— ¡Silencio! si así quieres que todo suceda, así será. — toma mi rostro y lo aprieta, provocando que un gemido de dolor salga de mis labios, retiro lo dicho, no solo ese maldito Alpha pudo dañarme, es más que obvio que un vampiro también puede hacerlo.
No entiendo como no puedo mantener mi boca cerrada, sé que este loco vampiro tiene un tipo de obsesión conmigo, pero simplemente no me sale más que sentir repulsión por él , no es feo si vamos al caso, es bien parecido, pero aun así, sus manos frías me provocan querer alejarme, como si un instinto primitivo dentro mío me avisara que él representa el peligro, algo que tampoco entiendo, los brujos y vampiros se llevan bien, siempre tienen alianzas, confianza y demás, pero yo no siento eso, cada vez que estoy cerca de Víctor u otro vampiro solo quiero arrancarle la cabeza, ¡como si eso fuera posible!, quizás si supiera más conjuros podría hacerlo, pero no así, no ahora, lo único especial que ahí en mi es mi rápida sanación, pero nada más.
A pesar de que hice todo lo posible por alejarme de sus manos, él finalmente me paralizo con su mirada, hubiera preferido que me dejara inconsciente con algún golpe, pero no paso, solo se aseguró de que no pudiera mover ninguna parte de mi cuerpo, pero que si sea consiente de todo lo que me hacía, durante toda la noche fui prisionera de mi propio cuerpo, mientras él lo tomaba una y otra vez a su gusto y antojo, no sé qué me causo más asco, si tenerlo dentro mío o que me mordiera y bebiera mi sangre, aunque si debo ser honesta, lo que siento en este momento es asco, y lo que sentí en el callejón fue dolor, aunque ambos monstruos hicieron lo mismo, tomaron mi cuerpo, rompieron mi alma, solo queda mi corazón latiendo, como si sobre mi pesara una maldición que me impidiera morir, como es mi deseo.
Cuando por fin me deja y me quita la maldita parálisis a la que me había inducido, quise irme, pero mi infierno estaba lejos de terminar.
— Laura, mi dulce niña, ¿a dónde crees que vas? — Su rostro mostraba lo divertido que le resultaba mi dolor y yo solo queria ducharme, quitarme la sangre seca de mi lucha y limpiar la evidencia que hay entre mis piernas de que hoy mi inocencia fue masacrada sin piedad, estoy segura de que, si fuera una humana, ya estaría muerta.
— A mi casa, ¿a dónde más? — sabía que no era bueno hacerlo enojar, pero ya no me importaba, solo quería salir de este maldito lugar, prefería mil veces los golpes de mis padres y hermanos antes que dejar que me volviera a tocar.
— ¿Y tú crees que dejare que te marches ahora que probé que tan exquisita eres? Ahora que sé que solo has sido mía — Sus ojos resplandecían de deseo y por muy retorcido que suene, estoy tentada a decirle que gracias a él y su estúpido poder de congelar mi cuerpo, otro tomo lo que él tanto deseaba, pero eso sería solo humillarme aún más, maldito vampiro loco, esta tan cegado con su obsesión por mí que ni siquiera se dio cuenta de ello.
— Mis padres vendrán por mí, este no era el trato y lo sabes. — Mis nervios eran reflejados en mi voz, ellos vendrían ¿verdad? Les hago ganar mucho dinero, me necesitan por lo menos para eso.
— Pequeña, solo te iras de aquí si tu familia puede derrotarme en la jaula, ahora eres mía.
Estaba perdida, esto era todo, ellos jamás enfrentarían a Víctor, no por mí, yo no significaba nada. Estoy sola.
Con el paso de los días, descubrí que algo podía dejar cicatrices en mi cuerpo, y ese algo eran las marcas de los colmillos de Víctor, mis muñecas ya no volverían a ser las mismas, pero ¿a quién engaño? Yo tampoco volvería a ser la misma, mi cuerpo se curaba rápido, si, era verdad, aun con las cicatrices que cubrían mi espalda por los latigazos que me dieron de niña mis progenitores, pero mi alma estaba peor, esa estaba dañada, ahora y para siempre y todo por el deseo de diversión de un maldito lobo, Ciro, Ciro, Ciro, es lo único que mi mente repite, cada vez que Víctor me toca, la cara del maldito Alpha viene a mi mente, todo es por su culpa, creí que no podía odiar a nadie más que a mis padres y Víctor, pero me equivoque, Ciro es el culpable de mi desgracia, gracias a él quede a merced del otro Alpha… Risto, si, él también está en mi lista, un día, lo juro, un día, me vengare de todos ellos.
