Las jóvenes partieron con un plan establecido, irían a la fiesta y si Doris veía a alguno de los primos de Kimberly, tomaría el automóvil iría a buscar a Kim y ella volvería a su casa con la excusa de que llevo a Doris a la mansión de los Simons, nada podía salir mal, ¿verdad?
Kimberly se dedicó a tomar y bailar con su amiga, la fama de inalcanzable mantenía a los muchachos alejados de ella, eso le molestaba, ella no estaba enamorada de nadie, ni tenía atracción por ninguno de los que estaban en esa fiesta, pero, aun así, con el pasar de las horas, el alcohol comenzó a afectarla, su enfado iba subiendo a medida que todos la miraban y murmuraban.
— Iré al tocador Maia.
— Bien amiga, te acompaño.
— No, por favor, no es como que me van a secuestrar ni nada, no te contagies de la sobreprotección de mi familia. — Kim se arrepentiría de esas palabras, pero ya no habría nada que pudiera hacer.
— Tienes razón, perdón Kim.
La castaña se miraba al espejo y veía doble, el baño del salón estaba ocupado, por lo que se aventuró a buscar otro y lo encontró en la planta alta, donde el ventanal del final del pasillo que daba a un balcón estaba abierto y el aire que entraba por él le ocasiono que el alcohol la mareara, todo le daba vueltas y le costaba mantenerse en pie.
Al salir del baño se encontró con Jared, algo que no la sorprendió, ya que era su hogar.
— Pero mira que linda paloma vino a visitarme. — la sonrisa del muchacho parecía amistosa, pero guardaba otras intenciones.
— Hola Jared, linda fiesta. — respondió lo más amable que pudo y trato de seguir el camino que la llevaría con su amiga, pero ya no pudo.
— Hey espera, ¿por qué el apuró? — El joven la tomó de la mano y cuando la jalo, simplemente la besó, Kim se sorprendió, pero le gustó, ese beso no era como los pocos que había recibido, era un beso osado, nada cuidado ni temeroso, era un beso rudo, como Jared.
Pero se empezó a sentir incómoda cuando las manos del joven comenzaron a tocarla y aplastarla más y más contra él.
— Para, detente Jared.
— Vamos palomita, no te haré nada que no quieras.
En un movimiento, astuto de su parte como su estuvieran bailando él dio un giro y abrió una puerta, de un momento al otro estaba en una habitación y Kimberly no sabía qué hacer, en otras circunstancias su hermano o primos hace rato le hubieran sacado a ese hombre de encima, pero ahora estaba sola, sola y asustada.
— Déjame, ¡¿qué haces?!
— Kim, me gusta tú olor, eres exquisita. — Le dijo mientras la aplastaba con su cuerpo y lamia su cuello, lejos de excitarla la asusto más.
— Basta, no quiero, déjame.
Pero Jared no estaba dispuesto a dejarla, y en el momento que le tapó la boca con la mano ella se desesperó, jamás había estado en una situación así, la tiro sobre la cama y sintió cuando él arrancó su ropa interior, quiso gritar mientras sus ojos se llenaban de lágrimas, sin embargo esto a él le encantaba, sabía muy bien quien era Kimberly Bach, o como le decían, la intocable, todos trataban de llegar a ella, pero siempre se encontraban con los ocho obstáculos que eran sus primos y hermanos, pero hoy... estaba sola.
Se deleitó penetrándola lentamente, mientras ella se retorcía tratando de salir de debajo de él, y luego comenzó a moverse, le liberó la boca para presionar los hombros de la muchacha y así poder moverse más rápido, y ella aprovechó para morderlo y rasguñarlo, a estas alturas no gritaba, solo lloraba, Jared era hábil y la sometió de inmediato, con una mano atrapó sus brazos y con la otra volvió a cubrir su boca, hasta que descargó su frenética lujuria dentro de ella.
— ¡Kimberly! Demonios ¿dónde estabas...? ¡¿Que rayos te pasó?! — su amiga se asustó de verla tan pálida.
— Nada, nada, solo vomite, vámonos. — no estaba dispuesta a decir nada de lo que le había sucedido, sentía que era su culpa.
— Claro, Doris nos está esperando afuera hace 15 minutos.
