Las clases transcurrieron quizás más lento que lo que Kalila quería, no se molestaría en asistir al baile de graduación, claro que no, ella solo quería marcharse de una vez, a tal punto que ya tenía sus maletas listas esperando por ella, por fin la campana sonó, y se dispuso a dar un último paseo por el bosque, debía hacer tiempo, sus padres pensaban que ella estaba en el estúpido baile, con sus amigos, y aunque en el fondo le hubiera gustado, no iría, estaba cansada de sus desplantes, de tener que cuidar su aroma, de tener que refrenar su propio instinto que a veces afloraba aun sin quererlo, miles de veces se preguntó si estaría mejor con su padre biológico, y luego caía en la realidad que ella tenía tres padres, que no mataban por gusto, como lo hacía su padre biológico, ellos solo lo hacían para cuidar a su gente, pero al final del día, ella era una cazadora, viviendo entre hijos de la luna. Le había prometido a su madre que terminaría la universidad y luego se uniría a Nuriel, pero incluso eso a veces se hacía difícil, no lo había visto en dos años, pero sabía que él la amaba, sin importar que fuera cazadora.
— Te lo dije, sigue el olor a pimienta y la encontraras. — la voz de Declan a su espalda la hizo sudar frio, la iban a golpear, una vez más, ni siquiera por el estúpido baile la dejarían en paz.
— ¿Qué quieren? — dijo incluso sin girarse, porque sabía que donde estaba el vampiro, estaban sus amigos, los guerreros de sangre pura como se hacían llamar.
— Arreglar cuentas contigo. — rebatió casi con odio el vampiro y ella quiso correr, ese fue su primer instinto, no debía pelear, si lo hacía, podía ser que su instinto de cazador se despertara al cien por ciento, y entonces podría arruinar todo, incluso atacar a sus padres, a esos tres hombres que ella adoraba, quienes la criaron y amaban, pero su fuga quedo en la nada, cuando un pequeño torbellino la atrapo, era Ukara, ese era su poder, el aire.
— ¡Déjame! — grito tratando de sonar intimidante, tenía ganas de gritar que ella era el destino de un hijo del dios sol, pero sabía que eso traería aún más problemas, si alguien supiera que ella era el destino del fénix, la podrían matar para acabar con Nuriel.
— Como gustes. — dijo el brujo y la dejo caer de casi tres metros de altura, sus tobillos y piernas, sufrieron el impacto, le dolía demasiado, no se había quebrado ningún hueso, pero seguro se había desguinzado un pie.
— ¡Maldito idiota! — grito con frustración, pensando que lo mejor que pudo hacer ese día era quedarse en el maldito baile de graduación, al menos al lado de Jana, Ukara no la molestaba.
— Aquí la única maldita eres tú. — Tahiel estaba frente a ella, con su metro ochenta y cinco, tapaba la poca luz que quedaba, el sol se estaba ocultando y la luna comenzaba a mostrar su cara, aunque lo que más podía ver Kalila eran los blancos ojos del lobo, que normalmente los tenía color miel, que los tuviera blancos demostraba que estaba enojado, más que eso, furioso y Kalila tembló de miedo.
— ¿Por qué me molestan? — dijo sintiendo el miedo recorrerla al completo.
— Hable con Maia, ¿sabes lo que dijo? — Kalila negó con la cabeza, incapaz de decir ni media palabra.
— Kalila tiene razón, “quien te ama, te acepta, mis padres aceptaron a mi mamá y ya vez como me aman” — recito con odio el lobo, mientras la joven veía a los demás, los ojos de Declan eran rojos, el único que se mantenía en calma era el brujo, Kalila tenía miedo, demasiado, como para recordar controlar su aroma a pimienta que comenzó a intensificarse.
— Yo no sabía que era tu compañera. — trato de defenderse, pero el lobo le dio un golpe en la mejilla que la hizo rodar y luego otro más, lo único que provoco que el aroma a pimienta aumentara, desequilibrando aún más al animal que Tahiel llevaba dentro.
— ¡Basta! — grito frustrada, y fue cuando lo vio, el punto débil de Tahiel, con un movimiento rápido de su mano golpeo la garganta del lobo, y este cayo luchando por respirar, fue entonces cuando los ojos de Ukara se tornaron verdes brillante, estos jóvenes más que amigos, eran hermanos, se cuidaban entre ellos.
