Chapter 2

Los hombres seguían recordando viejas conquistas, desde hacía 3 años dirigen la compañía que sus padres fundaron, lo hacen bien, pero todavía les falta dar lo mejor de ellos, si prestaran más atención a sus obligaciones y no discutiendo en que pose hicieron gritar más a la asistente les iría mejor.

¿Como comenzó este cruel juego? se los contaré, el padre de Deivid y la madre de Will se dirigían a una reunión de trabajo en el avión de la empresa, lamentablemente tuvieron un accidente y murieron, hasta ahí, era una situación triste para ambas familias, pero cuando la asistente de presidencia filtró a la prensa que supuestamente tenían un amorío todo se fue por un caño, la madre de Deivid entro en depresión y el padre de Will se reusó a volver a la compañía, poniendo en sus lugares a sus únicos hijos, cuando la asistente fue confrontada negó sus dicho, alegando que todo fue un mal entendido, la muchacha que a estas alturas nadie recordaba su nombre era joven y hacía poco que ocupaba tal puesto, ella creyó que como sus jefes habían muerto ella quedaría sin trabajo, una completa idiotez, por lo que inventó esa historia y la vendió a una revista de chimentos, como no tenían pruebas para despedirla, los jóvenes planearon hacer que ella renuncie, la sedujeron y al final se rieron de ella en su cara, provocando que ella presentara su renuncia, desde ese entonces mantenían en discusión de quien se había enamorado la muchacha, por lo que decidieron hacer una apuesta, seducirían a cuanta asistente trabajara con ellos y el primero que lograra llegar a las 10 enamoradas ganaría, ¿el premio? nada, solo satisfacer sus enormes egos, nunca creyeron que irían cabeza a cabeza, algunas caían en la primera a los coqueteos de los ahora hombres, otras les tenían que hacer probar el dulce néctar de sus cuerpo hasta que se confesaban, pero algo era seguro, todas caían una vez que las llevaban a la cama, pero siempre existen las excepciones y ellos pronto lo sabrían.

Unos golpes en la puerta de la oficina de Deivid terminaron la discusión de los amigos.

— Adelante. — Ambos prepararon su mejor sonrisa, pero se quedaron de piedra cuando Linda entró.

La joven castaña, de piel bronceada y más de un metro setenta, no se veía como el prototipo de mujer a los que ellos estaban acostumbrados, era grande, muy grande.

— Buenos días, señores Smith y Jones, mi nombre es Linda Brown, y seré su asistente. — se presentó de forma educada y elocuente

— ¿Linda? — Deivid comenzó a reír de inmediato, la mujer frente a él lo miraba con total seriedad, enfundada en su vestido negro ajustado sin miedo a que se marque sus grandes curvas y zapatos del mismo color con sus brazos cubiertos con una chaqueta color crema.

— De Linda solo tienes el nombre, ¿verdad? — continuo con su burla cando la risa se lo permitió.

— Depende de sus gustos señor, además si nuestros nombres realmente describieran como somos, usted se llamaría idiota y no Deivid. — Concluyó la joven mientras esbozaba una sonrisa perfecta, mostrando unas lindas perlas blancas como dientes.

— ¿Me acabas de insultar? — El asombro tomó la cara del más joven de los empresarios.

— Para nada señor, solo daba mi punto de vista, que es lo que un asistente también hace, ahora si me disculpan iré a trabajar que es para lo que me pagan, por cierto, ya ingresé en el servidor de la empresa y vincule sus correos a el mío, también me agende en sus contactos por si me necesitan y no me encuentro fuera de sus oficinas. Ahora sí, me retiró.

— Espera.

— ¿Si, señor Williams?

— ¿Tú sola hiciste todo eso?, bueno por lo menos eres buena en informática. — el rubio parecía sorprendido, pero a la vez compartía la molestia con su amigo.

— Señor Williams, yo soy buena en todo, créame.

La forma en la que habló y el brillo que adquirieron los ojos de Linda, sumado a la pequeña sonrisa que dibujó en esos carnosos labios provocaron una erección inmediata en Will, quien la miraba casi con miedo, ella se dio cuenta, y le sonrió de costado más ampliamente, para darse la vuelta y salir de aquel lugar, moviendo su gran trasero, el cual era bastante tonificado.