Las chicas subieron al auto, Kimberly tomo el lugar del conductor, aún estaba aturdida, comenzó a conducir lo mejor que podía, con lo que le había sucedido el alcohol que había ingerido se había esfumado, entonces en un momento vio el auto de su primo Dylan, y en un par de calles el de sus primos Thomas y Conall se le sumaron, fue cuando entró en un estado de pánico y furia, se sentía perseguida y vigilada, pero sin embargo no llegaron cuando los necesitaba, aunque ella misma había ocasionado esa situación, Kim se culpaba y los culpaba por los sucedido, su mente no trabajaba bien y de pronto otro auto se cruzó en frente al de ella casi en la entrada de la mansión, era el auto de Sam, freno de golpe y recién ahí se dio cuenta de los gritos de Maia y Doris
— ¡Dios Kimberly! ¡¿nos querías matar?!
— Estás loca niña, quiero seguir viviendo un poco más. — no se había dado cuenta que había conducido a más de 150 kilómetros por hora. Pero antes de decir nada tenía a Sam golpeando el capó de su auto, estaba tan furioso que la vena del cuello se le marcaba.
—¡Baja ahora mismo! ¡¿Que mierda te pasa?! ¡¿Cómo eres tan irresponsable?! — Y unos segundos después sus primos aparecieron, ella vio tres automóviles siguiéndola, pero estaban todos, los ocho gritándole, diciéndole que no era más que una niña irresponsable.
— ¡Eres una irresponsable!
— ¡Si algo te hubiera pasado tu serías la responsable del dolor que caería sobre esta familia!
— ¡¿Qué demonios piensas que haces Kimberly?!
— ¿Cómo puedes defraudar al abuelo?
— Sabía que no debías salir sola, no eres más que una niñata caprichosa.
Los gritos la estaban aturdiendo, y sus amigas bajaron a hablar con los furiosos hombres.
Kimberly seguía escuchando esas palabras una y otra vez mientras sus amigas discutían con sus primos, dio marcha atrás y chocó con el auto de Dylan, y todos corrieron hacia ella, aprovecho que el camino frontal quedó libre y acelero, llevándose puesto el vehículo de su hermano, de esa forma entró en la mansión, con su auto destrozado y diez personas corriendo y gritando detrás de ella.
Dos semanas pasaron desde esa noche, y su familia no sabía qué hacer.
— Kimberly, hace dos semanas que estas encerrada en esta habitación, no puedes castigarnos así.
— ¿No puedo abuelo? Ellos son los culpables de todo, siempre encima de mí siguiéndome, cada pasó que doy.
La joven no sabía cómo manejar el enojo que sentía, si no la hubieran acostumbrado a ser tan dependiente de ellos, quizás hubiera sabido que hacer cuando Jared la tomó por la fuerza, pero en su lugar, solo observo esa puerta creyendo que alguno de sus primos o su hermano entrarían a ayudarla, también estaba enojada con ella misma, ya que si no hubiera mentido nada de esto pasaría, y por último estaba enfadada con su amiga, por la ocurrencia de ir a esa maldita fiesta.
— Sé que estuvimos mal en lo que hicimos, pero... no queremos que nada malo te pase. No podríamos vivir si algo malo te ocurre.
Kim abrazó a su abuelo como cuando era una niña y las pesadillas la atormentaban. Sus tíos se habían mudado a la mansión desde la noche del incidente, y es que jamás había tenido una rabieta como esa, ella parecía otra persona, la niña dulce juguetona y alegre, ya no estaba, en su lugar una joven mal humorada e incluso violenta había aparecido, los Bach estaban en crisis, su joya se opacaba día a día y ya no sabían que hacer para que brillara como siempre.
Esa noche Kim entró a la mansión, subió corriendo las escaleras y se encerró en su habitación, no le importó quien fuera el que golpeara ella los echaba.
Al segundo día luego de las amenazas de Sam, abrió la puerta solo para decirle que lo odiaba a él y a sus primos.
— ¡No quiero verlos! ¡Lárgate de aquí!
— Pero ¿qué te sucede, chocas el auto y.…?
— No quiero tu maldito auto con GPS, ya no soy una niña, me iré y ¡no volverán a saber de mí NUNCA! — No solo Sam se congeló, sus primos quedaron sin saber qué hacer ante esa amenaza, por lo que sus tíos fueron a la casa, pero por más que le hablaban con miel en su voz, ella seguía enfadada.