—¡Maldita cazadora! — con una sonda de aire, lanzo a la joven a tres metros de distancia, pero antes que Kalila pudiera levantarse y tratar de huir, Declan ya había llegado a su lado, y es que la velocidad de un vampiro no tenía comparación, la levanto de su blusa, la cual se rasgó dejando sus pechos al aire.
— La maldita no usa sostén. — informo divertido y la giro para que sus amigos la vean.
— ¡Déjame! ¡basta! — grito y trato de cubrirse. — Sino me dejas Nuriel te destruirá. — tenía miedo, tenía pánico y solo dijo lo primero que se le ocurrió, pero estos hombres aun eran jóvenes como para saber a qué Nuriel se refería y sus palabras más que amenaza, sonó como una provocación a sus oídos.
— ¿Nuriel? — dijo Ukara con confusión.
— La maldita encontró compañero, debe ser por eso que mañana partirá a las tierras de Aysel. — lo sabían, ellos sabían que ella se iría, no fue coincidencia que se encontraran, la asechaban, y Kalila comenzó a plantearse que eso ya no era por ser cazadora, esa conducta iba más allá de cualquier lógica.
Aun en desventaja quiso llegar a los ojos de Declan, su punto débil y la fuente de su don, lucharía, por primera vez lo haría, pero el hombre reconoció su intención y antes que pudiera hacer cualquier cosa la paralizo, ese era el poder del vampiro, podía paralizar y someter a cualquier hijo de la luna e inclusive a los humanos, siempre que fuera de a uno a la vez, Declan tenía el poder de convertir en títeres a quienes él quisiera.
— Mira Tahiel, no solo te ataco a ti, también quiso hacerlo conmigo, es una cazadora, una que enveneno la mente de tu mate, y ahora piensa ir en búsqueda de su compañero, mientras que tú te quedas solo, por siempre, ¿piensas que es justo? — el cuerpo de Tahiel temblaba, sus manos se convirtieron en garras, y Kalila lo único que podía hacer era llorar, tirada entre la hierba, con los pechos expuesto, sabía que tan locos eran los lobos cuando perdían el control, lo había visto con su padre Kek y como solo su madre lo podía controlar cuando eso sucedía. Tahiel avanzó y termino por arrancar la ropa que quedaba en la joven, incluso sus bragas.
— Creo que es suficiente. — dijo Ukara con miedo por la dirección que todo estaba tomando, y Declan rompió el contacto visual con Kalila para verlo a él.
— ¿Eres parte del grupo o no? — rebatió mostrando sus ojos rojos y Ukara suspiro derrotado, él quería ser parte del grupo, se habían propuesto dejar el pueblo y fundar el propio, los tres eran de raza pura, guerreros, y aunque no tenían nada en contra de los demás, no les parecía justo que solo los nietos de la luna cambiante Aysel pudiera gobernar cada pueblo de seres sobrenaturales que existía e imponer leyes a su gusto.
Kalila vio su oportunidad de huir, cuando Declan dejo de verla, corrió como pudo, apenas el vampiro dejo de tenerla bajo su poder, pero de nada sirvió, el aire una vez más se convirtió en su enemigo, y la arrastro hasta los pies de Declan, solo podía ver sus botas, el vampiro siempre llevaba un estilo de motoquero y rebelde, botas negras, pantalón negro, chaqueta de cuero, lo único claro era su cabello rubio, Kalila cerro sus ojos, esos que eran su única salvación en una pelea, ya que podía localizar los puntos débiles en sus atacantes, pero no se quería arriesgar a estar bajo el poder de sometimiento de Declan una vez más. Peleo, con uñas y dientes, pero cuando sintió que separaban sus piernas, no lo pudo evitar y abrió los ojos, solo para encontrarse con los ojos rojos que serían su sentencia y su condena.