Una semana paso y con ella las esperanzas de que mi familia me saque de este lugar, tampoco tenía posibilidad de escapar, a pesar de que nadie cuidaba este lugar, y es que el dueño es ¡Víctor!, él no necesita que lo cuiden, solo me inducia a un estado de inmovilidad cada vez que salía, y con eso se aseguraba de que no hiciera nada estúpido, como acabar con mi vida, pero también me dejaba a merced de cualquiera que viniera a este lugar, como en este momento, alguien entro en la gran casa, a pesar de no poder verlo u oírlo, lo sentía, cada nervio de mi cuerpo sentía una presencia y eso me alteraba aún más, solo me había sentido así cuando escuche la voz de Risto, pero no era él quien ingreso, mi corazón se aceleraba a cada segundo, mientras al fin un olor dulce a algodón de azúcar y goma de mascar llenaba mis fosas nasales.
— ¿Quién eres? — pregunto con voz profunda haciendo temblar cada uno de mis huesos.
Ante mí se dejó ver un hombre, no aparentaba más de 25 años, alto de cabello corto y negro como la misma noche, sus ojos de un color café y su piel pálida me hacían saber que era un vampiro, pero por alguna extraña razón, no sentía miedo o repulsión, sino… tranquilidad, su presencia aliviaba mi pena, calmaba mi corazón y eso me confundía.
— Estas bajo la parálisis de Víctor.
Dijo lo obvio mientras caminaba a mí alrededor, como quien observa una obra de arte, quería seguirlo con la mirada, pero no podía, mi corazón latía cada vez más rápido, casi causando dolor, hasta que se colocó en frente de mí, a escasos centímetros, entonces coloco su mano en mi vientre.
— ¿Loba? — ¿He? ¿Dónde hay una loba?, de qué demonios hablaba. — Es imposible… ¡MALDICION!
Si no hubiera estado inmóvil estoy segura de que hubiera brincado, me miraba con sorpresa y de pronto sus ojos se dirigieron a mis muñecas, se lo que veía, las marcas de los colmillos de Víctor, esos que le hacían saber a los demás que yo le pertenecía, aunque era claro que yo no sentía lo mismo, sentí vergüenza, me sentía sucia.
Cuando el joven y apuesto vampiro levanto sus ojos y conecto con los míos, estos ya no eran color café, eran rojos escarlata, podría jurar que veía fuego en ellos, y de pronto tuve de nuevo el control de mi cuerpo, lo que provocó que me tambaleara hacia adelante, ya que hacía varias horas que estaba inmóvil. Cuando él me sujeto sentí una corriente recorrer mi vientre, esto era imposible, tenía vergüenza de mirar sus ojos, me sentía sucia, no quería que me viera, aunque no debería importarme lo que un vampiro piense de mí, aun así, quería correr, desaparecer y nunca más volver a verlo.
— Mírame. — Su voz sonaba calmada y dulce, pero aun así no quería hacerlo, sentía vergüenza y mis ojos comenzaron a derramar lágrimas silenciosas. — Dije que me mires… no te juzgare. — y esas palabras las sentí tan honestas, fue como si acariciara mi alma, entonces lentamente levante mi rostro hasta que fije mis ojos en esos iris rojos que poco a poco se fueron volviendo café oscuro. — Todo estará bien, confía en mí. Te daré este anillo, nunca, escucha bien, nunca, jamás te lo quites, solo así podre protegerte, mientras lo tengas, nadie, ni brujo, ni vampiro, ni ningún otro ser místico podrá jugar con tu mente, no tendrán poderes sobre ti, ahora eres libre, vete, yo te encontrare. — sé que debería estar corriendo lo más rápido que pudiera, pero no podía dejar de mirarlo, no quería dejar de verlo.
— ¿Quién eres? ¿Por qué me ayudas? — Como estúpida repetí su pregunta, la primera que hizo cuando me vio.
— Seremos familia, llevas a mi pareja en tu vientre. — mi piel se eriza, el aire se queda estancado en mis pulmones, estoy a punto de perder la conciencia, es lo que más deseo. — No. — su voz cargada de autoridad me obliga a regresar y no caer en esa cómoda y maravillosa oscuridad que deseo que me abrace y me lleve, para nunca regresar. — Se lo que piensas, no es de Víctor. — informa como si eso quitara el pesar que siento al saber que estoy embarazada. — Veo que nunca tuviste intención de gestar, aun así, no te desharás de mi pareja, la he esperado por mil años.
— Pero… — su pareja, ¡su pareja! ¿y la mía? ¿me querrá después de esto? ¿Quién piensa en mí?
— Juro protegerte, seré tu aliado, nadie volverá a herirte, pero debes cuidar a mi pareja… por favor. — solo su suplica trae un poco de cordura a mi mente, no puedo deshacerme de este bebé, no es solo porque es mío, es porque yo no seré como los monstruos que tengo de padres, no desquitare mi frustración y dolor en un hijo que nada tiene que ver con la atrocidad que me han hecho, además, ella ya tiene un compañero, ella vivirá la felicidad que yo no pude tener.