“¡No puede ser!, como es posible que esa mujer me caliente de esta forma con solo unas palabras, ¡¿qué mierda me pasa?!"

Williams estaba asustado, jamás le había sucedido tal cosa.

— Estúpida gorda, ya rogara por mí y le haré recordar este momento. — Deivid estaba más que furioso por la audacia de la nueva asistente.

— ¿De qué hablas?

— ¿Como de que hablo? de la apuesta por supuesto.

— Olvídate de esa estupidez, acaso no tienes ojos ¡¿o te atreverías a follar con ella?!

— En su defensa tiene linda cara, en fin, solo sería un polvo y listo seré el campeón.

— No, no, yo no puedo ni imaginarme, olvídalo es demasiado gorda para mi gusto.

— ¡¿Entonces abandonas?! ¡Sí, soy el rey de Rouge Grup! — el tatuado comenzó a festejar como si de un crio se tratará.

— ¡Nunca dije que abandonaría! sabes, de acuerdo, quieres continuar será así, hasta que ella se confiese enamorada de mi o de ti, y este juego se termina, creo que ya nadie quiere trabajar para nosotros, el próximo puede ser un hombre y eso sí que no.

— Bien, ahora sal tengo que idear mi plan.

— Sí, lo que digas Deivid. — Williams salió de la oficina de su mejor amigo y agradeció que Linda estuviera ocupada en el computador, no estaba seguro de que cara tenía.

“¿Qué carajo paso en esa oficina, no puede ser falta de sexo, anoche estuve con una de las secretarias del segundo piso, ¿que está mal en mí?, algo me dice que me alejé de ella. Ya sé, ¡la asustare para que renuncie!”

Will tomo el teléfono y si, como ella dijo ahí está el número de su nueva asistente.

— Linda ven un momento.

“¿Me habrá escuchado? Debí esperar a que contestara."

La puerta se abrió en ese segundo. Mientras la castaña entraba con paso confiado.

"Valla que tiene confianza, ni siquiera toco la puerta."

— ¿Que se le ofrece?

— Mira, no sé cómo decir esto, toma asiento. — Ella hizo lo que le pedía. Mientras un nervioso Williams se paseaba de un lado al otro sin poder estar quieto.

— Debes renunciar. — dijo y espero un escándalo, en cambio obtuvo una mirada seria de la joven.

— ¿Por qué sería?

— Deivid y yo somos personas difíciles de manejar, a veces explotamos, pareces una buena chica, pero nosotros somos muy crueles, creo que tu apariencia te pondrá en un lugar difícil, no queremos que nos demandes por discriminación cuando salgas llorando por burlarnos de tu cuerpo...

— Disculpe, se refiere a que me dirán, gorda, señorita mantequilla, etc... Eso lo podemos solucionar, redactare un contrato donde se estipule que los apodos que me den no serán motivo de demanda alguna. — Ella no se veía alterada ni molesta, hablaba con una tranquilidad inquietante.

— ¿Tanto necesitas el trabajo? ¡¿Además de gorda eres pobre?! — dijo el rubio sin poder contenerse.

— Se podría decir, en fin, si solo era eso, estaré en mi escritorio.

Linda se dirigió a la salida y Will estaba con los nervios de punta, quería que ella renunciara, no quería tener que enamorar a esa mujer grande y gorda, algo en él le decía que eso no era buena idea.

Chapter 3

Por lo que la tomo del brazo y la giro con brusquedad.

— Espera, maldita gorda. — Linda, lejos de asustarse avanzo sobre él, haciéndolo retroceder hasta acorralarlo entre ella y el escritorio, se aseguró de que sus grandes y redondos pechos chocarán con el fornido tórax de su nuevo jefe.

— Dígame señor Williams ¿qué quiere de mí? — Al sentir el dulce aliento de la joven sobre su rostro, Will sintió deseos de probar a que savia esa boca, y cuando sintió los pechos de ella aún sobre la ropa, la erección se hizo presente nuevamente, él estaba aún más duro que antes.