Declan la recorrió de pies a cabeza, había algo en ella que siempre lo inquieto, odiaba sentirse así, su rostro de niña buena era lo que más odiaba este vampiro, pensando que Kalila sería la perdición de todos, que los hijos de la luna aceptaran a una cazadora entre ellos, era inaceptable, más si esta se podía camuflar como una blanca ovejita, sin pensarlo más, arremetió contra ella, sorprendiéndose al distinguir la débil barrera de Kalila, y es que él era un vampiro, no necesito tomar más empuje, solo la penetro, sin compasión, porque eso se le había enseñado, eso llevaba gravado en su genética de guerrero, a los cazadores no se les tiene piedad, y él no la tendría con Kalila, no había placer en su rostro, solo odio, mientras Kalila solo podía llorar, su boca estaba cerrada, era lo que Declan quería, estaba bajo su poder, y aunque podía sentir como algo en su cabeza le ordenaba dejar de llorar no podía, sus lágrimas cayeron, sin descanso, incluso cuando el vampiro salió de ella, para descargar su semen a un lado.
—Tu turno Tahiel, solo sácala antes de acabar, no querrás que una maldita como esta lleve a tu hijo. — Kalila vio con terror y suplica al lobo, pero este solo sonrió.
— No sería tan estúpido de dejar preñada a esta bastarda, aun así, me asegurare que tu compañero te rechace, dejare tu cuerpo tan marcado que nadie te querrá. — la joven vio a la luna, suplicante, creyendo más que nunca en ella, que poco a poco se fue ocultando tras las nubes, como si ni ella misma quisiera ver lo que su descendencia estaba haciendo.
Tahiel haciendo uso de su tamaño y fuerza, ato las manos de Kalila a su espalda, con los trozos de la ropa de la joven, ahora no estaba bajo los efectos de la mirada de Declan, pero por más que era dueña de su cuerpo no podía moverse, el lobo tenía una de sus garras sobre su cabeza, y con la otra la obligó a empinar su trasero.
— ¡No lo hagas! ¡por favor Tahiel! ¡ya no!
Podía gritar, podía suplicar, pero Tahiel estaba fuera de sí, el odio que sentía por Kalila era el reflejo de su dolor, ser rechazado lo estaba llevando a la locura, eso era lo que le esperaba al joven, y a cualquier hijo de la luna que fuera rechazado por su compañero destinado, la locura.
Los pechos de Kalila, raspaban contra la hierba, provocando heridas en ellos, mientras Tahiel la penetraba, como el animal que era, aun así, luchaba para no convertirse en lobo al completo, sus garras se enterraban en la cadera de la joven, y en un momento, cumplió su promesa, araño la espalda de Kalila, dejando la marca de sus cinco uñas en ella, tan profundas que la sangre comenzó a deslizarse.
— ¡Detente estúpido! — Declan como siempre era el que lideraba, golpeo a Tahiel, y por un segundo Kalila creyó que al fin se daba cuenta de lo que estaban haciendo, del daño irreparable que habían hecho. — Casi te vienes dentro, idiota. — Tahiel estaba tan fuera de sí que se había olvidado lo que debía hacer, o mejor dicho dónde.
— Tu turno. — le dijo a Ukara, con voz rasposa y es que estaba a mitad de su transformación, su lobo peleaba por salir, quería matar a la que él creía la responsable de perder a su mate.
— Por… favor…ya… no, Ukara… te lo suplico. — Kalila, ya no sentía dolor, no sabía si era la pérdida de sangre, el dolor de su cuerpo o la desesperación, fuera lo que fuera, solo quería dormir, cerrar sus ojos y no abrirlos más.
— Yo… yo no… no me vean así, yo tengo a mi media alma. — dijo como si aquello fuera la mejor de las escusas, y es que el brujo nunca estuvo en contra de Kalila, incluso cuando eran niños, recordaba que estaba enamorado de la pequeña de ojos raros.
— Y yo tengo a mi vida, ambos debemos esperar para marcarlas, porque así lo dictamino Aysel, la gran luna cambiante, ¿no estas cansado de vivir bajo sus reglas? ¿no quieres ser parte del futuro, de nuestro propio pueblo? — Ukara vio el rostro de Kalila, como pidiendo disculpas, y a la joven solo le quedaba fuerzas para negar con su cabeza y dejar caer más lágrimas.