— Esto no tiene sentido, no es la primera vez que le seguimos el paso.
— ¿A qué te refieres Bastián?
— Que paso algo más, que el hecho que lleguemos al club. Escucha Sam, Vimos a Doris en el lugar y luego se fue con Kim supuestamente a buscar a Maia, pero nosotros no vimos a ninguna de las dos en el club.
— Ellas estaban en la mansión… ¿de los Simons?
—Derek le contaste a Maia del GPS, por lo que pudieron orquestar todo para que no estropeemos...
— ¿Qué cosa?
— ¿Una cita? Ella dijo que se iría, que desaparecería.
— ¡Alguien la está engatusando!
—Bien, tendremos que averiguarlo. — Los hombres estaban dispuestos a descubrir quién llenaba la cabeza de su pequeña perla con ideas locas, quien era tan osado para desafiarlos, a ellos, los Bach.
Liam, se despidió de dormir, no solo esa noche, sino que las que le siguieron también, la cara pálida de esa joven llorando y él solo dejándola salir sin ofrecer ayuda alguna lo hacía sentir cada día peor, además de las peleas constante que tenía con su hermano, la recuperación lenta de su padre y el tratar de hablar con su hermana.
— Riny, ¿cuánto más piensas seguir así?
— No lo entiendes, ¿alguna vez te enamoraste?
— Riny, el amor no existe, eso solo es una ilusión, lo que existe es la afinidad de estar con otra persona, la... compatibilidad, ¿entiendes?
— No, él que no entiende eres tú, yo... lo amaba, sí que lo amaba, Zack era todo para mí, y Lilian... era mi amiga desde que éramos niñas, Dios hasta la intocable lo sabía y no le creí.
— ¿La intocable?
— Kimberly Bach, nadie se le acerca, solo tres muchachos tuvieron la valentía de querer algo con ella y sus primos casi los matan del susto, ahora que lo pienso, siempre me burle de ella, pero en realidad tiene suerte, si nadie se te acerca no te pueden lastimar.
— ¿De cuál de todos los Bach es hermana?
— De Sam. — La cabeza de Liam trabajaba a más no poder. Estaba a punto de explotar.
¿Será ella? Es compañera de Riny, tiene sentido todo lo que dijo Jared.
El hombre se dio por vencido con su hermana, hacia seis meses que no salía de su cuarto, y no pudo evitar pensar si ella estaba así por un hombre, como estará esa joven con lo que su hermano le hizo.
Creo que Jared tiene razón, ella no ha dicho nada, después de dos semanas la policía no ha venido. O Sam, ¡mierda! SAM.
Liam estuvo 10 años en Europa, pero cuando su hermana menciono a los Bach los recordó de inmediato, él y Sam nunca se llevaron bien, a ambos les gustaba una chica del colegio, y más de una vez trataron de arreglar sus diferencias a los golpes.
También pensó en los documentos que revisó en la empresa, su padre tenía diferentes negocios con cada uno de los tíos de Sam. Debía saber si estaba en lo cierto.
Con eso en mente, fue a la mansión de Marcus Bach., sin saber muy bien a lo que se enfrentaría.
— Kimberly.
— Vete tía, no quiero hablar con nadie, solo el abuelo puede entrar.
— Lo sé cariño y lo respeto... pero debes saber que yo no estaba de acuerdo con que pusieran un GPS en tú auto.
— ¡Vete! — definitivamente ella no quería saber nada ni con sus tías.
—... Mira, solo quería avisarte que Liam Simons pregunta por ti.
Kimberly quedó aturdida por unos segundos. Simons, el apellido la altero de sobre manera, y luego recordó el nombre o mejor dicho saco conclusiones de quien se podía tratar.
¿Liam? Que mierda quiere, acaso le dirá lo que pasó, no, no.
— Dile que pase.
— ¡¿Que?! no vas a recibir a un hombre en tu cuarto, ¡¿quieres que Edmond me mate?!
— Tía Denise, ¡él no te hará nada porque es lo que yo estoy pidiendo!
— Está bien, pero tú te harás responsable de aplacar la ira de tu tío.
Kim reparó que estaba en pijama, como era su costumbre desde hacía dos semanas y no le importó, no iba a cambiarse porque el hermano de ese idiota estuviera por entrar en su cuarto, su santuario, el único lugar donde ella hacia lo que quería.