— Esto está mal. — dijo el hombre en un susurro.

— ¿El que señor? Que usted me insulte o que yo, alguien gorda ¿lo caliente de esa forma? — Williams no podía creer que ella se hubiera dado cuenta de eso. — No se preocupe señor, guardaré su secreto, y no se sienta afligido, a decir verdad, es mi culpa, muchos dejan volar su imaginación cuando me ven, pero suelo ser demasiado para ellos. — El que ella dijera eso sonriéndole de una forma condescendiente lo enfadó de sobre manera.

— Tú no provocas más que asco en mí. — trato de mentir, pero la castaña era una reina del engaño, por lo que se dio cuenta de inmediato.

— Claro, seguro, bien en ese caso, si no me va a necesitar para que lo ayude.... me retiró. — Linda giro sobre sus talones y cuando llego a la puerta antes de abrir lo volvió a mirar, para decirle con una voz sumamente sexi. — Un consejo, si se va a tocar en el baño y no tiene lubricante use jabón, de paso se ahora un paso para limpiarse luego. — Le guiño un ojo y salió, como si no hubiera dicho nada.

“¡Maldita gorda!”

Williams tenía ganas de arrojarle algo pero en lugar de eso, terminó en el baño, estrangulando a su pene, dándole sacudidas tras sacudidas, tratando en pensar en alguna de las infinidades de mujeres que pasaron por él, sin embargo solo pudo disfrutar de su acción cuando cerró los ojos y visualizo a esa mujer tan descarada como para darle consejos de cómo masturbarse y en ese momento que se imaginaba llenando la boca de Linda con su pene, él tuvo el mejor orgasmo de su historia, hasta tal punto que no pudo refrenar el grotesco gemido que salió de sus labios.

— ¡Que mierda hice! ¡¿Acaso me volví loco? como pude pensar en ella chupando mi pene!

Si, él estaba furioso. Mientras que Linda disfrutaba de su tiempo de descanso, bajo a la cafetería y se sentó sola, como era su costumbre, ella no confiaba en las personas, le aquejaba de cierta forma como todos la miraban, algunos con pena, otro con desagrado, ella sabía lo que pesaba cada uno a su alrededor gracias al entrenamiento del señor frío, nadie la veía como realmente era.

Una sonrisa surgió en sus labios al recordar a Williams Jones, en el momento que vio al hombre rubio con cara de inocente y bien vestido frente a ella, supo que era de los que les gustaba llevar el control, que lo más probable es que tuviera un carácter del diablo, y con mucha experiencia en la cama, si, su forma tan pulcra de vestir así lo mostraba, y eso provocó que ella atacara primero, se notaba que estaba acostumbrado a llevar las riendas de todo, pero ella le mostraría que era mejor dejarla tranquila, si quería que su pene siguiera siendo útil con otras mujeres.

"Maldición Erick, aprendí demasiado bien tus técnicas, ¡me arruinarte por completo!”

Ella se lamentaba que el señor frío había cambiado su esencia, pero no era así, Erick Mark, solo le había enseñado a liberarse, sin miedo ni culpa.

— Hola, eres la nueva asistente de presidencia ¿verdad? — Una joven de unos 25 años rubia de piernas largas estaba parada frente a ella.

— Hola, sí, soy Linda Brown. — se presentó mientras extendía su mano.

— Un gusto soy Clara. Soy la secretaria de Rodríguez, sector 4.

— El gusto es mío Clara.

— Quería pedirte un favor. No quiero que pienses que soy una descarada ni nada, pero ¿podrías hablarme antes si el señor Williams tiene pensado ir a mi sector?

— Claro, pero ¿por qué?

— Es que ya no sé qué hacer para que me mire, y estoy enamorada de él.

— Ah, qué bueno, ¿y cuándo hablaron y se conocieron lo suficiente como para que te enamores de él? — pregunto, aunque conocía muy bien la respuesta.

— Nunca hemos hablado, él ni siquiera sabe que existo.