— No me veas… por favor, no lo hagas. — le susurro en su oído, aun sabiendo que sus amigos lo escucharían, Kalila, sin embargo, fijo sus ojos llorosos en él, aun suplicantes, pero Ukara tampoco se detuvo, tres envestidas y se obligó a ver a otro lado, no quería esos ojos tan hermosos viéndolo de esa forma, Kalila tenía heterocromia, un ojo azul como su madre y uno marrón como su padre. Ukara levantó su rostro tratando de que el rostro de Kalila no quedara en su mente y fue cuando la vio.
— Mi media alma. — dijo en un susurro cargado de dolor, y salió de Kalila de inmediato, provocando que los otros dos giraran a ver, lo mismo que él veía.
— ¿Que hicieron?
Jana lo susurro, pero fue lo mismo que hubiera gritado, Ukara comenzó a correr tras ella, su hermosa humana, su media alma, no solo lo vio violar a Kalila, la joven también la consideraba su amiga, no se lo perdonaría, estaba seguro, pero aun así debía intentarlo, pero entonces, Jana salió del bosque, directo a la carretera, que no era muy transitada, pero aun así algunos vehículos siempre circulaban, ya que en el pueblo vivían humanos, esos seres, que no tienen buenos reflejos, como el hombre que en ese momento trataba de detener su camioneta, pero no lo consiguió, la joven solo apareció de la nada, como escapando de algo o alguien.
Ukara había perdido a su frágil humana, porque esta escapaba de él, Jana podría haber vivido si él la marcaba en ese momento, pero con las pocas fuerzas que le quedaban ella lo rechazo, prefería morir a vivir atada a él.
Lo habían arruinado, no solo sus vidas, también la de Kalila.
La lluvia comenzó con pequeñas gotas, pero en menos de tres minutos era un diluvio, como si el mismo cielo llorara, Ukara estaba destrozado, protegiendo con una pequeña burbuja de aire el cuerpo sin vida de su media alma, la había perdido y aun sin marcarla, podía sentir el vacío en su pecho, sabía que era cuestión de tiempo para enloquecer de dolor como le estaba sucediendo a Tahiel.
— Tranquilo muchacho, no todo está perdido, si le pides a Dante él retrocederá el tiempo, además ella es la mejor amiga de Kalila, lo hará gustoso. — Ukara al fin levanto la vista para ver al humano que había atropellado a su compañera, todo el pueblo sabía que Jana era la mejor amiga de Kalila, al decir la verdad, casi todos los humanos trataban bien a la hija de Chloe, claro que aun así eran pocos.
— Dante. — dijo saliendo de su aturdimiento y fue cuando vio a su alrededor, todo el instituto estaba allí, bajo la lluvia, estaban cerca del colegio, no habían perseguido a Kalila muy lejos, solo pensaba molestarla una última vez, nunca creyó que todo se saldría de control.
— ¡¿Dónde está?! — el rugido de Kek hizo que las personas que tenían sangre de lobo cayeran de rodillas, incluido Tahiel que estaba al lado de su amigo brujo, mientras Ukara daba un brinco.
— Alpha, que bueno que fue alertado, necesitamos al rey del tiempo, por favor, vea lo que sucedió, fue un accidente, los chicos estaban correteándose por el bosque, ella solo salió y no tuve tiempo de detenerme. — el humano explicaba lo que él creía había sucedido, pero Kek apenas le dedico una mirada a la joven que estaba tendida en el asfalto.
— Lo siento mucho por Jana y su familia, pero algo sucede, Dante no puede retroceder el tiempo. — Ukara clavo sus ojos en Kek, y el gris en ellos se convirtió en verde, estaba molesto, dolido.
— Se deben al pueblo, ¡son los lideres! ella es mi media alma, exijo… — Kek tomo al brujo del cuello y lo elevo hasta tenerlo frente a él, Declan quiso defenderlo, pero el resultado fue el mismo, el gran Alpha Kek tenía a ambos hombres tomados del cuello, como si fueran dos gatitos recién nacidos, no estaba de humor para reclamo alguno.