— Lo haré, la cuidare. — susurro, pero él me escucha, tanto, como para dejar ver una bella sonrisa.
— Sobrino, veo que conociste a tu futura tía.
Y eso fue todo, mi corazón se comprimió con miedo y repulsión y no entendía porque dolía tanto, ni siquiera sabía el nombre de este vampiro, pero saber que era el príncipe de su raza y peor aún, que era familia del bastardo que tanto me daño, basto para que saliera corriendo lejos de aquel lugar, y si bien Víctor quiso detenerme, no pudo. Solo fui testigo de cómo ese joven emitía un ruido espeluznante desde lo profundo de su pecho, mientras sus colmillos quedaban expuestos, no me quede a ver qué era lo que sucedería a continuación, mientras corría por las calles como jamás lo había hecho, fui consiente que mi olor era distinto, olía a bosque, coco, manzana y vainilla, era un aroma diferente al que tenía antes que solo era manzana, vainilla y coco, ahora se sumaba el olor a bosque, y me gustaría pensar que eso se debe a que gracias al anillo que ese vampiro me coloco por fin el hechizo de localización que mis padres tenían sobre mí se había roto, él dijo que este anillo me protegería de los poderes de los brujos y vampiros ¿verdad?. Eso quería decir que por fin podría ser libre, pero ¿podía confiar en él? Mi corazón y alma decían que sí, mi mente… que era una idiota, ¿Qué destino le esperaba a mi hija a su lado? Mi hija, mi mente procesa eso, ¿será bruja o loba? ese vampiro la cuidará ¿verdad? mi bebé si podrá tener la felicidad que yo no, ¿o solo es un truco? ¿estoy embarazada o ese vampiro me engaño? Tantas preguntas de las cuales sé que tardare en saber las respuestas.
Esa noche corrí, corrí como nunca antes lo había hecho, creyendo que podría huir de todos, mi familia, Víctor, el dolor, la vergüenza… pero era imposible, porque uno no puede escapar de sus recuerdos, no puedes huir de tu dolor, sin importar cuanto corras, cada paso que daba, mi mente me mostraba como Víctor había mancillado mi cuerpo, como sus colmillos habían marcado mis muñecas, y eso llevaba a que recordara los golpes de Ciro, y como el maldito de Risto había tomado lo que tanto guarde para mi compañero, como sonrió con satisfacción al verme tirada, lo peor fue recordar como Dima y Baltazar caían una y otra vez, tratando de salvarme ¿y ahora? ni siquiera sé si están vivos, Diosa Luna ¿por qué has abandonado a tu hija?
El futuro Alpha de la manada rosas y espina ya se encontraba en los límites de su bosque, acompañado de su hermano y amigos, no les llevo mucho tiempo volver a su hogar, ya que la ciudad donde habían llevado a cabo su pequeña aventura quedaba cerca, hacia el sur.
— ¡Esto es nuevo Ciro! Esa pequeña bruja sí que te golpeo. — su hermano menor se burlaba sin poder dar crédito realmente a lo que vio, nunca nadie había herido a su hermano, era la primera vez que Ciro sangraba.
— Realmente llego un momento donde creí que perdería, lo confieso Umar, temí que esa pequeña pateara mi trasero. — dijo recordando el momento donde la patada de la delgada muchacha lo llevo a la lona por quinta vez en la noche.
— Sí, todo muy divertido, pero ya pensaron que le dirán al Alpha o a nuestra Luna si tu cara no mejora antes de que lleguemos a la reserva, ya no falta mucho. — intervino Risto con falsa preocupación, realmente lo que le sucediera a esa manada no le importaba en lo más mínimo, porque, al fin y al cabo, él los destruiría, al menos, ese era el plan.
—Tú no puedes decir nada, aun no me has dicho con quién follaste, porque por más que digas lo contrario, todos te vimos salir de las duchas del sector de entrenamiento de ese club de pelea, y tu cabello aún está húmedo.
— No tengo nada que decir Ciro, yo aun no tengo a mi pareja, por lo que puedo follar con quien me plazca y tampoco tengo porque informarte, deberías preocuparte mejor porque le dirás a tu padre. — Ciro chasqueo la lengua con disgusto antes de responder.
— Siempre preocupándote Risto, le quitas la diversión a todo. — La risa de los hombres fue interrumpida de repente por una voz en sus cabezas.
— Será porque él es el beta provisorio de esta manada.
— Padre. — dijeron al unísono los hermanos.
— Alpha. — saludo con miedo Risto y no era para menos, Risto sabía que podía acabar con Ciro en una batalla, pero el actual Alpha era otra cosa, más ahora que sonaba muy enojado y claro que lo estaba.
