antiguo trabajo y dieron excelentes referencias, es más, aseguraron que renunció, no que la hayan despedido.

— Eso no importa Will, lo que más me molesta fue ver como Samara la intimidaba y ella no decía nada, solo bajo la cabeza mientras sus lágrimas caían, recuerda que ella dijo que no podríamos llamarla de ninguna manera que no la hayan llamado antes y ahora entiendo el porqué.

Will no podía creer lo que escuchaba, era imposible he irrisorio que ella se comportara de esa forma, pero estaba dispuesto a averiguarlo, solo debía esperar una oportunidad.

Apenas Linda puso un pie en su hogar, fue abordada por una René completamente manchada en pintura.

— ¿¡Que rayos pasó con esa zorra de plástico?!

— René, ¡¿qué rayos te pasó a ti?!

— Ya sabes, tuve un brote de inspiración, morirás cuando veas lo que pinté, pero ahora dime... ¿qué paso?

— Por lo que pude averiguar, Erick canceló el contrato con Dante, no sé porque, me gustaría pensar... quizás... él sabe que me acosté con Dante.

— No lo hagas Linda, Erick solo te utilizo, no te permito pensar que él sienta celos.

— ¿Pero si es así?

— Bien si fuera así, ¿qué cambiaría? Digo, supongamos que un día llega y te pide ser su novia, algo que no hizo durante el tiempo que te follo, ¿qué harás? Olvidaras todo lo que te hizo y ¡¿lo aceptarías?!

—... ¡Dios, que está mal conmigo! — dijo en un lamento al darse cuenta de que aun albergaba ilusiones y sueños sin sentidos.

— No puedes culparte, es él quien te lavó el cerebro. — Así terminó aquella charla. Estas mujeres entregaron su virginidad e inocencia a dos hombres sin escrúpulos que las habían marcado, para siempre.

La semana pasó, René tenía días maravillosos donde su arte fluía, mientras mejor estaba Linda, mejor estaba René, ellas se alimentaban mutuamente el alma.

En la oficina todo transcurría entre coqueteos inocentes y trabajó, la nueva asistente era brillante, pero también muy excitante.

Will estaba seguro de que Deivid decía la verdad, con respecto a lo que sucedió en el restaurante con Samara, desde ese día Linda estaba como ida, si bien les seguía el juego a ambos hombres, era como si le faltará algo, una chispa que mostró los primeros días ya no estaba.

El viernes llego, Williams le había pedido que dejara libre en la agenda de ambos el horario de almuerzo, con la excusa de que vería a un nuevo proveedor, pero tenía otra idea en mente.

— Linda ya es hora vamos. — Ella se levantó y caminó.

A Williams esa obediencia le gustó hasta que cuando llegaron al estacionamiento ella hablo.

— Tú trasero se ve muy bien de este ángulo. — Eso lo enfureció, ella estaba tomándole el pelo, cayó en el truco más viejo, hacer caminar a la mujer adelante para mirar su trasero.

— Linda, Linda, ¿tanto deseas que te azote que buscas provocarme?

— Tú no sabes lo que quiero, porque ni siquiera sabes lo que tú quieres. — Dio la vuelta y subió a la Ferrari sin que él dijera nada, si, ella era la puta ama.

Pero Will tendría su venganza o eso creyó, le sacaría la máscara y vería quien era en realidad.

"Tengo que saber quién es realmente esta mujer, o Deivid está loco, o ella es bipolar o tiene personalidades múltiples.”

En el momento que estacionó y ella vio ese edificio enorme y completamente negro, comenzó a sentir taquicardia.

— ¿Sucede algo Linda? — El hombre la vio tensarse al ver el restaurante.

— Nada. — Dijo mientras trataba de respirar con normalidad.

— Bien entremos. — Bajaron y en ese momento ella calló en cuenta de algo.

— ¿Me dirás quiénes son los inversores?

— Son unos orientales.

— Y porque los traes aquí, hay restaurante de comida oriental cerca, ¿sabes? debes dejarme estas cosas, en verdad no sé com—

Linda quedo clavada al piso en el momento que pasaron por esas puerta y ella dirigió su vista al interior, donde toda la decoración era blanco, crema y más blanco, con aire de riqueza, las ventanas bien ubicadas ayudaban a que el brillo sea aún mejor, pero en medio de aquel lugar, sumamente lujoso, como si de un funeral se tratara estaban totalmente de negro Samara y Erick, a pesar del estilo de sus prendas hechas a medida, de diseñador exclusivo, eran como que no encajaban, ella observo como sin poder creer lo que veía, hasta que entendió el por qué fue lo primero que vio, era una gran mesa preparada, era un ensayo de boda.

Sus piernas temblaron y su corazón parecía querer detenerse. Ni en sus peores pesadillas Linda imagino aquella escena que bailaba frente a ella en este momento. Y al tiempo que una traicionera lágrima cayó recordó.

"Nunca vuelvas a cruzarte en mi camino.”

"Vete de New York.”

"No llores te entrené mejor que esto."

Fue como escuchar una explosión en sus oídos, ella giro y salió corriendo de aquel lugar, pasó de largo la Ferrari y siguió.

Mientras que un confundido Williams no entendía que había pasado, él no veía nada fuera de lugar, porque no sabía que buscar, no vio a Samara, porque entonces hubiera relacionado todo, solo salió también de aquel lugar y la siguió, no corrió tras ella gritando como Deivid lo había hecho a principio de semana, no, él solo la siguió a una distancia prudente.

Los zapatos y la minifalda que Linda llevaba ese día no ayudaba a apurar el paso, en un momento se sintió mareada y se dio cuenta que no estaba respirando, ella contuvo la respiración desde que salió del restaurante y durante las casi 4 cuadras que había recorrido, apoyo las manos en una pared, buscando un sustento para no caer, soltó el aire y comenzó a guiarse de esta hasta un callejón, iba a colapsar, eso era seguro, solo era cuestión de tiempo, cuando una mano la sujetó del hombro y la dio vuelta ella dio un pequeño grito.

— Tranquila, soy yo.

Williams la miró directo a los ojos, pero ella no podía leer su mente, estaba en blanco, ella no podía procesar nada, estaba en shock. Una cosa era saber que el amor de su vida se había comprometido y otra era verlo en su ensayo de boda.

Will aprovecho el aturdimiento la tomó con fuerza de la mano y la hizo cruzar la calle.

Para cuando Linda empezó a recuperarse estaba dentro de un ascensor, no había perdido el conocimiento, pero aun así su cerebro la había abandonado unos minutos, antes que pudiera preguntar dónde estaban vio el pequeño y lujos cartel en el elevador.

Mandarín oriental. El lujoso hotel quedaba solo a cuatro cuadras del restaurante.

— ¿Qué rayos hacemos en un hotel, donde la habitación por una noche cuesta lo mismo que mi sueldo?

Y mientras lo decía reparo en que Will la tenía tomada de la mano, trató de soltarse, pero él no solo no contestó a su pregunta, sino que apenas se abrieron las puertas del ascensor la saco casi a la rastra, para luego abrir la puerta de la suite.

— ¡¿Qué rayos hacemos aquí?! — Él simplemente la metió dentro y cerró con llave, metiendo está dentro de su pantalón y de su ropa interior, mientras la miraba con suficiencia.

— Ahora sí, grita todo lo que quieras, puedes desmayarte si lo deseas o llorar si quieres, no me interesa, pero no saldremos de aquí hasta que no me expliques que mierda pasó allí. — La voz de Will era muy suave casi hipnótica, pero guardaba una amenaza y ella era consciente de eso.

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La apuesta

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