— Entra, entra, ella no nos quiere ver, pero acepto verte a ti. — Dennis se apresuró a empujar al joven alto y musculoso a dentro de la habitación.
— Bien gracias.
El hombre a pesar de ser muy alto y bastante musculoso se movía de una forma insegura, y es que así era Liam, un gigante bueno, compasivo, que no creía en el amor, pero no iba por la vida molestando a nadie, tenía sus propias metas y cosas más importantes como para perder el tiempo en cosas que según él solo retrasaría el cumplir sus metas.
— Hola, Kimberly. — le vasto solo con ver la cara cenicienta de la joven para saber que era ella.
— ¿Qué quieres?
— Creo que sabes a que vine.
— No, no lo sé, pero te doy un consejo, aléjate de la puerta te puedo asegurar ¡que alguien está escuchando! — Y mientras lo decía, se levantó de su cama y abrió la puerta, donde su tía Denise estaba con la oreja pegada.
— ¡Kim! Yo puedo explicarte. — la joven tía de Kim estaba completamente roja al verse descubierta.
— ¡No sabes cuánto los odio! — Y acto seguido azoto la puerta en la cara de la mujer, que la miraba con lágrimas en los ojos.
Tomo con enfado el brazo de Liam, quien la miraba aturdido, y lo hizo sentar en su cama, a su lado.
— ¿Qué mierda quieres? ¿Acaso el hijo de puta de tú hermano te envió? Dile que no tiene nada que temer, yo no diré nada, si ellos se enteran son capases:
1) De matarlo, cosa que no me molestaría a no ser el hecho de que en el juicio todos se enteraran que fui tan estúpida...— las lágrimas casi salían de sus ojos celestes.
2) Obligarme a casarme con él, algo que provocaría que me matara antes de aceptar.
3) Encerrarme de por vida en una estúpida caja de cristal y seguirme ahogando como lo hacen ahora, cumpliendo las expectativas de todos solo porque soy la única mujer de la familia...
Y la joven rompió a llorar, ella podía tener todo, todo en la vida, menos libertad. Esa imagen a Liam lo conmovió, él se había preparado esperando esa reacción de su hermana, por su depresión, pero nunca pasó, y ahora la tenía a ella, una joven que recién comenzaba a ser mujer, confundida y dolida, pero sobre todo enfadada con todo el mundo, lo que provocó que la abrazara.
— Cálmate, no diré nada, aunque creo que lo mejor sería que lo denuncien, es a eso a lo que vine, a ofrecerte todo el apoyo que este a mi alcance...
— No quiero que me miren con lástima, yo provoque esto, y ellos, mi familia por no dejarme ser libre... solo quería salir un rato... solo quería ser normal sin que me digan que hacer...
— Tranquila, puedo ayudarte, deberías ir a algún psicólogo, esto…
— No, jamás le diré a nadie, puedes estar tranquilo, todo el mundo sabe cómo es Jared, no le daría esa vergüenza a mi familia, es solo que... — Al ver que la joven bajó su cabeza con vergüenza, él entendió lo que quería decir.
— Lo sé, lamento tanto que tu primera vez fuera así.
— ¡¿Qué mierda dijiste?!
En ese momento la puerta estaba abierta y un Sam sumamente furioso estaba parado allí, atrás de él su abuelo miraba con diversión y su tía Denise tapaba su boca con ambas manos, todos mirando a Kimberly quien en ese momento estaba en los brazos musculosos de Liam, llorando y en pijamas.
— ¡¿Que hacen aquí?! ¡No pueden pasar!
— Y una mierda Kim, escuché lo que dijiste ¡te mataré Liam! — Liam se levantó con las manos extendida a modo de rendición antes que empezara la pelea, mientras Sam se abalanzó sobre él.
Lo que ninguno de los dos esperaba es que la joven se interpusiera entre ellos.
— ¡Basta Sam, ¡¿qué quieres hacer?!
— ¡¿Cómo pudiste dormir con este tipejo?!
Eso era lo único que Liam no toleraba y lo hacía explotar el hecho que lo menos preciaran, él era un hombre inteligente, sabía que tenía un gran futuro como empresario, no quería que lo reconocieran por ser el hijo de... él sabía que algún día su propio nombre sería de importancia sin importar su apellido.