Los jóvenes estaban tan distraídos en el interior de su camioneta que no fueron conscientes de que el gran Alpha Maximiliano Zorte, los seguía desde que habían ingresado al bosque que les pertenecía, corriendo en su forma de lobo a su lado y bajo la protección que brindaba el follaje propio del bosque en la noche, usando su poder de Alpha ingreso en sus mentes y les hizo saber que estaban en problemas.
— Risto y Umar, su madre los espera en la casa, los demás vuelvan a sus hogares, ahora.
Si, el Alpha estaba enfadado, y su humor era peor con el pasar de los años, los jóvenes huían en esta fecha de la reserva, por esta misma razón, cada uno de los habitantes sabían muy bien que el aniversario de la desaparición de su pequeña Alpha y única hija mujer de la familia Zorte estaba próximo, solo faltaba una semana, lo que provocaba que su madre se sumiera en una gran depresión y su padre tuviera el peor de los carácter, enojado con el mundo, desquitaba su frustración con todo aquel que se cruzara en su camino y es que no era para menos.
La manada ROSA Y ESPINA, siempre conto con el favor de la diosa Luna, sus antepasados eran descendientes de la misma luna, durante siglos, esta manada fue una de las más fuerte y ricas del mundo entero, a tal punto de ser la envidia de todas las demás manadas, sus Alphas jamás sufrieron por no encontrar a sus lunas, algunos la encontraban en el mismo momento de llegar a la adolescencia, otros eran víctimas de la casualidad, pero ninguno paso solo sin compañera, más de un par de años , no como otros Alphas de otras manadas que pasaban siglos buscando a sus mates.
Fue así que esta manada llego a estar a cargo de Maximiliano Zorte, quien encontró a su luna a los 50 años, cuando apenas era un adolescente por así decirlo, y es que los hombres lobos gozan de una longevidad que es bien conocida por todos, al poco tiempo nació su primogénito Ciro quien hoy en día tiene 100 años y espera tomar el lugar de su padre, el segundo retoño del gran Alpha es Umar apenas 10 años de diferencia con su hermano mayor, el tercero y uno de los que genera mayores dolor de cabeza es Zulo, un joven de apenas 80, pero su sentido del humor no es nada comparado con el menor de los hombres, Yaman de 50 años, todos inclusive sus padres aparentaban entre 40 y 20 años, hasta ese momento todo estaba en calma y todos eran felices, pero la Luna Zahara, esposa de Maximiliano quería una loba y el Alpha quería complacerla, ese era su deber, procurar la felicidad de la Luna que los guía a todos, por lo que pidiéndole el favor a la diosa logro concederle a su esposa lo que tanto anhelaba, Abigail nació de noche, en medio de un eclipse lunar, y esto inquieto a sus padres, pero trataron de mantener la calma, un año paso y cuando se le informo a Ciro de que pronto tomaría el lugar de su padre, por ser el mayor, este en un paseo por la ciudad, encontró a su Luna, una joven y hermosa bruja de nombre Lara, y es que esa era la suerte de los Zorte, cada Alpha encontraba su luna días antes de asumir su lugar en la manada.
La ceremonia de asunción del nuevo Alpha se llevaría a cabo, todo estaba listo, pero la noche que Ciro tomaría el lugar de Maximiliano, la luna se oscureció esfumándose por completo del cielo y ante el desconcierto de los presentes, la pequeña hija del Alpha desapareció, con apenas un año de vida, desde ese día todo cambio, Maximiliano dio la orden de que no dejaría su lugar hasta encontrar a su pequeña hija, volviéndose un lobo malhumorado y de poca paciencia ya que no solo cargaba con su dolor, sino también con el de su esposa, Zahara la luna de ROSA Y ESPINA, aquella hermosa mujer que una vez guio a su manada con una luz única y hermosa, pasaba los días encerrada, llorando y sufriendo por no saber dónde estaba su pequeña hija, en las noches se la podía encontrar durmiendo en la cama que una vez fue de la pequeña, poco a poco en estos 22 años de búsqueda y desolación, la manada ROSA Y ESPINA se ha ido apagando quedando eclipsada casi al completo y los que antes los envidiaban por su buena suerte, hoy les tenían lastima, la perdida de la pequeña hija del Alpha había dejado un gran vacío y dolor para todos, pero en especial a la familia Zorte.
— ¡Zahara! — El grito del Alpha se hizo oír en medio de la noche.
— ¿Qué sucede Maximiliano? — su esposa bajo las escaleras con esperanza a que tuviera noticias de su pequeña hija, que a pesar de que hoy tendría 23 años, para ellos seguiría siendo una pequeña cachorra.
— ¡Tus hijos, eso es lo que sucede! Mande a investigar a Víctor y resulta que ellos lo único que hicieron fue jugar en el club de lucha de ese vampiro. — la molestia salía por cada poro del Alpha.