— Y tú ¿cómo sabes que lo amas?

— Solo lo sé.

— Sí, bueno yo te avisaré, puedes estar segura, si me disculpas debo volver a presidencia.

"Esta mujer está loca, me imagino que yo era igual de ilusa, enamorada de un sueño, en fin, pobre de ella."

Linda siguió a su escritorio y comenzó a organizar las agendas de sus jefes, solo para descubrir que eran un desastre total.

"Qué carajo hacía la otra asistente, hay miles de reuniones mal agendadas o con el mismo horario."

Estaba teniendo problemas en reorganizar todo, cuando su teléfono sonó.

— Gorda ven a mi oficina. — ¿Gorda? ¿En verdad, es lo único que se les ocurre? Bien señor Deivid, es tú turno, voy a ver qué es lo que necesitas y te lo daré.

Linda golpeó muy suave la puerta dando la sensación de timidez y miedo, ella ya había visto su reacción cuando lo confrontó, eso sumado a sus tatuajes que eran visibles en cuello y manos, sabía que estaba ante un hombre que trataba de dar la sensación de chico malo y por lo tanto apostaría lo que fuera que todas las mujeres se comportaban tan malas con él como pensaban que quería, pero Linda estaba segura que este hombre caería ante ella si se mostraba dócil y débil una pobre mujer que necesitara un fuerte hombre que la protegiera.

Deivid pasó todo el día organizando su plan, quería ganarle a Will a como diera lugar y estaba confiado con que lo conseguiría.

"Que tenemos aquí, una gorda con aire de reina, sacando el grasiento cuerpo que tiene poder manejarla, gorda mala, chico malo, si nos complementamos y en menos de una semana, entre grito de desacuerdo me dirás que me amas rogaras para que te pida matrimonio y por fin Will aceptara que soy el mejor rompiendo corazones."

Si, Deivid estaba seguro de que su plan no fallaría, lástima que no sabía que Linda era mejor que él leyendo a las personas, ella ya se había dado cuenta que él solo quería mostrar una imagen de hombre malo y duro, pero esa no era su esencia.

— Gorda ven a mi oficina.

"¿Qué sucede? ¿que son esos golpes?, creí que entraría como todas las de carácter fuerte.”

— Pasa gorda. — Si bien Linda entró destilando seguridad en cada paso que daba, sus ojos y rostro estaban con una máscara de indefensa ternura, lo que hizo que a Deivid le costara tragar.

— ¿Qué te sucede? El trabajo se te hace difícil. — Algo en el interior de él despertó, su parte amable al verla de esa forma salió a flote.

— No señor, el trabajo es fácil, solo que... no quise hablarle de esa manera, me sobré pase y tenía miedo de que este enojado. — Esa voz tan suave y quejumbrosa, le provocó querer abrazarla, pero se mantuvo en su lugar.

— No hay ningún problema gordita. — Fue lo único que él pudo decir.

"Maldición había visualizado otra escena, ¿ahora qué hago?"

— Señor Smith, aquí tengo algo para que firme.

— Bien dame, veamos que es. — Linda le dio el contrato donde se aclaraba que ella podría recibir cualquier tipo de sobre nombre de sus empleadores y que no reclamaría indemnización alguna ni denunciaría malos tratos.

— ¿Qué mierda es esto? — pregunto confundido el tatuado.

— Lo que hable con el señor Jones, yo... necesito este empleo, no importa cómo me traten, después de todo, no me dirán nada que no me hayan dicho antes, solo... no me despidan y les aseguro que si en algún momento renuncio no los demandare por nada de lo que pueda pasar. — Linda dejo caer una lágrima para darle más realismo a la situación, hacia tanto que no se comportaba como era ella hace tres años atrás que no estaba segura de estarlo haciendo bien. Pero sus dudas se disiparon cuando el joven que aparentaba ser un hombre duro la atrapó en un fuerte abrazo, como queriendo realmente protegerla.

— No llores, no te ves bien con lágrimas en el rostro.

— Yo no me veo bien sin ellas tampoco.

— ¿Qué dices?, en este mundo nadie es perfecto a los ojos de los demás.