— ¿Me dirás a mi lo que debemos hacer como lideres? — fue entonces cuando los lanzó al asfalto, para ver a los demás. — Las reglas que impuso Aysel se deben respetar, y lo saben, nadie debe ser marcado antes de los 21 años, y cuando se encuentra al compañero se debe esperar a que la luna cambiante venga, se pacta un día para ello, y ¡no porque nos incumba si follan o no! Dante no puede retroceder el tiempo cuando hay un reclamo de por medio, son leyes básicas, que ustedes deben saber, ahora, ¿quién es Declan y Tahiel? — tanto el vampiro como el brujo se levantaron con temor, ellos eran jóvenes, ambos altos, casi dos metros, pero ante el Alpha Kek, no eran nada, no era solo un Alpha, él era el hijo de Nisha, rey de los lobos y su padre era Travos, uno de los brujos más poderosos que existe, tenía casi 400 años, había visto muchas más cosas que estos casi adolescentes.
— Nosotros Alpha. — fue Declan quien hablo, ya que Tahiel estaba todavía bajo el poder del Alpha, que reclamaba sometimiento de su raza.
— Entonces son amigos. — dijo en un susurro y ahora si vio con pena el cuerpo de Jana. — Ella era tu media alma… y la amiga de mi Kalila. — los tres jóvenes se tensaron al oír el nombre de la joven, Ukara vio sobre su hombro, solo la lluvia los salvaba de que el Alpha no oliera la sangre de su hija, pero ahora Ukara pensaba ¿qué sucedería luego? cuando la joven contara lo que había sucedido. — Lo siento, deben saber que hicimos todo lo posible, pero no es nuestra culpa. — los jóvenes vieron con confusión al Alpha— ¡Quienes se reclamaron den un paso al frente! — dijo con voz profunda Kek, y dos parejas avanzaron, con el rostro cubierto de vergüenza.
— Lo sentimos Alpha, no teníamos como saber que esto pasaría con Jana. — dijo una de las jóvenes al tiempo que comenzaba a llorar.
— Nosotros sí sabemos qué puede pasar, es por eso por lo que están las leyes y deben cumplirse. — les hablaba como líder, como verdugo, aunque no los mataría, tenía en mente un castigo peor. — Ahora ustedes serán responsables de cargar no solo con la muerte de Jana, también con la del padre de Declan y la madre de Tahiel. — ese era su castigo, cargar con el dolor y la responsabilidad de lo que habían ocasionado, o mejor dicho lo que habían evitado, ya que Dante, el gran brujo rey del tiempo, no podía volver el tiempo atrás, por más que lo deseara.
— ¿Que? — la voz de Declan salió distorsionada por el dolor.
— Fuimos atacados por Vampiros errantes, vampiros que perdieron su compañeras o compañeros, sus padres no sobrevivieron y por más que Dante quiso retroceder el tiempo no pudo, porque algunos rompieron las reglas. — Kek tomo el cuerpo de Jana y comenzó a correr hacia el centro del pueblo, mientras Declan sacaba sus colmillos.
— Detente. — fue Ukara quien evito que fuera sobre los jóvenes que se habían reclamado.
— ¡¿Que dices idiota?!, por su culpa…
— ¡Por la nuestra Declan!... fuimos nosotros quienes les hicimos creer que las leyes de la luna cambiante eran inútiles, ahora todos somos conscientes que no es así, las leyes están para cumplirlas, y las culpas de lo que nos pasa son nuestras… los compañeros se deben aceptar como son y con lo que vienen. — dijo aquello dejando claro el reclamo para Tahiel. — Y no se debe lastimar a alguien sin razón, a no ser que quieras ser castigado por la diosa.
Ukara podía jurar que todo aquello era un castigo por lo que hicieron, él lo sabía, en el fondo él sabía que no estaba bien lo que le hicieron a la joven, sabía que en unas horas o tal vez minutos moriría, y no le importaba, estaba seguro que Kek, Vito o Dante lo matarían, a los tres, en cuanto supieran lo que le habían hecho a Kalila, y estaba bien, lo merecía, fue por eso que lo único que le intereso al brujo en ese momento fue recibir el perdón de la joven, por lo que camino de regreso al lugar donde la habían dejado, pero grande fue su sorpresa al ver que ya no estaba, claro que no.
— Nos mataran. — dijo Declan al darse cuenta de lo que su odio sin razón había provocado.
— Lo harán. — afirmo Ukara, resignado a que ya no viviría más y tampoco le importaba, porque había perdido a su compañera.