— ¿Tipejo? Así y como me vez tu hermana se enamoró de mí. — Kimberly se giró en seco a mirarlo, como si de un extraterrestre se tratara.
¡¿Que?! Este hombre se volvió loco.
— ¡¿Estás loco?! ¡¿Quieres que mi hermano te mate?!
— ¿No estás cansada de que te maneje? ¿que controle todo lo que haces? Pues dile la verdad, eres una mujer y no puede decidir sobre ti nunca más. — de donde sacaba todas esas estupideces, ni él lo sabía.
— ¡Tú eres el hijo de puta que le está llenando la cabeza a mi hermanita!
— ¡Si lo tocas no te lo perdonaré! — Kimberly seguía en medio de los dos evitando que se golpearan.
— ¡Basta!, esto lo hablaremos en la cena. — la voz de Marcus sonó con autoridad.
— ¿De qué hablas abuelo? — pregunto con miedo la joven.
— Si el señor Simons es el hombre que creó que es, responderá por lo que hizo.
— ¿Responder?
— Ya hablé Kim, que preparen la cena y llama a los muchachos Denise, quiero a toda la familia en la mesa. Sam vamos, dejemos a los tortolitos solos, no harán nada que ya no hayan hecho.
La cara de Kimberly estaba roja, y la de Liam completamente blanca, pálida como un muerto que no sabe que lo está.
— ¿Qué mierda hiciste? — Dijo ella mientras se metía en la cama, como una niña enojada y caprichosa, tapándose la cabeza con la manta.
— No lo sé, siempre me pasa cuando me menosprecian, digo cosas que me meten en problemas. — Liam estaba tomando conciencia de lo que su temperamento provoco.
— ¿Ha sí? Hola ¡te acabas de meter en uno gigante!, mejor dicho, NOS acabas de meter en uno gigante. — Kim saltó de la cama y fue al vestidor, donde se veía prendas de diseñador en todas partes, aunque ella solo tomó unos pantalones de mezclilla rotos y una remera de franela.
— Qué crees que piense tu abuelo con lo de responder.
— No creo que se refiera a una indemnización económica, de eso estoy segura. — Cerró la puerta del vestidor y comenzó a cambiarse.
— ¿Crees que, querrá que seamos novios? — la ansiedad comenzaba a crecer en este gigante de corazón blando.
— Dios, escucharon diciendo eso... ¡NO! Me van a querer casar, Dios mío no, vete, ¿no que vives en otro país? Toma el primer vuelo y... — Kimberly temblaba de los nervios del momento.
Cuando la joven abrió de golpe la puerta se encontró con los ojos azules de Liam clavados en ella.
— No quedaré como un poco hombre delante de Sam.
— ¡¿Qué importa lo que piensa Sam?! — la castaña podía jurar que en cualquier momento lo golpearía.
— A ti te importa.
— Porque me manda como que soy una niña, y no lo soy, tengo sueños, no quiero ir a la universidad, por lo menos no este año, no quiero estudiar algo que no me guste... quiero vivir, solo eso. — una lágrima traicionera salió sin permiso de sus ojos y ella la quito de un manotazo.
— ¿Acaso no vives bien aquí? — consulto el hombre mientras comenzaba a ver las dimensiones de ese cuarto, decorado con piezas egipcias, que él estaba seguro de que eran importadas, al igual que la ropa que se veía en el vestidor de la joven, si bien ellos tenían dinero, los Bach eran multimillonarios, jamás podrían ostentar tanto dinero como ellos.
— Nunca me ha faltado nada, tengo más de lo que quiero. — respondió la joven en automático.
— ¿Entonces?
— No tengo padres, ¿entiendes? quiero un hermano, no un guardaespaldas, o un maestro, quiero equivocarme y volver a intentarlo, sin que me traten como una pobre huérfana, no quiero que ellos lo solucionen todo por mí, quiero ser útil, no un adorno o una joya intocable. — Kimberly tenía sus manos en puño, y Liam recordó lo que su hermana le había contado y entendió a qué se refería. La joya de la familia Bach, alguien intocable e inalcanzable.
— Entonces, cásate conmigo.
— ¡¿Que?! ¿Acaso estás loco? — Kim lo miraba de arriba abajo, buscando donde radicaba el defecto de este hombre.
Quizás sufre de algún problema mental, si debe ser eso.