— Y ¿a sus ojos señor? ¿Cómo soy realmente a sus ojos?

Deivid la soltó y se alejó un poco, para mirarla con detenimiento y descubrió con asombro que ella le parecía linda, no había reparado antes en mirarla realmente en ese sentido, pero ahora veía como eso que en un principio le molestó y desagrado, era lo mismo que le atraía, toda ella era grande, no solo su vientre, sus senos eran enormes, sus caderas anchas, y un trasero en el que se moría por morder.

— Eres hermosa.

Dijo en un susurró y ella supo que ya tenía a los dos donde los quería.

Chapter 4

Apenas llegó a su edificio Linda corrió a hablar con René, necesitaba contarle con lujos de detalle lo que había sucedido en su primer día de trabajo.

La joven rubia pasaba gran parte del tiempo pintando, sus cuadros, que alguna vez fueron alegres y coloridos, desde que había sobrevivido al infierno de Terry, se habían vuelto tristes y grises, aun así, no perdía las esperanzas de volver a ser lo que era antes, de poder juntar esos pequeños pedazos de su alma y volver a armarse.

— Hasta que llegas, dime, me muero de curiosidad, ¿cómo son?, te juro que después que cortaste la llamada, me quedé con los nervios de punta, no puede ser que te quiera despedir, ¿te dio un por qué?

— Tranquila René, mi trabajo ya está asegurado, los tengo donde quiero. Que te digo, son dos bombones que no me molestaría comer, lástima que son mis jefes.

— ¡¿Y eso que?! ¡Mira lo que son! estas fotos que me enviaste, te juro ¡monje mi braga!, dime si no tienes curiosidad por contar cuantos tatuajes tiene este cuerpo y este rubio, Dios lo dejaría atarme y que me haga lo que quiera.

— Te puedo asegurar que ese es su estilo, pero yo no me dejaré atar por nadie. No lo sé, son lindos y te mentiría si te dijera que no provocan cierta humedad entre mis piernas, pero dormir con mis jefes esta fuera de discusión, prefiero buscar algún sustituto en las noches alocadas en los bares que cometer el mismo error dos veces.

— Aunque esta vez contaría doble. — rebatió con picardía la rubia.

— Eres una cerda, pero.... no, no lo haría.... creo.

— Pero dime cómo son realmente. — René la seguía por toda la casa mientras Linda se despojaba de su ropa, para colocarse algo más cómodo.

— Ambos te confunden a primera vista, si no sabes buscar las señales correctas, Deivid se ve como un hombre duro, con sus tatuajes y ese peinado, ¡Dios tiene tatuada hasta los lados de la cabeza!, pero tiene cierta luz en sus ojos que te dejan ver que en realidad es un ser sensible muy a su pesar, y te puedo asegurar que todas las mujeres con las que ha estado se han comportado como creen que a él le gusta, mujeres fuertes y descaradas, pero lo que él necesita es a alguien débil e inexperta, alguien que lo haga sentir necesitado y útil. — respondió mientras se sentaba en el cómodo sofá blanco.

— Williams es su opuesto, por fuera aparenta ser calmado, serio y centrado, pero es un animal enjaulado que se especializa en pobres chicas incautas, las mujeres débiles lo buscan pensando encontrar a un príncipe encantador, sin saber que es un lobo disfrazado de oveja, estoy segura de que ya está aburrido de las niñas inexpertas, por eso es que su pene reacciono de esa forma cuando lo provoque, te juro que se me hizo agua la boca cuando vi semejante bulto empujando por salir de ese pantalón. — dijo al tiempo que lamia sus labios.

— ¡Eres una perra!

— Sí, lo soy, y él se dio cuenta que soy de todo menos débil, mi intención fue atacar a Deivid a la primera, ya que vi su foto y me confundí, pero cuando lo hice, pude ver como mis palabras afectaban a Williams, y lo demás fue fácil. — se jacto orgullosa de sí misma.

— Quieres decir que lo sedujiste ¿cómo lo hacías con el hombre frío en el último tiempo que estuvieron juntos?

— No, claro que no, solo me mostré como soy.

— Puedes aparentar con todo el mundo, menos conmigo y lo sabes, eres una buena mujer Linda, solo que Erick te lastimó demasiado. — Rene se sintió mal por traer a flote el recuerdo de aquel hombre que tanto lastimo a su mejor amiga.

— No, él no me lastimó, fui yo, y la estúpida idea que él se enamoraría de mí, puedo leer a cualquier hombre, menos al único que robó mi corazón.

— Él no te lo robó, tú lo tienes encerrado, creo que debes parar, es hora de que busques un amor de verdad, no un sueño ni que tú cambies por esa persona, solo sé tú misma.

— No sé, soy buena para seducir, mientras más grande es el reto mejor, pero después, mis miedos regresan, no creo estar lista para una relación sería. ¿Qué tengo para ofrecer? — respondió con cara abatida la castaña.

— Dios, la mierda que tus padres te dijeron sí que se te metió en esa cabezota, ¿cómo no puedes verte realmente?, eres la puta ama, eres como un arma cargada jugando a la ruleta rusa, tú decides quien cae y quien no, además tienes una inteligencia única, vamos Linda, daría todo por estar en tu lugar un día.

— Si seguro.

Las jóvenes pasaron el resto de la noche tratando de saber si eran o no dignas de buscar un amor verdadero o a lo sumo un compañero de vida, hacía dos años que vivían la vida un día a la vez, y un hombre diferente casi todas las noches, pero al llegar la luz del día, ese anhelo de tener un compañero a tu lado, alguien que te apoye y sostenga sin importar que, se hacía presente, no querían admitirlo en voz alta, ellas habían jurado no necesitar nunca más un hombre, pero esa era la verdad, lo que sus corazones y almas pedían.

Deivid y Williams tomaban unos tragos en el apartamento de este últimos.

Williams vivía en un condominio de lujo, en el gran y espectacular 432 Park avenue de Manhattan en el piso 20, el cual poseía una piscina en su interior de 20 metros, el pequeño capricho le costó 14 millones de dólares, pero valía cada centavo, aunque este lugar siempre fue su refugio últimamente no le gustaba estar solo en su hogar, sentía que era demasiado grande para él , por lo que sus días variaban en dormir aquí e invitar a su buen amigo Deivid o ir al penhouse de este, que claro era igual de lujoso, a pesar que solo valía 12 millones el hogar de Deivid estaba ubicado en la torre 30E32 en la Skyline de Manhattan el piso 22 era todo suyo y lo que más le encantaba a Deivid era el estilo gótico de la fachada.

— No puedo creer que ella redactara el contrato, cuando lo menciono pensé que bromeaba. — dijo un poco indignado Will a no poder saber a qué jugaba su empleada.

— No tenías por qué pedirle que renuncié. — El castaño lo miraba con reproche.

— No quiero acostarme con ella Deivid, ¿qué es lo que no entiendes?

— Renuncia y di que soy mejor que tú.

— Ni lo sueñes, ella quiere jugar y la haré arder tanto que se quemara. Gemirá con tanto ahínco mi nombre que se desarmará en mis brazos. — dijo con fuego en la mirada, Linda lo había provocado y pagaría por ello.

— ¿De qué hablas? es un pobre corderito asustado.

— ¿Que?... ¿Acaso tienes algún problema de percepción?, esa mujer sabe lo que hace, quiere seducirme y no sabe lo que le espera.

— ¿¡Ella seducirte a ti?! Vamos hombre si temblaba como una hoja en otoño hoy mientras se disculpaba por tratarme de idiota, te aseguro que debe ser virgen.

— ¿Cómo que se disculpó? Cuéntame más.

— Eso, se disculpó por su comportamiento y me entregó el contrato, sabes... incluso me dio pena, se notaba que ningún hombre jamás la había tocado, cuando la abracé incluso creo que mojo sus bragas. — Deivid estaba complacido con ese pensamiento. Nada más alejado de la realidad.

— Eso no te lo creo, ¡¿tu consolando a una mujer?!

La apuesta

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